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15.6.21

El presidente de Murcia medió en la operación quirúrgica de un familiar de García Egea

 "El presidente de Murcia, Fernando López Miras, del PP, medió en abril para una operación quirúrgica a la que debía someterse un familiar cercano del número dos del partido, Teodoro García Egea.

Fue durante el pleno que la Asamblea Regional de Murcia celebró el 14 de abril cuando una cámara captó los mensajes que desde el móvil cruzó López Miras con el secretario general del PP. Y lo que demuestran esas imágenes, a las que ha accedido infoLibre, es que fue el presidente del Gobierno murciano, y no un médico o administrativo del servicio regional de salud, quien comunicó a su paisano García Egea cuándo entraría en quirófano la persona en cuestión: “Buenas, la intervención la van a programar el martes 20 por la tarde”, escribió.

 “Cojonudo”, reaccionó el secretario general del PP en cuanto López Miras le transmitió, literalmente y como en un copia y pega, la información que acababa de facilitarle un alto cargo de la sanidad murciana: el secretario general de la Consejería de Salud, Andrés Torrente. Al o a la paciente [infoLibre ha decidido no desvelar ningún dato sobre su identidad] no se le menciona por su nombre. Pero el día 20 ese familiar de García Egea fue operado. 

 La secuencia se resume tal como aparece a continuación. A media mañana, el secretario general de Salud de Murcia envió al presidente, Fernando López Miras, el mensaje donde le informaba de que la operación se programaría para seis días después.

De inmediato, López Miras se lo reenvía a Teodoro García Egea. El secretario general del PP le contesta así: “Cojonudo”. Y completa su respuesta con un segundo mensaje: “Pero creo que tienen (sic) que verlo un cardiólogo”.

Ahora, es López Miras quien responde al número dos del partido: “OK. Voy a verlo”. García Egea vuelve a contestar: “Gracias líder”. Y el presidente murciano replica: “A mandar”.

"Asegúrate que lo citan"

Es aquí cuando el jefe del Ejecutivo murciano retoma el hilo de la conversación inicial y, una vez que García Egea le ha informado de que un cardiólogo debe ver al paciente antes de la operación, escribe un nuevo mensaje al secretario general de Salud: “OK. Asegúrate que lo citan por favor. Creo antes [sic] tiene que verlo un cardiólogo. Gracias”. Eso se lee en la pantalla. ¿Llegó a enviar la frase donde impartía a Andrés Torrente la instrucción o la orden de asegurarse de que el paciente sería citado? Este periódico lo ignora. Es el único texto donde en las imágenes captadas faltan los datos –el color verde asignado por whatsapp al remitente en cuanto pulsa la tecla de envío– que permiten certificarlo.

 En cambio sí es posible afirmar que, en efecto, la operación se realizó en la fecha señalada en el mensaje, tal como confirmó infoLibre y corroboró el propio paciente en conversación telefónica con este periódico. La intervención se llevó a cabo en el mayor complejo hospitalario de los que conforman el sistema público murciano: el hospital de la Arrixaca. El familiar de García Egea dijo no tener “ni idea” de por qué le operaron en la Arrixaca ni saber nada del diálogo entre el dirigente del PP y el presidente de Murcia. “Hable con quien tenga que hablar pero a mí déjeme al margen”, fue su petición. Por respeto a la intimidad del paciente, infoLibre no publica su identidad ni ningún dato sobre su enfermedad.

Por área residencial, y así lo verificó un experto independiente consultado por infoLibre, al familiar de García Egea le correspondía otro centro, el hospital universitario Morales Meseguer. No obstante, ese mismo experto indicó que también en Murcia es posible cambiar de hospital si el paciente lo solicita de manera formal o si cambia de centro de salud para así ver modificado el hospital de referencia que tiene asignado. En febrero, último mes del que este lunes registraba datos oficiales la web del Servicio Murciano de Salud, la especialidad quirúrgica en que se inscribe la enfermedad de la que operaron al allegado a García Egea requiere un tiempo de espera notablemente superior en el Morales Meseguer que en La Arrixaca. Así lo acredita la tabla oficial consultada por este periódico.

Es el secretario general de la Consejería de Salud de Murcia, Andrés Torrente, el responsable público que cierra el triángulo que sitúa a López Miras en el principal vértice de una historia sobre la que tanto el PP como la Comunidad de Murcia se han negado de forma taxativa a dar explicaciones pese a la insistencia de este periódico.  (...)"                  (Alicia gutiérrez, InfoLibre, 07/06/21)

17.1.19

El laboratorio Aspen Pharmacare ha multiplicado los ingresos obtenidos por cinco medicamentos contra el cáncer tras retirarlos en 2014 del mercado español y obligar así a los hospitales a adquirirlos en terceros países donde la compañía ha logrado imponer precios hasta 30 veces más elevados

"El laboratorio Aspen Pharmacare ha multiplicado los ingresos obtenidos por cinco medicamentos contra el cáncer tras retirarlos en 2014 del mercado español y obligar así a los hospitales a adquirirlos en terceros países donde la compañía ha logrado imponer precios hasta 30 veces más elevados, según documentos a los que ha accedido EL PAÍS.





Estos fármacos no tienen otros alternativos y Aspen mantiene desde hace un lustro un pulso con el Ministerio de Sanidad para incrementar sus precios hasta en un 4.000%. En su estrategia, la empresa llegó a plantearse “destruir” lotes enteros de medicinas tras meses de desabastecimiento, según desveló una investigación del diario británico The Times. Sanidad se ha negado hasta ahora a acceder a estas pretensiones —la última vez la semana pasada— pero los elevados precios internacionales acaban beneficiando igualmente a la farmacéutica.

Según los datos obtenidos por este diario, los hospitales españoles pagan hoy 104 euros por cada caja de clorambucilo —para el tratamiento de la leucemia linfática crónica—, 30 veces más que los 3,37 euros que costaba en 2014. El busulfano —utilizado para otros tipos de leucemia— se paga hoy a 244,4 euros, 20 veces más que entonces. El melfalán, útil contra varios tumores, ha multiplicado su precio 19 veces. La tioguanina y la mercaptopurina, también indicadas contra la leucemia, son hoy seis y siete veces más caras, respectivamente. Con la última molécula, sin embargo, a la empresa le salió en 2016 un competidor que la vende algo más barata.

Aspen Pharmacare no ha contestado a las peticiones de información de este diario. Con sede en Sudáfrica, la compañía adquirió en 2009 su lote de fármacos a GlaxoSmithkline. Poco después empezó a exigir a varios gobiernos grandes aumentos de precio. En una entrevista hecha en 2015, el máximo responsable de la compañía en América Latina, Carlos Abelleyra, resumía así la filosofía de la compañía: “Aspen no investiga, lo que ha logrado que nuestro crecimiento sea tan fuerte es que determinamos de manera muy inteligente las necesidades de ciertos mercados”.



2009. Aspen Pharmacare compra a GlaxoSmithKline cinco fármacos contra varios tipos de cáncer hematológico.

2012. Correos internos de la empresa revelan que esta pretende aumentar los ingresos obtenidos de los sistemas sanitarios públicos europeos.

2013. Aspen pide al gobierno italiano un incremento del 2.100% y al español, del 4.000%. Varios países sufren desabastecimientos.

Abril de 2014. Aspen retira sus productos de España ante la negativa del Ministerio de Sanidad a atender sus peticiones.

Octubre de 2016. Italia multa a Aspen con 5 millones de euros.

Febrero de 2017. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) española abre una investigación por “practicas abusivas”.

Mayo de 2017. La Comisión Europea abre otra investigación contra Aspen por “subir injustificadamente” los precios.

Noviembre de 2018. La Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos del Gobierno español rechaza de nuevo las demandas de Aspen.

En 2013, Aspen tuvo un primer enfrentamiento con el Gobierno italiano, que se negó a multiplicar el precio de los cinco fármacos. Durante la pugna, el laboratorio incurrió en prácticas irregulares que le acarrearon una multa en 2016 con cinco millones de euros por las autoridades de la competencia del país.

En España, los momentos de mayor tensión se produjeron a finales de 2013, cuando Aspen llegó a pedir incrementos que multiplicaban por 40 los precios iniciales, según fuentes sanitarias. Ante la negativa de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), la compañía dejó de vender sus productos en el país a finales de abril. A partir de ese momento, los fármacos dejaron de venderse en las farmacias y pasaron a ser dispensados por los servicios de hematología de los hospitales.

 

Proceso abierto


A principios de 2017, la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) también puso el foco en Aspen por “prácticas abusivas”. El proceso quedó en suspenso cuatro meses más tarde, cuando la Comisión Europea anunció su propia investigación al detectar prácticas irregulares en varios Estados miembros. La Comisión afirma que el proceso sigue abierto y que no informará de él hasta su conclusión.

La situación de bloqueo entre Aspen y el Gobierno español fue tratada el pasado viernes por la Comisión Interministerial de Precios de Medicamentos, que estudió la última propuesta de la farmacéutica. Esta sigue solicitando un aumento que va de ocho a 40 veces más sobre los precios de referencia de 2014, algo que el Gobierno, de nuevo, rechazó. El proceso, sin embargo, sigue su curso y queda abierto un plazo de alegaciones en el que la compañía podría presentar precios más bajos. Sanidad asegura que está culminando un expediente que remitirá a la Comisión Europea para que sea incorporado a su investigación.

Todas las fuentes consultadas admiten que el de Aspen es “un caso extremo” en el sector. “Lo primero que hacen es quedarse con los llamados fármacos huérfanos. Son moléculas sin competencia porque son baratas y no interesan a los grandes laboratorios ni a los fabricantes de genéricos”, explica un directivo del sector. “Una vez logrado el monopolio de facto, echan un pulso a las autoridades sanitarias. Casi siempre lo ganan porque consiguen subir los precios o se retiran de ese mercado para desviar las compras hacia otros donde sí los han subido”, añade esta fuente.

Francesc Bosch, jefe de Hematología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, explica que “aunque ahora existen tratamientos más modernos, eficaces y caros, el clorambucilo y el resto de fármacos de Aspen siguen siendo imprescindibles”. “Sirven para aquellos pacientes en los que se busca más frenar el avance de la enfermedad que curarla, ya que no está indicado someterlos a los tratamientos más agresivos”, añade. Bosch se muestra muy crítico con estas prácticas: “Hay que dedicar el dinero a la investigación y la práctica clínica. Todo esto no hace más que crear problemas a médicos y pacientes”.

Ramón García Sanz, presidente electo de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia, comparte esta visión, pero también apunta a “los bajos precios de referencia existentes en España”. “Algo estamos haciendo mal cuando a nadie le interesa fabricar un medicamento que sigue siendo necesario. Esto crea las condiciones para que algunas empresas lleven a cabo este tipo de prácticas”, concluye.




La empresa farmacéutica Aspen Pharmacare mantuvo a partir de 2013 una intensa pugna con el Ministerio de Sanidad español. La empresa empezó pidiendo un aumento de los precios cercano al 4.000% y acabó retirándolos del mercado español, en abril de 2014, al no ver atendidas sus pretensiones. El motivo alegado por Aspen era que no podía seguir vendiendo en España porque a los precios fijados por Sanidad le resultaba insostenible.

Sin embargo, una investigación del diario británico The Times, que tuvo acceso a correos internos de la compañía, desveló hace un año su agresiva estrategia. Un mensaje, fechado en octubre de 2014, evidencia que, pese a lo afirmado por la empresa, Aspen Pharmacare seguía teniendo importantes stocks de fármacos en España que no sacaba a la venta. Un empleado preguntó qué hacer con ellos y la respuesta de un alto ejecutivo fue que “la única alternativa es destruirlos o donarlos”.

Los mensajes revelan que, a partir de 2012, Aspen se fijó como objetivo grandes incrementos de precios que los gobiernos pagaban por sus fármacos. En los meses siguientes, Alemania, España, Italia, Bélgica y Grecia, entre otros países, sufrieron problemas de abastecimiento."               (Oriol Güell, El País, 07/12/18)

13.7.18

El libanés que montó un 'casting' de hígados en Valencia: "Quería al doctor de Abidal"

"Hatem Akouche, de 65 años, supo a finales de 2011 que su vida pendía de un hilo. Se lo dijeron los médicos del Hospital Dieu, uno de los mejores de Beirut, en Líbano, al comprobar que los tratamientos conservadores no habían funcionado y que la única opción para superar su cirrosis era someterse a un trasplante de hígado

Los facultativos le indicaron que, siendo Akouche una persona con grandes recursos económicos, lo más razonable es que fuese a Europa o Estados Unidos, ya que Líbano no dispone de especialistas en materia de trasplante hepático.

Akouche hizo fortuna hace una década, cuando compartió negocios agrícolas con Rafic Hariri, exprimer ministro del país, que fue asesinado en 2005 por Hezbolá. Después ejerció como alcalde en un pequeño pueblo a 70 kilómetros de Beirut, donde no hizo tanto dinero pero amplió su agenda de contactos. Cuando les compartió su problema de salud, muchos le hablaron de España y su fama internacional en trasplantes de órganos.

Akouche recurrió entonces a su hijo Ali, que había estado varias veces en España y mantenía contacto con unos primos palestinos con sede en Novelda. Akouche y Ali se trasladaron a España en 2012, pero pronto se encontraron con un gran problema: los extranjeros no pueden recibir un trasplante de un cadáver en nuestro país. A los libaneses, entonces, solo les quedaba la opción de encontrar a un donante que fuese compatible y con el que mantuviesen alguna relación afectiva, condición 'sine qua non' para ser admitido en el sistema de trasplantes.

De modo que Akouche, Ali y los primos de Novelda, según relatan fuentes de la investigación, organizaron un 'casting' en mezquitas y lugares de culto musulmán para obtener un trozo de hígado sano a cambio de 40.000 euros. "Ellos han declarado, tanto en el juicio como en entrevistas con la prensa, que desconocían que estuviese prohibido comprar órganos vitales por las leyes españolas y, por el descaro con el que se llevó toda la operación, es bastante creíble", detallan estas fuentes.

 Los libanes filtraron ocho candidatos, todos inmigrantes pobres y sin papeles, y con ellos se presentaron en la clínica Quirón de Valencia, donde fueron sometidos a una completa analítica, un TAC, una resonancia y una prueba de histocompatibilidad. La factura, de 12.000 euros, se pagó desde la empresa de Novelda.

De modo que los tres, los dos libaneses y el 'agraciado', un sintecho rumano, acudieron al Clínic de Barcelona para el trasplante. "Este era el motivo por el que vinieron, para que les operase el mismo cirujano que a Abidal", relatan los investigadores. Se trata del doctor Juan Carlos García-Valdecasas, exjefe de cirugía del hospital y uno de los más reputados cirujanos hepáticos del mundo, cuyo equipo frenó la candidatura del rumano en el tercer grado.

 No veían cómo un rumano sin techo de Valencia podía ser sobrino de un millonario libanés sin relación con España. Los doctores le recomendaron que se buscase a un familiar y su hijo resultó compatible. La investigación estima que Akouche finalmente pagó más de 100.000 euros por el trasplante legal, sin contar el pago a candidatos.

Los libaneses regresaron a su país, donde Akouche fue recibido por varios políticos como un héroe, y no repararon de que aquí las cosas se les estaban poniendo feas. Una de las candidatas, una marroquí de mediana edad, le contó a una voluntaria de Accem, una ONG que trabaja con personas sin hogar, que un millonario libanés le había ofrecido 10.000 euros por un trozo de su hígado, pero que finalmente había sido rechazada por ser mujer. 

La institución lo puso en conocimiento de la Guardia Civil que inmediatamente abrió una investigación. A los seis meses, cuando Hatem Akouche y su hijo regresaron a Barcelona para el primer chequeo de la intervención, fueron detenidos en el aeropuerto de El Prat. Ellos, junto a los dos primos de Novelda, se enfrentan a unas penas que sumadas podrían superar los 24 años de prisión.

El clan de los Radosavljevic

Este es el más reciente, pero no el único delito relacionado con el tráfico de órganos en España. Hay otro posterior, aunque juzgado antes, que nació fruto de una casualidad. En 2014, la policía de Tarragona estaba realizando escuchas a una banda de ladrones de chalets cuando descubrió que el hijo del jefe, un serbio llamado Tony Radosavljevic, sufría insuficiencia renal y necesitaba un trasplante de riñón. Tony, en situación irregular en España, se hacía pasar por su hermano, este sí con papeles, para acceder a la diálisis en la sanidad pública.

Varios miembros de la banda engatusaron a Abdallah, un 'okupa' marroquí sin recursos, para "hacerle unos análisis de sangre" a cambio de 6.000 euros. Durante unos días Abdallah fue a las revisiones en el BMW de los delincuentes, hasta que comprendió, superada finalmente la barrera idiomática, que le iba a ser extirpado uno de sus riñones. El marroquí, al que ya habían adelantado parte del dinero, empezó a dudar del negocio.

El 24 de abril de 2014, a la 1 de la tarde, un BMW azul se dirigía a una notaria en la Playa Miami, en Tarragona. A bordo iban tres miembros del clan Radosavljevic y Abdallah. No obstante, ya delante del notario, el marroquí se negó a firmar la cesión de su riñón por miedo a las consecuencias de la cirugía. Testigos de la notaría sostienen que los serbios llegaron a amenazarle con "sacarle la pistola", pero que finalmente todo quedó en gritos y mucha tensión.

No fue así. Dos horas más tarde, a las 3, los tres miembros del clan serbio, junto a otros tres más, se metieron en una furgoneta negra Mercedes y raptaron a Abdallah en la puerta de su casa. Le llevaron a casa del jefe de la banda, Zoran Radosavljevic, donde estuvieron golpeándole, insultándole y amenazándole durante más de media hora. 

Dos días más tarde, con toda las conversaciones grabadas por la policía, fueron detenidos todos los miembros de la banda en Tarragona. El Tribunal Supremo ratificó el año pasado los seis años de prisión a los que fueron condenados el líder de la banda, sus dos hijos y un marroquí que sirvió de enlace para encontrar a Abdallah.

"Es un delito que no existe"

Zoran Radosavljevic, uno de los ladrones de chalets más importantes de Europa, fue el primer condenado por tráfico de órganos en España. Desde que la ley llegase al Código Penal, en 2011, solo se han dado estos dos casos. "Es que es un delito que no existe en España. 

Sabemos que siempre va a haber alguien que lo intente hacer, pero estamos convencidos de que nuestros filtros funcionan, como se ha demostrado en estos dos casos", dice Beatriz Domínguez-Gil, presidenta de la ONT. "En ambos casos el papel de la ONT fue determinante para poner a estos individuos a disposición de la Justicia, pero no podemos olvidar que nosotros somos una autoridad sanitaria, no judicial. Nosotros no solemos denunciar a los pacientes cuyos donantes rechazamos".

En España, las personas que pretendan donar 'en vivo' a un amigo tienen que responder a varias preguntas. Si a la comisión de trasplantes no le quedan las motivaciones muy claras, automáticamente se suspende la operación. Es por eso que de los 1288 trasplantes de hígado que se realizaron en España el año pasado, solo 17 incluían a un donante vivo. 

 "Es muy difícil engañar el sistema de verificación de la ONT, porque nuestra política es de tolerancia cero. Estamos preparados para detectar estas prácticas delictivas siempre antes de que se produzca el trasplante", continúa Domínguez-Gil. "A este respecto, estamos a favor de que la Fiscalía reabra el caso de Abidal, del que nunca se nos ha consultado nada, tras las palabras de Sandro Rosell que leí en El Confidencial

La ONT no solo tiene influencia en España, sino que, como líder mundial en trasplantes, lleva la voz cantante en el panorama internacional. El año pasado, sin remontarnos más, consiguió que las Naciones Unidas aprobasen un documento por el que todos los países se comprometían a reforzar las medidas de control en el tráfico de órganos. Hace menos, apenas cuatro meses, la ONT lideró el veto europeo a Global Kidney Exchange, una institución internacional impulsada por el premio Nobel Alvin Roth. "El proyecto planteaba un trasplante renal cruzado en el que se incluyeran países pobres con donantes que no tenían por qué ser compatibles. 

El problema es que los receptores de países ricos se comprometen a pagar los gastos del pobre, que por otra parte recibiría el riñón de un tercero... es complejo de explicar, pero resulta obvio que el trato es 'yo te pago el tratamiento a cambio de un donante para mí'. Es una cosificación de las personas y decidimos no dejarlos entrar en Europa", dice la presidenta de la ONT.

"Quiero dejar claro a los ciudadanos que este problema no existe en España. En otros países de nuestro entorno sí, en Asia, en Egipto, en algunos países del Este... de esos no se habla nunca y son el verdadero problema. Lo que pasa es que esto le ha sucedido a un personaje muy llamativo y por eso está teniendo mucha exposición en los medios, pero deben saber que la ONT está llevando a cabo una investigación sobre el caso Abidal y se acabará sabiendo la verdad", remata Domínguez-Gil."                 (Alfredo Pascual, El Confidencial, 08/07/18)

6.7.18

Las escuchas a Sandro Rosell desvelan la "compra de un hígado ilegal" para Abidal

"La Guardia Civil y la Policía Nacional interceptaron al menos cuatro llamadas telefónicas en las que el expresidente del FC Barcelona Sandro Rosell admite implícitamente haber “comprado un hígado ilegal” para el exjugador y actual secretario técnico del club, Eric Abidal, que en 2012 fue sometido a un trasplante de ese órgano para superar un cáncer. 
Las conversaciones fueron remitidas automáticamente a la jueza que investiga a Rosell por blanqueo de capitales, la titular del Juzgado de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, que decidió abrir una pieza separada al considerar que los hechos descubiertos podían ser constitutivos de un presunto delito de lesiones por tráfico de órganos. 
Dicha pieza fue enviada a los juzgados de Instrucción de Barcelona. [Más información sobre el Caso Abidal: Francia se negó a colaborar y provocó el archivo de la investigación]
La supuesta compra del hígado se habría producido tras la recaída de Abidal en un cáncer que le fue detectado en 2011. El entonces jugador del FC Barcelona fue intervenido del tumor en un primer momento en el Hospital Clínic de Barcelona y pudo volver a los terrenos de juego solo un mes después. 
Sin embargo, el club anunció en 2012 que el defensa francés había sufrido un empeoramiento y que necesitaba urgentemente un trasplante para poder afrontar la enfermedad. El 10 de abril de ese año, tras encontrar un donante, Abidal volvió a Barnaclínic, la rama privada del Clínic, y fue intervenido con un resultado satisfactorio.
 El Barça reveló entonces que el hígado había sido donado por un primo del jugador, desconocido hasta ese momento, que respondía al nombre de Gerard y residía en Francia. No trascendieron más detalles para respetar supuestamente el anonimato de ese familiar. En el verano de 2013, Abidal abandonó el club molesto con la directiva de Rosell por no permitirle seguir en la plantilla.
Intervenciones telefónicas realizadas en abril de 2017 han permitido descubrir ahora que el episodio de la donación habría tenido un trasfondo más siniestro. Agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil se toparon durante la investigación contra Rosell por blanqueo de capitales con cuatro conversaciones telefónicas entre el exdirigente blaugrana y uno o varios colaboradores —uno es identificado con su número de móvil y otro simplemente como “Juanjo”, por lo que podría tratarse de la misma persona—, en las que se reconoce de forma expresa la “compra de un hígado ilegal” para el jugador francés y se insinúa que la donación del supuesto primo fue un invento para evitar un escándalo.
La primera de las conversaciones se produjo el 20 de abril de 2017 a las 15:58, según consta en documentos a los que ha tenido acceso El Confidencial. Rosell recibió una llamada desde el número XXX224778. Su intelocutor quería comentar una noticia del diario deportivo 'Sport' que se hacía eco de unas declaraciones de Abidal en las que este culpaba al expresidente del Barça de su marcha del club. 
Del diálogo se desprende que el interlocutor desconocido hablaba sobre la noticia con Bartomeu (al que se refiere como Barto), amigo personal de Rosell y la persona que le sustituyó al frente del club en 2014.
Según el interlocutor desconocido, Bartomeu le dijo que el defensa galo era un “hijo de puta” por criticar a su antecesor. Es en ese momento cuando el autor de la llamada le cuenta a Rosell: “Vamos a ver una cosa, es que no [inenteligible], Sandro… es que va contra nosotros [Abidal, se entiende]… a este tío le compramos un hígado ilegal”.
 Rosell reaccionó a esa grave afirmación con un sonido transcrito por los investigadores como un sencillo “ummm”. Su intelocutor siguió: “Y vendimos que era del primo, ¡que era del primo! Le pagamos dos años de contrato, lo que le quedaba”. A esta segunda revelación, Rosell ya respondió con un triple “sí”, corroborando presuntamente la veracidad de los hechos. Después, el diálogo discurrió sobre otros asuntos sin interés para la causa.


Ante la gravedad de la información, los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional remitieron un oficio a la jueza Lamela solo 24 horas después de que se produjera la llamada para dar “cuenta del conocimiento de un posible delito distinto a los investigados” inicialmente, que versaban sobre el presunto cobro y blanqueo de comisiones ilegales de la Confederación Brasileña de Fútbol y la firma de ropa deportiva Nike.
 “De ser cierto lo manifestado por el interlocutor de Rosell, ese hecho podría ser constitutivo de un delito de lesiones (tráfico de órganos). Lo que se participa para su conocimiento”, advirtieron los agentes.
Según ha podido saber El Confidencial, la instructora del caso decidió abrir una pieza separada ante la gravedad de los hechos. En esa decisión contó con el pleno respaldo de la Fiscalía, que también concluyó que las manifestaciones detectadas eran suficientemente explícitas y contundentes como para ser investigadas en una causa penal independiente.
Nuevas conversaciones apuntalaron las sospechas días más tarde. Según la información a la que ha tenido acceso este diario, el 27 de abril de 2017, a las 15:16, la Guardia Civil y la Policía Nacional detectaron una nueva llamada entre Rosell y un tal “Juanjo” que parecía de su máxima confianza. Este contó al expresidente que acababa de tener una “enganchada” con Abidal y que le había dicho que era “un hijo de puta” por atacar a Rosell. 
El exdirigente del Barça respondió asintiendo con la misma acusación —“¡Un grandísimo hijo de puta!”—, y añadió una nueva frase incriminatoria. “Un tío… Que le salvamos la vida, tío...”, dijo Rosell, ratificando las acusaciones de compra de un órgano para el jugador.
Al día siguiente, a las 17:19, Rosell volvió a hablar con el tal Juanjo. Este le informó de que estaba en Beirut, pero sacó pronto de nuevo el asunto de Abidal. Además de insistir en que el jugador era “un hijo de puta”, Juanjo le dijo a Rosell que el defensa le había pedido que le transmitiera que se “había portado muy mal con él”
 El interlocutor respondió entonces a Abidal: “Mira, Abi, si estás aquí hablando conmigo es porque tienes un hígado nuevo, ¿lo entiendes?”. El jugador contestó con un “no”. “Pues si no lo entiendes, no entiendes nada de la vida”, zanjó el interlocutor de Rosell.
La llamada se cortó justo en ese instante, pero fue reanudada unos segundos después. “Es que estoy en Bolivia”, se disculpó Rosell por si el corte se debía a una mala cobertura. Su contacto siguió hablando de la charla que había tenido con el futbolista. “Abidal, si estás aquí sentado hablando conmigo es porque alguien te compró un hígado, ¿eh? Y no me hagas hablar más, ¿eh?”, aseguró la persona de confianza del exdirectivo del Barça. Después quedaron en verse la siguiente semana y se despidieron.
Estas tres últimas conversaciones, interceptadas entre el 27 y 28 de abril de 2017, forman parte de un segundo oficio sobre “la posible compra del hígado de Abidal” que fue enviado igualmente a la jueza Lamela el 11 de mayo. Solo dos semanas después, el 23 de mayo, Rosell fue detenido en su casa de Barcelona por el presunto lavado de comisiones ilegales y enviado a prisión provisional. 
Tras el operativo, la instructora decidió remitir la pieza separada sobre la compra del hígado a un juzgado de la Ciudad Condal, al considerar que esos hechos no tenían conexión con el núcleo de su procedimiento. A partir de ese momento, las diligencias sobre el presunto tráfico de órganos continuaron en Barcelona, concretamente en el juzgado número 28.
Esta misma mañana se conocía, tras la información publicada por este diario, que la titular de dicho juzgado envió una comisión rogatoria a Francia para contrastar las sospechas que se sustraían de estas conversaciones. No obstante, el ilícito penal, un delito de lesiones por tráfico de órganos, carece de correspondencia en la jurisdicción gala y por ello, la reclamación de la instructora no tuvo contestación, lo que provocó el archivo.
Abidal ha hablado en numerosas ocasiones sobre su trasplante de hígado, pero siempre ha mantenido que fue una donación altruista de su primo Gerard. El pasado 6 de junio, en el Día Nacional del Donante, recordó de nuevo cómo fue ese momento de su vida y desveló que sigue tomando medicación a diario. Ha creado su propia fundación para concienciar a la población de lo importante que es convertirse en donante.
Además, acaba de cumplir su sueño de regresar al FC Barcelona. Bartomeu lo ha fichado para que se haga cargo de la Secretaría Técnica. Fue presentado el 19 de junio.
Rosell, que sigue en la prisión de Soto del Real desde su detención hace más de un año, también ha vuelto a la primera línea de la información recientemente, aunque por una noticia menos positiva. La jueza Lamela acordó la semana pasada su procesamiento por los presuntos delitos de blanqueo de capitales e integración en organización criminal, al considerar indiciariamente acreditado que utilizó una red societaria con ramificaciones en paraísos fiscales para blanquear 14,9 millones de euros de la Confederación Brasileña de Fútbol y otros cinco millones de Nike.
Esta mañana, nada más conocerse la noticia, los abogados de Sandro Rosell han enviado un comunicado, publicado por RAC1, en el que afirman "no tener conocimiento de estos hechos ni de si son ciertos, ni qué juzgado lo instruye ni por qué no se tiene conocimiento del mismo un año después".
"Es extraño pensar que se puede comprar un hígado ilegal y trasplantarlo en un hospital público como es el Hospital Clinico. A lo largo de la mañana complementaremos la información", finaliza el texto."                    ( , , , El Confidencial, 04/07/18) 


"La verdad para mantener la credibilidad del sistema de trasplantes.

¿Qué ha podido ocurrir en este caso? Por el momento no lo sabemos. Hasta hace unos días, lo único que nos constaba era que todos los requisitos legales se habían cumplido escrupulosamente como en cualquier otra donación de vivo. 

Los tres controles estipulados en la ley: equipo de trasplantes, comité ético del hospital y juez (este último prácticamente exclusivo de España), destinados a garantizar que la donación es altruista y que no existen contraprestaciones económicas o en especie a cambio de la cesión del órgano, ni tampoco coacción sobre el donante, se cumplieron como no podía ser menos, y por tanto no había motivos para sospechar irregularidad alguna.

 Nuestra legislación no exige una relación familiar entre donante y receptor y cuando esta no existe o al menos no es muy estrecha, descartar compensaciones es posible, pero complicado. Nadie puede garantizarlo al cien por cien.

Todo cambia con la publicación de unas conversaciones demoledoras y que ponen el punto de mira en la compra por parte de sus protagonistas del hígado que sirvió para trasplantar a Abidal. La reacción de varios de los agentes involucrados en el proceso ha sido de manual: la negación absoluta. Todo se ha hecho de acuerdo con la ley (¡faltaría más!), los papeles están en orden y por tanto no hay más que hablar.

El desconocimiento por parte de algunos medios de cómo funciona el proceso parecía poner en duda que el fragmento de hígado se hubiera obtenido realmente de Gerard, el primo de Abidal, y que se hubiera conseguido por otra vía, algo monstruoso porque necesitaría la complicidad del equipo médico, pero que también debió pasar por la cabeza de la juez que pidió a Francia saber si existía o no la cicatriz quirúrgica en el abdomen de Gerard.

 El propio futbolista publica fotos en las que se les ve a ambos en el hospital en un presunto intento de aclarar la situación, que obviamente no aclara nada sino lo ya sabido: el lóbulo derecho del hígado de Gerard se trasplantó con éxito a Abidal. No hay ninguna duda de ello, bastaba con consultar a los cirujanos.

Lo verdaderamente relevante es otra cosa: sean o no familiares, algo importante pero no determinante y que habrá que aclarar plenamente, ¿el trasplante se hizo previo pago como dicen las grabaciones bien sea por parte del receptor o de terceros, burlando así todos los controles?

Hay un sentimiento compartido por todos: ojalá todo quede en nada y se demuestre que se ha actuado correctamente. Sin embargo, las motivaciones son muy distintas y poco tienen que ver las de los protagonistas, los abogados o el club empleador, con los de las organizaciones de trasplantes catalana (OCATT) y estatal (ONT) y el hospital involucrado. 

Para la ONT y el sistema español de trasplantes en general, cuyo lema ha sido siempre la tolerancia cero con el tráfico de órganos, la tentación de dar carpetazo al asunto que transmiten todos los demás, simplemente no puede ser una opción. El daño que puede causar, que de hecho ya está causando este caso, a la credibilidad del sistema difícilmente se podría solucionar con la táctica del avestruz, mirando para otro lado ante unas conversaciones de este calibre.

En esta historia no se entiende que la juez considerase que no pasaba nada y archivase el caso ante una respuesta funcionarial de la justicia francesa, también incomprensible. No se entiende que la ONT se entere por la prensa de unas escuchas realizadas hace más de un año y que ni la juez ni la Fiscalía ni la policía consultaran con la ONT como hicieron en su momento con los intentos de tráfico de órganos, desarbolados precisamente gracias a esa cooperación. Seguro que hoy tendríamos las ideas mucho más claras de haberse producido esa consulta.

Sea como fuere, y aunque haya a quien no le ha hecho ninguna gracia, hay que aplaudir de forma inequívoca la valiente decisión de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) de investigar el caso a fondo y eventualmente que la fiscalía se plantee reabrirlo. Es necesario ir hasta el final con todas sus consecuencias, porque una credibilidad labrada a lo largo de muchos años no admite en absoluto un cierre en falso.

 Doy por seguro, salvo sorpresas, que la revisión documental del proceso del trasplante no va a arrojar irregularidades relevantes, o si acaso alguna meramente formal, pero la solución debe ir por otro lado: si hay alguien que debería estar especialmente interesado en aclarar el caso y disipar toda sospecha deberían ser donante y receptor: el propio Abidal y su primo Gerard

 Por lo tanto, solo el testimonio voluntario de ambos, contestando abiertamente a las preguntas pertinentes, tanto de instancias judiciales como periodísticas, podría resolver este escabroso tema sin lugar a dudas. No parece tan complicado si hay voluntad de afrontarlo.

Y algo fundamental: las malas noticias que afectan a la limpieza del proceso de donación y trasplante producen un descenso de las donaciones de órganos que desgraciadamente se traduce en pérdida de vidas salvadas con esos órganos que no se han donado. 

Es lo que se llama “efecto panorama” en honor al programa de la BBC británica que en los años setenta ya produjo este desastre, y disponemos de múltiples ejemplos similares en todo el mundo. Es obligado establecer la verdad para mantener la credibilidad del sistema. Nos va en ello más de lo que puede parecer a primera vista."             

(Rafael Matesanz es fundador y director de la ONT desde 1989 hasta 2017, El Confidencial, 07/07/18)

21.9.17

"Las farmacéuticas no investigan en nuevos antibióticos, les sale más rentable invertir en males crónicos"

"La resistencia antimicrobiana es uno de los grandes problemas sanitarios que afronta la humanidad. Cada vez se detectan más superbacterias capaces de vencer a los antibióticos disponibles y, si la resistencia continúa creciendo al ritmo actual, en el año 2050 morirán por infecciones bacterianas unos 10 millones de personas al año, lo que además conllevará un coste económico global que superará los 100.000 millones de dólares.

El mal uso que hacemos de los antibióticos es una parte fundamental del problema, pero también lo es la falta de innovación en ese sector. El problema es de tal magnitud que organismos e instituciones de todo el mundo han comenzado a cuestionarse la viabilidad del actual mercado farmacéutico, cuyo modelo de innovación está "agotado", según un informe publicado hoy por el Instituto de Salud Global. Hablamos sobre la necesidad de modificar este modelo con una de las autoras de este informe, analista asociada del ISGlobal, Elena Villanueva.

¿Por qué es tan importante la resistencia antimicrobiana?

Esencialmente porque los niveles de mortalidad que se están alcanzando son muy grandes, pero lo más grave no es tanto la situación actual, que también lo es, sino el crecimiento exponencial. Hay informes que indican que de aquí a 2050 puede convertirse en la primera causa de mortalidad, por encima incluso del cáncer. Además, no contamos con tratamientos para muchas de las bacterias que se están haciendo muy resistentes.

¿A qué se debe esa carencia?

Entre los motivos del aumento de la resistencia de las bacterias está el mal uso que se está haciendo de los antibióticos disponibles en la actualidad, pero también hay que destacar un hecho que a veces pasa desapercibido y es que en los últimos años apenas han llegado al mercado nuevos antibióticos. Desde 1970 solo se han desarrollado dos nuevos tratamientos antibióticos, que además no sirven para las bacterias más resistentes.

¿Por qué no se han desarrollado nuevos antibióticos?

No se puede perder de vista la complejidad que supone desarrollar nuevos antibióticos, que es una parte importante del problema. Pero también hay que destacar que, tal y como funciona el sistema en la actualidad, no hay un incentivo económico para que las farmacéuticas investiguen en nuevos antibióticos.

Cabría esperar que el desarrollo de nuevos medicamentos para una enfermedad intratable sería un buen negocio. ¿Cuál es el problema?

En primer lugar el tratamiento con antibióticos suele ser de una duración muy corta, de en torno a una semana o 10 días dependiendo del antibiótico, y a las farmacéuticas les resulta muchísimo más rentable invertir en enfermedades crónicas. Por otro lado, como hay un problema de multirresistencia, un nuevo tratamiento antibiótico solo se utilizará cuando el anterior deje de hacer efecto.

Pero en el informe se dice que los beneficios de los antibióticos son de unos 40.000 millones de dólares. ¿No es incentivo suficiente?

A pesar de que esa cifra pueda parecer alta, es muy pequeña en comparación con los beneficios astronómicos que provienen de la venta de productos para otro tipo de enfermedades. Hay que tener en cuenta que esta cantidad es similar a la que corresponde a la venta de un único producto farmacológico contra el cáncer y piensa en la cantidad de tipos de cáncer que hay. Al final, mientras el sistema siga priorizando la investigación en base al retorno económico, el sector farmacéutico investigará solo aquello que le resulte más rentable.

¿Es eso a lo que el informe llama "fallo del mercado farmacéutico"?

Sí, y no es nuevo, ni solo pasa con los antibióticos, pasó lo mismo con la hepatitis C o con los tratamientos para el VIH pediátrico que sufren los países empobrecidos, son ejemplos que nos encontramos y nos damos cuenta de que el mercado nos falla. También el problema del precio se da cada vez más en el caso del cáncer, donde los tratamientos que son efectivos son cada vez más caros y obligan a los gobiernos a tener que elegir. Pero en este caso el problema no es que sean caros, sino que ni siquiera los tenemos.

¿Y cuál es la alternativa?

Nosotros planteamos la necesidad de liderazgo de las instituciones públicas, de forma que si el sector privado no nos provee de unos medicamentos que necesitamos, sea el sector público el busque alternativas. Por ejemplo, en Inglaterra se ha planteado la creación de un fondo para la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos al que tengan que contribuir tanto los países como las farmacéuticas.

¿Pero el sector privado también podrá recurrir a esos fondos?

Por ahora no hemos avanzado lo suficiente como para responder a esa pregunta, pero la idea sería que la investigación se mantuviera en poder público, independientemente de quién la llevase a cabo. Al final, si es el sector privado quien la hace, se le pagará por el producto conseguido, pero serán las instituciones públicas las que mantengan la capacidad regulatoria sobre ese producto y las que decidirán los precios. 

Si es así, puede funcionar, pero si lo que hacemos es dar subsidios a las empresas no estaremos resolviendo nada, salvo eliminar el riesgo que supone la inversión en investigación, y eso solo es un parche.

¿Ya hay alguna iniciativa en este sentido?

Sí, una de las iniciativas que ha puesto en marcha la OMS ha sido ofrecer una cantidad variable de millones de euros al laboratorio que desarrolle un nuevo antibiótico o, al menos, una innovación que nos permita avanzar en la buena dirección. Se le paga una compensación económica acorde con el riesgo, pero los que tienen finalmente el poder y la capacidad de gestionar el producto son los gobiernos.

¿Crees que una farmacéutica va a desarrollar un producto que no puede gestionar?

A lo mejor lo que tenemos que hacer es cambiar esa mentalidad de obtener unos beneficios astronómicos de las ventas. Porque se supone que su modelo de negocio está basado en la innovación y el riesgo, pero lo que estamos viendo es que la mayoría de sus ingresos vienen por las ventas y no por el descubrimiento en sí. 

Eso es perjudicial porque genera un sistema perverso, en el que los incentivos no son obtener un beneficio para la sociedad, sino en vender más y a mayor precio y no hay que olvidar que no estamos hablando de vender galletas, sino medicamentos.

¿Cree que será posible un cambio así?

No hablamos de cambiar el sistema de la noche a la mañana, pero somos optimistas. Parece que empieza a haber movimiento a nivel político y se empieza a hablar de desligar el coste de la investigación del precio final del medicamento y de explorar nuevos modelos que nos hagan acabar con la dependencia de los intereses económicos de las farmacéuticas. 
Ha habido mucha concienciación ciudadana y política sobre el hecho de que estamos ante un problema real. Hace unos años estos problemas se consideraban puntuales y se creía que el sistema de innovación funcionaba bien y ahora parece que todos coincidimos en que no funciona y esto es un gran avance."                (Entrevista a Elena Villanueva, eldiario.es, 09/05/17)

17.4.17

“Producir el fármaco para la hepatitis C cuesta 100 euros y Europa paga 50.000”

"Varias organizaciones internacionales han presentado esta semana una oposición a la patente europea del sofosvubir, un fármaco clave en el tratamiento de la hepatitis C que se vende a unos precios desorbitados en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay entre 130 y 150 millones de personas con infección crónica por el virus que genera la enfermedad y aproximadamente 700.000 personas mueren cada año por problemas hepáticos relacionados con esta patología.

 La directora de la fundación Salud por Derecho, Vanessa López, explica los detalles sobre este medicamento y lo que supone para estos pacientes. Es la única organización española, junto con Médicos del Mundo, que ha denunciado la patente.

¿Qué es exactamente el sofosvubir?

Es el principio activo del fármaco Sovaldi que comercializa Gilead para la hepatitis C. Es muy importante para esta enfermedad porque tiene unas capacidades de curación muy muy elevadas y es, por tanto, uno de los medicamentos clave en su tratamiento.

¿Cuánto cuesta?

El precio varía según los países. En EEUU cuesta 84.000 dólares; en Europa, una media de 50.000 euros. En España no conocemos el precio real porque cada hospital paga un precio, pero algunos datos del Gobierno vasco hablan de que se podría estar pagando unos 13.000 euros y luego hay que combinarlo con otros fármacos.

¿Cuál es el coste real?

Eso es lo llamativo. Hay un estudio de la Universidad de Liverpool que dice que el coste de este fármaco es de unos 100 euros por tratamiento.

¿Por qué se oponen a la patente?

Porque consideramos que no hay una actividad inventiva. Somos 30 organizaciones las que nos hemos opuesto, de 17 países europeos. El proceso sigue la estela del que inició Médicos del Mundo en 2015 contra otra patente del sofosvubir. La Oficina Europea de Patentes le obligó a introducir enmiendas en la solicitud.

En otros países sí fue revocada. 

Sí, en Ucrania y en China y se ha presentado también recursos de oposición que esperan ser resueltos en India, Brasil, Rusia, Tailandia y Argentina.

¿Por qué los gobiernos no denuncian a estas empresas cuando son los que tienen que defender la salud pública de sus ciudadanos?

Los gobiernos tienen bastantes herramientas para poder asegurar el acceso a medicamentos asequibles, pero lamentablemente no siempre las usan fundamentalmente porque el lobby de la industria farmacéutica es muy poderoso y la mayoría de las políticas públicas relacionadas con la investigación y la política farmacéutica les beneficia por entero a ellos. Los gobiernos tienen que utilizar las medidas para hacer valer el acceso a los medicamentos, que es un derecho humano, y legislar de acuerdo al interés público.

¿Qué supondría que la Oficina Europea de Patentes les diera la razón?

Si se resuelve con éxito, la oposición podría acelerar la entrada de medicamentos genéricos en Europa, además de generar argumentos legales para ayudar a los Estados a empoderarse en las negociaciones con Gilead.

¿Con alguna regulación específica?

Los elevados precios de los medicamentos necesarios para la vida, como es el caso de los fármacos para la hepatitis C, el cáncer o el VIH, se deben al monopolio que tienen las empresas para comercializarlos en exclusiva. El monopolio mediante la protección de la propiedad intelectual con patentes es la base del sistema actual de innovación de medicamentos. 

Habría que promover iniciativas de investigación y desarrollo de medicamentos que no se basaran en las patentes y que aseguraran que los recursos públicos en investigación se invierten en las áreas de conocimientos y problemas de salud necesarios. Ahora es el mercado y los beneficios económicos los que marcan la pauta."                   (La Marea, 02/04/17)

28.11.16

“Las farmacéuticas impiden el desarrollo de nuevas terapias contra el cáncer”

"Los grandes proyectos de secuenciación del genoma del cáncer iniciados hace una década han demostrado que cada tipo de tumor es tan diferente de otro a nivel genético y molecular que parecen enfermedades distintas.

 Esa heterogeneidad también se da dentro de cada paciente, una célula de un tumor puede ser muy distinta de la de al lado. Y toda esta variabilidad genética puede explicar por qué unas personas (y células) responden a los tratamientos oncológicos y otras no.

“Con tanta complejidad, sólo utilizando ordenadores se podrá resolver el problema”, explica Fátima Al-Shahrour, investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). 

Al-Shahrour es especialista en bioinformática, una disciplina en expansión que mezcla el poder de cálculo de los ordenadores actuales con herramientas prestadas de las matemáticas y la estadística para analizar la inmensidad del Big Data genético del cáncer. Al-Shahrour ha sido una de las organizadoras de un congreso internacional del CNIO y La Fundación La Caixa que se ha centrado en cómo entender y combatir la heterogeneidad del cáncer gracias a la bioinformática.


Chris Sander, uno de los padres de esta disciplina, ha sido la estrella del congreso. Es investigador del Instituto de Cáncer Dana-Farber de Boston (EEUU) y uno de los líderes del Atlas del Genoma del Cáncer, un consorcio estadounidense que ha estudiado las variaciones genómicas de 30 tipos de tumores en 20.000 personas. 

“Esta base de datos nos abre ahora la visión a los detalles microscópicos de lo que sucede cuando hay un cáncer”, resalta Sander. Físico teórico, se pasó a la biomedicina hace más de cuatro décadas. Sander ha dearrollado algortimos capaces de resolver problemas de biología que se le resistían a los mayores superordenadores del mundo y creado unidades de bioinformática en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular y el Centro de Cáncer Memorial Sloan-Kettering de Nueva York. En esta entrevista explica cómo la bioinformática puede ayudar a encontrar nuevas terapias combinadas más efectivas y asequibles.

Pregunta. ¿Qué le diría a una persona con cáncer sobre cómo la bioinformática puede mejorar los tratamientos?

Respuesta. Por ejemplo, hemos demostrado que hay tumores cerebrales que parecen muy similares, pero cuando los analizas desde el punto de vista molecular y genético resulta que cada persona tiene un tumor diferente. Es la heterogeneidad del cáncer, lo que implica que cada uno necesitará una terapia diferente. 

Nosotros podemos relacionar el paisaje complejo de cada tumor y el número de drogas disponibles para encontrar la combinación correcta. Inicialmente lo vamos a estudiar en ensayos clínicos con pacientes y después comenzará a hacerse en los hospitales, como terapia.

P. Usted defiende que los pacientes también pueden tener un papel más activo en la lucha contra el cáncer


R. Sí. Por ahora el poder de la genómica en el cáncer son los más de 60.000 tumores analizados a nivel de genética molecular. Esa es la montaña de datos que tenemos. Lo que nos falta es una información equiparable sobre personas. Esa información está bloqueada en los hospitales y es incompleta. 

Tenemos que trabajar para estructurarla bien, publicarla y compartirla, de forma que podamos pasar de una montaña de datos genéticos a otra de datos de salud personales, historias médicas, estilos de vida, etc.

 Mi petición a los pacientes es que trabajen con la comunidad de ingenieros informáticos, los geeks, y que les dejen captar su información de salud a través de sus teléfonos inteligentes, de forma que podamos obtener esa información directamente de ellos. Esto ya está pasando, hay programas pilotos en marcha.

P. ¿Debe la gente preocuparse porque se expongan sus datos de salud?

R. Deberíamos crear un derecho constitucional de cada persona a la propiedad sobre su información genómica y de salud. Una vez tengas ese derecho podrás guardarte los datos solo para ti o compartirlos. Hay gente con un cáncer muy agresivo que quiere compartir sus datos mientras estén vivos porque esperan ayudar a otras personas conectadas, igual que en Facebook. 

Si conseguimos proteger ese derecho, creamos la libertad de compartir información. Y si lo hacemos bien, tendremos una base de datos extremadamente poderosa. Podremos multiplicar por 10 o por 100 los beneficios que ya permite la bioinformática en el tratamiento de tumores.

 
P. ¿Los ordenadores también pueden encontrar nuevos usos a fármacos ya existentes?

R. Sí. Especialmente con las llamadas terapias combinadas, cuando usas varias drogas juntas para combatir tumores que son resistentes a un fármaco. Una derivada de esto es que puedes evitar usar los fármacos más caros, de digamos unos 200.000 euros, y sustituirlos por una combinación de otros ya aprobados mucho más baratos.

 Este reposicionamiento ofrece una enorme oportunidad. Pero las grandes farmacéuticas se oponen. Han hecho grandes contribuciones para curar el cáncer, pero no están interesadas en hacer ensayos clínicos si no tienen la oportunidad de sacar un montón de dinero. Si una combinación contiene un medicamento barato, las grandes farmacéuticas no harán el ensayo porque no aumentará sus beneficios.

 Por eso tenemos que encontrar la forma de hacer ensayos clínicos alternativos, financiados con dinero público. Es un problema social y político, pero hay la oportunidad de aportar un enorme beneficio a los pacientes con cáncer si hacemos ensayos públicos, por ejemplo sobre tumores muy especializados que no les interesan a las grandes compañías.

P. ¿Así que las grandes farmacéuticas se oponen al desarrollo de nuevos tratamientos?


R. Sí. Están poniendo el foco en una sección demasiado pequeña, debemos ampliar las miras.

P. ¿Cuándo llegarán las terapias mejoradas gracias a la bioinformática?

R. Ya. Es parte del sistema global de desarrollo de nuevas terapias. Por ejemplo, considera el melanoma, una enfermedad mortífera y muy rápida. Los nuevos ensayos clínicos de inmunoterapia han tenido una tasa de éxito de entre el 40% y el 50% dos años después del tratamiento, es decir, hay gente que potencialmente se ha curado o al menos no se morirá de melanoma. Es un logro rompedor. 

No se desprende directamente de la bioinformática, pero esta está ayudando a mejorar los resultados relacionando los tratamientos con el perfil genético de la gente y mostrando quién puede responder mejor.

P. ¿Cómo cree que afectará la victoria de Donald Trump a la ciencia en EE UU?

R. Yo le llamo basura [dump, en inglés], por razones obvias. Hace 77 años ya vimos dónde llevan ciertos movimientos políticos. Creo que ese es el mayor riesgo. Alguno de los políticos que han ganado las elecciones han negado la base científica del cambio climático, incluso en sus filas cuestionan la evolución. 

Si esa enemistad a la ciencia se traduce en recortes, habrá un problema en la investigación del cáncer. Como científicos debemos alzar al voz para que no haya un nuevo movimiento anticientífico.

P. ¿La medicina personalizada podría incrementar la desigualdad en algo tan importante como la salud?

R. Hay un problema sin resolver. Si quisiéramos reducir las muertes por cáncer en el mundo con una sola acción, esa sería una campaña mundial contra el tabaco y a favor de cambios en la dieta y los hábitos de vida. En una conferencia científica reciente en Singapur hubo una ponencia de Phillip Morris, una de las empresas del cáncer, que aseguraban estar haciendo investigación positiva en biología de sistemas. 

Cuando miré de qué se trataba, estaban desarrollando nuevos cigarrillos un poquito menos peligrosos ¡y los presentaban como si fuera ciencia! Como seres humanos estamos permitiendo que haya muertes por cáncer totalmente innecesarias y deberíamos pararlo. A no ser que solucionemos estos problemas sociales, la ciencia no podrá cambiar las cosas."            (El País, 22/11/16)

23.1.15

¿Es lícito pagar 25.000 € por un medicamento cuyo coste de producción no alcanza los 115 €?

"♦ Los encierros de pacientes afectados por la hepatitis C han permitido visibilizar uno de los principales problemas que arrastra el sistema sanitario desde la promulgación en 1986 de la Ley General de Sanidad: su dependencia absoluta de las multinacionales de farmacia al haber renunciado en aquel momento a la creación de un sistema público de investigación y producción de medicamentos.

 La lucha de afectados y familiares, ha puesto sobre la mesa la imposibilidad de acceder a un tratamiento reconocido hasta el momento como el más eficaz, debido al altísimo coste exigido por la multinacional que lo produce y ostenta su patente (GILEAD, la misma empresa que vendió a Roche la patente del fármaco Tamiflú, la supuesta cura de la gripe aviar…) y que nuestro gobierno ha pactado. El medicamento en cuestión es el Sofosbuvir y su nombre comercial, Sovaldi.

♦ El precio pactado por el gobierno es inasumible, tanto que hace imposible el tratamiento de los 35.000 pacientes que se estima lo necesitan. 

Pero lo realmente preocupante, es que existiendo estudios de costes que valoran el precio de producción de una pastilla de Sofosbuvir en 2.5 euros, y el tratamiento de 12 semanas entre 68 y 136 dólares[1], Gilead lo proponga a un precio de 650 a 1.000 euros por comprimido y entre 25.0000 a 60.000 € el tratamiento completo.

♦ Las normas internacionales[2] permiten que un gobierno emita licencias obligatorias para “permitir la producción de un producto patentado por otros o utilizar el proceso patentado sin el consentimiento del titular de la patente”.

 Esto significa que un gobierno puede promover la producción de Sofosbuvir por una empresa de productos genéricos a un precio mucho más bajo o importarlo de otro país en una versión genérica. Nuestro gobierno no lo ha hecho. 

Tampoco ha negociado conjuntamente con otros países la compra del medicamento, o se ha planteado pagar la patente a un fabricante de genéricos. También ha estado en contra, así como la Comisión Europea, de establecer un precio máximo para Sofosbuvir.

♦ Nuestro gobierno podría incluso, así como lo ha hecho el gobierno Indio, cuestionar legalmente la patente sobre Sofosbuvir dado que esta molécula fue patentada previamente como un medicamento contra el cáncer, y se podría demostrar la ausencia de una innovación que justifique la patente actual. Pero nuestro gobierno, así como la mayoría, tampoco lo ha hecho.

♦ Sin embargo, no es solo el gobierno el que ha mantenido una actitud pasiva frente a la presión de Gilead. Nos llama poderosamente la atención el silencio de la mayoría de las sociedades científicas respecto al precio impuesto por la multinacional (lo que se repite con otras enfermedades), y nos genera grandes dudas respecto a sus relaciones con la industria multinacional farmacéutica. (...)

♦ La problemática puesta en evidencia por los pacientes de Hepatitis C no es, sino una más de la larga lista de problemas del sistema sanitario, que tiene su raíz en el proceso de mercantilización que gobiernos de todo color político y empresas llevan ejecutando desde hace décadas. Hoy es la Hepatitis C, pero el hecho general es que la inmensa mayoría del gasto farmacéutico —que es casi la cuarta parte del gasto sanitario público total— está absolutamente sobredimensionado en función de los intereses de la industria farmacéutica. (...)"             (CAMPAÑA PRIVATIZAR MATA, en Attac España, 17/01/2015)

14.7.14

El porcentaje de artículos científicos que han sido objeto de retractación por fraude se ha multiplicado por diez desde 1975. Desde que empezó la financiación privada...

"La políticaa de investigación académica de mercado libre ha favorecido la proliferación de la charlatanería médica y del fraude científico, obligando a los consumidores a pagar por descubrimientos que ya han financiado como contribuyentes.

El enfoque de la investigación médica que mantiene el sistema sanitario de EE UU, que persigue fines lucrativos, se fundamenta en la cruda verdad de que solamente el dinero puede prolongar la vida. Citemos por ejemplo el tipo de genes llamados “supresores tumorales”. 

Dada su capacidad de regular el crecimiento celular, los supresores tumorales se sitúan en la primera línea de la investigación para la prevención del cáncer. Un resultado positivo en la prueba de mutación de un gen supresor tumoral como BRCA1 o BRCA2 es una clara indicación del riesgo de padecer cáncer de mama o de ovario. Sin embargo, a pesar de la importancia del descubrimiento por su potencial para salvar vidas, el coste de las pruebas BRCA1 y BRCA2 resulta prohibitivo. 

Con 4.000 dólares por prueba, es cuatro veces más cara que una secuenciación genética completa. El hecho de que el precio de una evaluación que puede prevenir una enfermedad mortal sea tan desorbitado se debe única y exclusivamente a la voluntad de una empresa, Myriad Genetics. 

Aunque el Tribunal Supremo de EE UU acaba de denegar la pretensión de Myriad de patentar los genes BRCA1 y BRCA2, declarando que los genes humanos no son patentables, Myriad sigue ejerciendo su monopolio sobre la prueba de susceptibilidad al cáncer de mama.

Lo peor de esta política de precios de Myriad es que gran parte de los costes de desarrollo de las pruebas BRCA1 y BRCA2 ya han sido sufragados por el público. La investigación encaminada a identificar esos genes como desencadenantes de procesos cancerosos se financió con dinero público a través de la facultad de medicina de la Universidad de Utah. Myriad Genetics no es otra cosa que una empresa creada por científicos de la universidad con miras a apropiarse de la patente tras el descubrimiento de la prueba. 

Esto es posible al amparo de la ley Bayh-Dole. En 1980, cuando fue promulgada, esta ley pretendía impulsar la innovación en la investigación académica. Dando vía libre a las universidades a la explotación de sus descubrimientos científicos, el sistema universitario podría recaudar más dinero para financiarse.

 Para remunerar su trabajo, los centros académicos de investigación científica podían a partir de entonces vender sus patentes o conceder licencias exclusivas a la industria privada. Con el monopolio sobre la propiedad intelectual que le otorgaba la patente, el sector privado se vería incentivado para desarrollar rápidamente esas patentes y crear productos de consumo y servicios.

Los defensores de la ley Bayh-Dole sostuvieron que la perspectiva de ganar más dinero llevaría a la investigación científica en las universidades a realizar más descubrimientos y estimularía al sector privado a comercializar en mayor medida esos descubrimientos. No mucho tiempo después de su promulgación ya empezaron a notarse los efectos económicos: investigadores de la Universidad de Columbia solicitaron patentes relativas al proceso de cotransformación del ADN, las llamadas patentes Axel, que supondrían finalmente el ingreso de cientos de millones para la Universidad en concepto de cánones de licencia. 

La patente Cohen-Boyer sobre el ADN recombinante generaría unas ganancias de más de doscientos millones para la Universidad de Stanford. Junto con la sentencia del Tribunal Supremo de 1980 en el caso Diamond contra Chakrabarty, que autorizó las patentes sobre material biomédico, este fue el comienzo del boom de la biotecnología. Las universidades se apresuraron a instalar laboratorios de investigación avanzados con vistas a obtener nuevos derechos de propiedad intelectual sobre programas informáticos de secuenciación del ADN que pudieran patentarse y venderse al público.

Antes, los descubrimientos científicos realizados por las universidades públicas solo podían cederse al sector privado mediante licencias no exclusivas. Cualquier empresa privada podía desarrollar nuevos medicamentos y nuevas invenciones sobre la base de los resultados de investigaciones pioneras. Los defensores de la ley Bayh-Dole alegaron que este sistema desincentivaba la innovación, pues si una empresa no tenía la exclusiva sobre una invención, poco negocio iba a hacer desarrollándola.

 ¿Por qué molestarse en innovar si la competencia podía hacer lo mismo, en detrimento del margen de beneficio potencial? Las invenciones acabarían en la papelera. Sin embargo, lo que parece una simple minucia legal en materia de propiedad intelectual constituye un factor determinante del declive del sistema de investigación científica de las universidades.

 La no exclusividad de las licencias públicas protegía de hecho a la investigación académica de caer en una “fiebre del oro” en busca de patentes. Al suprimir esta restricción, ha abierto las compuertas a una avalancha de capitales privados deseosos de hacerse con el monopolio sobre la investigación científica más avanzada.

Ahora, entidades privadas ayudan a financiar los centros académicos a cambio de la prioridad en el proceso de “transferencia tecnológica”, es decir, de la cesión en exclusiva de los resultados de la investigación financiada con dinero público a empresas privadas. 

Los grandes conglomerados farmacéuticos, como Merck y GlaxoSmithKline, financian colaboraciones con universidades privadas y públicas en torno a proyectos de investigación sobre enfermedades actualmente incurables, con la condición expresa de que esas compañías puedan explotar cualquier descubrimiento futuro al amparo de una licencia exclusiva. Dichos descubrimientos, tengan que ver o no con la finalidad original del proyecto, se convierten entonces en productos farmacéuticos de marca que se venden a precios desorbitados.

Las patentes no solo incrementan los precios que han de pagar los consumidores, sino que también lastran la actividad científica por el mayor coste de la propiedad intelectual que se precisa para seguir investigando. Los centros de investigación han de pagar miles de dólares por las cepas y procesos que precisan para ponerse al día de los nuevos descubrimientos, lo que genera un sobrecoste de la investigación avanzada. 

El afán de lucro que ha invadido el sistema de investigación científica actual ha hecho que este ya casi no tenga nada que ver con el que rodeaba a Jonas Salk cuando descubrió el remedio para la poliomielitis. 

En efecto, su descubrimiento, que afectó a millones de personas que sufrían esta enfermedad incapacitante, fue cedido gratuitamente. Mientras Salk se preguntaba retóricamente si era aceptable “patentar el sol” para sacar hacer negocio, la carrera actual por patentar descubrimientos se acerca rápidamente a esa proposición absurda.

Al escasear los fondos públicos, las universidades han pasado a depender cada vez más de la inversión privada a base de subvenciones y donativos. Y ese dinero produce efectos corrosivos en las academias. En ningún otro sector este conflicto de intereses es tan evidente como en el farmacéutico y el biotecnológico. 

Ocurre a menudo que profesores de esas especialidades reciben dinero por firmar artículos de prensa escritos por empleados de empresas privadas, por promocionar medicamentos y por desarrollar fármacos más en función de su potencial de mercado que del bien público. A cambio de su colaboración ganan enormes honorarios de asesoramiento y gozan de lucrativos contratos para hablar en conferencias financiadas por la industria. (...)

En el caso de la empresa Pfizer, su producto Neurontin contra las convulsiones, diversos académicos recibieron 1.000 dólares por suscribir artículos de prensa escritos por empleados desconocidos y por hablar en conferencias en que se ensalzaron las virtudes de un producto –que estaba destinado inicialmente a los epilépticos– en el tratamiento de afecciones tan diversas como el trastorno bipolar, el estrés postraumático, el insomnio, el síndrome de las piernas inquietas, sofocos, migrañas y cefaleas tensionales. 

Los consumidores no solo no reciben información correcta sobre la seguridad y la eficacia de los medicamentos que les recetan, sino que pagan tres veces por ellos: la financiación pública de la investigación académica encaminada a descubrir esos medicamentos, el sobrecoste de los fármacos patentados y la desgravación fiscal que practican las compañías farmacéuticas por su patrocinio de las universidades.(...)

Pese a la escasez de la financiación pública y a su mayor dependencia de la financiación privada, las universidades no han dejado de invertir regularmente en nuevas instalaciones. Un estudio de McGraw-Hill sobre el sector de la construcción revela que entre 2010 y 2012 las instituciones de enseñanza superior se gastaron más de 11.000 millones de dólares en nuevas instalaciones. 

Al emitir gran cantidad de obligaciones para financiar nuevos laboratorios de investigación biomédica y modernos gimnasios, las facultades esperan atraer a estudiantes y científicos de renombre, además de patrocinadores que les ayuden a pagar todo esto . 

Sin embargo, estas facultades se han endeudado hasta las cejas, de manera que ahora se hallan inmersas en el círculo vicioso de una carrera competitiva por las subvenciones. Invierten masivamente en investigación para atraer subvenciones y ofrecen los derechos de propiedad intelectual al mejor postor para poder sufragar los inmensos costes administrativos y las enormes deudas que han contraído.

La carga de esta carrera por el dinero y la fama recae en los estudiantes. En los últimos treinta años, el coste de las tutorías se ha multiplicado por seis. Hay cada vez menos ofertas de posgrado, incluso en ese mundo de la investigación académica en que se gasta tanto dinero.

 El flujo de dinero privado que inunda el sistema de investigación científica no ha contribuido a ampliar la gama de carreras académicas. En vez de emplear a más científicos de plantilla, las universidades contratan a estudiantes de posdoctorado y los dedican a investigaciones llamativas con el fin de atraer subvenciones. 

Estos estudiantes se gradúan entonces en especialidades científicas ocupadas por posdoctorados que compiten entre sí por un número cada vez menor de puestos de investigación disponibles. El resultado es un mercado de trabajo muy reñido en que hay demasiadas personas luchando por ocupar cada vez menos puestos. 

En todo el ámbito universitario, la presión por reducir costes conlleva la sustitución de los puestos fijos por la contratación de adjuntos peor pagados y carentes de toda seguridad de empleo, mientras que los salarios de los administradores y los rectores aumentan sin cesar.

En lo que Paula Stephan, profesora de economía de la Universidad Estatal de Georgia, ha calificado de modelo académico piramidal, la discrepancia resultante entre los posdoctorados y adjuntos mal pagados y carentes prácticamente de toda perspectiva de promoción profesional por un lado, y el número cada vez menor de puestos de investigación fijos y bien pagados, ocupados por científicos famosos, por otro, se asemeja a una especie de torneo en torno a la investigación científica. Impera un clima enrarecido de todos contra todos que cobra su peaje a la ciencia que se lleva a cabo. 

Hace falta publicar cada vez más estudios deslumbrantes de científicos famosos en prestigiosas revistas para llamar la atención y atraer las subvenciones que se precisan para mantener las apariencias y las luces encendidas en el laboratorio. En palabras de Stephan, “ más se confunde con mejor: más financiación, más artículos, más citaciones y más becarios, al margen de si el mercado puede sostener su empleo”.(...)

Dentro de esta matriz de decisiones resulta ventajoso falsificar hallazgos, tomar atajos y seleccionar los datos convenientemente, todo lo que haga falta para que salgan artículos y entren subvenciones. Se ha llegado hasta el punto de que hay académicos que afirman que “el coste de equivocarse es nulo; el coste es que no se publique”.

 En un metaanálisis de estudios publicados, realizado para la Public Library of Science (PLOS, Biblioteca Pública de Ciencias), John P.A. Ioannidis criticó específicamente la financiación privada de la investigación, señalando que “cuanto más fuertes sean los intereses financieros y de otro tipo y los prejuicios en un campo científico, tanto menos probabilidades hay de que los resultados de la investigación sean ciertos ”.

Los resultados saltan a la vista. El gran número de retractaciones debidas a una metodología incorrecta, a un enfoque inadecuado o a una mala gestión de los estudios a lo largo de la última década es pasmoso. En casi todos los campos científicos se ha producido una verdadera epidemia de imprecisiones. El porcentaje de artículos científicos que han sido objeto de retractación por fraude se ha multiplicado por diez desde 1975.  (...)

Aunque sin duda existe un núcleo de actividad científica respetable y reproducible, está rodeado de una nube de imprecisiones y argucias. Medios de comunicación hambrientos de contenido se tragan descubrimientos entusiastas sobre posibles remedios contra el cáncer y no pueden o no quieren destapar las deficiencias metodológicas y los errores estadísticos que han conducido a los resultados en cuestión. (...)

resultados que se obtienen con rapidez y se publican a toda prisa tienen más probabilidades de ser inexactos. La ciencia bien hecha lleva su tiempo y la refutación de la ciencia tramposa puede requerir incluso más tiempo. Mientras que se tardó más de nueve meses para desechar una prueba genética reciente de autismo, el estudio original no tardó más de tres días en pasar a la presentación a la imprenta. 

Muchas de las personas que habrán leído en su tiempo la fabulosa noticia del descubrimiento inicial no se enterarán de su decepcionante refutación. Cuando se publica un artículo que anuncia a bombo y platillo el descubrimiento de una prueba genética relativa a la longevidad, de inmediato inspira a toda una cohorte de pequeñas empresas que ofrecen exámenes de longevidad. 

Cuando se refuta el artículo −no por fraude o falta de ética, sino por el error de enfoque−, esas pruebas genéticas no dejan de practicarse de la noche a la mañana, sino que se mantienen en una economía de mercado gris que saca tajada de la falta de conocimientos por parte del público en materia de investigación científica actual.

La privatización de la investigación académica no solo obstaculiza el proceso científico, sino que también hace que la corrupción directa –cuando el sector privado paga a científicos para que engañen al público sobre las toxinas en sus alimentos o la contaminación atmosférica– tiene más posibilidades de seguir a sus anchas. 

Unos investigadores que buscan desesperadamente financiación para conservar sus puestos y proseguir con su labor son más propensos a aceptar financiación de empresas capaces de distorsionar la ciencia en su propio beneficio. No hace más que favorecer los incentivos perversos del mercado libre para sacar provecho de lo que antaño eran instituciones públicas. 

Cuando una empresa puede disimular los riesgos para la salud de los productos ignífugos cancerígenos porque le interesa que se extienda su uso y así poder hacer negocio, entonces la ciencia deja de obrar a favor del interés público.  (...)"    (Llewllyn Hinkes-Jones, Jacobin, en Jaque al neoliberalismo, 03/07/2014)