"La dirección de Banca Privada d’Andorra (BPA)
pilotó una hoja de ruta para encubrir los secretos inconfesables de sus
clientes, ocultar información financiera a las autoridades y garantizar
la seguridad “fiscal y penal” de esta entidad, intervenida en 2015 tras
la denuncia del Departamento del Tesoro de Estados Unidos por actuar
presuntamente como lavadora de fondos de grupos criminales de Rusia,
China y Venezuela.
Así lo confirman decenas de correos de
exempleados incluidos en un informe elaborado en junio de 2022 por la
auditora y consultora PwC. Los mensajes desnudan los métodos ilegales
para captar clientes en América, la transferencia irregular de
centenares de millones a Andorra a través de tinglados societarios
opacos y el envío prohibido de tarjetas Visa a algunos clientes, entre
otras irregularidades.
Con 7.000 millones gestionados, la
dirección de la que fuera la cuarta entidad de Andorra, un microestado
de 79.000 habitantes entre España y Francia, blindado hasta 2017 por el
secreto bancario, conocía la operativa y calificó por escrito estas
maniobras: “Delito”, “ilegal”, “tapadera” o “situación irregular”, según
recogían unas misivas, que también advertían de las consecuencias de
este modus operandi: “Cárcel o inhabilitación de hasta 10 años”.
Higini
Cierco, uno de los propietarios del banco, niega las acusaciones,
califica a la entidad como “modélica” y afirma que operaba “en la
legalidad”.
Argentina, México y Uruguay
Los
mensajes del informe de PwC revelan cómo los extrabajadores de las
filiales del banco en Argentina, México y Uruguay transportaban la
documentación sensible de sus clientes en maletas y fundas de
ordenadores portátiles. También, cómo temían inspecciones de reguladores
y auguraban que podrían acabar “en la cárcel”. “300 hojas en la bolsa
del portátil o en una mochila son difíciles de ocultar”, pronosticaba en
julio de 2009 un empleado en un correo con copia al exresponsable del
área internacional Pablo Laplana y al exdirector general adjunto Xavier
Mayol. “El transporte de documentación tiene repercusión de delito
penal, me voy a la cárcel y con eso no juego ni se lo permito a nadie”,
recelaba otro trabajador un mes después en una misiva remitida a los
citados exejecutivos.
En un correo dirigido a cuatro
exdirectivos, entre los que se encontraba Laplana, una empleada se
mostraba en 2009 comprensiva con los miembros de la plantilla reacios a
transportar información sensible de cheques y tarjetas de crédito de
clientes. “El tema es más delicado. Quien tenga miedo, mejor que se
abstenga porque es por la única razón, la evasión de divisas, que te
detienen, es delito penal, seas residente donde seas”, apuntaba. Otro
mensaje de diciembre de 2011 reconocía las anomalías en Latinoamérica:
“En Uruguay estamos en una situación irregular que puede comportar
sanciones económicas de hasta 300.000 dólares e inhabilitación de hasta
10 años”.
Según las comunicaciones, la dirección del
banco maniobró presuntamente para mantener a buen recaudo la información
de clientes que colocaron en la entidad fondos a través de casas de
cambio, un mecanismo que la policía de Andorra conecta con tramas de
blanqueo por la dificultad de rastrear el origen del dinero. La
divulgación de esta información comportaba —según otro correo— “un
enorme riesgo para los de aquí y para el banco en caso de una
inspección”. “Cada mes, tengo que decidir cómo sale la documentación, si
en mi maleta o en la de alguno de los directivos de la BPA a los que le
enchufo todo lo que puedo cuando pasan. A todos, sin excepción”,
reconocía en julio de 2009 otro antiguo empleado de esta entidad
financiera a la que recurrió el clan del expresidente catalán Jordi
Pujol para refugiar más de cinco millones entre 2006 y 2015.
Junto
a las casas de cambio, otro de los sistemas empleados para transferir
el dinero de América a Andorra fueron los entramados societarios opacos.
Tinglados que canalizaban los fondos desde sociedades panameñas creadas
por el banco. La mecánica se desarrollaba “sin documentación
justificativa (a veces fabricada ad hoc)”. Y, según los
auditores, tenía por objeto “dificultar la trazabilidad”. “El origen y
el destino final de los fondos eran desconocidos”, concluyen.
Para
evitar filtraciones, un empleado propuso en septiembre de 2009 un plan.
“Ir sacando [la información] y, ni locos, guardarla aquí o tener un
escondite, con un montón de fajos. Si nos los encuentran un día, porque
me siguen, por goteras del vecino, estamos muertos [sic]”, sugirió el
trabajador.
Y es que la eventualidad de una fuga de datos
llegó a convertirse en una obsesión. “Decisión de la dirección del
banco, destruiremos los discos duros”, reconocía en enero de 2011 un
trabajador. “Quiero estar todo el día en la oficina con el informático
para borrar y triturar todo lo que haga falta”, añadía otro en junio de
2010. “Quiero hacer una consulta sobre un botón que lo borra todo”,
añadía un tercero.
Formateo de información sensible
El análisis de los correos confirma que las órdenes venían de arriba. “A petición de Joan Cejudo [exsubdirector general de la BPA y
exmiembro del comité de cumplimiento], hay que proceder a la
destrucción física, además del formateo previo, de los discos duros que
hay en la oficina de Argentina”, remataba otro correo. En enero de 2011,
un empleado enmarcaba el borrado de los discos duros en una táctica
para garantizar la seguridad “fiscal y penal” de la plantilla. “Sería
conveniente hacer lo mismo que hicimos en México, poner una nueva base
de datos, y avisarles de que no guarden ningún correo”, desvela otra
comunicación.
Las cautelas de exempleados, comunicadas en
copia a la dirección, pretendían ocultar las presuntas prácticas de
blanqueo que el banco prestaba a grupos criminales. La BPA tuvo como
clientes a la trama Odebrecht, principal red de pago de sobornos de
Latinoamérica, y al grupo de exjerarcas chavistas que saqueó más de
2.000 millones de la principal empresa de Venezuela, Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), según los documentos.
Los
empleados reconocían en sus misivas las malas praxis. “Sería falsificar
documentación... que es lo de siempre”, señaló un trabajador.
Los
nuevos correos que contiene el informe de PwC forman parte de una
querella contra la BPA presentada por la Agencia de Resolución de
Entidades Bancarias (AREB) de Andorra que fue admitida a trámite el
pasado marzo. Los mensajes revelan supuestamente que el banco trabajó
para ocultar el dinero del delito y “fondos de origen dudoso”. Y que la
plantilla conocía su procedencia. “Toda la plata sale de las
subvenciones estatales. En lugar de invertir [los fondos] en el país,
los sacan fuera para que se pierda el control. No sé de dónde saca M.
estos clientes con vinculaciones políticas tan evidentes”, indicó un
trabajador de BPA Argentina en octubre de 2009. “En este caso, al
parecer, hay un lío de comisiones a alguien del Gobierno”, recogía otro
correo.
Dinero sucio de la corrupción
La
BPA fue también presuntamente el destino del dinero sucio de la
corrupción. “En 2010, se les coló una transferencia de unos 300.000
dólares, que resultaron ser coimas [sobornos] de Ricardo Jaime”, admitía
un mensaje de marzo de 2012. Jaime fue un secretario de Transporte de
los gabinetes de los expresidentes argentinos Néstor y Cristina Kirchner
condenado por corrupción.
Una trabajadora de la
institución financiera reconocía tener constancia del pago de un soborno
de 250.000 dólares a un juez federal argentino para que frustrara unas
pesquisas contra la entidad. “En parte nos ha beneficiado porque ya no
investigarán tan directamente a BPA”, indicaba esta empleada en un
mensaje dirigido al exdirector general adjunto Xavier Campos.
“En compliance (cumplimiento)
sabemos muchas cosas, la cuestión es si las tenemos documentadas ante
una inspección y la respuesta es no”, alertaba otro correo.
El
informe de PwC revela que de la mala praxis recogida en los correos fue
posible gracias a la cúpula de la entidad. Y destaca cómo bancos
corresponsales como JP Morgan, Deutsche Bank, UBS Stanford y el
Commerzbank de Fráncfort renunciaron a seguir trabajando con la BPA
entre 2010 y 2014 por la entrada de fondos de origen dudoso. “Las
presuntas prácticas irregulares se realizaron bajo el conocimiento,
intervención y consentimiento del director general de la entidad y de
determinados miembros de la alta dirección de la BPA”.
Por
este motivo, los principales directivos del banco están imputados por
blanqueo en distintas causas en Andorra. El que fuera responsable de la
entidad en México, Joan March Masson, figura como investigado en las
pesquisas contra Juan Ramón Collado, abogado Enrique Peña Nieto,
presidente de este país entre 2012 y 2018; el exjefe del área
internacional Pablo Laplana está encausado en la pieza principal. Y el
que fuera CEO del banco, Joan Pau Miquel, figura también como imputado
en la causa que indaga la red de pago de sobornos de la constructora
brasileña Odebrecht.
Higini Cierco: “La BPA era un banco modélico que operaba en la legalidad”
Higini
Cierco, uno de los propietarios de la Banca Privada d’Andorra (BPA),
responde a El PAÍS que el documento de la auditora PWC es un “informe de
parte” encargado por el Gobierno de Andorra. Se trata –dice- de “un
nuevo intento para justificar la expropiación ilegal de BPA”. Cierco
califica al banco de “modélico y rentable” y añade que operaba “con
rigor y dentro de la legalidad”.
“El informe hace referencia a
asuntos no relacionados con la nota de FinCEN, que fue utilizada por el
Gobierno para nacionalizar el banco en 2015. La BPA reportó todos los
clientes considerados posiblemente problemáticos a las autoridades
pertinentes, de conformidad con la normativa andorrana. Los esfuerzos de
los accionistas y empleados por mejorar las normas contra el blanqueo
fueron reconocidos por los tribunales españoles cuando examinaron el
asunto en 2019”.
Cierco afirma que la intervención perjudicó a 700
familias, a trabajadores de BPA y a empleados de la filial española,
Banco Madrid. Sostiene que la medida también fue negativa para cientos
de clientes y accionistas. “Perdimos en la expropiación ilegal unos 500
millones de euros”, indica.
En su opinión, la medida contra el
banco fue el resultado de “una nota verbal de la embajada de Estados
Unidos en Madrid que coincidió con oscuros intereses (del Gobierno del
PP) para obtener información de clientes concretos de BPA”. Se refiere a
las cuentas andorranas del clan Pujol [la familia del expresidente de
la Generalitat ocultó entre 2006 y 2015 más de cinco millones] y el
intento de miembros de la denominada policía patriótica de obtener esa
información.
Cierco fue citado a declarar, a petición propia, en la
Comisión de Investigación del Congreso que investiga las actuaciones
irregulares de varios mandos policiales. " (José María Irujo , Joaquín Gil , El País, 03/07/23)