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18.7.23

José Luis López, alias "El turronero", empresario de la construcción que se hizo rico en la España del pelotazo. Condenado por participar en una red de facturas falsas que evadió 10 millones de euros a hacienda. El sábado celebró su cumpleaños con 3.000 invitados... fletó 7 aviones privados para llevar a lo más granado de la sociedad y la política española hasta su fiesta celebrada en Sevilla, donde alquiló el Palacio de Congresos y Exposiciones para montar un sarao gigantesco

PabloMM @pablom_m

José Luis López, alias "El turronero", empresario de la construcción que se hizo rico en la España del pelotazo. Condenado por participar en una red de facturas falsas que evadió 10 millones de euros a hacienda. El sábado celebró su cumpleaños con 3.000 invitados. Entre ellos:

Albert Rivera, Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio, José Bono, Ángel Acebes, Susanna Griso, Susana Díaz, Pedro J Ramírez, Joan Laporta, Chenoa, Miguel Ángel Silvestre, Bertín Osborne, Fran Rivera, los Morancos, Pitingo, Chenoa o Santiago Segura.

'El turronero' fletó 7 aviones privados para llevar a lo más granado de la sociedad y la política española hasta su fiesta celebrada en Sevilla, donde alquiló el Palacio de Congresos y Exposiciones para montar un sarao gigantesco.

Por supuesto no faltaron las actuaciones en directo: con los chistes de Carlos Latre, la voz de India Martínez, susurrándole al oído al propio turronero, Bertín Osborne destrozando a Frank Sinatra y un Pitingo emocionado. Querido Luis García Berlanga, no sabes lo que te pierdes.

Recordad que 'El turronero' está condenado 3 veces por corrupción. Una de los casos más rocambolescos fue cuando pagó a un policía para conseguirle una pensión de invalidez a la madre de María José Campanario, esposa de Jesulín de Ubrique.

José Luis López, alias "El turronero", es natural de Ubrique, un pequeño pueblo de la sierra de Cádiz. Allí preside la Fundación López Mariscal y 2 veces al año recibe a gente de toda la provincia que hace cola durante horas para pedirle cosas.

Y cuando digo "cosas" me refiero a cualquier cosa. Una ortodoncia para el niño, un frigorífico nuevo o dinero para pagar la matrícula de la universidad. 'El turronero' te escucha y si le convences te lo paga. También organiza un sorteo de unas vacaciones para 5 familias pobres.

Porque 'El turronero' todo lo puede. Un niño de 6 años, natural de Ubrique, padecía una enfermedad grave y su mayor ilusión era conocer a La Legión. Pues 'El turronero' llamó a Margarita Robles, Ministra de Defensa, y 150 miembros de La Legión desfilaron por las calles de Ubrique

En la navidad del año 2022, en Jerez de la Frontera (Cádiz), montó una feria con atracciones y un circo. Y allí que se presentó 'El turronero' con el actor Miguel Ángel Silvestre para repartir entradas gratuitas a los niños.

¿Y qué saca 'El turronero' de sus conexiones con la política? Como ya os he dicho ha sido condenado 3 veces: por evadir impuestos, por intento de estafa a la seguridad social y por corrupción en la compra de una estación de autobuses. En las 3 pactó con fiscalía y evitó prisión.

Y se acabó el hilo. Otro día, si queréis, os hablo del bautizo de los nietos de 'El Turronero'. De nuevo, con la presencia de lo más ilustre de la política y la sociedad española.

1:14 p. m. · 3 jul. 2023 747,4 mil Reproducciones

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12.5.23

El precio de la corrupción: más de 3 billones de euros al año... La corrupción se lleva más del 5% del PIB mundial. De los aproximadamente 13 billones de dólares de gasto público mundial, hasta el 25% se pierde a causa de la corrupción

 "La corrupción tiene efectos perjudiciales para el desarrollo sostenible en todos los países y su coste es abrumador, afirmó la presidenta del Consejo Económico y Social de la ONU, Lachezara Stoeva, durante un encuentro para “aprovechar el poder transformador del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 16”, que busca promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas.

“La corrupción se lleva más del 5% del PIB mundial. De los aproximadamente 13 billones de dólares de gasto público mundial, hasta el 25% se pierde a causa de la corrupción”, afirmó.

Un coste que no se limita únicamente a un aspecto financiero, sino que también contribuye a empeorar múltiples facetas colectivas como favorecer la pérdida de recursos naturales, exacerbar la pobreza y la desigualdad, erosionar la confianza y la cohesión social y socava la estabilidad económica y política.

A todas estas facetas, añadió que las mujeres, los pobres y los grupos vulnerables son los más afectados por la corrupción y que, cuando nos encontramos a la mitad de implementar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, urge acelerar la implementación de los Objetivos, un desafío que consideró complicado ya que “la corrupción se interpone en nuestro camino”.

Mejoran las medidas anticorrupción a nivel nacional

Sin embargo, Stoeva declaró que los avances sobre paz, justicia, e instituciones sólidas, tal y como promueva esa meta número 16, pueden generar lo que calificó de “círculo virtuoso”.

“El Objetivo 16 es un requisito indispensable para la aplicación efectiva de todos los demás. A su vez, este avance se convierte en un factor que permite dar respuestas más eficaces a la corrupción”, afirmó.

Para conseguirlo, explicó que reducir los flujos financieros ilícitos y  combatir la corrupción y el soborno en todas sus formas “son elementos fundamentales de la paz y de unas sociedades pacíficas, justas e inclusivas”, señaló.

En el apartado de logros, destacó los “avances significativos” que se produjeron gracias “a los mecanismos disponibles para hacer frente a la corrupción”.

“Los países han aplicado diversas medidas anticorrupción. Hay más concienciación y mejores marcos legislativos y normativos. Las estrategias nacionales son habituales. Los gobiernos locales están implicados. Se comprenden mejor los riesgos. Se aprovecha el potencial de las tecnologías de la información y la comunicación, y de los datos. Los ciudadanos y la sociedad civil participan en el seguimiento de los riesgos de corrupción y las respuestas anticorrupción”, comentó.

Pese a este amplio catálogo de avances, destacó que los retos “requieren esfuerzos sostenidos de lucha contra la corrupción y enfoques adaptados que impliquen a múltiples partes interesadas y combinen diversos instrumentos”.

Para lucha contra la corrupción, reunir pruebas de la eficacia de las reformas e informar sobre los avances del Objetivo 16, la presidenta del ECOSOC destacó la necesidad de reforzar su seguimiento y evaluación. “Nunca hubo tanto en juego” finalizó.

América Latina ya cuenta con centros regionales contra la corrupción

En videoconferencia desde Viena, la directora ejecutiva de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Ghada Waly, recordó que su agencia está creando una red de centros regionales de lucha contra la corrupción que ayudan a mejorar las necesidades sobre el terreno y promueven la cooperación interregional y Sur-Sur.

Waly especificó que el primer centro se inauguró en México el año pasado y que pronto se abrirán otros dos en Kenia y Colombia, junto a otros proyectos en marcha."             (Martha Golfín, Diario16, 06/05/23)

28.1.22

El estado de la corrupción en 2021... El Índice de Percepción de Corrupción demuestra que la lucha contra la corrupción no avanza globalmente... Esta tendencia global va unida a una regresión autoritaria en otros múltiples países... El deterioro de los pesos y contrapesos de una democracia va vinculado, casi siempre, a un abuso del poder para el beneficio privado de los dirigentes, así como a la creación de redes clientelares oscuras de empresarios indecentes, políticos inmorales y burocracias politizadas que actúan como élites extractivas... El derecho a la vida está en riesgo cuando la policía es corrupta y está en conexión con redes de crimen organizado. El derecho a la salud es pisoteado en países donde el dinero para construir hospitales acaba en paraísos fiscales. El derecho a la educación se convierte en mero enunciado cuando las escuelas no existen y el material escolar desaparece bajo redes corruptas. La corrupción ataca directamente al corazón de la dignidad humana y es preciso recordarlo... España este año ha perdido un punto y retrocede dos puestos en el ranking mundial, siendo un ejemplo más de esta parálisis en la lucha contra la corrupción

 "Medir la corrupción es complejo. Es un fenómeno que se manifiesta de forma opaca y, a menudo, no deja rastro. No obstante, a pesar de su dificultad, es importante por múltiples razones poder conocer los niveles de corrupción de los países, sus avances y retrocesos. 

Así, para identificar barreras al desarrollo económico, para explicar los niveles de desafección política o, sobre todo, para poder prevenir sus consecuencias y tomar las medidas que impidan a los países caer en la corrupción sistémica. Para medir la corrupción se utilizan diversos instrumentos. 

El Índice de Percepción de Corrupción (IPC), publicado este 25 de enero, es uno de los índices más destacados a nivel global; se basa en 13 estudios de opinión de expertos y empresarios y su metodología ha sido evaluada internacionalmente de forma repetida, dando lugar a una herramienta cada vez más sofisticada y válida.

El IPC 2021 demuestra que la lucha contra la corrupción no avanza globalmente. A pesar de que, en los últimos 20 años, se han mejorado en varios países las normas anticorrupción, se observa una falta de impulso por parte de numerosos gobiernos y un descuido en la implementación de las medidas adoptadas. Esta tendencia global va unida a una regresión autoritaria en otros múltiples países, una regresión que tiene su centro de acción en el ataque a las instituciones de control y a la independencia del poder judicial. El deterioro de los pesos y contrapesos de una democracia va vinculado, casi siempre, a un abuso del poder para el beneficio privado de los dirigentes, así como a la creación de redes clientelares oscuras de empresarios indecentes, políticos inmorales y burocracias politizadas que actúan como élites extractivas. El resultado final no es solo la enorme pérdida de recursos públicos, sino, sobre todo, el deterioro de las instituciones y del respeto a los derechos humanos. El derecho a la vida está en riesgo cuando la policía es corrupta y está en conexión con redes de crimen organizado. El derecho a la salud es pisoteado en países donde el dinero para construir hospitales acaba en paraísos fiscales. El derecho a la educación se convierte en mero enunciado cuando las escuelas no existen y el material escolar desaparece bajo redes corruptas. La corrupción ataca directamente al corazón de la dignidad humana y es preciso recordarlo.

A menudo, la opinión pública de las democracias avanzadas tiende a considerar que la corrupción está bajo control en sus países; sin embargo, los datos nos indican que, cada vez que se baja el compromiso y la denuncia cívica, la corrupción avanza y crea los fundamentos para la posible regresión democrática. Los numerosos escándalos políticos vinculados a la corrupción se relacionan de forma directa y fuerte con la desconfianza en las instituciones representativas; más aún, el deterioro ético en uno de los tres poderes del Estado tiende a afectar a la confianza en los otros. Las democracias necesitan confianza en sus instituciones y necesitan que la ciudadanía confíe también en el respeto a la ley por parte de sus conciudadanos. Perdida la confianza, se abre el camino a la barbarie.

España este año ha perdido un punto (sobre un máximo de 100) y retrocede dos puestos en el ranking mundial del IPC, siendo un ejemplo más de esta parálisis en la lucha contra la corrupción. Este dato se basa en ejemplos claros de la falta de avance en las reformas institucionales prointegridad. Como en tantos países, la lucha contra la pandemia explica este retraso en la adopción e implementación de las reformas necesarias; había otras prioridades. Es cierto, además, que el Gobierno cuenta con planes de reformas en la materia ambiciosos. Pero seguimos sin tener traspuesta la directiva de protección a los alertadores de fraude y corrupción, seguimos sin una ley reguladora de los lobbies, seguimos sin tener un reglamento de la Ley de Transparencia, seguimos sin tener marcos de integridad institucional en nuestras organizaciones públicas, entre otras reformas que la Unión Europea y el Greco (Consejo de Europa) nos demandan. Los avances en el código de ética de las Cortes van unidos a la inexistencia de un sistema de control independiente y de sanciones por el incumplimiento. La justicia sigue politizada y los nombramientos en los órganos constitucionales y de control son un ejemplo más de partidismo y clientelismo decimonónico.

Todo ello, cuando estamos recibiendo la generosa ayuda europea para recuperar nuestra economía, transformarla y crear resiliencia para la generación próxima. Merece una valoración muy positiva la aprobación del Plan Nacional de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PNRTR), pero requiere urgentemente el fortalecimiento de un sistema de prevención sólido y actualizado de la corrupción y el fraude. Ya vamos tarde. Es necesario un urgente consenso para impulsar la agenda legislativa y que este año sea el año de las reformas prointegridad. Solo así España podrá mejorar en el IPC y acercarse en puntuación a los países europeos que lideran el ranking de países con mejor gobernanza del mundo. Nos jugamos nuestro futuro."                 (Silvina BacigalupoManuel Villoria Mendieta , El País,  25/01/22)

6.10.21

Oxfam, sobre los 'Pandora Papers': "El dinero que no se invierte en hospitales y protección social está en paraísos fiscales"... En estas guaridas es donde están todos los servicios públicos que nos faltan, nuestros hospitales y centros de salud que tanto hicieron falta durante los momentos más duros de la crisis sanitaria provocada por el covid... Ahí es donde se encuentran los sueldos del personal docente, de los bomberos y otros servicios públicos que faltan pero que tan necesarios son... "Siempre que un gobierno o cualquier gran corporación se excusa en el "no hay dinero" para no pagar por los impactos del cambio climático, por las políticas de juventud, o para financiar el gasto social y promover una recuperación justa después del covid, o incluso para aumentar los recursos para la cooperación internacional, ya saben dónde buscar"

 "En estas guaridas es donde están todos los servicios públicos que nos faltan, nuestros hospitales y centros de salud que tanto hicieron falta durante los momentos más duros de la crisis sanitaria provocada por el covid. Ahí es donde se encuentran los sueldos del personal docente, de los bomberos y otros servicios públicos que faltan pero que tan necesarios son.", explica Susana Ruiz, experta en política fiscal de Oxfam Intermón, tras la publicación este domingo de la investigación Papeles de Pandora, coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y que en España publican El País y laSexta.

 Más de 600 periodistas de 117 países han analizado 11,9 millones de documentos procedentes de 14 despachos de abogados especializados en crear sociedades offshore en paraísos fiscales y que esconden los nombres de más de 330 políticos y cargos públicos (90 de ellos europeos), 15 jefes de Estado de América Latina entre actuales y retirados, 46 oligarcas rusos o 133 millonarios de la lista Forbes.

"Siempre que un gobierno o cualquier gran corporación se excusa en el "no hay dinero" para no pagar por los impactos del cambio climático, por las políticas de juventud, o para financiar el gasto social y promover una recuperación justa después del covid, o incluso para aumentar los recursos para la cooperación internacional, ya saben dónde buscar", reconoce Ruiz. Desde la ONG destacan también que esta filtración muestra "la inmensa cantidad de dinero que se mueve en ese agujero negro que son los paraísos fiscales".

Asimismo, Oxfam asegura que la publicación de los Papeles de Pandora debería ser un "punto de inflexión" para impulsar "una acción inmediata, como se lleva prometiendo desde hace mucho tiempo" ya que los paraísos fiscales cuestan a los Gobierno de todo el mundo 427.000 millones de dólares cada año. "Eso es el equivalente al salario anual de una enfermera cada segundo, todos los días", explica Ruiz.

En el caso español, tal y como apunta Oxfam, diferentes expertos y el FMI estiman que la riqueza oculta de las grandes fortunas nacionales supera el 10% del PIB. "Esta pérdida de ingresos tributarios la acaban pagando los contribuyentes ordinarios, familias y trabajadores", afirma esta experta. "España debería ser parte de un nuevo paradigma fiscal, que logre poner el modelo tributario al servicio de una recuperación más justa e inclusiva, a la vez que se garantizan los recursos necesarios para ahondar en un estado de bienestar, hasta ahora insuficiente cuando nos comparamos con el resto de países de nuestro entorno", reconocen desde la ONG. 

En los Papeles de Pandora aparecen 601 personas de nacionalidad española, entre las que figura Pep Guardiola o Julio Iglesias, y 751 sociedades offshore ligadas a dueños o empresas con direcciones en territorio español. La mayoría han utilizado abogados andorranos y españoles como intermediarios para crear instrumentos opacos en los paraísos más secretos del mundo, desde Belice hasta Islas Vírgenes Británicas, Bahamas o Islas Cook, entre otros. Asimismo, también figuran el actual presidente de Chile, Sebastian Piñera; Tony Blair y su esposa, Cherie Blair; Elton John, Shakira, Claudia Schiffer o el actual entrenador del Real Madrid, Carlo Ancelloti."                  (InfoLibre, 03/10/21)

14.6.19

FMI: La corrupción mundial se come cada año el equivalente al PIB español... un Billón de dólares

"La lucha contra la corrupción en todo el mundo podría generar cada año la astronómica cifra de un billón de dólares –esto es, un millón de millones– en ingresos fiscales, según un estudio publicado este viernes por el Fondo Monetario Internacional (FMI). 

Ello equivale casi al PIB español (1,2 billones) o al 1,25% del PIB mundial. El organismo dirigido por la francesa Christine Lagarde muestra que aquellos países menos corruptos tienen una mayor capacidad recaudatoria, y en el caso español, valora los progresos realizados gracias a la reciente regulación en materia de contratación pública.

Combatir la corrupción no solo permite aumentar los ingresos de las arcas públicas, sino que también ayuda a reducir significativamente el despilfarro y a usar de forma más eficiente los recursos. También permite mejorar la confianza de la ciudadanía en las instituciones e incluso potencia la calidad de la educación pública, al mitigar sobornos y premiar la meritocracia. En suma, en una mejor gobernanza. "Menos corrupción significa una menor fuga de ingresos y menos desperdicio en gastos, y una mayor calidad de la educación pública y la infraestructura", resume el informe.

La institución con sede en Washington revela que la relación entre menor corrupción y mayor recaudación de ingresos se mantiene tanto en países desarrollados, como emergentes y en desarrollo. "Entre las economías avanzadas, un país que se encuentra en el cuartil más alto en términos de control de la corrupción logra recaudar, de media, un 4,5% más de PIB vía ingresos fiscales que un país en el cuartil más bajo", detalla.

Entre los países con economías emergentes, la brecha recaudatoria alcanza el 2,75% del PIB, mientras que en aquellos con ingresos más bajos, la diferencia de recaudación fiscal entre los que son más y menos corruptos llega al 4% del PIB.

De la misma forma, en cuanto a la inversión pública, el estudio muestra que una economía emergente en el cuartil superior en lucha contra la corrupción desperdicia la mitad de los recursos públicos que uno situado en el cuartil más bajo.

El caso de europeo y español

El Fondo menciona como ejemplo a seguir el sistema de alerta o de "banderas rojas" puesto en marcha por la Comisión Europea para tratar de minimizar el riesgo de corrupción y fraude en la contratación pública. No obstante, señala a España, Italia y Grecia, como los países de la UE con "los resultados más insatisfactorios", aunque añade que valora el "progreso" realizado por el Gobierno español tras la adopción en 2018 de una nueva legislación sobre contratación pública.

Entre los indicadores más importantes que recoge el sistema de control de la Comisión Europea, prosigue el FMI, destacan la proporción de contratos adjudicados con un solo actor, el número de concursos o procedimientos otorgados sin licitación o concurso; y el valor de la contratación pública anunciada a las empresas, es decir, el acceso y la apertura de la contratación pública.

Otras recomendaciones para atajar la corrupción

Ciertos sectores productivos o ámbitos de actividad son más proclives a la corrupción que otros. Según explica el FMI, otros estudios previos muestran que las industrias extractivas como la minería y la petrolera son focos de corrupción, así como la adquisición y administración de empresas estatales. Para frenar las corruptelas en estas áreas, el Fondo cita la transparencia y supervisión como elementos claves, pero además, la existencia de una prensa libre y una sociedad civil fuerte como catalizadores necesarios.

También aconseja el uso de la tecnología para combatir el fraude. Menciona, por ejemplo, las compras online como una forma rápida y fácil de rastrear operaciones, o la "contratación electrónica", como una iniciativa relativamente barata que puede abrir los procesos a mejores agentes, ampliar la competencia, y recudir costes, citando a Corea del Sur como uno de los países que más profundamente han implementado este sistema."                       (Cinco Días, 04/05/19)

3.1.19

Cada año se paga un billón de dólares en sobornos, y se calcula que se roban 2,6 billones de dólares anuales mediante la corrupción, lo que suma por encima del 5% del producto interior bruto mundial...

"Cada año se paga un billón de dólares en sobornos, y se calcula que se roban 2,6 billones de dólares anuales mediante la corrupción, lo que suma por encima del 5% del producto interior bruto mundial. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo se pierde por culpa de la corrupción una cantidad de dinero diez veces mayor que la dedicada a la asistencia para el desarrollo.

Todo esto demuestra que la corrupción es un delito grave que frena el desarrollo económico y social en todas las sociedades. Ningún país, región, municipio, instituciones o empresas públicas o privadas es inmune. ¡Es un cáncer!

La historia, como nos dice Walter Sheidel en su libro The great leveler, nos deja una triste lección: desde la Edad de Piedra hasta el siglo XXI está presente tanto la corrupción en sus distintas formas como las desigualdades. Su tesis es muy dura: la desigualdad nunca desaparece pacíficamente; siempre ha sido a través de los muchos choques violentos que la historia de la humanidad ha reproducido: guerras, sublevaciones ante tratos inhumanos, revoluciones ideológicas en intentos de transformar la sociedad. 

Han sido intentos violentos de transformar la sociedad, sus instituciones o la soberanía, por colapso de los Estados y algunas veces también por catástrofes climatológicas o físicas, y la corrupción siempre ha estado presente como una sombra en estos procesos. Ha sido la violencia, nos dice Sheidel, la que ha conseguido destruir las fortunas de los ricos de este mundo. 

Por eso se pregunta el autor: ¿si hoy la violencia se ha reducido, aparentemente, será posible que la desigualdad y sus consecuencias queden bloqueadas en ese statu quo existente? Que todo cambie para que no cambie nada: el lampedusianismo de la globalización y la revolución 4.0. ¿Habremos llegado a la historia plana de un mundo desigual inmóvil por el miedo a moverse, y ausencia de valores?

¿Puede ser que en el futuro se pierda la perspectiva de luchar para eliminar las desigualdades y la corrupción, y que el precio de una paz estructural sea vivir en una sociedad desigual y corrupta? Hay que situar esta discusión en la vida social con claridad y con dureza, para que reflexionemos y avivemos las respuestas desde la ciudadanía.

 Para aportar soluciones en las nuevas ecuaciones de corresponsabilidad social hay que buscar esos algoritmos que tenemos que construir entre todos, y fortalecer con una cadena de compromisos (un blockchain sociopolítico) que contribuya al empoderamiento de la ciudadanía.

El primer paso debería ser una sociedad transparente, porque no se puede hacer un giro social desde la opacidad, la corrupción, el despilfarro y la descarada utilización de las “fake news” para descalificar a quienes discrepan.

El segundo paso es una ciudadanía activa y comprometida, ejerciendo su derecho de soberanía constitucional de construir su progreso y controlar el positivismo legislativo, hoy en manos de los lobbies financieros.

El tercer paso es la independencia de las instituciones de control. Las ciudadanas y ciudadanos deben convertirse en lo que Walter Sheider llama “efectos niveladores” de las sociedades. 
Son soluciones abiertas, como la práctica de la rendición de cuentas, para que salten las alertas de lo que no funciona en las instituciones públicas y que las instituciones de control actúen. 
Porque alertar socialmente es una misión preventiva para que los asaltantes de los recursos públicos no se los lleven ocultos en los muchos vericuetos de unas estructuras opacas.

El cuarto paso es establecer hitos que señalen el camino, señales claras de a dónde se dirige la sociedad: la defensa de las pensiones, Salario mínimo decente, salud pública, educación, vivienda digna y tantos derechos reconocidos en los principios constitucionales cuyo desarrollo está pendiente.

Hay que encontrar soluciones para superar el que los cambios sean producto de guerras de movilización de masas, revoluciones transformadoras, colapsos de Estados o catástrofes: han destruido el poder o la fortuna de los ricos de cada época, pero no han resuelto nada. 

Aspiramos a que los cambios necesarios se logren a través de una nueva gobernanza en la que instituciones independientes aporten su fortaleza, la ciudadanía revitalice el sistema democrático, la economía se transforme en un sistema de reparto de bienestar y en donde los organismos internacionales ejerzan su función de reequilibrio de un sistema insensible.

 Los Objetivos para el Desarrollo Sostenible marcados por la ONU para 2030 abogan por esta nueva forma de gobernanza que logre sociedades e instituciones justas. Reflexionemos un día como hoy, iniciemos su aplicación en la vida diaria y tomemos medidas antes de que sea demasiado tarde."               

( , Economistas frente a la crisis, 12/23/18.

15.12.17

La corrupción es planetaria... y tiene una dimensión sistémica. Es un proceso que funciona como un círculo vicioso: desigualdad → baja confianza en el sistema político → corrupción → aumento de la desigualdad

"¿Quién puede evaluar el coste de los daños causados por las prácticas corruptoras de Odebrecht? Para dar una idea, una insignificante esquirla de ese grupo blanqueó en España  26 millones de euros, el equivalente al importe del salario mínimo anual de 2625 personas. 

Habría que añadir ceros y ceros para calcular el monto total de lo calculable. Cambiando de escenario, el Eurobarómetro de 2014 revelaba que más de tres cuartas partes de los entrevistados pensaban que la corrupción estaba generalizada en su país; más de la mitad consideraba que se había incrementado en los últimos tres años. 

Un estudio de RAND Europa para el Parlamento europeo estima que la UE pierde entre  179 y 990.000 millones de euros cada año, incluyendo efectos directos e indirectos, debido a la corrupción. Los cuernos de la horquilla dan idea de la dificultad de afinar en la medida. 

Hace dos años la CNMV cifró en 48.000 millones la factura de la corrupción en la contratación pública. Estas anécdotas evidencian la distribución geográfica –dimensión planetaria– y la profundidad sociológica –dimensión sistémica o estructural– de la corrupción. 

Los daños estrictamente económicos son una pequeña parte del total porque la corrupción, a través de sus efectos inmediatos y  colaterales, es un fenómeno social total que puede representarse metafóricamente en la figura de la hidra. 

Como admite un informe de la UE: “Sin embargo, el verdadero costo social de la corrupción no puede medirse simplemente por la cantidad de sobornos pagados o fondos públicos desviados. Además de permitir que florezcan las ineficiencias económicas, la corrupción afecta negativamente a los objetivos del gobierno, que van desde una mejor distribución del ingreso hasta una mejor protección del medio ambiente. 

Lo que es más importante, la corrupción socava la confianza en los gobiernos, las instituciones públicas y la democracia en general”. En la cartografía oscura de la corrupción cabe destacar varios planos: ético (destruye la fibra moral de los seres humanos, reducidos a meros medios), social (pervierte las reglas de juego y distorsiona los criterios de justicia para la distribución de recursos), psicológico (daña la confianza y la autoestima de la ciudadanía damnificada y deshumaniza a los responsables), y político, al que se dedicará este artículo. 

El 9 de diciembre es el Día Internacional contra la Corrupción y el 10  de los Derechos Humanos. Esta proximidad cronológica puede tener algo más que un alcance simbólico. 

Robert I Rotberg, autor de The Corruption Cure: How Citizens and Leaders Can Combat Graft (2017), propuso la creación de un Tribunal Internacional Anticorrupción, habida cuenta de que los sistema judiciales nacionales no pueden ser operativos si los tribunales son permeables a la influencia, y la magistrada  guatemalteca Claudia Escobar ha caracterizado la corrupción como una violación de los derechos humanos, en la línea de otras propuestas encaminadas a crear la figura de los crímenes económicos contra la humanidad, algo que probablemente sería aplicable a prácticas de corporaciones como Odebrecht.   

Pero el término inicial del círculo vicioso que aquí se ventila no es la corrupción sino  la desigualdad. Eduardo Larraz, exconsejero delegado de Arpegio e imputado en el caso Púnica, y su mujer piden 10.000 euros al mes para subsistencia, porque entienden que es lo mínimo para llegar a fin de mes. 

Al matrimonio le fueron descubiertos 146 lingotes de oro en un banco suizo. Uno de los efectos del oro es que hace perder el sentido de la realidad (a veces también de la humanidad).  Los Larraz no deben saber que 10.000 euros son más de lo se gana en doce meses de salario mínimo. Millet (caso Palau) pagaba el tabaco con billetes de 500 euros. Probablemente ninguno de estos y otros implicados tiene conciencia de la gravedad del delito de corrupción, arropados en esa especie de creencia implícita de que la corrupción es un delito sin víctimas. 

Pero de su gravedad da cuenta desde hace tiempo la literatura sociológica. En White Collar Crime (1961), Edwin Sutherland sostenía que los delincuentes de cuello blanco son los más peligrosos para la sociedad en cuanto a los efectos sobre la propiedad  y las instituciones sociales; son depredadores sociales que minan la moral pública y destrozan la organización social. 

En la misma dirección y partiendo de la tesis de Robert Putnam sobre el capital social, Mark E. Warren concluye que la corrupción es capital social malo y que este tipo de capital tiene más probabilidades de producirse en aquellas condiciones en que quienes soportan los costes de la externalidades negativas –las víctimas– carecen de recursos para resistirse a ellas. 

Warren apunta en una dirección congruente con el grueso de la filosofía política: “la teoría democrática sugiere la existencia de una conexión estrecha entre la distribución desigual del contexto de poderes (empowerments) y el funcionamiento negativo del capital social”.  

Una consideración que remite a una apreciación compartida: “la corrupción es profundamente subversiva para la democracia, porque mina los principios democráticos que estipulan que las personas deben tener las mismas oportunidades para influir sobre el debate público y el mismo poder en cuanto a la toma de decisiones”. 

Pero la corrupción adquiere una nueva coloración cuando se la relaciona con otra variable, con la cual mantiene una relación simbiótica porque se refuerzan mutuamente, la desigualdad. El politólogo Eric M. Uslaner ha explorado este campo en un ensayo titulado Corrupción, desigualdad y confianza y en elaboraciones posteriores. 

Si la corrupción funciona como una trampa que genera círculos viciosos, la desigualdad cumple las mismas funciones pero en una escala más amplia que da cabida a aquella. Según Uslaner, la desigualdad alimenta la corrupción por tres vías complementarias: 

1) impulsando a los ciudadanos a ver la política como un sistema hostil, 

2) generando en ellos un sentimiento de dependencia  y de pesimismo ante el futuro que mina el compromiso de tratar moralmente a los vecinos y 

3) distorsionando las instituciones competentes para garantizar la justicia y la imparcialidad. 

De este modo se instala un modelo de proceso que funciona como un círculo vicioso:   desigualdad → baja confianza en el sistema político → corrupción → aumento de la desigualdad. 

Uslaner coincide con Warren en que la corrupción es “capital social malo” y, a la vez, un capital social que tiende a perpetuarse a través de malas prácticas, que resultan posibles gracias a la captura de las instituciones por las élites poderosas. Pero para romper ese círculo hay que situarse más arriba: “combatir la corrupción significa atajar el problema de la desigualdad”. 

La conexión entre los dos términos sirve de inspiración a un estudio detallado de Jong-Sung You. En ese estudio You propone una secuencia causal que enlaza la desigualdad con la corrupción. El primer impacto de la desigualdad es que escinde la sociedad entre una élite económica poderosa y una masa empobrecida. 

La primera ejerce su influencia de dos maneras: la captura y el clientelismo. La captura de la élite poderosa se expresa a través de prácticas como el soborno o las contribuciones a la financiación opaca de  líderes, partidos y campañas políticas que los benefician. El clientelismo, por su parte, se expresa en versiones distintas de corrupción política y compra de voto, así como el patrocinio y la corrupción burocrática.  

La teoría política clásica coincide en asignar una función social, no meramente individual o egoísta, a la propiedad. La tesis weberiana sobre el origen del capitalismo incide en esta dirección subrayando el elemento ascético. El capitalismo que conocemos en este siglo no se reconoce, en términos generales,  ni en su talante ascético ni en su compromiso social. 

Para Adam Smith en su obra clásica, “ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros están en la pobreza y en la miseria”. La desigualdad genera una riqueza que se desentiende de su obligación normativa de ser útil. La corrupción es una de las funciones de la propiedad sin función. De la ascesis que el capitán de empresa se imponía a sí mismo hemos pasado a la austeridad externalizada. 

La desigualdad en la distribución de los recursos tiene el poder de replicarse, como constató La Boétie refiriéndose a la situación que provocaría la revolución por excelencia: “los tiranos cuanto más saquean más exigen; cuanto más depredan y destruyen tanto más se les da, se les sirve; y tanto más se refuerzan y se vuelven cada vez más poderosos y más dispuestos para aniquilar y destruir todo”. 

Las respuestas sociales a las desigualdades sangrantes ha  sido tradicionalmente dos: la resignación y la revolución. La primera, obviamente, no deja huella en los libros de historia. La segunda sí. Branko Milanovic, exdirector económico del Banco Mundial y autor de Global Inequality: A New Approach for the Age of Globalization, recuerda que la desigualdad fue determinante en el desencadenamiento de la primera Guerra Mundial y ha resultado igualmente decisiva en las cuatro grandes revoluciones de la era moderna: francesa, rusa, china e iraní. 

Puesto que la igualdad, en cuanto isonomía, es una nota definitoria de la democracia, sería de esperar que la extensión de este marco político acabara poniendo coto a las desigualdades. Pero en el momento presente hay dos fenómenos que interfieren en esta exigencia: el neoliberalismo y el populismo. 

Los contornos que ha venido a adquirir esta forma postmoderna de capitalismo que denominamos neoliberalismo hacen sumamente difícil marcar una divisoria clara entre la economía blanca y la negra. El propio sistema dibuja una amplia y elástica zona gris donde la legalidad pierde su brillo y su jurisdicción. 

Con la particularidad de que la escolástica liberal es la ortodoxia, económica y también en buena medida política, del momento. Los economistas son los sumos sacerdotes. La economía de la oferta es un artefacto de probada eficacia para bombear recursos desde la base hasta la cúspide de la pirámide social. 

Una persona avezada en estas transacciones tiraba de léxico religioso: madre superiora, capellán, mosén, misales… Era un recurso literario. W. Benjamin escribió un artículo, “El capitalismo como religión”, en el que afirmaba que “el capitalismo es, presumiblemente, el primer caso de un culto que no expía la culpa sino que la engendra. Aquí, este sistema religioso se arroja a un movimiento monstruoso. […] El capitalismo es una religión hecha de mero culto, sin dogma”.  

Los paraísos –otra importación del lenguaje teológico– fiscales son  el más allá venturoso para la cosecha de la desigualdad y hay miles de bufetes de especialistas financieros dedicados al sacerdocio de oficiar transacciones ilícitas y otros tantos de togas doradas encargados de defender a los pecadores pillados. 

Los técnicos de Hacienda han identificado hasta 130 paraísos fiscales, sin duda un material tentador para añadir a esa soberbia exposición sobre la cartografía que muestra ahora la Biblioteca Nacional. Gabriel Zucman, catedrático de la Universidad de California, estima que en torno a un 8 % de la riqueza mundial se oculta en paraísos fiscales (The Hidden Wealth of Nations —The Scourge of Tax Havens, 2015). 

A falta de dogma tenemos los textos sagrados que dan cuenta de su existencia: Papeles de Panamá, Paradise Papers (¡), LuxLeaks, más otros menos solemnes como la lista Falciani. Por no hablar de cajas B y otros artefactos opacos de esta teología de la expropiación. 

Naturalmente cada teología crea su propia legalidad. La desigualdad no es un pecado y la corrupción oscila entre el mérito o el pecado venial; fácilmente amnistiable. Cuando a Jordi Pujol le comentaron que sus hijos andaban en negocios sospechosos contestó que lo hacían mejor que los demás, y así quedó la cosa; incluida la historia de la herencia paterna. Las historias del ático de Ignacio González –implicado en el caso Lezo con el negocio del agua de por medio– y los regalos de Mato, son de la misma escuela discursiva. La permisividad y la amnistía son la regla en esa zona gris en la que reina un liberalismo amoral. 

Se ha caracterizado la democracia como un sistema de controles y contrapesos. Uno de ellos se refleja en la dialéctica entre estado (democracia) y mercado (sistema económico). Es una obviedad que en los últimos años el fiel ha basculado brutalmente del lado del último. La trinidad neoliberal –desregulación, privatización, liberalización– ha erosionado hasta límites insospechados la soberanía popular y el zócalo de los derechos sociales. 

Para ello se ha manufacturado una artillería retórica asentada en el mito de que la gestión privada es superior.  Lo que ha llevado a la merma de instancias de titularidad pública y está erosionando crudamente los pilares del estado social: sanidad, educación, agua, justicia, dependencia, pensiones. Defender la gestión pública es pura herejía y proponer gastos sociales pecado mortal. 

Del mito se desprende, asimismo,  de forma natural una cruzada mercantilizadora: nada puede sustraerse al mercado; todo es susceptible de compraventa, de los órganos a los recursos básicos, de la voluntad a la justicia. Los beneficios de los accionistas y los bonos se han convertido en el fulcro de la actividad económica. Los trabajadores son relegados al purgatorio de los costes laborales y las leyes no son más que estorbos que deben ser esquivados, torciendo su brazo o saltándoselas. 

Los castigos por estos delitos no causan estigma, no parece existir la pena social que correspondería a una transgresión insolidaria. Parecería que la corrupción misma es parte del mercado hasta el punto de que cabe hablar de un mercado de la corrupción,  con una demanda cada vez más cautiva por el crecimiento de la asimetría en la redistribución: Too big to fail, too big to jail. Nada está tampoco por encima del criterio del beneficio.

 La  finalidad económica se ha convertido en un fin en sí misma y ha capturado a la política. Las elecciones corren el riesgo de convertirse en un ritual sin mordiente efectivo, porque desde otras instancias rige un dogma inapelable, el de la disciplina de las reformas estructurales y los presupuestos austericidas.    

El otro escollo para la democracia es el populismo. El historiador Timothy Snyder escribe (Sobre la tiranía. Veinte lecciones para aprender del siglo XX, 2017): “Podríamos caer en la tentación de pensar que nuestro legado democrático nos protege automáticamente. Se trata de un reflejo equivocado.

 Nuestra tradición nos exige que examinemos la historia para comprender las profundas fuentes de la tiranía y que reflexionemos sobre la respuesta adecuada que hay que darle. No somos más sabios que los europeos que vieron cómo la democracia daba paso al fascismo, al nazismo o al comunismo durante el siglo XX”. 

Añade que los movimientos que desembocaron a la II Guerra Mundial fueron reacciones a las desigualdades y a la incapacidad de las democracias para hacerlas frente. Líderes mesiánicos encandilaron a las masas con los mitos de la raza, la nación o el imperio. Así, Weimar sucumbió en pocos años a las botas etnopopulistas (völkisch) del nazismo. Así, la razón se vio anegada por el mito y las emociones incandescentes que prometían devolver la grandeza perdida a las banderas. 

Make America great again, nos suena a déjà vu: la monserga del destino robado. No somos más listos pero somos probablemente más vulnerables. Goebbels no disponía de la división de cibermercenarios que han prestado unos servicios al parecer decisivos a Trump, los cruzados del Brexit, Marine Le Pen, Putin, Duterte, parece que también a los procesistas catalanes y antes a los liguistas, Berlusconi o Fujimori.

 El etnopopulismo no puede entenderse sin esta instancia de mediación que a través de las redes sociales produce realidades y verdades alternativas. Existe también un mercado de la (pos)verdad en la misma manzana del mercado de la corrupción. 

Con ello llegamos a la tercera pieza del argumento. Hemos visto la estrecha relación que existe entre desigualdad y corrupción. Estudios recientes han mostrado una conexión no menos inquietante entre corrupción y populismo. Un informe de Transparency International (Corruption and inequality: How populists mislead people) sostiene que el incremento de la percepción de la existencia de corrupción en los servicios públicos y de la impunidad que suele favorecer a los beneficiarios empuja a los países hacia líderes populistas que hacen del discurso contra las élites y de la promesa de acabar con la corrupción su bandera. 

El informe establece que “corrupción y desigualdad social están estrechamente relacionadas y son una fuente de malestar popular”; y añade que el “balance de los líderes populistas para hacer frente al problema es deprimente”. El estudio avala la tesis de la simbiosis, en términos más técnicos, la bidireccionalidad de la relación causal: los dos fenómenos interactúan en un círculo vicioso en el que la corrupción favorece la desigualdad en la distribución de poder y esta asimetría se traduce en una desigual distribución de riqueza y oportunidades.

 El título de uno de los apartados no puede ser más transparente: “captura del estado, corrupción a gran escala y muerte de la democracia”. Quizás habría que ir pensando en la figura de los delitos de lesa democracia. Entre tanto, han apuntado bien los organizadores de la “marcha contra la vergüenza”, que ha recorrido varias ciudades israelíes el 2 de diciembre pasado, precisamente para protestar contra la corrupción y el intento de Netanyahu de forzar las leyes para asegurarse la impunidad tras varios casos que le afectan.

 Vergüenza que  cabe sentir la ciudadanía de cualquier país afectado  por  haber elegido a esos políticos y haberlos colocado en las altas instituciones del estado, las que nos representan. 

A la vista de ciertos resultados electorales, parece claro que el populismo ha sabido aprovecharse del extendido descontento con un sistema o un régimen corrupto, presentándose como solución. 

Acaso el populismo es una suerte de clientelismo emocional que, como el otro, se aprovecha de la vulnerabilidad de los más pobres a los que, huérfanos de la protección que les debe el estado, no les queda otro remedio que agarrarse a estas soluciones mágicas y peores que la enfermedad. El populista pesca en el caladero de las frustraciones y capitaliza los resentimientos nacidos de la desafección hacia la instituciones (incapaces de proveer los servicios básicos) y la rabia contra la desigualdad (expectativas fallidas). 

En la medida en que el populismo pone el foco en el líder en vez de en el partido o la organización contribuye a menguar la confianza política (el líder populista es a menudo antisistema) y a debilitar la responsabilidad del electorado.

 La confianza es un factor clave. Como sostiene otro minucioso estudio, la corrupción debilita la confianza en las instituciones políticas y los populistas explotan esa veta del descontento. Por eso la recuperación de la confianza en la integridad de la política es la pieza clave para salir del círculo vicioso.   (...)

La democracia tiene entonces que combatir una hidra de tres cabezas: la desigualdad, la corrupción y el populismo. El coste social de la desigualdad queda reflejado en estas palabras de alguien tan poco sospechoso de izquierdismo como el conde de Chateaubriand en sus Memorias de Ultratumba.  

A la pregunta de si “un estado político donde unos pocos tienen millones, mientras que otros se mueren de hambre, puede subsistir cuando la religión no está ya ahí, con sus esperanzas fuera de este mundo, para explicar el sacrificio”, responde en vísperas de las revoluciones de 1848: “La excesiva desproporción de las condiciones y fortunas se puede soportar mientras se haya ocultado, pero tan pronto como esta desproporción es percibida de manera general, el golpe mortal está dado. 

Recomponer, si se puede, las ficciones aristocráticas e intentar convencer al pobre, pero cuando sepa leer no creerá más; intentar persuadirlo de que debe someterse a todas las privaciones mientras que su vecino posee miles de veces más lo superfluo. Como último recurso, deberán matarlos.”  

Desgraciadamente el populismo nos ha enseñado que no basta con saber leer, hace falta saber lo que se lee y lo que se escucha. El impacto de la corrupción también lo conocemos y no hace falta recurrir a la sofisticación de los modelos matemáticos de regresión y otros que hacen las delicias de los economistas. 

Yves Mény y Donatella Della Porta (eds. Démocratie et corruption en Europe, 1995) lo resumen en pocas palabras: “La corrupción pone en peligro los valores mismos del sistema: la democracia es herida en el corazón; la corrupción sustituye el interés público por el privado, mina los fundamentos del Estado de Derecho, niega los principios de igualdad y de transparencia favoreciendo el acceso privilegiado y secreto de ciertos agentes a los recursos públicos”. 

Se ha dicho que la corrupción es una de las consecuencias de la desigualdad y que las dos juntas alumbran el descontento (o el cinismo: recordemos algunos argumentos desde posiciones supuestamente progresistas apoyando a Trump) de que se alimenta el populismo, un “síntoma mórbido de una crisis política”, según Franz Bauman. 

No somos más listos que los europeos de los tiempos de la República de Weimar, pero podemos aprovecharnos de su experiencia.  (...)"                   

(Martín Alonso Zarza , Politólogo, autor de ‘No tenemos sueños baratos’. Una historia cultural de la crisis. CTXT, 08/12/17)

11.1.17

Existe una captura del Estado por parte de grandes compañías 'clientelares' que copan el dinero público para sobrevivir, perjudicando al resto de la economía

"Los problemas que más preocupan a los españoles, según el avance de resultados del mes de octubre del CIS, son el paro (71,3%), la corrupción y el fraude (37,6%), los políticos en general, los partidos, la política (29,5)% y los problemas de índole económico (24,2%). 

Los cuatro problemas están relacionados, esto es, la corrupción en la política provoca que la economía no funcione correctamente y, en consecuencia, aumente el paro. Esto es, al menos, lo que pretendo explicar en las siguientes líneas. (...)

El “cambio de modelo productivo” es un asunto que se puso de moda hace más de una década durante el vértigo de la burbuja.  (...)

Más actualmente, y tras el rally electoral del último año, si en algo están de acuerdo todos los partidos es en la necesidad de este cambio. Pero, ¿por qué no se da? La respuesta a esta pregunta nos lleva a esa primera relación entre corrupción política y economía.

En un trabajo titulado“ Growing like Spain: 1995-2007ii”,, los autores señalan que el crecimiento económico en este espacio de tiempo se debió más a la acumulación de factores que a un aumento de la productividad. Mientras en España se crecía a un 3,5%, la productividad de los factores descendía a una tasa de 0,7%. 

La explicación que, desde la clase política, se nos acostumbra a dar es la de que los factores se desplazaron a sectores poco productivos, como el de la construcción. Pero esta explicación no se soporta con la evidencia encontrada. Lo importante de este trabajo es que la explicación entre esa disminución de la productividad durante tanto tiempo (particular el caso español) puede deberse al comportamiento que tuvieron las empresas de sectores que necesitan del gobierno para sobrevivir (obras públicas, energía, etc.). 

Si los gobiernos hubiesen destinado una mayor parte de los recursos a empresas “no clientelares” la productividad hubiese crecido a una tasa de 0,3%. Muy interesante, pues según este resultado, no fueron causas de restricciones financieras, problemas del mercado de trabajo, pero tampoco de competitividad, los que había detrás de la pérdida de productividad en nuestra economía.

Algunos pensaréis que, si el crecimiento se produjo gracias a la acumulación de factores, entre ellos factor trabajo, serviría para reducir el paro. Efectivamente, en un primer momento, pero no así a largo plazo, donde la tasa de paro de la economía sería siempre más alta y las condiciones laborales peores, por su baja productividad.

Otras de las consecuencias de la existencia de corrupción en un país es la dificultad para atraer inversión extranjera directa, pues los inversores prefieren entornos más estables y con mayor seguridad jurídica. Además, en estos entornos, las industrias nacionales juegan con cierta ventaja al conocer los recovecos a través de los cuales poder beneficiarse.

En definitiva, lo que está apuntando, a falta de un estudio más profundo, es que existe una cierta captura del Estado por parte de esas compañías que están atrayendo dinero público para poder sobrevivir, perjudicando con ello al resto de la economía. Ejemplos de todo ello no resulta difícil encontrarlos: las autopistas radiales de Madrid, obras faraónicas por toda la geografía, rotondas, aeropuertos, colegios que se construyen con malos materiales, etc. Todas inversiones perfectas para colarnos los sobrecostes y alguna que otra comisión.

Si algo tan evidente no ha tenido respuesta por parte de la sociedad en las urnas puede deberse a que nos da igual el país que les dejemos a nuestros jóvenes, a la famosa indefensión aprendida consecuencia de tantos años de sometimiento a las estructuras del Antiguo Régimen o bien, a una característica propia de la sociedad española, preferimos sentirnos súbditos a ciudadanos. 

Nos encanta la división entre privilegiados y no privilegiados. Somos amantes de escudriñar como son las vidas de los de arriba, nos gustaría que un golpe de suerte nos situara en ese estrato social y, por eso, solemos imitarlos. La gran corrupción en estas alturas de la pirámide social encuentra su mimetismo en la base de la misma. El fraude al Estado, trabajar en negro, facturas sin IVA, etc. lo tenemos asumido como algo normal. Ahogándonos y nadando hacia abajo.

El cambio de modelo productivo debe venir precedido por unos cambios previos en la sociedad. La regeneración de todas las instituciones de esta primera etapa democrática post-franquista, que no puede ser implementada (sólo) por los privilegiados y bajo la amenaza militar pues caeríamos, otra vez, en el mismo error. Dentro de esta regeneración incluyo el modelo de Estado, propio del siglo XVIII tras la Guerra de Sucesión. 

También, la aplicación del artículo 6 de la Constitución Española, que reclama a los partidos políticos su papel de canalizadores de la voluntad del pueblo, mediante una estructura y funcionamiento interno democrático (se evitarían golpes como el sufrido en el PSOE en octubreiii) y, por supuesto, la asunción por parte de toda la sociedad de su responsabilidad en el correcto funcionamiento del sistema democrático, lo que parece requerir de una Ley de Educación muy alejada de la LOMCE. (...)      

i) García-Santana UPF, M., Gse, B., Enrique Moral-Benito Banco de España Josep Pijoan-Mas CEMFI, C., & Roberto Ramos Banco de España, C. (2016). Growing like Spain: 1995-2007 *.        (Economistas sin fronteras, eldiario.es, 02/12/16

3.3.15

Sin perseguir y castigar a los ladrones y criminales de cuello blanco que han provocado la crisis, no saldremos de ella

"El escándalo vergonzoso de las tarjetas de Caja Madrid (que posiblemente debe haberse dado en muchas otras cajas) pone sobre la mesa un presupuesto sobre el que coinciden muchos economistas desde hace mucho tiempo: la confianza y la probidad son condiciones fundamentales sin las cuales es muy difícil que se produzca progreso económico.(...)

Desde entonces, otros economistas e investigadores han demostrado, incluso con experimentos de laboratorio como los de Paul Zak, profesor de economía y fundador de un conocido centro de neuroeconomía en California, que la confianza es la base de la actividad económica y que, como mostró también el Nobel Douglas North, su ausencia es lo que puede explicar el atraso y la mala gestión económica en muchos países y épocas históricas.

 Los estudios del primero indican que fortalecer el estado de derecho aumentando las libertades, reducir las desigualdades y la corrupción y facilitar el entendimiento interpersonal son factores decisivos para generar una “buena política” y que ésta es la que promueve la confianza que es el fundamento de la prosperidad permanente. Y un economista del Banco Mundial, Steve Knack, incluso ha llegado a evaluar lo que llama “la economía de la confianza”, afirmando que es la mayor responsable de la ventaja económica de Estados Unidos sobre otros países.

Otros estudios de Yann Algan y Pierre Cahuc, entre otros muchos, han comprobado que la confianza influye directamente en la evolución a medio y largo plazo de la renta per cápita, y en la Chicago Booth School of Business se elabora un conocido indicador que muestra también que la confianza es determinante de la estabilidad de los mercados y las actividades financieras.

Son también muchos los economistas que consideran que la falta de confianza es lo que está impidiendo que se salga con prontitud y éxito de la crisis en la que estamos inmersos. 

Y esta idea, ya tan generalizada desde hace tanto tiempo, es la que lleva a considerar que será imposible recuperar la confianza en las instituciones y en las relaciones interpersonales necesarias para que haya de nuevo suficiente actividad económica generadora de riqueza sin que se persiga y condene a los responsables de todo lo que ha sucedido en la economía mundial y, en nuestro caso, en la española.

Así lo han defendido premios Nobel de Economía como Joseph Stiglitz o George Akerlof, quien subraya que dejar de castigar a los criminales de cuello blanco es un incentivo para que se cometan nuevos delitos económicos que destruyen la economía.

Sin embargo, lo que está ocurriendo en casi todo el mundo es justamente todo lo contrario. Los responsables de los grandes fraudes y estafas económicas tienen cada vez mayor impunidad porque han acumulado mucho poder político.

 Un estudio de la Syracuse University de Estados Unidos (sus resultados pueden verse aquí) demuestra que la persecución a los fraudes cometidos por entidades financieras viene disminuyendo en los últimos años, justo cuando en mayor número se han cometido. A Obama le cabe también el lamentable honor de perseguir este tipo de delitos en mucha menor medida que Reagan o Bush.

En España estamos llegando a niveles de impunidad y desvergüenza que no solo han destruido la confianza de la población en las instituciones y en la clase política y financiera, sino que producen ya una indignación que está a punto de crear otro tipo de problemas sociales.

No se puede dejar libres a los ladrones, por muy alta que sea su cuna, por muy grande que sea su influencia, por muy poderoso que sea el partido que lo encumbra, por muy abultada que sea su cartera o por muy alto que esté quien puede ser que caiga si cae el ladrón.

Sin perseguir y castigar a los ladrones y criminales de cuello blanco que han provocado la crisis, sean quienes sean, ni saldremos de ella ni podremos evitar que la otra crisis que nos espera sea mucho peor y más trágica."               (Juan Torres López, Publicado en Público.es el 3 de octubre de 2014, en Ganas de escribir, 05/10/2014)

8.1.14

En España, no faltan recursos; el problema es que las clases pudientes históricamente se consideran en el derecho de no cumplir con sus obligaciones fiscales.

"-En grandes líneas, ¿qué tipo de daño produce la corrupción a una economía nacional? ¿Dónde se ve el daño?

Los daños de la corrupción son enormes: agravan la crisis, perjudican al sector público y aumentan la desigualdad social. Pero todavía más. La corrupción destroza el entorno extra-económico de una economía, al afectar corrosivamente a la confianza de los ciudadanos, a la ética del trabajo bien hecho, a la calidad de la democracia y al funcionamiento de las instituciones. 

Sin un entorno sano la economía se colapsa y eso es una parte muy importante de lo que está pasando en este país.

-¿En qué manera la corrupción afecta a las cuentas públicas y al gasto público? ¿Qué tipo de factura pasa a los contribuyentes?

La corrupción reduce los ingresos públicos al escapar de la recaudación de impuestos, aumenta el gasto público improductivo al subir los costes de las licitaciones por no haber competencia y limita la capacidad inversora del Estado al sufrir éste una merma de recursos.

Los contribuyentes, es decir, los ciudadanos de a pie, en estas condiciones, se ven obligados a pagar más impuestos, a recibir menos y peores servicios públicos, y a pagar más caro los bienes que adquieren, porque previamente los corruptores han subido los precios en beneficio propio.

-¿Dónde faltan recursos en España, indirectamente, por la corrupción? ¿Se habría podido evitar, por ejemplo, una parte del programa de austeridad que ha tocado tanto a los sectores como educación o sanidad?

Efectivamente, podría anularse el déficit público si no hubiera evasión fiscal (se hace todo lo contrario, se amnistía el fraude por el propio gobierno). En España, no faltan recursos; el problema es que las clases pudientes históricamente se consideran en el derecho (¡Privilegio!) de no cumplir con sus obligaciones fiscales.

Los programas de austeridad en educación o sanidad podrían ser perfectamente evitables. No vienen determinados por el déficit, sino por intereses e ideología; es decir, por el negocio de su privatización y el conservadurismo anti-ilustrado de la derecha clerical española.

-A raíz del caso Bárcenas y otras investigaciones, hay sospechas de que se han creado sistemáticamente planes de infraestructuras innecesarias ¿cuál podría ser una solución sostenible para corregirlo y para evitar que vuelva a pasar?

Este es el caso de los “elefantes blancos” o proyectos públicos de difícil justificación económica por su naturaleza y dimensión (grandes proyectos que no están ajustados a las necesidades sociales).

La solución consistiría en que los proyectos fueran previamente evaluados con criterios razonables basados en el análisis coste/beneficio para la sociedad.

Evaluación que debe ser realizada indefectiblemente por un organismo independiente del gobierno. Y éste debe dar cuenta de sus decisiones para que los ciudadanos podamos valorar si son el resultado de la búsqueda del interés general o del interés particular de los grupos de presión involucrados en el negocio de las infraestructuras.

-¿La recuperación económica y la salida de la crisis podría ser diferente sin el lastre de la corrupción en los países del Sur y en el caso de España?

Sin duda, la corrupción está afectando a los componentes de salida de la crisis, como son el consumo, la inversión y las exportaciones. Las actividades corruptas al ser improductivas no crean empleo ni ayudan a paliar la enorme tasa de desempleo (27%, más de seis millones de parados), con lo que no se reactiva la capacidad adquisitiva ni el consumo de las familias.

Además, absorben fondos en detrimento de la inversión pública y privada. Y no estimulan el comercio exterior porque los corruptores viven de las subvenciones, los beneficios de monopolio y las regulaciones a medida; y no de su capacidad competitiva y de la generación de valor añadido, que son fundamentales para la presencia de España en los mercados exteriores. (...)"            (Entrevista a José María Mella . Público, 01/01/2014)

8.10.13

Seis preguntas sobre la corrupción

"Me permito recoger aquí las respuestas al completo, para un reportaje sobre la corrupción (“El alto coste del lado oscuro“, El País, 11/08/2013), a un cuestionario que me planteó el periodista Miguel Ánguel García Vega.

Primera, ¿Qué efectos microeconómicos tiene la corrupción?

La corrupción premia  las actividades no productivas buscadoras de rentas y castiga a los talentos creativos que promueven la elevación de la productividad y el crecimiento económico.

Segunda, ¿Y qué efectos macroeconómicos?

La corrupción está obstaculizando la salida de la crisis a la economía española: genera inestabilidad política, empeora la imagen del país, degrada la confianza inversora, eleva el riesgo y aumenta la incertidumbre económica. 

Ante una inversión nacional deprimida, disuade a la inversión extranjera, al hacer menos transparente y accesible el laberinto burocrático administrativo, al tiempo que aumenta la aversión a involucrarse en proyectos empresariales en un país con una alta corrupción percibida.

Tercera, ¿Hasta qué punto es un incentivo la corrupción de la inversión en bienes tangibles?

La corrupción en España se ha centrado básicamente en actividades vinculadas a bienes inmobiliarios (suelo, construcción, obras públicas), donde es relativamente fácil apropiarse de las rentas generadas a través de concesiones y relaciones privilegiadas con las administraciones públicas, tanto locales como autonómicas.

Cuarta, ¿Cómo afecta a las arcas públicas y a la iniciativa privada?

La corrupción afecta negativamente al erario  público por evasión fiscal y disminución de los ingresos tributarios, por incremento del gasto público improductivo al subir los costes de licitaciones no competitivas, por disminución de la capacidad inversora del Estado y por pérdida de calidad de los servicios para disminuir costes. 

También afecta a la iniciativa privada, porque la corrupción elimina la competencia al promover regulaciones ineficientes y amañadas para generar rentas. Los corruptores sólo pagan sobornos únicamente si esas rentas son de acceso restringido para sí mismos.

Quinta, ¿Cuál es el efecto sobre la desigualdad social? ¿Aumenta la pobreza y la diferencia de clases?

La corrupción tiene efectos inequitativos sobre la distribución de la renta. De hecho, la corrupción es un mecanismo depredador de los recursos de la sociedad: los desvía de la mayoría social hacia una minoría, bien conectada con los decisores públicos, que concentra la riqueza. 

Y es una actividad empobrecedora, porque reduce el gasto público social y provoca pérdidas en grandes proyectos públicos injustificables desde el punto de vista del análisis coste/beneficio.

Y sexta, ¿Qué recetas se pueden aplicar para evitarla?

Tres pueden ser las principales vías de actuación. La primera debe centrarse en la transparencia financiera de los partidos políticos, prohibiendo y persiguiendo las donaciones a los mismos procedentes de empresas reguladas o subvencionadas públicamente. 

Además, los partidos deben limitar los mandatos de sus cargos públicos, no incluir en sus listas a  encausados por corrupción y eliminar los privilegios de los aforados que con frecuencia les hace impunes ante el delito.

La segunda es hacer que el Tribunal de Cuentas funcione eficazmente, que no es el caso, para que audite y controle debidamente todas las transacciones; muy especialmente, las que tienen que ver con subvenciones, concesiones y todo tipo de ayudas públicas.

Y la tercera es garantizar el funcionamiento independiente de los órganos judiciales, dotándoles de un buen soporte informático, informativo y documental; aparte de unas fuerzas policiales bien preparadas con poder disuasorio frente a estas actividades.

Es evidente también que la participación ciudadana, la persecución y castigo de los culpables, el control de los elegidos por los electores, la rendición de cuentas y el funcionamiento no clientelar de los partidos, la  actuación de la Agencia Tributaria y la ejemplaridad del gobierno-parece que no está ni se la espera- son elementos todos ellos que podrían recuperar la tan deteriorada confianza de los ciudadanos en sus instituciones por causa de la corrupción."                  (José María Mella, Econonuestra, 22/08/2013)

4.2.11

La Mafia en Italia

"El país está dándose cuenta de que esta corrupción "gelatinosa", como han escrito los jueces que investigan el caso de Protección Civil, perjudica la modernización que necesita Italia, hunde el mercado y anula la competencia, impide la transparencia (por ejemplo en las contrataciones) y favorece no sólo la más absoluta discrecionalidad, sino los favores. Es decir, reproduce una Italia de malhechores que premia a los que forman corte y camarillas, a los peores, y empequeñece las oportunidades de todo el sistema. Esta asfixia de las energías sociales de autonomía y libertad es la que desembocó en la explosión pública de Tangentópolis. (...)

¿En qué punto nos encontramos hoy? Acaba de estallar un nuevo escándalo de grandes proporciones relacionado con las compañías telefónicas, con un sistema de estafas que ha arrebatado al fisco 370 millones de euros y, mediante la administración de un flujo de dinero de otros 2.200 millones de euros, ha creado fondos negros y cuentas ilícitas en el extranjero, barcos, Ferraris y joyas. En esta estafa se han colado las mafias: los jueces han ordenado la detención del senador de la derecha (PDL) Nicola Di Girolamo, al que acusan de haber sido elegido para el Parlamento con el apoyo de la 'ndrangheta, que alteró las papeletas electorales.

El senador, en nombre de la poderosa mafia calabresa, invertía en el extranjero los beneficios de la estafa telefónica y, de esa forma, blanqueaba una montaña de dinero con operaciones en bancos de otros países. Miles de millones ilícitos, estafa al Estado, mafias que entran tranquilamente en el Parlamento, deformando las instituciones y ocupando sectores del Estado, mientras impiden que el propio Estado entre de forma absolutamente legal en su territorio. (...)

Italia ha recibido 22 recomendaciones de Europa contra la corrupción, recomendaciones de tipo procesal, normativo y administrativo; el Tribunal de Cuentas acaba de denunciar que la corrupción asciende a 60.000 millones de euros cada año, como una tasa oculta de 1.000 euros anuales por cada italiano, incluidos los recién nacidos; las denuncias por corrupción se triplicaron en 2009, un aumento del 229%, y las exacciones arbitrarias aumentaron un 153%." (EZIO MAURO: La nueva Tangentópolis. El País, 28/02/2010, p. 37)

17.10.10

"La corrupción es el peor enemigo del desarrollo"

"En sus trabajos, Mokyr cuestiona la importancia de las ventajas comerciales, los bajos costes laborales o la abundancia de los recursos naturales como motores económicos. Por el contrario, eleva a los cielos la importancia de la educación y la innovación tecnológica y la eficiencia gubernamental como determinantes para el desarrollo sostenido.

En su discurso, el académico de la Universidad de Northwestern, en el Estado de Illinois (EE UU), enfatiza que el éxito de Occidente no se funda solo en las leyes del mercado, sino en el pensamiento y la cultura. Y para él, esta es una gran ventaja frente a las ponderadas economías emergentes de China, Rusia o India.

"El milagro chino está sobrevalorado. Es un país pobre y con unos estándares de vida muy por debajo de los occidentales... Pekín y Shanghái no reflejan la realidad de China, así como Nueva York no representa al resto de Estados Unidos... Yo no viviría allí, al menos no como un trabajador chino. Es un modelo que funciona sobre la base de bajos salarios y una moneda devaluada y, por encima de esto, es muy corrupto. Las empresas pagan a una lista cada vez más amplia de funcionarios y altos cargos del Partido Comunista. Ni el país más corrupto de Europa es comparable a China o a Rusia, una nación cuya podredumbre es más visible que la china y que lo está desangrando. (...) Y la corrupción es el peor enemigo del desarrollo".

Para Mokyr, un "Gobierno ineficiente paraliza la innovación tecnológica y acaba por naufragar en la corrupción". Hay una broma muy extendida en el mundo de los economistas: "Estados Unidos es un país de ricos en manos de un Gobierno pobre y China es un país de pobres en manos de un Gobierno rico". El profesor asiente: "En una economía sana, el Estado trabaja para crear un mayor bienestar, pero en China trabaja para llenar los bolsillos de sus funcionarios... La corrupción en el gigante asiático no es nueva ni fue creada por el Partido Comunista, empieza a mediados del siglo XVII con la dinastía Qing. La historia del país desde hace siglos no es muy alentadora, no han forjado la tradición de servicio público que existe en Alemania, Holanda o Europa en general".

"Una de las grandes aportaciones de la Ilustración, si no la mayor de ellas, es establecer que el principal propósito del rey es el de enriquecer a otros y no a sí mismo. Esta es la tendencia que impera en la Europa del siglo XIX y hoy es el principal capital de Occidente frente al desafío de China o India", enfatiza Mokyr. El profesor es muy consecuente con su tesis de que la Revolución Industrial no hubiese sido posible sin la innovación de las ideas y las instituciones, además de la tecnológica. Y que fue el legado intelectual de la Ilustración el que impulsa el cambio que transforma primero Reino Unido y luego el mundo. "Mire México... pocos países ejemplifican mejor el daño que causa la debilidad institucional en el desarrollo... La gente, las empresas están abandonando Monterrey, el corazón industrial y tecnológico del país", se lamenta.

Mokyr pone la educación al mismo nivel que la eficacia de la Administración pública para lograr el progreso. "Una nación sin educación jamás será próspera", dice tajante. "Estados Unidos tiene muchas de las mejores universidades del mundo y la relación entre el Gobierno, el mundo académico y la empresa es uno de los pilares del crecimiento del país.

Pero por debajo del nivel de Harvard, el MIT, Yale, Princeton o Stanford, el sistema está en franca decadencia por la falta de financiación. La Universidad de California, en otros tiempos un referente académico, se derrumba. Esta dejadez es un grave error y una estupidez en nombre de la austeridad fiscal. Es mejor legar a nuestros hijos y nietos un Estado educado que un Estado sin deudas", explica." (JOEL MOKYR: "La corrupción es el peor enemigo del desarrollo". El País, internacional, 16/10/2010, p. 6)

16.4.10

La población apenas percibe el perjuicio directo del enriquecimiento de los cargos públicos

"Por eso, cuando surge un gran escándalo de corrupción vinculado a altos cargos de un partido político, la principal preocupación de sus estrategas no siempre tiene como principal prioridad limpiar su imagen, sino más bien ensuciar la de su principal contrincante en las urnas. Este tipo de comportamientos, que están muy generalizados, según sociólogos y politólogos especialistas en el análisis de estos temas, deterioran enormemente la imagen de toda la clase política. "Todos los políticos son unos corruptos".

Esta tan manida como devastadora afirmación, para la política y para la democracia, se usa alegremente en la calle para poner en tela de juicio la gestión de todos los que acceden al poder. La presunción de inocencia se convierte así en el sentir popular en presunción de culpabilidad y el político se ve al final abocado a demostrar que no roba. (...)

"Un caso así afecta a la imagen de todos, pero la ciudadanía sabe distinguir. En una encuesta reciente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre el tema quedó claro que la gente ve ahora más corrupto al PP que al PSOE, incluso los votantes del PP" (...)

"No obstante", prosigue Villoria, "los políticos o la clase política son el tercer problema más importante para los españoles. Y este último dato surge a partir, sobre todo, del caso Gürtel y de la suma de casos de corrupción urbanística que se condensan a finales del 2009. Cuando la corrupción política aparece en primera página de la prensa de forma continua, una de las consecuencias es ésta, que la clase política se convierte en problema". (...)

El mensaje de que ha habido corrupción, presunto enriquecimiento ilícito mediante la utilización de cargos y fondos públicos, llega a la población, pero en la mayoría de los casos los ciudadanos lo perciben como casos ajenos a ellos, a su vida, señalan los analistas. No acaban de ver que dar una concesión de un terreno urbanizable por un valor inferior al real repercute en las arcas públicas del ayuntamiento correspondiente, lo que supone un perjuicio directo para los ciudadanos de ese municipio.

Se deja de ingresar en él dinero que se dedicaría a la sanidad, la educación o las carreteras de todos para destinarlo a fines ilícitos, del enriquecimiento individual a la financiación de una organización privada, como es un partido político.Esta baja percepción de las consecuencias de esta corrupción en la vida de los ciudadanos es uno de los factores que hace que el voto apenas se mueva. Al menos a corto plazo. A largo, la razón por la que se mueve suele ser el hartazgo.La estrategia de los partidos ante estos casos corruptos es diferente según el tamaño de la institución y el poder que tenga. (...)

"El ciudadano sí deduce cuándo un comportamiento es inmoral, indecente, aunque no conozca los detalles del caso", opina Hernando. "La gente intuye que la perjudicada por estos casos es toda la ciudadanía". (...)

A pesar de las explicaciones de los portavoces de los dos partidos mayoritarios, Lizcano insiste en que "el control interno de los partidos es manifiestamente mejorable y, de hecho, la nueva ley de financiación de los partidos les exige un mayor control interno". Y remite al último informe del Grupo de Estados Europeos contra la Corrupción (conocido como el Greco), que "pone de manifiesto que hay todavía lagunas en la legislación española, resalta que no existe suficiente información y tampoco un adecuado control en las fundaciones y empresas vinculadas a los partidos". Y añade Lizcano otra pega: "Se exige fundamentalmente control a nivel agregado o nacional, sin que los partidos informen sobre sus cuentas en las entidades locales, que es donde radican en muchas ocasionen los casos de corrupción, sobre todo urbanística".

El experto internacional en temas de corrupción y Gobierno Víctor Lapuente hace un detallado análisis desde el departamento de Ciencia Política de la Universidad de Gothenburg: "A nivel comparado, con independencia del contexto sociocultural y económico o de la ideología del partido, es frecuente encontrar sistemas políticos donde la corrupción tiene efectos electorales muy limitados. Pero parece que los medios de comunicación juegan un papel importante para limitarlo".

"La idea es que la corrupción daña lo más vulnerable y esencial para el desarrollo social, económico y político de un país, que es la confianza, tanto en las instituciones públicas, de lo que se habla bastante, como en el resto de nuestros conciudadanos, de lo que se habla muy poco, a pesar de que es importante. Lo que se denomina 'confianza social' (un concepto controvertido, pero muy relevante en ciencias sociales) se erosiona gravemente. La razón es que el hecho de que los agentes públicos sean corruptos, en lugar de imparciales, actúa como una señal para los ciudadanos de cuáles son las reglas de juego en la sociedad. Ello conlleva a un deterioro de las interacciones humanas, que genera efectos negativos, tanto económicos como sobre casi cualquier ámbito de la vida".

Los estudios corroboran estas afirmaciones. Los especialistas Holmberg, Rothstein y Nasiritousi, analizaron y resumieron en 2008 decenas de estudios sobre los efectos de la corrupción en hasta un centenar de países. En sus conclusiones se puede ver cómo la corrupción presenta unas correlaciones altísimas con todo lo malo que le pueda pasar a un país. Así, el resultado es que la corrupción lleva en muchos casos a estas consecuencias: menos crecimiento económico y menor renta per cápita; más paro; más desigualdad económica (la corrupción afecta más a los más desfavorecidos); menos esperanza de vida y menor percepción subjetiva de salud; peores indicadores de sostenibilidad medioambiental, y menos Estado del Bienestar en general. (...)

"No hay una conexión automática o espontánea entre revelación de corrupción y castigo electoral", coincide. "Hay toda una serie de factores o condiciones que median en esta relación. Si falla alguna de ellas, la conexión quiebra y puede no haber castigo. Las razones pueden ser muy diversas. Pero con mucha frecuencia (y este parece ser el caso en Valencia o en Murcia), la gente no es capaz de visualizar que exista realmente una alternativa creíble de gobierno. En esos dos casos, el PSOE ha estado inmerso en una interminable y demoledora batalla interna que los desacredita como opción de gobierno, lo que ha dejado un margen de actuación formidable para el PP". (...)

En relación con el control interno de los partidos, aporta la perspectiva internacional Víctor Lapuente: "El control interno de los partidos falla porque hay incentivos muy poderosos a no desvelar la corrupción de tus compañeros de partido. A diferencia de en otros países de nuestro entorno, los partidos en España son 'unidades de destino en lo universal' donde la lealtad, entendida en términos más personales que ideológicos, es un valor supremo". ¿Y qué pasa en el caso de que se produzcan los disensos internos dentro de un partido, tengan o no que ver con la corrupción? "Entonces es curioso ver que, mientras en otros países los partidos parecen dividirse un poco más de acuerdo con posicionamientos ideológicos -por ejemplo, se habla de 'el sector más liberal' frente al 'sector más conservador'-, en España, la lealtad interna parece que está más basada en relaciones personales -por ejemplo, zaplanistas o zapateristas, aguirristas o guerristas-", concluye.

Al poner ejemplos de otros países del entorno de España, todos los especialistas miran con mayor preocupación hacia la bota del mapa: "El caso más dramático de escándalos continuos de corrupción en una democracia avanzada es el de Italia", en palabras de Manuel Villoria. "La respuesta judicial se llamó mani pulite y no está de más compararlo con la España actual". (El País, ed. Galicia, Vida y artes, 15/03/2010, p. 32/3)