España forma parte de una lista de países europeos potencialmente afectados por la operativa de una
trama global
bajo investigación en Alemania y Dinamarca.
Según los procesos
judiciales en marcha, una red financiera con conexiones por todo el
mundo aprovechó un agujero legal para reclamar la
devolución de miles de millones de euros en impuestos nunca pagados en distintas jurisdicciones como Alemania y Dinamarca, pero también en España, Austria, Bélgica, Noruega o Suiza.
Varios estados tienen abiertas
causas judiciales contra los cabecillas de esta trama.
Sin embargo, sus esfuerzos se están viendo ralentizados por el hecho de
que los implicados están repartidos por todo el mundo. En nuestro país,
no hay ningún proceso en marcha, pero la
Fiscalía de Colonia tiene en su
punto de mira a filiales de entidades bancarias españolas, porque sospecha que facilitaron parte de la operativa de la trama.
Por su parte,
la Agencia Tributaria fue advertida del fraude en 2016
por funcionarios del fisco de Dinamarca, uno de los países más
perjudicados por el presunto desfalco. Sin embargo, fuentes oficiales
del organismo público aseguran que se llevaron a cabo pesquisas a raíz
de aquellos contactos, pero que se llegó a la conclusión de que los
sistemas de recogida de información en vigor en nuestro país eran más
robustos que los de otros países y
descartaban la existencia de fraude.
En cuanto a
Alemania, el caso arrancó en
2011,
cuando llegó a la Oficina Federal Central de Tributos una reclamación
de varios reembolsos fiscales que resultó sospechosa por varias razones.
Primero, porque eran inusualmente altos: en dos meses, el fondo de
pensiones estadounidense que reclamaba el dinero había comprado 6.400
millones de euros en acciones alemanas para venderlas poco después, y
ahora exigía al Estado alemán casi 54 millones de euros.
Por otro lado, el fondo tenía un único beneficiario:
Gregory Summers,
uno de los implicados de este entramado global que suma ya más de un
centenar de investigados. Summers aparece vinculado a dos de los fondos
de pensiones radicados en EEUU que se usaron para llevar a cabo el
presunto fraude: Acorn Capital Employee (ACC) y Acorn Capital Strategies
(ACS). La Fiscalía de Colonia detalla que ambos solicitaron a la
agencia tributaria alemana
reembolsos de impuestos por 108 millones solo en 2011.
Existe un tercer fondo,
Sander Gerber Pension Plan
(SGPP), que también está en el punto de mira de la Fiscalía. Dos de sus
beneficiarios eran la persona que dan nombre al plan, Sander Gerber
—también encausado por la Fiscalía alemana— y su mujer Tracy. El tercer
beneficiario del fondo de pensiones SGPP era una entidad, Aipac Tomorrow
Campaign. Todos esperaban beneficiarse de la solicitud para que la
Hacienda alemana les devolviera 42,7 millones de euros en 2011.
Un negocio solo para iniciados
Según otro de los implicados, perseguido en
Dinamarca por haber
saqueado presuntamente más de 1.000 millones de euros al fisco de ese país, la operativa que permitía el fraude era el reducto de una élite de banqueros muy especializados.
Los
negocios cum/ex, que así se llaman en el argot financiero, solo estaban al alcance de unos pocos, que
compraban y vendían millones de acciones en apenas unos días,
con el único fin de obtener certificados fiscales que les permitían
después reclamar devoluciones de impuestos que nadie había pagado, a
juicio de la Fiscalía de Colonia y la Oficina Federal Central de
Tributos alemana.
En eso precisamente consistían estas operaciones, que
están en el fondo del supuesto saqueo a las arcas públicas de media
Europa. De un modo muy resumido, se trata de
compraventas de acciones que involucran a bancos, brókeres, fondos de inversión y dueños de patrimonios millonarios, y que se producían en torno a la
fecha en que compañías cotizadas abonaban sus dividendos. Estas operaciones estaban perfectamente coordinadas y generaban
reembolsos fiscales
a los que los solicitantes no tenían derecho, a juicio de quienes ahora
las investigan. Las cantidades podían alcanzar las decenas de millones
de euros por demandante en un solo año.
Uno de esos iniciados, de acuerdo con el sumario de la causa al que ha tenido acceso El Confidencial, era
Salim Mohamed.
Este corredor de maratones aficionado —un tipo muy inteligente, con
mucha sangre fría y despiadado, según quienes le conocen— llevaba toda
su vida trabajando en la banca de inversión y, más concretamente, en
productos relacionados con el denominado arbitraje de dividendos, una
práctica que consiste en buscar el modo de reducir al mínimo los
impuestos que se pagan por la remuneración al accionista. Mohamed se
había especializado en las operaciones cum/ex, una versión sofisticada y
muy rentable de este tipo de transacciones.
En medio de la
crisis financiera, Mohamed había decidido independizarse y montar su propio negocio: en 2009, puso en marcha
EQI Asset Management,
una empresa dedicada a la gestión de activos financieros. En realidad,
lo que pretendía era empezar a embolsarse directamente las ganancias que
hasta entonces se habían llevado sus jefes. Para poner en marcha sus
ideas necesitaba dinero, de modo que
buscó un fondo de inversión con capacidad de captar el capital necesario. Así encontró a
Günter Graw,
un exempleado de Deutsche Bank que, tras abandonar la entidad con una
jugosa indemnización, decidió crear el fondo luxemburgués Sheridan
Sicav-FIS.
Graw necesitaba una estrategia de inversión y
Mohamed, dinero para llevar la suya a cabo. Así, embarcaron en el
proyecto a otro de los actores de este drama: el
banco suizo Sarasin. Esta 'boutique' financiera con sede en Basilea vendió a sus adinerados clientes un producto que
aseguraba rentabilidades de entre el 10 y el 12% anual
en plena crisis económica y con los tipos de interés por los suelos.
Demasiado tentador para resistirse. Algunos de los clientes de Sarasin,
ahora personados en la causa como perjudicados, llegaron a pedir
créditos de hasta 25 millones de euros para invertir en un producto tan
goloso.
En 2010, Sheridan Sicav-FIS creó una
estructura empresarial en Malta.
“La idea del producto ya existía en 2009, en colaboración con EQI
[Asset Management], un gestor de activos de Londres”, cuenta Günter Graw
ante la policía de Luxemburgo, que le tomó declaración por petición de
la Fiscalía de Colonia. “Se trataba de una estrategia de arbitraje [de
dividendos] con acciones españolas”. España era el objetivo principal,
dice Graw, por el “beneficioso” acuerdo de doble imposición entre
nuestro país y Malta, que les permitía reclamar a la Agencia Tributaria
reembolsos fiscales de hasta el 95% del dividendo bruto.
Según una de las presentaciones que EQI Asset
Management que obra en la causa, la sociedad de Salim Mohamed preparó en
marzo de 2011 la estructura que él y Graw montaron en Malta, con la que
pretendía reclamar a la Hacienda española más de cuatro millones
de euros solo ese año. La idea de España como objetivo de la trama se
ve reforzada por el acta de una reunión del consejo de administración de
una de las empresas para las que trabajaba EQI y que se incluye en el
sumario del caso. En ella se explica cómo, durante el último trimestre
de
2010, se llevaron a cabo “con éxito”
una serie de operaciones en mercados europeos “con el objetivo de
beneficiarse de oportunidades de arbitraje [de dividendos] (...). Estas
operaciones
se centraron principalmente en valores españoles”. El acta de otra reunión en junio de 2012 vuelve a mencionar España entre los países donde se han realizado transacciones.
Para el trámite burocrático, EQI Asset Management, o
lo que es lo mismo, Salim Mohamed, contrató a la compañía Global
Equities. “Nosotros ya hacíamos las solicitudes [de reembolso] para
Duet
[el fondo de inversión donde trabajaba Mohamed antes de establecerse
por su cuenta]”, explicaba Silke Ohle, la responsable de Global
Equities, ante la policía alemana. Su trabajo era gestionar las
reclamaciones de devolución ante la Hacienda española, entre otros
países. “En Alemania y Austria, los funcionarios tenían que certificar
la residencia de la compañía [que pedía el reembolso] cada vez.
En España, solo necesitabas hacerlo una vez al año”,
detallaba Ohle, demostrando hasta qué punto estaba familiarizada con el
proceso administrativo necesario para obtener los reintegros en nuestro
país.
El
sumario de la causa apunta a que España habría sido una de las víctimas
de la trama, aunque no se han podido poner cifras al fraude global
España siempre fue uno de los países sobre los que
los miembros de esta “banda organizada”, como la denominan los
investigadores, habían puesto sus ojos.
Hanno Berger,
un exinspector de Hacienda alemana que se pasó al lado oscuro y al que
la Fiscalía de Colonia coloca en el centro del entramado como muñidor
del presunto fraude, ya se interesó por la posibilidad de
hacer negocios cum/ex con acciones de compañías españolas poco
antes de estallar la crisis financiera.
Uno de los 'e-mails' contenidos en la causa, fechado en agosto de 2007 y
dirigido a Berger, le informa de que “la estructura se está llevando a
cabo actualmente en España”, pero advierte de que “la administración
tributaria no debe descubrir que los participantes actúan de común
acuerdo (…). Hasta ahora, la administración tributaria en España todavía
no ha descubierto este tipo de estructuras”.
Según el sumario, Berger tenía en su poder
dos informes de la sucursal madrileña del
bufete de abogados Freshfields,
emitidos en 2007 y 2009, que acreditaban que la estructura “funcionaba”
en nuestro país. Los dictámenes fueron elaborados, conforme al relato
de Berger, por el entonces responsable de la oficina en Madrid de
Freshfields,
Miguel Klingenberg, que ahora es director general de asuntos legales en la petrolera Repsol.
Además, otra socia del bufete,
Silvia Paternain,
firmó un nuevo documento para EQI Asset Management, la empresa de Salim
Mohamed, en marzo de 2012. Miembros de la trama califican este informe
de “hoja de ruta” para cometer el presunto fraude en nuestro país. Tanto
Klingenberg como Freshfields han declinado hacer declaraciones al
respecto.
El aviso danés a la Agencia Tributaria
El sumario de la causa apunta a que España habría
sido una de las víctimas de la trama, aunque los investigadores alemanes
no han podido ponerle cifras al fraude global. En aquel país, donde las
operaciones cum/ex se han desarrollado durante más tiempo, las
estimaciones más conservadoras hablan de
más de 7.000 millones de euros sustraídos a las arcas públicas. SKAT, la agencia tributaria danesa, calcula que el presunto desfalco en su caso ronda los 1.700 millones.
En España,
la Agencia Tributaria asegura que esta práctica es de difícil traslación a nuestro país, porque los sistemas de captación de datos son
más refinados que los de países como Dinamarca.
Añaden, eso sí, que este tipo de fraude no es técnicamente imposible
cuando fallan los sistemas de suministro de información o en el caso de
que exista algún tipo de colusión entre los participantes. Es decir, si
actúan de forma concertada. Tal y como la Fiscalía de Colonia y los
implicados describen la operativa cum/ex, esa era precisamente la piedra
de toque de toda la estructura: los implicados se ponían de acuerdo,
pero lo ocultaban al fisco para poder obtener los reembolsos.
Desde la administración tributaria, admiten que se
abonaron reembolsos a compañías que llevaban a cabo estas prácticas,
pero alegan que, suponiendo que las devoluciones hubieran sido
indebidas, el asunto ya habría prescrito. Aseguran además que las
cantidades abonadas no son ni de lejos las que se manejan en otros
países afectados y que
apenas alcanzarían unas decenas de miles de euros anuales durante un periodo de cinco años.
Estas afirmaciones contrastan con lo que declara uno de los testigos clave de la Fiscalía de Colonia en este caso. “
Alemania era con seguridad el mercado más grande en Europa.
Otros que he visto eran países grandes como Francia, España e Italia,
pero también otros más pequeños, como Austria, Bélgica o Dinamarca, han
sido populares para este tipo de transacciones.
En cada uno de ellos
había diferencias en la regulación, así que las operaciones, la
estructura, se adaptaban un poco, pero en el fondo las consecuencias las
pagaba siempre el contribuyente de cada país”, dice este arrepentido en
una entrevista exclusiva con los medios alemanes '
ARD Panorama',
Correctiv, 'Zeit' y '
Zeit Online'.
Según ha podido confirmar El Confidencial, dos funcionarios del organismo español recibieron en
2016 un correo electrónico de sus homólogos daneses
advirtiéndoles del posible desfalco
que ellos habían detectado en su país y que sospechaban que podría
estar ocurriendo en otros estados europeos.
Es más, adjuntaban un dosier
en el que se detallaba en qué consistía la operativa y se ofrecían a
ayudarles.
La Agencia Tributaria confirma haber recibido la comunicación danesa,
que describen como una circular remitida a una larga nómina de países, y
aseguran que varios departamentos del organismo iniciaron pesquisas,
aunque se llegó a la conclusión de que los sistemas estaban
suficientemente protegidos y de que aquí no existían las debilidades que
habían permitido en otros países las prácticas ahora sospechosas.
El hecho de que en España no haya ninguna
investigación por parte de la Justicia hace muy difícil estimar el
importe del presunto fraude, puesto que todos los procesos que están
abiertos en otros estados europeos se centran en acotar el daño sufrido
dentro de sus propias fronteras. En palabras del arrepentido, “
Francia y España están descubriendo ahora que han sido víctimas del fraude. Todavía están tratando de armar el puzle”.
(Olaya Argüeso, El Confidencial, 18/10/18)