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12.2.16

Los marcapasos no duran más porque reducen el beneficio de los fabricantes

"Las baterías de los marcapasos no duran más porque se reduce el margen de beneficio de los fabricantes. Un artículo en una revista médica revela que las empresas "carecen de incentivos" para fabricar dispositivos cardíacos con una vida útil más larga, aunque los portadores tiendan a vivir más. 

El motivo es que si lo hicieran, sus beneficios se reducirían.

El texto, publicado en el British Medical Journal (BMJ) y del que se hace eco La Celosía, recuerda que en 2014 se implantaron 37.501 aparatos a nivel mundial. El problema, continúa la investigación, es que la duración de dichos mecanismos es "inexacta", con vidas útiles que oscilan entre los cinco y los ocho años.

Riesgo de infección

Con estas cifras, los autores subrayan que "la sustitución de las baterías expone a los pacientes a riesgos graves que pueden hacer peligrar sus vidas, como el de infección". No obstante, las operaciones para reemplazar marcapasos gastados se producen "porque de lo contrario, se reduciría el beneficio de fabricantes, los médicos que los implantan a los pacientes y las instituciones sanitarias".

El documento del BMJ recalca que los ingenieros ya disponen de la tecnología y el conocimiento para fabricar dispositivos cardíacos que duren 25 años o más. Ello reduciría la "necesidad urgente" de minimizar las operaciones para sustituirlos. Según la revista especializada, si se produjeran aparatos con esta vida útil, "se salvarían vidas, se reduciría el sufrimiento [de los pacientes] y se recortarían costes".               (Crónica global, 12/02/16)

17.12.15

Acusados una cuarentena de profesionales por colocar prótesis caducadas


"El juez de Reus que lleva el "caso Innova" ha ampliado la investigación a sesenta personas más, 47 de ellas médicos de toda Catalunya, en relación con las prótesis de Traiber. El juez considera que habrían recibido comisiones ilegales para colocarlas e, incluso, algunos habrían cobrado sabiendo que las piezas eran defectuosas. Además, asegura que una de las prácticas habituales de Traiber era presionar y pagar a políticos y sanitarios para conseguir contratos.

El magistrado apunta que los facultativos habrían recibido una comisión por cada prótesis de Traiber que colocaban. Del mismo modo, se detalla como la empresa pagó a cuatro médicos un viaje a Egipto para que "mantuvieran la boca cerrada" cuando se empezaron a descubrir las deficiencias técnicas de las prótesis.

Aparte de los 47 médicos, también se investiga a 12 trabajadores de Traiber, entre los que el administrador principal, Lluís Márquez, que ya fue detenido meses atrás. El juez les imputa a todos ellos diferentes delitos entre los cuales los de malversación, prevaricación, tráfico de influencias, estafa, falsedad documental, delito contra la salud pública o blanqueo de capitales.

Traiber cerró el mes de octubre de 2014 tras conocerse que habían utilizado prótesis en mal estado o caducadas en diferentes pacientes. El Hospital Sant Joan de Reus era uno de los principales clientes de Traiber, y la investigación de Innova destapó que el Ayuntamiento había presionado en el centro para dar un trato de favor a la empresa. A raíz de este caso fue detenida la actual diputada de CDC en el Congreso, Teresa Gomis, cuando era primera teniente de alcalde Carles Pellicer en el Ayuntamiento de Reus.

Los médicos investigados por haber cobrado presuntamente comisiones ilegales por parte de Traiber a cambio de colocar sus prótesis son de diferentes hospitales de toda Catalunya, tanto públicos como concertados:

Jordi Casas Sabater (Clínica del Pilar)

Salvador Fernández García (Parc Taulí Sabadell)

Juan L. Maestro de León (Clínica Dexeus)

Osvaldo Gómez Sosa (Teknon)

Ferran Nadal García (Teknon)

Lluís Madera Cat (Clínica Bofill Girona)

Alejandro Poal-Manresa (Broggi, Hospital Sant Joan Despí)

Xavier Martín Oliva (Clínica del Remei)

Jesus Lafuente Baraza (Hospital del Mar)

Xavier Clos Busquets (Hospital de Vic)

Carlos Justibró Berlanga (Clínica del Remei)

Joan Lluís Tomás Vidal (Clínica Corachan)

José A. Mellado Navas (Hospital de Vic)

Secundino Martín Ferrer (Hospital Trueta de Girona)

Manuel Riera Manresa (CIMA)

Andreu Comballa Aleu (Hospital Clínic)

Jordi Rimbau Muñoz (Hospital Trueta de Girona)

Carles Dolz Jordi (Hospital de Viladecans)

Alex Msuet (Hospital Quirón)

Juan Luís Maestro de León (Clínica Dexeus)

Joaquim Rodríguez Miralles (Hospital de Vic)

Ramón Clos Molina (Hospital de Vic)

Josep Roca Silva (Hospital Platón)

Jordi Español (Hospital de Terrassa)

Rodrigo Rodríguez Rodríguez (Hospital Sant Pau)

Manel Ribas Fernández (Clínica Dexeus)

Joan Leal Blanquet (Tres Torres)

Xavier Riera Albó (Tres Torres)

Luís Aguilar i Fernández (Teknon)

Joan C. Monllau García (Hospital Sant Pau)

Miguel A. Froufe Siota (Hospital Trueta de Girona)

Enrique Henere Rivera (CIMA)

Antonio Fraguas Castany (Teknon)

Jaume Suñol Sala (Clínica del Pilar)

Fernando Marqués López (Clínica del Pilar)

Enrique Rodríguez Boronat (Esperit Sant Santa Coloma)

Antonio Ruiz Guillen (Hospital Joan XXIII)

Eva Planes Vall (Hospital Joan XXIII)

Tomás Simorte Moreno (Hospital Joan XXIII)

Alejandro Fernández Domingo (Hospital Joan XXIII)

Rodrigo Miralles (Hospital Joan XXIII)

Xavier Llaurado Barenys (Hospital Joan XXIII)

Miquel Vilardell (Hospital Joan XXIII

Josep Girné Goma (Hosopital Joan XXIII)"                    (e-notícies, 16/12/15)

31.7.15

Una empresa pagó sobornos a 30 cirujanos para que usaran sus prótesis

 "Una treintena de cirujanos de la sanidad pública y privada han cobrado comisiones de hasta el 30% del precio de las prótesis vertebrales, de cadera y rodilla implantadas a sus pacientes. 
Así lo revelan documentos de la empresa Traiber a los que ha tenido acceso EL PAÍS, corroborados por exempleados de la compañía. Un juzgado de Reus (Tarragona) y la Guardia Civil, que ya investigaban a Traiber por la venta de prótesis caducadas, han puesto ahora el foco en estos pagos.

Los documentos muestran cómo algunos neurocirujanos y cirujanos ortopédicos exigen y aceptan sobornos —a los que denominan “royalties”—y la dura competencia entre las empresas por ganarse a los facultativos. “Es un sector que mueve mucho dinero y la decisión de compra está en muy pocas manos”, describe un extrabajador de Traiber. 

“Esto crea el escenario ideal para estas prácticas. Es duro decirlo así, pero lo cierto es que hay hospitales en los que es imposible vender sin pagar a los médicos”, añade este empleado, que ha accedido a hablar a cambio de preservar su anonimato.

Las fichas comerciales corroboran esta versión e ilustran cómo trabajaban algunos comerciales de Traiber. En ellas anotan el día a día de sus relaciones con decenas de médicos y, entre detalles de una actividad comercial convencional, pueden verse frases muy relevantes. 

 Uno de ellos resume así lo dicho por el jefe de servicio de un gran hospital público catalán en una reunión celebrada en 2012: “Como con vosotros no hay el suficiente ‘entendimiento y colaboración’ [entrecomillado en el original], pues compramos a otra empresa”. La ficha recoge otra frase del facultativo: “Pronto [...]una sola persona decidirá las compras de varios hospitales, atendiendo a la mejor oferta de precio y también en ‘regalos”.

En otra ficha se detalla el acuerdo alcanzado por Traiber con médicos de un hospital privado para poder vender sus prótesis. “Se establece el pago de royalties para traumas que implanten vía mutuas en 400 euros (14% sobre valor promedio facturado)”. 

Si el paciente no tiene seguro y paga la operación de su bolsillo, las comisiones son más altas: “Royalties para traumas que implanten vía privado: facturación entre 4.000 y 4.999 euros, 22%; entre 5.000 y 5.599 euros, 24%; superior a 5.600 euros, 25%”. Traiber ofrece a los facultativos la posibilidad de declarar a Hacienda los pagos camuflados como trabajos de asesoría, con lo que “los royalties quedarán en un 15%”.

El extrabajador de la empresa explica que las dos formas más utilizadas para abonar las comisiones eran “los abonos en metálico y los acuerdos de asesoría, que eran ficticios, aunque también se pagaban viajes y hacían regalos”. En las fichas pueden observarse decenas de anotaciones con la palabra “liquido”, que corresponden a los pagos en los despachos. 

Otro documento muestra los “pagos en 2010” a 11 facultativos del mismo hospital público. Pese a que la cantidad es la misma para todos —1.500 euros para cada médico—, tres de ellos optan por cobrarlos mediante “viajes” y ocho por “asesorías”, con la retención del 15% correspondiente.

Fuentes de la investigación en marcha destacan que la Guardia Civil no encontró en su registro a la sede de Traiber, el pasado mes de abril, rastro de los supuestos trabajos de asesoría. “Solo salen como asesores en documentos comerciales y de contabilidad, para dar apariencia legal a los pagos. 

Pero no hay trabajos en la parte científica o de investigación que los justifiquen”, añade esta fuente. El Juzgado de Instrucción 3 de Reus llamará en las próximas semanas a declarar a los facultativos citados en los documentos, según estas mismas fuentes.

Las fichas comerciales de Traiber también revelan la dura competencia en el sector para ganarse el favor de los médicos. Una ficha resume así la visita a un facultativo de una clínica privada: “Tiene acuerdo con [otra empresa], a partir de 2.500 euros para él, paciente privado”.

 Y en otra ficha: “Definir oferta presentada en diciembre. Contraoferta de [otra empresa]: cobro de 2.500 euros por prótesis privado. Igualo oferta y no se decide”. Los comerciales destacan en sus fichas los cirujanos ortopédicos con mayor potencial para adquirir prótesis, los más codiciados para el sector: “Hacer superoferta de colaboración: pone unas 80 prótesis al año”.

Correos electrónicos de Traiber muestran incluso cómo algunos médicos exigen el pago de las comisiones por intervenciones ya realizadas. El siguiente es el mandado por el jefe de una clínica privada a Lluís Márquez, dueño de Traiber: “Le remito este mail por la prótesis de cadera que realizamos el 10/12/2012 a la paciente [...]. Podemos realizar factura para comisionar algo, ya que al médico a final de mes he de pagarle algo”.

El descubrimiento de los pagos a médicos da un nuevo giro a las investigaciones sobre Traiber, que ya motivaron la detención de la primera teniente de alcalde de Reus, Teresa Gomis (CiU) tras una alerta sanitaria que ha obligado a poner bajo vigilancia a 6.000 pacientes en toda España."              (   , El País, Reus 21 JUL 2015)

29.12.14

Son muy pocos los médicos que no aceptan los incentivos de los laboratorios

"(...) ¿Y cómo los laboratorios manejan a los médicos?

A través de los “incentivos” como vacaciones pagas, electrodomésticos, ropa, automóviles y hasta la recepción de dinero constante y sonante. Cómo es el circuito y quiénes lo motorizan. Final del formulario.

De esto, los médicos no quieren hablar, pero es algo tan real y conocido por todos. Un ex director de un hospital mendocino, referenció lo siguiente a un conocido diario: “Son muy pocos los médicos que no aceptan los incentivos", por eso no se habla de eso. Hay especialidades en las cuales es imposible no ser tentado por laboratorios de primer nivel como Roemmers, Roche, Glaxosmithkline, Gador y Bagó” 

“Se organizan importantes congresos nacionales e internacionales, bancados por los laboratorios, donde distinguidos profesionales, hablan maravillas de la droga en cuestión”.

Sin embargo, los beneficios van aún más allá: de los congresos, hay vacaciones pagas, adquisición de electrodomésticos, ropa, automóviles y hasta la recepción de dinero constante y sonante que los laboratorios aportan a los galenos a cambio de que estos receten sus especialidades medicinales.

El nexo para llevar adelante la maniobra son los “agentes de propaganda médica” (APM), más conocidos como visitadores médicos. “Los APM van a ver a los médicos, que empiezan a rankear y les hacen un reintegro por prescripción”, admitió a MDZ, Marcelo Peretta, titular del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFyB).O sea que a fin de mes, el médico cobra en efectivo.

 Esto es una práctica bastante reciente, ya que hasta ahora, siempre les regalaban computadoras, viajes u otros bienes tangibles. Está claro que a congresos no vas a ir todas las semanas, entonces los médicos empiezan a pedir dinero. No cobran todos lo mismo, sino que los laboratorios hacen un ranking de prescripciones y prescriptores.

Y ¿Cómo conocen los laboratorios qué es lo que recetan los médicos?

Hay empresas dedicadas al marketing farmacéutico, como International Marketing Services Health y Close Up. Esta última se dedica a recopilar recetas médicas y volcarlas a un libro que luego se vende a los laboratorios a precios descomunales.

 No hay un monto establecido, un médico puede cobrar $5.000 o $50.000; depende de muchos factores.. Depende también de dónde atiende el médico, la cantidad de pacientes, la especialidad. Hay una nota muy buena que sacó revista Noticias hace unos años que habla muy bien de esto.

Por su parte, José Charreau, secretario de Acción Social de la Asociación de Agentes de Propaganda Médica, coincide en que esas firmas “tuvieron ganancias extraordinarias, por eso disponen de dinero para los médicos en función de lograr mayores prescripciones”.

CONCLUSIONES: En mi país, se puede advertir claramente que los profesionales médicos evaden impuestos, descaradamente, cuando en sus consultorios particulares, por lo general, no emiten facturas de consultas, como tampoco otros profesionales, que hoy no vienen al caso. Y si comparamos con la persecución que sufren otros trabajadores, podemos decir que hay una tolerancia inusual, que nos lleva a pensar en injusticias, por parte de los controles por los organismos gubernamentales.

Respectos de la actuación de visitadores médicos, diré que no tienen otra función que las de ser los emisarios de las coimas médicas, ya que todas las demás funciones, como la de dar pseudos informaciones sobre nuevos medicamentos, debo decir que ellas pueden ser recabadas por Internet, por el mismo profesional.

¿Cómo el Estado permite estas prácticas? Por qué no prohíbe tales tareas inservibles y emplea a los agentes de propaganda médica para controlar a los médicos en sus aportes fiscales 

¿O por qué no usa los servicios de Márquetin Health o Close up, para hacerles seguimientos y así saber, si tales recetas corresponden a consultas declaradas o en negro? ¿Por qué el paciente no se defiende de los médicos corruptos? ¿Por qué el Estado se deja presionar por la Industria Farmacéutica? Les dejo las preguntas."     (

14.7.14

El porcentaje de artículos científicos que han sido objeto de retractación por fraude se ha multiplicado por diez desde 1975. Desde que empezó la financiación privada...

"La políticaa de investigación académica de mercado libre ha favorecido la proliferación de la charlatanería médica y del fraude científico, obligando a los consumidores a pagar por descubrimientos que ya han financiado como contribuyentes.

El enfoque de la investigación médica que mantiene el sistema sanitario de EE UU, que persigue fines lucrativos, se fundamenta en la cruda verdad de que solamente el dinero puede prolongar la vida. Citemos por ejemplo el tipo de genes llamados “supresores tumorales”. 

Dada su capacidad de regular el crecimiento celular, los supresores tumorales se sitúan en la primera línea de la investigación para la prevención del cáncer. Un resultado positivo en la prueba de mutación de un gen supresor tumoral como BRCA1 o BRCA2 es una clara indicación del riesgo de padecer cáncer de mama o de ovario. Sin embargo, a pesar de la importancia del descubrimiento por su potencial para salvar vidas, el coste de las pruebas BRCA1 y BRCA2 resulta prohibitivo. 

Con 4.000 dólares por prueba, es cuatro veces más cara que una secuenciación genética completa. El hecho de que el precio de una evaluación que puede prevenir una enfermedad mortal sea tan desorbitado se debe única y exclusivamente a la voluntad de una empresa, Myriad Genetics. 

Aunque el Tribunal Supremo de EE UU acaba de denegar la pretensión de Myriad de patentar los genes BRCA1 y BRCA2, declarando que los genes humanos no son patentables, Myriad sigue ejerciendo su monopolio sobre la prueba de susceptibilidad al cáncer de mama.

Lo peor de esta política de precios de Myriad es que gran parte de los costes de desarrollo de las pruebas BRCA1 y BRCA2 ya han sido sufragados por el público. La investigación encaminada a identificar esos genes como desencadenantes de procesos cancerosos se financió con dinero público a través de la facultad de medicina de la Universidad de Utah. Myriad Genetics no es otra cosa que una empresa creada por científicos de la universidad con miras a apropiarse de la patente tras el descubrimiento de la prueba. 

Esto es posible al amparo de la ley Bayh-Dole. En 1980, cuando fue promulgada, esta ley pretendía impulsar la innovación en la investigación académica. Dando vía libre a las universidades a la explotación de sus descubrimientos científicos, el sistema universitario podría recaudar más dinero para financiarse.

 Para remunerar su trabajo, los centros académicos de investigación científica podían a partir de entonces vender sus patentes o conceder licencias exclusivas a la industria privada. Con el monopolio sobre la propiedad intelectual que le otorgaba la patente, el sector privado se vería incentivado para desarrollar rápidamente esas patentes y crear productos de consumo y servicios.

Los defensores de la ley Bayh-Dole sostuvieron que la perspectiva de ganar más dinero llevaría a la investigación científica en las universidades a realizar más descubrimientos y estimularía al sector privado a comercializar en mayor medida esos descubrimientos. No mucho tiempo después de su promulgación ya empezaron a notarse los efectos económicos: investigadores de la Universidad de Columbia solicitaron patentes relativas al proceso de cotransformación del ADN, las llamadas patentes Axel, que supondrían finalmente el ingreso de cientos de millones para la Universidad en concepto de cánones de licencia. 

La patente Cohen-Boyer sobre el ADN recombinante generaría unas ganancias de más de doscientos millones para la Universidad de Stanford. Junto con la sentencia del Tribunal Supremo de 1980 en el caso Diamond contra Chakrabarty, que autorizó las patentes sobre material biomédico, este fue el comienzo del boom de la biotecnología. Las universidades se apresuraron a instalar laboratorios de investigación avanzados con vistas a obtener nuevos derechos de propiedad intelectual sobre programas informáticos de secuenciación del ADN que pudieran patentarse y venderse al público.

Antes, los descubrimientos científicos realizados por las universidades públicas solo podían cederse al sector privado mediante licencias no exclusivas. Cualquier empresa privada podía desarrollar nuevos medicamentos y nuevas invenciones sobre la base de los resultados de investigaciones pioneras. Los defensores de la ley Bayh-Dole alegaron que este sistema desincentivaba la innovación, pues si una empresa no tenía la exclusiva sobre una invención, poco negocio iba a hacer desarrollándola.

 ¿Por qué molestarse en innovar si la competencia podía hacer lo mismo, en detrimento del margen de beneficio potencial? Las invenciones acabarían en la papelera. Sin embargo, lo que parece una simple minucia legal en materia de propiedad intelectual constituye un factor determinante del declive del sistema de investigación científica de las universidades.

 La no exclusividad de las licencias públicas protegía de hecho a la investigación académica de caer en una “fiebre del oro” en busca de patentes. Al suprimir esta restricción, ha abierto las compuertas a una avalancha de capitales privados deseosos de hacerse con el monopolio sobre la investigación científica más avanzada.

Ahora, entidades privadas ayudan a financiar los centros académicos a cambio de la prioridad en el proceso de “transferencia tecnológica”, es decir, de la cesión en exclusiva de los resultados de la investigación financiada con dinero público a empresas privadas. 

Los grandes conglomerados farmacéuticos, como Merck y GlaxoSmithKline, financian colaboraciones con universidades privadas y públicas en torno a proyectos de investigación sobre enfermedades actualmente incurables, con la condición expresa de que esas compañías puedan explotar cualquier descubrimiento futuro al amparo de una licencia exclusiva. Dichos descubrimientos, tengan que ver o no con la finalidad original del proyecto, se convierten entonces en productos farmacéuticos de marca que se venden a precios desorbitados.

Las patentes no solo incrementan los precios que han de pagar los consumidores, sino que también lastran la actividad científica por el mayor coste de la propiedad intelectual que se precisa para seguir investigando. Los centros de investigación han de pagar miles de dólares por las cepas y procesos que precisan para ponerse al día de los nuevos descubrimientos, lo que genera un sobrecoste de la investigación avanzada. 

El afán de lucro que ha invadido el sistema de investigación científica actual ha hecho que este ya casi no tenga nada que ver con el que rodeaba a Jonas Salk cuando descubrió el remedio para la poliomielitis. 

En efecto, su descubrimiento, que afectó a millones de personas que sufrían esta enfermedad incapacitante, fue cedido gratuitamente. Mientras Salk se preguntaba retóricamente si era aceptable “patentar el sol” para sacar hacer negocio, la carrera actual por patentar descubrimientos se acerca rápidamente a esa proposición absurda.

Al escasear los fondos públicos, las universidades han pasado a depender cada vez más de la inversión privada a base de subvenciones y donativos. Y ese dinero produce efectos corrosivos en las academias. En ningún otro sector este conflicto de intereses es tan evidente como en el farmacéutico y el biotecnológico. 

Ocurre a menudo que profesores de esas especialidades reciben dinero por firmar artículos de prensa escritos por empleados de empresas privadas, por promocionar medicamentos y por desarrollar fármacos más en función de su potencial de mercado que del bien público. A cambio de su colaboración ganan enormes honorarios de asesoramiento y gozan de lucrativos contratos para hablar en conferencias financiadas por la industria. (...)

En el caso de la empresa Pfizer, su producto Neurontin contra las convulsiones, diversos académicos recibieron 1.000 dólares por suscribir artículos de prensa escritos por empleados desconocidos y por hablar en conferencias en que se ensalzaron las virtudes de un producto –que estaba destinado inicialmente a los epilépticos– en el tratamiento de afecciones tan diversas como el trastorno bipolar, el estrés postraumático, el insomnio, el síndrome de las piernas inquietas, sofocos, migrañas y cefaleas tensionales. 

Los consumidores no solo no reciben información correcta sobre la seguridad y la eficacia de los medicamentos que les recetan, sino que pagan tres veces por ellos: la financiación pública de la investigación académica encaminada a descubrir esos medicamentos, el sobrecoste de los fármacos patentados y la desgravación fiscal que practican las compañías farmacéuticas por su patrocinio de las universidades.(...)

Pese a la escasez de la financiación pública y a su mayor dependencia de la financiación privada, las universidades no han dejado de invertir regularmente en nuevas instalaciones. Un estudio de McGraw-Hill sobre el sector de la construcción revela que entre 2010 y 2012 las instituciones de enseñanza superior se gastaron más de 11.000 millones de dólares en nuevas instalaciones. 

Al emitir gran cantidad de obligaciones para financiar nuevos laboratorios de investigación biomédica y modernos gimnasios, las facultades esperan atraer a estudiantes y científicos de renombre, además de patrocinadores que les ayuden a pagar todo esto . 

Sin embargo, estas facultades se han endeudado hasta las cejas, de manera que ahora se hallan inmersas en el círculo vicioso de una carrera competitiva por las subvenciones. Invierten masivamente en investigación para atraer subvenciones y ofrecen los derechos de propiedad intelectual al mejor postor para poder sufragar los inmensos costes administrativos y las enormes deudas que han contraído.

La carga de esta carrera por el dinero y la fama recae en los estudiantes. En los últimos treinta años, el coste de las tutorías se ha multiplicado por seis. Hay cada vez menos ofertas de posgrado, incluso en ese mundo de la investigación académica en que se gasta tanto dinero.

 El flujo de dinero privado que inunda el sistema de investigación científica no ha contribuido a ampliar la gama de carreras académicas. En vez de emplear a más científicos de plantilla, las universidades contratan a estudiantes de posdoctorado y los dedican a investigaciones llamativas con el fin de atraer subvenciones. 

Estos estudiantes se gradúan entonces en especialidades científicas ocupadas por posdoctorados que compiten entre sí por un número cada vez menor de puestos de investigación disponibles. El resultado es un mercado de trabajo muy reñido en que hay demasiadas personas luchando por ocupar cada vez menos puestos. 

En todo el ámbito universitario, la presión por reducir costes conlleva la sustitución de los puestos fijos por la contratación de adjuntos peor pagados y carentes de toda seguridad de empleo, mientras que los salarios de los administradores y los rectores aumentan sin cesar.

En lo que Paula Stephan, profesora de economía de la Universidad Estatal de Georgia, ha calificado de modelo académico piramidal, la discrepancia resultante entre los posdoctorados y adjuntos mal pagados y carentes prácticamente de toda perspectiva de promoción profesional por un lado, y el número cada vez menor de puestos de investigación fijos y bien pagados, ocupados por científicos famosos, por otro, se asemeja a una especie de torneo en torno a la investigación científica. Impera un clima enrarecido de todos contra todos que cobra su peaje a la ciencia que se lleva a cabo. 

Hace falta publicar cada vez más estudios deslumbrantes de científicos famosos en prestigiosas revistas para llamar la atención y atraer las subvenciones que se precisan para mantener las apariencias y las luces encendidas en el laboratorio. En palabras de Stephan, “ más se confunde con mejor: más financiación, más artículos, más citaciones y más becarios, al margen de si el mercado puede sostener su empleo”.(...)

Dentro de esta matriz de decisiones resulta ventajoso falsificar hallazgos, tomar atajos y seleccionar los datos convenientemente, todo lo que haga falta para que salgan artículos y entren subvenciones. Se ha llegado hasta el punto de que hay académicos que afirman que “el coste de equivocarse es nulo; el coste es que no se publique”.

 En un metaanálisis de estudios publicados, realizado para la Public Library of Science (PLOS, Biblioteca Pública de Ciencias), John P.A. Ioannidis criticó específicamente la financiación privada de la investigación, señalando que “cuanto más fuertes sean los intereses financieros y de otro tipo y los prejuicios en un campo científico, tanto menos probabilidades hay de que los resultados de la investigación sean ciertos ”.

Los resultados saltan a la vista. El gran número de retractaciones debidas a una metodología incorrecta, a un enfoque inadecuado o a una mala gestión de los estudios a lo largo de la última década es pasmoso. En casi todos los campos científicos se ha producido una verdadera epidemia de imprecisiones. El porcentaje de artículos científicos que han sido objeto de retractación por fraude se ha multiplicado por diez desde 1975.  (...)

Aunque sin duda existe un núcleo de actividad científica respetable y reproducible, está rodeado de una nube de imprecisiones y argucias. Medios de comunicación hambrientos de contenido se tragan descubrimientos entusiastas sobre posibles remedios contra el cáncer y no pueden o no quieren destapar las deficiencias metodológicas y los errores estadísticos que han conducido a los resultados en cuestión. (...)

resultados que se obtienen con rapidez y se publican a toda prisa tienen más probabilidades de ser inexactos. La ciencia bien hecha lleva su tiempo y la refutación de la ciencia tramposa puede requerir incluso más tiempo. Mientras que se tardó más de nueve meses para desechar una prueba genética reciente de autismo, el estudio original no tardó más de tres días en pasar a la presentación a la imprenta. 

Muchas de las personas que habrán leído en su tiempo la fabulosa noticia del descubrimiento inicial no se enterarán de su decepcionante refutación. Cuando se publica un artículo que anuncia a bombo y platillo el descubrimiento de una prueba genética relativa a la longevidad, de inmediato inspira a toda una cohorte de pequeñas empresas que ofrecen exámenes de longevidad. 

Cuando se refuta el artículo −no por fraude o falta de ética, sino por el error de enfoque−, esas pruebas genéticas no dejan de practicarse de la noche a la mañana, sino que se mantienen en una economía de mercado gris que saca tajada de la falta de conocimientos por parte del público en materia de investigación científica actual.

La privatización de la investigación académica no solo obstaculiza el proceso científico, sino que también hace que la corrupción directa –cuando el sector privado paga a científicos para que engañen al público sobre las toxinas en sus alimentos o la contaminación atmosférica– tiene más posibilidades de seguir a sus anchas. 

Unos investigadores que buscan desesperadamente financiación para conservar sus puestos y proseguir con su labor son más propensos a aceptar financiación de empresas capaces de distorsionar la ciencia en su propio beneficio. No hace más que favorecer los incentivos perversos del mercado libre para sacar provecho de lo que antaño eran instituciones públicas. 

Cuando una empresa puede disimular los riesgos para la salud de los productos ignífugos cancerígenos porque le interesa que se extienda su uso y así poder hacer negocio, entonces la ciencia deja de obrar a favor del interés público.  (...)"    (Llewllyn Hinkes-Jones, Jacobin, en Jaque al neoliberalismo, 03/07/2014)

20.9.13

Las farmacéuticas manipulan o maquillan los resultados de los ensayos

"Ben Goldacre es un médico y psiquiatra que escribe regularmente en The Guardian. (...)

Reproducimos a continuación el artículo que el periodista científico Antonio Martínez escribió en el que se resumía la posición de Goldacre acerca de las empresas farmacéuticas. 
 
1. El 90% de los ensayos clínicos publicados son patrocinados por la industria farmacéutica.

 Este es el principal motivo por el que todo el sistema de ensayos clínicos está alterado, según Goldacre, y por el que se producen el resto de problemas.


2. Los resultados negativos se ocultan sistemáticamente a la sociedad

"Estamos viendo los resultados positivos y perdiéndonos los negativos", escribe Goldacre. "Deberíamos comenzar un registro de todos los ensayos clínicos, pedir a la gente que registre su estudio antes de comenzar e insistir en que publiquen sus resultados al final". 

En muchos casos, denuncia el autor de "Mala Farma", las farmacéuticas se reservan el derecho de interrumpir un ensayo y si ven que no da el resultado esperado, lo detienen. Asimismo, obligan a los científicos que participan en estos estudios a mantener en secreto los resultados. Y esta práctica tiene de vez en cuando consecuencias dramáticas. 


En los años 90, por ejemplo, se realizó un ensayo con una sustancia creada contra las arritmias cardíacas llamada Lorcainida. Se selección a 100 pacientes y la mitad de ellos tomó un placebo. Entre quienes tomaron la sustancia hubo hasta 9 muertes (frente a 1 del otro grupo), pero los resultados nunca se publicaron porque la farmacéutica detuvo el proceso. 

Una década después, otra compañía tuvo la misma idea pero esta vez puso la Lorcainida en circulación. Según Goldacre, hasta 100.000 personas murieron innecesariamente antes de que alguien se diera cuenta de los efectos. Los investigadores que habían hecho el primero ensayo pidieron perdón a la comunidad científica por no haber sacado a la luz los resultados.


"Solo la mitad de los ensayos son publicados", escribe Goldacre, "y los que tienen resultados negativos tienen dos veces más posibilidades de perderse que los positivos. Esto significa que las pruebas en las que basamos nuestras decisiones en Medicina están sistemáticamente sesgadas para destacar los beneficios que un tratamiento proporciona".


3. Las farmacéuticas manipulan o maquillan los resultados de los ensayos.

 En muchas ocasiones los propios ensayos están mal diseñados: se toma una muestra demasiado pequeña, por ejemplo, se alteran los resultados o se comparan con productos que no son beneficiosos para la salud. Goldacre enumera multitud de pequeñas trampas que se realizan de forma cotidiana para poner un medicamento en el mercado, como elegir los efectos de la sustancia en un subgrupo cuando no se han obtenido los resultados esperados en el grupo que se buscaba al comienzo.


4. Los resultados no son replicables. 

 Lo más preocupante para Goldacre es que en muchas ocasiones, no se puede replicar el resultado de los estudios que se publican. "En el año 2012", escribe Goldacre, "un grupo de investigadores informó en la revista Nature de su intento de replicar 53 estudios para el tratamiento temprano del cáncer: 47 de los 53 no pudieron ser replicados".


5. Los comités  de ética y los reguladores nos han fallado.  

Según Goldacre, las autoridades europeas y estadounidenses han tomado medidas ante las constantes denuncias, pero la inoperancia ha convertido estas medidas en falsas soluciones. Los reguladores se niegan a dar información a la sociedad con la excusa de que la gente fuera de la agencia podría hacer un mal uso o malinterpretar los datos. La inoperancia lleva a situaciones como la que ocurrió con el Rosiglitazone.

 Hacia el año 2011 la OMS y la empresa GSK tuvieron noticia de la posible relación de este medicamento y algunos problemas cardíacos, pero no lo hicieron público. En 2007 un cardiólogo descubrió que incrementaba el riesgo de problemas cardiacos un 43% y no se sacó del mercado hasta el 2010.


6. Se prescriben a niños medicamentos que solo tienen autorización para adultos.

 Este fue el caso del antidepresivoParoxetine. La compañía GSK, según Goldacre, supo de sus efectos adversos en menores y permitió que se siguiera recetando al no incluir ninguna advertencia. La empresa supo del aumento del número de suicidios entre los menores que la tomaban y no se hizo un aviso a la comunidad médica hasta el año 2003.


7. Se realizan ensayos clínicos con los grupos más desfavorecidos.

 A menudo se ha descubierto a las farmacéuticas usando a vagabundos o inmigrantes ilegales para sus ensayos.  Estamos creando una sociedad, escribe, donde los medicamentos solo se ensayan en los pobres. 

En EEUU, por ejemplo, los latinos se ofrecen como voluntarios hasta siete veces más para obtener cobertura médica y buena parte de los ensayos clínicos se están desplazando a países como China o India donde sale más barato. Un ensayo en EEUU cuesta 30.000 dólares por paciente, explica Goldacre, y en Rumanía sale por 3.000.


8. Se producen conflictos de intereses

Muchos de los representantes de los pacientes pertenecen a organizaciones financiadas generosamente por las farmacéuticas. Algunos de los directivos de las agencias reguladoras terminan trabajando para las grandes farmacéuticas en una relación bastante oscura.


9. La industria distorsiona las creencias de los médicos y sustituyen las pruebas por marketing.

 Las farmacéuticas, denuncia Goldacre, se gastan cada año miles de millones para cambiar las decisiones que toman los médicos a la hora de recetar un tratamiento. De hecho, las empresas gastan el doble en marketing y publicidad que en investigación y desarrollo, una distorsión que pagamos en el precio de las medicinas.

 Las tácticas van desde la conocida influencia de los visitadores médicos (con las invitaciones a viajes, congresos y lujosos hoteles) a técnicas más sibilinas como la publicación de ensayos clínicos cuyo único objetivo es dar a conocer el producto entre muchos médicos que participan en el proceso. Muchas de las asociaciones de pacientes que negocian en las instituciones para pedir regulaciones reciben generosas subvenciones de determinadas empresas farmacéuticas.


10. Los criterios para aprobar medicamentos son un coladero. 

 Los reguladores deberían requerir que un medicamento sea mejor que el mejor tratamiento disponible, pero lo que sucede, según Goldacre, es que la mayoría de las veces basta con que la empresa pruebe que es mejor que ningún tratamiento en absoluto. Un estudio de 2007 demostró que solo la mitad de los medicamentos aprobados entre 1999 y 2005 fueron comparados con otros medicamentos existentes. 

El mercado está inundado de medicamentos que no procuran ningún beneficio, según el autor de “Mala Farma”, o de versiones del mismo medicamento por otra compañía (las medicinas "Yo también) o versiones del mismo laboratorio cuando prescribe la patente (las medicinas "Yo otra vez"). 

En esta última categoría destaca el caso del protector estomacal Omeprazol, de AstraZeneca, que sacó al mercado un producto con efectos similares, Esomoprazol, pero diez veces más caro. "               ('Las diez peores prácticas de la industria farmacéutica', de  Antonio Martínez Ron, en Sin Permiso, 30/06/2013)

15.5.13

Farmacéuticas, política, red y transparencia

"En los Estados Unidos, una ley ha obligado a las compañías farmacéuticas a revelar todas las cantidades y conceptos pagados a médicos. Quince de ellas lo han hecho ya, y ProPublica se ha tomado el trabajo de recoger esa información que se encontraba en varios casos en formatos difíciles de analizar, organizarla en una base de datos completa, y presentarla de manera que cualquiera puede acudir a su página Dollars for Docs, introducir el nombre de un médico, y ver cuánto ha ingresado procedente de esas compañías y en qué conceptos. 

La consulta de la base de datos resulta reveladora en muchos sentidos. Puedo ver cómo la pediatra de mi hija de cuando vivíamos en Los Ángeles nunca ha recibido nada, mientras que el alergólogo de mi mujer, por ejemplo, ha cobrado entre 2009 y 2012 más de cien mil dólares en conceptos como conferencias, consultoría y viajes de compañías como GlaxoSmithKline, Cephalon, Merck o AstraZeneca.

 Podría contrastar los medicamentos que habitualmente receta para comprobar posibles influencias, o simplemente pensar hasta qué punto es malo (o bueno, o sospechoso, o lo que quiera pensar del tema) que un profesional de la medicina mantenga una actividad consultora y como conferenciante a ese nivel.

 Podemos ver, tambien, las prácticas de las empresas del sector: varias docenas de compañías no han revelado aún esa información a pesar de haber sido requeridas, mientras que otras lo han hecho en formatos imposibles o complicados de analizar. Algunas han creado compañías destinadas a proporcionar educación a médicos, que al ser independientes no revelan los pagos que hacen a los facultativos que contratan como profesores, mientras que otras dan de alta pagos a un supuesto médico llamado Dont Knw en California, a otro que vive en Anywhere, Ill; o a uno situado en Anytown, Texas.

 Por no citar casos que aparecen sin apellido, o con iniciales, o… no, la transparencia absoluta es probablemente imposible de alcanzar. Pero al menos, se ve que, aunque cueste, se intenta.

Mientras, no deja de pasárseme por la cabeza lo importantísima que resulta esa transparencia, y lo tristes que son las cosas en el país en que vivo. El nivel de transparencia que se intenta alcanzar en los Estados Unidos con las farmacéuticas (a partir de agosto de este año, todos esos datos se publicarán de manera regular en una página web gubernamental) me provoca auténtica vergüenza cuando lo comparo con nuestro país y con la actividad política. (...)"          (Enrique Dans, 14/03/2013)

18.4.13

El cohecho entre médicos y laboratorios no es un "caso aislado"

"La "resaca" del reportaje Sobremedicados, emitido el domingo por el programa Salvados me llevó ayer al plató de La Sexta TV pues me entrevistaron en el espacio Más vale tarde (parte 3, m. 1:25). 

Comentamos las palabras de Julián Zabala, director de Comunicación del lobby de la industria farmacéutica "innovadora" en España, Farmaindustria. Zabala, con quien he coincido un par de veces en algún evento público, argumentó que los sobornos a los médicos por parte de las farmacéuticas a través de sus visitadores médicos son cosa de los años 90, algo pasado, un "caso aislado".

Con ser grave el asunto, pues casi nadie ha sido juzgado por ello, ni siquiera es cierto. Así lo explicó la ex visitadora Cecilia Tena, principal protagonista de mi libro Laboratorio de médicos, que "salió del armario" (en el libro figura con el pseudónimo de Nikita) para explicar lo obvio; ella y cualquier visitador en activo puede pasearse por los restaurantes del casco viejo de cualquier ciudad e ir reconociendo a los médicos y compañeros de profesión que tranquilamente hacen negocios al margen de la ley.

Me consta que Cecilia incluso puso en conocimiento del Área de Deontología, ética, de Farmaindustria, que dirige José F. Zamarriego, las prácticas a las que le sometía la multinacional farmacéutica que la tenía contratada. No obtuvo respuesta a sus reclamaciones (también la directora general internacional del laboratorio, recibió por correo sus quejas, con el mismo resultado).

Jordi Évole, conductor de Salvados, mostró una encuesta realizada entre médicos de Aragón en la que éstos reconocen que aceptan mayoritariamente regalos de los laboratorios. No es la única, como cuento en Más vale tarde y en Laboratorio de médicos. Hay otra de 2010 y publicada en otra revista médica, realizada entre médicos manchegos con similares resultados. Los médicos reconocen el "arte" del "tarugueo" como se llama en argot los sobornos o cohecho.

Ahora sólo falta que ellos mismos acaben con años de corrupción, como he explicado muchas veces que intenta hacer la Plataforma No Gracias de médicos por la ética y la transparencia. De momento, las noticias que me llegan del sector y lo que publican algunos de ellos en Twitter, es que el reportaje ha reforzado el corporativismo reinante; un suicido para su profesión y un riesgo particular. Ved si quieréis la entrevista de ayer en La Sexta."    (sott.net, 11/04/2013)

3.4.13

Desde la entrada de Lamela, Assignia ha logrado cuatro millones en adjudicaciones

"La empresa Assignia Infraestructuras, que gestiona los servicios privatizados del hospital de Aranjuez por adjudicación del entonces consejero de Sanidad de Madrid Manuel Lamela, se ha hecho, tras el fichaje de este en su consejo de administración, con dos lucrativos contratos con el Gobierno madrileño. 

 Desde la entrada de Lamela en octubre de 2010, esta empresa y sus filiales han logrado casi cuatro millones de euros en adjudicaciones, según informa la cadena SER.

La Consejería de Sanidad, que ahora dirige Javier Fernández-Lasquetty, concedió a Assignia un contrato de asistencia técnica del hospital de la Princesa, en un procedimiento negociado sin publicidad, así como el mantenimiento de varios centros de atención primaria.

La empresa también consiguió el mantenimiento de las dependencias e instalaciones del complejo de la Presidencia, de los edificios adscritos a la Vicepresidencia, a la Consejería de Cultura y Deporte y a la Portavocía del Gobierno hasta 2014, en una adjudicación concedida por el presidente madrileño, Ignacio Gonzalez, en marzo del pasado año, cuando todavía era número dos de Esperanza Aguirre. En el consejo de administración de Assignia figura, además de Lamela, Luis Vicente Moro, amigo personal de González.

Moro, consejero de Assignia desde 2011, fue delegado del Gobierno en Ceuta entre 1998 y 2004, durante el mandato de José María Aznar. Coincidió en esa etapa con González, que entonces era secretario de Estado de Inmigración. Moro asesoró en 2008 al vicepresidente madrileño cuando sopesó crear un servicio secreto legal al servicio de la Comunidad durante la crisis del espionaje político en Madrid, aunque finalmente no prosperó."           (El País, 03/04/2013)

2.4.13

El exconsejero Lamela, alto cargo de la empresa ‘beneficiaria’ de un hospital que él mismo privatizó

"El exconsejero de Sanidad Manuel Lamela forma parte del consejo de administración de la empresa que gestiona todos los servicios privatizados del hospital de Aranjuez, una adjudicación que el propio Lamela concedió en su etapa al frente de la Sanidad madrileña, en 2005. Este nuevo escándalo de la sanidad pública madrileña y el afán privatizador del Gobierno del PP lo ha destapado la Cadena SER.

Uno de los seis hospitales del plan privatizador de González

El Hospital del Tajo, con 120 camas y que presta servicio a un área de uno 80.000 pacientes, fue uno de los primeros centros en los que se implantó el modelo semiprivado impulsado por Esperanza Aguirre y que hoy sigue ampliando su sucesor, Ignacio González.
 
La concesionaria Hispánica y Gürtel

Lamela licitó y adjudicó el concurso en 2005 a un consorcio liderado por la constructora madrileña Hispánica, en colaboración con las compañías Sando, Instalaciones Inabensa y Construcciones Sánchez Domínguez. Cinco años más tarde, el propietario de Hispánica, Pablo García Pozuelo, fue imputado en el caso Gürtel, acusado de pagar comisiones a cambio de contratos.

Un canon anual de nueve millones de euros

La adjudicación hecha por Manuel Lamela a Hispánica y sus socios comprendía la construcción del hospital y el mantenimiento y gestión de todas las áreas no sanitarias, esto es los servicios de historias clínicas, celadores, seguridad, restauración, transporte, parking, entre otros. La Comunidad de Madrid paga un canon anual de nueve millones de euros durante 30 años, en total, 270 millones de euros.

El fichaje de Lamela

El dueño de Hispánica vendió después de ser imputado en la Gürtel el 100% de su empresa, en 2010, al grupo Essentium, que cambió el nombre de Hispánica por Assignia Infraestructuras, que es la que gestiona junto al resto de socios el hospital.

 Fue el grupo Essentium el que decidió la contratación ese mismo año del exconsejero Manuel Lamela, que había abandonado la Consejería en 2007 y el Gobierno madrileño un año después.

El hospital de Aranjuez que gestiona Assignia es uno de los seis hospitales que el Gobierno de Ignacio González ya ha anunciado que privatizará todos sus servicios, incluidos los sanitarios.

Güemes se vio forzado a dimitir

Lamela no es el único exconsejero de Sanidad que ha terminado en empresas beneficiadas con contratos adjudicados por ese Departamento. En enero pasado, se conocía que el exconsejero Juan José Güemes había sido contratado como consejero por Unilabs, la empresa que se encarga de los análisis clínicos de hospitales públicos. Un servicio que el propio Güemes había privatizado en su etapa al frente de la Sanidad madrileña. El escándalo obligó al antiguo colaborador de Aguirre a dimitir de su puesto."

28.12.12

Una empresa desvió 3,2 millones públicos de la sanidad catalana

"La quiebra de Instituto de Alta Tecnología (IAT), una fundación creada en 2001 para construir y gestionar un pionero centro de diagnóstico por imagen en el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona (PRBB, en sus siglas en catalán), ha hecho aflorar un nuevo fraude millonario de dinero público en la sanidad catalana. El IAT tenía que ser un modelo de excelencia y una brillante colaboración entre el sector público y el privado.

 Formada por tres hospitales financiados por la Generalitat —Mar, Clínic y Vall d’Hebron— y un holding privado —CRC, empresa líder en Cataluña en el sector—, la fundación acabó sin embargo solicitando el concurso de acreedores en octubre de 2011.

La causa de ello no fueron los recortes. Ni siquiera la escasez de recursos para la investigación. Según el administrador concursal de IAT y la auditoría Faura-Casas, a la que el Juzgado de Primera Instancia 46 de Barcelona ha encargado un peritaje, CRC se aprovechó de su control sobre la fundación para obtener irregularmente de ella cuantiosos recursos e incluso desvió hacia sus empresas filiales subvenciones y todo tipo de materiales comprados con fondos públicos, todo ello en medio de un caos de gestión —cuentas no depositadas, “cifras inconsistentes”, ingresos y gastos que no cuadraban...— en el que ahora los técnicos tratan de poner un poco de orden.
En total, el administrador concursal, estima en 5,3 millones el dinero que el grupo CRC debe a la fundación. La mitad de este importe proviene de un crédito blando concedido en 2002 por el entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología. Por todo ello, el administrador considera que “existen motivos para fundamentar la calificación culpable del concurso”, es decir, que pueden existir responsabilidades por parte de los gestores de CRC. 
Lo sucedido tampoco deja en muy buen lugar a los patronos de los tres hospitales públicos afectados, cuya falta de control o complacencia permitió todo lo ocurrido.
El caso, además, amenaza complicarse en un reguero de procesos judiciales, ya que IAT ha dejado en la estacada a una veintena de trabajadores e investigadores, y el grupo CRC solicitó asimismo el concurso de acreedores el pasado mes de septiembre.
La malograda historia del IAT arranca en julio de 2001, cuando una filial del grupo CRC —CRC Mar— y el Instituto Municipal de Asistencia Sanitaria —IMAS, empresa del Ayuntamiento de Barcelona que entonces gestionaba el hospital del Mar— crearon la fundación IAT. 
A los dos socios fundadores, a IAT se sumaron el hospital Clínic en enero de 2003 y el de la Vall d’Hebron en octubre de 2004. En todos los casos la aportación inicial fue de 60.010 euros, ampliada con otros 100.000 euros por actor en 2005, dinero que los centros ya pueden dar por perdidos. (...)
El dominio de CRC sobre la gestión del IAT le permitió obtener cuantiosos ingresos de la fundación desde el primer momento. Por el servicio de dirección, el contrato establecía 50.000 euros anuales más un importe variable por cada prueba de diagnóstico por imagen realizada, condiciones “a todas luces leoninas y perjudiciales para la fundación y en beneficio, muy lucrativo para CRC”, sostiene el administrador.
La pericial de Faura-Causas, sin embargo, alerta de que en realidad CRC cobraba mucho más a IAT por este concepto: “Los importes facturados en concepto de canon de gestión fijo (...) son sustancialmente superiores a los estipulados en el contrato”. En 2008, CRC ingresó en realidad 109.256 euros, cantidad que en 2010 subió a 111.786 euros.
Pese a todo, estas cantidades eran solo una pequeña parte del dinero público que CRC llegaría a gestionar si llegaba a construirse el ciclotrón, el proyecto por el que fue creado el propio IAT. Este equipo, un acelerador de partículas, requería una millonaria inversión que en enero de 2002 aportó el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Fue en forma de crédito de 5,79 millones de euros a devolver en 15 años sin intereses y con una carencia de tres años.
El ministerio solo impuso una condición relevante: el ciclotrón y los otros equipos médicos comprados con el crédito “debían utilizarse únicamente con fines docentes y de investigación, y no comerciales”. Las obras y la instalación de los equipos se prolongaron durante más de cuatro años, pero una vez todo en marcha CRC no tardó en saltarse la condición impuesta por el ministerio y a ofrecer a empresas del sector farmacéutico y sanitario el uso del ciclotrón. 
Según destaca el administrador, “la intención de la fundación no era la de dedicar única y exclusivamente el ciclotrón para fines de investigación o docentes sino, muy al contrario, para su explotación comercial”.  (...)
No fue la única irregularidad cometida por CRC con relación al crédito. Según Faura-Casas, IAT “no pudo justificar la inversión por la totalidad de la cantidad prevista”, lo que provocó que el ministerio le revocara parte del crédito por 1,84 millones de euros. Tras varios escritos y negociaciones cruzados entre 2006 y 2008, IAT dejaría de devolver al Ministerio de Ciencia 2,52 millones de euros, importe aún pendiente.
Pero la más controvertida de las decisiones adoptadas por CRC como gestor de IAT aún tenía que llegar. Fue en enero de 2008 cuando la fundación vendió a una empresa filial de CRC —CRC Centro de Imagen Molecular (CRC-CIM)— el uso del ciclotrón y las ramas de actividad susceptibles de ser comercializadas. Era una operación que permitía sortear las limitaciones impuestas por el ministerio, pero para el administrador concursal suponía un fraude. CRC-CIM fue para él una sociedad “constituida con la finalidad de instrumentalizar la compra de activos a IAT, todo ello en beneficio de CRC y en muy grave perjuicio para la fundación”. 
La venta supuso vaciar de facto la fundación de su principal activo y cuestiona el papel de los patronos que lo permitieron, cuya función según la ley es velar por los principios fundacionales de la entidad.
El administrador concursal recurrió ante la venta del ciclotrón a CRC-CIM ante el Juzgado de lo Mercantil 6, que en una sentencia del pasado 12 de noviembre ha resuelto declararla nula. Están por ver ahora los efectos de este fallo en el proceso, con el grupo CRC en concurso de acreedores y el IAT apenas funcionando desde hace más de un año.
Tras la venta de su principal activo, la fundación IAT quedó reducida a la mínima expresión, con solo cuatro de los cerca de 40 trabajadores que llegó a tener. Según la pericial de Faura-Casas y el administrador concursal, sin embargo, CRC utilizó en esta última etapa, de 2008 a 2010, a la fundación como una especie de tapadera para comprar a coste cero todo tipo de materiales y servicios. 
El esquema utilizado era tan simple como lesivo para IAT y los proveedores: la fundación hacía los pedidos (que luego no pagaba), pero los materiales y servicios obtenidos iban en realidad a empresas del grupo CRC. Esta práctica causó a la fundación, según Faura-Casas, un agujero de 3,27 millones de euros. Estas prácticas fueron las que llevaron a IAT a la ruina.
No fue hasta finales de diciembre de 2010 cuando los tres hospitales públicos implicados “reaccionaron”, según el administrador concursal, “retomando el control efectivo de la fundación el 21 de febrero de 2011”. Lo tardío de la medida no logró evitar la solicitud del concurso de acreedores presentada por IAT en octubre del mismo año."             (El País, 17/12/2012)

9.11.12

Competencia de Cataluña investiga sobornos a médicos en Tarragona

"La Autoridad Catalana de la Competencia (Acco) está investigando a cuatro hospitales de la provincia de Tarragona por presuntamente haber desviado a sus pacientes a establecimientos de ortopedia concretos, vulnerando la libre elección de estos centros. 

Los cuatro complejos bajo sospecha forman parte del Instituto Catalán de la Salud (ICS) y del Servicio Catalán de la Salud (CatSalut). Se trata del Hospital Joan XXIII, el Hospital Sant Pau y Santa Tecla, ambos ubicados en la ciudad de Tarragona, además del Pius Hospital de Valls y el Hospital Sant Joan de Reus. 

La denuncia, presentada por el gerente de una ortopedia, sostiene que tres empresas pagan comisiones a médicos para que estos dirijan a sus ortopedias a pacientes que necesitan prótesis o determinados productos de este ámbito. Según el demandante, las comisiones por las prescripciones rondan el 30% y las irregularidades llevan perpetrándose desde hace al menos 30 años en estos centros hospitalarios.

Josep Mercadé, gerente de la región sanitaria del Camp Tarragona del Servicio Catalán de la Salud, señala: “Es un tema que se arrastra desde hace más de 10 años, estamos haciendo todo lo posible para que no se produzca ningún tipo de dirigismo”, afirma Mercadé y añade que están recabando toda la información pedida por la Acco, aportando datos e investigando:
 “Acordamos con los hospitales y los proveedores los pasos que deben seguir para evitar estos casos, también ofrecemos a los pacientes una lista con todas las ortopedias disponibles”. 

Sin embargo, Maria Antonia Torra, secretaria de la Agrupación de Empresarios Catalanes de Ortopedia, afirma lo contrario: “Hay dirigismo, sucede desde hace muchos años, cada vez que lo hemos denunciado nos han dado la espalda”.

 De momento, la Acco ya ha incoado un expediente sancionador a los hospitales y las empresas implicadas. Se trata de las ortopedias Rambla, Creus y Ceorma. El expediente fue ordenado el pasado 26 de marzo y ahora el organismo está tramitándolo e investigándolo.

 El ortopeda y podólogo que interpuso la denuncia, Manuel Molina, dice que detectó las irregularidades por primera vez en el Hospital Joan XXIII cuando pasaba visita junto a dos ortopedas con un grupo de médicos de rehabilitación durante el año 1982. “A uno le reservaban todos los aparatos y prótesis, incluso cuando estaba de vacaciones. Intenté hablar con el jefe de servicio, después con un inspector médico, y fue en vano”, relata Molina.

 “No abonaba el 30% del precio de la venta de todos los artículos, por eso acabaron por apartarme: un día me llamó un médico y me dijo que tenía que entregar esta cantidad en negro a finales de cada mes asegurando que el servicio no ganaba ni un duro y que tenía que colaborar. Me negué.

 Después, los médicos empezaron a decir a los pacientes que Ortopedia Molina ya no trabajaba para la sanidad pública”, explica el demandante. Le acusaron de “mal profesional”, pero él responde que todos los artículos a cargo del CatSalut están codificados en un listado, y solo el 20% son a medida. El resto son estándares que se pueden adquirir en cualquier ortopedia.

 Además, las prótesis complejas necesitan la validación de un médico para poder ser facturadas por el CatSalut. El ortopeda dice que cuando realizaba estos productos a un paciente, después, al acudir este a la consulta del facultativo, la desdeñaban. 

Aparte de los pactos tácitos entre médicos y ortopedas, el método para abonar las comisiones, según Molina, pasa por entregar la receta al paciente junto a la dirección de la ortopedia concreta y un formulario con los datos personales del médico emisor.

Molina interpuso la denuncia ante la Acco en diciembre de 2009. El Tribunal Catalán de la Competencia determinó que la investigación debía continuar por “existir indicios racionales” de irregularidades. 

Y lo hizo basándose en los datos enviados por el propio CatSalut, relativos a la prescripción de artículos ortopédicos entre 2006 y 2010 recetados por médicos de los cuatro hospitales mencionados en la denuncia, así como los centros dispensadores. De esta documentación, la Acco dice que “se desprende una elevada concentración en las ortopedias enumeradas en la denuncia” de la mayoría de los encargos prescritos. 

En el caso del Hospital Joan XXIII la concentración alcanza el 70%, mientras que en el Hospital de Sant Pau y Santa Tecla las tres ortopedias agrupan el 45,28% de los encargos. En el Hospital Pius de Valls el porcentaje de concentración es del 41,99% y en el Hospital Sant Joan de Reus acumulan el 10,50% de todas las prescripciones. 

Para la Acco, que los pacientes acudan en masa a las tres ortopedias denunciadas no puede deberse solo a la localización céntrica de la ortopedia, el tipo de productos que suministra el centro dispensador y a sus méritos empresariales. En los aledaños de los cuatro hospitales denunciados existen 70 centros acreditados para dispensar artículos ortopédicos a cargo del CatSalut."          (El País, 01/11/2012)

5.11.12

Tres farmacéuticos, detenidos por traficar con medicamentos dopantes. Los boticarios cargaban las medicinas a las tarjetas sanitarias de pensionistas

"Tres farmacéuticos de la provincia de Málaga han sido detenidos por derivar fraudulentamente medicamentos de elevado coste al mercado negro de deportistas. Los boticarios supuestamente cargaban las medicinas, generalmente anticancerígenos y anabolizantes, a las tarjetas sanitarias de jubilados que no las necesitaban para su posterior comercialización. El fraude al Servicio Andaluz de Salud y a la mutualidad de funcionarios Muface supera los 500.000 euros, según ha informado la Guardia Civil en un comunicado.

Las oficinas de farmacia investigadas se encuentran en el núcleo marbellí de San Pedro de Alcántara y en el municipio de Almargen, y, según fuentes próximas al caso, sus titulares "tienen lazos familiares" entre ellos. En la operación, bautizada como Apoteque, han sido imputados como cooperadores necesarios 23 médicos. Según el instituto armado, estos facultativos no cumplieron los protocolos básicos de observación del paciente y revisión de su historial clínico que hubieran hecho imposible el fraude.

La operación se inició a finales de 2011, cuando la Inspección de Farmacia de la Junta y el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga de la Guardia Civil detectaron que en una oficina de farmacia se vendía un volumen del fármaco Rubifén –utilizado para tratar la hiperactividad infantil- muy superior a la media. Al analizar el resto de ventas, se comprobó que la botica despachaba cantidades muy elevadas de determinados fármacos anticancerígenos, susceptibles de ser utilizados en el mercado negro para aumentar el rendimiento deportivo.

La investigación determinó que el cabecilla de la trama, empleado de la farmacia, utilizaba las tarjetas sanitarias de jubilados para cargar las medicinas, que posteriormente él mismo retiraba para su venta en el circuito ilegal. Este oficial de farmacia llegó a prescribir a hombres fármacos para el cáncer de mama y a mujeres medicinas para el cáncer de próstata, según la Guardia Civil. Los investigadores verificaron que los jubilados ni habían recibido esos medicamentos ni habían sido diagnosticados con las enfermedades para los que estaban indicados.

Cuando varios médicos se percataron de que a sus pacientes se les estaba prescribiendo ilegalmente medicinas que no necesitaban, el principal encausado cambió de forma de actuar. Empezó a falsificar informes médicos y recetas de médicos privados para conseguir ciertas sustancias anabolizantes. En el registro de su vivienda se encontraron diversos fármacos por valor de 60.000 euros, así como once sellos falsificados a nombre de médicos, varios talonarios de recetas de Muface, más de cien recetas del SAS con su correspondiente cupón precinto, y material informático."                (El País, 30/10/2012)