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14.6.23

Un hotel, llamadas telefónicas y la justicia: las tres claves de la traición política del 'tamayazo'... 20 años de la traición política más sonada de la democracia. En 2003, mientras Rafael Simancas se preparaba para ser el presidente de la Comunidad de Madrid, a su espalda dos de sus diputados negociaban con el PP como truncarlo... solo una persona terminó condenada. No fue ningún político ni empresario, fue un trabajador de telefónica que filtró las llamadas de Tamayo

 "Esta semana se cumplen 20 años del 'tamayazo'. La traición política de dos miembros del PSOE madrileño que impidió al socialista Rafael Simancas convertirse en presidente de la Comunidad de Madrid con 36 años. Los socialistas e Izquierda Unida sumaban un diputado más que el PP y Esperanza Aguirre iba a ser la gran derrotada. Pero Tamayo y Sáez se dieron a la fuga de la Asamblea de Madrid y en Madrid no hubo Gobierno progresista.

20 años después, tres claves sobre lo qué pasó realmente en esas horas. Primera: ¿quién estaba detrás del 'tamayazo'? La pista fundamental es el hotel en el que se escondieron Tamayo y Sáez tras su espantada. Un periodista de la Cadena Ser encuentra a Tamayo y Sáez en un hotel a solo ocho kilómetros de la Asamblea. La habitación fue reservada por un constructor, Francisco Bravo. Otra pista sobre quién movió los hilos: las llamadas telefónicas. Esos días, Eduardo Tamayo llamó 16 veces a su asesor jurídico, José Esteban Verdes. Y Verdes, tras recibir la llamada, telefoneó en varias ocasiones a Ricardo Romero de Tejada, secretario general del PP en Madrid. El triángulo del tamayazo.

La segunda clave del 'tamayazo', es quizás la más sorprendente: solo una persona terminó condenada. No fue ningún político ni empresario, fue un trabajador de telefónica que filtró las llamadas de Tamayo.

 Última clave: ¿por qué la justicia no investigó este caso? El entonces fiscal anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, denunció que el Fiscal General del Estado, Jesús Cardenal, le obligó a dejar sus averiguaciones. A Cardenal le había colocado el PP. Con el cambio de Gobierno y la llegada de Zapatero muchos pensaron que todo cambiaría, que la Justicia se atrevería a indagar entre los beneficiados del tamayazo. Pero no fue así."            (La Sexta, 12/06/23)

20.9.21

La conducta de Esperanza Aguirre ante la corrupción: repasamos todos los casos en los que se vio implicada

 "El portavoz nacional del PP y alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha alabado este miércoles la conducta «ejemplar y admirable» de la expresidenta madrileña Esperanza Aguirre ante la corrupción. Vamos a hacer un pequeño repaso por las polémicas de la vida política de Aguirre ante tales alabanzas.

Primero, pongámonos en situación. Esperanza Aguirre, condesa consorte de Bornos y ostentó el de condesa consorte de Murillo (hasta la renuncia de su marido en 2013), es Grande de España, la máxima dignidad de la nobleza española en la jerarquía nobiliaria, pues está situada inmediatamente después de la de príncipe de Asturias y de la de infante de España. Esto podría tener cierta importancia hace 100 o 200 años, pero Aguirre es en 2021 una ciudadana más que puede ser juzgada por sus actos polémicos, que no son pocos.

Tras obtener la licenciatura de Derecho por la Universidad Complutense de Madrid en 1974, en 1976 accedió al Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo por oposición. Ocupó la jefatura de servicio de Publicidad de Turismo de la Secretaría de Estado de Turismo, donde permaneció hasta 1979. Posteriormente se hizo cargo de diversos cargos administrativos de designación directa en el Ministerio de Cultura, con varios ministros, durante los gobiernos de Unión de Centro Democrático; así, fue nombrada sucesivamente jefe del Gabinete Técnico del director general del Libro y la Cinematografía del Ministerio de Cultura (1979), subdirectora General de Estudios en la Secretaría General Técnica del Ministerio de Cultura (1980), subdirectora general jefe del Gabinete Técnico del subsecretario de Cultura (1981) y subdirectora general de Fundaciones y Asociaciones Culturales (1982).

 Perteneciente desde muy joven al Club Liberal de Madrid, su presidente, Pedro Schwartz, impulsor de la Unión Liberal, propició en 1983 la entrada en política de Aguirre de la mano de este partido con la agrupación política Coalición Popular, en la que se integraba la el partido de Schwartz. Fue elegida concejal del Ayuntamiento de Madrid en las elecciones municipales de 1983 en Madrid. En la oposición, fue miembro de la Comisión Permanente del Ayuntamiento y de portavoz de Coalición Popular en el Área de Cultura, Educación, Juventud y Deportes y en el Distrito de Moncloa-Aravaca.

 En diciembre de 1984, al fusionarse Unión Liberal con el Partido Liberal (PL), Aguirre ocupó diferentes cargos en la ejecutiva nacional y secretaría del Consejo Político del Partido Liberal de José Antonio Segurado. En 1987 abandonó el Partido Liberal e ingresó en Alianza Popular (AP).​ Renovó su acta de concejala en el Ayuntamiento de Madrid.

 La primera polémica de Aguirre llega por su forma de acceder al poder: mediante una moción de censura del ya denominado Partido Popular y del Centro Democrático y Social contra el alcalde del Partido Socialista Obrero Español, Juan Barranco, ambos partidos pasan a gobernar el Ayuntamiento de Madrid, en 1989. Esperanza Aguirre fue nombrada concejala de Medio Ambiente.

 La lista del PP obtuvo una mayoría absoluta de concejales en las elecciones municipales de 1991 en Madrid con mayoría absoluta y Esperanza Aguirre, repitiendo como concejala, fue nombrada tercera teniente de Alcalde y concejala de Medio Ambiente. Dos años después fue designada además concejala de Cultura. Asimismo, pasó a dirigir las concejalías de Limpieza y de Educación y Deportes.

 Tras la segunda victoria por mayoría absoluta del PP en las elecciones municipales de 1995 en Madrid (a las que Aguirre concurrió como número 2 de la lista del PP), tuvo lugar el nombramiento de Aguirre como primera teniente de alcalde y como portavoz del Grupo Municipal del Partido Popular. En ese año fue nombrada consejera de Caja Madrid, en representación del Partido Popular.

En las elecciones generales de 1996 fue candidata del Partido Popular al Senado por Madrid. Aguirre, que había sido designada como miembro del Comité Ejecutivo Nacional del partido, resultó elegida senadora. El nuevo presidente del Gobierno, José María Aznar, le confió la cartera Educación y Cultura. Desempeñó el cargo de ministra hasta 1999, cuando fue sucedida por Mariano Rajoy.

 En febrero de 1999, fue propuesta por el Grupo Parlamentario Popular en el Senado para el cargo de presidenta del Senado. En marzo de 2000 repitió como presidenta en un segundo mandato. Renunció a su escaño para concurrir como cabeza de lista del PP en las elecciones a la Asamblea de Madrid de mayo de 2003. Tenía otros planes.

2003, el tamayazo

Aguirre había ampliado sus miras y quería más poder, sin embargo, tuvo que usar métodos oscuros para lograrlo. Tas elecciones autonómicas de Madridel 25 de mayo de 2003, el Partido Popular fue el partido más votado pero quedó a un escaño de la mayoría absoluta. El PP se quedó con el 46,67 % de los votos en la Comunidad de Madrid (55 diputados) y a un escaño de los sumados por el Partido Socialista Obrero Español-Federación Socialista Madrileña (39,99 %, 47 escaños) e Izquierda Unida (7,68 %, nueve escaños).

Sin embargo, la elección de un gobierno bipartito de izquierdas no se consumó debido al abandono de su militancia en el partido socialista, por parte de Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, que pasaron al grupo mixto sin apoyar a ningún candidato. Este cambio en su posición generó una gran polémica y se conoció popularmente como el caso “Tamayazo”.

Mariano Fernández Bermejo, quien fue ministro de Justicia del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, declaró durante la campaña electoral de 2007 que la investigación judicial respecto al caso fue bloqueada por el Fiscal General del Estado Jesús Cardenal, nombrado por el gobierno de José María Aznar, sin que se retomase tras la ascensión del PSOE al poder.

Se acabó descubriendo que los tránsfugas habían llamado desde su escaño a un conocido abogado del Partido Popular para concertar sus movimientos, que las habitaciones de hotel en las que se refugiaron, protegidos por guardaespaldas colaboradores habituales de Intereconomia, fueron pagadas por dos conocidos militantes y constructores del PP, Francisco Bravo y Francisco Vázquez, y que se habían reunido con el responsable de las finanzas del Partido Popular en la comunidad, Ricardo Romero de Tejada. os dos constructores implicados obtuvieron poco después una recalificación de sus terrenos del municipio de Villaviciosa de Odón que permitió aumentar su edificabilidad y la comisión de investigación fue suspendida con los votos del Partido Popular. Aguirre, gracias a la situación, convocó nuevas elecciones y se convirtió en presidenta de la comunidad autónoma de Madrid.

Enriquecimiento familiar

La familia política de Esperanza Aguirre se enriqueció por la recalificación y venta de sus terrenos para urbanizar la Ciudad Valdeluz, y que el entonces ministro de Fomento del gobierno del Partido Popular creara allí un apeadero del AVE, Guadalajara-Yebes, en vez de situarlo en Guadalajara a 13 km de distancia.

Aguirre señaló que ni ella ni su familia tenían terrenos en Yebes, y que el competente para la recalificación de los terrenos era José Bono, entonces presidente de la Comunidad autónoma de Castilla-La Mancha y que el dueño de Reyal, principal promotora de Ciudad Valdeluz, es el promotor y hotelero Rafael Santamaría, amigo de José Bono.

En Tres Cantos, la familia de Aguirre compró terrenos por 3,1 millones de euros en 2001 y en 2004 los venden por 11,2 millones de euros, ganando ocho millones de euros.

En Villanueva de la Cañada los tíos maternos de Esperanza Aguirre ganaron dos millones de euros en seis años por una recalificación de terrenos en Villanueva de la Cañada ordenada por Enrique Porto director general de urbanismo, nombrado por Aguirre. Compraron 24 326 m² de terrenos no urbanizables en el año 2000 por 419 995 euros, al 50 % con otra empresa, y los venden en 2006 por 4,6 millones de euros.

Enrique Porto dimitió en 2006 por haberse lucrado él mismo tras esta misma recalificación, vendiendo por 4,3 millones de euros terrenos por los que había pagado 87 000 euros en 1999.

Esperanza Aguirre no asumió ninguna responsabilidad política por el enriquecimiento de sus familiares.

Espionaje

En 2010, el gobierno de Aguirre se ha visto envuelto en investigaciones y acusaciones en torno a casos de espionaje presuntamente realizado por empleados de seguridad de la Comunidad de Madrid sobre miembros del mismo gobierno, el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo y el exvicepresidente y exconsejero regional Alfredo Prada.​

La Audiencia Provincial abrió diligencias por malversación de caudales públicos, ya que en sí mismo, «seguir a una persona no constituye infracción penal alguna». El 15 de julio de 2010, el juzgado de instrucción n.º 5 de Madrid sobreseyó el caso, al considerar que no podía comprobarse si habían usado o no medios públicos para los seguimientos. 7

El caso fue reabierto en marzo de 2011 por la Audiencia Provincial de Madrid, al considerar que existían «indicios suficientes de la comisión de delito».

Aguirre y la Gürtel

Aguirre, como todo el Partido Popular, se ha visto implicado también en el Caso Gürtel, escándalo que afecta a municipios de Valencia y de la Comunidad de Madrid, como Majadahonda, Arganda del Rey, Pozuelo de Alarcón y Boadilla del Monte, donde gobernaban alcaldes del Partido Popular.

Según la investigación judicial, esos alcaldes presuntamente adjudicaron contratos de decenas de millones de euros a la red de Francisco Correa y a sus empresas afines a cambio de comisiones ilegales.

El principal imputado en la trama, Alberto López Viejo, colaboraba con Esperanza Aguirre ya en el Ayuntamiento de Madrid, desde donde la presidenta se lo llevó al gobierno de la Comunidad, nombrándolo viceconsejero de presidencia y consejero de deportes.

Esperanza Aguirre, entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, destituyó al consejero de Deportes, Alberto López Viejo, y aceptó la dimisión de Guillermo Ortega, exalcalde de Majadahonda, por estar ambos presuntamente relacionados con empresas investigadas.

Aguirre y la Púnica

Entre 120 000 y 140 000 euros de dinero público fueron ilegalmente dedicados a trabajos de reputación en línea de altos cargos de la Comunidad de Madrid, especialmente Esperanza Aguirre e Ignacio González, y también para mejorar la imagen pública de Borja Sarasola, Salvador Victoria y José Manuel Berzal; según un informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil presentado al juzgado que investiga el Caso Púnica.

Isabel Gallego, directora general de Medios de Aguirre, era la interlocutora con la Púnica en nombre de la presidenta. Para Ignacio González, las funciones de contacto las realizaba Isabel Díaz Ayuso, entonces vicesecretaria de Comunicación del PP y en la actualidad es presidenta de la Comunidad de Madrid.

Los trabajos incluían medidas proactivas de “posicionamiento online de las noticias relativas a su persona, creación de espacios web, contrarrestar noticias negativas o creación de perfiles falsos para influir en campañas en redes sociales. El informe recoge emails en los que hablan de trabajos concretos como: “contra el boicot que se difundía en la red para la inauguración del curso en la UAM en las que se anunciaba la presencia de Esperanza Aguirre”; o como usaron perfiles falsos en Twitter, para contrarrestar un Trending Topic “porque le han lanzado un ‘tupper’ durante la inauguración del curso escolar”; o la difusión masiva de noticias en las que Mario Vargas Llosa alababa a la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid.

En el marco de la instrucción del caso Púnica, uno de los principales investigados, Francisco Granados, declaró ante el juez el 12 de febrero de 2018 descargando la responsabilidad en terceras personas entre las que, según su versión, se hallaba la expresidenta madrileña.

Financiación ilegal

Esperanza Aguirre financió de forma irregular su campaña electoral del 2003 y 2004 con donaciones de empresarios que contrataban con el gobierno del PP y a los que su gobierno posteriormente adjudicaría más de 200 contratos, la mayoría de forma directa.

Lo hicieron mediante donaciones a una fundación fantasma, Fundescam, de la que ella era presidenta, y que se encontraba en una situación irregular, ya que nunca había presentado sus cuentas.

En 2012, la Agencia Estatal de Administración Tributaria presentó un informe ante el juez de la Audiencia Nacional en el que según sus investigaciones se aportaban pruebas de una posible financiación ilegal, y de la existencia de facturas falsas extendidas por empresas de la trama Gurtel a la fundación Fundescam por servicios prestados al partido en las campañas.

La Fiscalía Anticorrupción no continuó la investigación al estar ya prescrito el presunto delito."         (Javier F. Ferrero, Contrainformación, 15/09/21)

19.1.21

El autor del 'tamayazo' reaparece como imputado junto al líder de Manos Limpias en una red de extorsión a empresarios gallegos

 "Eduardo Tamayo, protagonista del golpe parlamentario que frustró la presidencia de Rafael Simancas (PSOE) en la Comunidad de Madrid y abrió la era Esperanza Aguirre, ha vuelto a reaparecer envuelto en una trama de extorsión a empresarios en Galicia en la que aparece en la nómina de imputados junto al que fuera secretario general de Manos Limpias, Miguel Bernard. La Guardia Civil ha bautizado a la operación, 'Domine Cabra', en referencia a uno de los personajes de El Buscón de Quevedo, una de las primeras novelas del género picaresco, cuya escritura se data entre los años 1603 y 1608.

Los investigadores han puesto a Tamayo y Bernard a disposición del juzgado número 8 de Vigo, encargado de la investigación, bajo la acusación de haber participado en el intento de extorsión a un empresario de Vigo, dedicado al sector pesquero. Las investigaciones arrancaron el pasado mes de noviembre tras denunciar el empresario que estaba recibiendo amenazas por negarse a pagar una deuda a Tamayo que él declaraba como inexistente. Según el denunciante, las amenazas surgieron cuando varios juzgados archivaron las demandas presentadas desde Madrid intentando reclamar esa deuda que, según asegura Tamayo a eldiario.es, se generó por gestiones empresariales con el Gobierno de Guinea Ecuatorial realizadas por el exdiputado socialista. A partir de entonces empezaron a llegar las amenazas a través de terceras personas advirtiéndole de los serios riesgos que correría su reputación profesional si no cumplía con el pago de 400.000 euros.

Las pesquisas realizadas por la Guardia Civil, las primeras informaciones las adelantó La Voz de Galicia, concluyeron con la identificación de los mediadores para exigir el pago: dos personas afincadas en Madrid, uno relacionado con el ámbito sindical y el otro, con el mundo de la comunicación. Ambos han sido notificados penalmente como imputados por un presunto delito de extorsión.

En total se investiga a seis personas, entre las que se encuentran Eduardo Tamayo y Miguel Bernard. Tamayo pasó a la historia por su espantada durante la frustrada investidura de Rafael Simancas (PSOE) a la presidencia de la Comunidad de Madrid tras las elecciones de 2003. La abstención de este diputado socialista y la de su compañera María Teresa Sáez abrió la era de Esperanza Aguirre al frente del Gobierno en la Comunidad de Madrid.

En cuanto a Miguel Bernard, su imputación por esta supuesta extorsión se suma a los problemas que acarrea con la Justicia por prácticas similares. En 2016 fue detenido por la Policía, acusado de extorsiones impulsadas desde Manos Limpias consistentes en exigir dinero a cambio de retirar querellas previamente interpuestas desde el pseudo sindicato. Ingresó en prisión preventiva ese mismo año por orden del juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz. A principios de año arrancó el juicio en el que la fiscalía pedía la pena de 24 años de cárcel para Miguel Bernard. Ahora, su nombre reaparece junto al de Eduardo Tamayo en una causa que impulsa un juzgado de Vigo."              (Gonzalo Cortizo, El País, 13/10/20)

4.3.19

Simancas: “Yo puedo mirar a mis hijos a los ojos; no sé si los protagonistas del ‘Tamayazo’ podrán”

"El hijo de Rafael Simancas no entiende nada. Juega al fútbol. Se ha educado en los valores del deporte. Y le lanza a su padre una pregunta afilada por su inocencia de niño: "Si son de tu equipo, ¿por qué meten los goles en tu portería?". Es 2003, y el líder del PSOE acaba de perder la presidencia de la Comunidad porque dos de sus compañeros de partido, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, le han traicionado.

 Quince años después, Simancas recuerda cómo le clavaron ese puñal en la espalda en el libro Alegato contra la resignación: 2003-2018. Quince años de la política madrileña que explican el tamayazo, que presenta este lunes. Dice que no ha dejado que el rencor envenene su vida. Y sus ojos relampaguean mientras intenta describir lo que sintió aquellos días. "Mucha vergüenza", cuenta. "Dolor y vergüenza", añade. Y calla.

Así empieza todo. Tres jóvenes universitarios levantan la mano en una clase de teoría política centrada en el sistema español. Reconocen que no saben qué es el Tamayazo. Que desconocen que una pareja de diputados hizo añicos la lealtad debida a sus votantes para impedir la investidura de un presidente de su propio partido.

 Y conceden que en su memoria no ocupa lugar alguno aquella noticia, una bomba que copó portadas y telediarios mientras se desmadejaban los detalles de una trama propia de un thriller. Su profesor les mira preocupado. Se llama Rafael Simancas y decide coordinar un libro para explicar cuántas cosas cambiaron en Madrid como resultado de que el PP acabara gobernando en lugar del PSOE.

 "No somos masoquistas. Aquello no es un episodio agradable de recordar. Lo rememoramos para que no se vuelva a repetir”, dice.

Este es el inicio del golpe que cambia la historia de la Comunidad de Madrid. 10 de junio de 2003. Asamblea regional. Manuel Cobo, consejero de la presidencia en funciones, se acerca a Simancas, que está sentado en la tribuna. Es el hombre del momento. Un joven socialista de 36 años que puede recuperar la Comunidad para el PSOE tras dos legislaturas de gobiernos populares. El hombre que ha prometido cambiar a la dirección de Caja Madrid, poner coto a las constructoras y apostar por la vivienda pública. Uno que lleva días negociando al filo de la navaja un pacto de gobierno con Fausto Fernández, el líder de Izquierda Unida. Los dos políticos saben que no les sobra ni un voto para alcanzar el poder. Que están ante una oportunidad única para cambiar Madrid. Y confían en que la buena disposición de las dos partes quede reflejada en esta jornada, cuando se vota la constitución de la mesa de la Cámara y que un socialista presida la Asamblea. En consonancia con todo lo que hay en juego, Cobo mira a Simancas con gesto grave, y habla con la desazón propia de quien da un pésame:

—Este y yo no tenemos nada que ver en esto, dice, en referencia a sí mismo y a Alberto Ruiz-Gallardón, el presidente saliente.
—¿No tenéis nada que ver en qué?, contesta Simancas.

Faltan dos diputados del PSOE. Los números ya no cuadran. Cuando observa los dos escaños vacíos, el aspirante a presidente piensa que las ausencias se deben a un mero retraso. "Estarán en el baño", se dice. "O en la cafetería".

Sin embargo, hace ya mucho tiempo que Tamayo y Sáez ni están en la Asamblea. Escoltados por un guardaespaldas, se han recluido en la suite de lujo de un hotel madrileño. Allí reciben a los periodistas. Explican que se oponen a una alianza "con los comunistas" de IU. El golpe se ha consumado. Todo lo que ocurre después —carreras por los pasillos, lamentos, discusiones, una comisión de investigación para desentrañar los intereses que se ocultan tras las ausencias, la votación de investidura— es accesorio. Lo fundamental ya ha ocurrido.

El PSOE e Izquierda Unida ya no suman los votos suficientes para formar gobierno. Tras meses de idas y venidas, de investigaciones y acusaciones, hay que convocar elecciones de nuevo. Esperanza Aguirre vuelve a ganar, esta vez con mayoría absoluta. Una victoria que cimenta 23 años ininterrumpidos de gobiernos del PP en la Comunidad de Madrid. Dos decenios de bonanza económica, polémicas por la gestión de lo público y corrupción. Mucha corrupción. Son los años de la Púnica, la Gürtel y la Lezo.

 

Esperanza Aguirre


¿Cómo ha vivido Aguirre todos estos años de acusaciones e insinuaciones de que el PP estuvo detrás de las ausencias de Tamayo y Sáez?

"Los he vivido diciendo que las acusaciones en un estado de derecho las tiene que demostrar el que acusa. Que la carga de la prueba es de quien acusa. Y estos señores no han podido demostrar jamás nada", contesta la expresidenta de la Comunidad. "He vivido con gran satisfacción haber construido 12 hospitales nuevos, implantar el bilingüismo y hacer 100 kilómetros de metro. Fue un gobierno, por lo menos por mi parte, en lo que lo único seguro es que yo no me enriquecí", añade. "En este libro de propaganda electoral, vienen a decir que fue un golpe de estado.

 ¿Qué golpe de estado? No ganaron las elecciones. No se presentaron con los comunistas [por IU]. Durante la campaña no dijo que iban a unirse con los comunistas. Y las coaliciones de perdedores no son más legítimas que el gobierno del ganador", argumenta. "En la Federación socialista madrileña se mascaba el odio y algo se sabía [antes de las ausencias], desde luego que sí. 

O sea, guerras internas. La prueba es que han pasado 15 años y ni a Tamayo in a Sáez les han descubierto [un incremento de] patrimonio", prosigue. Y remata: "Lo normal hubiera sido que SImancas hubiera cogido a estos dos y les hubiera dicho: ¿qué es lo que pasa?¿qué es lo que queréis? Porque lo que querían era darle un susto a Simancas"

"Jamás he vuelto a hablar con esos dos personajes corruptos", responde Simancas sobre la posibilidad de haber negociado el voto de los dos diputados del PSOE, que acabaron expulsados de la política por los electores, que les dejaron sin escaño en la repetición electoral.

 "Un gobierno decente, que quería frenar la especulación urbanística, que quería frenar el saqueo de lo público, tenía enemigos", opina. "[Del cambio de gobierno] se beneficiaron fundamentalmente los promotores, los tenedores de suelo en las grandes operaciones urbanísticas, que proporcionaron grandísimos beneficios a unos pocos, pero que generaron gravísimos problemas al conjunto de la sociedad madrileña", sigue. "Unos pocos querían obtener un beneficio brutal a costa del bienestar de la mayoría. 

Yo había prometido acabar con eso", recuerda. Y remata: "Algunos me dicen ahora sobre mis propuestas: qué ingenuo, no tenías que haberlo dicho y sí haberlo hecho".

La noche de aquel 10 de junio, Simancas conduce hasta su casa desde la Asamblea. Cuando cierra la puerta de su hogar, le esperan su mujer, María José, y su hijo, el niño que sueña con ser futbolista, ese que aún se pasea por la calle agarrado de la mano de su padre. No necesitan hablar de lo que ha pasado en la Cámara regional. Es la noticia del día, del mes y del año. Ha abierto todos los telediarios.

 El PSOE en pleno, con José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza, se ha volcado en la búsqueda de una solución. Y para entonces marido y mujer ya han conversado por teléfono varias veces. Ninguno de ellos da crédito a lo ocurrido. Y la llegada a "la burbuja" del hogar no cambia las emociones de Simancas.

"Si hablamos de sentimientos, reconozco que el principal sentimiento era de vergüenza", recuerda quince años después, con las emociones aún a flor de piel. "Habíamos generado muchas expectativas y me daba mucha vergüenza que se frustraran por algo en lo que nosotros teníamos responsabilidad, en parte, porque aquellos corruptos estaban en nuestras listas", sigue en su despacho del Congreso de los diputados. "Aquella noche, sobre todo sentía vergüenza. Mucha vergüenza. Dolor y vergüenza", repite. 

"Había una frustración personal evidente, y sobre todo una frustración por el equipo y las miles de personas que nos habían ayudado a ganar las elecciones", añade. Y rompe: "Desde entonces, me levanto cada mañana, me miro en el espejo, y me reconozco. No tengo nada por lo que bajar la cabeza. Puedo mirar a los ojos a mis hijos. Soy una persona decente. No sé si algunos de los que hicieron esto del Tamayazo podrán decir lo mismo".                (Juan José Mateo, El País, 14/10/18)

11.6.18

El día en que la corrupción eligió Gobierno y se instaló en Madrid: 15 años del 'tamayazo'

"Aquel día empezó todo. O casi todo. Fue el 10 de junio de 2003, hace ahora 15 años, y se produjo algo que no había ocurrido nunca antes; y que no ha vuelto a producirse: que dos diputados autonómicos impidieran que fuera investido presidente el jefe de su partido. 

Eduardo Tamayo y Teresa Sáez, elegidos en las listas del PSOE, se opusieron a hacer presidente a Rafael Simancas. Es más, el 10 de junio ha pasado a la historia precisamente porque ni siquiera ayudaron a los suyos a lograr la presidencia de la Asamblea y facilitaron que recayera en Concepción Dancausa (PP).

El PP de Alberto Ruiz Gallardón llevaba al frente de la Comunidad de Madrid desde 1995, y ocho años después perdió la mayoría absoluta: Simancas y Fausto Fernández (IU) tenían en su mano cambiar el rumbo de Madrid. Pero el tamayazo lo impidió. 

Y, de paso, abrió la puerta a lo que vino después: burbuja inmobiliaria, privatizaciones y un modelo de región fundamentado en la construcción y las infraestructuras, en el que, como ha dado por probado la sentencia de Gürtel, el engranaje perfecto entre empresas concesionarias de contratos públicos y políticos que les concedían los contratos a cambio de mordidas para personales o del partido.


"La segunda campaña del PP, la del   tamayazo, la pagó en parte Fundescam, y no el PP de Madrid". Así de tajante se mostraba el máximo imputado de la trama Gürtel, Francisco Correa, en su confesión reproducida por eldiario.es.  La Gürtel organizó todos los actos de campaña de Aguirre en 2003, y su interlocutor directo era Beltrán Gutiérrez Moliner, gerente del PP de Madrid en aquella época, tal y como publicaron en exclusiva Ignacio Escolar y Alicia Gutiérrez en noviembre de 2010.

Aquel día la corrupción asaltó la Asamblea de Madrid, torció la voluntad popular, que había decretado el fin de la mayoría absoluta del PP, e impidió un Gobierno de coalición entre el PSOE e IU. Fue un golpe de los poderes que de verdad han ejercido el gobierno en Madrid, y que enseñaron una verdad en la región, "si las elecciones no salían como tenían que salir, el poder se encargaba de restaurar el orden", en palabras del secretario general de Podemos, Pablo Iglesias.
El punto de inflexión fue   el  tamayazo, del que ahora se cumplen 15 años. PSOE e IU prometieron, entre otras cosas, frenar la externalización de servicios, los conciertos escolares e impulsar la iniciativa pública en el desarrollo de la comunidad. Pero no fue posible.

 En lugar de impulsar la iniciativa pública, se recortó hasta límites insospechados en beneficio de la iniciativa privada; el modelo sanitario público cambió tanto que hubo aspectos tumbados por la justicia; los conciertos educativos prosiguieron y hasta tal punto se premiaron a las empresas de la construcción que no sólo hincharon la burbuja inmobiliaria sino que se dedicaron a gestionar centros sanitarios y escuelas infantiles subcontratados por el Gobierno. Sólo se quedó una cosa sin hacer:   el Eurovegas de Sheldon Adelson.

El PP de Madrid era un modelo, una forma de ser, de relacionarse, de convivir: en el palco del estadio Santiago Bernabéu junto a Florentino Pérez; en los reservados de ciertos restaurantes; en despachos de algunos medios de comunicación; en sedes de empresas ahora investigadas por la financiación irregular del partido, como la del   compiyoguiJavier López Madrid y su suegro, Juan Miguel Villar Mir –OHL–; en Caja Madrid –la caja, esa caja pública para hacer, deshacer y pagar y cobrar favores con sectores de los sindicatos, el PSOE e IUCM–; en Telemadrid; en Fundescam; en las universidades; en los   cátering  organizados por Arturo Fernández; en las celebraciones cinematográficas apadrinadas por Enrique Cerezo, tan próximo a Ignacio González como ha demostrado el caso de su ático en Estepona.

Los últimos tres lustros del Partido Popular en la Comunidad de Madrid han servido para que florezca a su alrededor un ecosistema de personajes y prácticas que se hace visible cada vez que la formación política vive una crisis.  Cristina Cifuentes acaba de abandonar la Presidencia de la Comunidad de Madrid asegurando que ha sido “espiada” y que se han elaborado “dosieres” contra ella. 

 Hace ahora 15 años, Esperanza Aguirre llegó al poder consecuencia de la oscura trama del   tamayazo. Entretanto, Ignacio González empezó a cavar su tumba política con un vídeo grabado en Colombia y Manuel Cobo denunció que sus propios compañeros de partido habían montado “una gestapillo” para espiarle.

El actual concejal de Economía y Hacienda de Ahora Madrid y en 2003 el diputado más joven de la Asamblea, Jorge García Castaño, recodaba en una Tuerka de 2013 aquel día: "Estaba en la mesa de edad y no sabía qué estaba pasando. Pregunté a Westendorp [el mayor, del PSOE], que tampoco sabía, mirábamos a Simancas y Fausto Fernández, pero nadie sabía nada. Pensé que se habían quedado en un ascensor... Pero enseguida vimos que los habían comprado, para derribar un gobierno o para condicionar mucho un gobierno progresista".

El diputado autonómico socialista Modesto Nolla participó en la comisión de investigación del caso en la Asamblea: "Recuerdo que fue Fausto quien se dio cuenta de que había un hueco, el de Tamayo, donde debía estar sentado. A medida que pasaba el tiempo, empecé a pensar en lo peor. Se nos había convocado a los diputados una hora antes, a las 9.00, para evitar retrasos, nos reunimos en el edificio de los grupos y ahí estaban los dos. Y cuando bajamos al salón de plenos, estaba ya en mi escaño y recuerdo ver a Tamayo andando por detrás de los escaños, paseando y hablan do con un móvil".

Marga Ferré, directora de la Fundación por la Europa de los Ciudadanos (IU), era una de las diputadas más jóvenes aquella legislatura y fue secretaria de la Mesa de la Comisión de investigación del tamayazo: "Recuerdo cómo nos equivocamos.

 En el preciso momento en que Tamayo y Sáez no aparecieron, teníamos que habernos levantado e irnos, roto la supuesta “normalidad” institucional y parar la votación de la mesa. Teníamos que haber entendido que era un golpe de estado de guante blanco, pero nos pudo la institución. Seguimos votando regalándole al PP la presidencia de la Asamblea. En ese momento perdimos". 

¿Para qué sirvió la comisión? "La comisión no fue más que una excusa", reflexiona Ferré: "Los partidos podían vetar ponentes, así que fue un lavado de cara, como si sirviera para algo. En el parlamentarismo español las comisiones de investigación no sirven para nada, porque le partido mayoritario es quien dicta las reglas y prácticamente las conclusiones".

"Ya me gustaría saber qué pasó", se lamenta Nolla, "sigo pensando lo mismo. Quedó claro la vinculación estrecha entre Tamayo y los que mandaban en el PP en aquel momento. Las conexiones a través de las conversaciones telefónicas entre ellos, la aparición de Dionisio Ramos, en relación con los hombres de seguridad de Tamayo y Sáez".

El nombre de Dionisio Ramos ha estado relacionado con distintas polémicas en las que se ha visto envuelto el PP de Madrid en los últimos años. En 2013,   InfoLibre desveló un documento  en el que quedaba reflejado que el exgerente de la Complutense estaba en el centro del tamayazo

Siempre según la citada información, Ramos habría ejercido tanto de intermediario como de suministrador logístico entre el que fuera líder de la corriente socialista Renovadores por la Base, José Luis Balbás, y el exsecretario general del PP Ricardo Romero de Tejada, muñidores de la operación para evitar la presidencia de Simancas.

 De todo ello habría estado al corriente la propia Cifuentes, aunque cuando se conoció dicha información, y al salir a la luz su amistad con Ramos, la hoy presidenta madrileña se apresuró a desvincularse de lo sucedido al considerar "rotundamente falso que participara en el lamentable suceso del   tamayazo  ni directa ni indirectamente, ni por acción ni por omisión".

El libro   'El tamayazo, crónica de una traición'  (Catarata), del periodista de la Cadena SER Felipe Serrano, reconstruye la trama que, hace diez años, fraguó una deserción política que frustró un Gobierno de izquierdas en Madrid y abrió la Puerta del Sol a Esperanza Aguirre. En el libro, el entonces candidato a la presidencia de la comunidad por el PSOE, Rafael Simancas, desvela cómo José Luis Rodríguez Zapatero se zafó del asunto al llegar a La Moncloa:
"Yo sí recibí una explicación, a modo de reflexión, de quien entonces era el secretario general del PSOE, y presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Él me planteó que políticamente tampoco era extraordinariamente interesante, ni para el PSOE, ni para la Comunidad de Madrid, ni para el país, hacer del tamayazo nuevamente un asunto central. Sí, sí, me lo dijo así –explica Simancas, ante la cara de sorpresa del periodista–. Él entendía que aportaba poco a la estabilidad institucional y que remover aquel tema era actualizar y recordar la responsabilidad política del propio PSOE en el asunto. Responsabilidad que yo nunca escondí, porque la había. No era la definitiva, pero la había en origen, a fin de cuentas estos dos elementos [Tamayo y Sáez] estaban en nuestra candidatura. Esa fue la reflexión del secretario general del PSOE y yo, que soy un militante socialista coherente, respeté esas explicaciones".
"Resulta muy llamativo comprobar que, de alguna forma, ni el PP ni el PSOE, al menos a las direcciones nacionales, no han estado demasiado interesadas en llegar hasta el fondo de la cuestión", reflexionaba el periodista de la Cadena SER .
"Durante la comisión me sorprendieron dos cosas", afirma Ferré: "El enorme impacto mediático, al ser retrasmitidas en directo las 12 horas diarias de comisión por Telemadrid. El seguimiento fue masivo, en lo que me imagino que fue el primer espectáculo político televisado por entero de la democracia. Cuando el PP entendió que esto no le convenía, cortó la emisión. 

Pero lo que más me sorprendió fue el juego de mentiras de esa red de corruptos que aun gobiernan Madrid. Granados de presidente de una comisión de investigación es un chiste grosero. Al presidente del PP de Madrid, Romero de Tejada, no se le caía la cara al intentar vendernos que el cobraba 1000 euros la hora contratado por una tienda de fotocopias, la desfachatez del tonto útil de Tamayo, intentando vender que había traicionado a los suyos para evitar que los comunistas llevaran la Consejería de Educación… todo eran mentiras. Una mentira que hizo que una derecha corrupta gobernara, y gobierne la Comunidad de Madrid durante 15 años. Teníamos que habernos ido del pleno y roto la normalidad democrática".

Nolla también recuerda el contexto de aquel 2003: "Coincide con el momento dorado del ladrillo. Los intereses que convergieron en aquel momento para una segunda oportunidad para Aguirre. Madrid podía ser muy diferente a como es y lo que ha pasado con las comisiones para la entrega del suelo con Granados, el Canal de Isabel II, lo que ha hecho Ignacio González, Granados, López Viejo, que ha venido a raíz de 2003 nos lo podríamos haber ahorrado los madrileños. Es lo que más nostalgia te produce: lo que pudo ser y no ser. Y lo que ha sido. Hemos tenido una oportunidad ahora con Gabilondo y fue abortado".

Aquel PP de Madrid que retuvo la Comunidad autónoma gracias al tamayazo y se la entregó a Esperanza Aguirre tiene más que ver con el actual de lo que parece: Pío García Escudero era el presidente del PP de Madrid entonces. Y hoy vuelve a serlo, tras la égida de Aguirre y el paso fugaz de Cristina Cifuentes. El establishment del PP de Madrid sigue estando en su sitio.

Y con García Escudero ha vuelto Juan Carlos Vera el eterno enviado de "la nacional" en Madrid, que fue jefe de campaña de Esperanza Aguirre en la repetición electoral de 2003. En aquella lista también estaba Cifuentes, que participó en la Comisión de investigación, una comisión que presidió Francisco Granados, mucho antes de saberse que tenía dinero en Suiza y en el altillo de sus suegros.

Aquel PP de Madrid aún no tenía aguirristas, pero tenía familias. Una muy importante era la de Rodrigo Rato, participante del milagro económico del PP antes de ser condenado por las tarjetas Black de Caja Madrid, claro. Y muy de Rato era Ricardo Romero de Tejado, colocado en la copistería. De Rato también eran Juan José  Güemes y Ana Isabel Mariño.

Romero de Tejada es uno de los personajes más peculiares de todo este asunto, recordaba Felipe Serrano en eldiario.es: "Aguirre nunca tuvo una relación estrecha con él, pero se ha mantenido hasta los últimos días de Caja Madrid y Bankia.

 Era un personaje no demasiado conocido, pero muy poderoso, su padrino era Rodrigo Rato. Recibe a los constructores el mismo día de la espantada por la tarde, los constructores con los que tiene una vieja relación en Villaviciosa de Odón y que ayudaron a Tamayo a reservar habitaciones de hotel. Romero de Tejada los recibe en la tarde del 10 de junio, oficialmente para negociar un acuerdo político en Sevilla La Nueva.

 El día 9 también se reúne con Rodrigo Rato. Es un personaje que sabe mucho más de todo este asunto de lo que dice, es amigo de Verdes, el abogado que asesora a Tamayo, militante del PP. El estrambote final es esa pintoresca averiguación que se hace que demuestra que mintió cuando se supo que cotizaba a la Seguridad Social en una empresa de fotocopias. En noviembre de 2004, Aguirre gana el Congreso del PP de Madrid y le releva por Francisco Granados".

Aguirre aún no hizo las listas de 2003. Había un equilibrio entre García Escudero, la dirección nacional y Rato. Son los que deciden que Jesús Sepúlveda, recién condenado en Gürtel, se convierta en alcalde de Pozuelo en 2003, igual que Guillermo Ortega lo fuera de Majadahonda como cuota de Rato.

Aguirre era de Rato, de Aznar, de Cascos, y cuando se disputa la presidencia del partido y se presenta Manuel Cobo, ella gana pero no premia a nadie de Rato. Pone a Francisco Granados, recomendado por Pío García Escudero, según recuerdan las fuentes. Una vez se impone como presidenta del partido, empieza a poner a los suyos.

Ignacio González, sin embargo, aún no estaba en 2003, era secretario de Estado de Inmigración con Ángel Acebes. Él llega cuando se forma el Gobierno tras la repetición electoral. Aguirre lo conocía desde el Ayuntamiento; cuando le hacen ministra, le hace subsecretario; cuando se va al Senado, no se lo lleva y se va a Administraciones Públicas con Jesús Posada y luego con Ángel Acebes a Interior. González aparece el día en que Aguirre anuncia su gobierno, están Granados, Güemes.

Aguirre, González y el resto del PP conquistó la puerta del Sol   tamayazo  mediante, uno de los episodios más turbios en la política española: cuando dos diputados autonómicos del PSOE se negaron a votar a su candidato y provocaron una repetición electoral que encumbró a Esperanza Aguirre. Esa campaña electoral –la de Aguirre y 179 ayuntamientos, incluido el de Madrid, que ganó Alberto Ruiz-Gallardón– , como llegó a reconocer el propio Francisco Correa, "la pagó en parte Fundescam y no el PP de Madrid".

En la más de una década que ha pasado González como secretario general del PP de Madrid y como vicrepesidente y luego presidente regional, han ido desfilando numerosas tramas. Desde el   tamayazo  hasta la que ha llevado a la detención de González, bautizada como Lezo –en referencia al marino español del siglo XVIII Blas de Lezo, quien protagonizó la defensa de Cartagena de Indias frente al ataque inglés en 1741. Es esa ciudad donde   fueron grabados por una agencia de detectives Ignacio González y Rodríguez Sobrino–.

La red del PP de Madrid alcanzó empresas y  organizaciones empresariales. Hasta su imputación por el ático de Marbella, la esposa de Ignacio González, Lourdes Cavero, había sido la mano derecha de Arturo Fernández en la patronal madrileña. Fernández, tras haber sido agraciado durante años con contratos públicos de restauración de toda índole –desde universidades, pasando por RTVE, la Asamblea de Madrid y tanatorios–, ahora está en horas bajas: tiene problemas para pagar nóminas, ha dimitido de la CEOE y está de salida de la CEIM tras haberse descubierto que   gastó 30.000 euros con su tarjeta  'black' cuando era consejero de Caja Madrid.

 Igual que su concuñado Gerardo Díaz Ferrán, en la cárcel, que le precedió en la CEIM y gastó   95.000 euros con la 'black'. Otra dimitida, también amiga de Cavero, es   Carmen Cafranga, hasta hace poco presidenta de la Fundación Caja Madrid, por sus gastos con la 'black'.

Esto decía Manuel Cobo en aquella entrevista   en  El País: "Los que no han dado a mi partido más que malas noticias y rumores de las peores cosas no pueden poner en este espectáculo de la miseria humana a Rodrigo Rato Figaredo. Es de vómito y más si viene de aquellas personas cercanas, hoy, a Esperanza Aguirre, presidenta de mi partido en Madrid, que deben a Rodrigo todo lo que son. Si tuvieran un gramo de vergüenza, deberían decir todo lo que digo yo y más. Estoy de acuerdo con Javier Arenas en que Rodrigo Rato sería un lujo para la presidencia de Caja Madrid".

Caja Madrid fue, durante tiempos, un campo de batalla en el que Aguirre jugó fuerte, al igual que Alberto Ruiz-Gallardón y los suyos, como evidencian   los correos de Miguel Blesa. La primera, para colocar a González al frente de la caja; los segundos, para situar a Rodrigo Rato. Mariano Rajoy inclinó la balanza hacia Rato.

Eso sí, mientras tanto, la caja sirvió para colocar a los afines, tanto políticos como empresarios, que se beneficiaron de las   tarjetas 'black' a efectos fiscales: además de los propios Miguel Blesa y Rodrigo Rato, por el consejo de Caja Madrid pasaron  Arturo Fernández,  Gerardo Díaz Ferrán  Beltrán Gutiérrez  (exgerente del PP madrileño y marido de la exjefa de Gabinete de Aguirre, Isabel Martínez Cubells),  Pablo Abejas  (exdirector general de Economía de Madrid),   Carmen Cafranga (exdirectora de la Fundación Caja Madrid),   Ricardo Romero de Tejada (ex secretario general del PP madrileño),   Mercedes Rojo  (exasesora del Gabinete de Aguirre),   Juan Iranzo  (exconsejero del CES y Red Eléctrica, habitual de Intereconomía y 13tv) y   Alberto Recarte  (expresidente de Libertad Digital, beneficiada por el reparto de TDT), entre otros.

Pero las relaciones entre empresarios y la Puerta del Sol no acaban ni empiezan en Caja Madrid.   Un ejemplo: el entonces presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, no volvió a España con el resto de la comitiva olímpica de Madrid 2020 trasladada a Buenos Aires en septiembre de 2013. González voló en el avión privado del presidente de Grupo ACS y del Real Madrid, Florentino Pérez, que también se desplazó a Argentina, y a bordo iba también la consejera de Educación, Juventud y Deportes, Lucía Figar.

La relación de Florentino Pérez con las administraciones madrileñas no termina en la construcción de instalaciones sino que se ha extendido hacia otros servicios que se desarrollan dentro de ellos: el Grupo ACS tiene varias empresas que intentan diversificar el negocio para reducir su dependencia del ladrillo. Esa estrategia   incluye hacer negocio con la educación pública. Una de estas filiales, Clece, gestiona decenas de guarderías públicas por la adjudicación de la Comunidad de Madrid.

El 10 de junio de 2003 fue un principio y un final. El tamayazo supuso el final a la posibilidad de imprimir un nuevo rumbo a la comunidad de Madrid. Y el inicio de lo que vino después: el desarrollo de un modelo de región basada en el ladrillo y la burbuja inmobiliaria, las privatizaciones y la connivencia entre empresarios y dirigentes del PP que ha derivado en corrupción en todos los niveles. "          (Andrés Gil, eldiario.es, 09/06/18)

19.3.18

El único condenado por el Tamayazo rompe su silencio 15 años después

"Ni siquiera las últimas nevadas caídas sobre la capital española han conseguido llevarse consigo el olor a chamusquina que emana de la Asamblea de Madrid desde que el 10 de junio de 2003 los entonces parlamentarios del PSOE, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, no acudieran a la votación para nombrar presidente de la cámara regional, impidiendo una alianza entre PSOE e IU que hubiera supuesto la designación de Rafael Simancas como presidente de la Comunidad de Madrid: el Tamayazo.

La ausencia de Tamayo y Sáez en aquella votación derivó en la convocatoria de nuevas elecciones que, el 26 de octubre de 2003, ganó por mayoría absoluta el PP, convirtiéndose Esperanza Aguirre en presidenta de la Comunidad de Madrid.

Por aquellos acontecimientos, el único proceso judicial que se puso en marcha fue el relativo a la filtración de llamadas telefónicas que se produjeron esos días entre Tamayo, Ricardo Romero de Tejada, José Luis Balbás, un empresario de la construcción, y un abogado. La revista Interviú, el diario El Mundo o Cadena Ser fueron algunos de los medios que publicaron esas llamadas –no los contenidos de las mismas-; los afectados denunciaron la filtración.

"Juro por la vida de mis padres, y por la tierra de mis abuelos, que yo no filtré las llamadas del Tamayazo", dice Alberto Moreno (48 años), el exempleado de Telefónica Móviles condenado por haber sido la persona que habría sustraído los datos de las llamadas y, a través de terceros, haber hecho llegar esa información a la prensa. 

"Mi padre me ha cogido por las solapas en tres ocasiones en estos quince años, dime que has sido tú, si has sido tú dímelo, y siempre le he dicho lo mismo: Padre le juro por madre que yo no he sido".

El 17 de mayo de 2016, el Juzgado de lo Penal número 22 de Madrid dictó sentencia. El PP, el PSOE, y un despacho de abogados habían presentado, trece años antes, denuncia por las filtraciones en los juzgados de instrucción de Madrid números 19, 27, y 47. "Pensábamos que todo lo llevaría el juzgado 19, que fue el primero en recibir querella, pero recayó en el 47", recuerda Moreno. A cargo del juzgado 47 está el magistrado Adolfo Carretero, quien se ha tirado 12 años con la instrucción del caso.

"Queda probado del examen en conciencia de las pruebas practicadas, y así se declara, que el acusado Alberto Moreno de Lucas, mayor de edad, con DNI, sin antecedentes penales (…)" se sirvió del código de usuario de otro empleado de la operadora, para "(…) consultar los datos de determinados clientes de la compañía no comprendidos en el ámbito de su actuación (…)", dice la sentencia de mayo de 2016.

El apartado de Antecedentes de Hecho de aquella sentencia, continúa afirmando que entre el 1 de mayo y 11 de junio de 2003 "el acusado Alberto consultó la titularidad y las llamadas realizadas desde el número (…) cuyo usuario era el Sr. Eduardo Tamayo, entonces diputado del partido socialista de Madrid (…)", así como las de Ricardo Romero de Tejada y Picatoste, entonces diputado del PP en la Asamblea Regional de Madrid; el abogado José Esteban Verdes López-Diéguez; Francisco Bravo Vázquez, empresario de la construcción; y José Luis Balbás, quien lideró una corriente del PSOE y fue expulsado del partido tras el Tamayazo. 

"El acusado Alberto Moreno de Lucas cedió la información obtenida mediante sus consultas informáticas a tercero o terceros no identificados que les permitió identificar a los usuarios".

"Me han destrozado la vida, me ha generado ansiedad… A mi madre le dio una aneurisma que casi la mata, y cuando despertó del coma, en la UVI, lo primero que dijo cuando pudo hablar fue preguntar por el juicio de su hijo", lamenta Alberto Moreno, que en estos años se ha graduado en Derecho y ha engordado hasta superar los 140 kilos de peso.

 Las sentencias que condenan a Moreno se basan en los informes elaborados por Policía Nacional, la Agencia de Protección de Datos, y, especialmente, por la misma Telefónica.

En la sentencia de mayo de 2016, se expone que el acusado "ha reconocido que era amigo" de un detective que supuestamente habría participado en la entrega de la información de las llamadas del Tamayazo a la prensa, y que "las numerosísimas llamadas que realizó el acusado Alberto" fueron a ese mismo detective.

Sin embargo Alberto Moreno desmiente que conociera a ese detective que responde a las siglas M.C. "Es totalmente falso, no le conozco, nunca he hablado con ese detective, ni con ese ni con ningún otro en toda mi vida, podrían haberlo demostrado simplemente llamándole a declarar o accediendo a su móvil, pero no lo hicieron", dice ahora el exempleado de Telefónica condenado, con el que este diario ha mantenido varios encuentros y conversaciones en las últimas semanas.

Las sentencias de la Audiencia Provincial y del Juzgado de lo Penal que condenan a Alberto Moreno reconocen que "no se ha probado" que la información publicada en los medios sobre las llamadas telefónicas "la haya facilitado directamente el acusado", pero subrayan que la "acción nuclear es revelar y él [Moreno] reveló, lo cual causó perjuicios a los titulares de los teléfonos (…)".

Recurso fallido

Alberto Moreno recurrió ante la Audiencia Provincial la sentencia que, como autor de un delito de descubrimiento y revelación de secretos, le condenó en 2016 a la pena de seis meses de prisión y al abono de las costas procesales. Y el resultado fue aun peor.

El pasado 29 de septiembre la Audiencia Provincial no sólo desestimó el recurso, sino que, estimando parcialmente los presentados por el resto de afectados, declaró la responsabilidad civil de Alberto Moreno para indemnizar a Romero Tejada, el abogado Esteban Verdes y la empresa de construcción Euroholding "en la cantidad que en ejecución de sentencia se determine por los perjuicios económicos sufridos (…)".

En la actualidad, Moreno está a la espera de que un juez determine la cantidad de las indemnizaciones solicitadas, lo que en opinión de su abogado supondrá previsiblemente el embargo de sus bienes, una casa en el barrio de Vallecas y un coche.

"Yo era teleoperador de Telefónica, daba asistencia a grandes cuentas, en un departamento en el que trabajábamos unas 80 o 90 personas. Al poco tiempo de que se publicaran las filtraciones de las llamadas del Tamayazo recibí un telegrama en mi casa de Madrid de Telefónica advirtiéndome que se me ha abierto un expediente por extracción de datos públicos", recuerda Alberto Moreno.

"Tenía unos días de permiso y me fui a un pueblo de Extremadura", continúa contando el recuerdo que tiene de los días del Tamayazo. "De camino recibo una llamada de la policía diciéndome que he sido denunciado por revelación de secretos, y que tengo que presentarme en comisaría

La policía había ido ya a casa de mis padres y a la tienda de mi madre. Fui a la comisaría de Canillas, en Madrid, y declaro, como hicieron el resto de empleados, que las claves eran públicas, que estaban colgadas en los puestos de trabajo, algo que reconoce todo el mundo ante la policía".

En su recurso de apelación, la defensa de Moreno afirma que la mayoría de los empleados de Telefónica llamados a declarar en el juicio habían modificado su declaración inicial ante la policía, pasando de admitir que las claves de usuario del lugar de trabajo eran compartidas, a asegurar ante el juez de lo Penal que eran individuales e inaccesibles.

 El asunto del acceso público o no a las contraseñas del sistema de Telefónica es crucial en el caso: si realmente todos los que trabajan en el mismo departamento que Alberto Moreno podían acceder a las claves, cualquiera de ellos podría haber sustraído y filtrado los datos.

Ingeniero de Telefónica y testigo

La representación legal de Alberto Moreno requirió durante el proceso judicial que se tomara declaración a otro empleado de Telefónica, cuyo nombre responde a las siglas M.D.F. La Audiencia Provincial denegó esa práctica de prueba indicando que las "posibles contradicciones en sus testimonios tampoco van a ser salvadas por los testigos propuestos", y que su declaración no descartaría "lo expuesto por los numerosos testigos, trabajadores de la compañía que ya testificaron en el acto del juicio oral".

Este empleado de Telefónica, M.D.F. mantiene con rotundidad que las claves de usuario con las que podía accederse a las llamadas del Tamayazo eran públicas, lo que en su opinión debería exculpar a Alberto Moreno.

Vozpópuli ha contactado con ese testigo, M.D.F., Jefe de Área de Calidad de Sistemas de Información en Telefónica Móviles España hasta 2003, cuyo testimonio los jueces han denegado, ingeniero de Ciencias de la Computación, especializado en redes y servicios de seguridad, con más de 25 años de experiencia en la operadora española. "¿Cómo se puede incriminar a alguien cuando su usuario y contraseña eran conocidos por numerosos compañeros de trabajo?", se pregunta. "Resulta kafkiano, es una barbaridad".

M.D.F. sostiene que Telefónica "siempre argumentó que los usuarios y contraseñas que se compartían en la unidad del CRC eran única y exclusivamente los del correo corporativo Lotus Notes, lo cual no puede ser cierto porque con dicho usuario y contraseña, exclusivamente, no se puede hacer absolutamente nada". La contraseña que se estaba compartiendo "forzosamente debía ser la única o unificada (o de Red) con acceso total al perfil de cada empleado".

Al compartir contraseñas, "no sólo se contravenía la propia normativa de la empresa, si no que se cometía una negligencia profesional por parte de los mandos responsables de la implantación de dicho método de trabajo en la unidad", dice. "No es que los empleados compartieran usuario de correo electrónico, no, los empleados compartían el listado de usuario y contraseña única, el que da acceso a todo el sistema", subraya.

Sin huella digital

M.D.F. también llama la atención sobre el hecho de que la investigación interna puesta en marcha por Telefónica fue liderada por el que entonces era Director General de Sistemas de Información, P.G.V. "Estaba muy alejado del perfil técnico necesario en este caso", indica.
"No es normal", advierte el empleado de Telefónica dispuesto a declarar a favor de la versión de Alberto Moreno, "que este director no registrara todos y cada uno de los detalles máximos y mínimos de este proceso, como registrar las direcciones IP de los puestos de trabajo desde donde se obtuvo la información, o no comprobar la sesión de red (huella digital)".

 Esta información, asegura, "sin duda, hubiese despejado muchas dudas acerca de la culpabilidad o inocencia de los implicados, y se hubiese obtenido con tan sólo solicitarlo".

"Los informes que presentó Telefónica sobre las filtraciones estaban en papel, no había ningún archivo digital, no se presentó huella digital", destaca Moreno.

Otro de los testigos solicitado por la defensa de Moreno, miembro del Comité de Empresa en la época de los sucesos, cuyo nombre responde a las siglas J.J.F.M, afirma que el "uso de las claves de usuario y password que dan acceso a los sistemas de información es totalmente irregular con el cumplimiento de los sistemas de protección de datos". El sindicato UGT, asegura, comunicó entonces "por escrito, tanto a la compañía como a los empleados, el uso indebido de las claves".

J.J.F.M. destaca que con "fechas inmediatamente posteriores a la acusación, el director de Recursos Humanos de Telefónica Móviles España nos citó para explicarnos el nuevo sistema de protección de claves". Tampoco el testimonio del que fuera presidente del Comité de Empresa de la compañía ha sido admitido por los jueces.

Tras la publicación de las llamadas del Tamayazo, "no me dejaron entrar en la empresa, no pude recoger ni mi cepillo de dientes", dice Moreno. Las bases de datos a los que podían acceder los empleados de Telefónica como él, "eran líneas a nombre de sociedades o de partidos políticos, no de los usuarios finales, yo no podía saber quién era el usuario de esa línea; y había clientes de grandes cuentas que podían acceder por sí solos a esos mismos datos, y esa línea de investigación nunca se abrió", mantiene."                 (Alberto Ortín, Vox Populi, 11/03/18)