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19.2.09

Un gestor de fondos avisó durante años a los supervisores del fraude de Madoff

"¿Le financió alguien su investigación? A la pregunta directa de un congresista, Harry Markopolos respondió con un rotundo no. Durante años, este gestor de fondos hizo más que nadie por alertar al supervisor bursátil estadounidense (SEC) de lo que iba a venir: el mayor fraude financiero en la historia de Wall Street, ejecutado por el todopoderoso Bernard Madoff. No le creyeron, pero hoy es una celebridad. (...)

Junto con tres colaboradores y durante nueve largos años, envió a la SEC y a los inversores numerosos análisis en los que identificaba decenas de errores, cuestionando los resultados que prometía Madoff a sus adinerados clientes. Ninguno de los documentos iba firmado, porque así evitaba que le siguieran el rastro, hasta el punto de que llegó a manejarlos con guantes para no dejar huellas.

"Si hubiera sabido mi nombre, y que tenía un equipo para seguir su rastro, creo que no estaría ahora en este mundo", relató el gestor de fondos refiriéndose a Madoff, a la vez que explicó que ese miedo se debe a que parte del dinero que se manejó en la trama "provenía de la mafia rusa y de los carteles de droga en América Latina". Markopolos no es el primero que recurre a este argumento para dar dimensión al fraude y para explicar por qué no terminan de aflorar los miles de millones que se creen perdidos.

Su gran obstáculo fue toparse con la burocracia de una agencia que, según dijo, carece de profesionales con experiencia como para entender lo que se estaba cociendo." (El País, ed. Galicia, Economía, 08/02/2009, p. 22)

16.2.09

La corrupción, en Cleartream

"La corrupción se ha convertido en una pandemia que todo lo infecta, a la que nadie y nada escapa. La corrupción entendida, no sólo ni principalmente, como la utilización abusiva e inicua de las posiciones de poder en provecho de quien las detenta, sino como la falsificación de todos los valores, la perversión sistemática, la impostura permanente en el planteamiento de medios y objetivos.

Personas, organizaciones, la economía, los lenguajes, el deporte, la política, las empresas, la justicia, las ideologías, el Estado, la comunicación; todo estragado, pervertido. Es decir, la adulteración de las conciencias, la corrupción del espíritu, que transforman cualquier propósito en barbarie.

Por eso, hoy, la generalización y persistencia de las prácticas corruptas no sólo han trivializado su uso, sino que lo han connaturalizado, inscribiéndolo, con todos los honores, en el patrimonio de los comportamientos legítimos y necesarios de nuestra contemporaneidad. (...)

Lo más lamentable, lo más repugnante de esta situación, es la tolerancia, cuando no la complicidad, del sistema democrático en su conjunto, es decir, de sus actores políticos, de sus Estados y de sus Gobiernos, en una acumulación de falsedades y engaños que sin ellos no podría existir.

Porque más allá de la general codicia humana y de las fechorías de las que es habitualmente causa, la criminalidad económica de guante blanco no hubiera podido alcanzar estas elevadísimas cotas de eficacia y de éxito sin la contribución determinante de una arquitectura financiera que ha elaborado unos dispositivos técnicos, tan sólidos como sutiles, y cuya legalidad, es decir, cuya protección jurídica, procede de quien puede otorgarla, es decir, de los Estados. Lo que los hace muy difícilmente impugnables. (...)

La macroestafa de Madoff ...

Pero aún no estamos ahí y seguimos en la impotencia judicial y en la penosa comedia de la búsqueda de la localización de unos fondos que, gracias a la valentía personal y a la competencia profesional de Denis Robert, todos sabemos dónde están y bajo qué cobertura. Se trata de la cuenta número 646, abierta por Bernard Madoff el 2 de noviembre de 1999 en la sociedad financiera Clearstream de Luxemburgo, una de las más importantes cajas de compensación del mundo y quizás el más eficaz dispositivo de coordinación de los 10 paraísos fiscales del ámbito político europeo.

Ésa es el arma del crimen, ése es el lugar de la abominación financiera, pues nadie ignora que los paraísos fiscales son el instrumento principal de la economía criminal, que Bernard Madoff, el rey de la trampa, maneja con destreza e impunidad. La primera la pone él; la segunda, los Estados. Economía criminal que va desde la evasión fiscal y el blanqueo de dinero hasta el mercadeo de seres humanos, pasando por el botín procedente de las extorsiones mafiosas, el tráfico de drogas y de armas, la producción y comercialización de moneda falsa, el robo, estafas y contrabandos de todo tipo, que constituyen los componentes de un volumen conjunto que supera ya el 40% de la economía legal mundial. Volumen que sin los paraísos fiscales no encontraría tan extraordinario acomodo para su conservación, ni tantas facilidades para su producción y multiplicación.

Pero, volviendo a Clearstream, se afirma que tuvo mucho que ver con la apropiación indebida de fondos del FMI destinados a Rusia a través de la Sociedad Menatep, apropiación que, al parecer, se operó desde y en Clearstream.

Sin olvidar que, según Jean-François Couvrat, portavoz de Attac-France, las ramificaciones del holding de la familia de Bin Laden llegan y se cruzan en Luxemburgo con las operaciones criminales del Banco de Comercio y Crédito Internacional (BCCI), tan ligado a los intereses de los Saud y de éstos a los dos presidentes Bush de los Estados Unidos, como confirma Craig Unger, director del The New York Observer, en su libro Los Bush y los Saud. Denis Robert señala al financiero Nadhmi Auchi, el banquero de Sadam Husein, que realizó la discutida compra de Ertoil a la pareja Piqué-De la Rosa, como el centro neurálgico de estas siniestras maniobras, que encontraron en el paraíso fiscal luxemburgués la hospitalidad que necesitaban." (JOSÉ VIDAL-BENEYTO: El arma del crimen. El País, ed. Galicia, Opinión, 31/01/2009, p. 27 )

29.12.08

Este tipo estafó al universo... porque era simpático

"El enorme fraude de Bernard Madoff tiene una explicación: su habilidad, el exceso de confianza de sus millonarios clientes y el pésimo control de los reguladores.

Bernard Madoff era, a sus 70 años, un sabio de Wall Street. (...)

El jueves 11 de diciembre, frente al agente Cacioppi, el gran sabio de las finanzas reconoció que durante 40 años tuvo a todo el mundo engañado. Que montó su empresa con un esquema fraudulento, que había cometido una estafa por valor de 50.000 millones de dólares (37.470 millones de euros) y que estaba arruinado y dispuesto a ir a la cárcel.

El agente había hablado dos días antes con dos directivos de su empresa. Ellos le contaron cómo a primeros de diciembre Madoff los llamó a su despacho para decirles que se veía obligado a devolver a ciertos inversores unos 7.000 millones de dólares y tenía dificultades para hacerlo. Los ejecutivos creían hasta ese momento que la empresa de Madoff disponía de una liquidez de entre 8.000 y 15.000 millones de dólares para responder a cualquier emergencia. (...)

"Madoff fue más listo que Ponzi", indica un economista afincado en Estados Unidos, "porque él no prometía intereses del 30% ni del 40%, y mucho menos del 100% en tres meses, como Ponzi. Sus fondos de inversión daban unos beneficios de entre el 10% y el 15% al año, lo cual es algo extraordinariamente bueno, pero no escandalosamente bueno. Y aunque lloviese o nevase fuera, él aseguraba ganancias cada mes". (...)

Madoff confesó al agente Cacioppi que el fraude podría alcanzar los 50.000 millones de dólares. También le dijo que estaba arruinado. "Pero yo no me puedo creer que 50.000 millones se puedan haber esfumado así como así. Madoff debe haber comprado algo y algún dinero se recuperará", indica Arturo Porzecanski, de 59 años, profesor de finanzas internacionales de la American University, en Washington, quien trabajó durante 30 años en instituciones de Wall Street.
Lo cierto es que no se conoce ni cuánto dinero robó Madoff ni a cuánta gente. (...)

Después del descalabro surge la pregunta: ¿Cómo pudo engañar a Bernard L. Madoff durante casi 40 años a todo el mundo? ¿A sus dos hijos, a su hermano Peter, a PwC, KPMG y Ernst & Young, tres de las cuatro mayores auditoras del mundo, a medios como The Wall Street Journal, bancos como el Santander, a la comisión de valores de EE UU (Securities and Exchange Commission, SEC), en cuya plantilla de 3.000 empleados hay 400 técnicos cuya misión es precisamente velar para que no se perpetren fraudes cómo éste? (...)

Es verdad que Madoff poseía una gran capacidad de convicción. Para meter la mano en los bolsillos mejor protegidos del mundo tuvo que limarse bien las uñas. Madoff transmitía riqueza, pero no excesiva ostentación. Seguridad, pero no codicia. (...)

"Todos los tramposos son simpáticos. Y él lo era hasta el punto de que iba a los funerales de sus inversores", explica el consultor Isaac Cohen. Es verdad que el aura de triunfador ayuda a convencer a los demás, pero no basta para explicar por qué cayeron tan ingenuamente en sus redes tantísimos expertos financieros. ¿Cómo pudo, entonces, engañar a todos?... Pero Madoff no engañó a todos. (...)

Hubo alguna entidad, como la francesa Société Générale, que cumplió con su deber de supervisar el lugar donde pensaba invertir el dinero de sus clientes. Hace cinco años, cuando todo lo que rodeaba a Madoff olía a prestigio y solvencia, un equipo del banco acudió a la oficina de Manhattan para efectuar una supervisión rutinaria. Y vieron que los números no cuadraban. Lo mismo ocurrió con Aksia, una empresa neoyorquina especializada en asesorar sobre fondos de inversión. La gente de Aksia, tras 18 meses de inspecciones, averiguaron el año pasado que la contabilidad de la empresa de Madoff la llevaba la compañía Frieshling & Horowitz. Y detrás esa empresa sólo había tres personas. Una de ellas tenía 78 años y vive en Florida y la otra era una secretaria.

Además, hubo gente como el financiero Harry Markopolos, de Boston, que trabajaba en una empresa rival y venía remitiendo cartas a la SEC ¡desde 1999! en las que denunciaba que Madoff estaba actuando ilegalmente con un sistema Ponzi. "Yo fui el chico que gritó que viene el lobo", declaró Markopolos esta semana. A Markopolos le espolearon sus jefes para que consiguiera los mismo resultados que Madoff. (...)

En un acto de asunción de responsabilidad sin precedentes, el presidente de la SEC, Christopher Cox, reconoció que durante casi una década hubo "específicas y creíbles" denuncias contra la empresa de Madoff a las que la Comisión de Valores no prestó atención. (...)

Madoff tampoco logró engañar, probablemente, a algunos inversores que supieron retirarse a tiempo. "Y esos estarán ahora bien calladitos, pero seguro que ganaron un buen dinero", indica un economista afincado en Washington que prefiere no revelar su nombre. Esta fuente del sector considera que el Santander pecó de negligencia. (...)

Hay quien se pregunta también si de verdad engañó Madoff a sus propios hijos." (El País, Negocios, 21/12/2008, p. 4/7)