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18.7.23

José Luis López, alias "El turronero", empresario de la construcción que se hizo rico en la España del pelotazo. Condenado por participar en una red de facturas falsas que evadió 10 millones de euros a hacienda. El sábado celebró su cumpleaños con 3.000 invitados... fletó 7 aviones privados para llevar a lo más granado de la sociedad y la política española hasta su fiesta celebrada en Sevilla, donde alquiló el Palacio de Congresos y Exposiciones para montar un sarao gigantesco

PabloMM @pablom_m

José Luis López, alias "El turronero", empresario de la construcción que se hizo rico en la España del pelotazo. Condenado por participar en una red de facturas falsas que evadió 10 millones de euros a hacienda. El sábado celebró su cumpleaños con 3.000 invitados. Entre ellos:

Albert Rivera, Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio, José Bono, Ángel Acebes, Susanna Griso, Susana Díaz, Pedro J Ramírez, Joan Laporta, Chenoa, Miguel Ángel Silvestre, Bertín Osborne, Fran Rivera, los Morancos, Pitingo, Chenoa o Santiago Segura.

'El turronero' fletó 7 aviones privados para llevar a lo más granado de la sociedad y la política española hasta su fiesta celebrada en Sevilla, donde alquiló el Palacio de Congresos y Exposiciones para montar un sarao gigantesco.

Por supuesto no faltaron las actuaciones en directo: con los chistes de Carlos Latre, la voz de India Martínez, susurrándole al oído al propio turronero, Bertín Osborne destrozando a Frank Sinatra y un Pitingo emocionado. Querido Luis García Berlanga, no sabes lo que te pierdes.

Recordad que 'El turronero' está condenado 3 veces por corrupción. Una de los casos más rocambolescos fue cuando pagó a un policía para conseguirle una pensión de invalidez a la madre de María José Campanario, esposa de Jesulín de Ubrique.

José Luis López, alias "El turronero", es natural de Ubrique, un pequeño pueblo de la sierra de Cádiz. Allí preside la Fundación López Mariscal y 2 veces al año recibe a gente de toda la provincia que hace cola durante horas para pedirle cosas.

Y cuando digo "cosas" me refiero a cualquier cosa. Una ortodoncia para el niño, un frigorífico nuevo o dinero para pagar la matrícula de la universidad. 'El turronero' te escucha y si le convences te lo paga. También organiza un sorteo de unas vacaciones para 5 familias pobres.

Porque 'El turronero' todo lo puede. Un niño de 6 años, natural de Ubrique, padecía una enfermedad grave y su mayor ilusión era conocer a La Legión. Pues 'El turronero' llamó a Margarita Robles, Ministra de Defensa, y 150 miembros de La Legión desfilaron por las calles de Ubrique

En la navidad del año 2022, en Jerez de la Frontera (Cádiz), montó una feria con atracciones y un circo. Y allí que se presentó 'El turronero' con el actor Miguel Ángel Silvestre para repartir entradas gratuitas a los niños.

¿Y qué saca 'El turronero' de sus conexiones con la política? Como ya os he dicho ha sido condenado 3 veces: por evadir impuestos, por intento de estafa a la seguridad social y por corrupción en la compra de una estación de autobuses. En las 3 pactó con fiscalía y evitó prisión.

Y se acabó el hilo. Otro día, si queréis, os hablo del bautizo de los nietos de 'El Turronero'. De nuevo, con la presencia de lo más ilustre de la política y la sociedad española.

1:14 p. m. · 3 jul. 2023 747,4 mil Reproducciones

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12.5.23

El precio de la corrupción: más de 3 billones de euros al año... La corrupción se lleva más del 5% del PIB mundial. De los aproximadamente 13 billones de dólares de gasto público mundial, hasta el 25% se pierde a causa de la corrupción

 "La corrupción tiene efectos perjudiciales para el desarrollo sostenible en todos los países y su coste es abrumador, afirmó la presidenta del Consejo Económico y Social de la ONU, Lachezara Stoeva, durante un encuentro para “aprovechar el poder transformador del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 16”, que busca promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas.

“La corrupción se lleva más del 5% del PIB mundial. De los aproximadamente 13 billones de dólares de gasto público mundial, hasta el 25% se pierde a causa de la corrupción”, afirmó.

Un coste que no se limita únicamente a un aspecto financiero, sino que también contribuye a empeorar múltiples facetas colectivas como favorecer la pérdida de recursos naturales, exacerbar la pobreza y la desigualdad, erosionar la confianza y la cohesión social y socava la estabilidad económica y política.

A todas estas facetas, añadió que las mujeres, los pobres y los grupos vulnerables son los más afectados por la corrupción y que, cuando nos encontramos a la mitad de implementar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, urge acelerar la implementación de los Objetivos, un desafío que consideró complicado ya que “la corrupción se interpone en nuestro camino”.

Mejoran las medidas anticorrupción a nivel nacional

Sin embargo, Stoeva declaró que los avances sobre paz, justicia, e instituciones sólidas, tal y como promueva esa meta número 16, pueden generar lo que calificó de “círculo virtuoso”.

“El Objetivo 16 es un requisito indispensable para la aplicación efectiva de todos los demás. A su vez, este avance se convierte en un factor que permite dar respuestas más eficaces a la corrupción”, afirmó.

Para conseguirlo, explicó que reducir los flujos financieros ilícitos y  combatir la corrupción y el soborno en todas sus formas “son elementos fundamentales de la paz y de unas sociedades pacíficas, justas e inclusivas”, señaló.

En el apartado de logros, destacó los “avances significativos” que se produjeron gracias “a los mecanismos disponibles para hacer frente a la corrupción”.

“Los países han aplicado diversas medidas anticorrupción. Hay más concienciación y mejores marcos legislativos y normativos. Las estrategias nacionales son habituales. Los gobiernos locales están implicados. Se comprenden mejor los riesgos. Se aprovecha el potencial de las tecnologías de la información y la comunicación, y de los datos. Los ciudadanos y la sociedad civil participan en el seguimiento de los riesgos de corrupción y las respuestas anticorrupción”, comentó.

Pese a este amplio catálogo de avances, destacó que los retos “requieren esfuerzos sostenidos de lucha contra la corrupción y enfoques adaptados que impliquen a múltiples partes interesadas y combinen diversos instrumentos”.

Para lucha contra la corrupción, reunir pruebas de la eficacia de las reformas e informar sobre los avances del Objetivo 16, la presidenta del ECOSOC destacó la necesidad de reforzar su seguimiento y evaluación. “Nunca hubo tanto en juego” finalizó.

América Latina ya cuenta con centros regionales contra la corrupción

En videoconferencia desde Viena, la directora ejecutiva de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Ghada Waly, recordó que su agencia está creando una red de centros regionales de lucha contra la corrupción que ayudan a mejorar las necesidades sobre el terreno y promueven la cooperación interregional y Sur-Sur.

Waly especificó que el primer centro se inauguró en México el año pasado y que pronto se abrirán otros dos en Kenia y Colombia, junto a otros proyectos en marcha."             (Martha Golfín, Diario16, 06/05/23)

28.1.22

El estado de la corrupción en 2021... El Índice de Percepción de Corrupción demuestra que la lucha contra la corrupción no avanza globalmente... Esta tendencia global va unida a una regresión autoritaria en otros múltiples países... El deterioro de los pesos y contrapesos de una democracia va vinculado, casi siempre, a un abuso del poder para el beneficio privado de los dirigentes, así como a la creación de redes clientelares oscuras de empresarios indecentes, políticos inmorales y burocracias politizadas que actúan como élites extractivas... El derecho a la vida está en riesgo cuando la policía es corrupta y está en conexión con redes de crimen organizado. El derecho a la salud es pisoteado en países donde el dinero para construir hospitales acaba en paraísos fiscales. El derecho a la educación se convierte en mero enunciado cuando las escuelas no existen y el material escolar desaparece bajo redes corruptas. La corrupción ataca directamente al corazón de la dignidad humana y es preciso recordarlo... España este año ha perdido un punto y retrocede dos puestos en el ranking mundial, siendo un ejemplo más de esta parálisis en la lucha contra la corrupción

 "Medir la corrupción es complejo. Es un fenómeno que se manifiesta de forma opaca y, a menudo, no deja rastro. No obstante, a pesar de su dificultad, es importante por múltiples razones poder conocer los niveles de corrupción de los países, sus avances y retrocesos. 

Así, para identificar barreras al desarrollo económico, para explicar los niveles de desafección política o, sobre todo, para poder prevenir sus consecuencias y tomar las medidas que impidan a los países caer en la corrupción sistémica. Para medir la corrupción se utilizan diversos instrumentos. 

El Índice de Percepción de Corrupción (IPC), publicado este 25 de enero, es uno de los índices más destacados a nivel global; se basa en 13 estudios de opinión de expertos y empresarios y su metodología ha sido evaluada internacionalmente de forma repetida, dando lugar a una herramienta cada vez más sofisticada y válida.

El IPC 2021 demuestra que la lucha contra la corrupción no avanza globalmente. A pesar de que, en los últimos 20 años, se han mejorado en varios países las normas anticorrupción, se observa una falta de impulso por parte de numerosos gobiernos y un descuido en la implementación de las medidas adoptadas. Esta tendencia global va unida a una regresión autoritaria en otros múltiples países, una regresión que tiene su centro de acción en el ataque a las instituciones de control y a la independencia del poder judicial. El deterioro de los pesos y contrapesos de una democracia va vinculado, casi siempre, a un abuso del poder para el beneficio privado de los dirigentes, así como a la creación de redes clientelares oscuras de empresarios indecentes, políticos inmorales y burocracias politizadas que actúan como élites extractivas. El resultado final no es solo la enorme pérdida de recursos públicos, sino, sobre todo, el deterioro de las instituciones y del respeto a los derechos humanos. El derecho a la vida está en riesgo cuando la policía es corrupta y está en conexión con redes de crimen organizado. El derecho a la salud es pisoteado en países donde el dinero para construir hospitales acaba en paraísos fiscales. El derecho a la educación se convierte en mero enunciado cuando las escuelas no existen y el material escolar desaparece bajo redes corruptas. La corrupción ataca directamente al corazón de la dignidad humana y es preciso recordarlo.

A menudo, la opinión pública de las democracias avanzadas tiende a considerar que la corrupción está bajo control en sus países; sin embargo, los datos nos indican que, cada vez que se baja el compromiso y la denuncia cívica, la corrupción avanza y crea los fundamentos para la posible regresión democrática. Los numerosos escándalos políticos vinculados a la corrupción se relacionan de forma directa y fuerte con la desconfianza en las instituciones representativas; más aún, el deterioro ético en uno de los tres poderes del Estado tiende a afectar a la confianza en los otros. Las democracias necesitan confianza en sus instituciones y necesitan que la ciudadanía confíe también en el respeto a la ley por parte de sus conciudadanos. Perdida la confianza, se abre el camino a la barbarie.

España este año ha perdido un punto (sobre un máximo de 100) y retrocede dos puestos en el ranking mundial del IPC, siendo un ejemplo más de esta parálisis en la lucha contra la corrupción. Este dato se basa en ejemplos claros de la falta de avance en las reformas institucionales prointegridad. Como en tantos países, la lucha contra la pandemia explica este retraso en la adopción e implementación de las reformas necesarias; había otras prioridades. Es cierto, además, que el Gobierno cuenta con planes de reformas en la materia ambiciosos. Pero seguimos sin tener traspuesta la directiva de protección a los alertadores de fraude y corrupción, seguimos sin una ley reguladora de los lobbies, seguimos sin tener un reglamento de la Ley de Transparencia, seguimos sin tener marcos de integridad institucional en nuestras organizaciones públicas, entre otras reformas que la Unión Europea y el Greco (Consejo de Europa) nos demandan. Los avances en el código de ética de las Cortes van unidos a la inexistencia de un sistema de control independiente y de sanciones por el incumplimiento. La justicia sigue politizada y los nombramientos en los órganos constitucionales y de control son un ejemplo más de partidismo y clientelismo decimonónico.

Todo ello, cuando estamos recibiendo la generosa ayuda europea para recuperar nuestra economía, transformarla y crear resiliencia para la generación próxima. Merece una valoración muy positiva la aprobación del Plan Nacional de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PNRTR), pero requiere urgentemente el fortalecimiento de un sistema de prevención sólido y actualizado de la corrupción y el fraude. Ya vamos tarde. Es necesario un urgente consenso para impulsar la agenda legislativa y que este año sea el año de las reformas prointegridad. Solo así España podrá mejorar en el IPC y acercarse en puntuación a los países europeos que lideran el ranking de países con mejor gobernanza del mundo. Nos jugamos nuestro futuro."                 (Silvina BacigalupoManuel Villoria Mendieta , El País,  25/01/22)

3.6.20

La Covid-19 está generando actividades corruptas en muchos campos, unos más sutiles que otros... como la de los abogados que en medio del dolor se disponen a preparar docenas de demandas para sacarle dinero a los gobiernos, a costa de las medidas que han debido adoptar para intentar salvar vidas humanas

"En las catástrofes y desgracias los seres humanos nos mostramos tal como somos, sin disimulo. Por eso, en situaciones como las que estamos viviendo surge lo mejor y también lo peor de todos nosotros.

Hemos visto a sanitarios trabajar sin descanso, luchar agotados sin límite de horas para salvar, cuidar y acompañar a las personas enfermas. A madres y padres modestos trabajadores, a veces sin apenas estudios, haciendo de maestros y multiplicando las horas de trabajo para tratar de sacar adelante a sus hijos. 

A pequeños empresarios seguir batallando con generosidad contra la adversidad para poder sacar a flote negocios en los que habían empeñado su vida y sus patrimonios. A las fuerzas de seguridad multiplicando sus turnos y, como suele pasar siempre que acuden a los rescates, actuando sin pensar que es la suya la que corre peligro cuando se disponen a salvar las de otras personas.

Hemos sido así, porque en estos momentos de dificultad los seres humanos mostramos nuestra auténtica naturaleza. Porque somos seres, como nos describe el biólogo chileno Humberto Maturana, "adictos al amor y dependemos para la armonía biológica de nuestro vivir cotidiano de la cooperación y la sensualidad, de las caricias y de vínculos positivos y sintonía emocional con los demás, no de la competencia y la lucha". El confinamiento y la necesidad de contar con las personas de nuestro alrededor nos ha congraciado con la más auténtica y rica expresión de nuestra humanidad.

Sin embargo, no sólo somos así. En la desgracia también se muestra el lado oscuro, la otra cara de los seres humanos.

Hace un par de días escribía (Tratados indignos en tiempos de pandemia) sobre los despachos de abogados que en medio del dolor se disponen a preparar docenas de demandas para sacarle dinero a los gobiernos, a costa de las medidas que han debido adoptar para intentar salvar vidas humanas. Ahora quisiera mencionar a quienes aprovechan las carencias y urgencias de estos momentos para enriquecerse mediante todo tipo de prácticas corruptas.

El propio origen de la pandemia parece que puede encontrarse en la corrupción que se da en muchas partes del mundo, y en China en particular, con el tráfico de animales salvajes.  Algo que existe no sólo porque haya autoridades (como las que debieron vigilar mejor el mercado de Wuhan) o personas corruptas aisladas que violan las leyes, sino porque se puede contar con la ayuda de empresas o de bancos para poder hacer de esa práctica un negocio, en alguna ocasión, de escala mundial.

La organización Transparencia International dice que la Covid-19 se ha convertido en "la incubadora perfecta para la corrupción en nuestros de salud". La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha avisado de que en los próximos tiempos habrá mucha más corrupción porque "los delincuentes se adaptan rápidamente a las debilidades sistémicas inducidas por la crisis COVID-19", en gran medida, debido a que está "fortaleciendo instintos muy nacionalistas, iniciativas individuales y enfoques aislacionistas unilaterales" que son las condiciones que más ampliamente abren la puerta a todo tipo de prácticas corruptas.

 Y Europol ha señalado que los delincuentes están reorganizando las rutas de contrabando de personas y encontrando nuevas formas de atraer a las posibles víctimas, principalmente mujeres para ser explotadas sexualmente. En general, aunque puede que algunas actividades ilegales se frenen, casi todos estos organismos tienden a pensar que la Covid-19 genera nuevas oportunidades de negocio para el crimen económico, el cibercriminal, el tráfico de personas o la pornografía infantil.

La Covid-19 está generando actividades corruptas en muchos campos, unos más sutiles que otros. Ha habido estafas o subidas abusivas de precios, en muchas ocasiones puramente corruptas, en el suministro de mascarillas, guantes, líquidos desinfectante, respiradores y otros instrumentos que de pronto han escaseado en casi todos los países. Los procedimientos de compra se han relajado y eso ha dado oportunidades de oro a empleados públicos corruptos, incluso a nivel de ministros, como en Bolivia. 

Y todo eso no ha pasado tan sólo en los países más atrasados sino en las primeras potencias mundiales, encabezadas, también en este caso, por Estados Unidos, en donde los tribunales han tenido que atajar un bien número de este tipo de negocios.

El coste de la corrupción es altísimo, en dinero y en vidas humanas. En un estudio significativamente titulado La pandemia ignorada (aquí), la organización de denuncia y lucha contra la corrupción Transparency International ha estimado que sólo en el sector de la salud cuesta unos 500.000 millones de dólares al año y mata a cientos de miles de personas en todo el mundo. Y otra investigación del Journal of the American Medical Association ha calculado que sólo el fraude dentro de los sistemas del dentro de Medicare y Medicaid de Estados Unidos costó en 2011 98.000 millones de dólares.

Como siempre que se habla de corrupción, también en la que se genera alrededor de la Covid-19 hay que señalar que hay una "al minoreo", de menor escala, aunque más perceptible, y otra en la que se concentran los grandes negocios que, a pesar de que implica daños más cuantiosos suele estar mucho mejor disimulada. Tanto que, a veces, ni siquiera se considera corrupción. Algunos ejemplos sobre hechos que están ocurriendo en estos momentos quizá expliquen mucho mejor que mis palabras esa diferencia.

En Estados Unidos, como en otros muchos países, se está produciendo escasez de determinados medicamentos. Sin embargo, la administración ha considerado confidencial la información sobre cuáles son los que exactamente escasean. ¿No es corrupción defender a las empresas ya instaladas en el mercado impidiendo que se encuentren otros proveedores alternativos para esos medicamentos que faltan?

Los gobiernos de casi todos los países están dedicando muchos miles de millones a impulsar la producción de soluciones farmacológicas contra la Covid-19 pero no se están estableciendo sistemas transparentes para poder comprobar su efectividad, cuando ya se sabe que en otras epidemias se hicieron negocios multimillonarios con medicamentos que al final no eran más efectivos que una píldora de aspirina.

 ¿No es corrupción permitir que los informes sobre el desarrollo de los nuevos fármacos en el sector privado no cumplan con las normas de transparencia y rigor más elevadas, con tal de facilitar el negocio farmacéutico, tal y como pasó con el tamiflú en la peste porcina?

Hace poco, Bill Gates decía en una revista de medicina (aquí) que "Es necesario que los gobiernos pongan los fondos porque los productos para la pandemia son inversiones de muy alto riesgo" y que "finalmente, los gobiernos deben financiar la compra y distribución de las vacunas a la población que la necesita". ¿No es corrupción que los gobiernos financien el desarrollo, la distribución y la compra de productos farmacéuticos y que luego los beneficios sean para las empresas privadas"?

Los efectos y los daños de la corrupción ni empiezan ni terminan en lo puramente económico. La Organización Mundial de la Salud denuncia el desarrollo a nivel planetario de lo que llama infodemia, una auténtica pandemia de bulos y mentiras que confunden y debilitan la confianza de las personas y las sociedades y, sobre todo, que abren tremendas grietas en la solidez de las democracias. Lo que no es de extrañar. 

No se ataca mediante noticias falsas y mentiras políticas a le democracia como un fin en sí mismo, por el gusto de mentir, sino porque esta es el mejor antídoto, la más impenetrable barrera frente a los negocios fraudulentos y la corrupción. A menos democracia, más actividad ilícita y más suciedad en nuestras economías. De ahí que el capitalismo de amiguetes de nuestros días y la corrupción resulten indisociables.

Y, por último, no podemos olvidarnos de la corrupción posiblemente más penosa, de los cuervos malvados que vuelan en este tiempo a nuestro alrededor: los políticos que se aprovechan de los muertos, de la desgracia, del dolor y de las condiciones tan difíciles en las que hay que tomar decisiones para arañar unos cuantos votos. 

No tengo que mencionar algunas ejemplos de las mentiras tan bárbaras que estamos oyendo últimamente en boca de dirigentes de Vox o del Partido Popular. Son bien conocidas y no vale la pena hacerle más publicidad a este tipo de corrupción, no menos dañina que la puramente económica, aunque también a su servicio porque al dañar a la confianza, a la convivencia y a las instituciones nos dejan sin defensas frente a los grandes corruptos que actúan detrás del telón.

El auténtico reto de esta pandemia es hacer que desde dentro de nosotros no broten cuervos sino que florezcan los buenos seres humanos que describe Maturana."                    (Juan Torres López, Público, 27/05/20)

28.11.19

El coste de la corrupción en España puede ser de 60.000 millones de euros anuales, de 90.000 o de 125.000 según la fuente consultada... España dedica unos 50.000 millones de euros cada año a Educación...

"La corrupción sigue siendo noticia en España, ahora con la sentencia de dos expresidentes de la comunidad autónoma de Andalucia, uno a pena de cárcel y otro inhabilitado para cargos de representación, gobernada por el PSOE durante casi 40 años. 

Según el fallo judicial se desviaban fondos, legalmente destinados a empresas en crisis y trabajadores en situación de desempleo, con el propósito último de amordazar voces críticas empresariales y sindicales que permitieran una paz social ficticia. El montante de partidas públicas redirigidas sin control administrativo asciende a casi 700 millones de euros.

Un informe de 2018 realizado por Los Verdes/Alianza Libre Europea, grupo del Parlamento de Estrasburgo, estimaba el fraude por corrupción en España en 90.000 millones de euros, alrededor del 8 por ciento del PIB estatal. Para toda la UE el fraude corrupto alcanzaría los 900.000 millones de euros al año.


La web casos-aislados.com eleva esa cantidad a 125.000 millones de euros mientras que el Fondo Monetario Internacional la reduce a 60.000 millones de euros anuales.


En lo que va de siglo se han destapado en España más de 2.000 casos de corrupción y se registran por encima de 8.000 implicados en causas abiertas, ya cerradas, desestimadas por prescripción de delitos y otros motivos o sentenciadas aunque muchas de ellas recurridas en tribunales de orden superior.


Para contrastar estos datos, debemos saber que España dedica unos 50.000 millones de euros cada año a Educación y 17.000 millones a subsidios para desempleados.


PP y PSOE, el bipartidismo creado ad hoc a la muerte del dictador Franco, en colusión con los partidos nacionalistas de derechas de Euskadi y Cataluña, PNV y CiU respectivamente, son las organizaciones más manchadas por la corrupción política. Hablar de corrupción española es casi sinónimo de PP, con el PSOE muy cerca, el nacionalismo conservador catalán liderado por el expresidente Pujol pisando los talones al PP y en mucha menor medida algunos escarceos atribuidos al PNV. Los cuatro partidos, también la UCD del expresidente Suárez, han conformado las mayorías parlamentarias que han dado sustento a todos los gobiernos de la era democrática contemporánea. En breve puede romperse esa realidad con el hito de un Ejecutivo de coalición donde entre una nueva formación de tinte izquierdista, Unidas Podemos.


En España, las grandes empresas y los bancos mayores financian a los principales partidos políticos, los políticos “financiados” nombran a los “jefes” del Poder Judicial, la policía y los militares, asimismo al Fiscal General del Estado, y el círculo cuasi perfecto se cierra con “favores” legales hacia el Poder Político. La red es permeable a la par que consuetudinaria, oficiosa, habiendo auténticos demócratas en cualquiera de los ámbitos citados que llevan a cabo su labor con dignidad disintiendo de las consignas veladas que reciben en privado. De ahí que a veces algún pez gordo y trama criminal acabe en prisión o con rasguños judiciales severos o moderados. En realidad, este sistema descrito opera en multitud de espacios internacionales. Montesquieu, al parecer, no ha sido bien entendido.


No obstante, ante el volumen de corrupción detectado mediática y oficialmente y la tupida telaraña que impide ver su presunta envergadura, cabe preguntarse si lo que aflora no es más que una porción diminuta del gigante cuerpo hoy invisible.


Aunque España entera ha registrado secuencias corruptas, los territorios más afectados y de impacto público han sido Madrid (PP), Comunidad Valenciana (PP), Galicia (PP), Murcia (PP), Castilla y León (PP), Andalucía (PSOE) y Cataluña (CiU de Pujol).


Los delitos imputados son muy variados: financiación ilegal de partidos políticos, enriquecimientos personales ilícitos, desvío de fondos irregulares, mordidas administrativas para ganar concursos de obras o servicios, recalificaciones de suelo, cambios de legislación para favorecer a multinacionales, concesión de licencias a empresas de amigos, subvenciones no transparentes a terceros, desvío de fondos a destinos no contemplados por la ley, caciquismo inveterado de personajes de dudosa reputación muy populares en sus comarcas, tarjetas de crédito emitidas de forma nominal para gastos privados y puertas giratorias de la Administración a los emporios que cotizan en la elitista Ibex 35 bursátil. En algunos casos concretos, la larga mano oculta de la corrupción hizo caer incluso a señeros dirigentes sindicales. (...)"                      (Armando B. Ginés, Rebelión, 25/11/19)

25.10.19

Genealogía de la corrupción española... Franco obtuvo 7,5 millones de pesetas por la venta en el mercado negro de café donado al pueblo español por el dictador brasileño Getúlio Vargas. La fortuna que dejó al morir ascendía al equivalente de más de 1.000 millones de euros de 2010

"La corrupción también puede dar risa. En España se ha trampeado con dinero público para adjudicar el monopolio del exterminio de ratas, se han colocado urnas en pocilgas o tejados para disuadir la participación electoral, se han deconstruido y volatilizado del paisaje monasterios históricos a golpe del talonario de William Randolph Hearst y se ha favorecido la instalación de ruletas trucadas en casinos por parte de todo un presidente del Gobierno de la Segunda República, Alejandro Lerroux. 

Pero las 775 páginas (168 de notas) del nuevo libro de Paul Preston, Un pueblo traicionado (Debate), que sale a la venta el próximo jueves 24, producen sobre todo un desasosiego incómodo: la corrupción ha corroído la espina dorsal del Estado durante los últimos 140 años.


El ensayo se abre con el continuado fraude electoral de la Restauración, con dos partidos —liberales y conservadores— que se turnaban en el poder desde el que repartían prebendas y monopolios (el liberal Práxedes Mateo Sagasta dormía a veces en un hotel para evitar las colas de demandantes de empleo que se formaban ante su casa), y concluye con las tarjetas black de Bankia, los papeles de Bárcenas, los chanchullos de Iñaki Urdangarin, los ERE socialistas en Andalucía o las comisiones pagadas a la familia Pujol por adjudicaciones de la Generalitat. 

Un árbol genealógico vigoroso y bien enraizado. Como si la corrupción, por más que la sociedad se haya democratizado, fuese capaz de sobrevivir a cualquier régimen y casi cualquier ideología. Aunque tampoco en esto hay que sentirse diferentes. “He intentado subrayar que no pasa solo en España, y no solo en los países sospechosos habituales como Italia o Grecia. 

Aquí también ocurre”, sostiene el historiador durante una entrevista celebrada en su casa de Londres. “Hay un auge de la corrupción y tiene que ver con la manera en que se ha desarrollado el capitalismo, la sociedad de consumo. En este país, gracias a los conservadores ha habido un desprecio al Estado del bienestar y todo lo que son los servicios públicos. La corrupción aquí es más sofisticada que en España, pero igual de deleznable”, subraya.

Preston (Liverpool, 1946) ha necesitado sus cinco décadas de hispanismo y cada uno de sus ensayos históricos para poder llegar a este. “Yo no saco libros así como así, este se construye sobre lo que he hecho desde que empecé a finales de los sesenta y sobre el trabajo de los últimos cinco o seis años sobre la corrupción, que es muy difícil porque el corrupto, si no es tonto, no deja constancia de lo que ha hecho”.

 El resultado es una sólida historia de España permeada de tal suciedad que el propio autor estaba deseando sacudirse el peso de encima. “Este libro se ha hecho a la sombra del Brexit. La depresión que me ha causado el Brexit ha contagiado el libro, que ya de por sí no era alegre. Estoy muy contento de haberlo acabado. No quiero saber más de la corrupción”.


En este ensayo que comprende desde 1874, cuando se produce la restauración borbónica con Alfonso XII, hasta 2014, cuando sube al trono Felipe VI tras la abdicación de su padre, hay tres grandes ejes que se entrecruzan a menudo: la corrupción, la incompetencia política y la fractura social y territorial. Hay etapas en las que uno de los elementos se impone sobre otros, si bien acostumbran a ir de la mano: las dictaduras de Franco y Primo de Rivera son los periodos donde todo se solapa. El enriquecimiento inmoral se generaliza, empezando por los dictadores. 

Franco se camufló durante años bajo una falsa austeridad pese a que comenzó a engordar su patrimonio desde los días crudos de la guerra. Entre 1937 y 1940 acumuló una fortuna personal de 34 millones de pesetas de la época. “Una fuente importante de liquidez para Franco era su apropiación de suscripciones teóricamente organizadas para cubrir el coste del esfuerzo bélico de los rebeldes. 

Por lo general, la contribución a estas iniciativas era obligatoria. Los ingresos se mantenían normalmente en secreto, lo que facilitaba la transferencia de fondos a una de las cuentas bancarias de Franco”, sostiene el hispanista en su libro. 

A partir de 1940, la Compañía Telefónica Nacional de España redondeó sus ingresos con 10.000 pesetas mensuales y, como desveló Ángel Viñas en La otra cara del caudillo (Crítica), obtuvo siete millones y medio de pesetas por la venta en el mercado negro de café donado al pueblo español por el dictador brasileño Getúlio Vargas. “La fortuna que dejó al morir ascendía al equivalente de más de 1.000 millones de euros de 2010”, señala Preston.


A su alrededor se enriquecieron varios generales con sobornos, y su familia con pelotazos urbanísticos o monopolios de negocios de importación, con un constante aprovechamiento del poder por parte de sus hermanos, Nicolás y Pilar; su esposa, Carmen Polo (el terror de los joyeros), y su yerno, Cristóbal Martínez Bordiú. Una cultura de la corrupción que imitaban quienes le rodeaban, de los ministros (a José Antonio Girón, 16 años al frente de Trabajo, se le acusó de malversación de fondos) a los empresarios y banqueros. Una élite que vivía atrapada en la berlanguiana cultura de la cacería.


Miguel Primo de Rivera fue un dictador más simpático (perdón por el oxímoron) que Franco, pero igual de corrupto. Con una de las suscripciones populares que organizó se compró una finca en Jerez de la Frontera, un método que también aprovecharía el general Queipo de Llano para hacerse con un cortijo en Camas (Sevilla) en agosto de 1937. 

El dictador andaluz fue un precursor en otros campos: “Hay notables semejanzas entre Primo y Trump. Las notas oficiosas que el dictador publicaba en la prensa, muchas veces escritas de madrugada cuando estaba tomado, son como los tuits de Trump”, compara Preston. “Es un momento absolutamente trumpiano cuando escribe un texto sobre sí mismo para destacar que era un gran amante e insiste en que salga en una biografía oficial”, añade entre risas.


Hay un latido en el libro que se condensa en la cita de Ortega y Gasset de 1921 con la que arranca: “Empezando por la Monarquía y siguiendo por la Iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo”. El desprecio hacia el bien común —por resumir en un concepto contemporáneo, una necesidad de siempre— ha sido una constante entre las élites, ya fuesen políticas, empresariales, militares o eclesiásticas. Los chanchullos a gran escala de Alfonso XIII contribuyeron a expandir el republicanismo.

 “Ahora no se le arroja por anticonstitucional, sino por ladrón”, escribió Valle-Inclán tras la proclamación de la República el 14 de abril de 1931. Se abrió entonces un periodo de corrupción “menos tóxica” porque buena parte de los nuevos dirigentes abrazaban el regeneracionismo, pero no desapareció en absoluto debido a personajes como el empresario Juan March o el radical Alejandro Lerroux.

March estuvo en casi todas las salsas del siglo XX. La gran fuente financiera del golpe de 1936 se había forrado durante la Primera Guerra Mundial, con el contrabando de tabaco y la exportación de alimentos a los países en guerra. Por entonces tenía en su cartera de sobornos al ministro de Hacienda, Santiago Alba (a cuya esposa regaló un ramo con flores y 10 billetes de 1.000 pesetas de los años veinte). Su poder siguió expandiéndose con Primo de Rivera y se intensificó con el franquismo. 

En los pocos años en los que tenía enfrente a los políticos —fue encarcelado e investigado durante la Segunda República— siguió imponiendo su criterio: Preston recuerda que sus días carcelarios se parecieron mucho a una estancia hotelera y que finalmente logró fugarse. Uno de sus grandes aliados de esta época fue Lerroux, un radical de verbo encendido (llegó a alentar la violación de monjas: “Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura, destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie”) y bolsillos hambrientos. 

Prueba de que la corrupción estaba por todas partes es que los intelectuales opuestos al régimen de 1923, exiliados en París, como Blasco Ibáñez, Eduardo Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno editaron una revista satírica titulada España con honra, que tiraba 50.000 ejemplares. Blasco Ibáñez, además, vendió como rosquillas Alphonse ­XIII démasqué —en España de forma clandestina—, donde le responsabilizaba del desastre de Annual y le involucraba en negocios turbios.


Preston cree, como Machado, al que cita al comienzo de su ensayo, que en España “lo mejor es el pueblo” y que la mala gestión no tiene exclusividad ideológica. El socialista Francisco Largo Caballero fue, a su juicio, el político más incompetente de la historia reciente de España. “Lo peor que puedo decir de Jeremy Corbyn es que es el Largo Caballero de la política británica”, afirma con sorna.


La alianza entre corrupción e incompetencia política, escribe, “ha tenido un efecto corrosivo sobre la coexistencia política y la cohesión social”. En dos siglos: cuatro guerras civiles, más de 25 pronunciamientos, unas cuantas revoluciones sangrientas limitadas en el tiempo y en el espacio (Cataluña, Asturias…), la pérdida definitiva de los restos de un imperio y la catástrofe de Annual. Una pésima digestión para los militares, que durante muchas décadas se dedicaron a combatir al enemigo interior. “En gran parte gracias a la entrada en la OTAN y a las reformas de Narcís Serra, el Ejército y las fuerzas de seguridad han cambiado mucho”, elogia Preston.


Por una vez el hispanista ha deseado concluir un libro y alejarse de él, dolido también por decepciones personales como lo ocurrido durante los últimos años del reinado de Juan Carlos I, a quien dedicó una biografía en 2002. “Sigo pensando que nadie le quita el papel que jugó en la historia de España. Lo que le pasó en los últimos cinco años es una terrible lástima que mancha su imagen, pero si uno estuviera haciendo un retrato psicológico podría encontrar no justificaciones pero sí muchas explicaciones de por qué terminó así en la búsqueda del placer.

 Le robaron la infancia y la adolescencia, cuando llegó al poder vivió una época muy peligrosa como el bombero de la democracia, yo creo que pensó: “Ahora a mí me toca algo”. Pero, en contra de los que dicen que la Transición fue un desastre, opino que fue un pequeño milagro en el contexto en que se hizo”.    (Tereixa Constenla, El País, 19/10/19)

24.10.19

“Esto funciona así”: Anatomía de la corrupción en España

"¿Cuáles son los mecanismos institucionales y mentales que hacen posible la corrupción? Tras estudiar numerosos sumarios judiciales y extraer de ellos las actitudes y las frases más recurrentes, Fernando Jiménez y Vicente Carbona diseccionan en este ensayo los motivos que impulsan a los políticos, los empresarios y a la sociedad a incurrir y aceptar la corrupción.

Es indudable que los verdaderos expertos en la corrupción son quienes la practican. Por esa razón, el análisis de este fenómeno nunca podría estar completo si no prestamos atención a estos actores. En este texto nos vamos a aproximar a las actitudes, las percepciones y los valores de quienes practican estas actividades delictivas. Para ello, utilizaremos un tipo muy especial de material empírico.

 El considerable aumento en los últimos cinco años de investigaciones judiciales sobre la corrupción en nuestro país nos permite contar con una base de datos especialmente rica para analizar los mapas mentales de estos actores. En concreto, las grabaciones policiales de muchos intentos de soborno constituyen un material privilegiado para llevar a cabo un análisis de aquello que tienen “los corruptos en la cabeza” cuando se proponen cometer estos delitos.

En este texto hemos seleccionado una (corta) serie de fragmentos de estas conversaciones que son suficientemente representativos para ilustrar lo que podemos llamar el “imaginario de la corrupción” en España.

I. EL IMAGINARIO DE LA CORRUPCIÓN

¿Qué tienen en la cabeza los corruptos cuando llevan a cabo actividades presuntamente delictivas? El análisis de una información como esta enriquece nuestra aproximación al fenómeno de la corrupción. Al final, son los individuos quienes otorgan un determinado significado a sus acciones y quienes deciden qué tipo de elementos del entorno en el que actúan se convierten en incentivos que les estimulan a llevar adelante determinados comportamientos. 

Como afirma Mark Granovetter cuando critica los enfoques económicos de la corrupción de la “Teoría de la Agencia”, aunque estos modelos explicativos “puedan ser razonables si permanecen constantes todos los demás factores, en la práctica infradeterminan los resultados posibles porque abstraen los aspectos sociales de la forma en que los incentivos se convierten en tales y de la manera en que los actores les dotan de valor y de significado”.

Por tanto, para no caer en la debilidad denunciada por el sociólogo de Stanford, es conveniente utilizar material empírico. Después de leer un buen número de sumarios judiciales sobre delitos de corrupción, creemos que estamos en condiciones de condensar ese imaginario de la corrupción en cinco elementos (tabla 1). Los entrecomillados son expresiones literales extraídas de tales conversaciones.


1. Los frutos de la corrupción: el bolsillo y otros fines

El primer elemento del imaginario son los fines perseguidos por la corrupción. El fin principal suele ser el enriquecimiento ilícito, pero generalmente de manera instrumental aparece un segundo fin relacionado con este: la financiación de las campañas electorales. Para poder enriquecerse ilícitamente con la “venta” de determinadas decisiones públicas es necesario previamente haber alcanzado una posición de poder público. Para ello, en el caso de puestos de elección pública, es necesario invertir en el coste de una campaña electoral con la que asegurar que se va a alcanzar la posición de poder deseada.

Una conversación ampliamente conocida, publicada en su momento en la prensa,[1] nos sirve para ilustrar estos extremos. Tuvo lugar en Orihuela entre Ángel Fenoll –un empresario del sector de las basuras, que es uno de los grandes protagonistas del Caso Brugal– y un entonces concejal de un grupo político minoritario del Ayuntamiento de Orihuela, el Centro Liberal, Jesús Ferrández.

Ángel Fenoll es de extracción humilde. Empezó recorriendo las aldeas alrededor de Orihuela en un carromato con su padre recogiendo las basuras. Hoy sigue trabajando en ese sector, pero en una posición mucho más acomodada. Ángel Fenoll grabó esta conversación en febrero de 2006. De hecho, por lo que se sabe del Caso Brugal, probablemente ha grabado todas las conversaciones que ha tenido con políticos.

En la conversación, Ángel Fenoll está prometiéndole al concejal su apoyo económico en lo que necesite, siempre y cuando el concejal cumpla con su parte del trato, que en este caso era tratar de obstaculizar una contrata de basuras que había hecho el Ayuntamiento de Orihuela y que se había adjudicado a un competidor de Ángel Fenoll. Se trataba de denunciar ese concurso, obstaculizarlo, y volver a sacar a concurso esa contrata.

Ángel Fenoll: Cuando llegue el momento antes del Pleno...
Jesús Ferrández: Si yo no quiero nada, tú paga la campaña.
Fenoll: Ya, ya... Que sí... Que te lo digo para que tengas confianza al 100%... Una campaña al estilo americano.
Ferrández: Al estilo americano no, una campaña que podamos sacar ocho o nueve concejales... Yo quiero que estos [PP] no gobiernen solos, que si nosotros decidimos después, decidimos nosotros [CL].

Una de las constantes en estas conversaciones suele ser la financiación de las campañas electorales y, a veces, de las propias organizaciones de los partidos, algo que constituye un verdadero agujero negro en la democracia española. En este caso, el concejal dice no esperar nada más del empresario que el pago de la campaña. Este, seguramente llevado por el entusiasmo del momento, le promete no solo que lo hará sino que tendrá una campaña “al estilo americano”... en Orihuela. Obviamente el realismo del concejal se impone. No necesita globos de colores ni sombreros panamá, sino tan solo asegurarse un número de concejales suficiente para que el partido mayoritario, sea el que sea, dependa de sus votos para conseguir la alcaldía. ¿Qué necesita por tanto el concejal? La conversación entre ambos prosigue:

Ferrández: Nosotros, con cincuenta votos de La Murada, veinte de La Aparecida... Nos sobra, no tenemos que sacar mayoría absoluta, con sacar un par de concejales más ya está, no tenemos que ganar las elecciones. Y si nosotros tenemos la suerte...
Fenoll: Tienes la llave... Ellos tienen que entenderse contigo, ellos quienes sean...
Ferrández: De eso se trata. Además tú lo sabes... Yo eso de ser alcalde me la suda. Yo lo que quiero es mangonear por detrás. Si el que se ha equivocado conmigo ha sido Medina [el entonces alcalde de Orihuela]. Podría haber sido el tío más feliz del mundo, teniéndome a mí mangoneando por detrás, es lo que más me ha gustado siempre. A mí eso de los discursos me la suda.

Están hablando, aunque no explícitamente, de que se trata de comprar votos. De hecho, existen varios fenómenos registrados de compra de votos en esa zona, no solo en Orihuela, sino que también ha habido casos denunciados en la provincia de Murcia y hasta hay una reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Murcia que ha condenado por esta práctica al alcalde de Fortuna. Lo importante, por tanto, no son los globos, sino asegurar la posición de poder necesaria: no una mayoría, sino “tener la llave”, condicionar el establecimiento de una mayoría de gobierno en el Ayuntamiento. Lo de menos es gobernar, lo decisivo para este concejal, tal y como dice en esa perversa oda a la vocación política con la que termina este fragmento, es “mangonear por detrás”.

Pero ¿para qué necesita este político asegurarse esa posición de poder? El siguiente fragmento de esta conversación es suficientemente explícito.

Ferrández: Nada más que mangoneemos un poco y cogiendo un par de PAUS de cuatro millones de metros cuadrados ni basuras ni la puta que las parió.
Fenoll: Es verdad, sí.
Ferrández: De qué estamos hablando. Se pueden ganar miles de millones con un PAU de tres millones de metros cuadrados. Tú calcula que los tres millones son millón y medio de metros cuadrados y la media entre el suelo y lo que gane de las viviendas, ponle como mínimo un beneficio de 20.000 pesetas el metro cuadrado: Salen 30.000 millones de pesetas, que es lo que están ganando esos hijos de puta.
Fenoll: Están ganando todo el dinero del mundo.

Aquí aparece el otro fruto buscado por la implicación en actividades de corrupción. Uno era “finánciame la campaña” para tener “la llave”, para ser clave en la toma de decisiones en el Ayuntamiento, y una vez que consigan eso, ¿para qué quieren el poder? Hasta el momento solo hablaban de contratas de basura y de campañas electorales. Pero, claramente, lo importante en el contexto temporal de los años del boom  inmobiliario es tener el control sobre el desarrollo del suelo en el municipio. La velocidad con la que calculan el rendimiento de estas operaciones es suficiente evidencia de cuáles son los objetivos que pretenden realmente desde la posición de poder a la que aspiran.

La disposición que muestra el empresario de las basuras para saltar desde su sector al inmobiliario explica también buena parte de los comportamientos que llevaron a muchos empresarios a abandonar los sectores en los que trabajaban tradicionalmente para operar en el sector inmobiliario. Como se ha demostrado, esta ha sido, a la larga, una apuesta realmente ruinosa para la estructura económica de nuestras comunidades. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha supuesto la desaparición de un elevado número de empresas que llegaron a la promoción inmobiliaria desde sectores productivos que seguirían siendo perfectamente sostenibles desde el punto de vista económico en la actual etapa de crisis.


2. “Tener la llave”: el cargo como oportunidad

El segundo elemento del imaginario gira alrededor de la idea de que el ocupante del cargo público se encuentra en la posición clave para tomar la decisión pública necesaria que permite el negocio corrupto. En todas estas conversaciones grabadas por los cuerpos policiales aparece constantemente, como ya hemos visto en uno de los fragmentos anteriores, la expresión “tener la llave”. La ocupación del cargo público adecuado es vista como una oportunidad para el enriquecimiento ilícito de su ocupante.

La conversación elegida para ilustrar este elemento del imaginario tuvo lugar en Camas, en la provincia de Sevilla, el 12 de septiembre de 2005.Fue grabada, con la ayuda de la policía, por una concejal que luego denunció el intento de soborno al que se vio sometida. La concejal pregunta en un determinado momento:

Concejal: ¿Qué recibiría yo?
Intermediario: ...Pues resolver tu vida, la de tus hijos, y la de veinte generaciones tuyas [...] Esto es un filón. Esto es oro, oro y oro.
Concejal: La corrupción la he visto pasar siempre tan de lejos. No creí que me iba a coger tan de cerca.
Intermediario: A todos nos llega la hora. A ti te ha llegado ahora. Yo voy a lo mío. No sé si vienes a sacarme información. Pero yo quiero hacer. Yo tengo unos señores que tienen unos intereses ahí. Te estoy hablando claro. Y tenemos la oportunidad de resolver nuestra vida para veinte generaciones, la tuya y la mía.

Están hablando de lo que la concejal recibiría a cambio de ofrecer el voto decisivo para poder llevar adelante una serie de planes urbanísticos en el municipio de Camas. El intermediario no puede ser más directo a la hora de describir la oportunidad que “tener el cargo” representa en el imaginario de la corrupción: resolver tu vida y la de veinte generaciones tuyas. Como en un buen western, el intermediario deja una frase lapidaria sobre lo que parece la inevitabilidad de la corrupción: “A todos nos llega la hora.” El cargo que ocupa la concejal y su voto decisivo en el Pleno son la llave para obtener el filón del oro.

Siguiendo con el segundo elemento, el del cargo público como oportunidad, una segunda ilustración corresponde a una conversación que tuvo lugar el 5 de junio de 2008 en Arrecife (Lanzarote), entre un consejero del cabildo de la isla y un intermediario que viene a pedirle que desbloquee un plan urbanístico recurrido por el cabildo ante la jurisdicción contenciosa y por la vía penal, a iniciativa de este mismo consejero. Esta conversación completa representa una antología de la corrupción.

La conversación dura aproximadamente una hora y media. La grabó el consejero cuando supo que iba a ser objeto de un soborno. Esta grabación ha iniciado una investigación judicial aún en marcha, tras acumularse una impresionante cantidad de información.[2]
En este primer fragmento de la conversación, el intermediario se refiere a un proyecto urbanístico en que el consejero le asegura que “ahí nadie se llevó nada”. El intermediario no da crédito a eso, y le dice:

[...] y tú imagínate que hubieras trincao un 5 o 10 de todo el proyecto ese, ¿qué pasa?, y es que te digo una cosa, si no lo hicieras, si no lo hicisteis tú o la persona que tenía en ese momento la llave es que son gilipollas, te lo digo sinceramente, es que son gilipollas, porque se creen ustedes que van a estar aquí toda la vida, que la política es itinerante [sic.], que esto no es un contrato fijo de trabajo, tú lo sabes, es que es así [...] Entonces tú te vas a mantener ahí tres años, garantizar tres años. La próxima, mira, tío, no lo sé, porque dentro de la maquinaria de ustedes unos cuantos que quieren quitarte a ti para ponerse ellos [...] Es que quieren tu puesto, quieren tu puesto, eso es lo que hay, entonces, tienes tres años. Pero vamos, yo no te voy a decir a ti lo que tienes que hacer, que tú eres un tío bastante inteligente. Tú deberías amarrarte bien, y amarrarte bien, y amarrarte bien. Garantizarte tu futuro.

El mensaje es evidente: la competencia para hacerse con el cargo y con el aprovechamiento económico que puede tener aparejado no está ni siquiera fuera del partido, sino que el peligro viene del fuego amigo. “Eso es lo que hay.” Si eres inteligente, sabes que necesitas “amarrarte bien” (aprovechar el cargo mientras lo disfrutes) para garantizarte el futuro porque el desempeño de los cargos públicos no es para siempre.

2.B. “Si no lo haces, eres gilipollas”

El segundo elemento del imaginario de la corrupción tiene un corolario. No es solo que cuando se disfruta de un cargo público en el que se tiene la llave hay que aprovecharlo, sino que si dejas de hacerlo no es porque seas un tipo íntegro, sino porque eres tonto o, como suelen decir los corruptores en estas conversaciones, “gilipollas”. La justificación que dan los corruptos para afirmar que quienes no se aprovechan del cargo público no son dignos de respeto se basa en dos razones. 

La primera es que, de todas formas, “todo el mundo pensará que lo estás haciendo”, así que, si vas a quedar como un corrupto, al menos que sea con fundamento. Este primer punto queda de nuevo magníficamente ilustrado en la conversación canaria. El intermediario dice:

Claro, o sea lo que es de gilipollas, es que eso vaya p’alante, y ahí nadie haya trincado nada [...] en un proyecto que es [...] tela marinera. ¿Qué quieres que te diga? Pues si no han trincado nada ahí, no lo entiendo, sinceramente no lo entiendo [...] Como todo el mundo sabe lo que hay, que es imposible que no se haya hecho nada ahí.

La segunda razón es que “si no lo haces tú lo hará otro”. Es absurdo hacerte el héroe de la integridad, porque siempre habrá otro dispuesto a dejarse comprar, así que aún te sentirás más tonto por no haber aprovechado la oportunidad cuando la tuviste. Según explica el intermediario a la concejal de Camas:

Esta gente te va a montar un negocio y no vas a tener que trabajar más. Y si no lo haces tú, lo hará otro.

Esto recuerda la frase que Francisco Hernando Contreras, El Pocero, le dijo al alcalde de Izquierda Unida que paró el desarrollo de la enorme ciudad dormitorio de Seseña[3]: “Tú eres tonto. Eres el único alcalde honrado de España.”

Volviendo a la conversación de la isla canaria, el intermediario expresa con rotundidad esa visión sobre la inevitabilidad de la corrupción y la disposición a la misma de quienes participan en la vida pública. Tras una larga (y espeluznante) narración a cargo del intermediario de numerosos casos de corrupción en la isla en la que nombra directamente a un buen número de conocidos políticos de todos los partidos, el consejero del cabildo reacciona con ingenuidad y el intermediario no le da opción:

Político: Aquí el más tonto hace relojes, ¿no?
Intermediario: Tonto aquí, yo no veo ninguno. Yo el día que me presentes a uno te doy una medalla.
Político: El primer tonto soy yo, parece hay alguno despistao.
Intermediario: No, tú no eres tonto, lo que pasa es que acabas de entrar también ¡joder!, llevas poco tiempo, ¿no?

Es decir, los rasgos de integridad, o más bien de estulticia por no aprovechar las oportunidades que brinda el cargo público, son, a juicio de este intermediario, pasajeros, fruto únicamente de la poca experiencia en la vida política y, por tanto, un sarampión que pasa muy pronto.

3. “Además, no te va a pasar nada”

El concepto de la impunidad es un elemento poderoso en el imaginario de la corrupción. Las reglas del juego corrupto son sencillas, “la Biblia está escrita desde hace tiempo”, según el intermediario de la conversación canaria en otra frase digna de ser esculpida en mármol:

¿Cómo se hace eso? Pues muy sencillo. Tú, que eres el personaje público, ni apareces. Entonces, por ejemplo yo [con el promotor] hago un contrato, ese sí que se hace público, una cosa 100% legal, de un porcentaje en el que figura que [el intermediario] tiene un porcentaje en esta sociedad, luego yo contigo, si tú quieres, hago un contrato privado –el contrato privado vale igual que uno público–. Tú tienes tu copia y la guardas, que de la parte mía el 50% es tuyo, y ya está. Eso no tiene por qué aparecer jamás en la vida, jamás. Cuando tú termines todo tu bagaje y tal y cual, que no va durar mucho o cuando tú quieras, eso se llevará a escritura pública y ya está [...]
Así es como se hace, ¿entiendes?  [...] Con cosas privadas tú no vas a ver nada, eso se amarra bien y no hay problema, eso te lo digo yo [...] La Biblia está escrita desde hace tiempo  [...]
Esta operación, si sale, va a salir de puta madre, ya lo verás. Cuando tú te encuentres con una cosa de esas, si quieres voy yo y lo arreglo, o sea, tú no tienes ni que aparecer. Si a ti te viene mañana [el promotor]... ¡Coño! ¿Cómo podemos desbloquear este tema tal y cual? Tú me llamas [el intermediario], vete con él [el promotor], escucha lo que te dice, y luego yo hablo con él: esto lo podemos desbloquear, pero ¿cómo queda la cosa? Y ya está, tú no apareces por ningún lao, por ningún lao  [...]
El blanquearlo es muy fácil, o sea a mí me dan mañana mil millones de pesetas, me dicen: “Mira tengo mil kilos en, no sé, Islas Caimán o..., tráetelo p’acá y lo tienes blanqueado en dos años.”

En este caso, el intermediario le explica al político cómo hacer el pago del soborno garantizándole toda la opacidad posible para que no deje huellas. Además, en lo que constituye toda una reivindicación profesional del papel del intermediario, este aprovecha para ofrecerse al político para que pueda llevar a cabo este tipo de operaciones con cualquier clase de empresario interesado. 

Incluso aprovecha para asegurarle que el blanqueo del cohecho es una operación simple en la que ya tiene experiencia. Aunque en esta conversación no se advierte, en muchos otros casos, uno más de los servicios ofrecidos por los intermediarios de la corrupción es el de “comerse el marrón”, de ir a la cárcel antes que descubrir quién fue el destinatario último de los pagos.


4. “No vayas a joder al pueblo”

Ampliar el número de beneficiarios de este tipo de intercambio parece ser otra de las principales reglas del juego entre corruptos, al menos entre los más avezados en estos negocios. La conversación de la isla canaria vuelve a servirnos una ilustración de este elemento del imaginario. Tras poner algunos ejemplos de políticos corruptos a los que perdió la avaricia, el intermediario advierte al político:

No vayas a joder al pueblo, o sea lo que es estúpido es que en el [barrio popular], tú no le dejes hacer casas [...] Claro, tú tienes que ser generoso, a la gente del pueblo ponle lo que quiera a [barrio popular] dos plantas, y en [otro barrio] otra planta más pa esa gente para que lleve a la familia y que se beneficie todo el mundo y después de tres o cuatro operaciones gordas que hay [...], empresas privadas con dinero y tal, a la gente no le importa mientras  [...] tú hagas cosas por el pueblo. Lo que no puedes hacer es to pa mí, to pa mí y que se joda el resto del mundo, entonces te joden vivo.

El mensaje es que, si eres un depredador, no vas a poder disfrutar mucho tiempo de la ocupación del cargo público que permite acceder a estos negocios. Por eso, el truco se juega a esa carta: “No vayas a joder al pueblo.” Esta es la condición de posibilidad para ser un corrupto con permanencia en el cargo. Como dice con claridad meridiana el intermediario, “a la gente no le importa [que tú te beneficies ilícitamente] mientras hagas cosas por el pueblo”.

No obstante, es evidente que por culpa de la corrupción, a la larga, “el pueblo” es exactamente el que sale perjudicado. Estas “operaciones gordas” dejan un legado de degradación medioambiental, estructuras de poca calidad y unas condiciones sociales mucho peores.

Un ejemplo de esta hipocresía populista es el de Jesús Gil. Después de tantos años en Marbella, donde renovó cuatro veces seguidas su mayoría absoluta; después de tanta supuesta creación de riqueza y puestos de empleo, la población de Marbella se había multiplicado por cuatro. Sin embargo, la realidad es que siguió teniendo un solo consultorio médico, las mismas líneas de transporte público, y menos metros de jardines públicos por habitante de las que tenía antes de Gil.[4] El mensaje es: “No vayas a joder al pueblo”, pero realmente el pueblo acaba gravemente perjudicado por este tipo de comportamientos, aunque en muchos casos tarde bastantes años en advertir las consecuencias del mal gobierno y la corrupción.

5. “Esto funciona así”

El elemento quizás más preocupante de este imaginario es la transmisión de la idea de la inevitabilidad de la corrupción, la idea de que el sistema político en la práctica “funciona así”. Las reglas del juego son estas, y, por lo tanto, lo de cumplir con la legalidad parece ser lo excepcional. Las leyes parecerían no ser más que un formal atrezzo para tranquilizar conciencias, mientras que las verdaderas reglas del juego son las de los intercambios corruptos.

La siguiente conversación es pública, tomada de una entrevista del reportero Luis Gómez en El País en noviembre de 2010.[5] Es una de las pocas entrevistas que ha concedido Enrique Ortiz, el promotor inmobiliario de Alicante que domina en torno al 80% del suelo urbanizable en el término municipal, y que además es dueño del Hércules Club de Fútbol. También es uno de los principales implicados en la Operación Brugal y protagonista de uno de los capítulos del Caso Gürtel que afecta a la financiación irregular del Partido Popular en la Comunidad Valenciana.

Luis Gómez: Y sus competidores están también convencidos de que recibe trato de favor de los políticos.
Enrique Ortiz: Un político no te da la contrata, pero sí te la puede quitar. Las cosas las tienen muy claras. He hecho muchos favores toda la vida a políticos de todos los colores. Tienes que ganarte su confianza: si te piden que hagas una obra porque la necesitan, la haces. Yo por Navidades, ya sé lo que me espera. Que si hay que darle dinero a este equipo modesto. Y ahí está Ortiz. Que si hay que ayudar a las fiestas. Y ahí está Ortiz. Que si a alguna asociación, que si hay que construir una escuela de enfermería en el Sáhara. Y ahí está Ortiz. No se trata de sobornar al alcalde. Si piensas que haces algo mal, te escondes y yo no me escondo.
Gómez: Pero por las conversaciones y los informes de la Operación Brugal se desprende que usted ha ido más lejos en los favores [...] Usted empleaba a familiares de políticos.
Ortiz: Lo he hecho toda mi vida. Cómo le voy a decir que no a un político. Pero no les he regalado el sueldo a esos familiares [...]
Gómez: O sea, que el favor al político está justificado.
Ortiz: Es el sistema. Yo no quería comprar el estadio del Hércules, por ejemplo. Pero había una presión social, que se traslada a que el político te diga: “Tienes que comprarlo.” Y luego digo pero hay que hacer un estadio nuevo, que no es para mí, es para el Hércules, y propongo una operación para hacer uno nuevo, con la permuta de unos terrenos. Es lo que han hecho todos los clubes de España. Yo nunca haría una operación especulativa con el estadio.

Aunque Ortiz se desmarca del pago de sobornos, admite que este conglomerado de favores a los políticos constituye “el sistema”. Es la manera de ganarse su confianza y, siendo así el sistema, no hay manera de quedar al margen. Analicemos ahora un caso algo más escabroso que vuelve a servir de ilustración del “esto funciona así”.

El 9 de junio de 2010, el periódico canario La Provincia desvelaba que Jacinto Álvarez, el exgerente de Urbaser en la isla de Lanzarote, llamaba a María Isabel Déniz, la exalcaldesa de Arrecife, “la Trincona”. Álvarez está acusado de efectuar pagos ilegales a la alcaldesa; según él, con el visto bueno de sus superiores.

Urbaser es una enorme empresa[6] dedicada principalmente a la gestión de basuras, y pertenece a ACS, la empresa de Florentino Pérez. El gerente reconoció que sobornaron a (o que se dejaron extorsionar por) la alcaldesa, a cambio de la concesión a esta empresa de la contrata de basuras del ayuntamiento de Arrecife, valorada en más de ocho millones de euros a diez años vista.

De acuerdo con la información recogida por el diario regional, en un determinado momento la exalcaldesa, cuya hermana era la viceconsejera de Justicia del gobierno autonómico en el momento de saltar el escándalo, averigua que está siendo investigada por la Guardia Civil. En ese momento, según publica La Provincia, avisa a Jacinto Álvarez de que están siendo seguidos por la Guardia Civil y le pide que se deshaga de toda la documentación que pueda comprometerles. El gerente de Urbaser coge toda la abundante documentación que tiene en su oficina y la lleva a una nave que tenían en un barrio de Arrecife para esconderla. Pero la Guardia Civil ya lo estaba siguiendo y se hace con toda la documentación.

Entre la documentación que se le encuentra, aparece un cuaderno en el que había escrito un “decálogo para tratar a la alcaldesa”. La norma número uno era darle siempre la razón. Según las anotaciones de Álvarez y de acuerdo con su declaración ante la policía judicial, la alcaldesa les pedía constantemente nuevos regalos: relojes, viajes para ella y su familia (entre ellos un safari en África), etcétera.

Álvarez alegó que el pago de sobornos, superior a los 40.000 euros, se hizo con el conocimiento de sus superiores. Naturalmente la empresa niega esta versión y despidió a su gerente en cuanto fue imputado. Sin embargo, de acuerdo con la investigación de la Operación Brugal esta misma empresa ha protagonizado al menos un caso muy parecido en la concesión de una nueva contrata de basuras en la Vega Baja de Alicante,[7] por lo que hay indicios suficientes para deducir que esta práctica podría constituir algo más que una mera ocurrencia de gerentes sin escrúpulos.

La pregunta que cabe hacerse es cómo es posible que una empresa nacional tan potente no denuncie este tipo de comportamientos, de solicitudes de cohechos, cuando se topa con ellos en algunos municipios. Nuestra hipótesis es que esto se debe seguramente a que trabajan con la misma clave que hemos visto antes con los concejales: si no lo haces, lo hará otro. Cuando uno habla con empresarios de estos sectores, no resulta tan extraño escuchar que los empleados de estas empresas digan que sus superiores lo sabían. Si tú no pagas los sobornos, otros lo harán y además perderás la contrata. Por esto, quizás, no lo denuncian. Porque también ellos parecen admitir que, al menos en algunos ayuntamientos, “el sistema funciona así”.

Volvamos a la conversación de la isla canaria a la que nos hemos referido repetidamente. En un determinado momento, el intermediario habla de otro promotor inmobiliario muy conocido en la isla, pero al que no representa personalmente en este caso:

Intermediario: JF [promotor] es un tío que hay que reconocer que las cosas cuando las hace, las hace bonitas.
Político: Sí, eso sí.
Intermediario: Bien hechas; por lo menos no es chapucero.
Político: Por lo menos no es chapucero.
Intermediario: Es un tío que lo hace bien y que queda bien.
Político: Se salta la ley con estilo.
Intermediario: Eso sí, se salta la ley con estilo, pero, coño, ya que se la va a saltar alguien que se la salte él, que lo hace bien y deja siempre cosas bien hechas, ¡coño!, cosas bonitas... Como yo sé que al final se la van a saltar, prefiero que se la salte él a que no se la salte un basura que te hace una mierda, un desastre y te deja encima mal.

De nuevo, la idea de la inevitabilidad de la corrupción: “Como yo sé que al final se la van a saltar [la ley]”, mejor que se la salte un promotor que construye “cosas bonitas” y que no es un chapucero. Al menos “se salta la ley con estilo”. Es más, este tipo de promotores hasta “dejan bien” al político, ya que lo de menos parece ser cumplir la ley. Una constatación más de este elemento del imaginario de la corrupción en nuestro país: las leyes no parecen ser más que un adorno para estos personajes, las verdaderas reglas de juego no son las leyes oficiales, sino las que regulan los intercambios corruptos. Un mensaje ciertamente desolador.
 
II. ¿EN QUÉ GRADO ESTÁN EXTENDIDAS ESTAS ACTITUDES?

Para poder cuantificar y evaluar las implicaciones de estas actitudes de y hacia la corrupción, es necesario investigar más allá de los actores principales. ¿Podemos pensar que este tipo de actitudes, este imaginario de la corrupción, está generalmente extendido en nuestra sociedad, entre los ciudadanos? Si esto es así, estaríamos ante una situación muy complicada. ¿Necesitamos una revolución moral para combatir la corrupción en España?

En el país que inventó el género literario de la picaresca tendemos a pensar con frecuencia que las actitudes que hemos presentado en la primera parte del trabajo están muy enraizadas en nuestra sociedad. De hecho, en ocasiones hay algunos retazos de información sociológica que parecen apuntar en esa línea. Nos vamos a limitar a presentar solo algunos datos que podrían servir como evidencias de la extensión de este tipo de actitudes entre los ciudadanos españoles.

Comencemos con una conversación entre trabajadores manuales de la Comunidad de Madrid, de entre treinta y cuarenta y cinco años de edad, que tuvo lugar el 22 de noviembre de 2006, cuando los escándalos de corrupción urbanística ya dominaban las portadas de los medios de comunicación.[8]

D.: Yo lo que quiero dejar claro por mi parte es que da igual que sean unos u otros, que lo que está claro es que el poder político es la herramienta para tener el poder económico, para manejar la pasta y aquí se ha demostrado que eso es así, son más o menos, y perdonad, clanes casi de mafiosos que se reparten el territorio. Yo me apostaría el sueldo de un año a que no hay un ayuntamiento en España, sea del partido que sea, al que no le saquen beneficio –da igual que sea izquierda, o el que sea.
J.: Por eso no sale casi nada, porque en todos hay...

Como se observa en la cita anterior, el fragmento comienza con la típica expresión de cinismo hacia el sistema político que cualquier científico social conocedor de la realidad española esperaría: que todos los políticos, todos los partidos son iguales; que anteponen sus intereses particulares a todo lo demás, y que eso los convierte a todos en corruptos, al menos en potencia. La conversación prosigue:

D.: La lástima que tengo es no haber pensado esto con veinte años en lugar de con treinta y nueve, porque ya me habría encargado yo de meterme en el rollo de la política que ahora sería concejal.
J. C.: Es que es una mafia.
D.: Porque también como luego no te va a pasar nada y que por otro lado estas cuatro años y luego a vivir, porque no conozco ningún político que al dejarlo se haya tenido que ir de electricista o lo que fuera, de bancario o lo que fuera.
J. M.: Y que luego según está la ley, tampoco le pasa nada si...
D.: ...Es que entran con unos sueldos muy normalitos y a los seis meses ves que tienen unos chalés, en unas urbanizaciones de no sé cuantos miles de euros, y dices, pero bueno, es que yo soy tonto.

D. sorprende a sus compañeros al dar una vuelta de tuerca al habitual discurso sobre la perversión de la clase política. No se queda solo en la consabida y omnipresente denuncia de la corrupción de los políticos, de todos ellos, sino que añade lo que parece ser un arrebato de sinceridad mucho menos habitual: la lástima es no haberse dado cuenta antes de cómo eran las verdaderas reglas del juego político, la presencia de la corrupción, para haber entrado él mismo en este juego ya que ahora estaría en una posición económica mucho mejor. Aunque son unas palabras que sorprenden en un primer momento a sus compañeros, hay que decir que estos acabaron asintiendo ante lo señalado por D.

Si dejamos de lado esta aproximación cualitativa y echamos un vistazo a las encuestas de opinión, encontraremos también algunos datos igualmente preocupantes. En primer lugar, la percepción de los españoles sobre la incidencia de la corrupción es realmente alarmante. Sobre este particular poseemos una larga batería de datos, pero basta con la tabla 2 para ilustrarlo.

 Otros datos ahondan en esta no muy alentadora imagen. España exhibe una de las tasas más bajas de confianza interpersonal generalizada de la UE-15, un factor que suele estar correlacionado con el nivel de corrupción real: A mayores niveles de confianza social, menos corrupción, y viceversa. El gráfico A recoge la distribución de la variable de la confianza interpersonal según unos datos de diciembre de 2009.

 Las percepciones de los españoles sobre la parcialidad o imparcialidad con la que funcionan las principales instituciones de gobierno (tabla 3) apuntan también hacia una preocupante sensación de que instituciones públicas clave como la justicia o la administración tributaria no tratan por igual a todos los ciudadanos.

Así, según el CIS, siete de cada diez españoles se mostraban disconformes en 2009 con la afirmación de que “el sistema judicial castiga a los culpables sin importar quiénes son”. De acuerdo con otra encuesta de ASP para la Fundación de las Cajas de Ahorro (FUNCAS) realizada en ese mismo año, tres de cada cuatro encuestados se mostraban muy o bastante de acuerdo con la opinión de que “la gente acomodada recibe un trato fiscal claramente más favorable que el que recibe el ciudadano medio”.

Esta baja confianza ciudadana constituye uno de los rasgos de la cultura política de los españoles desde que se lleva a cabo este tipo de estudios en nuestro país. La gran mayoría de españoles percibe que las instituciones públicas no tratan por igual a todos los ciudadanos y asume que la corrupción abunda entre nuestros representantes y nuestros gobiernos.

La visión negativa ciudadana sobre el funcionamiento parcial de las instituciones de gobierno aparece no solo en las encuestas sino, como hemos visto, en buena parte de las conversaciones grabadas por la policía en la persecución de delitos de corrupción. Una constante afirmación sostiene que los intercambios corruptos son la forma normal de proceder: que esto funciona así.

Como señalan Charron y Lapuente, cuando la percepción de la mayoría es que “el sistema funciona así”, los actores invertirán tiempo y esfuerzo en el cultivo de los contactos sociales adecuados para tener acceso a tales beneficios. En el caso español esta actitud parece haber calado de forma considerable. Parece crear una especie de contagio y tiende a deteriorar la capacidad de reacción con la que un sistema democrático debería perseguir y castigar este tipo de actitudes.

Cuando en una encuesta realizada por Víctor Pérez Díaz para ASP por encargo de FUNCAS en 2010 (ASP 10.048), se preguntó qué es lo más importante para llegar a ser rico en la sociedad española, más del 56% respondió “tener buenos contactos y cultivarlos”, casi el 20% eligió “tener suerte” y, significativamente, solo el 18% se inclinó por la opción “tener buenas ideas y esforzarse en aplicarlas”. Estos últimos, según el imaginario de la corrupción, serían probablemente los “gilipollas”.

Sin embargo, a pesar de la prevalencia de estas actitudes, no puede afirmarse que la sociedad española esté particularmente inclinada a la corrupción. Los datos que tenemos sobre la experiencia directa en el pago de sobornos a través del Barómetro Global de la Corrupción de Transparencia Internacional son bastante sólidos en este sentido: aquellos que dicen haber pagado un soborno en España nunca han superado el 5% de los encuestados, por debajo de la media de los países de la UE.

Además, los escasos indicadores existentes sobre los comportamientos que los ciudadanos consideran como corruptos no demuestran una tolerancia especial de los españoles hacia la corrupción (tabla 4).

Ni siquiera cuando los encuestados son sometidos a un difícil dilema moral parecen imponerse las respuestas menos adecuadas. A la pregunta “¿Qué frase refleja mejor su opinión?”, la mayoría contestó: “Que los políticos cumplan siempre con las leyes, incluso si eso les hiciera ser menos eficaces a la hora de resolver los problemas de los ciudadanos” (CIS 2826, dic. 2009).

Por tanto, en el caso español, el problema coincide con lo sugerido por Charron y Lapuente. No parece que lo importante aquí sean los valores morales de los ciudadanos. No parece que una mayor incidencia de la corrupción en España con respecto a los países de nuestro entorno pueda atribuirse a los valores de moral pública entre los españoles, sino a que las expectativas que tienen los ciudadanos sobre el funcionamiento de las instituciones de gobierno son altamente negativas.

Los españoles perciben una gran parcialidad en el funcionamiento de estas instituciones con la consiguiente desigualdad de trato por parte de las mismas. Esta percepción genera una actitud de cinismo hacia la política y los políticos que explicaría el recurso a comportamientos típicamente clientelares, en los que el cultivo de los contactos adecuados está por encima del esfuerzo individual para mejorar las condiciones de vida y el propio estatus social.

Así, el desafecto hacia la política democrática evidente en los estudios de opinión, y su reflejo en el comportamiento electoral (la facilidad con la que se descuentan a menudo las denuncias de corrupción), serían fruto no tanto de una moral pública escasamente cívica, sino más bien el producto de la distancia que perciben los ciudadanos entre su ideal democrático (basado sobre todo en la idea de igualdad) y sus recelosas expectativas sobre la realidad de la política democrática.

De este modo, dadas las bajas expectativas que tienen sobre el grado de ajuste de la política real a su propio ideal de democracia, su reacción ante un escándalo (o una oleada de escándalos) de corrupción es de “normalidad”. Los escándalos confirman sus expectativas sobre los verdaderos motivos de los actores políticos (y el verdadero funcionamiento de las instituciones políticas) y, por tanto, no son excepciones ante las que haya que reaccionar para que todo vuelva a la “normalidad democrática”.

III. EL CÍRCULO VICIOSO

En este imaginario de la corrupción, el cargo público es percibido como “la llave” para “trincar”; si no lo haces, “eres gilipollas”, y otros lo harán; y “además, no te va a pasar nada”. Todo esto es anatema a la verdadera democracia.

Las tradicionales redes clientelares en España siguen patrones establecidos y perfeccionados durante siglos de mala gobernanza que son difíciles de extirpar. Estas redes, con sus “intermediarios”, funcionan a través de comportamientos que incluyen intercambios corruptos en los que las decisiones políticas están ligadas a beneficios económicos, y viceversa.

No obstante, la corrupción en España no constituye un caso excepcional ni en su forma ni en su extensión. Spain is not very different. De hecho, el imaginario sigue pautas que encajan en algoritmos defectuosos evidentes en muchas sociedades y países por todo el mundo.

Lo realmente lamentable es que la distancia que perciben los ciudadanos entre su ideal democrático y la realidad existente, ese cinismo hacia la política democrática en España, representa una peligrosa desconfianza generalizada en las instituciones y en la capacidad de los sistemas de administración para resolver el problema de la corrupción. Es un círculo vicioso de difícil arreglo.

Cuando no existe un sano equilibrio entre las administraciones, la sociedad civil y los mercados, cuando los sistemas de control no funcionan adecuadamente, no puede haber verdadera “normalidad democrática”.

Pero quizás lo más desalentador es lo que esto significa en términos de iniciativa individual, de la percepción del esfuerzo personal, y por tanto, de la posibilidad de cambiar “el sistema”. Mientras “esto” siga “siendo así”, mientras las reglas del juego no estén claramente delineadas y sean iguales para todos, nada cambiará.

La lucha contra la corrupción en España requerirá cambios significativos en la cultura política y también en la cultura empresarial. Como evidencian las encuestas, los ciudadanos españoles no son especialmente propensos a la corrupción, no se trata de un problema de moral pública. Se trata de un sistema de control y responsabilidad defectuoso.
Para sanear “el sistema” y eliminar el impacto de la corrupción sobre la vida social española, se requerirá una acción global concertada entre todos los sectores sociales. Se requerirá liderazgo político e institucional decisivo, responsable, y un llamamiento a un movimiento social imparcial e inclusivo que abarque a las clases política, empresarial, cultural y académica. Solo así estaremos en condiciones de romper el círculo vicioso. "