"Que el Estado va a necesitar aumentar algunos impuestos para salir de
la crisis es un hecho, el debate se centra en cuáles y a quiénes
afectará. Los nuevos Presupuestos Generales del Estado (PGE) y las
propuestas fiscales que los acompañan parece que quieren poner el foco
en las rentas altas y los grandes patrimonios. Pero la competencia a la
baja que convierte a algunas comunidades autónomas en paraísos fiscales
para esas grandes rentas y patrimonios, como el caso de la de la
Comunidad de Madrid, hace muy complicado que dichas medidas sean
efectivas.
Mientras, en Europa, los acuerdos fiscales o la
armonización de algunos impuestos no parecen llegar nunca. Resuenan
nuevos impuestos, como el impuesto a los plásticos o el Impuesto a las
Transacciones Financieras, pero no acaban de cuajar. La Comisión Europea
planta cara a Irlanda con el caso Apple, aunque se ha llevado un buen
bofetón por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que da
la razón a la compañía estadounidense.
Estados miembro están más por
endeudarse que por cobrar impuestos y la necesidad de aprobar medidas
fiscales por unanimidad tiene al Consejo Europeo y a la política fiscal
de la Unión secuestrada. Todo ello conforma un cóctel donde quienes
ganan más son los que más se aprovechan de un sistema poco progresivo y
permisivo con la elusión fiscal. Pero también donde cada vez más gente
llama sin tapujos “paraíso fiscal” a Irlanda o a Países Bajos y
pronuncia ese lema de que “esta crisis la paguen los ricos”.
Desde
el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) llevan
años denunciando la falta de progresividad de nuestro sistema fiscal,
las malas prácticas políticas que no ponen remedio a esa injusticia y la
falta de medios —o sea, de voluntad política de ponerlos— que tienen el
Ministerio de Hacienda y la Agencia Tributaria. Su presidente, Carlos
Cruzado, habla sobre los nuevos presupuestos, las nuevas medidas
fiscales y el rumbo de una Europa que parece cambiar el discurso pero no
sus acciones.
Se han presentado unos nuevos PGE, en los que
se ha aumentado el techo de gasto, que se han llegado a anunciar como
“el fin de la austeridad”. ¿Cómo los ves tú?
Suponen un cambio.
Es cierto que la actitud ante la crisis y sus consecuencias no es la
misma que la que se tuvo ante la anterior crisis, la financiera, y no
solo en España, sino a nivel europeo. Se está contando con esa
aportación de los fondos europeos, que es una cantidad importante. Por
lo que sí que es verdad que hay un cambio desde esa austeridad que hizo
tanto daño a la gente.
También es cierto que todavía no tenemos una
foto fija. Esta segunda ola va a tener unos efectos devastadores, por lo
que es bastante difícil hacer una predicción de si estos PGE tendrán el
alcance necesario. Habrá que ver cómo queda el desempleo después de los
ERTE, qué pasa con los autónomos, etcétera. En líneas generales, desde
Gestha vemos bastante bien estos presupuestos.
Calcular el
gasto puede ser fácil, pero no tanto acertar con los ingresos. ¿Cómo ves
las medidas fiscales anunciadas y sus previsiones de recaudación?
Las
medidas fiscales que se habían acordado entre PSOE y Unidas Podemos en
aquellos presupuestos que no llegaron a salir las vimos como un primer
paso para tener un sistema fiscal más justo, pero era un paso limitado.
Estas nuevas medidas que se han anunciado son más limitadas todavía.
También es cierto que hay algunas medidas que, dado el momento actual y
la nueva crisis, puede que no sea el mejor momento para adoptarlas.
Creemos que hay medidas que hacen al sistema más progresivo, pero que se
quedan cortas. El ejemplo del impuesto sobre la renta, el IRPF, es el
más claro. Se ha creado un tramo desde los 300.000 euros, que ya desde
la técnica tributaria hay un salto ahí desde los 60.000 y los 300.000
que no encaja muy bien en una escala que debe ser progresiva. De hecho
lo que hemos propuesto es que se tomen las medidas que adoptó el Partido
Popular en 2012, en el que se aumentó todos los tramos, pero que puso
otros tramos. Podría ser otro a los 120.000 y otro a los 175.000 que les
diera una progresividad con cierto sentido.
Uno de esos impuestos es el de Patrimonio. Pero este se puede
reducir por parte de las comunidades autónomas mediante bonificaciones,
como en el caso de la Comunidad de Madrid, donde se está bonificado
hasta el 100% y no pagan nada. ¿Qué podría hacer el Gobierno central con
esas exenciones?
Es un tema que afecta sobre todo a los
impuestos estatales cedidos, los de la riqueza, como el de Patrimonios y
Sucesiones. En estos impuestos se está viendo una competencia a la baja
por algunas comunidades autónomas, con Madrid a la cabeza. Por un lado
estamos reduciendo y rebajando esos impuestos a la riqueza, justo lo
contrario que se está plantenado por distintas instituciones, como el
FMI la OCDE, que ya hablan de implementar y recurrir impuestos a la
riqueza.
La mejor forma de combatir esa competencia a la baja
entre comunidades autónomas es modificando todos los impuestos cedidos.
Dentro de esa reforma tributaria general que necesitamos, la parte de
impuestos cedidos tiene que ir ligada a la financiación autonómica. Esa
modificación tiene que entrar en el marco de esa modificación del modelo
de financiación, que ya lleva años retrasándose.
Ahí es donde se deben
regular esos impuestos y dotarlos de cierta armonización para evitar que
competencia y que se descapitalice la recaudación de impuestos. En eso
parece que hay cierto consenso entre los expertos. De hecho, para el
cambio de modelo de financiación que ya se debatió entre expertos del
Ministerio de Hacienda y representantes de cada comunidad autónoma hubo
un consenso por unanimidad en la necesidad de seguir cobrando el
impuesto y de dotarle de un mínimo para evitar esa competencia a la
baja.
Y lo mismo pasa con el Impuesto de Patrimonio. Esa
subida de un punto que se establece ahora por el Gobierno solo tendrá
efecto en aquellas comunidades donde se aplique la tarifa estatal, que
son solo cinco o seis. Por lo que el impacto será pequeño en aquellas
comunidades que lo bonifiquen, como el caso de Madrid, donde
directamente la cuota que se aplica es cero, está bonificada al 100%.
Hay que tener en cuenta que en Madrid es donde residen más del 50% de
los que ingresan más de seis millones de euros y el 60% de las personas
que tienen más de 30 millones de euros.
Esto hace que en Madrid esos
ricos no paguen el impuesto y, según los últimos cálculos del Ministerio
de Hacienda, la Comunidad deje de ingresar cerca de 1.000 millones al
año. Esto es una incongruencia. Por un lado las comunidades estén
pidiendo una mayor financiación por parte del Estado y, por otro, con
esos instrumentos fiscales de los que disponen y con esa
corresponsabilidad fiscal que marca la Constitución, se está renunciando
a ingresos. Más que de corresponsabilidad fiscal, nosotros hablamos de
irresponsabilidad fiscal para referirnos a esas comunidades que, como
Madrid, no quieren gravar a sus ciudadanos.
De hecho esta semana pasada el Gobierno ha autorizado a la Comunidad de Madrid a emitir bonos de deuda autonómica.
Si
analizamos ese aumento de deuda pública en la Comunidad de Madrid y la
evolución de los ingresos fiscales que ofrece Madrid, vemos que hay una
contradicción en esas rebajas fiscales que benefician a un porcentaje
muy pequeño de madrileños y el aumento de su deuda. Además, son rebajas
fiscales de las que se benefician un porcentaje muy pequeño de
madrileños. En el Impuesto de Patrimonio, por ejemplo, estamos hablando
de 15.000 ciudadanos, de los cuales una parte de estos debería ser la
que tribute la mayor parte de esos 900 millones de euros.
Sí que es cierto que cada vez se señala más a estas
prácticas abusivas y el daño que están haciendo a las economías del
resto de países, pero es verdad que los tratados piden esa unanimidad.
Nos falta todavía una armonización en cuanto a los impuestos directos,
como el de sociedades, que permite que países como Holanda, Irlanda,
Luxemburgo o Malta estén realizando esa competencia a la baja que tanto
daño hace al resto de países. Por lo tanto, bienvenido sea ese discurso
de la UE, sobre todo ahora con esta política expansiva y que se plantean
nuevos impuestos como el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF)
o los servicios digitales.
Que además serían impuestos comunes.
Exacto, estos serían
comunes y sería la idea, pero las experiencias no son muy halagüeñas.
Con el ITF ya se intentó hace diez años para que fuera común, no se
llegó a esa unanimidad, luego probaron unos cuantos países con el
proceso de cooperación reforzada y ni con ese procedimiento ha habido
acuerdo. Por lo que insisto que bienvenida el cambio de discurso, pero
hacen falta acciones.
¿Cómo ves la nueva herramienta para reactivar la economía desde Europa, el fondo Next Generation UE?
Sufrió
un recorte frente a las primeras propuestas, pero sí que es cierto que
es un cambio importante respecto a las políticas de Europa. Por lo que
lo veo positivo; veremos en qué queda. Es cierto que en España, uno de
los más afectados por nuestro peso en el PIB del turismo, va a ser un
desembolso muy importante, necesario para ese enorme gasto que se está
planteando en estos presupuestos. Habrá que ver qué condicionantes
tienen y que no sean comparables a los que nos exigieron en la anterior
crisis.
En Gestha habéis vuelto a denunciar que no se ponen
recursos en la inspección de Hacienda, sobre todo en perseguir la
evasión de las grandes fortunas, causantes de un mayor agujero en la
recaudación. ¿Ha cambiado esto con el nuevo Gobierno de coalición y los
nuevos presupuestos?
Hemos visto un cambio de discurso. Se
empieza a hablar de luchar contra el fraude de las grandes fortunas y,
aunque no se dice expresamente, del control del fraude en las grandes
empresas.
Nosotros en ese sentido lo vemos positivo, pero planteamos que
para desplazar esa lupa desde el control de discrepancias y pequeños
autónomos al control de las grandes fortunas y empresas, no solo tiene
que haber medidas organizativas, que las tiene que haber, sino también
dotar de mayores recursos a la Agencia. La OCDE hace una comparativa de
administraciones tributarias entre países que muestra un resultado muy
negativo en España, un déficit muy importante con la media de la OCDE o
de la UE.
Esos datos muestran que tenemos la mitad de medios que
nuestros vecinos y, si invertimos la mitad que la UE en perseguir el
fraude, es normal que tengamos el doble de fraude y de economía
sumergida. Si nos comparamos a países de nuestro entorno a los que nos
deberíamos parecer, como Francia o Alemania, la diferencia es mucho
mayor. Y luego, por supuesto, está la falta de efectivos. La falta de
una política de planificación.
De hecho, desde Gestha hemos propuesto a
los grupos políticos en este momento la elaboración de un plan para que
en seis años podamos estar en el nivel más cercano a nuestros países
cercanos. Por lo que tenemos un problema de falta de recursos, pero
también de efectividad y optimización de los recursos. En este sentido,
los técnicos planteamos que podamos asumir mayores responsabilidades en
la lucha contra el fraude."
(Entrevista a Carlos Cruzado, presidente del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), Yago Álvarez Barba, El Salto, 17/11/20)