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26.4.23

Ayuso fichó por "su significado relieve en la enseñanza universitaria" como profesor de liderazgo a Albert Rivera en la universidad Cisneros que le regaló el título a Pablo Casado. Hoy, Albert Rivera ha fichado como profesor a Toni Cantó tras cerrar la 7NN (F. Loaiza)

Fonsi Loaiza @FonsiLoaiza

Ayuso fichó por "su significado relieve en la enseñanza universitaria" como profesor de liderazgo a Albert Rivera en la universidad Cisneros que le regaló el título a Pablo Casado. Hoy, Albert Rivera ha fichado como profesor a Toni Cantó tras cerrar la 7NN.

"Albert Rivera ficha para su Instituto de Liderazgo a Toni Cantó tras el cierre de su tele ultra" (El Rastreador , eldiario.es, 20 de abril de 2023)

En 'Porque me da la gana' de @aliciaguti en @AkalEditor se explican muchas de las tramas que envuelven a la figura de Ayuso. Muy recomendable para entender a la nueva lideresa del PP

11:10 a. m. · 20 abr. 2023 44,4 mil Reproducciones

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  "Toni Cantó está de suerte. 

Después del cierre de 7NN, el canal ultraconservador del que fue estrella, Cantó ha recibido la enésima oportunidad laboral de su vida, esta vez en el Instituto de Liderazgo que dirige Albert Rivera. El expresidente de Ciudadanos 'repesca' así a otro ex de Ciudadanos para su proyecto de Posgrado en Liderazgo Político y Management Político del Instituto Universitario de Liderazgo Cardenal Cisneros.

Cantó ya aparece, de hecho, en la página principal que anuncia el programa 'Cómo comunicar en público' de dicho Instituto, donde se describe la comunicación como “una de las herramientas con mayor capacidad de influencia y transformación y una de las habilidades propias de los líderes del siglo XXI” y que promete a los futuros alumnos “sesiones eminentemente prácticas” para “mejorar [sus] habilidades comunicativas” y “gestionar los retos y las oportunidades que se crean al hablar en público”.

“Reconocidos profesionales de primer nivel”

Según la web del Instituto, las sesiones serán impartidas por “reconocidos profesionales de primer nivel de los distintos ámbitos de la comunicación, la televisión, la radio, las artes escénicas, el bel canto, las redes sociales, los gabinetes de comunicación y los entornos empresariales y directivos”. Entre los ponentes y profesores también están el actor y director teatral Albert Boadella, la directora de Comunicación de Mediaset Sandra Fernández –ex directora general de Medios de la Comunidad de Madrid–, la soprano Angélica de la Riva y los ex de Ciudadanos Francisco Carrillo y Fernando de Páramo.

En la página oficial del programa también se garantiza una experiencia de “networking” para los estudiantes. “Los ponentes, líderes en sus respectivos ámbitos de actuación, compartirán en exclusiva con los participantes sus experiencias profesionales en un ambiente de cercanía y confianza. Se organizarán actividades que promuevan el networking con ellos y con el resto de las participantes”, reza la web.

El curso está dirigido a “cargos y portavoces institucionales y sus staffs y equipos de comunicación”, así como a “empresarios, directivos y profesionales que quieran mejorar sus competencias en comunicación y oratoria”.

Esta no es la primera vez que Rivera recluta a Cantó para enseñar sobre liderazgo. En 2021, el actor que ha probado suerte en (al menos) UPyD, Ciudadanos y PP ya fue invitado por Albert Rivera para dar unas clases en su recién abierto posgrado, que en ese momento describió como un “programa único en España” con “profesores de primer nivel”.                   (El Rastreador  , eldiario.es, 20 de abril de 2023)

8.11.22

La candidata del PP a la alcaldía de València elude explicar lo que cobra de la universidad que vendió al Grupo Planeta cuando era consellera de Educación de la Generalitat Valenciana

 "Está en mi declaración, hacemos declaración de bienes todos los años en las Corts y en el Ayuntamiento. Efectivamente soy concejala del Ayuntamiento de València, síndica de las Corts y secretaria general pero tengo un único salario como concejala y como gran parte de concejales del Ayuntamiento de València o del Gobierno valenciano se puede compaginar con algunas clases puntuales siempre y cuando no tengan un componente de salario público”.

 Así respondía este jueves en À Punt la portavoz del PP en València y en las Corts Valencianes, María José Catalá, aspirante a la alcaldía en 2023, preguntada por su sueldo como profesora asociada de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), la universidad que vendió al Grupo Planeta cuando era consellera de Educación de la Generalitat Valenciana.

Català, repreguntada en varias ocasiones sobre la cuantía concreta que percibe, eludió hacer pública la cifra de su remuneración: “Lo que se cobra normalmente por los créditos que imparto. Cobro lo que cobra un asociado, depende del número de créditos que se impartan. No cobro una cantidad al mes, cobro puntualmente cuando se imparte una clase, pueden ver la cifra en mi declaración de bienes”.

Sin embargo, ni en la declaración publicada en el Ayuntamiento de València ni en la de las Corts Valencianes aparece el desglose de la cuantía que percibe. En el caso del documento del Consistorio, además, consta que desde 2017 también colabora con la Universidad Cardenal Herrera y que hizo lo propio entre 2017 y 2019 en el Instituto de Educación Superior EAE, otra entidad vinculada al Grupo Planeta.

De “consultora” a “contratada”

Como informó elDiario.es, recientemente Catalá presentó un escrito en el Ayuntamiento de València comunicando que su relación laboral con la VIU modificaba su naturaleza jurídica. Según el escrito remitido el 2 de agosto, Catalá pasaba de “consultora externa” a “contratada laboral (profesora asociada)”, una acción que, apunta, no supondrá “variación de carga docente, ni de horario, ni de condiciones económicas”, las cuales no se especifican. En 2021, Catalá mantenía la dedicación exclusiva en el Ayuntamiento de València, actividad por la que percibe 74.000 euros brutos e impide que cobre de otras ocupaciones. En 2020 el pleno municipal acordó concederle la compatibilidad para desarrollar la actividad como docente, especialista en diversas áreas, en calidad de “consultora externa”.

En el escrito, Catalá indica que “como profesora contratada a tiempo parcial desarrollará su labor docente exclusivamente en modalidad online, con una dedicación de 24 ECTS [créditos], y en la franja horaria de 18 a 22 horas”, con dos asignaturas cada cuatrimestre a su cargo. La propia concejala ha sido quien ha comunicado al consistorio el cambio, que se produce por razones de organización de la propia universidad, de cuya plantilla pasa a forma parte. Así, el Ayuntamiento da el visto bueno al cambio de lo que se deduce que no existe ninguna circunstancia irregular, lo que aún hace más llamativa la resistencia a dar a conocer su remuneración.

En contraposición, el concejal socialista de Hacienda, Borja Sanjuán, quien también obtuvo el visto bueno para compatibilizar su actividad como edil y como profesor asociado de Ciencias Políticas en la Universitat de València, no tuvo ningún reparo en declarar en el expediente que su retribución como docente asciende a 270 euros al mes, un expediente que analiza la Agencia Antifraude tras una denuncia anónima pese a estar aprobado en el pleno municipal (con el voto favorable del PP) y haber pasado por tanto los pertinentes controles jurídicos municipales.

La VIU se creó en la época de Gobierno del PP como institución académica por la Generalitat Valenciana en 2008 como oferta de formación online. En 2014, cuando Catalá era consellera de Educación, el Grupo Planeta pagó cuatro millones de euros por el 70% de la universidad, en la que el Ejecutivo había invertido más de 30 millones de euros. Planeta, con varias escuelas de negocio en su cartera, fue la única oferta en firme que se presentó al concurso en 2013 y la venta se formalizó en enero de 2014.

Actualmente Planeta tiene el 70% del accionariado, y la Fundación de la Comunitat Valenciana para el Fomento de los Estudios Superiores, el 30% restante. Cuando elDiario.es publicó su relación laboral con la empresa, la parlamentaria rechazó que la actividad pueda considerarse una “puerta giratoria” porque “no la ha fichado la VIU” y continua su trayectoria política en activo como concejal y diputada."                 (Carlos Navarro, eldiario.es, 03/11/22)

13.9.22

La Justicia anula un 'dedazo' en la adjudicación de una plaza de profesor en una universidad pública

 "Cuando José Mateos vio la puntuación que había obtenido en una convocatoria para una plaza en la Universidad de Murcia (UMU) decidió que iba a denunciar. Mateos llevaba años como profesor asociado en el departamento de Fundamentos del Orden Jurídico y Constitucional de esa misma universidad cuando salió la plaza, en 2020, como profesor ayudante de Derecho Constitucional. Se presentó. Una vez resuelta, llegó la sorpresa: su puntuación era menor de la que esperaba en función a lo que pedía la convocatoria.  

El juzgado de lo Contencioso y Administrativo número 5 de Murcia le dio la razón. En la sentencia, consultada por elDiario.es, el magistrado acuerda conceder unas calificaciones superiores a las que dio en un inicio la UMU por los méritos y le recuerda a la universidad que las puntuaciones de un concurso de méritos tienen poco (aunque siempre hay algo) de subjetivo y que están muy normativizadas. “El ámbito reglado, controlable por la jurisdicción, no es el mismo en una oposición que en un concurso de méritos, como es el aquí revisado. Así, mientras en los ejercicios de una oposición existe un amplio margen de discrecionalidad técnica, sin perjuicio de los elementos reglados determinados en la convocatoria, en un concurso de méritos, en cuanto se supone mero cotejo o verificación (...) es un ámbito fuertemente reglado”.

Bajo esta premisa, el tribunal revisó las puntuaciones otorgadas a Mateos, corrigió varias de ellas y le acabó dando 95,66 puntos, una puntuación que le hacía superar al otro solicitante de la plaza. Por lo tanto, siguiendo el veredicto, se anularon “por ser contrarias a Derecho” todas las resoluciones anteriores, además de “los derechos económicos y administrativos generados desde la fecha de la resolución impugnada”. Parecía que el puesto finalmente era suyo.

Pero a menos de 24 horas de la convocatoria del juicio, en febrero de 2022, la Universidad de Murcia ofertó una plaza de contratado doctor para el departamento, una posición superior que de facto “invalida” el puesto de profesor ayudante, de manera que la universidad amortiza el puesto que Mateos ganó en los tribunales. Es habitual en la Universidad que una plaza de ayudante doctor se sustituya, con el tiempo, por una de contratado doctor. “Pero lo normal es que pasen varios años entre una y otra y en este caso pasó apenas uno”, recuerda Mateos, que asegura que se trata de una plaza creada para colocar al candidato al que él superó tras la revisión judicial: “Es muy común que se hagan plazas a medida para los favoritos de las universidades”, asegura.

En cualquier caso, Mateos decidió presentarse también a esta nueva plaza, pero el resultado de esta segunda convocatoria fue aún más chocante para él: sacó la puntuación mínima (2,5 sobre 10) y en la evaluación se consideraba que no contaba con méritos en Derecho Constitucional. Ante esta situación, ha decido recurrir judicialmente la convocatoria y la adjudicación de la plaza, ambas a espera de fecha de juicio. Por ahora, continúa como profesor asociado.

La Universidad de Murcia y el departamento correspondiente han preferido no hacer declaraciones sobre el caso ante las preguntas de este periódico.

Una mala relación desde los inicios

Para Mateos, la última plaza ha sido creada y facilitada a una persona más próxima al departamento para cubrir el puesto que él ganó vía judicial. “Hay una clara corriente conservadora predominante”, asegura. Además, al igual que organizaciones de investigadores como FJI, ve estas prácticas como “un problema estructural y endogámico de las universidades españolas”. El profesor universitario lamenta que, en su caso, le hayan puesto “mil trabas” y que como profesor asociado le hayan dado “las horas docencia mínima que correspondían”, además de estar “excluido de cualquier proyecto investigador”.

Con la idea de acabar con estos problemas, las organizaciones de investigadoras piden independencia en el proceso de selección. En este sentido la reforma de la Ley Orgánica del Sistema Universitario que está tramitando el Ministerio de Universidades contempla que los tribunales de selección deban tener una mayoría de miembros de fuera de la universidad, que además se elegirán por sorteo. Pero la ley sigue en trámite y de momento “las plazas las reciben siempre los favoritos de la gente de la casa y así no es posible tener un sistema universitario docente de calidad”, critica Mateos.

El docente demandante ya había tenido problemas judiciales antes con la universidad. En 2007, durante el contexto de la implantación del plan Bolonia, Mateos era becario. Participaba en un movimiento estudiantil y tenía un blog en el que criticaba las actuaciones del rector de la UMU, al que considera próximo al PP de la región. El presidente del Consejo de Estudiantes le abrió un expediente disciplinario y lo expulsaron un año de la universidad. 

El que fue presidente del Consejo de Estudiantes denunció a Mateos por una vulneración al derecho al honor en las críticas de su blog y pidió una compensación económica. La Audiencia Provincial de Murcia anuló la denuncia bajo una sentencia fechada en 2013, dando prevalencia al derecho a la libertad de expresión. El Tribunal Superior de Justicia de Murcia anuló la expulsión de Mateos de la UMU por sus críticas al rector y al Consejo de Estudiantes. En el acta, consultada por este diario, la sustituyen por una amonestación por falta leve."                  (Raúl Novoa, eldiario.es, 18/08/22)

5.7.22

El caso del profesor que debe ir escoltado en la Universidad del País Vasco ante el acoso de compañeros por denunciar irregularidades: “Tengo miedo de que me tiren por las escaleras”

 "Aprobado general. Todos los alumnos del grado de Marina de la Universidad del País Vasco (UPV) han superado la asignatura Motores de Combustión Interna II, incluidos aquellos que dejaron en blanco la mayor parte de su examen. La universidad pública vasca ha decidido adoptar esta medida de gracia para tratar de resolver un conflicto interno que afecta gravemente a uno de sus profesores, el doctor titular Iñaki Loroño, y ha acabado involucrando a los estudiantes de la Escuela de Ingeniería de Bilbao (conocida como Escuela de Náutica de Portugalete). El profesor Loroño (58 años), funcionario de carrera con 26 años de trayectoria en la UPV, asegura ser víctima de un “acoso permanente” por parte de profesores de su departamento y sufrir amenazas de alumnos que la dirección académica, según su testimonio, “ha dejado pasar por alto”. Está de baja médica y estudia poner a disposición de la policía todo el material que probaría esta “persecución laboral”, incluidas grabaciones con los insultos y las amenazas de muerte que viene recibiendo. La universidad le ha ofrecido dejar la facultad y continuar con la docencia en las Aulas de la Experiencia a partir del próximo curso.

El calvario que vive Loroño arranca años atrás, hace seis cursos aproximadamente, cuando comenzó a advertir a sus superiores y al Rectorado de “irregularidades” en la contratación de profesores o que algunos docentes no estaban acreditados para impartir determinadas asignaturas y esto estaba poniendo en peligro que algunas titulaciones perdiesen sus homologaciones y los alumnos al terminar no pudiesen ejercer como oficiales de la marina mercante. Más tarde los alertó de la “peligrosa situación” de las instalaciones del taller principal de la Escuela de Náutica. También puso al descubierto que otros profesores “dejaban de impartir las clases que les correspondían” o incurrían en “incompatibilidad por trabajar fuera de la universidad mientras dejaban de dar las clases”. Estas denuncias, todas documentadas, según este docente, son el origen de la animadversión que le tienen compañeros de profesión y que se ha sustanciado en “insultos, vejaciones y una campaña de desprestigio”.

“Tengo miedo, tengo miedo de ir a trabajar, de que me tiren por las escaleras, de que me peguen…”, escribió Loroño en noviembre pasado tras vivir un episodio violento protagonizado por otro profesor de su departamento: “Fui insultado por esta persona en presencia del delegado de prevención y la técnica de prevención de la UPV. Estaban presentes algunos de mis alumnos. Se abalanzó contra mí, me gritó ‘tramposo de mierda’ mientras golpeaba de forma furibunda un libro y me increpaba y me decía que tenía que dar ese libro”. Explica que no fue la primera vez que sufría un ataque de este profesor, al que acusa de enviarle mensajes intimidatorios por correo y de llamarle con modales violentos por teléfono a casa cuando se encontraba de baja. Tiene pruebas de que ordenó a los alumnos que “tiraran el material de mi proyecto de investigación a un sótano inmundo” y que en horas de clase se dedicó a “incitar a los alumnos” en su contra. Loroño muestra grabaciones realizadas en clase en las que se oye, estando presente el director de su departamento, “vamos a por él”, “a ver si le cazamos”, además de llamarle “hijo de puta”.

Todos los escritos y grabaciones los ha puesto en conocimiento del Vicerrectorado de Personal Docente e Investigador, del defensor universitario Aldezle (una suerte de defensor del pueblo en la UPV) y del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales. El vicerrector Federico Recart, en un escrito que le remite por correo electrónico el pasado 10 de junio, le transmite que lamenta “mucho” su situación personal. Además, le comunica que la universidad “no tiene pruebas” de las amenazas que viene denunciando y no puede admitir “grabaciones que no sean aportadas por alguna de las personas que participa en las conversaciones grabadas”, aunque le aconseja a Loroño que “lo apropiado” es ponerlas “a disposición de la autoridad no universitaria competente”. Y con respecto a su “queja de acoso” laboral, le reitera que puede acudir a la comisión arbitral de la UPV, un órgano paritario que analiza estos casos.

La universidad ya había adoptado previamente otras medidas para tratar de que el conflicto no se agravara. En febrero decidió que guardas jurados de la institución escoltaran a Loroño dentro de la escuela de ingenieros. También resolvió que los dos profesores enfrentados no coincidieran en el centro. Loroño ha tenido que ausentarse del trabajo en varias ocasiones por prescripción médica, pues presenta “cuadro ansioso-depresivo reactivo a factores externos (conflicto laboral)”, según figura en uno de los informes psiquiátricos. Debe tomar medicación a diario. Miguel Henares, delegado sindical de la UGT (Loroño no está afiliado a esta central), ha seguido “al detalle” todo el proceso que está viviendo este profesor y afirma que en los 35 años de trabajo en la universidad pública vasca no ha conocido “ningún caso tan sangrante como el que sufre Loroño”. Este profesor recibió en 2016 un premio internacional por su trabajo a favor de la educación en Marina concedido por el Institute of Marine Engineering Science and Technology (Imarest).

 En medio de este conflicto, se acerca la fecha del examen de la discordia. Varios alumnos, salvo uno, recusan a Loroño y piden ser examinados por un tribunal. Tratan de apartarlo del examen, pero este logra mantenerse en la presidencia del tribunal evaluador. Es 30 de mayo y los 11 alumnos se presentan al examen. Son las 15.30. Dentro del aula solo comparece el profesor Loroño. En la puerta hay dos guardas de seguridad. Uno de los profesores del tribunal decide quedarse fuera y ausentarse del examen; el otro, el presunto acosador, ni siquiera acude al centro. En los pasillos aguardan también dos profesoras ajenas a la titulación enviadas por el Rectorado y tres delegados sindicales, estos como testigos.

A las 20.15 Loroño da por finalizado el examen. “La mayoría [de los estudiantes] entrega el examen en blanco. Todos, salvo dos, escriben anotaciones como la siguiente: ‘El problema 1 y el problema 2 no han sido dados en clase’. Esto es falso y puedo demostrar que son dos ejemplos que figuran en el libro de la asignatura y qué días se explicaron en clase. Fueron aleccionados por alguien para evitar que fueran corregidos por mí”, explica este profesor.

De pronto, sigue Loroño con el relato de los hechos, las profesoras que habían permanecido durante todo el examen fuera de la clase deciden que el examen debe continuar sin la presencia de ningún miembro del tribunal y dan por finalizada la prueba a las 21.00. “A los días publican unas notas falsas sin mi conocimiento, con un aprobado para todos los alumnos, salvo para el único que no me había recusado, al que suspenden. El Rectorado retira de inmediato las notas porque no habían sido consensuadas por el tribunal. El 15 de junio convoco a los otros dos representantes para acordar las calificaciones, pero ninguno de los dos se presenta”. El día 23 de junio los alumnos no conocían aún sus notas.

Cuando este diario se interesó este pasado jueves por el caso de Loroño y preguntó por qué no se habían publicado las calificaciones, un portavoz de la UPV aseguró que esta institución está formada por “un colectivo con casi 6.000 profesionales” y que “ante cualquier conflicto la universidad se remite a las actuaciones administrativas o, en su caso, judiciales en las que se sustanciará”. “No entramos a debatir ni a rebatir un caso concreto”, indicó un portavoz de la UPV. Con respecto al caso de las notas, precisó que “está en vías de solución”. Al día siguiente, viernes, se hizo público el aprobado general. Al único alumno que no recusó a Loroño y no estaba sujeto al dictamen del tribunal, lo han aprobado con un 5, cuando su profesor ya le había otorgado un “sobresaliente” y firmado su acta. Este estudiante ha comunicado por escrito al defensor universitario que ha sido “estafado” y le anuncia que está preparando una demanda judicial contra la universidad al considerar que han sido vulnerados sus derechos."                      (Mikel Ormazabal , El País, 29/06/22)

14.9.21

Caso de corrupción en el departamento de la UCM... insólita historia de presiones para retirarme de un concurso público, puntuaciones imposibles, entrevistas amañadas, documentos robados, amenazas y prevaricación...

 "La verdad sobre el 'caso Quirós': una crónica en primera persona.

 Ayer desayuné con una historia en prensa digital que cuenta un caso de corrupción en el departamento de la UCM donde me doctoré, y del cual soy el principal afectado. Me veo en la necesidad de aportar la información de que dispongo, rectificar alguna imprecisión y ayudar a esclarecer los hechos. Acompáñenme en esta insólita historia de presiones para retirarme de un concurso público, puntuaciones imposibles, entrevistas amañadas, documentos robados, amenazas y prevaricación. Prometo no aburrirles.

Me gusta ser profesor en Cuenca. La UCLM es una universidad que trata bien a su profesorado, y trabajo con un equipo competente y acogedor. El alumnado conquense es muy agradecido, llevo ya diez cursos y estoy muy a gusto. Sin embargo, me gustaría en algún momento volver a trabajar en Madrid, donde crecí, me doctoré y tengo a mi familia. Hacer menos kilómetros en este Ford Escort que tiene ya 25 años. Así que hace un par de inviernos decidí presentarme a las plazas que salieran aquí de mi especialidad, para tantear posibilidades.Thank you for watching

Esa plaza es para mi compañera de partido, no te presentes

Cuando, el verano pasado, apareció mi nombre en una lista de aspirantes a una plaza de Semiótica, recibí en mi teléfono un mensaje de Fernando José Quirós Fernández, jefe del departamento de Periodismo y Nuevos Medios de la Universidad Complutense de Madrid, que es lo que ha contado El Confidencial:

"Hablamos de esa plaza y yo te hice un ruego. ¿Te acuerdas? Haz lo que creas oportuno, estás en tu derecho. Pero yo también estoy en el mío de sentirme traicionado".

En un primer momento, no entendí de qué me hablaba. Meses antes, yo había ido contando a todo el mundo que estaba echando plazas en Madrid, para que, si sabían de alguna, me avisaran. Me llegaron unas cuantas, entre ellas esta. Quirós, con quien coincidía en la Asociación ULEPICC, me pidió que no me presentase a una que sacarían en su departamento, porque era para una profesora asociada, Juana Escabias, que, casualmente, es la Secretaria de Cultura del PSOE en la Comunidad de Madrid. El mismo partido del que Quirós había sido militante muchos años. Lo cierto es que yo ni registré mentalmente aquella advertencia. Pensé que se refería a su misma plaza de Asociada, para renovar su contrato. Los asociados están obligados a ganar su propia plaza nuevamente cada cuatro años para poder seguir en su puesto (a la mitad del profesorado le ocurre esto, en realidad).

Pero yo no tenía pensado presentarme a plazas de Asociado, que ni siquiera piden currículo académico, porque están pensadas para fichar profesionales de fuera de la universidad que impartan algunas horas. Había actualizado mis 420 páginas de CV para solicitar nueve plazas a tiempo completo, de Profesor Ayudante y Contratado, de esas que sí exigen trayectoria docente e investigadora. Si no recuerdo mal, fueron cuatro en la URJC y cinco en la UCM, en hasta cuatro departamentos diferentes. Ayer mismo volvió a pasar: en casi todas quedé segundo, porque en todas ganó el candidato interno de cada departamento aunque tuviera menos méritos, pero esa otra trama queda para la segunda temporada, que si no se nos alarga mucho esta crónica.

Ante la bronca de Quirós, pensé que habría echado la plaza de Asociado por error. Una vez que tienes rellena la solicitud en el formato que pide una universidad, presentar una convocatoria más o menos no cuesta nada. Es hacer un clic más. Protocolariamente, me disculpé ante Quirós. Sólo después supe que la asociada llevaba sólo un año, y entendí el volumen del pastel.

"Retírate o ganarás, ella no puede competir contigo… y borra esta conversación"

Fernando Quirós pretendía que no echase una plaza que sí era de mi perfil y a la que yo legítimamente aspiraba, porque la reservaba para la compañera de su antiguo partido. Cuando me vio en la lista de admitidos, me echó una bronca tremenda por WhatsApp, que es la que ahora ha difundido El Confidencial:

"Vas a ganar la plaza y la asociada que tenemos dentro del Departamento se quedará de asociada nada más. (…) No puede competir con un contratado doctor, encima das el perfil. (…) Por cierto la profesora asociada necesita la plaza como el comer porque la han echado de la escuela de teatro del Ayuntamiento de Madrid. Entrarás en Periodismo y Nuevos Medios pero no esperes que yo te de la bienvenida. (…) La solución es no concurrir, pero esa decisión no me corresponde a mí. Haz lo que creas oportuno y por favor borra esta conversación".

Quirós reconocía que ella no puede competir con mi currículum y yo cumplía el perfil, me pidió abiertamente "que esperase", insinuando que sacarían en algún momento una plaza para mí. Con toda naturalidad. No era la primera vez que yo oía algo así, cualquiera que conozca la universidad conocerá esta melodía. Ya antes se me había pedido que no echase tal plaza, porque era para fulanito, y no echase aquella otra, porque era para menganita. Tonto de mí, había ido haciendo caso, también porque estaba a gusto trabajando primero en Boston, en la Universidad de Harvard, y después en la de Castilla-La Mancha. Quería jubilarme en Madrid, sí, pero no tenía prisa. Ahora tengo 41 años, unos padres de 70 y un bebé al que cuidar. La cosa va cambiando. No estoy dispuesto a dejar de presentarme a ninguna plaza pública en mi ciudad natal por capricho de nadie.

Sin embargo, en un primer momento me asusté, y me vine abajo. Reaccioné acobardado, no tuve el desparpajo y la decisión que gastan los hijos de buena cuna, cuando se saben sobradamente merecedores de cualquier puesto. Sorprendido y asustado ante el monumental broncazo, quise en caliente aplacarle y le dije que valoraría retirarme, o no reclamar. Que se tranquilizase. Sabía cómo se las gasta y sé del poder que tiene un catedrático como Quirós, candidato a Decano, fundador y expresidente de la Asociación Internacional de Investigación ULEPICC, a cuya junta directiva yo pertenecía en ese momento (hoy ya no, claro). Todo un patriarca capaz de levantar teléfonos y mover hilos para hacer descarrilar una carrera, como efectivamente intentó más tarde. Pero no nos anticipemos.

Días después, hablándolo en frío con mi pareja, me repuse. Decidí que ya está bien, que ocurra esto mil veces no justifica que ocurra mil y una. Si todos tragamos con estas trapacerías por sabernos impotentes e indefensos, pequeñitos y amenazados con el aislamiento profesional, nunca cambiará la institución. Bien sabía que todo el mundo tiende a cerrar filas con el poder cuando están en juego sus lentejas, pero aun así decidí seguir en el concurso. E inicié el largo viaje hacia lo más hondo de la madriguera de la endogamia complutense. El infierno de un pulso individual kafkiano contra la corrupción institucionalizada. Una pesadilla que todavía continúa.

Puntuaciones imposibles, y aun con eso no bastaba

Cuando salieron las puntuaciones, fue la primera sorpresa. Quirós había nombrado un tribunal de fieles. A Juana Escabias, que había sido fichada el curso anterior como profesora asociada y tenía por tanto sólo un año de experiencia, le otorgaron la máxima puntuación en docencia (2.0), diez veces más que a mi candidatura (0.2). Hace doce años que imparto clase en universidades públicas de España, así como en Italia y Estados Unidos, siempre en asignaturas relacionadas con el perfil de la plaza. Era del todo imposible. Alguien de esa misma Facultad me sopló cuál sería la trampa: le contabilizarían como si fuera docencia universitaria las clases que imparte en la escuela municipal de teatro, a la que asisten menores y algunos adultos, pero sin pasar Selectividad ni EvAU. No hay otra posibilidad, me dijeron.

En cuanto a investigación, la cosa fue aún peor. Juana Escabias presentaba como méritos científicos sólo reseñas de teatro, ediciones de obras ajenas, actas de congresos, pequeños ensayos publicados en revistas no científicas ni académicas, y producción divulgativa relacionada con el teatro. Investigación, a parte de su tesis, prácticamente nada. Su producción por otro lado, era la normal: eso es lo que cabe esperar de un profesor Asociado, porque no tiene trayectoria en la universidad, sino en el ámbito profesional. Pero, en un concurso público para profesor Ayudante, se valoran las publicaciones científicas indexadas, con resultados de investigación originales, de las que yo presentaba veintiséis. Ella, en rigor, presentaba sólo una. No aparecía en las bases de datos académicas de referencia como Google Scholar, Scopus o ResearcherID, no tenía un índice-h, ¡ni siquiera tenía un número ORCID, que es el código oficial que piden las revistas académicas para poder publicar en ellas! No había sido aún matriculada como investigadora. Las publicaciones que presenté (y las tesis que he dirigido), tenían relación directa con el perfil de la plaza (Teoría de la Información y Semiótica de la Comunicación, no dramaturgia), las suyas no, o muy indirectamente. Sin embargo, ella obtuvo el triple de puntuación, casi la nota máxima, y yo casi la mínima. Abracadabra.

Aun con eso, mi candidatura seguía ganando en el cómputo global por dos décimas, debido a que en otros campos (como formación, estancias en el extranjero, etc.) la vacuidad de su expediente era tan manifiesta que no había cómo arañar décima alguna. Así, de los 12 admitidos a concurso, sólo ella y yo pasamos a la segunda y última fase: la entrevista personal. El trámite donde siempre se cuecen las grandes remontadas y disparidades de puntuación en las plazas "con bicho". Que son muchas, en ese departamento. Ya hubo casos célebres en el pasado.

Entrevista amañada e irregular

En vista del panorama, acudí acompañado de testigos a la entrevista y, asesorado por un abogado, grabé toda la sesión pública, que es lo recomendable en estos casos (Sentencia nº114/1984 de la Sala Segunda del Tribunal Constitucional y 883/1994, 178/1996, 914/1996, 702/1997 y 286/1998 del Tribunal Supremo). Menos mal que lo hice. Aquella sesión fue un sindiós en muchos sentidos.

El primero, porque el miembro de más edad y presidente del Tribunal, el profesor Jorge Lozano, no escatimó en alabanzas a mi currículum cuando le llegó el turno de valorarme:

"Le voy a confesar algo, no entiendo nada, si me permite, porque ese currículum supera al 95% de los catedráticos de esta facultad. Realmente sorprende mucho, Ud. tiene un Récord Guinness, no conozco muchos ayudantes que hayan dirigido tesis doctorales. (…) El problema tremendo en el que Ud. está, me ha recordado, si me permite, el verso de las siete y media que dice "Ay de ti si no llegas, más si te pasas, si te pasas es peor". Es decir, yo sinceramente, no sé qué hacer con un tan excelente currículum. (…)

Yo le agradezco mucho, es más, le invito a tener una conversación conmigo cuando no nos vean los de su grupo, porque, sinceramente, es muy difícil encontrar gente con pasión por la semiótica, (…) incluso entre muchos que imparten semiótica.

Me chirría que diga que quiere venir a un departamento a impartir semiótica, yo le invito a un bar, quiero decir, que este es el inicio de una gran amistad. Yo no puedo preguntarle más cosas. Ud. es víctima del currículum español, yo le digo que Ud. entrega ese currículum en Bolonia [epicentro internacional de estudios en Semiótica, perfil solicitado por la plaza] e imagínese, claro, Ud. lo sabe., ocho años de semiótica… no sé si tienen ese currículum Paolucci o Marsciani, en los que Ud. se apoya.

Quiero decir, felicidades, le admiro mucho, ¡cómo ha podido Ud. compatibilizar todo esto!, yo debo ser muy lento, es decir, tantas asignaturas, tantos idiomas, tantas publicaciones, tantos proyectos de investigación, realmente es algo verdaderamente admirable."

Mis oídos no daban crédito, ¡hay un díscolo!, pensé, aliviado. Hasta que entendí cuál era su estrategia. Lozano quería decir que yo tenía demasiado CV para esa plaza y que por eso no me iban a admitir. Puse ojos como platos. "Con permiso", respondí, "sólo en las plazas de Ayudante No Doctor se puede descartar a alguien por exceso de CV, en el caso de que tenga el doctorado. Pero en el resto de niveles, no existe la sobrecualificación: se publica un baremo, se evalúan los méritos presentados y lo que sale, sale, sin más. No se puede tener demasiados méritos". Héctor Fouce, secretario del tribunal y mejor informado de la normativa, asentía con cara de desesperación a mis palabras. Esa estrategia improvisada por Lozano había remado a contracorriente. No se habían coordinado bien.

En esas estábamos cuando irrumpió en la sala el quinto miembro del Tribunal, el profesor Joaquín Sotelo, que había faltado a toda la sesión porque estaba "repartiendo desayunos en su Colegio Mayor", según se me informó y recoge la grabación. Llegó en el minuto 37:47 de la sesión, después de que hubiera terminado mi exposición y respondido a las preguntas del tribunal. No pudo por tanto presenciar la entrevista, pero eso no le impidió evaluarla, emitir veredicto y firmar tranquilamente las actas, como si nada. Ese comportamiento le ha valido ser cesado e inhabilitado por Rectorado como miembro del tribunal.

Los disparates no habían hecho más que empezar. Terminada mi entrevista, me expulsaron de la sesión pública. Hector Fouce me informó de que mis acompañantes y yo debíamos abandonar la sala por exceso de aforo, debido al covid. No podía estar en la entrevista a Juana. "Pero son sesiones públicas", dije. "Si me voy yo, se vulnera mi derecho a presenciarla. Habilitemos un medio telemático, un teléfono con Skype, y yo la sigo a distancia". Imposible, me dijeron, eso no se puede hacer, te tienes que ir. Me negué, tranquilamente y sin perder los nervios, como acredita la grabación.

 Ellos se negaron a comenzar. Finalmente, me dejaron sentarme en el aula contigua, dejando la puerta abierta. Dos profesoras entraron a la sala de la entrevista después de eso. E incluso cerraron las ventanas porque tenían frío. Nadie se quejó por ello. Tras una sucesión de alabanzas sin fin a su tesis doctoral, y como era previsible, la puntuación que se le otorgó en esa entrevista daba la vuelta al marcador. La plaza era suya. Hablamos de un salario de unos 1.250€ netos al mes. Son los juegos del hambre.

Documentos robados del archivo y méritos falsificados

Llegado ese punto, indignado por la sucesión infinita de trapacerías, decidí llegar al fondo de la cuestión. Presenté reclamaciones ante el Rector, el Decano, e Inspección de Servicios, adjuntando la documentación de los hechos —es lo que publicó ayer El Confidencial—. Solicitaba acceder a los expedientes para poder preparar la denuncia. El Rectorado admitió mi reclamación, me dieron acceso a los expedientes.

Allí me planté una mañana de sol, con mi bloc de notas dispuesto a documentar la denuncia en detalle. El personal de Rectorado me facilitó amablemente todas las carpetas, y pude recorrer de uno en uno los certificados de méritos presentados por Juana Escabias. Por supuesto no presentaba docencia ni investigación para competir con mi currículo, menos aún para sacar hasta tres y diez veces más puntuación. Todo era un despropósito. 

 Eso sí, el currículo estaba primorosamente ordenado, con índice y números de página, todo en su sitio. Todo, salvo un certificado, el más importante, el que yo iba buscando. Había desaparecido. Allí estaba su carpetilla trasparente de plástico, en el lugar esperado y con la etiqueta de lo que debía contener… pero vacía. Alguien se había llevado el certificado.

Ese era precisamente el papel que acreditaba su docencia. El personal de Rectorado, muy cooperador en todo momento, no daba crédito. "Debe tratarse de un error" me dijeron, "de lo contrario esto sería muy grave". "Blanco y en botella…" me dijo un señor con cara de poca sorpresa. "No dejes de reclamar, chaval. Pero tampoco esperes éxito". Removieron Roma con Santiago buscando el papel, he de decir, incluso llamaron a Secretaría de la Facultad, y consiguieron que nos enviasen el expediente en versión digital. Allí sí estaba el certificado faltante, escaneado.

 Efectivamente, se trataba de docencia impartida en una escuela municipal de teatro del Ayuntamiento de Madrid, por tanto, no era educación superior en ningún caso, y no tenía nada que ver con el perfil solicitado en la plaza. Desde la Facultad, nos confirmaron que Juana Escabias había pedido acceder a su propio expediente "para hacer una comprobación" después de que yo hiciera mi reclamación y pidiera acceso. Así lo afirma un testigo presencial. Si fue ella misma u otra persona quien sustrajo el certificado inválido, dejando la carpetilla vacía, no podemos saberlo.

Pero ahí no acabó la mañana. No encontré el papel que buscaba, pero encontré otro que no buscaba. Que ni siquiera sospechaba que pudiera existir. Héctor Fouce, secretario del tribunal evaluador y también co-director del Grupo de Investigación del que yo mismo formo parte desde antes de hacer la tesis, había firmado un papel a Juana Escabias como si perteneciese a nuestro grupo. Así ella podría ponerlo como mérito. Sólo había un problema: ni yo ni prácticamente ningún miembro del grupo la conocíamos de nada, no estaba en el grupo de correo ni de WhatsApp del equipo, jamás había aportado nada al mismo, ni asistido a ninguna de las reuniones o seminarios. 

Así lo han corroborado varios miembros del grupo por escrito. La catedrática fundadora y codirectora del mismo confirmó que no tenía noticia de esa incorporación, que no sabía por qué Héctor habría firmado ese papel. Vamos, que ese mérito era, si no falso, construido ad-hoc para esta plaza. Juana empezó a asistir al grupo sólo cuando se supo que yo no me retiraba del concurso. Poco después, claro, yo dejé de asistir. Y como dice el compañero de la columna vecina, Quique Peinado, aquí me cerré otra puerta. O muchas.

Rectorado me da la razón, pero inventan nuevos trucos

Tras acceder a los expedientes, pude ampliar y detallar aún más mi reclamación ante Rectorado. Funcionó. Estimaron de nuevo mi demanda, accediendo a mis peticiones de repetir de nuevo el proceso, incluyendo la entrevista y sobre todo la baremación, contabilizando todos mis méritos. En su resolución, Rectorado concluye que "la Comisión de Selección no ha aplicado correctamente la disposición reguladora" a la hora de baremar los apartados de 1) investigación, 2) docencia y 3) experiencia profesional. Les obliga a empezar de nuevo, les da la opción de hacerlo bien.

Además, la composición del Tribunal tendría que cambiar, porque el profesor Sotelo había sido inhabilitado, y el profesor Lozano desgraciadamente había fallecido a causa del covid. Deberían por tanto entrar los dos miembros suplentes, que estaban nombrados desde el principio del proceso, para completar el tribunal de cinco en caso de ausencias. Cinco es la cifra considerada idónea por la Complutense para estos tribunales, salvo imprevistos. Problema: los suplentes ya no serían manipulables, no admitirían formar parte de esta pantomima. Había un rayo de esperanza, al fin y al cabo. Eso creía yo.

La comisión se negó a convocar a los suplentes, incluso aunque alguno de ellos, me consta, lo solicitó expresamente. Sesionó rápidamente y en secreto, con sólo tres miembros, los mismos de la anterior ocasión: Héctor Fouce Rodríguez, Elvira Calvo Gutiérrez y Raquel Caerols Mateo. Y así, repitiendo sus miembros, repitieron nuestras puntuaciones. O casi. Variaron lo mínimo posible, tan sólo una décima. Y porque el formulario no admite centésimas, supongo. 

Además, idearon un nuevo resorte: de todos los candidatos descartados en primera ronda, de repente hubo uno que sí subió mucho, no una décima, sino ¡dos puntos enteros! Rescatado de su descarte, esta persona me quedaba ahora por encima, por si acaso se caía la candidatura de Juana, que en todo caso la plaza no fuera para mí. Así de flexibles son las baremaciones. De repente, seríamos tres para la nueva entrevista pública. Se las saben todas.

To be continued…

El abogado me aconsejó recusar ese tribunal antes de la entrevista por la amistad y enemistad manifiestas demostradas durante todo este proceso, como evidencia su negativa a incluir suplentes, por permitir evaluar la entrevista a miembros ausentes, o por los certificados emitidos ad-hoc por miembros del tribunal. Así lo hice, aunque ya con gran desesperanza, vista la rica variedad de mecanismos de que el poder dispone para reafirmarse en sus abusos. Efectivamente, no se admitió. Volverán a evaluar los mismos. Sin embargo, Inspección de Servicios sí ha admitido el caso a trámite y está en espera de la resolución final para actuar.

Y así termina la primera temporada de este intrincado drama. Habrá que esperar nuevos capítulos para ver si la entrevista transcurre según lo previsible o hay sorpresas. Veremos si el caso se resuelve en el ámbito universitario, contencioso, penal, o si llega al Supremo o a Estrasburgo. Personalmente, apostaría a que la institución demostrará todo su poder para dejar claro a cualquier aspirante a intruso que, aunque logre meter cabeza sin estar invitado a la fiesta, en el fondo no es ni será nunca uno di noi."                (Miguel Álvarez Peralta, InfoLibre, 09/09/21)

10.6.21

Máster de Cifuentes: crónica de una coartada fabricada en 24 horas

 "La carrera política de Cristina Cifuentes quedó arruinada en poco más de un mes. Transcurrieron 36 días entre las primeras informaciones sobre su máster irregular y su dimisión, que intentó evitar hasta el final. 

Y terminó sentada en el banquillo de los acusados por la exclusiva que reveló El Confidencial: dos de las tres firmas que contenía el acta que enseñó para demostrar que había realizado el curso en Derecho Autonómico se falsificaron. Ni hubo tribunal de evaluación ni existió la presentación del examen final, como ella aseguró.

Los días previos a la publicación de la primera noticia clave del caso, el 4 de abril de 2018, fueron muy tensos en la redacción. Por dos vías distintas, teníamos la certeza de que el acta del máster se había fabricado de un día para otro, cuando ‘elDiario.es’ contó que las notas que salían en su expediente académico no eran reales. Pero la información que llegó a la redacción de El Confidencial iba un paso más allá, siendo de extraordinaria gravedad para la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid: se había construido una coartada que implicaría más adelante la acusación de un delito de falsedad documental. De hecho, Cifuentes terminó en el banquillo de los acusados solo por esa razón. 

 El primer aviso lo dio una fuente a través de una segunda persona con la que mantuvimos un encuentro directo. Aquella reunión sirvió para concretar datos y darnos cuenta de que en la piscina había agua. Teníamos que seguir investigando, ya que la información era muy sensible por distintas razones. Las consecuencias de la revelación podían contribuir, como finalmente ocurrió, a la dimisión y procesamiento judicial de la dirigente. Cifuentes atesoraba, además, mucho poder. No solo era la presidenta regional, sino también un talento político al alza, ya que figuraba en todas las quinielas como posible sucesora del entonces presidente del Gobierno y del Partido Popular, Mariano Rajoy.

Durante varios días, los periodistas más implicados en la investigación, José María Olmo, David Fernández y Rafael Méndez, se centraron en ir comprobando cada indicio, averiguar más detalles y contrastar. Las informaciones eran cada vez más coincidentes, a pesar de que llegaban por distintas fuentes: horas después de que se hubiera publicado la información del máster irregular, se puso en marcha una operación para salvar a la presidenta.

Cifuentes grabó un vídeo a altas horas de la noche para enseñar el acta sobre su trabajo fin de máster. La intención, obviamente, era dar carpetazo al asunto. Pero, al final, solo consiguió agrandar las sospechas. El folio, sabía ya El Confidencial, se había fabricado en unas pocas horas y contenía dos firmas falsas. La propia directora del máster, Cecilia Rosado, reconocería más tarde haberlas usurpado siguiendo las órdenes de Enrique Álvarez Conde, director del Instituto de Derecho Público (y fallecido en 2019 en mitad del proceso judicial).

 Después de reuniones internas con los principales responsables del periódico y tiras y aflojas constantes con las fuentes para atar cabos, el 4 de abril de hace tres años publicamos: “El acta del máster que exhibió Cifuentes tiene al menos dos firmas falsificadas”. Al consultar al entorno de la presidenta para que explicara su versión, se limitaron a asegurar que ella simplemente mostró el documento que la Universidad Rey Juan Carlos le hizo llegar, dando a entender que no sabían nada de lo que íbamos a publicar.

La misma tarde en que El Confidencial sacó su exclusiva, Cifuentes compareció en el pleno de la Asamblea y se negó a dimitir, insistiendo en que lo que había era “una operación política y de descrédito” contra ella. También insistió en que completó el máster y que ella en persona acudió a defender su trabajo final en el campus que la universidad tenía en Vicálvaro. Pero al día siguiente este periódico desvelaba que nunca hubo un tribunal que la examinara, ni las profesoras se reunieron para evaluar el trabajo fin de máster. Mientras íbamos obteniendo más detalles del caso, ni las profesoras del máster ni Álvarez Conde contestaban a las llamadas y mensajes de texto. El trabajo de verificación de este periódico fue crucial ante el silencio sepulcral de los protagonistas, que iban viendo cómo el hoyo se hacía cada vez más profundo.

Y es que políticamente las cosas se ponían feas para Cifuentes. Dentro del PP, se vivió una especie de esquizofrenia transitoria. Justo después de la revelación de la falsificación de las firmas, el partido celebraba su convención nacional en Sevilla y allí hubo un cierre de filas sin matices con la presidenta madrileña. “Siento el apoyo. Si no, no estaría aquí”, dijo en la capital andaluza ante decenas de medios de comunicación. Tres días más tarde, todo cambió. Su socio de gobierno, Ciudadanos, amenazaba con descabalgarla de la Puerta del Sol si no se apartaba y ahí sí saltaron todas las alarmas en Génova.

 Mariano Rajoy, de viaje en Argentina, evitó dar un apoyo expreso a la dirigente. Una semana más tarde, nadie dentro del PP quería mostrar su respaldo públicamente. Algunos incluso entendían un “desafío” su resistencia a dimitir, desconfiando de que otra solución fuera posible. Fue el 24 de abril cuando por la mañana y sin que Rajoy se lo llegara a pedir (no hizo falta), la presidenta, enfundada en un traje blanco y su característica coleta rubia, dimitía tras el caso máster y ahogada por el vídeo en el que aparecía robando unas cremas de un supermercado Eroski. Cifuentes abandonó la política de manera radical.

Hace apenas dos meses y medio, el 15 de febrero de este 2021, la Audiencia Nacional de Madrid la absolvió por el caso máster. La Fiscalía había pedido para ella tres años y tres meses de cárcel. Sí condenó a las otras dos acusadas (Rosado, como autora de la falsificación de las firmas, y María Teresa Feito, asesora de la Consejería de Educación, como inductora de la falsificación). El personaje de Feito fue clave, porque actuó como intermediaria entre la universidad (donde había dado clases de inglés tiempo antes) y la Comunidad de Madrid.

La verdad judicial dice que no se pudo probar “contacto alguno” entre las dos condenadas y Cifuentes. Parece improbable que Feito decidiera por sí misma organizar una operación para falsificar el documento clave para Cifuentes, pero la sentencia insiste en que no se pudo probar que existiera una orden desde la presidencia de la comunidad para fabricar la coartada. La gran promesa del PP no tiene ya causas pendientes con la Justicia, pero se tuvo que apartar de la política por completo."                                   (Paloma Esteban, El Confidencial, 09/06/21)

19.4.21

Ayuso se gana al Grupo Planeta con una universidad privada y un contrato a dedo de 14,5 millones

 "Mientras el neofranquismo avanza y un 30% de la población sigue en riesgo de exclusión, las cloacas mediáticas, judiciales, empresariales y políticas no descansan, y siguen trabajando a destajo “para limpiar la mierda”, según declaró el excomisario José Villarejo el día de su puesta en libertad, pocas horas después de que la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, fuera cazada almorzando en su domicilio privado con dos emisarios del policía jubilado.

La sucesión de escándalos fiscales del rey emérito copaba hasta fechas recientes el goteo por entregas de Villarejo a sus medios afines; son los últimos coletazos de la inconfesable operación Salvar al Soldado Felipe VI: matar al padre a cambio de blindar la libertad del policía y empresario para garantizar su silencio sobre todo(s) lo demás.

Mientras en los juzgados esperan destino las más de 30 piezas separadas que forman el maxiproceso a Villarejo, todavía en activo como director de comunicación de las cloacas, este reportaje conjunto de Público y CTXT pone el foco en una historia en apariencia menor, de cuyas motivaciones y trasfondo real se ha hablado poco, aunque la prensa ha publicado en los últimos años numerosas noticias escandalosas sobre el asunto. 

Hablamos de la corrupción universitaria en Madrid, judicializada bajo el eufemismo Caso Máster, y que en la memoria colectiva remite al bochornoso episodio de los títulos de posgrado supuestamente tuneados y regalados por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de Madrid a algunos políticos prominentes. 

El relato va de delante hacia atrás, y arranca en el mes de noviembre de 2020. Han pasado justo cuatro años desde que, según reveló el sumario del caso Lezo, José Creuheras, sucesor de José Manuel Lara como máximo dirigente del Grupo Planeta, visitó en el otoño de 2016 a Cristina Cifuentes en su despacho de la Puerta del Sol. En ese tiempo, Cifuentes tuvo que dimitir, y Ángel Garrido, su número dos y luego sustituto en funciones, dejó finalmente paso a Isabel Díaz Ayuso, una desconocida periodista de pasado falangista, discípula de Esperanza Aguirre.

Ayuso llega en agosto de 2019 a la presidencia de la Comunidad de Madrid. De los 48 diputados que sacó Cristina Cifuentes en 2015, el PP ha pasado a 30, pero los votos de Ciudadanos y Vox, escisión ultra del PP, dejan al PSOE, que había ganado las elecciones autonómicas después de mucho tiempo, en la oposición.

En febrero de 2020 estalla la pandemia y todo se para. Madrid lidera con Bérgamo las cifras de muertos de Europa en la primera ola. Ayuso da órdenes a las residencias de mayores para que no envíen ancianos a los hospitales colapsados. Más de 20.000 ancianas y ancianos mueren sin atención, solos, sin ver a sus familias. Florentino Pérez, a quien muchos ven como el verdadero poder de la Comunidad en la sombra, recibe contratos sin cesar, hasta 35 en unos meses, tanto de servicios como de construcciones. Y se permite incluso exigir el lucro cesante por las muertes que se producen en las 61 residencias de su empresa, Clece.

El Gobierno progresista confina el país durante cuatro meses, y Ayuso echa la culpa de todo a Sánchez, pero apenas hace nada. No concede ayudas directas, no gestiona los rastreos, no medicaliza las residencias, abandona la atención primaria a su suerte, cierra los colegios, ordena alimentar con pizzas a los niños con menos recursos, se instala en un hotel de lujo de su amigo Kike Sarasola, convierte Ifema en un hospital de guerra sin quirófanos y lo clausura con un festín repartiendo bocatas de calamares. 

Asesorada por MAR (Miguel Ángel Rodríguez), el spin doctor de Aznar, Ayuso crece como principal ariete del PP contra el Gobierno “socialcomunista”. Pero no aprueba una sola ley.  

Hasta que, un año después de llegar al poder, en julio de 2020, algo se mueve por fin: la presidenta pide al Consejo de Gobierno que ponga en marcha un proyecto de ley para conceder una licencia de universidad privada a la Escuela de Administración de Empresas. La EAE es una empresa del Grupo Planeta que presta formación universitaria en instalaciones propias desde 2015 bajo el manto de la Universidad Rey Juan Carlos: era un centro adscrito, lo que significa que carece de licencia para funcionar como universidad independiente, por lo que no puede emitir títulos con su nombre y debe ceder un porcentaje de sus matrículas a la universidad que la cobija. 

En octubre de 2020, Ayuso ha aprobado su primera ley, la ley del suelo, reedición a pequeña escala de la que Aznar lanzó en 2000 para iniciar el milagro económico de Rodrigo Rato. La oposición recurre el acto ante el Tribunal Constitucional porque la Mesa de la Asamblea de Madrid, presidida por el diputado de Ciudadanos Juan Trinidad, exempleado de OHL y Villar Mir, ha encerrado a los parlamentarios en el Hemiciclo para garantizar el quórum. “Todavía no entendemos la prisa que tenían. Podían haber esperado dos semanas y hubiera habido quórum sin problema; pero es que no tenían prisa, tenían urgencia”, recuerda el diputado autonómico de Unidas Podemos Jacinto Morano.

La segunda y última ley de la legislatura de Ayuso es la que concede al Grupo Planeta una licencia de universidad privada: se vota por el procedimiento de urgencia el 12 de noviembre de 2020. “El método se llama lectura única”, explica Clara Ramas, exdiputada de la Asamblea por Más Madrid. “Consiste en debatir en el pleno y a toda pastilla un informe de mil páginas –el expediente presentado por EAE demostrando la supuesta excelencia de su proyecto– sin pasar por comisiones ni aceptar enmiendas o ponencias”. 

La concesión exprés de la universidad privada a EAE, la enseña de formación universitaria del Grupo Planeta, se consuma con los votos a favor de PP, Cs y Vox. 

14,5 millones a dedo y presiones de Marhuenda 

Las relaciones del Grupo Planeta con la Comunidad de Madrid eran en ese momento las mejores en mucho tiempo. En octubre de 2020, Ayuso ha concedido a dedo un contrato de emergencia de 14,5 millones de euros al holding educativo de Planeta y a Informática El Corte Inglés para dotar de materiales digitales a las clases desde 5º Primaria a segundo de Bachillerato a través de Educamadrid, la plataforma de servicios educativos de la comunidad madrileña. 

La patronal del sector, Anele, denunció ante los tribunales y los organismos de control económico y presupuestario la declaración de emergencia del contrato. “Es un despropósito”, dijo en El País el presidente de Anele, José Moyano, que se sumaba así a las quejas y a las críticas de los directores de instituto, sindicatos y oposición, que ya tildaron el contrato de “escandaloso”.

Desde Más Madrid recuerdan bien aquellos días. “Dos semanas antes de que se votara la ley de la universidad privada en la Asamblea, Francisco Marhuenda me llamó y estuvo un buen rato contándome las bondades de EAE”, cuenta el diputado Eduardo Rubiño. “No es infrecuente que cuando una ley se acerca a la Asamblea las empresas interesadas hagan lobby. Pero Marhuenda insistió más de lo habitual en que aquello era una maravilla que no podíamos dejar de apoyar”. 

La presión de Marhuenda, que compagina su tarea de tertuliano 24/7 con su cargo de profesor titular en la URJC y la dirección de La Razón, no hizo mella en la oposición. “El proyecto nos pareció inconsistente, un chiringuito diseñado para cobrar dinerales por grados y másteres que solo beneficia a empresas privadas y a fondos buitre”, cuenta Rubiño, “y que además no cumplía ninguno de los requisitos exigidos a las universidades privadas”. 

“A nosotros no nos llamó Marhuenda”, recuerda por su parte Jacinto Morano, de UP, “seguramente porque sabía que en esa piscina no había agua”.

Morano hizo una rotunda intervención ante el pleno: 

“Ha dicho el señor Sicilia [Eduardo Sicilia, consejero de Universidades, cuota Ciudadanos] que este proyecto de ley que estamos hoy votando va a ayudar al progreso social y educativo de la Comunidad de Madrid. Recuerdo un dicho latino: Cui prodest?, ¿esto a quién beneficia? El progreso social y educativo, ¿para quién? Vamos a ver lo que estamos hoy votando. Estamos votando una cierta manera de privatización de una institución universitaria, porque pasamos de un centro adscrito, el EAE, a un centro absolutamente privado”.

Y proseguía: “Esta universidad tiene planteados planes de grado con un coste de 8.000 euros por alumno, y posgrados, algunos habilitantes, por un precio de 13.500 euros. Por cierto, cuando eran centros adscritos, los precios en esta entidad, el EAE, de la que va a ser sucesora la Universidad Internacional de la Empresa, eran más bajos. Se ha aprovechado esta conversión de la naturaleza jurídica de la institución para subir 300 euros los costes de los posgrados. Y oferta un posgrado de Alta Dirección de 26.700 euros de coste. El coste de este posgrado es mayor que la renta per cápita de Madrid. Entonces, ¿a quién está beneficiando este proyecto de ley que estamos planteando? ¿Cuántos madrileños, en la situación social y económica en la que estamos, van a poder acceder a estos programas?”.

Tras el apresurado intercambio de opiniones, votan en contra PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos. Pero la universidad privada de Planeta en Madrid es oficial gracias al trifachito. Ayuso necesita los votos de Vox, y los obtiene. 

En plena pandemia, con la mitad de los diputados en sus casas, y sin un debate digno de ese nombre, el soñado negocio universitario de Planeta, por el que sus directivos llevan trabajando y presionando desde 2015 en los más altos despachos de la Comunidad, se hace por fin realidad. 

La concesión genera una pequeña controversia, que se entierra enseguida. Los organismos consultivos que debían pronunciarse sobre la idoneidad del nuevo centro eran contrarios a conceder la licencia a Planeta. Según Público, el Consejo Universitario de la Comunidad de Madrid, la Fundación para el Conocimiento Madridmasd y los sindicatos habían detectado deficiencias en las instalaciones (algunas de ellas alquiladas y con contratos cercanos a expirar), en la ratio profesores-alumnos y en el nivel de investigación que planteaba EAE. El acta de la reunión del Consejo certifica 9 votos en contra del proyecto, ninguno a favor y siete abstenciones.

“La propia memoria de impacto normativo reconocía que el proyecto no cumplía los requisitos académicos, docentes ni de infraestructuras”, recuerda la exdiputada Clara Ramas; “pero los promotores afirmaban que ya los cumplirían cuando se les diera la licencia. Fue una claudicación en toda regla a los intereses corporativos de Planeta”.

Curas y bancos

Comisiones Obreras denunció por su parte que se trataba de la cuarta universidad privada que autorizaba la Comunidad de Madrid en solo quince meses. El 7 marzo de 2019, la Asamblea aprobó convertir en universidades privadas a la Escuela Superior de Gestión Comercial y Marketing (ESIC), el Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF) y la Universidad Internacional Villanueva. 

“Aquel dislate se aprobó en el último pleno de la anterior legislatura, y por supuesto el entonces presidente en funciones, Ángel Garrido, también recurrió al método de la lectura única, hurtando el debate parlamentario”, recuerda Morano.

Las tres agraciadas tenían padrinos tan poderosos o más que la del Grupo Planeta. ESIC (Congregación de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús) y Villanueva (Opus Dei) están vinculadas a organizaciones religiosas, y CUNEF se gestiona desde la Fundación de la Asociación Española de Banca –AEB–. Villanueva y CUNEF rompieron lazos como centros adscritos de la Complutense, y ESIC se desligó de la Rey Juan Carlos, como haría EAE 15 meses después.

La decisión de Garrido fue un golpe duro para Planeta. En noviembre de 2018, la prensa había contado que se había desbloqueado el asunto de la EAE y que la concesión de la universidad privada estaría lista en 2019. Pero la vía libre quedó pospuesta ante el empuje, la experiencia y los contactos de la Iglesia y la banca: desde el ‘Tamayazo’, las concesiones de licencias de universidad privada en Madrid habían ido favoreciendo de forma mayoritaria a organizaciones religiosas y fondos buitre. Los jesuitas (Comillas), los Legionarios de Cristo del pederasta Marcial Maciel (Francisco de Vitoria) y la Asociación Católica de Propagandistas (CEU) ya tenían la suya. 

En aquel momento, la Comunidad de Madrid sumaba ya once universidades privadas, además de 38 centros privados de estudios superiores, mientras el número de universidades públicas se había mantenido en seis desde que se fundó la Rey Juan Carlos 25 años atrás. Por fin, en noviembre de 2020, Díaz Ayuso cumplió el deseo de Planeta y logró la hazaña de convertir a Madrid en la región con más universidades privadas del país: 12, frente a seis públicas.

Unos meses después de la concesión de la licencia a EAE, hace un par de semanas, Ayuso impuso a Cristina Cifuentes la medalla de oro de la Comunidad. Era el símbolo de que un círculo se había cerrado. Ayuso rehabilitaba a la expresidenta de la Comunidad de Madrid, la principal perjudicada del Caso Máster, que, como veremos enseguida, venía sufriendo feroces ataques y presiones de los directivos y medios del Grupo Planeta y de otros afines a este al menos desde 2016.

La triste historia de la URJC

2018 fue el año que dañó para una larga temporada el prestigio de la Universidad Rey Juan Carlos, fundada en 1996, cuando era presidente de la Comunidad de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón. Con el tiempo, la URJC se convirtió en la gran universidad pública del PP (sector María Dolores de Cospedal) y, en menor medida, también de la vieja Izquierda Unida. Los dos partidos, que compartían consejo y tarjetas black en Caja Madrid con los socialistas, se repartían por cuotas en la URJC profesores, departamentos, cátedras patrocinadas y honoris causa, haciendo crecer así sus escuderías académicas y sus negocios educativos: la idea era que la Rey Juan Carlos compitiera en volumen de estudiantes, rentabilidad y presencia, ya que nunca lo consiguió en prestigio, con la gran universidad ‘socialista’ de la región, la Carlos III. 

Pero de repente algo se torció en ese pujante camino neoliberal de la URJC. En la primavera de 2016, Cuartopoder publicó que el rector de la institución, el catedrático de Historia Fernando Suárez Bilbao, había cometido múltiples plagios en distintas obras. Poco después, Suárez dimitía; dos años más tarde, sería procesado en relación a las convalidaciones irregulares de diversas asignaturas del máster en Derecho Autonómico que dirigía el catedrático Enrique Álvarez, el mismo que cursaron, al menos en teoría y en etapas distintas, Pablo Casado y Cifuentes

Esas corruptelas tenían un mismo lugar de origen: el Instituto de Derecho Público (IDP) de la URJC, de alto interés económico para su núcleo duro, muy vinculado a Cospedal. En plena guerra interna del PP tras la disputada sucesión de Mariano Rajoy, El País reveló en agosto de 2018 que el flamante líder popular, Pablo Casado, había aprobado diez años antes un sospechoso máster exprés de Derecho Autonómico en el IDP. Fuego amigo a discreción. 

La Fiscalía del Supremo decidió no procesar a Casado, aun reconociendo que había indicios de trato de favor, porque el asunto estaba prescrito. Luego, gracias a los votos del PSOE, el nuevo presidente del PP fue eximido de comparecer ante la comisión parlamentaria, como Cifuentes, aunque esta sí sería procesada. 

En aquellos días de 2018 también se supo que la URJC expedía títulos de posgrado a licenciados en Derecho de universidades italianas con un imaginativo paquete a la carta organizado por agentes de viajes desde Madrid. El cursillo daba acceso a la colegiación española, lo que permitía a los alumnos italianos ejercer en la UE ahorrándose 18.000 euros de un máster obligatorio en su país. Para amenizar la estancia, el pack ofrecía incluso la asistencia a partidos en el Bernabéu, un imbatible todo incluido. 

Cifuentes y Montón

Desde que se conoció el plagio del rector hasta finales de 2018, el huracán de la URJC dejó un largo rosario de titulares escandalosos. Quizá el único positivo, sobre todo para su protagonista, fue que Francisco Marhuenda, director de La Razón, el medio escrito del Grupo Planeta, pasó de ser profesor interino a titular el 12 de octubre de aquel año.

Por lo demás, el aluvión se llevó por delante las carreras de una presidenta de la Comunidad de Madrid (Cristina Cifuentes, PP) y de una ministra del primer Gobierno de Pedro Sánchez (Carmen Montón, PSOE, artífice de la desprivatización de la sanidad valenciana mientras fue consejera de Sanidad de la Generalitat y declarada enemiga de Farmaindustria). 

Cifuentes se vio obligada a dimitir en abril de 2018 tras la difusión de un vídeo en el que se adivinaba que había intentado llevarse de un supermercado unas cremas sin pagar. La presidenta se había mantenido en el cargo contra viento y marea después de que se publicara que le habían aprobado el máster del IDP manipulando notas y documentos públicos sin que la lideresa hubiera tenido que ir a clase ni presentarse a defender el Trabajo Final de Máster (TFM). 

Por su parte, la ministra socialista de Sanidad, Carmen Montón, fue acusada de beneficiarse de un trato de favor durante su curso de posgrado y, además, de haber plagiado o recogido textos sin citar en 19 páginas de las 52 que ocupaba su TFM. Montón dimitió el 11 de septiembre de 2018. La médica valenciana, que solo fue ministra durante cuatro meses, es hoy embajadora permanente de España ante la Organización de Estados Americanos (OEA). 

Cifuentes fue juzgada y absuelta (aunque el juicio deberá repetirse) y en los últimos tiempos se ha dedicado a participar en tertulias televisivas de Mediaset. Montón fue investigada, pero la jueza archivó la causa. 

Las primeras informaciones sobre las exalumnas de la URJC se publicaron en eldiario.es, el digital que dirige Ignacio Escolar. Sin embargo, las filtraciones no consiguieron desalojar de sus cargos a las dirigentes del PP y del PSOE. El último empujón a Montón se lo dio La Sexta, que se hizo cargo de la demostración del plagio. Y de la puntilla a Cifuentes se encargó el tabloide de Eduardo Inda, que publicó aquel vídeo borroso y antiguo de Cifuentes, con inequívoco hedor a los pendrives de Villarejo. 

Puertas giratorias policiales

En este punto es preciso recordar que el jefe de Seguridad de Planeta, Antonio López López, recientemente llamado por la Audiencia Nacional en calidad de investigado por la pieza nº 12 de la macrocausa Tándem o caso Villarejo, colaboró en las maniobras del Ministerio del Interior contra diversos políticos catalanes, según le aseguró el exministro Jorge Fernández Díaz al ex director de la Oficina Antifraude, Daniel de Alfonso, en el audio de cinco horas que se grabó subrepticiamente y se envió a Público de forma anónima. 

Estamos ante una de las grandes especialidades de las Cloacas S.A.: las puertas giratorias policiales. Un buen número de altos mandos, procedentes de las órbitas de Agustín Linares, Pepe Villarejo y Eugenio Pino, dieron un lucrativo salto al sector privado al colocarse como jefes de seguridad de grandes empresas, muchas de ellas del IBEX, tras haber ocupado puestos públicos de relieve, incluyendo a los jefes superiores de Madrid o Barcelona. Aquella investigación de Público ha tomado nuevo vuelo esta semana con la imputación de dos altos directivos de La Caixa por haber contratado, supuestamente, a Villarejo y sus muchachos para espiar al expresidente de Sacyr, Luis del Rivero. 

Bankia, Telefónica, El Corte Inglés, La Caixa, Iberdrola, Prosegur, Santander y Planeta son algunas de las empresas que contaban o cuentan con policías leales a Villarejo en sus departamentos de seguridad, con acceso a datos e información de toda índole.

Jacinto Morano, diputado de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid, recuerda que oyó hablar del vídeo de las cremas de Cifuentes “bastante antes” de que Inda lo publicara. “En la Asamblea se decía desde el principio de aquella legislatura que el dueño de otro digital de ultraderecha se lo había enseñado a Cifuentes en un intento de obtener más publicidad institucional. Pero todo el mundo pareció olvidarse de aquello cuando fue Inda el que publicó el vídeo”. 

La Sexta y sus medios amigos

Cruzando los hechos sucedidos en aquellos meses con las agendas de los protagonistas visibles e invisibles, parece obvio que la banda de Villarejo jugó su papel en aquellas sonadas decapitaciones políticas y en el golpe a la reputación de la URJC. Pero antes de zambullirnos en lo oculto, veamos lo tangible.

Las noticias que acabaron con las carreras de Cifuentes y Montón se publicaron, coincidiendo en el marco temporal y con enorme repercusión en redes sociales, en un digital progresista (eldiario.es); en el tabloide de extrema derecha de Inda, y en la cadena dirigida por Antonio García Ferreras, La Sexta, propiedad de AtresMedia (Planeta).

Mano derecha de Florentino Pérez y buen amigo de José Luis Rodríguez Zapatero, Ferreras cobija bajo el mantra “más periodismo” una pasión a prueba de bombas por el Real Madrid y por el bipartidismo borbónico del 78. Alrededor de su mesa se sientan de manera habitual Inda, Escolar, Jesús Maraña (Infolibre) y Angélica Rubio (El Plural) –digital que, por cierto, comparte accionista de referencia con OkDiario, ElDorado Media Holding SL, cuyos últimos socios se parapetan tras un bufete de abogados de Barcelona–.

Escolar e Inda son habituales desde hace años en Al Rojo Vivo, lo cual no implica que Planeta tenga algún tipo de participación empresarial en esos medios: en las fuentes mercantiles oficiales no consta que Planeta o sus directivos participen con su razón social y/o su nombre en dichos accionariados, tampoco bajo la moderna modalidad mercantil del ‘media for equity’ (exposición mediática a cambio de acciones o participación en beneficios).

En el caso del imputado Inda, Ferreras fue el trampolín que convirtió a su tabloide en uno de los digitales que más aparece en las tertulias de radio y televisión, multiplicando hasta el infinito el don de la ubicuidad del exdirector de Marca y de Villarejo. Escolar, por su parte, se prodiga mucho menos en otros platós. Según ha contado él mismo a distintos colegas, su contrato exclusivo con La Sexta le impide acudir a la competencia. 

EAE, centro adscrito y ‘Púnica’

Volvamos a la universidad privada. Además de su oligopolio editorial y mediático, el grupo Planeta da cada vez más importancia a su división de Educación, que está considerada como estratégica por el holding fundado por el editor José Manuel Lara Hernández en 1949 y convertido en el primer grupo de comunicación español por su hijo, José Manuel Lara Bosch.*

Desde que la crisis de 2008 precipitó la caída del negocio del libro en su modalidad de ediciones generales, Planeta intenta compensar su cuenta de resultados con los libros de texto físicos o digitales y su departamento educativo. En 2019, el grupo anunció el cierre de Círculo de Lectores, tras registrar unas pérdidas de 12,1 millones. A día de hoy, el principal sostén del conglomerado es Planeta de Agostini, la joint venture participada al 50% con la italiana De Agostini, que en 2019 prácticamente duplicó sus ganancias desde los 26 millones hasta los 51,1 millones de euros. 

El buque insignia es EAE, una escuela de negocios fundada en los años cincuenta que Planeta adquirió en 2006. Desde hace una década funciona como centro adscrito de la Universidad Politécnica de Barcelona, y en 2015 se convirtió en centro adscrito a la Rey Juan Carlos de Madrid. Fue reconocida como apta para dicha condición por el Gobierno del antecesor de Cifuentes, Ignacio González, y obtuvo el visto bueno final para el inicio de operaciones el 5 de octubre de 2016, siendo ya presidenta Cifuentes.

La orden que otorgó a EAE la condición de “apto” para ser uno de los siete centros adscritos de la URJC, facultándole para impartir (y cobrar en función de ello) formación universitaria oficial, la había firmado la consejera de Educación Lucía Figar, que se vio obligada a dimitir en junio de 2015, al ser imputada en el Caso Púnica por sus relaciones con Francisco Granados y, sobre todo, con Alejandro de Pedro, un conseguidor cuyo negocio principal era cuidar de la reputación digital de políticos como Esperanza Aguirre, y de clubes como el Real Madrid, manipulando información por varias vías (diarios zombies, bots, redes sociales, posicionamiento en Google, páginas de Wikipedia…).

Así llegamos a 2016. La armada mediática de Planeta ataca duramente a Cifuentes. Según publican distintos medios, Planeta intenta que la presidenta no colabore con la Justicia en el caso del desfalco del Canal de Isabel II, porque la Fiscalía estaba investigando en el llamado Caso Lezo al socio y consejero de La Razón Edmundo Rodríguez Sobrino, que a la sazón era presidente de Inassa, la filial del Canal en Latinoamérica. Pero, al mismo tiempo, como veremos enseguida, las escuchas de Lezo muestran que los directivos de Planeta perseguían otro objetivo: obtener una universidad privada. 

El meollo de la cuestión es que, en aquellos tiempos, no era fácil obtener esas licencias. Desde que llegó al poder de la Comunidad de Madrid en 1996, el PP ‘sólo’ había autorizado ocho nuevas universidades privadas, y la última databa de 2011. Ni Ignacio González ni Cifuentes concedieron ninguna. Pero, a partir de ahí, la veda se abrió. Como vimos antes, el sucesor de Cifuentes, Ángel Garrido, que acabó en Ciudadanos y hoy está recién retirado de la vida política, aprobó tres licencias de golpe en el último pleno de la legislatura, el 7 de marzo de 2019. Planeta llevaba dos años esperando, pues presentó la solicitud en 2017. Pero su expediente era un rosario de chapuzas e incumplimientos, y solo logró su objetivo en noviembre de 2020.

 La sombra de Villarejo

Cruzando las escuchas de Lezo con las anotaciones manuscritas de Villarejo, se observa que el comisario estuvo muy cerca de los dirigentes de Planeta durante los meses en que estos realizaron aquella delicada “gestión de crisis” contra Cifuentes. El policía y empresario apunta en su agenda el 17 de mayo de 2016 que ha almorzado con su admirado Adrián de la Joya y con varios directivos de Planeta. Por orden de jerarquía: José Creuheras, el presidente del holding; Mauricio Casals, presidente de La Razón y asesor del Grupo Planeta, y el ya citado Antonio García Ferreras. La comida se repite un mes después, el 14 de junio, esta vez sin el máximo directivo de Planeta, según anota el amanuense Villarejo.

La importancia que Planeta otorgaba a la obtención de una universidad privada en Madrid queda probada en las escuchas del sumario de Lezo. Un informe de la Unidad Central Operativa de la Policía Judicial de la Guardia Civil (UCO), que había pinchado los teléfonos de la cúpula de Planeta por el caso del Canal de Isabel II registró en aquellos meses que varios directivos del grupo editorial mantuvieron al menos tres reuniones (entre agosto y noviembre) con Cifuentes. Al menos a una de ellas asistió también el entonces número dos de esta, Ángel Garrido. 

A pesar de que Rodríguez Sobrino pedía a sus jefes que presionaran a Cifuentes por su asunto personal, la temática de la primera reunión (celebrada el 10 de agosto de 2016 entre Marhuenda y la presidenta que presumía de no veranear) trató sobre la formación universitaria y la URJC, según declaró la propia Cifuentes a la Comisión Judicial el 19 de abril de 2017: “Mantuve una reunión con el señor Marhuenda el 10 de agosto de 2016, sobre distintas cuestiones relacionadas con la universidad Rey Juan Carlos, donde es profesor el señor Marhuenda”. 

En efecto, Marhuenda era en aquel momento, además de director de La Razón a distancia y tertuliano, profesor interino de Historia del Derecho y de las Instituciones en la URJC, y responsable de la cátedra patrocinada Historia de las Instituciones. Antes de la segunda reunión, Rodríguez Sobrino llama a Mauricio Casals para contarle que Marhuenda se va reunir de nuevo con Cifuentes y Garrido a partir del 20 de agosto, y Casals le comunica que él también asistirá y que tiene interés en que Cifuentes (a la que en otros fragmentos se refieren como “la puta esa”) sepa que el tema que van a tratar “no solo afecta a La Razón, sino también a Onda Cero y a La Sexta”.

Las privadas, “un negocio de puta pena”

Otras conversaciones pinchadas durante aquellos meses de 2016 a Rodríguez Sobrino confirman que el gran objetivo de las reuniones de los dirigentes de Planeta con Cifuentes era lograr la licencia de universidad que colocara a EAE más allá de la condición subalterna de centro adscrito. El 26 de octubre de 2016, Rodríguez Sobrino comenta con un amigo, Carlos A., las gestiones emprendidas por el grupo para lograr una licencia. Según había anunciado Creuheras en un reciente consejo de administración, dice Sobrino, “había que tratar bien a la señora porque van a dar dos universidades” (…), “y ellos quieren aspirar a una y para ellos es muy importante la operación”.

En el siguiente fragmento, Sobrino comenta que “no estaría de más que se sepa por ahí que Planeta puede verse favorecida con una universidad privada”, aunque añade: “Macho, ya les han dado bastantes cosas”. Su interlocutor comenta de paso que “el sándwich al PSOE con La Sexta funciona de cine”, y remata: “Queda como independiente eldiario.es, que ese es incontrolable porque es el órgano…”. 

--Universidad quieren, la Iglesia querrá una, dice Sobrino. 

--Sí, replica Carlos A.

--Y se la van a dar, porque hay dos...

A continuación, Rodríguez Sobrino recibe una llamada de Joaquín P., y le confirma que la prioridad de Planeta es el tema universitario, aunque él piensa que las privadas son “un negocio de puta pena”.

Luego, Sobrino comenta que sus jefes le “están tocando las pelotas a la señora” (Cifuentes), se refiere a “dos peticiones” que le habrían hecho “Mauricio” (Casals) y “Paco” (Marhuenda), habla del odio que la gente de Planeta tiene a Ignacio González (“IG”), y concluye que “ella (Cifuentes) puede estar más alejada de las posibilidades de la ira” (de los medios de Planeta, se infiere), pero que al consejero (de Educación) “se le puede dar hasta en el carnet de identidad”. 

Aquellas conversaciones poco edificantes dieron lugar a una apertura de diligencias a Marhuenda y Casals por coacciones contra Cifuentes. El juez les imputó a los dos. Luego las archivó al declarar Cifuentes que nunca se había sentido presionada, por lo que no podía haber coacción.

Un año después, en el otoño de 2017, con la tensión disparada en Cataluña, Planeta decidió trasladar su sede social desde la Avenida Diagonal de Barcelona a Madrid. Ese mismo año, en julio, ha solicitado la licencia de Universidad Privada a la Comunidad de Madrid. En 2018, el grupo y sus medios afines redoblan sus ataques contra Cifuentes, hasta que consiguen que dimita. El expediente EAE transita por los dos años de gobierno en funciones de Garrido pero no cuaja. En 2019 gana las elecciones Ayuso. A principios de 2020, fuentes de Planeta aseguran que los esfuerzos del grupo se concentran en la división de educación. El negocio de la EAE Business School –unido al colegio de dirección en turismo Ostelea– reportó 3,6 millones de beneficios en 2019, cuando todavía era centro adscrito a la Rey Juan Carlos. A finales de 2020, Ayuso concede la categoría de universidad privada a EAE; y un mes antes regala al grupo el polémico contrato millonario de 14,5 millones de euros. Tarea terminada. 

El diputado de Podemos Jacinto Morano ríe al otro lado del teléfono: “¿Que si tengo confirmado que La Sexta distribuyó entre periodistas amigos lo del máster y las cremas de Cifuentes? No, no lo tengo confirmado. ¿Me sorprendería que lo hubiera hecho? No, no me sorprendería en absoluto”. 

Dobletes y tripletes

Los autores de este reportaje han intentado contactar, sin éxito, con Cristina Cifuentes para aclarar algunos puntos grises de la historia. Una ex colaboradora suya, que exige el anonimato, se limita a comentar que la expresidenta salió “muy dolida” de aquel proceso y confirma que, en efecto, las reuniones de aquellos meses de 2016 con los directivos de Planeta “iban en dos direcciones, por un lado la universidad privada y por otro lo relativo al Canal de Isabel II”. 

El análisis de lo sucedido durante los últimos cinco años en Madrid no puede obviar que Cifuentes se ganó múltiples enemigos, no solo dentro del PP sino también fuera. Es un hecho, además, que al descontrol de la URJC y a su salida forzada le siguieron la concesión por la vía de urgencia de cuatro nuevas licencias privadas de universidad en solo 15 meses, lo que generó beneficios a distintas personas y organismos, seguramente igual de rentables que los que obtuvo Planeta. Y es un hecho también que las dos únicas leyes que ha aprobado Ayuso durante su año y medio de mandato son la ley del suelo y la de la universidad privada de Planeta. 

Ninguna motivación de las cloacas y sus múltiples meandros suele tener que ver con nada personal. Simplemente, la caída de Cifuentes se hizo necesaria para que un grupo de amigos poderosos y con intereses diversos, actuando de forma coordinada, aumentaran su influencia y mejoraran su reputación y sus negocios. ¿Fueron los mismos que ayudaron a falsear el máster de Cifuentes quienes luego la forzaron a dimitir? Esta pieza de Público sugiere que es posible que así fuera. ¿Son los oligopolios mediáticos y empresariales, y las cloacas adyacentes, organismos capaces de quitar y poner presidentes? Tristemente, se diría que es así. 

Así es, en todo caso, como suelen actuar Villarejo y sus clientes y jefes: en la operación en la que no hacen doblete, hacen triplete. Su especialidad es hacer amigos con los enemigos de otros, y luego facturar a unos y a otros, bien en metálico o como favores futuros.

La historia completa de las Cloacas S.A. y de los 25 años de obsesión privatizadora del PP madrileño, un partido capaz de contabilizar en B hasta las muertes de ancianos y de traficar con el futuro de los alumnos y la reputación de una universidad pública, está todavía por escribir. Aunque algunos periodistas, sobre todo Javier Ayuso y Patricia López, han contado buena parte de lo que ocurrió, las ramificaciones son infinitas, y los beneficiados (y perjudicados) se cuentan por centenares en todos los sectores, incluidos por supuesto los medios de comunicación. 

En este caso concreto, las acusaciones periodísticas contra notorios personajes de la política madrileña y nacional y contra la propia URJC funcionaron en un doble o triple sentido: como exigencia de honestidad y rendición de cuentas a dos líderes políticos, como muestra del poder del llamado Cuarto Poder, y como espita para el desprestigio y posterior desguace y privatización a trozos de la universidad pública. Al fin y al cabo, siempre que las empresas quieren hacerse con un servicio público, lo primero que hacen es presionar a los políticos al mando para que deterioren o descapitalicen ese servicio. Es un modus operandi inventado hace décadas por el capitalismo depredador. 

Con el escándalo de la URJC, muchos títulos universitarios públicos pasaron a ser expedidos y cobrados por instituciones privadas, con un trasvase automático de dinero público a manos particulares. Y muchos profesores honrados y miles de alumnos sin acceso a tratos de favor quedaron expuestos a una mancha indeleble. Lo dramático es que la exposición pública de aquellos atropellos, esas presiones, esas corrupciones, no sirvió siquiera para que el PP de Madrid perdiera el Gobierno de la Comunidad madrileña. Tras dos años de gobierno en funciones, el partido presentó a una desconocida llamada Isabel Díaz Ayuso, y gracias a los votos de los “regeneradores” de Cs y de los neofranquistas de Vox, acabó siendo la séptima presidenta popular consecutiva de la Comunidad de Madrid. 

Otra posible enseñanza de esta historia poco ejemplar es que, si Ayuso sigue gobernando tras las próximas elecciones del 4 de mayo, los medios y la ciudadanía tendremos que estar muy atentos a los movimientos del PP madrileño y de sus medios y empresarios afines en la sanidad (pública y privada), las residencias (ídem), la universidad (ídem), la formación continua para magisterio y auxiliares sanitarios, la formación profesional dual, los permisos de residencia para estudiantes extranjeros, y por supuesto el fútbol y la construcción.

Bienvenidos, en fin, al Madrid de Florentino Pérez, Ayuso, Villarejo, Planeta y cía, ese lugar donde todo se decide en las bambalinas y donde nadie dice la verdad. En unas semanas, seis millones de madrileñas y madrileños tendrán que responder en las urnas a algunas disyuntivas: comunismo o libertad, socialismo o terrazas, Vox o Vallekas, privado o público, cloacas o periodismo ético. 

Y una duda final: ¿a quién apoyará AtresMedia en la batalla de Madrid? 

Coda: un máster para Vanesa Jiménez

Silvio Berlusconi solía decir, con su cinismo y su sentido del humor habitual, que él no tenía enemigos, que él solo tenía futuros socios. Planeta al parecer funciona igual, aunque por supuesto lo que van a leer aquí debajo puede responder a una casualidad del todo inocente.

Durante la elaboración de este reportaje, una directiva de marketing de EAE, que se identificó como Carlota sin dar el apellido, llamó a la redacción de CTXT preguntando por nuestra directora adjunta, Vanesa Jiménez. Le dijimos que nos diera su número de teléfono para pasárselo a Vanesa, o si no que le escribiera un mail. Carlota respondió que no nos daba su teléfono porque siempre estaba comunicando, y que los mails “los escriben desde otro departamento”.

Un par de días después, una trabajadora de una consultoría educativa con sede en Barcelona escribió un email a Jiménez ofreciéndole participar en una selección de candidatos para cursar un MBA en “una de las mejores escuelas de negocios de España”, con “ayudas extraordinarias”. El precio de esos másteres de alta dirección puede alcanzar, ya saben, unos 26.700 euros. 

Tras una breve reunión de la dirección de CTXT, decidimos declinar el gentil ofrecimiento y publicar esta pieza, en la que llevábamos trabajando algún tiempo. Si les ha resultado útil o instructiva, les animamos a suscribirse a la Revista Contexto o a nuestro medio amigo, Público. Solo podremos seguir escribiendo informaciones como esta y haciendo másteres por cuenta propia si ustedes, queridas y queridos lectores, nos apoyan. 

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Derecho de Réplica

El señor Ignacio Escolar nos hace llegar las siguientes líneas de réplica: 

“Me hubiera gustado que se me hubiera contactado para recoger mi versión de los hechos antes de publicar este artículo, y no varias horas después. Es radicalmente falso que Villarejo, La Sexta o Planeta tuvieran la más mínima relación con la fuente que permitió la investigación del caso Máster por parte de elDiario.es, como se insinúa en varios párrafos. También es completamente falso que Atresmedia o Planeta tengan relación accionarial con elDiario.es. La investigación del caso Máster que realizó nuestra compañera Raquel Ejerique no fue una filtración interesada –como también se insinúa sin prueba alguna– sino un trabajo periodístico ejemplar que nada tuvo que ver con esa universidad de Grupo Planeta”.

Fes de errores:

En la primera versión de este artículo se decía que el fundador del grupo fue Lara Bosch, pero fue su padre, Lara Hernández. 

Antonio García Ferreras no es director de Informativos sino director de La Sexta. 

Ángel Garrido pertenecía al PP cuando sustituyó a Cifuentes, y no a Ciudadanos como se afirmaba en la primera versión de este artículo."                                    (Miguel Mora / Pilar L. González de Lara, CTXT, 17/04/21)