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30.10.20

Wirecard, Deutsche Bank, Merkel, SPD. Incluso en la mejor tela alemana cae una mancha

 "Wirecard se benefició de un fuerte apoyo político y reclutó a ex ministros y personas influyentes en círculos de poder para beneficiarse de sus conexiones.

Alemania se ve consumida por el mayor escándalo financiero desde la Segunda Guerra Mundial. La leyenda de la buena regulación del sistema financiero, que dejó atrás un cementerio de víctimas hace una década, ha vuelto a colapsar, incluso allí donde se anunció que sería más estricta. Debemos aprender algo de esto, y el espectáculo no es bonito.

Una estrella en el firmamento

Cuando, en 2018, Wirecard, empresa financiera que procesa pagos electrónicos y que ascendió en el mundo empresarial de Alemania, ingresó en el Dax, el índice de referencia de su bolsa de valores, fue celebrado como un éxito. Reemplazó a Commerzbank en el índice, el segundo banco más grande del país, e incluso anunció que estaba considerando comprar Deutsche Bank, uno de los mayores bancos europeos. En poco tiempo, se convirtió en un gigante. Dos años después, con unas pérdidas abrumadoras y 2.000 millones de euros desaparecidos en las cuentas, con cuatro administradores bajo custodia judicial, incluido el CEO, con uno de los directivos en busca y captura por la policía, Wirecard es el símbolo del fraude.

No habían faltado advertencias. Los periodistas del Financial Times, que cuenta la historia en detalle, habían publicado sus sospechas hace dos años, tras cuidadosas investigaciones. La empresa se movilizó y la justicia de Munich amenazó a los periodistas. Un alto funcionario alemán dice ahora al periódico que "el nivel de delincuencia en Wirecard ha superado con creces el poder de mi imaginación". El consultor que certificó las cuentas, Ernst & Young y el propio Deutsche Bank, que fue socio en algunas de las operaciones más importantes de la agencia financiera, también están bajo presión.

Vínculos políticos

Como en muchos otros casos, y esto se repite como un reloj de cuco, Wirecard se benefició de un fuerte apoyo político y reclutó a ex ministros y personas influyentes en los círculos de poder para beneficiarse de sus conexiones. Estas conexiones llegan tanto a Merkel como a Scholz, el ministro de Hacienda que será el candidato socialdemócrata en las elecciones de 2021, por lo que la investigación parlamentaria que estudiará este caso tiene contornos difíciles de cálculo partidario.

Scholz supervisa BaFin, la agencia pública que regula el mercado financiero, pero también la Unidad de Inteligencia Financiera, que investiga el lavado de dinero y ahora se sabe que ha producido varios informes sobre actividades sospechosas de Wirecard, que pueden haber sido decenas, pero nunca los remitió al fiscal. Así, sus socios de derecha en el gobierno acusan al socialdemócrata de negligencia. El problema es que la propia canciller Merkel se encuentra en una situación comprometedora: en septiembre del año pasado recibió a un exministro de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, que tiene como cliente a Wirecard y que llegó a pedirle que intercediese ante las autoridades chinas para permitir la compra de una empresa de pagos, AllScore Financial. En su viaje a Beijing, días después, la canciller planteó el problema al gobierno chino. La empresa fue comprada en noviembre por 109 millones de euros. Wirecard acaba de quebrar.

Empresas que son agencias financieras

Hay un patrón en estos meteoritos corporativos, que capturan enormes inversiones que prometen éxito y son alimentados por la creencia en la magia financiera. Otro ejemplo alemán que demuestra cómo engañar al mercado, a los inversores y al público, es el de Hertz, que se declaró en concurso de acreedores en mayo de este año, con una deuda de 19.000 millones de euros. La agencia de alquiler de coches se ha convertido, a lo largo de los años, en un banco en la sombra, creando una cascada de empresas, llamadas "vehículos especiales" (el nombre no es una alusión al alquiler de coches), algunas refugiadas en paraísos fiscales, que recolectaban inversiones financieras a las que prometían una gran rentabilidad, prestaban a otra empresa del grupo y ésta, eventualmente, a otra, llegando más tarde al negocio automotriz.

El flujo de pagos de los alquileres debía alimentar estos canales, que absorben los beneficios de las operaciones en forma de intereses y con ventajas fiscales. El esquema funciona a medida que crece. Si se detiene, se desmorona. Sucedió con Hertz y Wirecard. Y todos tenían la obligación de saber que así sería."                (Francisco Louça  , Sin Permiso, 25/10/2020)

7.7.14

El suicidio de un notario que... “embaucaba a la gente y sencillamente, se aprovechaba de la codicia del otro”

 El notario Pedro Romero. / JUAN FLORES

"—Pedro, ¿tú tienes la pasta?
—Sí, la tengo.

La respuesta de Pedro Romero al vicedecano del Colegio Notarial de Andalucía, José Luis Lledó, tenía trampa. La pasta era 5,5 millones y el pasado 4 de marzo unos constructores y la Universidad de Sevilla debían recoger el cheque por esa suma en su notaría de Sevilla, depositado tres años antes, y que ahora querían recuperar. 

La cita no se llevó a cabo. El día antes, el notario había optado por dispararse con su escopeta bajo un puente y así acabar con una espiral de deudas y final violento.

Romero, expresidente de la Academia Sevillana del Notariado, había vivido al límite durante años y aguantaba la presión como nadie. Pero esta primavera, las sospechas de que sus abultados impagos eran resultado de operaciones irregulares se tornaron certezas.

 Las demandas se multiplicaron y el Colegio Notarial andaluz le exigió que cumpliera como garante de la ley para devolver esos 5,5 millones a unos empresarios y la Universidad. La sorpresa salta ahora porque ese detonante solo representa la décima parte de las deudas totales que Romero había acumulado durante su desastrosa aventura empresarial, que superan los 50 millones.

Las operaciones con sus clientes de la notaría han generado una deuda de 10 millones, a la que hay que sumar dos hipotecas de su casa y una finca por 14 millones, un débito de 5 millones con acreedores personales y un pasivo de 22 millones que arrastra la joya de su grupo empresarial, ahora en liquidación, las bodegas Pedro Romero.

¿Cómo pudo llegar a ese nivel de endeudamiento? Dos razones lo explican: su prestigio como notario llegó a ser muy reconocido, y esto le abrió puertas para grandes potentados que acudieron a él para mover y colocar su dinero. Y esa reputación le granjeó una alfombra roja en prácticamente todos los bancos, excepto Unicaja, que había conocido sus problemas de liquidez con anterioridad.

 “Los bancos le dieron créditos por las garantías que ofrecía, no por los negocios en sí mismos. Pedro vivía en un aval continuo y sobrepasado de deudas”, explica un abogado que trabajó con él y que pide el anonimato.

El mayor problema fue que Romero mezcló sus actos de la notaría con sus negocios privados como empresario. Habitualmente los notarios intervienen en compraventas y herencias solo para otorgar fe, pero en ocasiones también controlan depósitos y provisiones de fondos con muchos ceros. Y Romero trasvasaba esos capitales de manera constante hacia sus negocios.

El informe de riesgos entregado por el Banco de España al Juzgado de Primera Instancia 13 de Sevilla, que tramita su legado, señala que el débito que generó Romero con 12 entidades bancarias era de 28,3 millones de deuda directa o personal, y de 14,5 millones de deuda que había garantizado a sus sociedades.

“Pedro avalaba alegremente todas las operaciones”, resume su letrado, Tomás Gamero, que admite su funesta gestión de los negocios pero defiende su voluntad de devolver los préstamos hasta el final. Para el notario, avalar pagos era casi un acto reflejo. Cuando llegaba un proveedor de la bodega, Romero firmaba como garante personal, y bastaba porque nadie podía imaginar la montaña de deudas que arrastraba. 

Sin embargo, en su huida hacia adelante, evitó reconocer su responsabilidad como fedatario. Solo cinco días antes de morir, firmó su testamento, donde expuso: “Mis circunstancias actuales, sobre todo de carácter económico (...) aunque me sean imputables, han escapado a mi voluntad (...) al fundarse en confianzas en los otros semejantes, en mi fuero interno, a las que en mí depositaban”.

Romero, hijo de un magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) y de una catedrática de Botánica, tenía una personalidad poliédrica, pero sobre todo muy poderosa. Atesoraba un conocimiento “enciclopédico” del Derecho que volcaba en libros y conferencias, pero sobre todo proyectaba una seguridad y confianza por las que logró que centenares de personas le confiaran su dinero, en múltiples ocasiones sin siquiera firmar documentos, como un acto de fe. Y Romero se aprovechó de estos creyentes para ir tapando agujeros. Uno detrás de otro y cada vez más grandes.

“Para sus fieles se había convertido en una deidad. El tipo se vendía como el notario científico de operaciones jurídicas. Un mago de la ingeniería notarial. Y en ese entorno de confianza era muy fácil que gente incauta cayera en sus redes. Vendía una pócima milagrosa”, relata una persona que negoció con Romero una deuda cuyos fondos eran de origen incierto, y logró que le devolviera gran parte: “Se lo puse negro negrísimo y le dije que tardaba 24 horas en ir a la fiscalía, porque a mi cliente le daba igual el delito fiscal. Y pagó”.

 Tres testimonios diferentes de clientes confirman que entregaron altas sumas de dinero a Romero (50.000, 200.000 y 600.000 euros) para que este las invirtiera a través de entramados financieros. Fuentes del caso dudan de la procedencia legal de gran parte de los fondos que gestionó Romero en los últimos años. “Embaucaba a la gente y sencillamente se aprovechaba de la codicia del otro”, apunta una persona que trabajó codo con codo con él.

Las actas de la notaría de los últimos seis años reflejan 31 depósitos (joyas, documentos, dinero, etcétera), pero ahí no estaba la gallina de los huevos de oro. Romero vehiculaba las provisiones de fondos a través de la empresa OCP Asesores, gestionada por su mano derecha para los negocios, Luis Pérez. Este rechazó opinar al respecto.

Romero figuraba en siete empresas, pero en ninguna invirtió tanto como en el negocio familiar de las bodegas Pedro Romero de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Su tío, también notario, Íñigo de Loyola Romero, invirtió en las ampliaciones de capital propuestas por Pedro, pero con un regusto agrio. “Jugaba a tres barajas y tenía un chorro de sociedades instrumentales. Utilizaba la bodega como una cuenta de provisión”, censura.

Sin embargo, antes de que la espiral de deudas le devorara, Romero invirtió en las bodegas tres millones, avaló otros cuatro, y sedujo a su familia para que el negocio creciera. Su patrimonio estaba volcado en los negocios, y ahora muchos de los que le conocieron recuerdan que su intención primigenia no era el engaño. “Siempre peleó por triunfar y era muy buena persona”, apunta el abogado Eugenio Suárez Palomares, exjuez y preparador de oposiciones de Romero.

El decano del Colegio Notarial andaluz, Salvador Torres, resume: “Hay personas acostumbradas a triunfar siempre y que nunca admitirán un fracaso”.           ( , El País, Sevilla 29 JUN 2014)

13.1.11

La estafa piramidal

"Un esquema piramidal clásico. En este tipo de estafas piramidales, el promotor ofrece una rentabilidad determinada -entre el 6% y el 10% en el caso de Afinsa y Fórum Filatélico-, pero retribuye al inversor con el dinero que este ha invertido y con el capital de los nuevos inversores, no con las rentabilidades obtenidas tras invertir el capital.

Por supuesto, se guarda una parte para sufragarse un sufrido estilo de vida lleno de bailarinas rusas y aviones privados. La cosa iría bien si el número de personas que se incorpora a la pirámide fuera infinito. Nadie perdería; pero, claro, esto es imposible. (...) Las autoridades cifraron el agujero de Fórum Filatélico y Afinsa en alrededor de cinco mil millones de euros. (...)

Hyman P. Minsky, reconocido economista norteamericano, definía un fraude piramidal, o de Ponzi, como aquel que promete extraordinarias rentabilidades a los inversores que se apuntan temprano, retribuyéndoles con el dinero de posteriores inversores.

Los elevados retornos actúan como la miel para las moscas, de tal manera que si el delincuente tiene éxito inicial, los inversores originales actúan como agentes comerciales, y el dinero de los nuevos es utilizado para pagar a los antiguos. Al igual que en las epidemias, el número de gente infectada sigue creciendo.

Los fraudes piramidales son también llamados fraudes o pirámides de Ponzi en honor a Charles Ponzi, autor del caso clásico. Acontecido en Estados Unidos en los años veinte del pasado siglo, Ponzi convenció a aproximadamente diez mil personas para que se desprendieran de nueve millones y medio de dólares.

Hoy serían entre cien y doscientos. Una chuchería comparada con Madoff o Stanford. Ponzi prometía rentabilidades del 50% en noventa días. Para dar prueba de sus habilidades, en ocasiones ofrecía esta rentabilidad en la mitad de tiempo. Equivalente a un 400% anual. Difícil resistirse, claro. (...)

En los restaurantes, una cola de suplicantes le pedía que se hiciera cargo de su dinero. Madoff nunca hablaba de dinero en público, nunca alardeaba de éxito y nunca hablaba por teléfono delante de otras personas. Todo ello contribuía a engrandecer su figura delante de sus potenciales víctimas.

Y el negocio seguía creciendo. En 1992, solo Avellino y Bienes, sus contables, habían captado más de quinientos millones de dólares para Madoff. La estrategia de venta seguía siendo la misma: 20% pasara lo que pasara en los mercados. En 1992, un inversor desconfiado se puso en contacto con la SEC, que demandó a Avellino y Bienes. Sospecharon de la existencia de una pirámide de Ponzi.

Pero para sorpresa del organismo regulador, durante los días siguientes Avellino y Bienes devolvieron cuatrocientos cuarenta millones de dólares a sus clientes. A la SEC no se le ocurrió pensar cómo era posible que dispusieran de tal cantidad de dinero, teóricamente invertida en el mercado, en un plazo tan breve de tiempo.

Tampoco pensaron en investigar a Madoff. Al fin y al cabo, se trataba de un personaje reconocido en Wall Street. Pero las pruebas de la estafa ya estaban por todas partes.

En aquella época, The Wall Street Journal llamó a Madoff para ver cómo eran posibles las rentabilidades que ofrecía. Se mostró encantado de hablar. Alegó que había descubierto una fórmula mágica que le permitía ganar dinero aunque el mercado estuviera bajando.

Le habló al reportero de su estrategia, un algoritmo secreto que hacía uso de compra de valores y de opciones. También dijo que ignoraba que Avellino y Bienes no tuvieran licencia como agentes de Bolsa. The Wall Street Journal se lo tragó. Después de devolver el dinero a los inversores, la investigación de la SEC perdió fuelle.

El organismo de vigilancia cerró el chiringuito de Avellino y Bienes, pero Madoff continuó su exitosa carrera. (...)

Ricos riquísimos, en definitiva. Madoff ya no prometía el 20%. Sus promesas se situaban entre el 10% y el 15% anual. Los miembros del club confiaban en Madoff. Creían que solo invertía en compañías reconocidas y se tragaron su historia del algoritmo mágico. Las rentabilidades eran demasiado buenas para ser verdad, pero le creyeron.

La red de tentáculos de Madoff se extendió también a la nobleza europea. Para ello recurrió a un aristócrata francés, René Thierry Magon de la Villehuchet. Le había conocido a mediados de los ochenta y la consistencia de sus resultados le cautivó. Su confianza acabó costándole la vida.

El aristócrata se suicidó cuando Madoff fue detenido. De la Villehuchet había invertido la mayor parte de su fortuna, y la de sus clientes, familia y amigos, en la estafa de Madoff.

Uno de los interrogantes del caso de Madoff es cómo es posible que nadie se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Ni los inversores, ni los reguladores, ni el auditor de Madoff. En este último caso, la respuesta parece clara. La firma de auditoría que revisaba las cuentas de Madoff se llamaba Friehling and Horowitz.

Madoff Investment Securities era una compañía valorada en miles de millones de dólares; entre sus inversores se encontraban algunos de los mayores bancos del mundo, aristócratas, jeques árabes y estrellas de Hollywood.

Sin embargo, la firma de auditoría de Madoff era un chiringuito con un solo empleado, David Friehling. Trabajaba desde casa y no tenía ni siquiera una secretaria que le ayudara." (El País, Domingo, 21/11/2010, p. 8/9)

16.12.08

Estados Unidos (y los hijos del especulador) destapa la mayor estafa financiera de la historia, la de Madoff

"Madoff, de 70 años, admitió que la firma era insolvente desde hacía años, y estimó ante ellos que las pérdidas podrían alcanzar la friolera de 50.000 millones. En la conversación describió su proceder como "básicamente, un gigantesco esquema Ponzi", una tapadera que le permitió cubrir pérdidas masivas. Madoff les dijo que planeaba entregarse en una semana, pero que antes quería utilizar los 200 o 300 millones que aún tenía para dárselos a algunos empleados, familiares y amigos. Pero los dos hijos no tardaron en denunciar a su padre ante la SEC sobre el contenido de estas revelaciones.

Al parecer, el fraude se realizó a través de un hedge fund (fondo altamente especulativo) que directamente gestionaba Madoff en secreto en un despacho de casi 25 metros cuadrados en el mismo edificio donde la firma tiene su sede. La trama Ponzi es una estafa de tipo piramidal, en la que el fondo promete altos retornos a los primeros inversores, que son abonados con el dinero de inversores que llegan después al fondo. El esquema sería similar al que supuestamente se ha utilizado en España en las tramas de Afinsa y Forum Filatélico. (...)

En el parqué se preguntaban ayer cómo Madoff pudo ocultar un fraude de tal dimensión sin que los supervisores se dieran cuenta de lo que estaba pasando entre bastidores. Y ese es precisamente el problema. La SEC intentaba ayer entender lo sucedido y determinar dónde fueron a parar esos fondos que están en el limbo, y quiénes son los inversores afectados. Ni siquiera la cuantía de 50.000 millones se da por buena. La SEC informó ayer de que la firma gestionaba activos por valor de 17.100 millones de dólares (12.800 millones de euros), pero advierte que prácticamente todo ha "desaparecido" (El País, ed. Galicia, Economía, 13/12/2008, p. 28)

"Charles Ponzi fue aquel emigrante italiano que estafó a miles de residentes en Nueva Inglaterra, en los años veinte del siglo pasado, mediante la inversión en cupones postales que garantizaba un rendimiento cierto y elevado, muy superior al que aportaban la mayoría de las inversiones de entonces, desde luego mucho mayor que la de las cuentas de ahorro.

En esencia, la garantía de la rentabilidad se basaba en el sostenimiento de una pirámide simple en la que los ingresos procedentes de nuevos inversores atendían las posibles retiradas de fondos de los precedentes. Nada nuevo, incluso demasiado familiar para algunos modestos inversores españoles, tan ingenuos como ávidos de excepcionales beneficios. (...)

Pero resulta que las victimas de la estafa de Madoff son grandes inversores o instituciones, entre los que no faltaban importantes hedge funds y fondos de fondos. Es, efectivamente, el Ponzi más selecto de la historia. Su diseñador no es precisamente un recién llegado, sino una de las leyendas vivas de Wall Street. (...)

Como el propio Madoff acaba de reconocer ante las autoridades federales, estamos ante un fraude cuyas pérdidas superarán muy probablemente los 50.000 millones de dólares, con notables damnificados en varios continentes. Al igual que en las versiones más elementales de la pirámide ponziana, la excesiva concentración de retiradas de fondos, ahora de algunos grandes clientes, ha sido la desencadenante de la quiebra.

Quizás ese halo de exclusividad, la extremada selección de sus inversores en la que basaba su estrategia comercial, la exhibición de que no sólo se reservaba el derecho de admisión, sino que se permitía rechazar inversores que él no consideraba de suficiente abolengo, es lo que amparó esa ceguera en el escrutinio del comportamiento de Madoff como inversor y, ya veremos, si la laxa supervisión de su política de inversiones.

Sólo algunos analistas o competidores cayeron en la cuenta de la envidiable estabilidad: de la casi absoluta insensibilidad que mostraban sus resultados a los vaivenes de los mercados bursátiles. A los interrogantes, incluso a las denuncias, de algunos de estos (ahora estamos conociendo advertencias que apenas se difundieron en su momento) se les respondía con los informes de una muy cuestionable compañía de auditoría." (Emilio Ontiveros: Ponzi para los elegidos. (El País, ed. Galicia, Economía, 14/12/2008, p. 26)

"Pero se tiene alguna idea de cómo operaba la trama. En síntesis era así: un fondo "x" creaba una cartera de inversión con una cesta de acciones para atraer capital. A su vez, ese fondo ponía el dinero en manos del gurú Madoff. Estos fondos estaban apalancados, lo que multiplicaba el valor de la inversión. Sobre esa construcción -inversión real multiplicada con créditos- Madoff generaba, sobre el papel, los retornos que prometía. El problema es que con ese sistema -capaz de multiplicar el dinero como si fuera un milagro-las pérdidas pueden ser enormes.

Los inversores no prestaron atención ni sabían el riesgo que corrían, porque Madoff no operaba un hedge fund como tal, sino una especie de "oficina trasera" que le permitía esquivar los controles de auditores externos, los que garantizan realmente que existen activos para respaldar las inversiones. La única firma que al parecer supervisaba sus cuentas era un pequeño despacho de abogados con sede en New City, a las afueras de la ciudad de Nueva York, que también invertía en la firma." (El País, ed. Galicia, Economía, 14/12/2008, p. 29)