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10.10.18

¿Tú dirigiste un máster hasta este año? Sí, hasta que la degradación de una parte del alumnado (que sin ser cargos políticos también pedían tratos de favor) y el contexto que nos rodeaba impedían mantener la calidad académica... El cierre del máster es un buen ejemplo, porque la degradación del contexto desemboca en un alumnado que ha perdido la motivación y se cree capaz de imponer, por su fuerza económica, las condiciones de docencia y de acreditación... “Dame el título y no me molestes, que ya he pagado”....

"Víctor Sampedro, catedrático de Opinión Púbica en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), ha sido testigo desde dentro del goteo de casos de másteres conseguidos de forma irregular por parte de cargos políticos. Cristina Cifuentes, Carmen Montón, Pablo Casado y Pedro Sánchez son los nombres sobre la palestra en una sucesión de casos que empezó en la URJC pero que ya ha puesto en entredicho a todo el sistema universitario madrileño.

Los casos de Cifuentes, Montón, Casado y Sánchez ponen sobre la mesa la endeble confianza en la educación universitaria española, ¿qué ha pasado para llegar a esta situación?
 
Hacer títulos de excelencia, como es un máster, en la universidad española está muy difícil. Porque, al menos en la que yo trabajo, se apuesta por el número de matrículas, la masificación y unos resultados económicos abultados. Son objetivos contrarios a una educación pública de calidad. Y, más si estamos rodeados de pseudo-académicos, gentes sin trayectoria intelectual que buscaba funcionarizarse y, una vez logrado, hacen negocios. Con apoyo de sus contactos políticos montan titulaciones. Ellos se lucran y acreditan a sus protegidos que consideran la universidad un retiro dorado. No han salido todos a la luz y ni mucho menos se limitan a la URJC.

El resultado final es la degradación de la calidad de la docencia, las titulaciones y también de quien se matricula. Los ‘mastegates’ denunciados en mi universidad existen en otras muchas, en distintos grados y con importantes diferencias según áreas de conocimiento. Ese es el trabajo de evaluación y denuncia que nadie parece dispuesto a hacer.

Muy pocas universidades criticaron los casos que se han descubierto. Al contrario que con el ex-rector Suárez, ahora callaron. No tendrán rectores plagiarios (que ya es el colmo) pero quizás sí mastergates que esconder.

Tú dirigiste un máster hasta este año. 

Sí, hasta que la degradación de una parte del alumnado (que sin ser cargos políticos también pedían tratos de favor) y el contexto que nos rodeaba impedían mantener la calidad académica. No fue una decisión personal, yo estaba dispuesto a seguir peleándolo. Pero cerramos el único máster oficial en abierto que había en el mundo.

 Sí, en el mundo: clases magistrales abiertas a la asistencia libre de público y todos los materiales disponibles en la web, incluidos los Trabajos Finales de Máster. Fueron proyectos reales, que dieron lugar a organizaciones civiles, documentales... y, por supuesto, artículos y tesis académicas.

Soy parte interesada, claro. Pero además era una experiencia en la que una universidad pública colaboraba con el Ayuntamiento —la sede era el Medialab, tanto con Ana Botella como con Manuela Carmena—, y trabajábamos con multitud de medios de comunicación, organizaciones cívicas independientes... incluido El Salto. 

El cierre del máster es un buen ejemplo, porque la degradación del contexto desemboca en un alumnado que ha perdido la motivación y se cree capaz de imponer, por su fuerza económica, las condiciones de docencia y de acreditación. Se cortó por esto, había quien se permitió no ir a algunas clases. “Dame el título y no me molestes, que ya he pagado”. No eran Casado, Cifuentes ni Montón porque no tenían partido detrás. Eran minoría, pero como los anteriores disfrutaron privilegios y ventajas frente a sus compañeros, degradaban el título.

¿Es el Plan Bolonia la causa? 

Todas estas nuevas titulaciones tienen su origen en Bolonia, que exigía adaptarse al marco educativo europeo y un desembolso presupuestario gigantesco. Suponía clases reducidas, incrementar las tutorías, las horas de estudio y de trabajo cooperativo entre alumnos y, por tanto, también la coordinación y supervisión del profesorado de esas actividades… Y esto, en vez de hacerse con más presupuesto, se hace con unos recortes brutales. 

En Madrid, se dobló el precio de los másteres. La precarización del profesorado aumentó: en la URJC se pagaba al profesorado la hora según el número de matriculados. Una lógica aberrante en cualquier otro país en el que yo haya trabajado, incluidos los llamados en vías de desarrollo.

Los gestores de los másteres tuvieron que recurrir a todo tipo de argucias para mantener la matrícula y la supervivencia. Todo esto en un contexto en el que la impunidad está asegurada por la endogamia y los pactos de silencio, incluyendo a un alumnado que, con excepciones maravillosas y nunca suficientemente reconocidas, solo busca titularse. 

Lógico que desemboque en una crisis universitaria que nadie quiere reconocer, porque las responsabilidades están divididas y repartidas. Pero también es obvio que los responsables directos son quienes han hecho caja y los alumnos VIP que han actuado como ventajistas. Se titulan con nuestros impuestos y, encima, sacan mejores notas sin hacer nada, devaluando la titulación de sus compañeros. Difícil de asumir como docente y como alumno, ¿no?

¿Se podría haber hecho mejor o el problema fue el Plan Bolonia? 

No, qué va. La universidad española era (y, en gran medida, sigue siendo) una institución obsoleta que no cumplía con los parámetros académicos internacionales. Y de pronto pretendió “europeizarse” sin presupuesto económico, plagada de gentes sin cultura ni trayectoria académica, sin conocimientos de gestión administrativa y toda una dependencia de tramas políticas (y, cuidado, también económicas y empresariales) que vulneran la autonomía universitaria.

La Asamblea de Madrid, los rectores españoles —la CRUE— y propio ministro de Cultura han invocado la autonomía universitaria para no hacer nada en la URJC. Es como si yo la invocase para no dar clase. Se desentienden del control que están obligados a hacer. Más necesario que nunca por el descontrol institucional que se ha descubierto. No sólo en la URJC, insisto. 

Pero fue el Plan Bolonia lo que hizo que se agravase esta situación…

Bolonia tampoco es “mi” plan. Nunca lo fue. Agravó la situación por cómo se ha hecho. La universidad española anterior no era mucho mejor, excepto que garantizaba más el acceso de las clases populares. Pero impartiendo una educación que, insisto, no les permitía competir en un contexto internacional. 

Bolonia mercantilizó la universidad, sin duda. Pero aquí, claro, fue un mercado a la española. Se apoya en tramas y favores de cargos del Estado. Las clientelas políticas y “universitarias” pactan integrar todos los actores relevantes en las estructuras de poder. Lo que ocurre en la Rey Juan Carlos es un modelo calcado de las “Black cards”. 

Todos y cada uno de los agentes de la estructura de poder de la Comunidad de Madrid están implicados en una red de chiringuitos y favores mutuos. Esta es la cuestión. Todos son cómplices. También los “de izquierda” y, por supuesto, los sindicatos.

Los sindicatos mayoritarios son parte de la estructuras de poder en los rectorados. Prueba de ello es que no han convocado, ni siquiera apoyado en firme, ni una sola protesta. Y no ocurre solo en la URJC, también en la Complutense que no explica las notas regaladas a Casado. Ya vale de pegarle al muñeco idiota de la URJC, que ya tiene bastante con llevar el nombre del Borbón. 

Hemos visto que la universidad pública más antigua de Madrid (la UCM) y la más moderna (la URJC) tienen prácticas dudosas y semejantes; como la universidad privada Camilo José Cela (CJC), con la tesis de Sánchez. Aunque es otro caso. 

Hasta ahora se mostraba a la URJC como el epicentro de esta “compra” de másteres, pero ya salpica a muchos más centros. 
Arrastramos clichés que ya resultan cansinos, señalo dos. Uno, “la Rey Juan Carlos es del PP”. Claro, la montaron ellos: como antes el PSOE, la Carlos III. Pero, por favor, que las profesoras que firmaban las actas de aquel engendro de Instituto de Derecho Público militaban en IU. Que además rebajaban la matrícula por militar en el PP y el PSOE, como la ex miniStra Montón. Y que CC OO ha sido el pilar del rector actual y de los dos anteriores. 

Y segundo cliché, no nos confundamos de muñeco a batir. La URJC tiene problemas gravísimos, manifiestos e intolerables. Pero son sintomáticos de lo que ocurre en la universidad pública y, no en menor grado, en la privada. En la Complutense Casado pudo hacer dos carreras meteóricas. 

Podríamos decir que, por lo menos, le regalaron un grado. Yo creo que, comparativamente, agravia a mucha más gente, licenciada y graduada, que un máster. Y la tesis de Sánchez retrata a algunas privadas, como una vía de entrada académica de segundo orden. El Presidente no copió la tesis, hizo una tesis mediocre, que quizás mereciera un aprobado.

 Pero, tal como están las cosas en algunos sitios (en otros no, conste) le cayó el sobresaliente cum laude automático. Llevo dos décadas formando a gente, formándonos juntos, y le ponen la misma nota a quienes hacen un trabajo serio que a los que presentan un aliño de última hora. 

¿Qué hizo mal, entonces, Sánchez? 

La cuestión de fondo es defender su tesis en una privada, con un tribunal de amiguetes y coautores. Y que, diciéndose socialdemócrata y de izquierdas, que la hiciese sobre diplomacia mercantil, es decir, la del IBEX35. Las mismas corporaciones a las que Sánchez acusó de no haberle dejado gobernar con Podemos hace dos años.

 Tenemos un nivel de debate y de reflexión sobre este tema realmente rastrero. Solo parece importar el enemigo político a batir, llevándose la Universidad por delante. Sí, es cierto, Sánchez no es lo mismo que su ex-ministra, pero adoptaron la misma táctica de defensa que el PP. Y con eso hay que acabar ya. Y con el periodismo que hace caso a gente que no enseña los papeles también.

Y, frente a esto, ¿qué hacer? 

Pues hacer frente, en todos los frentes. Los estudiantes más interesados e interesantes, los vocacionales están solos, desprotegidos y minorizados. No solo por las estructuras sino, fundamentalmente, por el conjunto de sus compañeros, que viven en la apatía. Hemos salido a la calle y éramos casi más profesores que alumnos para proteger los másteres.

 Muchos y muchas asumen: “yo me voy a acreditar y todo lo demás me importa nada, ni mis compañeros ni el valor de mi título. Lo que quiero es un título exprés, porque ya sé que está devaluado”. Aceptarían un título regalado porque, precisamente, parten de que no vale nada.

Y, sin embargo, somos muchos y muchas los que disfrutamos un montón estudiando y poniendo en común. Debatiendo el presente y prototipando nuestro futuro, re-inventando perfiles profesionales para tener más autonomía individual y un impacto social emancipador. El tercer año de máster tuve que dar las clases en mi casa, porque el seminario le parecía demasiado provocativo a los gestores del Medialab.

 Se entiende, eran tiempos de Ana Botella. Empezamos así: “Con Coetzee pensamos que puede que la auténtica universidad deba trasladarse a casas particulares y conceder títulos cuyo único respaldo será los nombres de los profesores que los firmen”. Al final, del cole y de la uni, con lo que te quedas es con algunos profes ¿no? Pues nosotros con algunos alumnos y alumnas.

Limpiemos, pues, las casa común que es la Universidad (con mayúsculas, sea pública o privada) y abramos las nuestras, montando campus de los que nadie pueda desalojarnos."             (Entrevista a Víctor Sampedro, catedrático de Opinión Púbica en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), El Salto, 26/09/18)

21.9.18

Ada Colau: "Una directiva de una multinacional me ofreció acabar la universidad fácilmente"

"La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha desvelado este jueves que al entrar en política le ofrecieron "acabar fácilmente" la licenciatura de Filosofía, para la que le faltaban dos asignaturas de libre elección.

 "Me lo ofreció una alta directiva de una multinacional que supo que me faltaban los créditos", ha relatado Colau, que no ha dado más detalles de quién y en qué fecha le transmitió la propuesta. 

"Me dijo que podía ayudarme a hacer esas asignaturas y estoy segura que no había mala fe en ella, pero daba a entender que entre élites económicas y políticas era más fácil hacer según qué estudios que entre la gente común", ha manifestado.

Colau ha expuesto este caso en una entrevista en TV3 en la que le han pedido una valoración sobre las conocidas facilidades que la Universidad Rey Juan Carlos puso a varios políticos en activo para acceder a títulos de máster.  La alcaldesa ha pedido en este sentido a las universidades que sean "ejemplares" y corten estas prácticas si las detectan.

"Lo que no querría que le pasara a la universidad es lo que le ha pasado a la política, que ha habido impunidad y había quien robaba y no pasaba nada, cosa que ha desacreditado las instituciones", ha lamentado la alcaldesa."                      (eldiario.es, 13/09/18)

10.9.18

Al estilo Cifuentes... La ministra de Sanidad obtuvo un máster en la Rey Juan Carlos plagado de irregularidades

"La ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, Carmen Montón, superó con una nota media de 8,43 un Máster en Estudios Interdisciplinares de Género en la universidad pública Rey Juan Carlos en el curso 2010/2011, pese a que lo empezó cuando la mitad de las asignaturas ya habían finalizado. Entonces era diputada y portavoz de Igualdad del PSOE. 

Son seis materias de un total de 12 (más un trabajo final) en las que sacó tres sobresalientes, un notable y dos aprobados sin tener contacto con sus profesores, como ella misma ha admitido a eldiario.es.

Uno de estos sobresalientes fue otorgado por Enrique Álvarez Conde, el director del instituto que  organizó los másteres de Cristina Cifuentes y Pablo Casado, e imputado en la investigación judicial de estos dos posgrados y que no responde a las llamadas de este medio. Otra de sus profesoras y directora del máster era Laura Nuño,  imputada también en el caso Cifuentes y número dos del catedrático desde diciembre de 2017. 

El máster lo organizaba el Instituto de Derecho Público de la URJC, recientemente  clausurado por las numerosas irregularidades destapadas por eldiario.es y que hoy investiga la justicia. En el claustro de este curso, como docentes o tutores de los trabajos, también figuran otros dos profesores imputados por el máster de Cifuentes: Pablo Chico de la Cámara y Clara Souto.


En el momento en que cursó su máster sobre estudios de género, Carmen Montón ya era una importante referencia política en esa materia. Era diputada y portavoz socialista en la Comisión de Igualdad del Congreso. Un año antes de matricularse había defendido la ley del aborto y en 2005 también fue la ponente de la normativa que autorizó los matrimonios homosexuales en nuestro país, bajo el Gobierno de Zapatero.

En las últimas semanas, eldiario.es ha contactado con todos los profesores y una gran parte de los alumnos del máster de Carmen Montón para intentar verificar si la política socialista recibió un trato de favor en sus estudios, como el que disfrutaron Cristina Cifuentes y Pablo Casado, entre otros alumnos relacionados con Álvarez Conde y que están siendo investigados por la justicia.
El máster de Montón en la URJC constaba de 12 asignaturas más un trabajo de fin de máster y en el claustro figuraban 23 docentes –muchas de las asignaturas tenían más de un profesor impartiendo clase–.

 Doce han respondido a las preguntas de esta redacción (aunque dos de ellos dicen que finalmente no dieron clase pese a que figuraban en las guías docentes), dos han declarado que no van responder y nueve no han respondido al teléfono, mails y mensajes enviados por eldiario.es. Esta redacción también ha localizado a ocho compañeras de Montón. 

Solo cinco de ellas han accedido a aclarar unas preguntas aunque todas han solicitado que se les garantice el anonimato. La URJC tampoco ha respondido por el momento a las preguntas sobre posibles irregularidades en este posgrado.

Además de estas comprobaciones con docentes y alumnos, el pasado martes 4 de septiembre, eldiario.es solicitó a una reunión con la ministra para recabar su versión, que se celebró ese mismo día, a las 17:30, en su despacho en el Ministerio de Sanidad. Allí, la ministra respondió a las preguntas de los tres periodistas que han participado en esta investigación y mostró la documentación que guardaba de ese curso. La reunión duró cerca de dos horas.

A diferencia de Cifuentes y Casado, Carmen Montón sí dio acceso a revisar los papeles y sí cuenta con una copia de su trabajo de fin de máster, que ha enseñado a eldiario.es. Fue dirigido por Laura Nuño, trata sobre reproducción asistida –Montón, como diputada, participó en la elaboración de la ley que la regula en España– y la ministra conserva distintas versiones de ese trabajo, que consta de unas 50 páginas.

Al margen de ese trabajo, la investigación de eldiario.es ha detectado numerosas irregularidades que diferencian el trato dado en la URJC a la entonces diputada socialista del que recibieron otros alumnos anónimos. También existen múltiples contradicciones entre las distintas explicaciones aportadas por la ministra y los datos obtenidos de otras fuentes y documentos a los que ha tenido acceso eldiario.es. Las principales irregularidades son estas.

Convalidaciones sobre feminismo con una licenciatura de Medicina

Una de las profesoras del máster de Montón fue Sonia Núñez Puente, que en ese curso impartió las clases de ‘Feminismo y construcción de la identidad de género’. "A Carmen no la recuerdo en clase porque convalidó y yo tampoco sabía que estaba entre las alumnas. Cuando salió publicado en los medios lo del máster revisé mis actas y comprobé que aparece convalidada", asegura esta profesora de la URJC a eldiario.es con rotundidad. 

Sin embargo, la ministra de Sanidad afirma tajantemente que no solicitó ninguna convalidación. En las notas de la ministra, a las que ha tenido acceso eldiario.es, esa asignatura figura con un aprobado en junio, tras un "no presentado" en la primera convocatoria.

Una convalidación así sería irregular porque en la licenciatura de Medicina que tiene Montón no existe ninguna asignatura equivalente, ni sobre feminismo ni sobre identidad de género. El resto de los alumnos del mismo curso consultados por eldiario.es, todos ellos licenciados como Montón, niegan que hubiesen sido informados de que podían optar a convalidaciones.

Laura Nuño, que también fue tutora del trabajo final de Montón, formó parte de la comisión de convalidaciones de este máster, según su propio currículum. Nuño no ha querido contestar a las preguntas de eldiario.es sobre si hubo o no hubo convalidaciones para Carmen Montón: "Mi abogado me indica que no puedo hablar con la prensa", afirma por whatsapp. 

Laura Nuño está imputada en la investigación penal del máster de Cifuentes, donde su firma aparecía como parte de la comisión de convalidaciones que aprobó irregularmente gran parte de las asignaturas en las que se matriculó Cifuentes con actas con firmas falsificadas. Nuño siempre ha defendido que esa firma suya se falsificó.

Las fechas de su título no coinciden con las de sus notas

En el expediente de notas de Carmen Montón, al que ha tenido acceso eldiario.es, figura que todas las asignaturas se aprobaron en el curso 2010-2011. Sin embargo, el título oficial emitido por la Universidad Rey Juan Carlos, que también ha podido cotejar esta redacción, tiene otra fecha. Según ese título, Montón terminó su máster "en junio de 2012". Es decir, un año más tarde de lo que aparece en sus notas.

Fuentes universitarias consultadas por esta redacción explican que la expedición de ese certificado académico estaba regulada por el Real Decreto 1002/2010, en él se detalla que en estos documentos oficiales tiene que figurar la "fecha de finalización de las enseñanzas" en el formato de mes y año. 

Por lo tanto, en este caso tendría que quedar escrito que el posgrado fue superado en junio del 2011.
   
Otras alumnas consultadas por eldiario.es confirman que en su diploma final así consta, algo que ha podido confirmar esta redacción tras cotejar uno de estos documentos: recoge como fecha de finalización de los estudios el mes de "junio de 2011". La ministra Carmen Montón, que asegura que también se había percatado de esta irregularidad, no sabe explicar cuál es la causa.

Apenas asistió a clase

El máster se impartía jueves, viernes y sábado cada dos semanas en el campus de Vicálvaro. Montón aseguró que optó por este posgrado porque le cuadraba el horario. Había consultado otro en Valencia, donde ya cursó la licenciatura, pero no le permitía compatibilizarlo con su actividad en el Congreso, aunque aseguró que en su ciudad natal se sentiría "más acogida". 

Optó por estos estudios con la intención de acceder al doctorado, tal y como explicó en el encuentro que mantuvo con este medio. Era un máster oficial  autorizado en 2010 por la Comunidad de Madrid y que habilitaba para ello. Se trataba de la primera edición que realizaba la Universidad Rey Juan Carlos. El máster constaba de 60 créditos ECTS: 1.500 horas de esfuerzo entre clases y trabajos y tiempo dedicado al estudio.

Pese a que optó por este máster por el horario, según su explicación, apenas pisó las clases. Durante la reunión con los periodistas de eldiario.es, la ministra de Sanidad cambió en numerosas ocasiones de versión sobre cómo fue su asistencia al curso. En un primer momento aseguró de forma tajante que fue a todas las clases. Pero a lo largo de la conversación, corrigió esta primera afirmación. 

Primero matizó que empezó en octubre, cuando fue admitida, más tarde calcula noviembre y al final de la reunión confirma a eldiario.es que empezó las clases en enero, de modo que se perdió 6 de las 12 asignaturas presenciales –la asignatura número 13 es el trabajo de fin de máster– .

Sus notas, a las que ha tenido acceso eldiario.es, confirman que no se presentó a ninguna de las asignaturas del primer cuatrimestre. Todas aparecen en esa convocatoria como "no presentado". 

También confirman que, en la convocatoria de junio, sacó tres sobresalientes, un notable y dos aprobados en asignaturas que habían acabado cuando ella empezó. Los sobresalientes suelen tener en cuenta la participación del alumno en clase y se premia así su implicación, explican fuentes universitarias consultadas, que refieren que sería raro poner la máxima nota a alguien que no ha aparecido nunca por clase.

Otra profesora que prefiere no dar su nombre, cuya materia Montón aprobó en junio, confirma a eldiario.es que no recuerda a Montón ni siquiera haberle aprobado. "No me suena que estuviera, la habría conocido", reseña. Además tras revisar su documentación y en una segunda comunicación asegura que "no tiene constancia de ella" en "trabajos ni en participación en foros". 

La ministra no recuerda dónde fue a clase

¿Dónde se daban las clases? Ante la pregunta de eldiario.es, Carmen Montón no sabe contestar. Dice Móstoles, luego Leganés, hace una llamada en otra sala, pero no es capaz de responder lo que cinco alumnas refieren a eldiario.es sin ninguna duda y a la primera: Vicálvaro. Montón achacó su error a que no tiene carné de conducir y acudía al campus en taxi o le llevaba en coche algún familiar.

Una estudiante que asistió a todas las asignaturas confirma que vio a Montón "un par de días" en clase. Esta estudiante, que prefiere no ser identificada, cuenta que en ese momento no sabía quién era: "Me avisó otra compañera, que la había visto en Telecinco, ella no dijo a qué se dedicaba". Una de las profesoras externas, Carmen Bravo, también confirma que Montón fue tres días con ella, ya que compartieron coche a la vuelta de Vicálvaro. Es la única de sus profesoras, de entre las doce que han querido responder a eldiario.es, que recuerda a la alumna Montón en clase.

La profesora Pilar Charro la puntuó con un cinco en Empresa, trabajo e Igualdad, a pesar de que exigía el "80% de asistencia a clase", según queda por escrito en la guía docente de la asignatura. Cuando se impartió esta materia, Montón confirma que no había aparecido por el campus. Charro no ha querido responder directamente a las preguntas de eldiario.es y se ha remitido a la respuesta que diese la URJC, que tampoco ha contestado.

Tampoco la recuerdan en clase o responden que no saben si acudió otros seis docentes contactados. Son Manuel Tamayo, Nuria Alonso, David Trillo, Raquel Gómez, Pepa Franco y Clara Guilló. Esta última es la única docente que dice que Montón sí le dio un trabajo: "Entregó el trabajo pertinente", zanja escuetamente. 

Oficialmente, el máster era presencial. Es decir, que era obligatoria la asistencia al menos a un 80% de las clases y con justificación de faltas, según exige el Ministerio de Educación a través de la la Agencia Nacional de Acreditación (Aneca). Sin embargo, su directora, Laura Nuño, envió un correo a todos los alumnos de esa promoción asegurando que podían cambiar la asistencia a las clases por otros trabajos:
 "Aunque el Máster es presencial, no es obligatoria la asistencia. En el supuesto de que en una asignatura o varias no se pueda asistir, se puede hacer un seguimiento on-line (con tutorías sobre los materiales, entrega del ejercicio o la práctica, etc.)". En el caso de Montón, también en esos trabajos alternativos existen irregularidades. 

Entregó trabajos de un modo distinto al resto

Este máster no tenía exámenes, y las asignaturas se aprobaban con trabajos sobre lo expuesto en las clases. Montón no puede precisar qué entregó para aprobar las seis asignaturas que ya habían acabado cuando ella se incorporó al máster, en enero.

 Para las otras seis que le quedaban sí asegura que lo hizo todo, y pone como ejemplo una guía que establece que los trabajos serían de unas 30 o 40 líneas. "Era un máster muy poco exigente", asegura la ministra, que achaca esta laxitud a que se trataba de la primera edición de este título en la Universidad Rey Juan Carlos.

Las cinco alumnas contactadas por eldiario.es que también cursaron el máster dicen que los trabajos eran más extensos. "Para Álvarez Conde hice un trabajo de 17.000 palabras", dice una de ellas tras revisar su ordenador. "Recuerdo por ejemplo cuatro lecturas densas de las que había que redactar tres folios de cada una para una asignatura", dice otra estudiante, que añade que también se acuerda de "Fichas para completar de los planes de Igualdad de unas cuatro páginas".

"Leíamos las lecturas, reflexionábamos en clase y luego hacíamos un trabajo para exponer a la semana siguiente", reseña esta misma estudiante. Otra, apunta: "Había que trabajarlo, hacer trabajos de lo visto en clase y leer documentación". En su explicación a eldiario.es, Montón no se detuvo en ningún momento en el tiempo exigido para la preparación de las clases ni la bibliografía de cada asignatura que figura en las guías docentes.

Dos profesoras y cinco alumnas de aquel posgrado, confirman que los trabajos de cada asignatura se enviaban a través de una plataforma online o por mail al profesor. Montón relata otra modalidad muy distinta. No cita en ningún momento de la reunión la plataforma online y dice que "los entregaban en persona en la clase" (en plural, refiriéndose a todas las alumnas). Cinco alumnas niegan tajantemente que se dieran nunca en mano.

¿Cómo entregó Montón entonces los trabajos de las seis asignaturas que ya habían finalizado cuando ella empezó a ir a clase si no pudo hacerlo en mano? Por mail, responde la ministra, pero no a los profesores, sino a Lara Martínez, persona de confianza de Álvarez Conde y Laura Nuño, que actuaba como secretaria de ese posgrado.

 ¿Qué le entregó exactamente? ¿Seis trabajos? "Lo que me pidiera", zanja la ministra, sin poder precisar qué. Martínez no ha respondido a las llamadas de eldiario.es y las alumnas contactadas niegan que ellas entregaran trabajos a Lara Martínez: "Era la encargada de matrículas o proporcionar información del máster", asegura una de ellas.

Pagó la matrícula fuera de plazo

El máster aprobado con notable por Carmen Montón arrancó en septiembre de 2010. El plazo oficial para el pago de la matrícula expiraba ese mismo mes, pero la entonces diputada no abonó su matrícula hasta diciembre de 2010, cuando ya estaban a punto de terminar la mitad de las clases presenciales.

Según las explicaciones de Montón, tuvo problemas con el sistema de pago online de la Universidad Rey Juan Carlos. Para demostrarlo enseña a eldiario.es una serie de correos de octubre de 2010 con la secretaria del curso, Lara Martínez, donde manifiesta su deseo de recuperar las pocas clases que para entonces ya había perdido tras lograr la admisión en el curso.

 En esos mismos mails, Montón escribe estar "avergonzada" por no haber asistido a esas primeras clases de septiembre. Sin embargo, según explicó a eldiario.es, no acudió a ninguna de las clases al menos hasta enero del año siguiente.
 
Realizó su TFM, pero no lo defendió porque se eliminó esa obligatoriedad

Montón sí muestra borradores y la versión definitiva de 50 páginas de un trabajo final de máster (TFM) sobre reproducción asistida y un par de prácticas de un folio de extensión para justificar que ha cursado el máster completo bajo las mismas condiciones que el resto de sus compañeras. 

Además de un intercambio de mails con la secretaria del máster, Lara Martínez, también aporta otros correos con la directora del Máster Laura Nuño y con su compañera de clase Nuria Varela, periodista y exdirectora de comunicación de la exministra Bibiana Aído.

Sus correos están enviados desde la dirección oficial del Congreso de los Diputados. Entre esta documentación no hay rastro de comunicaciones con profesores. Preguntada por algún mail de envío de trabajo, contesta que no los conserva. 

Tampoco conserva el mail en el que entregó el Trabajo Fin de Máster que, aunque aquel año ya era preceptivo defender ante un tribunal, se entregaba al profesor. Esa excepción de no defenderlo en público se aplicó a todas las alumnas, no solo a la entonces diputada. Sacó sobresaliente y fue calificada por Laura Nuño.
 
Sobresalientes sin pisar la clase

La política socialista se matriculó en estos estudios en el 2010, nada más superar su licenciatura en Medicina. Consiguió el posgrado en un solo curso, con una nota media de 8,43. Las alumnas consultadas también sacaron más de ocho como nota final, más o menos la misma que Montón, pese a que habían asistido a clase desde septiembre.

Montón compatibilizó sus estudios con varios puestos en el Congreso: era portavoz de la Comisión de Igualdad; vocal de la de Sanidad, la de RTVE y en otra sobre drogas; adscrita a la Constitucional y la de Justicia y vocal suplente de la diputación permanente. 

Terminó el primer cuatrimestre con todas las asignaturas calificadas con un "no presentado". En junio recuperó esas calificaciones y obtuvo tres sobresalientes, un notable y dos aprobados.
Una de las máximas calificaciones fue entregada por Enrique Álvarez Conde, a quien Carmen Montón dice no conocer ni recordar como profesor. Otro de sus sobresalientes se lo puso Manuel Tamayo, a la que ministra tampoco vio como profesor porque su asignatura se impartió en septiembre.

 "No recuerdo a Montón, ni a ningún otro alumno. No recuerdo ese caso", contesta este profesor a eldiario.es. Ante la pregunta de si ha calificado con sobresaliente a algún otro alumno que no haya ido a clase, Tamayo responde de forma contundente: "Eso no lo he hecho en mi vida".          (Laura Galaup / Raquel Ejerique / Ignacio Escolar , eldiario.es, 10/09/18) 

10.7.18

Una profesora de Cifuentes: “Me callé; veía que peligraba mi vida, mi carrera y mis hijos”

"Me callé. Me parecía que era ir en contra del mundo. Veía que peligraba mi vida, mi carrera y mis hijos”. Así, con este desgarro, la profesora de la Universidad Rey Juan Carlos Clara Souto relató a la juez Carmen Rodríguez-Medel el pasado 10 de mayo su particular vía crucis por el caso Cifuentes. 

Su supuesta firma aparece en el acta del trabajo de fin de máster de la expresidenta madrileña, pero ella nega su autenticidad. “No fui capaz de enfrentarme. Me veía yendo en contra de mi catedrático, Enrique Álvarez Conde, que es una persona que le tenía confianza desde hacía 10 años y contra mis compañeras”.

La firma de Souto figura en la casilla de vocal del tribunal evaluador. Ella mantiene, sin embargo, que ese 2 de julio de 2012 estaba en Galicia a cargo de sus tres sobrinos al haber enfermado su hermana. “Yo lo único que sé es que yo no estuve el día que pone en ese documento”. La juez parece creerla porque Souto es la única de las tres firmantes del acta que no está imputada.





La profesora ha encontrado un recibo del 30 de junio que atestigua que ese día estaba en Galicia, pero ninguno del 2 de julio, la fecha de autos. Pese a los seis años transcurridos, recuerda “con certeza” el momento porque el día anterior “era la final de fútbol que ganó España y sé que estábamos en Galicia viéndolo”.
Además, la relación de Souto con el máster de Derecho Público fue muy lateral. Apenas dio cuatro horas de clase un sábado del curso 2011-2012. 

¿Asistió ese día la delegada del gobierno? “ Yo en ese momento no tenía conocimiento de quién era Cristina Cifuentes. Era la primera vez que daba una masterlass. Estaba muy nerviosa porque me enfrentaba a alumnos más mayores de los de normalmente”.

Souto, aún sin plaza fija y con dos hermanas trabajando como ella en el Instituto de Derecho Público (IDP), lleva años encadenando penas y ante la juez las revivió todas y se desahogó.Sus niños, hoy de dos años y medio, estuvieron delicados de salud y el pasado septiembre murió su padre. Pero asegura que nada ni nadie le ha bloqueado tanto como el caso Cifuentes.“Nunca en mi vida pensé que se me pudiese poner en una situación así”.

El acta presuntamente se falseó el 21 de marzo de 2018, el día que eldiario.es publicó la noticia. “Si mi catedrático, llevo 10 años con él, me dice que hay un problema con el máster de Derecho Público confío completamente y para solucionarlo puede contar conmigo”, relata Souto. Y prosigue estremecida: “Él nunca me ha puesto en una situación negativa como para desconfiar. Pensar que se estaba realizando….”.

Bajo esta premisa Souto dio su permiso a Álvarez Conde para usar su nombre mientras iba camino de la guardería con sus hijos. Luego, siempre según su relato, impartió clase hasta las dos, se marchó a un centro de estética, volvió a la guardería... Asegura que estuvo tan atareada que hasta las diez de la noche no entró en “shock” al verse protagonista de la historia que abría los telediarios.

“Hasta este momento tenía una relación buena de jerarquía” con Álvarez Conde, contó Souto a la juez, y por unas horas la mantuvo. Se vieron luego en casa de su “maestro” junto a sus compañeras. 

“Le pedí por favor que solucionase el problema, que me veía incapaz de salir públicamente y llevarle la contraria a él. (...) Le dije: me estás arruinando la vida y él en todo momento nos tranquilizaba”.

Pero su “maestro” quiso mantener la primera versión vertida a los medios -hubo un error técnico en las actas- y Souto tocó fondo la mañana que tenía que declarar en la universidad. “Me levanté absolutamente desquiciada, no había dormido, me había dado un ataque de ansiedad…”. 

La URJC aplazó la citación de Álvarez Conde y el catedrático Pablo Chico, pero no la de sus tres discípulas que de pronto se vieron declarando primero. “Lo que te parece es que todo va contra ti. Fui a la doctora, me dio una pastilla fuerte y la baja”. La única que habló fue su compañera Alicia López de los Mozos que negó haber firmado.

“Estoy tomando pastillas porque no soy capaz de superar esta situación. Sigo de baja. No puedo entender que te puedan hacer algo así. He venido porque necesito que se aclare esto”, confesó Souto a la juez. Sus contestaciones fueron largas y, cada poco tiempo, echaba mano de una botella de agua para calmar su desazón. No mantiene contacto con ninguno de los implicados, tan solo se cruzó un mensaje con Cecilia Rosado, su compañera, para desearse suerte cuando empezó la instruccción."                (Elisa Silió, El País, 07/07/18)

24.4.18

"Hago trabajos universitarios para otras personas para ganar algo de dinero"

Portada de la web ApruebaTodo

"En estas fechas la mayoría de los estudiantes universitarios se encuentran finalizando las distintas asignaturas o los trabajos finales de grado (TFG) o máster (TFM). Algunos de esos trabajos tendrán la autoría de personas como Julia, aunque no estarán firmados por ella sino por alguien que ha comprado sus servicios a través de diferentes portales de Internet.

“Terminé mis estudios y no encontraba empleo. Me di cuenta de que hacer trabajos universitarios para otras personas era una forma de ganar dinero”, declara Julia (nombre falso) que cuenta con una licenciatura, dos másteres y con experiencia laboral en Estados Unidos. 

Según Julia, en este trabajo se puede ganar en un mes entre 150 y 200€, “una ayuda para hacer frente a los gastos corrientes”, aunque afirma que si se dedicara solamente a esto podría tener unos ingresos de "más de 1.000€, un sueldo de los que ya no hay”.

Estas empresas surgieron sobre todo tras la implantación del Plan Bolonia, caracterizado por incluir en los grados universitarios multitud de prácticas en las asignaturas (además del examen final) y el TFG. El Plan Bolonia ha supuesto un aumento de trabajo para los profesores y alumnos, pero estos últimos han encontrado en estas empresas una manera de aliviar su carga. Eso sí, no es accesible para todos los bolsillos.
“Hace 4 años hice un TFG sobre Historia de la Economía para una chica con la que contacté a través de un foro porque esas webs no eran tan conocidas como ahora. Elaboré 80 páginas y también le preparé el PowerPoint para que lo defendiera ante un tribunal académico. 

Le dediqué mucho tiempo y gané 1.000€”. Así nos cuenta Miguel (también nombre falso) su experiencia haciendo trabajos para otros. Tiene una licenciatura, dos másteres y ha participado en numerosos congresos académicos a nivel nacional e internacional.
“Tras haber tenido varios trabajos precarios, hacer este TFG supuso para mí ganar dinero por primera vez utilizando mis más de 8 años de formación”. Miguel no descarta volver a hacer esto si se queda sin trabajo, aunque señala que “ahora no se cobra tanto como hace 4 años. Han surgido estas webs que tienen a un montón de jóvenes formados y que están tirando los precios”.

“Disfruta de tu tiempo libre. Deja que trabajemos por ti”

“Con apruebatodo.com aprenderás y aprobarás mientras disfrutas de tu tiempo libre. Olvídate de largas y aburridas clases particulares que no te aportan nada, y deja que trabajemos por ti. Aprobado 100% garantizado”. Así es cómo vende sus servicios este portal web, que cuenta hasta con un chat online para aclarar todas las dudas que pueda tener el usuario. 

Para comprar un trabajo universitario en esta platafoma, primero debes introducir el nombre de tu universidad, la carrera que cursas y adjuntar las características del trabajo (tema, número de páginas y de referencias bibliográficas y la fecha de entrega). Después, la web contacta con sus “colaboradores”, como Julia, y les pide que pongan un precio. 

“Por lo general suelo pedir unos 8€ por página, a veces me los dan y otras no. Supongo que la plataforma elabora una especie de subasta y el que ponga el precio más bajo es el que se queda el trabajo”, afirma Julia, al mismo tiempo que confiesa que en estas fechas tiene mucha actividad.

 “Recibo 10 o 12 trabajos al día para que les ponga un precio. Estoy rechazando muchos porque no doy abasto”.
Este periódico ha intentado ponerse en contacto con los responsables de Aprueba Todo pero no han querido hacer declaraciones. 

“Hice una entrevista de trabajo y me ofrecieron hacer un TFG"

Existe una gran demanda en la compraventa de trabajos universitarios. Cada vez son más los alumnos que recurren a estas prácticas. Es lo que se desprende del testimonio de Diego (nombre falso): “me hicieron una oferta de trabajo encuadrada dentro de mi formación . Pensé que sería una gran oportunidad para conseguir un empleo, pero cuando acudí a la entrevista de trabajo noté cosas raras. 

Me preguntaron sobre qué tal me había ido en la carrera y cómo me había salido mi TFG”. Al poco tiempo Diego descubrió la realidad que escondía esa oferta laboral “me ofrecieron hacer TFG para otros, ser colaborador  de su empresa. No hay contrato, ni factura, todo dinero negro. La empresa se llama Avanza y Fórmate y se dedican también a hacer TFM e incluso tesis doctorales”, confiesa Diego mientras nos dice que ha rechazado la oferta.

“Pagué 1.000€ por mi TFG de Obras Públicas”

El último año de la carrera suele ser el más difícil. Ante la imposibilidad de acabar el TFG en tiempo y forma, muchos temen volver a pagar los elevados costes de otra matrícula. Este fue el caso de Francisco (nombre falso) cuando cursaba el último año del Grado en Obras Públicas en una universidad privada.

 “Me encontré en la siguiente encrucijada: o pagar una nueva matrícula o  para que me hicieran el TFG. Al final pagué 1.000€ por el TFG y ahorré dinero y tiempo”, indica Francisco. “Tuve suerte porque un amigo mío que estaba en una situación parecida a la mía pagó 2.000€”. Ahora Francisco trabaja en una empresa vinculada al sector de la construcción.

“Si el tutor no controla, el tribunal tendrá dificultades para detectar la autoría”

José María Jiménez Cano, Profesor Titular de Lengua Española en la Universidad de Murcia y exdecano de la Facultad de Letras, cuenta con 36 años de experiencia como docente universitario y se muestra preocupado por el auge de estas plataformas web.
“Tenemos herramientas para detectar el plagio pero no para esto. 

Yo he estado en tribunales y he juzgado trabajos con serias dudas de que los haya hecho el alumno”, señala el profesor, mientras lamenta la dificultad para obtener pruebas fehacientes para averiguarlo. Aun así, se muestra confiado en que estas prácticas se pueden detectar: “si hay un contacto directo y constante entre profesor y alumno, dificulta la tentación del trabajo fraudulento”.
Sin embargo, Jiménez Cano reconoce que la enseñanza online o no presencial propicia el escenario perfecto para que estas prácticas “tramposas” se lleven a cabo. Por otra parte, el profesor destaca los tres factores que han provocado esta situación: “la percepción del TFG y TFM como un mero trámite (para profesores y alumnos), la masificación de las aulas y la precariedad laboral generalizada”.

Un TFM como el de Cristina Cifuentes desde 432€

La  exclusiva de eldiario.es sobre el falso máster de la presidenta de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes ha provocado que el término TFM sea conocido hasta por aquellos que se encuentran alejados de las dinámicas propias de la universidad. Si se analiza un máster de un año de duración (60 créditos = 1500 horas aprox.), el Trabajo Final de Máster suele equivaler a unos 18-24 créditos.
A pesar de los intentos de Cifuentes por demostrar que cursó y obtuvo el máster en la URJC como cualquier estudiante normal, una de las pruebas principales, el TFM, aún continúa en paradero desconocido, tanto para ella como para la propia URJC. Este periódico contactó con uno de los “compañeros” de Cifuentes en ese máster para que explicara las características del TFM que él sí presentó y defendió en octubre de 2012: un trabajo sobre sobre las televisiones autonómicas de 81 páginas, 16 notas al pie y escritas a verdana 12.
En menos de 1 minuto el portal Aprueba Todo ofrece un presupuesto orientativo para un TFM de esas características. El precio de partida será de 432€, que aumentará conforme se aporten más especificaciones sobre el mismo y, más aún, si se exige que lo hagan en un periodo corto de tiempo.
Cabe destacar que presentar un TFG o TFM hecho por otra persona no puede ser considerado como plagio. Cuando compras un trabajo universitario éste es ex novo y por tanto 100% original.

 En ese sentido, Julia nos confiesa que “la propia plataforma web utiliza programas informáticos para saber si el trabajo por el que me pagan está plagiado o no”. “Cuando el comprador presenta su trabajo en la universidad es muy difícil que alguien pueda detectar que la autora soy yo”.                   (Víctor Peñalver, eldiario.es, 21/04/18)

3.3.11

El hijo de Gadafi... doctor por millón y medio de libras... en la London School of Economics

"La libertad es un derecho inalienable de los individuos. Un Gobierno justo debe protegerla en su Constitución y sus leyes. El ser humano es un agente autónomo y responsable capaz de razonar y elegir y que debe ser respetado".

Así de contundente se pronunciaba Saif el-Islam, el hijo favorito de Muamar el Gadafi para la sucesión, en su tesis doctoral en Filosofía presentada en septiembre de 2008 ante la prestigiosa London School of Economics. (...)

La London School of Economics, que aceptó del estudiante una donación de 1,5 millones de libras (1,75 millones de euros), un año después de la presentación de la tesis, anunció ayer que está investigando las acusaciones de plagio que pesan sobre Saif el-Islam mientras balbucea sobre el dinero obtenido de la familia del dictador. (...)

La tesis, escrita por Saif el-Islam o por alguien pagado por él, sea original o copiada, es extraordinariamente sorprendente. Incluso si él no la redactó, cabe imaginar que, al menos, la supervisó; o que, como mínimo, eligió el tema.

El hijo de Gadafi, de 38 años, educado en Reino Unido y Austria, no solo apostaba por una mayor democracia en el ámbito internacional sino que a lo largo de las 429 páginas de su tesis hizo múltiples referencias a la necesidad de democracia interna dentro de los Estados. (...)

La escuela ha respondido en los últimos días a la cuestión del posible plagio tras las protestas de los estudiantes. "Nos tomamos las acusaciones muy en serio y estamos examinando el asunto bajo el protocolo estándar", señaló ayer un portavoz de la London School of Economics a este diario.

En cuanto a la donación realizada en 2009 por una fundación de la familia Gadafi en su favor, aseguran que hasta el momento solo han recibido 300.000 libras del millón y medio prometido. La institución afirma que no cobrará el resto y que ha cortado todos los programas con las autoridades libias." (El País, 02/03/2011, p. 6)

7.7.10

¿Comisarios de arte o traficantes? Roma investiga al jefe de antigüedades de la Universidad de Princeton

"Para los apasionados del arte antiguo hay pocas cosas tan tentadoras como una vasija de terracota etrusca o una pieza de bronce con muchos siglos de antigüedad. Lo malo es que la tentación a veces va envuelta en jugosas ofertas económicas y hay quien cae en sus redes. Le ocurrió hace cinco años a una de las comisarias del Museo Getty de Los Ángeles, Marion True, quien fue juzgada en Italia por traficar con antigüedades robadas y aún sigue atrapada en el engorroso sistema judicial italiano a la espera de sentencia.

Y aunque desde entonces los museos estadounidenses se han disciplinado, han firmado acuerdos con el Gobierno italiano y le han devuelto a ese país muchas piezas que llegaron a sus manos por vías no exactamente lícitas, parece que hay comisarios que no aprenden la lección todavía. Según desveló recientemente The New York Times, Michael Padgett, de 56 años, responsable de antigüedades del Museo de Arte de la Universidad de Princeton, está siendo investigado en Roma por "exportar ilegalmente y blanquear" objetos arqueológicos italianos.

Si la investigación prospera y se le llega a condenar, Padgett podría acabar con sus huesos en una cárcel italiana, algo que antes del caso Getty no había ocurrido nunca -Giacomo Medici, supuesto cómplice de Marion True, cumple actualmente 10 años de condena por aquel caso mientras ella espera sentencia- y que se esperaba que no volviera a ocurrir jamás.

Padgett no es el único nombre que aparece en los 14 folios que maneja la Fiscalía romana. Al parecer, este experto en antigüedades no trabajaba solo, sino en compañía de Edoardo Almagiá, un ex alumno de la Universidad de Princeton que ejerció durante años como marchante de arte en Nueva York. La investigación se centra en al menos 24 piezas que Almagiá habría conseguido de forma ilegal en Italia y que después le habría "vendido, prestado, o donado" al Museo de Arte de la Universidad de Princeton, con el beneplácito de Padgett, quien supuestamente conocía la procedencia ilegal de las obras.

Según se recoge en los documentos obtenidos por The New York Times, "Padgett puso la estructura del Museo de Arte de la Universidad de Princeton y sus conocimientos a disposición de Almagiá, aumentando el valor de los objetos al darles autoría, a pesar de que sabía que estaba examinando piezas conseguidas de forma ilícita".

Además, la investigación también gira en torno a una veintena de piezas que Almagiá habría obtenido ilegalmente y que después vendió a diferentes instituciones estadounidenses en los años ochenta y noventa. En los documentos obtenidos por The New York Times se menciona al Museo Metropolitan de Nueva York, a los museos de arte de Boston, Cleveland, Dallas, San Antonio, Toledo, Tampa y al Indiana University Art Museum de Bloomington.

La noticia de la investigación ha caído como un jarro de agua fría en el mundo museístico estadounidense, puesto que a raíz del llamado caso Getty y de los acuerdos y restituciones que provocó, los responsables de los museos consideraban que las relaciones con Italia en ese sentido atravesaban por un gran momento. "Estoy en shock", declaró Philippe de Montebello, director del Museo Metropolitan, al saber de la actual investigación. "Pensaba que después del caso de Marion True nadie volvería a hacer algo así". (El País, ed. Galicia, cultura, 13/06/2010, p. 48)