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29.11.18

El neoliberalismo trajo consigo la financiarización en el cerebro y en el corazón, la corrupción

"En grados y formas diversas, en todo el mundo el neoliberalismo, como cuerpo de ideas para organizar la economía y la sociedad, advino trayendo consigo la financiarización en el cerebro y en el corazón la corrupción. Le son profundamente consustanciales. No existe sin ese par de sustancias mezcladas que sólo pueden ser nombradas por separado para fines de comprensión y análisis.

¿Qué fue la crisis de las hipotecas subprime, con la que inició en 2007 una de las peores crisis del capitalismo sino un macrofenómeno financiero corrupto, del que la economía mundial aún no se recupera?

Qué importante resulta que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, comprenda que, financiarización y corrupción son el modo de ser del neoliberalismo. Emprender acciones separadas para cada uno puede disminuir su fuerza. Intentar poner en acto un programa distinto del neoliberal, y tener como cuerpo asesor a actores que portan en su cerebro y en su corazón la sustancia neoliberal, no es coherente.

Aldo Ferrer identifica dos grandes cepas de corrupción, la circunstancial y la sistémica. La primera es circunstancial porque incurren en ella los habitantes de la administración pública; el inicuo y turbio manejo del erario es circunstancial pero continuo, unos sujetos salen y otros entran a superar a los anteriores en exacciones milmillonarias insaciables.

 Esta corrupción es parte del neoliberalismo: la creación del individuo consumista y acumulador sin freno de fortunas ingentes, resultado de la financiarización de la economía. Está a la vista en México el desastre social y nacional de los gobiernos de Carlos Salinas a Enrique Peña Nieto.

La corrupción sistémica ocurre poniendo el aparato del Estado al servicio cuasi exclusivo del capital privado, enriqueciendo sin brida a los magnates de siempre y creando nuevos milmillonarios continuamente: así fue creado el inverosímil escándalo social del 1 por ciento. 

Al Estado se le sujeta para adoptar decisiones y políticas que generan rentas privadas espurias, no necesariamente ilegales ni directamente redituables para quien las adopta, que perjudican el interés público, escribe Ferrer. Nadie puede esperar de esta corrupción sistémica desarrollo social y nacional, conceptos que no son parte del neoliberalismo actuante.

Los investigadores Bibiana Medialdea y Antonio Sanabria, de la Universidad Complutense (La financiarización de la economía mundial: hacia una caracterización. Revista de Economía Mundial, 2013), escriben: “El mismo programa neoliberal, que propicia y consolida la supremacía del capital financiero, expresa su disposición a imponer una agenda favorable para sus intereses… La actividad financiera no sólo se expande vertiginosamente, sino que también altera su composición en términos de mercados, productos y agentes protagonistas.

 Estos cambios tienen la profundidad suficiente para afectar la lógica que rige el funcionamiento económico. En la mayor parte de las economías… las empresas del sector no financiero, las familias y los gobiernos actúan sometidos a esa lógica propia del sector financiero. Como resultado, la actividad económica se ‘financiariza’ y da lugar a numerosos problemas que provocan el debilitamiento de la demanda, la ralentización del proceso de acumulación y una reconfiguración social que perjudica a los trabajadores y beneficia al capital, particularmente a su fracción financiera. Numerosos problemas que, finalmente, han desembocado en la actual crisis”.

El consejo asesor de empresarios encumbrados, que será engrosado con más empresarios, según ha informado el presidente electo, ¿le dirán algo distinto al perverso camino de la financiarización de todo, que todo lo gobierna? ¿No resulta evidente que lo que ese consejo puede aconsejar está por necesidad en la lógica de actuación de sus empresas, inmersas en la economía financiarizada? ¿No es acaso ajena esa lógica a una economía al servicio del país y los excluidos? 

Ya se han expresado los empresarios: “Vamos a tener que hacer política desde la óptica empresarial… también tendremos que decir no, respetuosamente, objetivamente, pero de manera clara y contundente, cuando exista alguna política pública o proyecto que vaya en contra del desarrollo de las empresas en México”.

Me hago cargo de que mis preguntas atribuyen una perversidad deliberada a los propietarios de esas empresas que, sin duda, existe. Baste observar, por ejemplo, la relación de Elektra y de Banco Azteca con sus quizá cientos de miles de clientes de bajos recursos…, terrible.

 No obstante, no es eso lo fundamental. Esos empresarios lo ignoran todo sobre el sistema en el que viven. Son neoliberales porque nacieron ahí, aprendieron su lógica y la dominan y la exprimen acumulando millones… y producen desigualdad. Pero, justamente, es preciso que el Estado pueda ubicarse por encima de esa lógica para que pueda arbitrar las brutales contradicciones que la desigualdad produce y, mejor aún, para llevar bienestar a los excluidos de siempre."                      (José Blanco, La Jornada, 27/11/18)

14.9.17

La corrupción es uno de los motores ilícitos del capitalismo... por eso la corrupción es mundial y las empresas multinacionales son las más corruptas y corruptoras. Hasta dieciocho grandes corporaciones alemanas eran sospechosas de cambalaches delictivos...

"La corrupción es uno de los motores ilícitos del capitalismo, aunque nefasta y destructora para la gente común. Que la lucha contra la corrupción no se toma en serio de verdad lo demuestra que en los países ricos se castiga a funcionarios públicos que se corrompen, pero no a quienes los corrompen.

En el Reino de España es difícil que pase tiempo sin noticia de corrupción. Un problema que no es de hoy ni mucho menos. En 2009, por ejemplo, había en el Reino de España 730 causas por corrupción y en 2012, ya eran 800 los imputados por ese tipo de delitos. Evidentemente tanto hace diez años como ahora, la corrupción no se reduce a unos casos individuales o extraordinarios como pretenden algunos políticos nada fiables.

Un capitalismo de amiguetes

Lo cierto y documentado es que el sistema está podrido. Doménech, Raventós y Búster, al analizar la economía del Reino de España, nos explican que “la naturaleza institucional de la corrupción hunde sus raíces en el capitalismo oligopólico de amiguetes en que se transformó el poder empresarial heredado del franquismo con las privatizaciones desatadas de la Transición. (...)

En ese escenario cuajó ese capitalismo oligopólico de amiguetes que formó una nueva minoría rica que controla gran parte de la economía del Reino de España. Copó el Ibex 35 y, como clase dominante, se sumó a los restos de la aristocracia terrateniente (que esquilma Extremadura y Andalucía rurales), más los grandes accionistas bancarios, altos cargos financieros y grandes propietarios de la industria. Ese capitalismo corrompido ha generado y hecho crecer una economía sumergida que es la cuarta parte del PIB”.

No son casos aislados. La corrupción es estructural y no solo en España. Acabar con ella pasa por cambiar el sistema económico. Probablemente. Y eso son palabras mayores que hay que tomarse muy en serio.

Corrupción internacional

En la década de los noventa y primera del siglo XXI, se desvelaron en Europa grandes escándalos de corrupción como Eurostat, Parmalat y Barclays o el del primer ministro italiano Berlusconi que pretendió promulgar con la mayor desfachatez leyes de inmunidad, para no ser condenado por corrupción; una licencia para robar. En EEUU, las macroestafas de Enron y World Com y, en Alemania las cajas ocultas, dinero negro y sobornos que salpicaron a poderosas corporaciones empresariales (Siemens, Scherin, Daimler Chrysler, Henkel, BMW, Volkswagen o Degusta), mostraron la globalidad de la corrupción. 
Hasta dieciocho grandes corporaciones alemanas eran sospechosas de cambalaches delictivos, por lo que muchos de sus dirigentes se sentaron en el banquillo, acusados de diversos delitos.

Según la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, la corrupción es mundial y las empresas multinacionales son las más corruptas y corruptoras. Marx entrevió el futuro al escribir años ha que “todas las naciones capitalistas abrazan periódicamente el fraude, porque quieren ganar más dinero sin necesidad de producir”.

A efectos de inventario, corrupción es prevaricación, soborno, apropiación indebida, tráfico de influencias, malversación de fondos públicos, fraude fiscal, evasión de capitales, falsedad de documentos, financiación ilegal, concesiones ilegales, adjudicaciones ilícitas, delitos urbanísticos y blanqueo de dinero. Pero también es abuso de poder para cambiar leyes, alterar reglas de concursos públicos o dar concesiones por sobornos del sector privado, en dinero o especies. 
Delitos que perjudican muy gravemente a la ciudadanía. El coste de la corrupción se calcula en España en 90.000 millones de euros, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Mucho dinero que se hurta a la gente común, sus derechos y necesidades esenciales.
Trampas en la lucha contra la corrupción

La corrupción es inherente al capitalismo y solo reducir la corrupción es tarea difícil. ¿No ha de haber corrupción cuando el beneficio es el motor del capitalismo y su escenario preferido la ausencia de normas y de control para ganar más?

La corrupción no es nefasta por cuestiones éticas, que también. Lo es porque recorta ingresos del Estado, dilapida los recursos públicos en gasto público improductivo y reduce hasta casi hacer desaparecer la capacidad inversora del Estado. Además, aumenta la economía sumergida y la desigualdad al recortar el gasto social por ingresos perdidos en perjuicio de la ciudadanía con menos ingresos o sin empleo. 
Encarece y deteriora servicios públicos y hace recaer mayor carga fiscal sobre la ciudadanía y la clase trabajadora. Luchar contra la corrupción de verdad es una exigencia urgente que no admite paños calientes.

Pero en la presunta lucha contra la corrupción hay trampa. Lo explico. Transparency International es la organización global contra la corrupción de mayor renombre. Pero Transparency nunca publica nombres de corruptores, no denuncia a las empresas que sobornan ni tampoco o los muchos y poderosos bancos que aceptan dinero sucio de grandes empresas u otras entidades corruptas. Un dinero sucio y sospechoso que finalmente sale de los bancos impoluto y blanqueado.
 Transparency solo ataca a los gobiernos que se dejan corromper, que por supuesto son corruptos y despreciables, pero hay más actores en esta historia. Faltan los corruptores y los blanqueadores, pues todos conforman la indignidad de la corrupción. Para que no queden dudas, si hay corrupción se necesitan dos: corruptor y corrompido. Quien trampea y cobra; quien paga y se beneficia.
No se puede dejar la corrupción a los políticos

La corrupción tiene todo que ver con los paraísos fiscales. Porque sin opacidad, secreto bancario y ausencia de control y reglas, propios de esos paraísos y de las zonas offshore, corruptores y corrompidos lo tendrían mucho más difícil para esconder su dinero sucio y actuar con la impunidad que tienen hoy. En tanto haya secreto bancario, paraísos fiscales y falta de control de movimientos de capital, habrá corrupción.

Que la lucha contra la corrupción no se toma en serio de verdad lo demuestra que en los países ricos se castiga a funcionarios públicos que se corrompen, pero no a quienes los corrompen. O, aún peor, castigan a quienes informan de fraudes fiscales, una de las herramientas de la corrupción. 
El colmo parece ser que en algunos países europeos se haya permitido en la década de los noventa y primera del siglo XXI deducir pagos a funcionarios extranjeros; es decir, se podían deducir los sobornos del pago de impuestos. Así era y aún queda algún caso por ahí.

Lo que sucede hoy es que pagar muchos menos impuestos se ha vuelto legal por los acuerdos secretos que varios países de la Unión Europea (Luxemburgo, Irlanda, Holanda...) han firmado con empresas multinacionales para que éstas paguen muchos menos tributos. Ya no hace falta arriesgarse a evadir impuestos, que es delito. Los grandes consiguen lo mismo gracias a algunos gobiernos.

Pero la corrupción no es solo un problema español ni siquiera del sur europeo, la corrupción es mundial. Porque en realidad es uno de los motores ilícitos del capitalismo, aunque nefasta y destructora para la gente común. Como afirma el magistrado Joaquim Bosch, “acabar con la corrupción es demasiado importante para dejarlo en manos de los políticos”.

Las ciudadanas y ciudadanos han de coger las riendas de la lucha contra esa lacra. Por eso de entrada se convoca en Madrid una gran movilización y acción en redes sociales contra la corrupción. Para que crezca la indignación ciudadana contra la corrupción y la impunidad de los corruptos. Para poner cara a corruptos y corruptores. (...)" (Xavier Caño Tamayo , El Salmón Contracorriente, 22/06/17)

3.4.14

Los colores de la corrupción: la blanca, tolerada por la sociedad y por las élites; la gris, con ambigüedades; y la negra, la inaceptable

"Qué es la corrupción? Aunque parezca mentira, no está del todo claro. Ni siquiera cuando hablamos de corrupción política. Los expertos en el asunto manejan definiciones que admiten muchas dudas: para los partidarios de una visión amplia, se trata de abusos que contravienen la moral vigente con el fin de obtener beneficios particulares; para los que prefieren concretar más, son actos que violan la ley e implican el enriquecimiento de los corruptos.

 Pero, ¿qué ocurre cuando las costumbres aceptan que los responsables públicos rebañen algún botín? ¿No hay entonces corrupción? ¿Y si las leyes no previeran ciertos casos de saqueo? Cualquier definición cojea.

De todas formas, lo que parece probado es que la corrupción afecta de manera directa al funcionamiento de las instituciones políticas y, con especial saña, al de los regímenes democráticos, más transparentes. La abundancia de corruptelas acaba con la igualdad entre los ciudadanos, erosiona la eficacia de Gobiernos y Administraciones y degrada las condiciones que permiten el crecimiento económico sano.

 Aunque el mayor daño que ocasiona a las democracias reside en el deterioro de su legitimidad. Es decir, provoca eso que llamamos desafección, un distanciamiento casi insalvable entre la ciudadanía y las élites políticas que pone en peligro la cohesión comunitaria y desemboca en un escepticismo abstencionista, obstáculo para el progreso del sistema representativo.

Estos efectos han barrido España en la última década. Las encuestas nacionales y europeas lo muestran de un modo contundente: en torno al 90% de los españoles piensan en la actualidad que la corrupción es uno de los principales problemas del país y que contamina todos los niveles de Gobierno.(...)

 Eso sí, aquí la corrupción no se vincula con el crimen organizado y casi nadie confiesa haber pagado sobornos. Pero las impresiones sobre la putrefacción política resultan desoladoras.

 En una célebre tipología, el politólogo norteamericano Arnold J. Heidenheimer hablaba de corrupción de varios colores: la blanca, tolerada por la sociedad y por las élites; la gris, envuelta en discrepancias y ambigüedades; y la negra, que se cree inaceptable y por tanto punible. 

La mera observación nos dice que un mismo comportamiento, blanco durante mucho tiempo, puede teñirse de gris en un momento dado y más tarde ennegrecerse; o al revés. Y eso es lo que ha ocurrido en España: ciertos hábitos, como las donaciones empresariales a los partidos o los repartos partidistas en las cajas de ahorros, se han oscurecido de repente, para desconcierto de quienes los frecuentaban. 

 Aun así, sigue habiendo zonas bastante blancas o apenas grisáceas, como el nepotismo y las prácticas clientelares, producto de una cultura política que hunde sus raíces en el siglo XIX, si no antes. La recomendación engrasa todavía demasiadas decisiones.

El hartazgo de la opinión pública, motivado por una mezcla endiablada de penalidades económicas y escándalos continuos, exige medidas para castigar a los culpables y prevenir recaídas. 

Debemos aprovechar la oportunidad para mejorar la calidad de las instituciones democráticas y volver a legitimarlas. Incluso los estudios más benévolos —como el de la Unión Europea publicado en febrero— señalan con precisión dónde están los problemas: en los políticos más que en los funcionarios, en la financiación de los partidos, en los gastos y contrataciones de las Administraciones regionales y locales y en sus competencias urbanísticas, pervertidas por la locura inmobiliaria. Y no solo entre los corruptos, sino también entre los corruptores que les rodean. (...)

En 1995, cuando se vivía la anterior oleada de escándalos, Javier Pradera volcaba algunas de estas ideas en un magnífico texto sobre los partidos políticos —organizaciones opacas y proclives a incumplir las normas que ellas mismas aprueban— y recomendaba democratizar sus entrañas (La maquinaria de la democracia. Los partidos en el sistema político español, Claves de Razón Práctica, 58, 16-27). 

Veinte años más tarde, su diagnóstico sigue en pie, pero el mal ha crecido. La tramposa prosperidad del periodo 1995-2007 incrementó las ocasiones para delinquir y, al mismo tiempo, blanqueó las ilegalidades. (...)"               ( , El País 2 ABR 2014 )

4.11.13

¿Podemos decir que España es un país corrupto? Una ecuación nos da la respuesta

"Los casos de corrupción están a la orden del día y producen gran alarma social. Pero ¿podemos decir que España es un país corrupto?

Veamos, ¿cuándo un país es corrupto? Cuando existe lo que los anglosajones llaman petty corruption. Es decir, corrupción generalizada a pequeña escala, consistente en tener que pagar gratificaciones para el desarrollo de las actividades cotidianas, como hacer un trámite administrativo, acceder a un servicio público, como elegir escuela o ser atendido por los servicios de salud.

En este sentido, España no es un país corrupto. No sale mal parada en los rankings que miden este tipo de corrupción. Más bien se acerca a los países nórdicos.

¿No tenemos, entonces, que preocuparnos por la corrupción? Sí, porque aunque no haya una “cultura de corrupción”, como a veces se dice, que afecte al conjunto de la sociedad, si existe una grand corruption que se ha enquistado en algunas actividades públicas. Las causas de la corrupción tienen mucho que ver con el funcionamiento de esas actividades. Si las identificamos, seremos más capaces de erradicar la corrupción.

Son de tres tipos. La primera tiene que ver con el urbanismo y afecta especialmente a alcaldes y responsables de planes urbanísticos. La segunda se relaciona con la licitación de obra pública y las concesiones para la gestión privada de servicios públicos. La tercera, con el uso de subvenciones y ayudas públicas a ciertas actividades, como los expedientes de regulación de empleo (ERE) o las “primas” a las energías renovables.

¿Qué es lo que ha permitido conocer esa corrupción sistémica? No ha sido la actividad preventiva de los organismos encargados de auditar y controlar esos procesos. Esto ha fallado. Han sido, por un lado, los medios de comunicación; y, por otro, la actividad investigadora de los tribunales de justicia y otras instituciones como la Agencia Tributaria.

El conocimiento de las actividades que generan esa grand corruption y de las instituciones más efectivas en identificarlas, nos permite formular lo que podríamos llamar la ecuación de la corrupción española: C = DA + S + Cc - (T + D)

En primer lugar, la ecuación nos dice que cuanta más discrecionalidad administrativa (DA) en la aprobación de planes y licencias urbanísticas, mayor será la corrupción.

 En segundo lugar, cuanto mayor sea el volumen de subvenciones públicas a actividades privadas (S), mayor será la corrupción. La “prima” es una garantía pública de rentabilidad privada que pesa durante años y años sobre el presupuesto público. 

Además, incentiva actividades que están más próximas al negocio financiero que al proyecto industrial. En el caso de los ERE, la subvención da lugar a la aparición de buscadores de rentas, y a que las empresas destruyan empleo en lugar de desarrollar fórmulas para conservarlo.

El tercer factor es la licitación de obra pública y las concesiones para la gestión privada de servicios públicos. Lo podemos llamar capitalismo concesional (Cc). Si analizamos los nombres de las grandes donaciones a los partidos veremos que están relacionados con estas actividades.

 La corrupción en este caso no solo consiste en donaciones o pago de comisiones, sino en contratos que hacen que el beneficio vaya al operador privado, mientras que el riesgo de pérdidas se lo queda el sector público. Los ejemplos son numerosos.

La primera conclusión de nuestra ecuación podría formularse diciendo que en España se ha desarrollado un tipo de capitalismo concesional y subvencionado que es proclive a la corrupción. Si queremos disminuir la corrupción hay que acabar con este tipo de capitalismo rentista y depredador.

La segunda conclusión surge del análisis de los dos factores de la ecuación que disminuyen la corrupción. El primero es la transparencia (T), entendida como el derecho ciudadano a conocer, y la obligación de las Administraciones a responder, con responsabilidad penal si no lo hacen. Este es un elemento poderoso de higiene pública. El segundo es la democracia (D).

Hay tres elementos de la democracia que son esenciales para erradicar la corrupción. El primero es que en las elecciones los ciudadanos penalicen a los políticos y partidos corruptos. El segundo es una prensa libre, capaz de denunciar la corrupción. El tercero, unas instituciones judiciales independientes que investiguen y penalicen la corrupción. Nos podemos sentir relativamente satisfechos, porque esos tres elementos están funcionando.

Pero no hay que bajar la guardia en los dos focos principales de la corrupción: el planeamiento urbanístico y el capitalismo concesional y subvencionado.

La ausencia de incompatibilidad entre ser alcalde o concejal de urbanismo y la dedicación a estas actividades es como poner al zorro al cuidado de las gallinas. Sorprende que un ministro tenga que salir del Consejo de Ministros cuando se tratan cuestiones que le implican a él o a sus familiares y no haya nada similar en los Ayuntamientos. Alguna restricción hay que introducir en este terreno.

El capitalismo concesional y subvencionado ha operado hasta ahora en la obra pública, los servicios domiciliarios y algunas actividades como las renovables. Pero está comenzando a penetrar en un nuevo campo: la sanidad. Hay que ir con cuidado, porque es susceptible de generar la misma corrupción.

No trato de demonizar la colaboración público-privada en la gestión de servicios de la sanidad pública. Pero las empresas que quieran operar en esas actividades han de funcionar con el mismo criterio de transparencia, riesgo y ventura con el que lo hacen los empresarios que arriesgan su patrimonio en las actividades de mercado. Ese es el buen capitalismo."                   ( , El País,  28 JUL 2013 )

8.10.13

Seis preguntas sobre la corrupción

"Me permito recoger aquí las respuestas al completo, para un reportaje sobre la corrupción (“El alto coste del lado oscuro“, El País, 11/08/2013), a un cuestionario que me planteó el periodista Miguel Ánguel García Vega.

Primera, ¿Qué efectos microeconómicos tiene la corrupción?

La corrupción premia  las actividades no productivas buscadoras de rentas y castiga a los talentos creativos que promueven la elevación de la productividad y el crecimiento económico.

Segunda, ¿Y qué efectos macroeconómicos?

La corrupción está obstaculizando la salida de la crisis a la economía española: genera inestabilidad política, empeora la imagen del país, degrada la confianza inversora, eleva el riesgo y aumenta la incertidumbre económica. 

Ante una inversión nacional deprimida, disuade a la inversión extranjera, al hacer menos transparente y accesible el laberinto burocrático administrativo, al tiempo que aumenta la aversión a involucrarse en proyectos empresariales en un país con una alta corrupción percibida.

Tercera, ¿Hasta qué punto es un incentivo la corrupción de la inversión en bienes tangibles?

La corrupción en España se ha centrado básicamente en actividades vinculadas a bienes inmobiliarios (suelo, construcción, obras públicas), donde es relativamente fácil apropiarse de las rentas generadas a través de concesiones y relaciones privilegiadas con las administraciones públicas, tanto locales como autonómicas.

Cuarta, ¿Cómo afecta a las arcas públicas y a la iniciativa privada?

La corrupción afecta negativamente al erario  público por evasión fiscal y disminución de los ingresos tributarios, por incremento del gasto público improductivo al subir los costes de licitaciones no competitivas, por disminución de la capacidad inversora del Estado y por pérdida de calidad de los servicios para disminuir costes. 

También afecta a la iniciativa privada, porque la corrupción elimina la competencia al promover regulaciones ineficientes y amañadas para generar rentas. Los corruptores sólo pagan sobornos únicamente si esas rentas son de acceso restringido para sí mismos.

Quinta, ¿Cuál es el efecto sobre la desigualdad social? ¿Aumenta la pobreza y la diferencia de clases?

La corrupción tiene efectos inequitativos sobre la distribución de la renta. De hecho, la corrupción es un mecanismo depredador de los recursos de la sociedad: los desvía de la mayoría social hacia una minoría, bien conectada con los decisores públicos, que concentra la riqueza. 

Y es una actividad empobrecedora, porque reduce el gasto público social y provoca pérdidas en grandes proyectos públicos injustificables desde el punto de vista del análisis coste/beneficio.

Y sexta, ¿Qué recetas se pueden aplicar para evitarla?

Tres pueden ser las principales vías de actuación. La primera debe centrarse en la transparencia financiera de los partidos políticos, prohibiendo y persiguiendo las donaciones a los mismos procedentes de empresas reguladas o subvencionadas públicamente. 

Además, los partidos deben limitar los mandatos de sus cargos públicos, no incluir en sus listas a  encausados por corrupción y eliminar los privilegios de los aforados que con frecuencia les hace impunes ante el delito.

La segunda es hacer que el Tribunal de Cuentas funcione eficazmente, que no es el caso, para que audite y controle debidamente todas las transacciones; muy especialmente, las que tienen que ver con subvenciones, concesiones y todo tipo de ayudas públicas.

Y la tercera es garantizar el funcionamiento independiente de los órganos judiciales, dotándoles de un buen soporte informático, informativo y documental; aparte de unas fuerzas policiales bien preparadas con poder disuasorio frente a estas actividades.

Es evidente también que la participación ciudadana, la persecución y castigo de los culpables, el control de los elegidos por los electores, la rendición de cuentas y el funcionamiento no clientelar de los partidos, la  actuación de la Agencia Tributaria y la ejemplaridad del gobierno-parece que no está ni se la espera- son elementos todos ellos que podrían recuperar la tan deteriorada confianza de los ciudadanos en sus instituciones por causa de la corrupción."                  (José María Mella, Econonuestra, 22/08/2013)

26.9.13

En España la corrupción es política, no cultural. Si fuera de los ciudadanos, sería también de los funcionarios, y no lo es

"Ignacio Escolar (IE): ¿Es España un país más corrupto que el resto o es un país donde hay una percepción de corrupción que en otros países de nuestro entorno? (...)

Belén Barreiro (BB): Si nos vamos a los rankings de Transparencia Internacional, España está en un punto intermedio. Estos rankings se hacen con entrevistas a expertos, que miden fundamentalmente los sobornos. En este aspecto, España está peor que Suecia pero mejor que Italia, por ejemplo. 

Sin embargo, estas encuestas están infra estimando la corrupción que hay en España. Los datos del Eurobarómetro de 2011 muestran que en España únicamente el 3% de la población se ha visto implicada en un soborno. Es un porcentaje que está por debajo de la media europea.

 La corrupción en España está concentrada en muy pocas personas pero con grandes robos. La corrupción es un problema muy relevante en nuestro país, pero en los rankings internacionales, por el tipo de corrupción que intentan identificar, España no queda como un país excesivamente corrupto. (...)

Aquí la corrupción es política, la alteración de los fines constitucionales de la función pública; no es de los funcionarios.

BB: No solamente no es de los funcionarios, sino que tampoco de los ciudadanos. En general, cuando se pregunta a los ciudadanos si les parece bien o mal cuestiones como fumar en espacios en los que está prohibido hacerlo, aparcar en segunda fila o defraudar a Hacienda, las respuestas son contundentes en cuanto al rechazo que provocan estos comportamientos.

 Es una oposición rotunda. Luego los españoles tienden a creer que los demás españoles son corruptos. Esto también es algo misterioso y es algo que debería llevar a preguntarnos por qué pasa.

Pero entre los ciudadanos está muy claro lo que es corrupción y lo que no es corrupción.

IE: O sea, ¿no hay nada de cultural?

BB: No hay nada realmente cultural. Aquí la corrupción es política y si fuera cultural, sería funcionarial también.  (...)

Marc López (ML): Decíais que la corrupción es política. ¿No es también económica?

BB: ¡También! Unos pagan y otros reciben.

ML: ¿Dónde ponéis el origen? En una voluntad de acumulación económica por parte de unos cuantos que después se ponen de acuerdo con políticos o lo ponéis en la política. 

JQ: Esto es sencillo. ¿Dónde está el dinero de un país? En los bancos y en las administraciones públicas. ¿De dónde es más fácil llevárselo?; de las administraciones públicas porque hay menos controles. Pese a que tengamos muchas leyes, el control efectivo brilla por su ausencia; los ejemplos son clamorosos e indecentes.

IE: Entonces pensáis que es un problema, entiendo, de construcción institucional? Existe una legislación poco adecuada? Existe falta de transparencia? Existe una importante arbitrariedad por parte de las administraciones? 

JQ: La trampa es creer que la legislación es insuficiente. Legislación, hay! El tema es que los que tienen que controlar, los controladores, están mirando hacia otro sitio.

IE: El caso más evidente para los partidos políticos es el del Tribunal de Cuentas. Son los propios partidos los que nombran cuáles van a ser sus vigilantes hasta la parodia de que uno de los que vigila al Partido Popular es el hermano de José María Aznar que es uno de los consejeros actuales del Tribunal de Cuentas. (...)

BB: De hecho los estudios comparados ponen de manifiesto que en España hay exceso de regulación y por ello, como ha pasado en Italia, es posible encontrar el hueco para hacer la trampa. Por otro lado, tenemos un poder político, sobre todo en los municipios, muy discrecional.

 El poder de los alcaldes en España es mayor del que tienen en otros países. Entonces si por un lado se tiene una legislación que es como una plastilina que puedes moldear a tu gusto porque es excesiva y, por otro lado, hay falta de controles porque los alcaldes detentan un gran poder en sus municipios, se dan las condiciones perfectas para las corruptelas.

JQ: Hay un ejemplo clarísimo. Las administraciones no pueden contratar si no tienen previsión presupuestaria. Esto parece elemental y además lo dice la ley. Un contratación así es nula de pleno derecho. Bien. Los fondos de liquidez que ha creado el Gobierno han ido a pagar las facturas pendientes, guardadas en un cajón de la Administración, que no se podían pagar porque eran nulas.  (...)

IE: ¿Hay responsabilidad ciudadana en todo lo que ha pasado o la ciudadanía ha sido la víctima? Es decir que gobiernos corruptos consiguieran mayorías absolutas...¿los ciudadanos no penalizan la corrupción? ¿No tienen suficiente información? ¿Asumen que hay otros valores a la hora de votar por encima de la corrupción?

BB:Son responsables cuando se benefician de la corrupción y votan al partido que hace que toda la comunidad se beneficie: “como me han puesto el polideportivo me es igual si por el camino se han llevado dinero porque yo tengo mi polideportivo”. Esto es así. La corrupción sí se castiga pero se castiga poco. Demasiado poco. 

Y se premia cuando hay beneficios para la comunidad. Sobre esto ya hay varios estudios en el caso de España aunque también en otros países. Esto es gravísimo porque ahí sí que hay cierta responsabilidad del ciudadano.

JQ: Yo aquí vuelvo a la cosa cultural. Los estudios que han hecho Eva Anduiza y su equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona sobre elecciones y castigo dicen que el electorado, creo que es por falta de madurez política, cuando ha decidido que es de un partido, le vota hasta el final. Los swing voters en España son muy pocos. En cambio en el mundo anglosajón es distinto.

BB:En el mundo anglosajón hay un porcentaje de swing voters que no es muy distinto al de España. El problema es que en España todos los partidos se han visto afectados por la corrupción, por lo que el ciudadano tiene dos opciones: o votar al partido ideológicamente más próximo o quedarse en casa. No hay más opciones.

Y por el lado de los políticos, sí que hay diferencias. Tienes el caso de aquella ministra sueca que dimitió por el caso Toblerone y tienes el caso de Ana Mato que no dimite. ¿Qué tienen que ver los ciudadanos con esto? 

Ahora se ha puesto de moda hablar de la ejemplaridad pública pero es que es verdad que en España los políticos no tienen suficiente autoexigencia. Y en parte se debe a que saben que serán reelegidos. Pero el daño que hacen a la democracia con estos comportamientos es enorme. Y aquí el ciudadano no tiene responsabilidad.  (...)

IE: Y una última pregunta. ¿Cómo puede acabar esta situación? ¿Puede acabar con un estallido social? ¿Con un nuevo mapa político similar a la italiana?

JQ: En Italia una situación como esta nos trajo a Berlusconi y después a Grillo.

BB: Yo nunca he visto lo que estoy viendo ahora en las encuestas. Puede ocurrir que el PSOE quede primero o que quede tercero o cuarto. Que el PP quede primero o segundo. Que IU quede segunda o cuarta.

 Que UPyD quede segunda o que quede tercera o que quede cuarta. Puede ocurrir de todo. En los datos de voto brutos de algunas encuestas está IU por encima del PSOE y del PP. Luego está la abstención, los indecisos, el voto en blanco y el voto nulo, que suman el 50%. Es insólito lo que sale en las encuestas, insólito. 

JQ: ¿Y qué factor crees tú que es el que más incide?

BB: Es una mezcla de todo lo que estamos hablando. Los ciudadanos lo están pasando mal y al ver los casos de enriquecimientos ilícitos el daño que de por sí causa la crisis se multiplica. Es lógico.  (...)

JQ: Pero con estas caras, con estas eternas caras, esto no funciona. Este mensaje lo pones en boca de Rajoy y Rubalcaba y no cuela. Si la gente piensa que es para que ellos vuelvan, no vamos a ningún sitio. Tienen que hacer un cambio de caras, de gestos y de contenidos.

BB: Si el PSOE hace un cambio ilusionante podría ganar las elecciones. La descomposición electoral es tal que ahora mismo puede suceder cualquier cosa y si puede suceder cualquier cosa, la operación perfecta para el PSOE sería poner a un buen candidato y convertirse en una opción ilusionante. Pero también el resto de partidos podría tener en estos momentos la oportunidad de ser esa opción de futuro."         ( Ignacio Escolar moderó esta conversación entre Belén Barreiro y Joan Queralt., el diario.es, 11/07/2013)

25.9.13

Los márgenes de impunidad que permite la legislación española son mucho mayores que las de otros países

"Cuando la corrupción política deja de ser un hecho anecdótico y se manifiesta como un fenómeno frecuente, debería hacernos reflexionar sobre sus causas. Los españoles no somos diferentes a cualquier otro ciudadano europeo; pero España puede ser diferente en su entramado institucional, que hace posible que las desviaciones del poder sean más frecuentes. (...)

A mi juicio, los márgenes de impunidad que permite la legislación española son mucho mayores que las de otros países, dando patente de corso, a algunos, para aprovecharse de los bienes de todos para su provecho particular. Y esto es lo que explicaría nuestro mayor índice de corrupción.

El primer hecho que llama la atención, a cualquier observador, es que un alcalde pueda dar una licencia de obra en un suelo no urbanizable, incluso con informes técnicos en contra, sin que luego tenga ninguna consecuencia para él; a pesar de que el Ayuntamiento puede verse obligado a indemnizar al titular de la licencia, si un juez obliga a reponer la legalidad urbanística. 

En los casos más escandalosos, se le condena a inhabilitación para ejercer cargo público, lo que puede suceder cuando ya no está en la corporación. (...)

También es chocante que un cargo público no presente las cuentas, o lo haga con notables carencias y errores, sin que tampoco tenga ninguna consecuencia. (...)

Otra perversión del sistema es que un cargo público pueda gastar por encima del presupuesto aprobado, dejando una deuda oculta para el futuro, sin que le pase absolutamente nada.(...)

 Sería lógico que el infractor respondiera personalmente de las cantidades no autorizadas.

 Un hecho más difuso, aunque igualmente grave, es contratar personal, al margen de cualquier procedimiento basado en el mérito y la capacidad. (...)

 La corrupción es un cáncer en el interior de un país: rompe la confianza en las instituciones, deslegitima el sistema político y hace que cunda el mal ejemplo entre los ciudadanos, incitando la vulneración de la ley. (...)"              ( , El País, 28 AGO 2013 )

26.6.13

La corrupción cumple la función de redistribución de las ganancias entre los agentes del capital

"La corrupción no proviene de desajustes ni distorsiones de la economía de mercado capitalista, sino que es el resultado natural de su funcionamiento. Incluso, se puede pensar que la corrupción se encuentra en la raíz, en los fundamentos de la economía de mercado. 

Expresado en términos teóricos podemos decir que por un lado, una parte importante (tal vez la totalidad) de la acumulación primitiva, tanto desde la perspectiva temporal como desde la estructural, se realiza mediante la corrupción. 

Por otra parte, la corrupción cumple la función de redistribución de las ganancias entre los agentes del capital, ya que la distribución primera está lejos de ser aceptada indiscutiblemente por todos.

Es decir, la corrupción pone de manifiesto la lucha intraclase para apropiarse de las ganancias derivadas de la explotación de la fuerza de trabajo. Cuando los representantes del capital no llegan al consenso (casi nunca llegan) esta lucha deriva hacia acuerdos parciales para establecer formalmente unas reglas de juego (cierta legislación mercantil, nuevas instituciones). 

En este proceso de la formalización de las reglas de juego no está ausente la necesidad de legitimar el sistema ante la resistencia de la mayoría de la población, estableciendo, por ejemplo, sistemas de fiscalidad o redistribución formal en beneficio de sectores más amplios de población. 

En este contexto, es posible que algunos agentes del capital aprovechen debilidades y vacíos legales o administrativos para apropiarse de partes de ganancia. ¿Son corruptos? Desde el punto de vista de los que han forjado aquellas instituciones o regulaciones, para ser calificados como corruptos deberán ser imputados y sometidos a procesos de resultado incierto.

Resumiendo, los actuales casos de corrupción conducen a dos conclusiones:

Primera: el término corrupción y la calificación negativa de sus contenidos son conceptos muy relativos porque dependen de unas normas, leyes e instituciones establecidas en una sociedad dividida. Desde esta perspectiva podríamos hablar de corrupciones “legales” o “legalizadas”. Un esfuerzo para aproximar las líneas rojas de la corrupción a un nuevo sistema de valores sería transformador.

Segunda: La última causa del deterioro económico y social no se encuentra precisamente en los corruptos (que también contribuyen) sino en un sistema que en sí mismo genera incentivos para la corrupción y que se alimenta de ella.

Después de todo, los regalos, el dinero y demás activos financieros o reales, utilizados para corromper, proceden de la apropiación o despojo del excedente, es decir, de la explotación de la fuerza de trabajo por parte del capital."         (Benjamí Bastida, artículo publicado en La Directa, La Marea, 05/06/2013)

21.3.13

El alcalde de Palencia: “Decidiremos lo que nos dé la gana, que para eso estamos”

"Alfonso Polanco, alcalde popular de Palencia, ha sido el último político afectado por el síndrome del micrófono abierto. El regidor palentino estaba charlando durante un acto con el presidente de la Federación de Castilla y León de Golf (FCYLG) y sin quererlo ha desvelado cómo se hacen las cosas en su Ayuntamiento: “Hasta que decidamos (…) lo que nos dé la gana, que para eso estamos”.

Polanco estaba hablando con José Ignacio Jiménez sobre la ampliación del campo de golf mientras se emitía un vídeo para los medios sobre la campaña Golf en los colegios, que ya de por sí aclara mucho sobre la predilección de los miembros del PP por este deporte para las élites.

Ampliación del campo de golf

En la conversación indiscreta, que ha difundido la Cadena SER local y que puede escucharse aquí, puede escucharse al presidente de la FCYLG quejarse de que “de momento se ha quedado un poco en stand by hasta…”.

“Lo que nos dé la gana”

Entonces entra en escena el alcalde, que termina la frase de su interlocutor, “hasta que decidamos, hasta que lo que nos dé la gana, que para eso estamos. Si nos vuelven a elegir lo hacemos directamente. Y si no, al que venga, le convences tú…”.

Otra recalificación

Polanco sigue hablando y dice: “Aunque tengo que recalificar otro terreno como zona verde… tendría que hacer expropiaciones y me iba a meter en un lío gordísimo. Es positivo, yo apuesto por ello pero…”.

“Quítalo”

En ese momento, Jiménez vuelve a tomar la palabra: “Además no es el mejor momento, precisamente por eso, ahora la Federación Española está con el grifo cerrao total… Las actuaciones públicas están teniendo ya dificultades… Antes, casi no digo que hubiera cheque en blanco, pero ahora ya…”. De repente, Polanco descubre el micrófono abierto y suelta un tajante “quítalo”.

Tropezones con el golf

No es el primer micrófono que pilla a un dirigente del PP… ni el último encontronazo con el golf. Que se lo digan si no a Esperanza Aguirre, experta en ambas materias. La expresidenta madrileña apostó recientemente por aplicar “claramente un IVA reducido para el golf” porque este deporte es “una riqueza para nuestro país”.

Campo en Chamberí

Aguirre sabe de lo que habla, y su sucesor Ignacio González, también, aunque no es tan cierto que la “riqueza” sea para el país. En el centro de Madrid existe un campo de golf donde los vecinos esperaban un espacio verde. Un cuñado de González fue promotor del proyecto, y un socio del cuñado y del hermano del presidente recibió la gestión de las instalaciones deportivas.

Canal de Isabel II

En aquel entonces, González era vicepresidente, pero presidente del Canal de Isabel II, la empresa pública que cedió los terrenos para el campo de golf y adjudicó las contratas. Pero González no se abstuvo en la toma de decisiones y ocultó al resto de consejeros sus relaciones familiares.

Declarado ilegal

El campo de golf ha sido declarado ilegal por el TSJM y por Tribunal Supremo, al acordar que no tiene licencia urbanística y que la maniobra de calificarlo como de interés general no estaba justificada. Los vecinos se han manifestado este mes pidiendo que se construya un parque público, ya que el barrio de Chamberí es el distrito que tiene menos zonas verdes de Madrid."        (El Plural, 20/03/2012)

4.1.13

“Esto funciona así”: Anatomía de la corrupción en España

"Es indudable que los verdaderos expertos en la corrupción son quienes la practican. (...)

En este texto hemos seleccionado una (corta) serie de fragmentos de estas conversaciones que son suficientemente representativos para ilustrar lo que podemos llamar el “imaginario de la corrupción” en España.

I. EL IMAGINARIO DE LA CORRUPCIÓN

¿Qué tienen en la cabeza los corruptos cuando llevan a cabo actividades presuntamente delictivas? (...)

Después de leer un buen número de sumarios judiciales sobre delitos de corrupción, creemos que estamos en condiciones de condensar ese imaginario de la corrupción en cinco elementos (tabla 1). Los entrecomillados son expresiones literales extraídas de tales conversaciones.



1. Los frutos de la corrupción: el bolsillo y otros fines
El primer elemento del imaginario son los fines perseguidos por la corrupción. El fin principal suele ser el enriquecimiento ilícito, pero generalmente de manera instrumental aparece un segundo fin relacionado con este: la financiación de las campañas electorales. 

Para poder enriquecerse ilícitamente con la “venta” de determinadas decisiones públicas es necesario previamente haber alcanzado una posición de poder público. Para ello, en el caso de puestos de elección pública, es necesario invertir en el coste de una campaña electoral con la que asegurar que se va a alcanzar la posición de poder deseada. 

Una conversación ampliamente conocida, publicada en su momento en la prensa,[1] nos sirve para ilustrar estos extremos. Tuvo lugar en Orihuela entre Ángel Fenoll –un empresario del sector de las basuras, que es uno de los grandes protagonistas del Caso Brugal– y un entonces concejal de un grupo político minoritario del Ayuntamiento de Orihuela, el Centro Liberal, Jesús Ferrández. (...)

Ángel Fenoll: Cuando llegue el momento antes del Pleno...
Jesús Ferrández: Si yo no quiero nada, tú paga la campaña.
Fenoll: Ya, ya... Que sí... Que te lo digo para que tengas confianza al 100%... Una campaña al estilo americano.
Ferrández: Al estilo americano no, una campaña que podamos sacar ocho o nueve concejales... Yo quiero que estos [PP] no gobiernen solos, que si nosotros decidimos después, decidimos nosotros [CL]. (...)
Ferrández: Nosotros, con cincuenta votos de La Murada, veinte de La Aparecida... Nos sobra, no tenemos que sacar mayoría absoluta, con sacar un par de concejales más ya está, no tenemos que ganar las elecciones. Y si nosotros tenemos la suerte...
Fenoll: Tienes la llave... Ellos tienen que entenderse contigo, ellos quienes sean...
Ferrández: De eso se trata. Además tú lo sabes... Yo eso de ser alcalde me la suda. Yo lo que quiero es mangonear por detrás. Si el que se ha equivocado conmigo ha sido Medina [el entonces alcalde de Orihuela]. Podría haber sido el tío más feliz del mundo, teniéndome a mí mangoneando por detrás, es lo que más me ha gustado siempre. A mí eso de los discursos me la suda.
 Están hablando, aunque no explícitamente, de que se trata de comprar votos. (...)
Ferrández: Nada más que mangoneemos un poco y cogiendo un par de PAUS de cuatro millones de metros cuadrados ni basuras ni la puta que las parió.
Fenoll: Es verdad, sí.
Ferrández: De qué estamos hablando. Se pueden ganar miles de millones con un PAU de tres millones de metros cuadrados. Tú calcula que los tres millones son millón y medio de metros cuadrados y la media entre el suelo y lo que gane de las viviendas, ponle como mínimo un beneficio de 20.000 pesetas el metro cuadrado: Salen 30.000 millones de pesetas, que es lo que están ganando esos hijos de puta.
Fenoll: Están ganando todo el dinero del mundo.
 Pero, claramente, lo importante en el contexto temporal de los años del boom  inmobiliario es tener el control sobre el desarrollo del suelo en el municipio. La velocidad con la que calculan el rendimiento de estas operaciones es suficiente evidencia de cuáles son los objetivos que pretenden realmente desde la posición de poder a la que aspiran. (...)

2. “Tener la llave”: el cargo como oportunidad

El segundo elemento del imaginario gira alrededor de la idea de que el ocupante del cargo público se encuentra en la posición clave para tomar la decisión pública necesaria que permite el negocio corrupto. 

En todas estas conversaciones grabadas por los cuerpos policiales aparece constantemente, como ya hemos visto en uno de los fragmentos anteriores, la expresión “tener la llave”. La ocupación del cargo público adecuado es vista como una oportunidad para el enriquecimiento ilícito de su ocupante. (...)

La conversación elegida para ilustrar este elemento del imaginario tuvo lugar en Camas, en la provincia de Sevilla, el 12 de septiembre de 2005. (...)
Concejal: ¿Qué recibiría yo?
Intermediario: ...Pues resolver tu vida, la de tus hijos, y la de veinte generaciones tuyas [...] Esto es un filón. Esto es oro, oro y oro.
Concejal: La corrupción la he visto pasar siempre tan de lejos. No creí que me iba a coger tan de cerca.
Intermediario: A todos nos llega la hora. A ti te ha llegado ahora. Yo voy a lo mío. No sé si vienes a sacarme información. Pero yo quiero hacer. Yo tengo unos señores que tienen unos intereses ahí. Te estoy hablando claro. Y tenemos la oportunidad de resolver nuestra vida para veinte generaciones, la tuya y la mía.
  Siguiendo con el segundo elemento, el del cargo público como oportunidad, una segunda ilustración corresponde a una conversación que tuvo lugar el 5 de junio de 2008 en Arrecife (Lanzarote), entre un consejero del cabildo de la isla y un intermediario que viene a pedirle que desbloquee un plan urbanístico recurrido por el cabildo ante la jurisdicción contenciosa y por la vía penal, a iniciativa de este mismo consejero. Esta conversación completa representa una antología de la corrupción. (...)

[...] y tú imagínate que hubieras trincao un 5 o 10 de todo el proyecto ese, ¿qué pasa?, y es que te digo una cosa, si no lo hicieras, si no lo hicisteis tú o la persona que tenía en ese momento la llave es que son gilipollas, te lo digo sinceramente, es que son gilipollas, porque se creen ustedes que van a estar aquí toda la vida, que la política es itinerante [sic.], que esto no es un contrato fijo de trabajo, tú lo sabes, es que es así [...]

 Entonces tú te vas a mantener ahí tres años, garantizar tres años. La próxima, mira, tío, no lo sé, porque dentro de la maquinaria de ustedes unos cuantos que quieren quitarte a ti para ponerse ellos [...] 

Es que quieren tu puesto, quieren tu puesto, eso es lo que hay, entonces, tienes tres años. Pero vamos, yo no te voy a decir a ti lo que tienes que hacer, que tú eres un tío bastante inteligente. Tú deberías amarrarte bien, y amarrarte bien, y amarrarte bien. Garantizarte tu futuro. (...)
 
2.B. “Si no lo haces, eres gilipollas”

El segundo elemento del imaginario de la corrupción tiene un corolario. No es solo que cuando se disfruta de un cargo público en el que se tiene la llave hay que aprovecharlo, sino que si dejas de hacerlo no es porque seas un tipo íntegro, sino porque eres tonto o, como suelen decir los corruptores en estas conversaciones, “gilipollas”.

 La justificación que dan los corruptos para afirmar que quienes no se aprovechan del cargo público no son dignos de respeto se basa en dos razones. La primera es que, de todas formas, “todo el mundo pensará que lo estás haciendo”, así que, si vas a quedar como un corrupto, al menos que sea con fundamento. Este primer punto queda de nuevo magníficamente ilustrado en la conversación canaria. El intermediario dice:
Claro, o sea lo que es de gilipollas, es que eso vaya p’alante, y ahí nadie haya trincado nada [...] en un proyecto que es [...] tela marinera. ¿Qué quieres que te diga? Pues si no han trincado nada ahí, no lo entiendo, sinceramente no lo entiendo [...] Como todo el mundo sabe lo que hay, que es imposible que no se haya hecho nada ahí.
 La segunda razón es que “si no lo haces tú lo hará otro”. Es absurdo hacerte el héroe de la integridad, porque siempre habrá otro dispuesto a dejarse comprar, así que aún te sentirás más tonto por no haber aprovechado la oportunidad cuando la tuviste. Según explica el intermediario a la concejal de Camas:
Esta gente te va a montar un negocio y no vas a tener que trabajar más. Y si no lo haces tú, lo hará otro.
Esto recuerda la frase que Francisco Hernando Contreras, El Pocero, le dijo al alcalde de Izquierda Unida que paró el desarrollo de la enorme ciudad dormitorio de Seseña[3]: “Tú eres tonto. Eres el único alcalde honrado de España.” (...)

Tras una larga (y espeluznante) narración a cargo del intermediario de numerosos casos de corrupción en la isla en la que nombra directamente a un buen número de conocidos políticos de todos los partidos, el consejero del cabildo reacciona con ingenuidad y el intermediario no le da opción:
Político: Aquí el más tonto hace relojes, ¿no?
Intermediario: Tonto aquí, yo no veo ninguno. Yo el día que me presentes a uno te doy una medalla.
Político: El primer tonto soy yo, parece hay alguno despistao.
Intermediario: No, tú no eres tonto, lo que pasa es que acabas de entrar también ¡joder!, llevas poco tiempo, ¿no?
 
3. “Además, no te va a pasar nada”

El concepto de la impunidad es un elemento poderoso en el imaginario de la corrupción. Las reglas del juego corrupto son sencillas, “la Biblia está escrita desde hace tiempo”, según el intermediario de la conversación canaria en otra frase digna de ser esculpida en mármol:

¿Cómo se hace eso? Pues muy sencillo. Tú, que eres el personaje público, ni apareces. Entonces, por ejemplo yo [con el promotor] hago un contrato, ese sí que se hace público, una cosa 100% legal, de un porcentaje en el que figura que [el intermediario] tiene un porcentaje en esta sociedad, luego yo contigo, si tú quieres, hago un contrato privado –el contrato privado vale igual que uno público–.

 Tú tienes tu copia y la guardas, que de la parte mía el 50% es tuyo, y ya está. Eso no tiene por qué aparecer jamás en la vida, jamás. Cuando tú termines todo tu bagaje y tal y cual, que no va durar mucho o cuando tú quieras, eso se llevará a escritura pública y ya está [...]

Así es como se hace, ¿entiendes?  [...] Con cosas privadas tú no vas a ver nada, eso se amarra bien y no hay problema, eso te lo digo yo [...] La Biblia está escrita desde hace tiempo  [...]

Esta operación, si sale, va a salir de puta madre, ya lo verás. Cuando tú te encuentres con una cosa de esas, si quieres voy yo y lo arreglo, o sea, tú no tienes ni que aparecer. Si a ti te viene mañana [el promotor]... ¡Coño! ¿Cómo podemos desbloquear este tema tal y cual? 

Tú me llamas [el intermediario], vete con él [el promotor], escucha lo que te dice, y luego yo hablo con él: esto lo podemos desbloquear, pero ¿cómo queda la cosa? Y ya está, tú no apareces por ningún lao, por ningún lao  [...]

El blanquearlo es muy fácil, o sea a mí me dan mañana mil millones de pesetas, me dicen: “Mira tengo mil kilos en, no sé, Islas Caimán o..., tráetelo p’acá y lo tienes blanqueado en dos años.”

En este caso, el intermediario le explica al político cómo hacer el pago del soborno garantizándole toda la opacidad posible para que no deje huellas. (...)
 
4. “No vayas a joder al pueblo”

Ampliar el número de beneficiarios de este tipo de intercambio parece ser otra de las principales reglas del juego entre corruptos, al menos entre los más avezados en estos negocios. 

La conversación de la isla canaria vuelve a servirnos una ilustración de este elemento del imaginario. Tras poner algunos ejemplos de políticos corruptos a los que perdió la avaricia, el intermediario advierte al político:
No vayas a joder al pueblo, o sea lo que es estúpido es que en el [barrio popular], tú no le dejes hacer casas [...] Claro, tú tienes que ser generoso, a la gente del pueblo ponle lo que quiera a [barrio popular] dos plantas, y en [otro barrio] otra planta más pa esa gente para que lleve a la familia y que se beneficie todo el mundo y después de tres o cuatro operaciones gordas que hay [...], empresas privadas con dinero y tal, a la gente no le importa mientras  [...] tú hagas cosas por el pueblo. Lo que no puedes hacer es to pa mí, to pa mí y que se joda el resto del mundo, entonces te joden vivo. (...)
Un ejemplo de esta hipocresía populista es el de Jesús Gil. Después de tantos años en Marbella, donde renovó cuatro veces seguidas su mayoría absoluta; después de tanta supuesta creación de riqueza y puestos de empleo, la población de Marbella se había multiplicado por cuatro. 

Sin embargo, la realidad es que siguió teniendo un solo consultorio médico, las mismas líneas de transporte público, y menos metros de jardines públicos por habitante de las que tenía antes de Gil.[4] 

El mensaje es: “No vayas a joder al pueblo”, pero realmente el pueblo acaba gravemente perjudicado por este tipo de comportamientos, aunque en muchos casos tarde bastantes años en advertir las consecuencias del mal gobierno y la corrupción.

5. “Esto funciona así”

El elemento quizás más preocupante de este imaginario es la transmisión de la idea de la inevitabilidad de la corrupción, la idea de que el sistema político en la práctica “funciona así”. Las reglas del juego son estas, y, por lo tanto, lo de cumplir con la legalidad parece ser lo excepcional. (...)

La siguiente conversación es pública, tomada de una entrevista del reportero Luis Gómez en El País en noviembre de 2010.[5] (...)
Luis Gómez: Y sus competidores están también convencidos de que recibe trato de favor de los políticos.
Enrique Ortiz: Un político no te da la contrata, pero sí te la puede quitar. Las cosas las tienen muy claras. He hecho muchos favores toda la vida a políticos de todos los colores. Tienes que ganarte su confianza: si te piden que hagas una obra porque la necesitan, la haces. Yo por Navidades, ya sé lo que me espera. Que si hay que darle dinero a este equipo modesto. Y ahí está Ortiz. Que si hay que ayudar a las fiestas. Y ahí está Ortiz. Que si a alguna asociación, que si hay que construir una escuela de enfermería en el Sáhara. Y ahí está Ortiz. No se trata de sobornar al alcalde. Si piensas que haces algo mal, te escondes y yo no me escondo.
Gómez: Pero por las conversaciones y los informes de la Operación Brugal se desprende que usted ha ido más lejos en los favores [...] Usted empleaba a familiares de políticos.
Ortiz: Lo he hecho toda mi vida. Cómo le voy a decir que no a un político. Pero no les he regalado el sueldo a esos familiares [...]
Gómez: O sea, que el favor al político está justificado.
Ortiz: Es el sistema. Yo no quería comprar el estadio del Hércules, por ejemplo. Pero había una presión social, que se traslada a que el político te diga: “Tienes que comprarlo.” Y luego digo pero hay que hacer un estadio nuevo, que no es para mí, es para el Hércules, y propongo una operación para hacer uno nuevo, con la permuta de unos terrenos. Es lo que han hecho todos los clubes de España. Yo nunca haría una operación especulativa con el estadio.
 El 9 de junio de 2010, el periódico canario La Provincia desvelaba que Jacinto Álvarez, el exgerente de Urbaser en la isla de Lanzarote, llamaba a María Isabel Déniz, la exalcaldesa de Arrecife, “la Trincona”. (...)

Urbaser es una enorme empresa[6] dedicada principalmente a la gestión de basuras, y pertenece a ACS, la empresa de Florentino Pérez. (...)

La pregunta que cabe hacerse es cómo es posible que una empresa nacional tan potente no denuncie este tipo de comportamientos, de solicitudes de cohechos, cuando se topa con ellos en algunos municipios. Nuestra hipótesis es que esto se debe seguramente a que trabajan con la misma clave que hemos visto antes con los concejales: si no lo haces, lo hará otro. 

Cuando uno habla con empresarios de estos sectores, no resulta tan extraño escuchar que los empleados de estas empresas digan que sus superiores lo sabían. Si tú no pagas los sobornos, otros lo harán y además perderás la contrata. Por esto, quizás, no lo denuncian. Porque también ellos parecen admitir que, al menos en algunos ayuntamientos, “el sistema funciona así”.

Volvamos a la conversación de la isla canaria a la que nos hemos referido repetidamente. En un determinado momento, el intermediario habla de otro promotor inmobiliario muy conocido en la isla, pero al que no representa personalmente en este caso:
Intermediario: JF [promotor] es un tío que hay que reconocer que las cosas cuando las hace, las hace bonitas.
Político: Sí, eso sí.
Intermediario: Bien hechas; por lo menos no es chapucero.
Político: Por lo menos no es chapucero.
Intermediario: Es un tío que lo hace bien y que queda bien.
Político: Se salta la ley con estilo.
Intermediario: Eso sí, se salta la ley con estilo, pero, coño, ya que se la va a saltar alguien que se la salte él, que lo hace bien y deja siempre cosas bien hechas, ¡coño!, cosas bonitas... Como yo sé que al final se la van a saltar, prefiero que se la salte él a que no se la salte un basura que te hace una mierda, un desastre y te deja encima mal.

De nuevo, la idea de la inevitabilidad de la corrupción
 II. ¿EN QUÉ GRADO ESTÁN EXTENDIDAS ESTAS ACTITUDES?


(...) Comencemos con una conversación entre trabajadores manuales de la Comunidad de Madrid, de entre treinta y cuarenta y cinco años de edad, que tuvo lugar el 22 de noviembre de 2006, cuando los escándalos de corrupción urbanística ya dominaban las portadas de los medios de comunicación.[8]
D.: Yo lo que quiero dejar claro por mi parte es que da igual que sean unos u otros, que lo que está claro es que el poder político es la herramienta para tener el poder económico, para manejar la pasta y aquí se ha demostrado que eso es así, son más o menos, y perdonad, clanes casi de mafiosos que se reparten el territorio.

Yo me apostaría el sueldo de un año a que no hay un ayuntamiento en España, sea del partido que sea, al que no le saquen beneficio –da igual que sea izquierda, o el que sea.
J.: Por eso no sale casi nada, porque en todos hay...
 La conversación prosigue:
D.: La lástima que tengo es no haber pensado esto con veinte años en lugar de con treinta y nueve, porque ya me habría encargado yo de meterme en el rollo de la política que ahora sería concejal.
J. C.: Es que es una mafia.
D.: Porque también como luego no te va a pasar nada y que por otro lado estas cuatro años y luego a vivir, porque no conozco ningún político que al dejarlo se haya tenido que ir de electricista o lo que fuera, de bancario o lo que fuera.
J. M.: Y que luego según está la ley, tampoco le pasa nada si...
D.: ...Es que entran con unos sueldos muy normalitos y a los seis meses ves que tienen unos chalés, en unas urbanizaciones de no sé cuantos miles de euros, y dices, pero bueno, es que yo soy tonto. (...)
Como señalan Charron y Lapuente, cuando la percepción de la mayoría es que “el sistema funciona así”, los actores invertirán tiempo y esfuerzo en el cultivo de los contactos sociales adecuados para tener acceso a tales beneficios.

 En el caso español esta actitud parece haber calado de forma considerable. Parece crear una especie de contagio y tiende a deteriorar la capacidad de reacción con la que un sistema democrático debería perseguir y castigar este tipo de actitudes.

Cuando en una encuesta realizada por Víctor Pérez Díaz para ASP por encargo de FUNCAS en 2010 (ASP 10.048), se preguntó qué es lo más importante para llegar a ser rico en la sociedad española, más del 56% respondió “tener buenos contactos y cultivarlos”, casi el 20% eligió “tener suerte” y, significativamente, solo el 18% se inclinó por la opción “tener buenas ideas y esforzarse en aplicarlas”. Estos últimos, según el imaginario de la corrupción, serían probablemente los “gilipollas”.

Sin embargo, a pesar de la prevalencia de estas actitudes, no puede afirmarse que la sociedad española esté particularmente inclinada a la corrupción. 

Los datos que tenemos sobre la experiencia directa en el pago de sobornos a través del Barómetro Global de la Corrupción de Transparencia Internacional son bastante sólidos en este sentido: aquellos que dicen haber pagado un soborno en España nunca han superado el 5% de los encuestados, por debajo de la media de los países de la UE.

 Además, los escasos indicadores existentes sobre los comportamientos que los ciudadanos consideran como corruptos no demuestran una tolerancia especial de los españoles hacia la corrupción (tabla 4).


Ni siquiera cuando los encuestados son sometidos a un difícil dilema moral parecen imponerse las respuestas menos adecuadas. A la pregunta “¿Qué frase refleja mejor su opinión?”, la mayoría contestó: “Que los políticos cumplan siempre con las leyes, incluso si eso les hiciera ser menos eficaces a la hora de resolver los problemas de los ciudadanos” (CIS 2826, dic. 2009).

Por tanto, en el caso español, el problema coincide con lo sugerido por Charron y Lapuente. No parece que lo importante aquí sean los valores morales de los ciudadanos. No parece que una mayor incidencia de la corrupción en España con respecto a los países de nuestro entorno pueda atribuirse a los valores de moral pública entre los españoles, sino a que las expectativas que tienen los ciudadanos sobre el funcionamiento de las instituciones de gobierno son altamente negativas. (...)

Los españoles perciben una gran parcialidad en el funcionamiento de estas instituciones con la consiguiente desigualdad de trato por parte de las mismas. Esta percepción genera una actitud de cinismo hacia la política y los políticos que explicaría el recurso a comportamientos típicamente clientelares, en los que el cultivo de los contactos adecuados está por encima del esfuerzo individual para mejorar las condiciones de vida y el propio estatus social.

Así, el desafecto hacia la política democrática evidente en los estudios de opinión, y su reflejo en el comportamiento electoral (la facilidad con la que se descuentan a menudo las denuncias de corrupción), serían fruto no tanto de una moral pública escasamente cívica, sino más bien el producto de la distancia que perciben los ciudadanos entre su ideal democrático (basado sobre todo en la idea de igualdad) y sus recelosas expectativas sobre la realidad de la política democrática.

 III. EL CÍRCULO VICIOSO
 
Las tradicionales redes clientelares en España siguen patrones establecidos y perfeccionados durante siglos de mala gobernanza que son difíciles de extirpar. Estas redes, con sus “intermediarios”, funcionan a través de comportamientos que incluyen intercambios corruptos en los que las decisiones políticas están ligadas a beneficios económicos, y viceversa.

No obstante, la corrupción en España no constituye un caso excepcional ni en su forma ni en su extensión. Spain is not very different. De hecho, el imaginario sigue pautas que encajan en algoritmos defectuosos evidentes en muchas sociedades y países por todo el mundo.

Lo realmente lamentable es que la distancia que perciben los ciudadanos entre su ideal democrático y la realidad existente, ese cinismo hacia la política democrática en España, representa una peligrosa desconfianza generalizada en las instituciones y en la capacidad de los sistemas de administración para resolver el problema de la corrupción. Es un círculo vicioso de difícil arreglo. (...)

La lucha contra la corrupción en España requerirá cambios significativos en la cultura política y también en la cultura empresarial. Como evidencian las encuestas, los ciudadanos españoles no son especialmente propensos a la corrupción, no se trata de un problema de moral pública. Se trata de un sistema de control y responsabilidad defectuoso.

Para sanear “el sistema” y eliminar el impacto de la corrupción sobre la vida social española, se requerirá una acción global concertada entre todos los sectores sociales."      (Fernando Jiménez y Vicente Carbona:“Esto funciona así”: Anatomía de la corrupción en España, Letras Libres, Febrero, 2012)

6.6.12

La banalidad de la corrupción... en España

"La expresión banalidad del mal fue una frase acuñada por Hannah Arendt y es utilizada para describir el mal como algo que no nace del individuo, sino de las circunstancias. Por ejemplo, en el régimen nazi se mataban judios porque se cumplía con el deber de todo alemán de salvar a la patria de un peligro. 

El mal no surge de la inteligencia de los individuos sino de las circunstancias sociales que los adaptan a la conducta generalizada, se modifican conductas para adaptarlas a la nueva situación. Los ciudadanos pierden sus valores, carecen de escrúpulos si esta adaptación les hace obtener beneficios. Los ciudadanos hacen lo que la mayoria de sus vecinos hacen, casi todo por instinto de supervivencia.

En nuestro actual sistema corrupto, la banalidad del mal actúa de la misma forma que en cualquier sistema criminal, se pierde la sensibilidad y nadie reconoce que está haciendo el mal, sencillamente porque no pueden reconocer que están viviendo en él. Trasladado a la corrupción, observamos que las instituciones se degradan porque sus inquilinos han perdido la moralidad y la ética del gobernante, del político al servicio de sus ciudadanos, no reconocen que sus actos entran en la dinamica de perversión que no gusta a los ciudadanos. 

Se plantea una distorsión entre la función y la utilización de esa misma función en beneficio propio sin reconocer tales actos puesto que han sido introducidos en la conducta de los gobernantes y políticos como si de algo normal se tratára.
No hay institución, entidad, organismo etc… que no haya caido en el más absoluto desprestigio sin que sus dirigentes reconozcan el mal que han cometido porque se ha producido la banalidad del mal en un sistema de corrupción. Todos han adaptado su conducta a la mayoria de los otros dirigentes, nadie se concede una mínima reflexión en el campo de la duda, están seguros de que lo que están haciendo es el bien, algo diametralmente opuesto a lo que desde la otra orilla vemos los ciudadanos. (...)
El Estado es la circunstancia, no es un yo, y por tanto acepta como normales esas conductas banales que recorren todas sus instituciones hasta desacreditarlas, desprestigiarlas y hundirlas, solo un yo, el pensamiento de los ciudadanos libres, de los ciudadanos reflexivos y críticos pueden ayudar a cambiar las cosas, de lo contrario la banalidad del mal irá ascendiendo en su escala de antivalores hasta ver al pueblo atrapado en la miseria por sus gobernantes y además ser acusado de su propia muerte."         (Colectivo burbuja, 05/06/2012)

17.10.10

"La corrupción es el peor enemigo del desarrollo"

"En sus trabajos, Mokyr cuestiona la importancia de las ventajas comerciales, los bajos costes laborales o la abundancia de los recursos naturales como motores económicos. Por el contrario, eleva a los cielos la importancia de la educación y la innovación tecnológica y la eficiencia gubernamental como determinantes para el desarrollo sostenido.

En su discurso, el académico de la Universidad de Northwestern, en el Estado de Illinois (EE UU), enfatiza que el éxito de Occidente no se funda solo en las leyes del mercado, sino en el pensamiento y la cultura. Y para él, esta es una gran ventaja frente a las ponderadas economías emergentes de China, Rusia o India.

"El milagro chino está sobrevalorado. Es un país pobre y con unos estándares de vida muy por debajo de los occidentales... Pekín y Shanghái no reflejan la realidad de China, así como Nueva York no representa al resto de Estados Unidos... Yo no viviría allí, al menos no como un trabajador chino. Es un modelo que funciona sobre la base de bajos salarios y una moneda devaluada y, por encima de esto, es muy corrupto. Las empresas pagan a una lista cada vez más amplia de funcionarios y altos cargos del Partido Comunista. Ni el país más corrupto de Europa es comparable a China o a Rusia, una nación cuya podredumbre es más visible que la china y que lo está desangrando. (...) Y la corrupción es el peor enemigo del desarrollo".

Para Mokyr, un "Gobierno ineficiente paraliza la innovación tecnológica y acaba por naufragar en la corrupción". Hay una broma muy extendida en el mundo de los economistas: "Estados Unidos es un país de ricos en manos de un Gobierno pobre y China es un país de pobres en manos de un Gobierno rico". El profesor asiente: "En una economía sana, el Estado trabaja para crear un mayor bienestar, pero en China trabaja para llenar los bolsillos de sus funcionarios... La corrupción en el gigante asiático no es nueva ni fue creada por el Partido Comunista, empieza a mediados del siglo XVII con la dinastía Qing. La historia del país desde hace siglos no es muy alentadora, no han forjado la tradición de servicio público que existe en Alemania, Holanda o Europa en general".

"Una de las grandes aportaciones de la Ilustración, si no la mayor de ellas, es establecer que el principal propósito del rey es el de enriquecer a otros y no a sí mismo. Esta es la tendencia que impera en la Europa del siglo XIX y hoy es el principal capital de Occidente frente al desafío de China o India", enfatiza Mokyr. El profesor es muy consecuente con su tesis de que la Revolución Industrial no hubiese sido posible sin la innovación de las ideas y las instituciones, además de la tecnológica. Y que fue el legado intelectual de la Ilustración el que impulsa el cambio que transforma primero Reino Unido y luego el mundo. "Mire México... pocos países ejemplifican mejor el daño que causa la debilidad institucional en el desarrollo... La gente, las empresas están abandonando Monterrey, el corazón industrial y tecnológico del país", se lamenta.

Mokyr pone la educación al mismo nivel que la eficacia de la Administración pública para lograr el progreso. "Una nación sin educación jamás será próspera", dice tajante. "Estados Unidos tiene muchas de las mejores universidades del mundo y la relación entre el Gobierno, el mundo académico y la empresa es uno de los pilares del crecimiento del país.

Pero por debajo del nivel de Harvard, el MIT, Yale, Princeton o Stanford, el sistema está en franca decadencia por la falta de financiación. La Universidad de California, en otros tiempos un referente académico, se derrumba. Esta dejadez es un grave error y una estupidez en nombre de la austeridad fiscal. Es mejor legar a nuestros hijos y nietos un Estado educado que un Estado sin deudas", explica." (JOEL MOKYR: "La corrupción es el peor enemigo del desarrollo". El País, internacional, 16/10/2010, p. 6)