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4.8.21

La huella eterna del ‘caso Malaya’ en Marbella. Los desmanes urbanísticos de Jesús Gil dejaron 16.500 casas fuera de la ley, que dos décadas después siguen en pie y sin una solución

 "A finales de los años noventa Marbella era el salvaje oeste. Su alcalde, Jesús Gil, promovió la construcción de miles de viviendas por puro interés especulativo. Se levantaron bloques y urbanizaciones en suelos destinados a escuelas, centros de salud, una estación de autobuses o numerosas zonas verdes. 

El urbanismo desenfrenado tenía como base un Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) sin redactar, que terminó aprobándose en un pleno celebrado de madrugada en 1998 y fue anulado años más tarde por los tribunales. A Gil le siguieron Julián Muñoz, Marisol Yagüe y Tomás Reñones en la alcaldía, quienes mantuvieron la frenética actividad que acabó con todos en la cárcel y el Ayuntamiento disuelto tras la Operación Malaya. En el macroproceso judicial hubo cientos de piezas separadas que fueron anulando, una a una, todas aquellas licencias urbanísticas.

 La ciudad se topó entonces con unas 18.000 viviendas irregulares que unos creen deben derribarse y, otros, mantener en pie. Solo un puñado han caído en dos décadas. El resto, ahí sigue.

 Carmen Suárez tiene 87 años y es una de las víctimas de aquellos años. Gil promovió una torre de 12 plantas frente a su casita familiar con huertas y vistas al mar. El edificio fue declarado ilegal, pero Carmen sigue sufriendo las consecuencias. Hoy ya ni se atreve a tender la ropa en la azotea, harta de colillas, botellas y toda la basura que le lanzan desde las alturas.

“Ganamos todos los juicios, pero no sirve de nada”, dice. Su abogada, Inmaculada Gálvez, lleva batallando junto a ella 23 años, sin éxito, en el denominado caso Belmonsa. “La situación es vergonzosa y desesperante. Las sentencias de desahucio se ejecutan con rapidez y estas, que conllevan demolición, quedan olvidadas”, asegura la letrada, que libra la que es ya una lucha personal contra el sistema. Cree que hay “desobediencia” clara por parte del Ayuntamiento marbellí, dirigido por Ángeles Muñoz (PP). “Jamás han querido solucionar el problema, tampoco la Junta de Andalucía, que no asume la ejecución subsidiaria”.

La Ley dice que un acto administrativo que es consecuencia de un delito es nulo y, por tanto, centenares de licencias fueron declaradas irregulares. La Administración andaluza —que publicó en otoño de 2019 un decreto que podría regularizar más de 327.000 viviendas en toda la comunidad— asegura que ha requerido “sistemáticamente” al Ayuntamiento de Marbella “la debida ejecución de sentencias”. Sin embargo, recuerdan que en 2010 el municipio aprobó sus nuevas normas urbanísticas que servían para legalizar la inmensa mayoría de estas viviendas. El texto sustituía las demoliciones por compensaciones por parte de propietarios y promotoras, una idea rechazada por el Supremo, que en 2015 tumbó el documento porque entendió que un plan general no podía usarse para regularizar actuaciones ilegales previas. El urbanismo marbellí sigue desde entonces regido por el plan urbanístico de 1986. Las viviendas irregulares continúan ahí.

Al fiscal delegado de Medio Ambiente de la fiscalía provincial de Málaga, Fernando Benítez, le conocen como Demolition Man porque la mitad de su trabajo lo dedica a que se ejecuten las sentencias de demolición. Es obstinado y pertinaz, pero la mayoría de ayuntamientos se niegan: solo han derribado dos viviendas en tres años en toda Málaga. Con suerte, Benítez consigue su objetivo tras 10 o 15 años de insistencia. El fiscal explica que en Marbella probablemente nada acabe en el suelo porque la mayoría de condenas urbanísticas son por prevaricación y están dictadas según artículo 320 del Código Penal, que contempla prisión, multa e inhabilitación, no el derribo de lo construido. “Por razón de estricta legalidad, no se pueden tirar esas viviendas”, dice. “Pero hay más”, añade. “Sería un disparate demoler todas esas urbanizaciones donde viven cientos de personas sin que sea el propio Ayuntamiento el que considere qué se puede sostener, cambiar o tirar desde el punto de vista puramente urbanístico”, afirma Benítez, que opina que derribarlas causaría más perjuicio que de mantenerlas en pie. “Quien debe gestionar el urbanismo es el Ayuntamiento de Marbella, no el juzgado”, añade el responsable de Medio Ambiente, que cree que todo seguirá en su sitio salvo que la vía contenciosa o el consistorio lo decidan.

Indemnizaciones

Esa decisión conllevaría una responsabilidad patrimonial para el municipio, que debería indemnizar a los perjudicados, según varios juristas consultados. “Sería la ruina total para Marbella”, afirma un letrado. Enrique Sánchez, jefe de la asesoría jurídica de la ciudad durante ocho años, cree que mucho de estos edificios quedarán como asimilados fuera de ordenación: “No se tiran, pero tampoco son legales”, asegura. Por su parte, Inmaculada Gálvez sigue defendiendo que “la consecuencia inherente a la nulidad de la licencia es la demolición”. Por eso, cada mes, escribe a los tribunales para que den el paso. “¿Respuesta? Cómo el que oye llover”, dice. Marbella defiende que trabaja en la solución. En 2019 comenzó a redactar su nuevo Plan General, que buscará “encajar” las viviendas irregulares en “el nuevo modelo de ciudad”, según dijo su director general de Urbanismo, José María Morente, que en 2019 hizo un paréntesis en su trabajo municipal para dirigir durante unos meses las riendas urbanísticas de Andalucía para, más tarde, volver al Ayuntamiento. El municipio confía en que la aprobación inicial del documento —cuyo avance fue refrendado esta misma semana— se produzca a lo largo de 2021 bajo el paraguas de la nueva Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía (Lista), donde aseguran que agilizará y simplificará la tramitación urbanística. Expertos jurídicos, por el contrario, creen que su casi segura aprobación tras el verano servirá para ponerse al servicio del mercado inmobiliario.

Fuentes de Ecologistas en Acción recuerdan además que Marbella se rige por un plan de hace 35 años y, sin embargo, “jamás ha parado de construir a pesar de las carencias en infraestructuras públicas”. El consistorio, de hecho, anuncia regularmente la concesión de licencias millonarias para nuevas construcciones —esta semana días confirmaron dos por 13 millones de euros— sigue apostando por las recalificaciones de suelos no urbanizables. “El urbanismo salvaje continúa. No hemos aprendido a hacer un ejercicio de sostenibilidad, solo a retorcer las normas para terminar haciendo legal lo ilegal. Hacer borrón y cuenta nueva con otro PGOU es muy peligroso”, concluyen las mismas fuentes conscientes de que la palabra demolición, en Marbella, no existe."                 (Nacho Sánchez, El País, 02/08/21)

6.11.19

Santiago Torres: “El sistema judicial no ha dado respuesta al crimen organizado”

"La serie El Pionero (HBO) ha recuperado la figura de Jesús Gil, icono de la corrupción que supo rentabilizar deporte y televisión, como Berlusconi, aunque con un populismo de impronta castiza. Santiago Torres (57 años) fue el juez que cortó su espiral, aunque acabaría abandonando la judicatura después de dos infartos, seis anginas de pecho y decepciones. Torres, con quien EL PAÍS mantuvo una conversación telefónica, ha vetado su aparición en la serie.

Pregunta. No pocas voces críticas ven un blanqueo del personaje, en un relato muy marcado por los hijos que tiende a veces obscenamente a lo hagiográfico…

Respuesta. No he visto la serie. Pero pionero es quien emprende una actividad sin antecedentes, y yo no veo un pionero. Fue una persona que realizó actos delictivos. La familia puede tener la mejor consideración, pero no es socialmente aceptable.

P. El Pionero pone de relieve el uso populista del discurso justiciero. Mientras montaban la estructura delictiva del gilismo, su abogado, José Luis Sierra, decía: “Gil hace lo que es justo, y nosotros le buscamos la percha legal”.

R. Ni siquiera iban por el borde de la legalidad. Se pueden contar cosas sangrantes. Era un nivel de ilegalidad muy obsceno.

P. El fútbol fue su parapeto, ya en el primer indulto, y a partir del triunfo liguero y electoral del 95, hay jueces que no resisten la presión.

R. Completamente de acuerdo. El fútbol es un instrumento populista de primera magnitud. Desde que en 1992 le permitieron presentarse vulnerando algunas normas. No se puede negar el trato de favor político. Y tampoco el efecto de un gran sector mediático conectado con el fútbol que le proporcionaban un altavoz formidable. El fútbol hizo al personaje.

P. Un factor clave del gilismo fue su relación con la administración de justicia. Solía decir: “los jueces no se venden; se regalan. Y otras veces se alquilan”. Estaban aquellos congresos judiciales en Marbella con todos los gastos pagados, a caviar.

R. Ciertamente. Y esto remite al papel de la Justicia en España. Algunos vivían muy bien sin querer ver lo que era notorio hasta la obscenidad. Otros decidimos no mirar a otro lado. La Justicia en España puede ser muy dócil al poder político y las influencias económicas. Y el problema es que no pasa nada.

P. El control de los juzgados de Marbella, a través de la familia Ramírez, fue muy escandaloso. Pilar Ramírez dictaminó que usted no era el juez competente al paralizar una obra emblemática.

R. Pero no solo era Pilar Ramírez, sino todo un grupo de jueces, muchos de los cuales aún permanecen. No hay más que ver el escalafón judicial, quién estaba entonces en Marbella y convivía con el gilismo y quién sigue allí.

P. Para usted tuvo un coste personal alto, y para su familia. Manifestaciones contra el juez, no contra el corrupto; después llegaron los infartos.

R. Se paga con gusto por cumplir tu trabajo. Era eso o mirar para otro lado. Tuve que salir de allí porque al final la presión era incompatible con la salud.

P. Terminó abandonando incluso la judicatura.

R. En algún momento asumí que el sistema judicial era absolutamente ineficiente y que no valía la pena. Es una de las grandes reformas pendientes en España.

P. Entiendo que va más allá del gilismo.

R. Sí, incluso más allá de la corrupción, que no sino una de las manifestaciones políticas y económicas de lo realmente importante: el crimen organizado. La criminalidad en Europa ya no va de robagallinas, como a finales del XIX. El crimen organizado es el gran problema al que todavía no se ha enfrentado nuestra Justicia. Tenemos un sistema judicial ineficiente salvo para robaperas, que es para lo que se diseñó.

P. Lo sucedido con el gilismo, ¿nos ha permitido aprender algo?

R. Sí, precisamente que el sistema fallaba y permitía que desde las instituciones se pudieran crear redes para la producción delictiva. Nos hizo ver la necesidad de cambios en la administración local, el urbanismo y la financiación de los partidos… y en la Justicia para afrontar redes organizadas y sostenidas en el tiempo.

P. ¿Se han adoptado al menos medidas básicas para afrontarlo?

R. Ninguna. Lo digo con toda desolación: no se ha modificado nada en nuestro sistema judicial.

P. ¿Tan poco cree que se ha progresado desde entonces?

R. Nada. Muchos y buenos jueces se desazonan y pasan a convertirse en meros funcionarios que expenden papel. No es ya el gilismo, sino a mayor escala. Salvo casos puntuales, nuestro sistema judicial no ha dado una sola respuesta al crimen organizado.

P. ¿Cree que algún partido o plataforma plantea medidas bien orientadas?

R. PP y PSOE no han hecho nada. No les convenía acabar con la politización de la justicia bajo el bipartidismo. Sólo Ciudadanos apunta al dictado del Consejo de Europa: separar los nombramientos judiciales de los intereses políticos. Se necesita un cambio de leyes y estructuras, en definitiva, del sistema."                       (Entrevista al juez Santiago Torres, Teodoro León Gros, El País, 08/08/19)

22.10.19

El fútbol grotesco

"Hubo una época en el fútbol español donde lo grotesco se impuso a lo sensato por una mera cuestión estética, como si la desfiguración de sus actores formara parte de un plan maestro para entretenernos más allá de los noventa minutos reglamentarios. España miraba al deporte rey con una fijación inaudita, casi enfermiza: las tiradas de los principales diarios deportivos se contaban por millones y los programas de radio especializados mantenían nuestra curiosidad despierta hasta altas horas de la madrugada. 

En ese caldo de expectación constante brilló con luz propia Jesús Gil, el más caricaturesco de todos cuantos conformaron aquella fauna canallesca y explosiva que copaba los palcos de los estadios. Sin duda alguna, él fue quien más se acercó a lo que Armando Discepolo, el gran referente del teatro grotesco criollo, solía explicar de sus personajes: “Los crea mi piedad pero riendo, porque al reconocerles la pequeñez de sus destinos me parece absurda la enormidad de sus pretensiones”.

A Jesús Gil no le gustaba el fútbol, lo reconocen incluso sus más allegados en la nueva serie documental producida por la cadena HBO sobre su vida. El título de la misma, El Pionero, ofrece pocas dudas sobre el supuesto carácter precursor de una figura que aterrizó en el fútbol pensando en la política y en la política pensando en el dinero: “Claro que estoy aquí por el interés, yo quiero vender mis pisos… Pero esto se hunde y si no lo salvamos nosotros, ya verás cómo dentro de poco no vendes ni un pantalón”, le dice a un comerciante de Marbella en un momento del filme.

 Con ese mismo carácter mesiánico se presentó a unas elecciones a la presidencia del Atlético de Madrid que ganó por aplastamiento gracias a una fórmula que, desde entonces, se repite cada cierto tiempo en el fútbol con bastante éxito: un fichaje de relumbrón y el apoyo incondicional de algún tótem mediático.

Todo cuanto sucedió después lo convirtió en una parte esencial de un espectáculo que, distando mucho de lo que hoy se pueda entender como edificante, nos atrapó con la fuerza del mejor thriller literario. De repente, toda España conocía el nombre de su madre, el de su mujer, el de sus hijos, el de su caballo, el de sus enemigos… La actualidad del Atlético de Madrid pasaba por los excesos –a menudo verbales, otras veces físicos– de un personaje que acaparaba la atención del público basándose en el principio de expectativa: todos queríamos saber qué iba a decir después, que iba a hacer después, porque la naturaleza de Jesús Gil lo empujaba siempre hacia adelante, nunca hacia atrás.

Como gran apostador que fue, amante del juego hasta las últimas consecuencias, su balance como presidente hay que buscarlo en los extremos: la euforia de un doblete histórico y la degradación de una intervención judicial decretada por Manuel García-Castellón, juez de la Audiencia Nacional. Así llegó al Atlético de Madrid Luis Manuel Rubí, nombrado administrador judicial con plenos poderes.

 “Todos hacían chapuzas, pero ninguno tan graves como el entonces dueño del Atlético de Madrid. Llegó a hacer prácticas tanto o más grotescas que en Marbella”, declararía el propio Rubí a La Voz de Galicia años después. Quizás fuera ese el escenario que se encontró al aterrizar en nuestro fútbol, quizás solo sea el que nos dejó."                     (Rafa Cabeleira, El País, 12/07/19)

2.1.17

Los múltiples crímenes de Jesús Gil... los 58 muertos en Los Ángeles de San Rafael... los de Marbella...

 
 Jesús Gil, en una tórrida noche televisada por Telecinco. Y tal y tal

"(...) Jesús Gil, fallecido en 2004 con 71 años a causa de un infarto cerebral, era una persona escandalosa con una reputación infame. Un magnate inmobiliario conocido por sus negocios turbios y un político con negocios aún más turbios. 

Las últimas dos décadas de su vida, alcanzó la presidencia y después la propiedad del Atlético de Madrid, y gobernó, aunque quizá esta no sea la mejor palabra para describirlo, el Ayuntamiento de Marbella, localidad ubicada en la Costa del Sol que viene a ser lo mismo que Malibú, California, pero con grandes dosis de evasión de impuestos, prácticas mafiosas y corrupción política.

“Desde 2004, el Atlético de Madrid lo dirige un tipo que está ahí de manera ilegal”, dice Jesús Martínez, abogado y miembro de Señales de humo, un grupo de aficionados partidario de reformas. 

Ese tipo es Miguel Ángel Gil Marín, el segundo hijo de Jesús Gil, y 2004 es el año en que falleció Jesús y dejó a Miguel Ángel una participación mayoritaria en el club. Poco más de dos meses después de su muerte, los jueces imputaron al padre y al hijo por cuatro delitos de fraude por valor de 16,2 millones de euros al haber cedido al club los derechos de cuatro jugadores que no valían nada. Dos de las operaciones eran directamente fraudulentas porque el Atlético ya era el propietario de los derechos de los jugadores, así que en la práctica se los revendieron de nuevo al club. 

En las otras dos, demostraron una mayor imaginación, puesto que ninguno de los fichajes había siquiera puesto un pie en un campo de fútbol en su vida, ni profesionalmente ni en categorías inferiores. En los cuatro casos, los fondos del Atlético de Madrid se desviaron a una compañía llamada Promociones Futbolísticas de la que eran propietarios ellos mismos. 

Ennio Sotanaz, escritor y bloguero que cubre al Atlético, explica que los Gil seguramente “fueron a varios países subsaharianos” a por los jugadores, “luego los vendieron como futuras estrellas por millones de euros y los jugadores no vieron nada del dinero”. No era más que una herramienta financiera para desviar fondos y, más que nada, para robar activos del club.

Desde entonces, Miguel Ángel no ha devuelto el dinero que debía ni ha cumplido el año y medio de cárcel al que fue condenado. Algunos aficionados del Atlético, como los miembros de Señales de humo, se declaran perplejos, ya que no pueden entender cómo es posible que el Estado no haya ejecutado su propia sentencia, o cómo puede ser que las autoridades españolas permitan a un criminal convicto seguir siendo el accionista mayoritario del tercer club más importante de posiblemente la mejor liga del mundo.

 Los tribunales españoles tienen fama de estar politizados, sobre todo el Tribunal Supremo, y muchos sospechan que la situación tiene algo que ver con la relación política que los Gil y Enrique Cerezo, el actual presidente de club y anterior vicepresidente durante la época de Gil, tenían con los miembros del Partido Popular, la derecha tradicional española, que estuvieron en el gobierno entre 1996 y 2004.

Para buscar pistas solo hay que estudiar la vida del miembro mayor del clan. Durante la década de los 90, su fama dio un salto cuantitativo como consecuencia de una trayectoria profesional que parecía salida directamente del manual de Donald Trump. En sus diferentes papeles como promotor inmobiliario, presentador de su propio programa de televisión y político, Gil y Gil mezclaba una filosofía “hablando en plata”, con demostraciones de ostentación. 

Era el alcalde de una ciudad costera prominente y el propietario de un equipo de fútbol conocido internacionalmente, y sin embargo la mayoría de las cosas que decía sonaban a un montón de sinsentidos racistas, homófobos o sexistas. Por eso siempre era noticia y los medios de comunicación dedicaban tanto tiempo a sus palabras insensatas. 

Una cadena de televisión española fue un poco más allá y dio a Gil su propio programa de variedades de 95 minutos de duración en la franja horaria más vista. Se titulaba Las noches de tal y tal, en referencia a la forma en que tenía Gil de acabar siempre sus frases, y en él aparecía Jesús Gil sin camisa, sumergido en un burbujeante jacuzzi y rodeado de modelos en bikini mientras contaba historias de su propia vida.

“La personalidad de Jesús Gil era excesiva absolutamente en todo”, afirma Juan Esteban Rodríguez Garrido, profesor de formación del profesorado en la Universidad Complutense de Madrid, que ha publicado las biografías de Arda Turan y Koke. “Me ha dicho gente que trabajaba con él, no solo en el Atleti, sino también en sus otros negocios, que era el tipo de persona que podía llamarte a cualquier hora, daba la impresión de no dormir nunca.

 Una persona con pocos escrúpulos cuando se trataba de hacer negocios. También es verdad que su retórica era fácil, fácil en el sentido de que conectaba bien con “el pueblo”, quizá porque también él venía del ‘pueblo’, era muy populista”.

“Que se mueran todos aquellos a los que les jode que yo sea rico y el Atlético líder”, declaró en una ocasión. En 1989, después de que el Atlético perdiera contra la Fiorentina en la copa de la UEFA, Gil se despachó sobre el árbitro Michel Vautrot, votado mejor árbitro del mundo tanto en 1988 como en 1989: “No es que sea un mariquita, es un maricón. Sé de muy buena tinta que después de quedar nosotros eliminados de la Copa de la UEFA a ese colegiado le buscaron los italianos un niño rubio de ojos azules”. Al año siguiente, la UEFA inhabilitó a Gil durante 18 meses.

Poco después de la derrota contra la Fiorentina, Jesús Gil renunció supuestamente en el último momento a la contratación de uno de los mejores delanteros alemanes, Jürgen Klinsmann, sin otra razón que haber escuchado que el jugador “perdía aceite”, según sus propias palabras.

Durante la primavera de 1997, el Atlético alcanzó los cuartos de final de la Champions League. Se enfrentaba al Ajax, un equipo en el que jugaban Tijani Babangida, Kiki Musampa y Patrick Kluivert, que anotó el tanto del 1-1 en el partido de ida jugado en Amsterdam. Tras el encuentro, Jesús Gil presentó su evaluación en la televisión: “Los negros del Ajax... 

Eso parecía el Congo, dicho con todos los respetos. Mirabas a un lado y había cuatro negros calentando, mirabas a otro y había cinco y en el campo otros tres. Salían negros de todas partes como si fuera una máquina de churros”.

Louis van Gaal, el entrenador del Ajax en aquella época, condenó los comentarios y boicoteó un almuerzo organizado con representantes del Atlético antes del partido de vuelta en Madrid. Al día siguiente, el titular “Eso parecía el Congo” llenaba la portada del tabloide holandés De Telegraaf.

La respuesta de Gil a las acusaciones de racismo vino en la forma de una conferencia de prensa antes del partido de vuelta, que al Ajax ganaría en el minuto 119 con un gol de Babangida. Decidió hablar en inglés y aseguró que: “Black, white, all. I am white. No problem. Ahora”, saltó en español por un momento, y retomando en inglés, continuó: “I think that… Excuse me. I think that you black and say black, black, black all days is very bad”, y tras una larga pausa, finalizó su soliloquio: “The colour no is problem for man”.

Tres años antes, durante un segmento de su programa de variedades, Gil fue igual de elocuente cuando entrevistó en su finca a Imperioso, su semental español de color blanco. Le preguntó sobre diversos asuntos, entre ellos los fichajes que debía hacer y si debía despedir al entrenador (durante la temporada 1993-94, Gil había contratado un número récord de entrenadores: seis).
El escritor uruguayo Eduardo Galeano interpretó la conversación como si de un cuento se tratara en su libro Fútbol a Sol y Sombra:

−Perdimos, Imperioso.
−Ya lo sé, Jesús.
−¿La culpa de quién es?
−No lo sé, Jesús.
−Sí lo sabes, Imperioso. La culpa es del entrenador.
−Pues despídelo.

En otra entrega de su programa, el invitado era el cómico inglés Benny Hill. Durante la escena que compartían, Hill tenía que golpear repetidamente en la cara a Jesús Gil, pero el guión no le pareció bien y Gil acabó propinándole un puñetazo.

Bernardo Salazar, historiador futbolístico que cuenta entre sus libros con una historia del Atlético en cuatro volúmenes y una historia del Real Madrid en 12 volúmenes, no tiene problema en recordar su primera interacción con Gil y Gil. Sucedió en 1968, cuando Salazar trabajaba en una agencia de publicidad y Gil, siguiendo los pasos profesionales de sus padres, se iniciaba en el negocio de la construcción. 

Jesús Gil engañó a Salazar para que firmara un contrato de publicidad de una de sus propiedades, pero él nunca firmó su parte del acuerdo, y Salazar acabó pagando el pato y realizando servicios que nunca se pagaron.

Un año después, salieron al descubierto las prácticas empresariales de Jesús Gil y finalmente se demostró que no solo carecían de escrúpulo alguno, sino que además eran criminales. El 5 de junio de 1969, unos 500 invitados de la cadena de supermercados holandesa Spar se reunieron en un complejo turístico propiedad de Gil y Gil en Los Ángeles de San Rafael, Segovia, para celebrar sus nueve años de presencia comercial en España. 

El evento también servía para inaugurar la renovación del restaurante del resort del que Gil era propietario. Gil había comprado el terreno del complejo en 1965, congraciándose con el infame Ministro de Turismo, Manuel Fraga, y consiguiendo que recalificara los terrenos para su urbanización. Poco tiempo después, esta se convertiría en su “manera habitual de hacer negocios”, según su biógrafo, Juan Luis Galiacho.

Para poder acomodar la convención de Spar en San Rafael, Gil abrió tanto la nueva como la vieja parte del restaurante. Cuando comenzaron a llegar los invitados, se fueron apiñando en los asientos de la parte nueva, en la que cabían 150 personas aproximadamente y en la que se encontraba la mesa presidencial, a la que estaban sentados, entre otros, el teniente-alcalde de Segovia, Manuel Mosácula, y el alcalde de la ciudad de El Espinar, Antonio Vázquez Aparicio.

Los langostinos y la trucha a la segoviana estaban todavía calientes cuando todo el mundo se puso en pie para recibir la bendición del cura. Sin previo aviso, el techo se derrumbó. La sala de banquetes era una masa de miembros, cemento y mortero. 

Algunos pilares independientes habían protegido a los comensales que estaban sentados en la mesa presidencial y les ofrecían una vista de la macabra escena a salvo de peligro: “Estar viendo a toda la gente sentada allí, delante de nosotros y de pronto no ver a nadie”, narró Mosácula al periódico ABC.

Murieron 58 personas y 147 resultaron heridas en el desastre. La finalización de la parte nueva del restaurante estaba prevista para julio, pero Gil insistió en que se cambiara la fecha para inaugurarlo a mediados de junio. 

Muchos testigos y supervivientes recordaban haber visto mortero fresco el día del derrumbamiento; otros recordaban haberse dado cuenta de que el cemento no estaba seco aún; otros, incluso, se percataron del estado inacabado de la propiedad, en la que se veían hileras de ventanas cubiertas con lonas, o paredes y tabiques sin completar. La investigación posterior demostró que todo el proyecto se había realizado sin la participación de un arquitecto y sin un plan de construcción.

La dictadura de Franco culpó directamente a Gil, y apuntó a que no se habían solicitado los permisos necesarios. Lo juzgaron, lo declararon culpable de “imprudencia temeraria” y decretaron su ingreso en prisión de manera “indefinida”. 

Siete meses después, al darse cuenta de que el prisionero había establecido un floreciente negocio ilícito de mercancías dentro de la cárcel, las autoridades le trasladaron a su casa en régimen de arresto domiciliario, aunque al poco tiempo regresó a la cárcel porque una juez había reexaminado el caso de San Rafael y había decidido volver a abrirlo. 

La sentencia de esta juez, después de que Gil acordara compensar a cada una de las 58 familias de las víctimas con un millón de pesetas (poco más de 115.000 € en dinero de hoy en día), fue que una condena de cinco años sería suficiente.

Cinco meses después, Gil abandonaba de la cárcel gracias a un indulto del mismísimo general Franco. Había pasado un total de 27 meses en la cárcel y seis en libertad condicional.

Jesús Gil y Gil nació en la ciudad de El Burgo de Osma, Soria, en 1933. No era muy aficionado al fútbol. En todo caso, era aficionado al Athletic de Bilbao, el equipo al que apoya mucha gente del norte de Castilla y León. 

Aunque quizá a Gil le atraía más la capital, ubicada a dos horas al sur en coche. Seis años después de que saliera de la cárcel, justo antes de la temporada 1978-79, Gil realizó sus primeros negocios con el Atlético de Madrid y convenció a Vicente Calderón, el legendario presidente del Atlético que dio nombre a su estadio, para que trajera el equipo a Los Ángeles de San Rafael durante la pretemporada. Para Gil, el club no era más que un medio para conseguir un fin.

“Estamos hablando de alguien a quien vas a entrevistar sobre fútbol y te da una lección de una hora sobre comunismo”, dice Rubén Uría, periodista de CTXT y la Cadena SER. “El fútbol era una plataforma, o un puente, para alcanzar lo que le interesaba de verdad”, afirma Sotanaz, el bloguero del Atlético, “y eso era la política”.

El punto de inflexión con el Atlético llegó la década siguiente, en 1987, cuando Calderón, que era el presidente del club, murió súbitamente. Las elecciones para presidente se convocaron inmediatamente después. El equipo estaba inmerso en la carrera por ganar la Copa del Rey, a los mandos de Luis Aragonés, y había llegado a la final, que le enfrentaría con la Real Sociedad. Sin embargo, al Atlético le faltaba una estrella mundial, alguien como Paulo Futre. El extremo del FC Oporto venía de liderar a su equipo en la victoria 2-1 sobre el Bayern Munich en la final de la Copa de Europa y, al final de esa temporada, quedó segundo en la votación del Balón de Oro.

La final de la Copa de Europa se disputó a finales de mayo y las elecciones del Atlético estaban previstas para el 26 de junio. 

Lo que Gil vio en Futre fue la mejor oportunidad de garantizarse el puesto de presidente y, para conseguirlo, dos días antes de la votación se subió en un avión privado con destino a Oporto acompañado de Rubén Cano, una antigua estrella del Atlético que acababa de terminar su carrera profesional como futbolista y comenzaba su trayectoria como uno más de los muchos asesores de Jesús Gil. 

Se reunieron con los gerentes del Oporto y no tardaron en llegar a un acuerdo para el traspaso de Futre. Desde Oporto, viajaron a Milán para visitar a Futre, que estaba jugando el Mundialito de Clubes con el FC Oporto. Pocas horas después, de regreso a Madrid, la noche antes de las elecciones, Gil apareció en una discoteca llena de seguidores del Atlético con Futre a su lado.

“Estaba demostrando que no era una cortina de humo, que Futre estaba allí de verdad”, dice Garrido. Los aficionados del Atlético se quedaron sin palabras, Futre, una joya del fútbol mundial, podía acabar jugando con ellos. En aquella época, posiblemente no había ningún otro jugador en el mundo, aparte de Maradona, que pudiera generar tantas expectativas entre los aficionados.

“Al día siguiente, la gente votó en masa por Jesús Gil”, confirma Garrido, “y de ese día en adelante, el ‘huracán Gil” había tocado tierra en el Atlético”.

Durante el discurso que siguió a su nombramiento, Gil declaró: “Este es el inicio de una nueva era en el Atlético”. Muchos comentaristas pensaron que se refería a una nueva era de trofeos y buen fútbol, pero Gil tenía otra cosa en la cabeza.

 De acuerdo con Garrido, al caer la noche, el gerente del Atlético, José Julio Carrascosa, le dijo a Jesús Gil que iba a guardar las papeletas de voto con el fin de mantener un registro, y Gil riéndose afirmó: “Esas las puedes tirar al río, porque esta es la última vez que habrá elecciones en este club”.

Cuando inició su carrera política en Marbella, las tácticas que empleó fueron similares. La ciudad de Marbella, enmarcada por Gibraltar y Málaga en la costa sur de España, está enclavada entre una pequeña colina y el radiante mar Mediterráneo.

 Cuando se abrió en 1954 un resort de lujo llamado Marbella Club, la ciudad se convirtió en el destino de la élite mundial y en el lugar favorito de personas con apellidos como Rothschild, von Bismarck, Thurn und Taxis, Metternich y Thyssen. Jimmy Stewart, Grace Kelly y Cary Grant eran habituales en la década de los 70, y hoy en día es fácil encontrarse con el cantante Julio Iglesias y el actor Antonio Banderas descansando por la ciudad.

Gil llegó a Marbella en 1986, un año antes de su jugada para hacerse con la presidencia del Atlético. Abrió una agencia inmobiliaria, que decoró, de verdad de la buena, con una foto de Marlon Brando en el papel de El padrino. José Cosín, escritor y abogado de Marbella, define el gesto como una tácita “declaración de intenciones”.

Cinco años después, mientras se disputaba la primera temporada bajo el mandato de Gil en que el Atlético estaba siendo más o menos competitivo, decidió presentarse a la alcaldía de Marbella. No se anduvo con rodeos ni empleó acrónimos estridentes, se limitó a crear un partido llamado Grupo Independiente Liberal, o GIL. 

El partido lo dirigió a imagen y semejanza de los “clanes sicilianos”, en los que “los capos cumplían las órdenes del jefe del clan”, escribe Cosín en Mafia y corrupción, el libro que escribió sobre la política marbellí de los últimos 25 años. Como integrantes de su círculo íntimo, Gil reclutó a varios hombres de negocios con muy buenos contactos y el 26 de mayo de 1991 ganó las elecciones a la alcaldía, con más de un 65% de los votos.

Sin embargo, incluso antes de tener asegurado su mandato en la ciudad, Gil ya había colocado la palabra “Marbella” en la camiseta de los jugadores del Atlético, en sustitución de una marca de fotocopiadoras. Ahí permaneció durante muchos años y hasta se convirtió en sinónimo del club.

“¿A nadie le pareció raro que Marbella figurara en la camiseta del Atlético cuando Gil era también el alcalde?, pregunté a Sotanaz, el bloguero de Madrid.

“La gente le rió la gracia”, contestó, “porque era la época de la ‘España feliz’, la época del ‘todo vale’”. Esa ‘España feliz’ es una referencia a la euforia nacional que provocaron eventos como los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 que, acompañados de un sentimiento de progreso y prosperidad, sirvieron para distraer a la gente de la corrupción a gran escala que ahora hemos conocido, a raíz de una serie de revelaciones que tuvieron lugar a partir de 2009, y que se estaba produciendo en aquel momento. Gil estaba en lo alto de esta ola de chanchullos y el acuerdo sobre las camisetas con el logo de Marbella es el ejemplo perfecto: según Gil, como nadie estaba dispuesto a pagar lo que valía patrocinar al equipo, lo patrocinaría él mismo. 

“Lo que hizo fue sacar dinero del ayuntamiento de Marbella y decir que era para pagar el patrocinio de las camisetas del Atlético”, cuenta Sotanaz, “pero eso era mentira”. Se suponía que el dinero era para el Atlético, pero el club “no recibió ni una peseta”, según Sotanaz. En su lugar, Gil se quedó con la mayor parte del dinero.

Antes de que comenzara la temporada 1991-92, Gil diseñó una operación mediática increíble: “Los jugadores [del Atlético] salieron con una camiseta que decía ‘Corrupción, ¡no!’ en el lugar del patrocinador. Imagínate. Estaba promocionando su propio mensaje de que todos los políticos en España son unos corruptos”, explica Garrido. “Se presentó como el defensor anticorrupción que se iba a deshacer del viejo sistema político”.

Aunque la degradación no se detuvo ahí. “Marbella” figuró también en las camisetas del Sevilla y del Betis durante la misma época y, posteriormente, se acabó expulsando a varios ejecutivos de ambos clubes por corrupción, muchos de cuyos casos estaban directamente relacionados con Gil y Gil.

El día de saldar cuentas llegaría una década más tarde. El 9 de enero de 1999 Gil fue puesto bajo custodia (la segunda vez que iba a la cárcel), como consecuencia de lo que se conoció como Caso Camisetas. El acuerdo para patrocinar las camisetas del Atlético era en realidad una tapadera para malversar 450 millones de pesetas (2,7 millones de euros) del ayuntamiento de Marbella. Dos años después, el Tribunal Supremo confirmó la sentencia: 28 años de inhabilitación y seis meses de arresto domiciliario.

Aun así, el escándalo de las camisetas no fue nada si lo comparamos con el saqueo generalizado que llevó a cabo en la ciudad que supuestamente tenía que administrar. Entre 1991 y 1995, según publicó el periódico El Mundo, Gil y otros seis cómplices desviaron a cuatro empresas fantasma 35,2 millones de euros del ayuntamiento de Marbella. José Luis Jiménez, que era amigo de Gil desde que se conocieron en una celda de la cárcel de Segovia en la década de 1970, era el propietario de varias compañías inexistentes.

 Juan Antonio Roca, otro socio de Gil, había creado en 1993 dos empresas imaginarias y las había puesto a nombre de su madre de 80 años, que vivía en otra ciudad y que ignoraba lo que estaba sucediendo. El puesto oficial de Roca en el gobierno de Gil en Marbella era gerente de planificación urbana, una planificación que llevaba a cabo a través de una de las empresas fantasma, lo que le permitía calificar y recalificar terrenos al tiempo que negociaba acuerdos con los constructores.

El testaferro de Roca era Juan Hoffman, cuyo padre, Hans, había sido un destacado simpatizante nazi que había conseguido asilo para antiguos oficiales nazis en diversos lugares de la Costa del Sol. Juan heredó la red de contactos de su padre y en ella figuraban políticos corruptos y élites económicas de toda Europa. El fallo del tribunal dictó que se había aprovechado de sus contactos para blanquear dinero obtenido gracias a esa estafa.

Para llevar a cabo su papel de gobernantes municipales, Gil, Jiménez y demás, utilizaban una cuenta secreta desde la que realizaban ingresos falsos en sus diversas compañías. La investigación reveló que entre todos se hicieron con un total de aproximadamente 49,4 millones de euros.

 A pesar de que Gil intentó culpar de todo a su abogado desde hacía más de 20 años, José Luis Sierra, Gil y otros seis hombres (incluido Sierra) fueron acusados de estafa y malversación de caudales públicos. El Caso Saqueo, como se conoció en su momento, dio como resultado la tercera y última encarcelación de Jesús Gil. El 16 de abril de 2002, un juez de la Audiencia Nacional decretó que fuera arrestado. Gil pagó la fianza y salió seis días más tarde.

La red de corrupción de Jesús Gil operaba de una manera ordenada y sistemática, al contrario que su gestión impulsiva del Atlético. En 1989, un par de años después de su elección, su personal de confianza comenzó a mencionar el nombre de Patricio Rubio Bernal, conocido como “Patri”, que era por aquel entonces un jugador de las categorías inferiores del Real Betis que tenía 15 años, pero que ya era considerado como uno de los jugadores con mayor potencial de Europa. 

Gil enseguida fichó al joven jugador con “el contrato y las condiciones de un jugador profesional”, según Garrido. El periódico ABC publicó que Gil había pagado al Betis una prima por traspaso de 142.500 € y había convertido a Patri en el canterano mejor pagado del mundo de la noche a la mañana.

Garrido cuenta como un amigo que tenía una relación estrecha con el equipo le decía: “Durante los entrenamientos, mientras el equipo corría alrededor del campo, Patri daba toques al balón contra la pared y no corría”. Le trataban, tanto dentro como fuera del campo, como un objeto de lujo, más adecuado para una galería de arte que para un campo de entrenamiento.

“Se publicó mi contrato y eso me hundió”, explicó Patri en una entrevista concedida en 2005, después de retirarse del fútbol. “Mis compañeros me envidiaban y los del primer equipo me miraban mal porque cobraba más que alguno de ellos”. Su carrera en el Atlético se extinguió. Cuando terminó su contrato de tres años con la cantera del Atlético, no le renovaron. “Y luego hay mucha mentira.”, confesó en la misma entrevista, “De mis tres años, sólo cobré uno y medio, y a base de pagarés. El resto no me lo pagaron”.

Los rumores afirman que el fichaje de Patri dejó una marca indeleble en Jesús Gil, pero la verdad es que el Atlético de Gil rara vez acudía a las categorías inferiores para completar el primer equipo. Y no era por falta de jóvenes talentos. El equipo infantil ganó en 1991 la liga nacional gracias a su capitán, Raúl González Blanco, más conocido como Raúl, y a los 55 goles que marcó esa temporada. 

El año siguiente, después de que los cadetes del Atlético, liderados por Raúl, vencieran a un Real Madrid impresionante antes de alcanzar el objetivo de ganar otra liga más, Jesús Gil decidió repentinamente disolver la cantera del Atlético. Despidió a todo el personal de las categorías inferiores, incluidos entrenadores y ojeadores, y envió a los jugadores una carta en las que les decía que eran libres de irse a jugar a otros equipos.

“Llega un punto en el que Gil se cree su gran mentira”, explica Uría. “Su gran mentira era que el Atlético de Madrid no tenía que ser un gran club, sino un gran negocio. [Por eso] la gestión económica que hizo consistió básicamente en ingresos y gastos. Se dio cuenta, gracias a su mente prodigiosa, que el club tenía muchos gastos y algunos eran completamente innecesarios.

 Poco a poco, decidió eliminar las ramas históricas del club: voleibol, balonmano y todas las demás. Luego creyó que salía caro mantener a la cantera y, finalmente, llegó a la genial conclusión de eliminarlo por completo”.

Bernardino Matallanas, ojeador del atlético desde 1965 y el hombre que había traído a Raúl al club, dimitió en señal de protesta. Raúl rápidamente fichó por el Real Madrid, club en el que se convertiría en uno de los jugadores más icónicos de su historia.

El interés económico personal de Jesús Gil pudo más que todos los demás cálculos. Durante la campaña electoral de 1987, Gil expresó que el concepto de convertir a los clubes deportivos en sociedades anónimas era “absurdo […] porque el cambio del ordenamiento jurídico no se concibe habida cuenta del elevado déficit de nuestros clubes, actualmente. 

Primero, por tanto, habría que hacer desaparecer ese déficit. Por otra parte, si el Club fuera de 4 o 5 señores”, en lugar de pertenecer a sus propios socios, “desaparecería la pasión de los seguidores, y sin la pasión de éstos perdería el fútbol todo su encanto y su atractivo actual”.

Antes de 1992, los equipos de fútbol en España y en la mayor parte de Europa funcionaban como clubes, no como empresas. Los clubes deportivos eran como asociaciones de afiliados: no pertenecían a nadie en concreto, sino a todos los socios.

 “Durante la época de Franco”, explica Emilio Abejón, economista y miembro de dos grupos que abogan por la responsabilidad y la representación democrática en los clubes de fútbol, “los clubes en España eran asociaciones democráticas la gente votaba al presidente. Mis abuelos podían elegir al presidente del Atlético de Madrid, pero no podían elegir al jefe del gobierno. Curiosamente, cuando llegó la democracia a la política, ésta desapareció de los clubes”.

A mediados de la década de 1980, los principales clubes de fútbol españoles habían acumulado grandes déficits y el gobierno decidió intervenir para investigar la estabilidad financiera de La Liga. Después de varios intentos fallidos por reducir el déficit, el Congreso de los Diputados aprobó en 1990 la Ley del Deporte, que obligaba a casi todos los equipos de fútbol de primera y segunda división a convertirse en sociedades anónimas antes del 1 de julio de 1992. 

Posiblemente, el propósito de la Ley del Deporte era puramente económico: poder exigir que rindiera cuentas por las deudas del club una persona o una junta propietaria. Sin embargo, el resultado fue sobre todo político: en la práctica, la ley entregaba el poder absoluto a una persona millonaria sobre lo que antes solía ser una comunidad de vecinos afiliados a una asociación. 

La ley eximía al Real Madrid, al Barcelona, al Athletic de Bilbao y al Osasuna de la obligación de convertirse en sociedades anónimas, porque el gobierno estimaba que eran los únicos clubes económicamente solventes. (No obstante, el 4 de julio pasado, la Comisión Europea resolvió que el estatus de esos cuatro clubes era ilegal, porque les permitía acogerse a “desgravaciones fiscales parecidas a las organizaciones sin ánimo de lucro”, según explicó el Financial Times).

Sin lugar a dudas, Gil fue uno de los mayores defensores del cambio. “Al acceder a la presidencia, Jesús Gil estaba decidido a hacer suyo el Club”, sentenció el Tribunal Supremo en 2004. El tribunal buscaba conocer la lógica que estaba detrás de otro de los casos de corrupción de Gil, el llamado Caso Atlético, en el que tanto él como Enrique Cerezo, el antiguo vicepresidente y actual presidente, fueron declarados culpables de apropiación indebida durante la transformación en sociedad anónima a principios de la década de los 90. 

(El altamente politizado Tribunal Supremo absolvió a Gil y a Cerezo en 2004 de la condena de dos años y de restituir todas las acciones adquiridas durante el proceso de constitución del club en Sociedad Anónima Deportiva, citando como justificación la prescripción de los delitos una vez que transcurren cinco años).

 “Para ello”, continuaba la sentencia, “se dispuso a confundir el patrimonio del club con el suyo, bien personal bien de sus empresas o de otras con ellos vinculadas, y no dudó en aportar su patrimonio para la adquisición de fichas federativas de jugadores, entre las que se incluyó la relativa al jugador Futre, cuyo fichaje esgrimió en la campaña electoral antes de ser elegido presidente”.

Abejón expone las complejas artimañas financieras que permitieron a Jesús Gil apropiarse del club. “Si quieres ser el dueño del club y no solo su presidente, ¿qué haces? Admites una deuda contigo mismo para poder intercambiarla más tarde por capital. Primero intentó eso, pero el gobierno dijo, ‘No, eso no se puede hacer. 

Tienes que poner el dinero de verdad’. Entonces lo primero que hizo fue pedir a los socios (durante una Junta General  Extraordinaria de Accionistas de 1990) que reconocieran una deuda que no había calculado o documentado con precisión y que, por tanto, era falsa. Luego puso a los aficionados de su lado declarando: “Esto lo hago porque amo al club y no quiero que baje a Segunda”.

Pero el tiempo seguía pasando y la enorme deuda del Atlético había puesto al club en peligro de descenso automático durante la temporada 1992-1993, si Gil no encontraba los 12,3 millones de euros que demostraran la solvencia económica del club. Pero no había deuda demasiado grande para Jesús Gil. Dos días después de la reunión redobló su amor por el club fichando a Bernd Schuster, y declaró que había pagado el traspaso con dinero de su bolsillo, aunque en realidad había usado el del Atlético.

Para finalizar, Abejón explica cómo Gil probó que podía pagar la deuda y demostró así la estabilidad financiera del Atlético, lo que permitió al club permanecer en Primera División. “Vas a un banco y les dices: ‘dame un aval por 12 millones de euros’”. Según Abejón, Gil había prometido devolver el aval en una semana. “Presentas el aval, capitalizas, compras todas las acciones y luego devuelves el aval”, continua Abejón, “y así te conviertes en el dueño”.

En otras palabras, el aval era fraudulento, es decir que valía menos que un pañal usado, pero consiguió su propósito: la Liga lo había aceptado. Al mismo tiempo que el club pasaba de estar compuesto por socios a estar compuesto por accionistas, la decisión de la LFP legitimaba la compra de acciones de Gil, que se hizo casi con el 95% de las mismas.

En realidad, las cosas no sucedieron de manera tan ordenada. El 30 de junio de 1992, el último día antes de que se cerrara el plazo para convertirse en sociedad anónima, hubo mucha tensión. Salazar, el historiador del Atlético, recuerda que a pesar de la influencia de las conexiones políticas que tenía Jesús Gil en la capital, la caja de ahorros Caja Madrid había cerrado la línea de crédito y no le concedía el aval que le permitiría calmar al Gobierno y a la Liga. Sin el crédito, el Atlético descendería a Segunda B.

A las 18:00 horas de ese día, Salazar recuenta, Gil recibió una llamada de Ramón Mendoza, el presidente del Real Madrid, preguntándole si eran ciertos los rumores sobre el crédito, a lo que Gil tuvo que responder que sí. Entonces, Mendoza le comentó que conocía a la persona idónea que le podría ayudar.

Mendoza “llamó a quien fuera”, explica Salazar levantando las manos hacia atrás. Una compañía llamada Dorna, que pertenecía a Banesto, por aquel entonces el quinto banco más grande de España, y que se dedicaba a las promociones deportivas, solucionó el problema de Gil. 

Le concedieron un aval por valor de 2.062 millones de pesetas (unos 12,3 millones de euros). Mario Conde, presidente de Banesto, tenía que sellar la operación, pero estaba de viaje en Sudamérica y la aprobación tuvo que coordinarse a distancia. (Conde sería condenado más tarde por fraude y malversación durante su presidencia y sentenciado a 20 años de cárcel. 

En abril de 2016 le arrestaron de nuevo y le imputaron por blanquear capitales desde hace décadas). El aval llegó solo un cuarto de hora antes de que acabara el plazo a medianoche y Gil pudo presentar los papeles en la Liga justo a tiempo. Uno o dos días después, retiró el aval bancario. “No pagó absolutamente nada, en realidad”, dice el bloguero Sotanaz.

Pero Gil no fue el único que consiguió engañar al Gobierno de España y a la Liga para que le permitieran quedarse con la titularidad del club. Manuel Ruiz de Lopera, presidente del Real Betis desde el momento en que se convirtió en sociedad anónima en 1992 hasta que fue condenado por fraude fiscal en 2006, fue acusado recientemente de saquear las cuentas del club durante su constitución en sociedad anónima por valor de 30,5 millones de euros. Hoy en día, el caso sigue abierto; su origen se encuentra en la demanda que los aficionados políticamente activos, en su mayor parte, interpusieron en 2014 contra el anterior dueño del Betis.

“Se preguntaron ellos mismos, ‘¿qué hace falta para adueñarse del club?’”, cuenta Jesús Martínez, abogado y miembro de Señales de humo. “O mejor todavía, ‘¿cómo puedo hacerlo sin desembolsar un céntimo?’”.

Un mes antes de constituirse en sociedad anónima y hacerse con la mayoría de las acciones, Gil había ganado su segunda Copa del Rey consecutiva con el Atlético, venciendo en la final 2-0 al Real Madrid, con goles de Schuster y Futre, sus dos fichajes estrella. Cuando se destapó lo de la evasión fiscal, cuenta Salazar, “los aficionados ni se enteraron”.

Hoy en día, el hijo de Jesús Gil, Miguel Ángel Gil Marín, es el propietario del 52% del club. Wang Jianlin, el hombre más rico en 2015 según Forbes, y Cerezo, productor cinematográfico que fue el vicepresidente del club entre 1987 y 2003, poseen cada uno un 20%. 

Los propietarios del resto de las acciones son los socios del club, incluidos los abonados. Gil Marín estudió veterinaria, pero lleva involucrado en el Atlético desde principios de la década de 1990 y, básicamente, lleva la gestión del club en un segundo plano desde 1997. Casi nunca acude a los partidos, y los aficionados tienen la creencia de que circula por la M-30 madrileña para aliviar los nervios cada vez que juega el equipo.

Le pregunto a Abejón, el economista, por qué el Atlético todavía sigue en manos de las mismas personas a las que pillaron desviando dinero del club y me responde con una analogía: “Digamos que te robo el coche. Cinco años después, cuando prescribe ese delito en España, conduzco hasta tu casa y te digo ‘¡mira lo que tengo!’.

 Tú me denuncias por habértelo robado, pero el juez dicta que ‘sí, te lo robó, pero no puedo condenar a esta persona, por eso no irá a la cárcel y ni siquiera te lo tiene que devolver’. Esto es según el código penal, “si quieres que te devuelvan tu coche”, me explica, “tienes que recurrir al código civil, que es más caro y más complicado”.

En torno a la primavera de 2000, los aficionados del Atlético comenzaron a organizarse. Se creó el foro Señales de humo, con las características normales de cualquier foro deportivo: gente discutiendo los partidos del fin de semana, pero hablando también del pésimo estado económico, político y social del club.

Por esta misma época, los investigadores empezaron a encontrar las primeras grietas en los casos de corrupción de Jesús Gil. Unos meses antes, un juez de la Audiencia Nacional abrió la investigación del Caso Atlético sobre Gil, su hijo y sus socios, por apropiación indebida cuando el club se estaba constituyendo en sociedad anónima. 

El 22 de diciembre de 1999, el juez decretó el cese de Gil como presidente y destituyó a todo el consejo de administración del club, “decapitándolo por completo”, en palabras de Garrido, el biógrafo de Koke y Turán. El club fue intervenido y se nombró como administrador a Luis Manuel Rubí Blanc, una persona completamente ajena al mundo del fútbol.

“Eso afectó al vestuario, sin duda”, confirma Garrido, “los jugadores del equipo ganaban uno, dos o tres millones cada uno, pero en sus contratos solo figuraban 100.000, 200.000 o 300.000 euros”. El resto provenía de cuentas en el extranjero. Rubí lo sabía y fue al vestuario un día para decirles “muchachos, voy a pagaros lo que pone en el contrato. 

Si alguien tiene algo que decir que lo diga”, pero claro, los jugadores que tenían que haber cobrado tres millones de euros solo declaraban trescientos mil euros. Si hubieran dicho algo, estarían reconociendo un fraude fiscal, así que ninguno abrió la boca. A esto le siguieron tres o cuatro meses de caos absoluto en los que el riesgo de que los jugadores acabaran en la cárcel estaba bastante presente. En el campo, los resultados ya estaban siendo malos, pero después de esto empezaron a ser calamitosos, y el equipo acabó bajando a Segunda.

Los tribunales decidieron devolver el club a Jesús Gil y a sus administradores a mediados de abril, pocas semanas después de que el club bajara a Segunda por primera vez desde 1939. Muchas de las personas con las que hablé situaron los orígenes de esta decisión en el miedo. El Atlético era, y es todavía, el tercer club más importante de España, y lo que es más, era el club más grande que se había constituido en sociedad anónima. 

El experimento de convertir a los clubes en sociedades anónimas todavía era un fenómeno relativamente reciente y muchos en el Gobierno y otras instancias estaban desesperados por verlo funcionar. Que el Atlético descendiera asestó un golpe fatídico a esta idea y consiguió que los aficionados se dieran cuenta de la realidad en que sus presidentes los habían metido.

 “Lo único que cambió [cuando Gil regresó al club]”, comenta Garrido, “fue que el equipo alcanzó la final de la Copa y perdió contra el Espanyol, pero esa fue la última vez que los aficionados cantaron ‘y tal y tal’, la expresión marca de la casa de Jesús Gil.

Mientras tanto, el foro Señales de humo había cobrado vida propia. “El Atleti casi llegó a disolverse”, relata Abejón, “te dices a ti mismo ‘no me lo creo, hay que hacer algo’”. Ese otoño de 1999, varios asiduos del foro habían comenzado a hablar de crear una asociación. “Estábamos convencidos de que nuestros problemas iban más allá de las quejas del día a día sobre la gestión del club”, dice utilizando la primera persona del plural tan característica de los aficionados acérrimos. 

El plan original era acudir a la Audiencia Nacional y estudiar toda la documentación que se había hecho pública sobre el caso. En 2002, cuando los tribunales estaban agotando los últimos cartuchos en el Caso Atlético, Señales pasó de ser un foro a convertirse en una asociación. “Entendemos el club como una institución social y cultural, propiedad de sus socios y con instituciones democráticas, transparencia y una existencia sostenible, para que nadie pueda hacer locuras económicas que pongan al club en peligro de extinción a largo plazo”, señala Abejón.

 “El gilismo (como se apodaba la ideología empresarial de Gil y su trama) es la antítesis de todo esto. Basta con ver lo que ha pasado en Marbella”.

“Al principio, íbamos a las gradas con pancartas y queríamos que todos los socios se enteraran”, cuenta Abejón, “pero últimamente ya lo hacemos menos”. Desde 2003, Señales, con la ayuda de varios de abogados voluntarios, ha tomado medidas legales que le permiten intervenir en la gestión del club. 

Muchos de los socios de Señales con los que hablé me dijeron que se inspiraron en el trabajo de asociaciones de otros clubes, como el Betis, que estaban ganando importantes batallas legales contra sus propios dueños corruptos.

Una de las primeras acciones que promovió la asociación fue acudir a la junta de accionistas. Para poder sentarse a la mesa necesitaba un 5% de las acciones del club y durante varias semanas antes de una reunión de 2002, los socios de Señales fueron puerta por puerta hablando con aficionados y recogiendo las firmas necesarias para poder enviar a una persona que representara a los socios y a la gente que tenía el abono de temporada o una o dos acciones, algunas de ellas pasadas de generación en generación por aficionados del Atlético.

 “Y allí que nos presentamos”, relata Abejón, “fue la primera reunión del club en la que no estaban solo los miembros del círculo cercano de Gil, y conseguimos juntar todas las acciones de los socios”.

La reunión a la que acudieron fue muy significativa. Gil estaba inmerso en una oleada de nuevos casos de fraude y malversación, y parecía que iba a perder la presidencia del club, aunque se aferraba a lo que pensaba serían sus últimas muestras de poder.

 Para incrementar el número de acciones que poseía, decidió ampliar el número de acciones del club que, recordemos, ya poseía casi por completo. De acuerdo con los estatutos del club se convocó una junta general de accionistas para poder aprobar la medida. Según Abejón, Gil consiguió manipular la reunión gracias al secretario, que aprobó la ampliación de capital a pesar de las protestas del representante de Señales.

En ese momento, Señales demandó a Gil y sus cómplices, entre los que estaban Cerezo y el hijo de Jesús Gil, Miguel Ángel. “La primera jueza estaba acojonada porque esta gente era muy poderosa”, cuenta Abejón.

 “Intentó que la apartaran del caso y nos hizo perder el tiempo durante cuatro o cinco años, pero desde el penúltimo tribunal hasta el Tribunal Supremo solo pasó un año. Después de nueve años, el tribunal falló a nuestro favor”. De esta manera, en 2012, más de una década después de que los aficionados indignados comenzaran a conectar online los unos con los otros, Señales consiguió su victoria legal más importante contra la trama de Gil.

La sentencia del Tribunal Supremo abrió un sinfín de posibilidades para Señales. “Esta sentencia nos ha permitido hacer muchas cosas porque reconoce que hubo evasión”, cuenta Abejón, “una especie de pecado original en la apropiación del club por parte de los Gil que sienta un precedente sobre el que construir otros casos contra el hijo de Jesús Gil”.

Gil Marín “gana lo mismo que un delantero que marca 20 goles por temporada”, explica Martínez, el abogado y socio de Señales. Todos estos años de mentiras pesan mucho sobre el tono de su voz. Su profundo enfado con la situación solo es comparable con su arsenal de conocimiento y su agudeza mental.

Estamos sentados en una arrocería del barrio Quintana de Madrid cuando suena el teléfono de Martínez. Mira la pantalla y las comisuras de sus labios se estiran para formar una ligera sonrisa, “mira”, me dice, y me enseña un mensaje de WhatsApp que acaba de recibir. El que lo manda es Miguel Ángel, el auténtico Miguel Ángel Gil Marín (Martínez no es el único socio de Señales que conozco que tiene el teléfono de Gil Marín entre sus contactos).

Martínez me cuenta que en una de las últimas juntas de accionistas a las que asistió, habló con Gil Marín. La conversación que tuvieron fue sobre una de las demandas que Señales iba a presentar en breve contra el club. Gil Marín le pidió a Martínez (muy educadamente, enfatizó Martínez), que le enviara un mensaje el día antes de que el grupo presentara la demanda, solo para avisarle. Martínez le había mandado el mensaje esa misma mañana y por lo que parecía Gil Marín pensó que era necesario responderle. El mensaje no dice nada, pero llaman la atención el tono y la longitud. 

Martínez le había enviado dos o tres líneas como mucho y Gil Marín había respondido con un largo párrafo que destilaba un tono similar al de un adolescente torturado por una reciente ruptura sentimental. Pongamos que ya es difícil tomarse en serio una historia melodramática de amor y traición sobre tu propio club, pero cuando esa historia te llega del dueño del tercer club más grande de, quizá, la liga más grande del mundo, es casi imposible no caerse de risa.

Mientras abandonamos el restaurante y nos dirigimos hacia su coche, Martínez me pregunta a bocajarro: “¿Por qué quieres escribir sobre Jesús Gil?” Mi respuesta es que era un personaje fascinante: increíblemente repulsivo, a menudo un payaso, y sin embargo fue capaz de embaucar a todo el mundo con su encanto y llegar a los más selectos escenarios del deporte y la política españoles.

 ¿Qué puede ser más interesante que un tipo que era el dueño de un gran club de fútbol, que era el alcalde mafioso de una lujosa ciudad costera española y que entrevistaba a su semental blanco en televisión?, pregunto incrédulo.

“Ya claro, pero todo eso ya lo sabes. Sin embargo, sobre Miguel Ángel no sabemos casi nada. Y, para mí, el misterio es lo más interesante”.                (Bécquer Seguín, este artículo fue publicado en septiembre en la revista Howler , CTXT, 28/12/16)

16.4.14

La corrupción... la del fútbol

"Los crecientes problemas con la Justicia de numerosos mandatarios de clubes de fútbol pone en entredicho la credibilidad del mayor espectáculo de masas de España. Juan Bautista Soler, José María Del Nido, Sandro Rosell, Augusto César Lendoiro o Agapito Iglesias protagonizan los casos más recientes pero ya Jesús Gil y José María Ruiz-Mateos acumularon un amplio historial delictivo en su día. Todo ello, unido a la crítica situación económica del fútbol español, dibuja un panorama desolador. 

El mundo del fútbol está acaparando en los últimos años demasiadas portadas que en nada tienen que ver con los éxitos deportivos y sí con sus mandatarios enfangados en problemas judiciales. El último caso ha sido el esperpento de la detención del expresidente del Valencia, Juan Bautista Soler, por intentar secuestrar a Vicente Soriano, su sucesor en el cargo. 

Pero la lista comienza a hacerse ya interminable. Los que antes ocupaban los palcos de los estadios ahora se sientan en los banquillos de los acusados.
Detenidos, imputados, condenados y encarcelados. Del Nido, Rosell, Núñez, Ruiz de Lopera, Lendoiro son las muestras más visibles de que el fútbol español huele cada vez peor. Unos por cometer delitos ejerciendo sus cargos futbolísticos y otros por sus problemas fuera de los estadios, todos han terminado por quedar expuestos a la acción de una Justicia que cada día parece tener más trabajo.(...)

Muchos de los males que padece el fútbol español en la actualidad tienen su origen en la famosa Ley del Deporte de 1990, por la que se creó la figura de la Sociedad Anónima Deportiva. Pese a que el propósito era la de dotar de un mayor control y transparencia a las estructuras del fútbol profesional, la realidad acabó siendo otra bien distinta. Se obligó a los clubes con deudas a transformarse en SAD y se las diferenció de los aparentemente saneados, que pudieron mantenerse como clubes deportivos.

 Entre ellos se encuentran los dos clubes más poderosos de este país, Real Madrid y Barcelona. Así, lo que terminó provocando la ley del 90 es que la gran mayoría de clubes de Primera pasaran de ser propiedad de sus socios a quedar en manos de aquel que se hiciera con el mayor número de acciones, como en una empresa cualquiera.

 Eso propició la irrupción en el fútbol de empresarios, sobre todo provenientes del ámbito de la construcción, que tan solo buscaban notoriedad, poder y que en muchos casos convirtieron a los clubes en refugios opacos de sus capitales. 

Por tanto, todo ello ha derivado en que se hayan apropiado del enorme legado histórico y social de muchas instituciones deportivas personajes poco o nada ejemplares. El resultado es que la mayoría de SAD ha terminado en la ruina y han provocado un agujero económico en el fútbol español de escándalo. 

Creyéndose ajenos a la acción de la Justicia, muchos dirigentes han gestionado de forma desleal e irregular los clubes hasta hundirlos. Otros han invertido dinero de dudosa procedencia en el fútbol para darle apariencia de legalidad y los que hay que aprovechándose de la influencia conseguida gracias a él han delinquido fuera de los muros de los estadios. Y ni qué decir que estos mandatarios corruptos se han aprovechado de la connivencia y laxitud de las autoridades españolas. (...)
 
Otros históricos del fútbol español con serios problemas judiciales son José María del Nido, Manuel Ruiz de Lopera, Augusto César Lendoiro o Josep Lluís Núñez. El más flagrante es el caso del primero, que ingresó en la cárcel el pasado 5 de marzo, meses después de ser condenado por el Supremo a siete años de prisión por delitos de prevaricación y malversación en el caso Minutas. El abogado y ya expresidente del Sevilla cobró 2,7 millones de euros del Ayuntamiento de Marbella por servicios jurídicos que nunca efectuó. 

Su compinche fue Julián Muñoz. Del Nido hizo lo imposible por evitar la cárcel e, incluso, contó con una carta de apoyo de la mayoría de presidentes de Primera, del de la Federación y el de Liga en la que solicitaban su indulto. Uno de sus antecesores en el cargo, José María González de Caldas, fue detenido y juzgado por la operación Malaya. Fue condenado a ocho meses de cárcel y 30.000 euros de multa.

En el otro club de la ciudad hispalense, Manuel Ruiz de Lopera ha campado a sus anchas desde los años 90 en el Betis y también fue de los que se aprovechó de la conversión de los clubes en SAD para acabar siendo el accionista mayoritario del club verdiblanco. Fue condenado en 2006 por delito contra la Hacienda Pública, en su gestión al frente del Betis, le fueron impuestas dos penas de siete meses y medio de cárcel, además del pago de una multa de casi cinco millones de euros.

 La juez Mercedes Alaya ha imputado a Lopera un delito societario continuado y le acusa de haberse apropiado indebidamente de 25 millones de euros del Betis. En 2010 anunció la venta de su paquete de acciones a Luis Oliver, por unos 18 millones de euros, aunque dicha venta no se llegaría a producir. El club sigue en concurso de acreedores, intervenido judicialmente y administrado por Francisco Estepa.

La perpetuidad de Lendorio y Núñez

A Coruña es sinónimo de Lendoiro, otro de los mandatarios que ha tenido que dejar recientemente la presidencia de un club por problemas judiciales. El Deportivo no había conocido otro presidente desde 1988.

 Este pasado enero le sucedió Constantino Fernández Pico. Pese a comandar el histórico Superdépor de inicios de los 90, Lendoiro ha terminado por llevar al club a una situación financiera insostenible y fue imputado en 2009 por una supuesta falsificación de la firma del exauditor de las cuentas de la entidad para conseguir la licencia UEFA y poder disputar competiciones europeas.

Y de Lendoiro a Núñez, que continúa envuelto en procesos con la Justicia y que visto hace bien poco como el Supremo le rebajaba la condena por el caso Hacienda de seis años de cárcel a dos. El mandatario que ocupara el sillón presidencial del Barça durante 22 años formó parte de una trama corrupta que sobornaba a altos cargos de la Administración tributaria para eludir pagos de impuestos.

 Otros expresidentes ya fueron imputados en su día. Joan Gaspart lo fue por una presunta apropiación indebida de un seguro profesional de los pilotos de Spanair y Joan Laporta declaró en su día como imputado por un delito de injurias.

El Barça actual, entre Neymar y la FIFA

No anda últimamente el Barça para bromas con las autoridades judiciales y futbolísticas. Sandro Rosell dimitió el pasado 23 de enero, un día después de que el juez Ruz admitiera a trámite una querella por supuesta apropiación indebida en la modalidad de distracción por el fichaje del brasileño Neymar. La justicia sigue investigando si el Barça pagó más de los 57 millones de euros oficialmente declarados e incluso el Barça, como entidad jurídica, ha sido imputado. 
El ya exdirigente azulgrana también se tiene que enfrentar a una petición de ocho años de cárcel que se ha hecho efectiva en Brasil. La última bofetada se la ha dado la FIFA, al sancionar al club azulgrana prohibiéndole fichar hasta el verano de 2015 por violar su normativa al fichar a varios jugadores menores de 18 años

Una frase del ínclito Jesús Gil resumiría a la perfección las intenciones de todas estas personas: "Compra un equipo de fútbol, tendrás a la prensa cada domingo en tu casa". Precisamente, él encabezada una de las familias, junta a la Ruiz-Mateos, que se convirtieron en el paradigma corrupto al que nos referimos y que bien podrían inspirar la versión española de la serie Los Soprano. 

Tanto él como José María Ruiz-Mateos controlaron durante años dos clubes como el Atlético de Madrid y el Rayo Vallecano, acumularon numerosas condenas y pasaron varias épocas de sus vidas entre rejas.  (...)

Jesús Gil y Gil, fallecido en 2004, acumula uno de los historiales delictivos más largos de este país tanto por sus fechorías en el Atlético de Madrid como desde la alcaldía de Marbella. Pasó tres veces por la cárcel aunque tan solo pasó a la sombra escasos días en todos los casos. 

La primera vez fue en 1969 cuando fue condenado por el hundimiento de un comedor en la urbanización de Los Ángeles de San Rafael del que era promotor y propietario. Fallecieron 58 personas. Pasó año y medio en la cárcel y fue indultado por Franco tras pagar 400 millones de pesetas. El periodo de mayor esplendor de Gil llegaría al conjugar su presidencia del Atlético, desde 1987, con la alcaldía de Marbella, desde 1991. 

Para empezar, junto a Enrique Cerezo se apropió de la propiedad del club rojiblanco sin poner un duro al hacerse con más de 236.000 acciones. En 2004, con Gil ya fallecido, el Supremo les absolvió a ambos del delito de apropiación indebida por haber prescrito. Sin embargo, el pasado mes de febrero el TS declaró nula la ampliación de capital que en 2003, cuando el club estaba intervenido, realizaron Gil y Cerezo al entender que existió fraude de ley.

Sí fue condenado Gil junto a su hijo Miguel Ángel Gil Marín, actual máximo accionista del club, a un año y medio de cárcel por un delito de estafa al simular contratos a cuatro jugadores africanos y birlar al Atlético 16,2 millones de euros.

 La pésima gestión de los Gil desembocó en que en 1999 la Audiencia decretara la intervención judicial del club para a los pocos meses reponer en sus puestos a los antiguos mandatarios. En 2000 Jesús Gil fue de nuevo condenado a 28 años de inhabilitación y seis meses de arresto por cuatro delitos de prevaricación al poner en las camisetas del Atlético publicidad de Marbella y desviar 45 millones de pesetas del ayuntamiento andaluz al club.

 Tan solo durmió tres noches en prisión. Y su último encarcelamiento fue por el caso Saqueo por el desvío de 26,7 millones de euros del Ayuntamiento de Marbella a empresas privadas entre 1991 y 1995. Para remate, el actual director deportivo del club, José Luis Pérez Caminero fue imputado por narcotráfico y blanqueo de capitales.

Los líos judiciales de la extensa familia Ruiz-Mateos arrancan en los años 80 con el holding Rumasa siguen extendiéndose hasta nuestros días con implicaciones incluso en la causa de los ERE falsos en Andalucía. Su cabeza visible, José María, atesora un historial nada despreciable. Múltiples condenas, expropiaciones, esperpénticas actuaciones en los juzgados, puñetazos a ministros, disfraces, partidos políticos y un largo etcétera. 

Ya en 1983 el Gobierno expropió a la familia el holding de empresas Rumasa al entender que había eludido millonarios pagos a Hacienda. José María Ruiz-Mateos pasó esos años eludiendo sus citaciones judiciales e inmerso en pagos continuos de fianzas para no pasar en la cárcel más tiempo del necesario. En 1991 se convierte en propietario del Rayo Vallecano y llegó a ser eurodiputado. 

La mala gestión del club franjirrojo le llevó a ser intervenido judicialmente y a terminar jugando en Segunda B. Hoy todavía, la Justicia sigue pendiente de si los Ruiz Mateos siguen controlando el Rayo y si el actual presidente Raúl Martín Presa ejerce de su testaferro.

 Sin embargo, en noviembre de 2013 un juzgado de lo Penal tuvo que absolver a la familia de trece delitos contra Hacienda por el impago del IVA y las retenciones del IRPF desde 1996 a 2002 por parte del Rayo. Así, los Ruiz-Mateos se libraron de pagar 18,5 millones y todo por la mala actuación de la Fiscalía y la Agencia Tributaria. En 2005, José María también es condenado a tres años de cárcel por alzamiento de bienes al lucrarse de forma ilegal del inmueble sede de Mundo Joven.

 En 2007 ingresó en prisión y salió de ella tres días después. Sus últimas fechorías tienen que ver con un nuevo fraude en la emisión de pagarés de Nueva Rumasa y por una supuesta estafa de 7,3 millones en la venta de un hotel en Mallorca. Por esta causa fue detenido en 2012 y desde entonces no puede salir de España a la espera de que se resuelva el caso. Mientras, cuatro de sus hijos están imputados por la juez Mercedes Alaya.

Las votaciones de Calderón; las recalificaciones de Florentino

Sin salir de la capital de España, los recientes presidentes del Real Madrid también han tenido sus escarceos con la Justicia. Ramón Calderón tuvo que responder por cuatro presuntos delitos, entre ellos el de fraude en los votos en la Asamblea del club de 2008. Dimitió pero todavía no ha sido condenado por ninguna causa judicial. 

Muchos y variados fueron los delitos imputados a Lorenzo Sanz, otro expresidente blanco. En octubre de 2013 fue absuelto pese a que la Fiscalía pedía seis meses de cárcel por una supuesta estafa en la venta de unos terrenos en San Fernando de Henares. Florentino Pérez es un ejemplo perfecto de empresario de la construcción y presidente de fútbol y lo que ello implica.

 Todavía sigue coleando el pelotazo urbanístico que supuso la recalificación de los terrenos de la antigua ciudad deportiva de La Castellana, la construcción de las cuatro torres actuales y el dinero conseguido para construir el actual complejo de Valdebebas. Todo se hizo con Alberto Ruiz-Gallardón como alcalde.

Y también queda pendiente la conclusión de la Comisión Europea sobre la investigación abierta por las ayudas estatales recibidas. Los últimos órdagos de Florentino son la remodelación del Santiago Bernabéu y las condiciones leoninas que quiere imponer para acceder a la presidencia del club blanco.
 
Otros históricos del fútbol español con serios problemas judiciales son José María del Nido, Manuel Ruiz de Lopera, Augusto César Lendoiro o Josep Lluís Núñez. El más flagrante es el caso del primero, que ingresó en la cárcel el pasado 5 de marzo, meses después de ser condenado por el Supremo a siete años de prisión por delitos de prevaricación y malversación en el caso Minutas. 

El abogado y ya expresidente del Sevilla cobró 2,7 millones de euros del Ayuntamiento de Marbella por servicios jurídicos que nunca efectuó. Su compinche fue Julián Muñoz. Del Nido hizo lo imposible por evitar la cárcel e, incluso, contó con una carta de apoyo de la mayoría de presidentes de Primera, del de la Federación y el de Liga en la que solicitaban su indulto.

 Uno de sus antecesores en el cargo, José María González de Caldas, fue detenido y juzgado por la operación Malaya. Fue condenado a ocho meses de cárcel y 30.000 euros de multa.

En el otro club de la ciudad hispalense, Manuel Ruiz de Lopera ha campado a sus anchas desde los años 90 en el Betis y también fue de los que se aprovechó de la conversión de los clubes en SAD para acabar siendo el accionista mayoritario del club verdiblanco. Fue condenado en 2006 por delito contra la Hacienda Pública, en su gestión al frente del Betis, le fueron impuestas dos penas de siete meses y medio de cárcel, además del pago de una multa de casi cinco millones de euros. 

La juez Mercedes Alaya ha imputado a Lopera un delito societario continuado y le acusa de haberse apropiado indebidamente de 25 millones de euros del Betis. En 2010 anunció la venta de su paquete de acciones a Luis Oliver, por unos 18 millones de euros, aunque dicha venta no se llegaría a producir. El club sigue en concurso de acreedores, intervenido judicialmente y administrado por Francisco Estepa.

La perpetuidad de Lendorio y Núñez

A Coruña es sinónimo de Lendoiro, otro de los mandatarios que ha tenido que dejar recientemente la presidencia de un club por problemas judiciales. El Deportivo no había conocido otro presidente desde 1988. Este pasado enero le sucedió Constantino Fernández Pico. 

Pese a comandar el histórico Superdépor de inicios de los 90, Lendoiro ha terminado por llevar al club a una situación financiera insostenible y fue imputado en 2009 por una supuesta falsificación de la firma del exauditor de las cuentas de la entidad para conseguir la licencia UEFA y poder disputar competiciones europeas.

Y de Lendoiro a Núñez, que continúa envuelto en procesos con la Justicia y que visto hace bien poco como el Supremo le rebajaba la condena por el caso Hacienda de seis años de cárcel a dos. El mandatario que ocupara el sillón presidencial del Barça durante 22 años formó parte de una trama corrupta que sobornaba a altos cargos de la Administración tributaria para eludir pagos de impuestos. 

Otros expresidentes ya fueron imputados en su día. Joan Gaspart lo fue por una presunta apropiación indebida de un seguro profesional de los pilotos de Spanair y Joan Laporta declaró en su día como imputado por un delito de injurias.

El Barça actual, entre Neymar y la FIFA

No anda últimamente el Barça para bromas con las autoridades judiciales y futbolísticas. Sandro Rosell dimitió el pasado 23 de enero, un día después de que el juez Ruz admitiera a trámite una querella por supuesta apropiación indebida en la modalidad de distracción por el fichaje del brasileño Neymar.

 La justicia sigue investigando si el Barça pagó más de los 57 millones de euros oficialmente declarados e incluso el Barça, como entidad jurídica, ha sido imputado. El ya exdirigente azulgrana también se tiene que enfrentar a una petición de ocho años de cárcel que se ha hecho efectiva en Brasil. 

La última bofetada se la ha dado la FIFA, al sancionar al club azulgrana prohibiéndole fichar hasta el verano de 2015 por violar su normativa al fichar a varios jugadores menores de 18 años
 
Lejos de las grandes ciudades la geografía española está plagada de directivos que han pasado de los palcos a los banquillos de los acusados y que debido a sus nefastas gestiones han terminado hundiendo la trayectoria deportiva de sus equipos. En el Racing, por ejemplo, llevan juntándose todo tipo de circunstancias desde la aparición del inefable Dimitri Piterman.

 Hace diez años se hizo con el control del club y termino compareciendo ante un juez imputado por la querella interpuesta por unos aficionados ante los reiterados insultos y sus particulares modos de gestionar el equipo, entre los que se encontraban atribuirse facultades para también entrenar al equipo. Sin embargo, sus problemas con la justicia no acabaron ahí.

 Tras dejar el Racing, se hizo cargo del Alavés entre 2004 y 2007 y por su gestión fue condenado a quince años de inhabilitación y a indemnizar al club con 6,8 millones de euros, tras ser considerado culpable de llevar al equipo a un concurso de acreedores.

En El Sardinero volvió a aterrizar otro aprovechado del fútbol como el inversor indio Ali Syed. Compró por 15 millones el paquete de acciones que le daban control sobre el club, solo pagó medio millón y casi ni pisó el estadio. Anda en busca y captura por la Interpol y colocó como hombre de paja a Ángel Lavín, ‘Harry'. 

Con él, el Racing se hundió hasta Segunda B, entró en concurso de acreedores y los trabajadores acumularon meses sin cobrar sus nóminas. El pasado mes de enero, con motivo de la huelga de sus jugadores en el partido copero ante la Real Sociedad, se logró un cambio de rumbo al elegir como nuevo presidente al exjugador Juan Antonio Sañudo.

En Zaragoza, Agapito Iglesias es otro de los mandatarios que no predica con el ejemplo. El todavía propietario del club ha declarado como imputado por un presunto desvío de 50 millones de euros en las obras de construcción de la plataforma logística Plaza de Zaragoza y no se le ha ocurrido otra cosa que incluir su paquete accionarial en el club aragonés como parte de la fianza solidaria de 18,8 millones de euros que le ha impuesto el juez. Por su parte, el expresidente del Athletic de Bilbao Fernando García Macua también fue imputado por un delito fiscal. 

El presidente Alfonso García se enfrentó a una petición de un año de cárcel por la construcción de viviendas sin licencia de obras, como promotor de Almanzora Country Club. Y el del Espanyol, Daniel Sánchez Llibre fue imputado por un presunto delito de fraude fiscal y blanqueo de capitales relacionados con el traspaso de Sergio González al Deportivo. Y la lista de agravios a la legalidad se extiende también a clubes como el Mallorca, el Hércules, el Murcia, el Granada...

Por último, merece mención especial el presidente de la Federación Española, Ángel María Villar. Otro de los aferrados al poder desde hace ni más ni menos que 26 años y cuya labor ha sido seguida de cerca por los tribunales. En 2010, el máximo mandatario del fútbol español era absuelto de delitos de apropiación indebida, administración desleal y falsedad documental.

 También ha sido objeto de investigación el posible uso de fondos de la Federación para costear viajes privados de sus directivos. Y la Justicia sigue con el ojo puesto en los terrenos que cedió de una manera muy poco transparente el ayuntamiento de Las Rozas a la Federación para construir la Ciudad del Fútbol."         (Público, 12/04/2014)