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15.11.23

Así paga la Justicia en España a quiénes osan enfrentarse a la mafia: condenados a nueve años de cárcel el juez y el fiscal que investigaron al magnate de la noche balear, Cursach

 "El Tribunal Superior de Justicia de Balears (TSJIB) ha condenado a nueve años de cárcel al exjuez Manuel Penalva y al exfiscal Miguel Ángel Subirán, quienes durante cerca de tres años buscaron desentrañar las supuestas actividades corruptas del empresario mallorquín Bartolomé Cursach para salvaguardar su autoridad en la noche balear. Asimismo, ha impuesto tres años y diez meses para el subinspector de la Policía Nacional Miguel Ángel Blanco, un año y dos meses para la inspectora Blanca Ruiz y dos años y cuatro meses al agente Iván Bandera, quienes colaboraban con ambos juristas al frente de las anteriores investigaciones. Es la primera vez que la Justicia condena en bloque a un juez, a un fiscal y a varios policías.

Las penas contrastan con los 118 años de cárcel y los 121 años y nueve meses que la Fiscalía Anticorrupción reclamaba, respectivamente, para Penalva y Subirán, las mayores formuladas contra un juez y un fiscal en España. Con todo, el tribunal ha establecido en siete años y medio el plazo máximo de condena que deberán cumplir ambos acusados. 

 La sentencia, de cerca de 500 páginas, considera probado que todos ellos desplegaron diversas prácticas ilegales para incriminar a varios investigados por hechos de los que, tras un turbulento peregrinaje judicial, acabaron finalmente absueltos. Entre tales actuales, el tribunal, presidido por el magistrado Diego Gómez Reino, sostiene que Penalva y Subirán incurrieron en tres delitos de obstrucción a la Justicia, un delito de coacciones y otro de omisión del deber de perseguir filtraciones al filtrar información mientras el caso Cursach se encontraba bajo secreto sumarial.

Los acusados llevaron a cabo tales prácticas en una de las líneas de investigación en las que se desgajó el más conocido como caso Cursach, la relativa al supuesto amaño del concurso para adjudicar el servicio de regulación del aparcamiento (ORA) en Palma y el presunto cobro de comisiones por parte del exconcejal y exdiputado del PP Álvaro Gijón y el exdirigente histórico popular José María Rodríguez.

Se trata de un fleco en el que, en octubre de 2016, fueron arrestados varios empresarios, los funcionarios que integraban la mesa de contratación del Ajuntament de Palma que tramitó el expediente y los padres y el hermano de Gijón, a quien los ahora acusados atribuían haber obtenido la mitad de un soborno de aproximadamente un 1,2 millones de euros y un piso a cambio de amañar el concurso. Tales acusaciones fueron efectuadas por un testigo protegido que aseguraba que dentro del PP era “vox populi” la alteración del expediente y el cobro del cohecho. Las pesquisas fueron finalmente archivadas ante la ausencia de indicios delictivos contra todos ellos.

En este sentido, el tribunal condena al juez, al fiscal y a los policías condenados a indemnizar junta y solidariamente a Álvaro Gijón por daño moral en la cantidad de 6.500 euros.

 En su resolución, los magistrados consideran probado que fueron detenidas personas inocentes pero aprecian que en el momento de las detenciones existían sospechas de que el concurso de la ORA podía haber sido amañado y de que los arrestados participaron en mayor o menor medida en los hechos. Asimismo, la Sala entiende que las detenciones de los padres y el hermano de Gijón, aunque estaban soportadas en sospechas de delito, fueron instrumentales y tuvieron por objeto presionar al político para que confesara su participación en la manipulación del concurso. Pese a ello, el tribunal no condena a los acusados por el delito de detención ilegal sobre la familia Gijón por un “déficit” en la acusación.

Al margen de esta causa, Penalva y Subirán tienen pendientes otras investigaciones contra ellos: la Audiencia Provincial de Balears, que el año pasado juzgó a Cursach y a otros 16 acusados por la presunta trama mafiosa que buscaron apuntalar los dos juristas, y de la que todos los procesados resultaron absueltos, ordenó investigar por nuevos delitos -prevaricación, detención ilegal y coacciones a testigos- a exjuez y exfiscal y, por presunto falso testimonio, a 17 testigos que comparecieron durante el macrojuicio. Entre ellos, varios empresarios que, como acusaciones particulares en la vista oral, sostenían que Cursach intentó hundir sus negocios mediante extorsiones y a quienes tanto Penalva como Subirán habrían utilizado para sostener sus investigaciones."              (Esther Ballesteros, eldiario.es, 15/11/23)

4.10.23

Acusaciones falsas de pederastia y bulos sobre su vida íntima: así se fraguó el acoso contra el fiscal Subirán en el 'caso Cursach': dos policías locales de Palma de Mallorca, según le informan, han irrumpido en una reunión de la cúpula policial en el Cuartel de San Fernando de la capital balear lanzando amenazas contra la jueza del Juzgado de Instrucción 12 de Palma, Carmen González, que les investigaba, y contra él propio fiscal... Las amenazas sobre tiros a una juez y a un fiscal acabaron en nada. Se abrió una investigación, pero ninguno de los mandos policiales presentes en la reunión dio la misma versión: uno estaba mirando por la ventana y no se enteró de nada; otro escuchó los insultos a la jueza pero no los referidos al fiscal; y así con todos los presentes

 "Verano de 2015. El fiscal Miguel Ángel Subirán pone en conocimiento de sus superiores que dos policías locales de Palma de Mallorca, según le informan, han irrumpido en una reunión de la cúpula policial en el Cuartel de San Fernando de la capital balear lanzando amenazas contra la jueza del Juzgado de Instrucción 12 de Palma, Carmen González, que les investigaba, y contra él propio fiscal.

"Vais a conseguir que con una pistola haga una tontería", "Me da igual 20 que 30 años", expresiones que recogió la prensa local según fuentes presenciales, mencionando que los agentes se estaban refiriendo al "mariconazo del fiscal" y a la "hija de puta de la juez". 

Las amenazas sobre tiros a una juez y a un fiscal acabaron en nada. Se abrió una investigación, pero ninguno de los mandos policiales presentes en la reunión dio la misma versión: uno estaba mirando por la ventana y no se enteró de nada; otro escuchó los insultos a la jueza pero no los referidos al fiscal; y así con todos los presentes. Comenzaba entonces una larga campaña de acoso para el fiscal Subirán en completa soledad.

El motivo fue la investigación en curso entonces sobre la mafia en la Policía Local de Palma y sus vinculaciones con el Grupo Cursach, el más poderoso emporio empresarial de la noche mallorquina, liderado por Bartolomé Cursach. El caso Cursach, cuya investigación realizada por el fiscal Subirán y por el juez que sustituyó a Carmen González cuando esta pidió el traslado, en ese mismo verano de 2015, Manuel Penalva, ha quedado desnortado al no llevar la Fiscalía Anticorrupción todas las pruebas, audios y testigos. Los 17 procesados han quedado absueltos en medio del perdón pronunciado al borde del llanto por el fiscal Tomás Herranz.

En cambio, el juez Penalva y el fiscal Subirán van a ser enjuiciados en unos meses. Contra ellos penden acusaciones de revelación de secretos, detenciones ilegales y obstrucción a la justicia en varias piezas derivadas de la investigación sobre la mafia policial. En total, la Fiscalía Anticorrupción pide 118 años para Penalva y 121 para Subirán. 

Según ha podido saber Público, en su escrito de defensa el fiscal Subirán ha incorporado una grabación sobre la campaña de acoso que sufrió y que incluso le situaba como investigado por delitos de pederastia en los juzgados de Inca (Mallorca). Una trampa para periodistas, a tenor del contenido y del contexto del audio. En la grabación, el fiscal se cerciora de que la persona, un periodista, que le transmitió esa información la recuerda de cara a una posible testifical en el juicio.

Falsa causa abierta por pederastia

SUBIRÁN: Lo primero, lo de siempre, ¿te pillo bien, te pillo mal?
PERIODISTA: Sí, sí, me pillas bien, conduciendo con el manos libres, pero bien.
S: Bueno, mira, te quería decir lo siguiente: el abogado nuestro, si sigues un poco la película, Barinaga, un abogado de Logroño que nos sigue, bueno, ha hecho uso, bueno, en un escrito, ha hecho uso o va a hacer uso de aquello que me contaste tú de Garau que te había, que os había dicho a vosotros, los periodistas o los medios de comunicación, que yo tenía abierta una causa en los juzgados de Inca por pedofilia o pederastia o como se diga.
P: Sí, me suena. Ahora mismo al 100% no me acuerdo.
S: ¿Te acuerdas que estando aquí en la MDQ coincidimos comiendo un bocata y me lo contaste?
P: ¿Eh? Sí, correcto. Sí.
S: Bueno, pues no era, más ni menos, que esto. Que el abogado me lo ha contado esta mañana y a mí no me ha parecido bien no contártelo a ti. Ya está. ¿Me entiendes? Eso. Fui yo además el que te pregunté al final: "¿Pero quién te ha dicho eso?" y me dijeses tú: "Jaime Garau". Ya está. Punto.
P: Sí, correcto.
S: Correcto, sí. Se lo he contado al abogado y el abogado ha hecho uso de esto. 

Este diario ha intentado ponerse en contacto con Jaime Garau, policía local de Palma de Mallorca, sin éxito: ni ha respondido al teléfono ni ha contestado al correo electrónico enviado durante la tarde de este lunes. 

Garau fue procesado en la pieza separada Talavera del caso Cursach por un presunto delito de obstrucción a la justicia, junto con un funcionario de prisiones. Ambos estaban acusados de intimidar a 'el Ico', hijo de la narcotraficante La Paca, para que firmara en la cárcel una carta retractándose de las declaraciones que había hecho sobre Garau por cobrarle presuntamente mordidas para no acabar cerrándole su bar de copas. Jaime Garau resultó absuelto.

Según ha podido saber este diario, Subirán conoció la confidencia en 2019 y la puso en conocimiento de sus superiores: presuntamente un policía se estaba encargando de divulgar que estaba siendo investigado por pederastia. Pero la Fiscalía no tomó cartas en el asunto, según ha podido saber este diario de fuentes jurídicas. 

Robos, seguimientos y allanamientos

El juez Penalva y el fiscal Subirán han recibido todo tipo de amenazas, seguimientos, allanamiento de sus domicilios, robos y campañas difamatorias en buena parte de la prensa local. Dos veces se encontraron la puerta de sus casas abiertas de par en par, en una clara amenaza, les quemaron los coches, al fiscal le robaron la moto. El acoso acabó con sus carreras y hoy están jubilados por estrés traumático. 

Fuentes cercanas a Miguel Ángel Subirán relatan a este diario el episodio vivido por el fiscal en el que un individuo del Este le sorprendió por la noche y le insultó, pasándose el dedo por el cuello en varias ocasiones en señal de amenaza y le presionó en el hombro hasta que Subirán acabó arrodillado en el suelo frente a él.

El entorno de Bartolomé Cursach, los policías investigados y sus abogados iniciaron una campaña en prensa para desacreditar al juez Penalva y al fiscal Subirán, al que incluso llegaron a tildar de "desequilibrado", como pudo comprobar este diario. Algunos medios de comunicación baleares parecían el altavoz de los investigados. 

A esta campaña en prensa se unió el hallazgo, gracias a la intervención de las conversaciones telefónicas de dos periodistas de Palma y al posterior requisamiento de sus móviles, de un chat que mantenían Subirán y varios agentes de la Unidad de Blanqueo de Capitales que intervenían en la investigación. Basándose en el contenido de los mensajes, los abogados de los investigados denunciaron presiones del fiscal y del juez a los testigos que sostenían las acusaciones en el caso. 

Recientemente el Tribunal Superior de Justicia de Baleares ha anulado como prueba la información obtenida mediante la incautación de los móviles a los dos periodistas de Mallorca, lo que podría influir en el juicio contra el juez y el fiscal ya que nunca se habría llegado al chat mencionado sin el espionaje a los informadores.

Insinuaciones de relaciones entre el fiscal y un policía

Pero la campaña contra el fiscal y el juez también procede de la propia Fiscalía Anticorrupción. El fiscal Tomás Herranz indicó en su informe final en el juicio del caso Cursach que Subirán no investigó a un policía porque mantenía una relación sentimental con él, según había manifestado un testigo. Sin embargo, nadie testificó en el juicio sobre ese rumor, según ha comprobado Público. ¿De dónde sacó Herranz semejante información como para lanzarla en el alegato final de la Fiscalía?

La Fiscalía General del Estado tiene la oportunidad de poder responder a esta pregunta, de llegar al fondo del asunto. El policía sobre el que se refirió Herranz, Vicente Gómez, le ha denunciado ante la Fiscalía General por esa insinuación falsa y carente de sustento, según su denuncia. Junto a su hermano, Juan Miguel, también policía, han puesto en conocimiento del fiscal general las acusaciones que vertió el fiscal Herranz contra ambos, que acudieron al juicio como testigos de la vinculación de los policías mafiosos con el Grupo Cursach."                   (Ana María Pascual , Público, 28/02/23)

28.4.23

Cursach pagó más de 150.000 euros en fiestas sexuales para cargos del PP, según la agenda de un prostíbulo mallorquín

 "Junio de 2017, Palma de Mallorca. Una mujer recibe una brutal paliza en el portal de su domicilio cuando se disponía a tirar la basura. Dos sicarios la tiran al suelo, la apalean, causándole una herida seria en la pierna. Antes de marcharse lanzan una amenaza: "Si no quitas las denuncias, te mataremos y terminarás bajo tierra". La mujer tuvo que ser ingresada en el hospital de Son Espases, de Palma.

Pese a la agresión y las amenazas, la mujer se mantiene firme en su decisión de colaborar con la Justicia. Tres meses antes había acudido voluntariamente al Juzgado de Instrucción 12 de la capital balear, donde el juez Manuel Penalva y el fiscal Anticorrupción Miguel Ángel Subirán investigaban la trama policial relacionada el magnate de la noche mallorquina Bartolomé Cursach, que por entonces ya estaba en prisión provisional [ingresó el 3 de marzo de 2017 hasta el 28 de abril de 2018].

La mujer declaró que varios policías locales y varios políticos recibían servicios sexuales gratuitos pagados por Cursach, que en la isla es conocido como Tolo Cursach. La mujer lo sabía porque tenía en su poder una agenda o cuaderno que había pertenecido a la madame del prostíbulo donde trabajaba. La encargada había muerto y ella se había apropiado de la agenda como su sucesora.

Tras la brutal agresión sufrida a manos de dos sicarios, la mujer decide dar un paso más y entrega en el juzgado aquella agenda que muestra los presuntos pagos a cuenta de Cursach de servicios sexuales a varios agentes de la Policía Local y a dos personajes políticos de primera magnitud por entonces en la isla. Público ha podido acceder a dicha agenda, que está judicializada; en concreto está aportada en la causa abierta en el Tribunal Superior de Justicia de Balears contra el juez Penalva, el fiscal Subirán y seis agentes del Grupo de Blanqueo de la Policía Nacional. Según reflejan los apuntes plasmados en la agenda, las fiestas sexuales con cargo a Cursach superan los 150.000 euros. No todos los servicios indican el precio final, por lo que no es aventurado deducir que la cifra definitiva puede superar con creces esa cifra.

Uno de los altos cargos del PP mencionados en la agenda es José María Rodríguez Barberá, de 75 años, expresidente del PP de Palma, exsecretario general del partido, exconseller de Interior, delegado del Gobierno en las Illes Balears y senador. En aquel momento era el concejal de Interior y Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Palma. El otro político señalado en la agenda era su número dos, Álvaro Gijón, en aquellos momentos, concejal en el consistorio y diputado en el Parlament Balear

La autenticidad del cuaderno o agenda de la testigo protegida, algunas de cuyas páginas desvela Público en exclusiva a lo largo de este artículo, no fue puesta en duda; de hecho, los investigadores realizaron una pormenorizada investigación sobre las revelaciones de la mujer. Así, constataron que, en efecto, en el segundo piso de un edificio de la calle Lluís Martí de Palma se ubicó un prostíbulo que suministraba mujeres prostituidas para fiestas en propiedades de Cursach, como la discoteca Tito's y fincas repartidas por la isla.

Sobre la identidad de los dos políticos del PP y de dos mandos de la Policía Local que también aparecen, como los exintendentes Antonio Vera Martínez y Juan Miguel Mut García, los investigadores pudieron comprobar que en efecto se trataba de ellos, como ha podido saber este diario al acceder al informe policial. La agenda da referencias explícitas. Por ejemplo, "Ayuntamiento, sr. Rodríguez", siendo este el único concejal con ese apellido, pero además aparecía su teléfono móvil institucional. Lo mismo ocurre en el caso de Gijón, al que en el ambiente del prostíbulo llamaban 'el principito'. 

Cumpleaños en el prostíbulo

La agenda, que cubre parte de 2014 y el año 2015 prácticamente entero, muestra episodios repulsivos. Por ejemplo, el 29 de agosto de 2015, para celebrar el cumpleaños de Rodríguez, al que se califica como "morboso", se montó una fiesta cuyo coste alcanzó la cifra de 14.000 euros. "Preparar tres chicas y tartas", consta en el cuaderno. Otras fiestas disfrutadas por Rodríguez, según la agenda, resultaron más caras: 23.000 euros y hasta 36.000 euros. 

En el primer caso se trató de una fiesta navideña, a las 17.00 horas: "Avisa llega después de una comida con amigos"; "viene con un compi ("Andrés P.P."); "avisar a Tolo", "Justificar?"

En el segundo caso, que recoge el precio más alto de los que constan en la agenda judicializada, 36.000 euros, la fiesta se prolongó 12 horas del viernes y tres horas del sábado por la mañana. En total, se consumieron 26 botellas de alcohol. 

"Paga Tolo, pasar por Mega"

El dinero no era problema, según declaró la encargada del prostíbulo (que acabó convirtiéndose en la testigo protegida 31 de la causa), porque lo ponía Bartolomé Cursach. En el caso de la fiesta de 36.000 euros, el apunte indica: "Cobrar Tolo-Mega [en referencia al Megasport y Megapark, el centro de deportes y ocio de Bartolomé Cursach en Palma]"; "Llamar a las 12. Esperar pista pádel central. Esperar que salga". 

José María Rodríguez Barberá (primo carnal de Rita Barberá), Álvaro Gijón, y los comisarios Antonio Vera y Juan Miguel Mut llegaron a estar investigados, junto a Cursach, por cohecho impropio, es decir, el realizado no para obtener un beneficio inmediato sino para lograr que el funcionario o cargo público que ha recibido el obsequio se sienta en deuda con el agasajador.

Las revelaciones de la agenda fueron corroboradas por testimonios de camareros de la discoteca Tito's, mujeres prostituidas y agentes de la Policía Local. Este diario ha podido acceder a algunas de dichas declaraciones que señalan al magnate Cursach como el pagador de esas actividades.

Por ejemplo, una mujer prostituida reconoció a Gijón en una fiesta sexual en una finca de Cursach y a media docena de agentes de la Policía Local como receptores de servicios sexuales que ellos no abonaban, sino el empresario y su entorno. Llama la atención que los testigos reconocieron a los mismos policías de entre numerosas fotografías mostradas, tal y como apuntan fuentes jurídicas.

El fiscal Carrau retiró los cargos

La encargada del prostíbulo de la calle Lluís Martí de Palma declaró varias veces durante la instrucción de la causa Cursach, manteniéndose firme en sus manifestaciones y en el contenido de su cuaderno. Incluso se sometió a un careo con Rodríguez, Gijón y con el chófer de este último, ya que, según ella, acudía al burdel en coche oficial. Los tres negaron los hechos. Gijón dijo que era una persona decente y que no había ido nunca a prostíbulos, según ha podido saber este diario de fuentes jurídicas.

Sin embargo, el giro que experimentó la instrucción de la causa Cursach, una vez que el juez Penalva y el fiscal Subirán fueron apartados y terminaron investigados por presuntas presiones a los testigos, explica por qué la agenda y su dueña acabaron en un limbo y sin ninguna visibilidad en el juicio de la causa Cursach, del que todos los procesados, policías locales y directivos del grupo Cursach, incluido el magnate, fueron absueltos.

El fiscal Juan Carrau renunció, en un inexplicable giro de guion, a la testigo protegida número 31 y a cerca de sesenta testigos más que podrían haber confirmado no sólo las fiestas sexuales con las que Cursach presuntamente obsequiaba a policías locales y políticos, sino también cómo esos policías presuntamente amedrentaban con inspecciones y extorsiones a empresarios que eran competencia de Cursach. 

Respeto a Gijón y a Rodríguez, que está condenado en firme a tres años y medio por amaño de contratos públicos a favor de la empresa de publicidad Over Marketing, sus imputaciones cayeron en saco roto. No estaban acusados en la causa Cursach, pero sí en una de sus derivadas, el caso ORA, por amaño de la adjudicación de las máquinas de control de aparcamiento en Palma. La agenda iba a incorporarse a esta otra causa, pero sorpresivamente el fiscal Tomás Herranz retiró los cargos, ante la perplejidad del juez instructor, que llegó a plasmar esa extrañeza en el auto de archivo. 

Hay que recordar que Bartolomé Cursach constituye el paradigmático caso de un acusado absuelto pese a que jamás abrió la boca ni durante la instrucción de la causa ni durante el juicio. Se negó a declarar en todas las ocasiones. 

La dueña de la agenda llegó a desaparecer de Mallorca. Pero en 2019 el Tribunal Superior de Justicia de Balears ordenó localizarla para que declarara en la causa que se había abierto contra Penalva y Subirán, que serán juzgados en breve. 

Nueva oportunidad para la agenda

La testigo entonces cambió de versión, tras haber defendido durante años la autenticidad de la agenda, y declaró al juez instructor que la había confeccionado ella misma, y no la antigua madame, bajo el dictado del fiscal Subirán. El juez abrió procedimiento por falso testimonio contra ella y en estos momentos está siendo investigada, pendiente de juicio. No hay que olvidar ni la paliza que recibió esta mujer en 2017 ni las posibles presiones que soportaría hasta llegar a 2019 para que lograr que se retractara, como le ocurrió a otros testigos.

Pero la agenda tiene una nueva oportunidad. Al estar aportada a la causa del TSJ balear contra Subirán y Penalva podría servir ahora para evitar la impunidad de unos cargos públicos que pudieron aceptar servicios sexuales como regalos."                 (Ana María Pascual, Público, 28/04/23)

26.1.23

La historia de cómo el juez y el fiscal que investigaron al magnate Cursach han acabado perseguidos por la Justicia

 "La crónica del caso Cursach es la historia de una metamorfosis judicial. Tras investigar al empresario del ocio nocturno, el exjuez Manuel Penalva y el exfiscal Miguel Ángel Subirán se enfrentan al que muchos consideran uno de los mayores escándalos policiales y judiciales destapados a nivel nacional.

 En julio de 2018, el caso Cursach, que durante varios años se había centrado en desvelar un presunto entramado mafioso urdido para salvaguardar los intereses del magnate del ocio Bartolomé Cursach, saltaba por los aires. Tras meses de sospechas sobre supuestas irregularidades en las investigaciones, los abogados del considerado rey de la noche mallorquina y de su número dos, Bartolomé Sbert, ponían en entredicho la instrucción del procedimiento judicial al denunciar las filtraciones efectuadas a la prensa a pesar de que el caso se hallaba, desde hacía varios años, bajo secreto sumarial. Nada hacía sospechar todavía que aquella denuncia por supuesta revelación de secretos se convertiría en el germen de la que muchos consideran la antesala de uno de los mayores escándalos policiales y judiciales destapados a nivel nacional

 Y es que, más de cuatro años después, y tras un turbulento peregrinaje judicial, Cursach ha sido absuelto de la mayor causa de corrupción impulsada en los últimos años en Balears, la que le situaba en el epicentro de una trama político-policial dirigida a perpetuar su autoridad en la noche, mientras, en un giro de 180 grados, el juez y el fiscal que lo investigaron se enfrentan en la actualidad a las mayores peticiones de condena formuladas en España por la Fiscalía contra un magistrado y un representante del Ministerio Público: sobre cada uno pesan solicitudes de pena de más de cien años de cárcel por numerosos delitos presuntamente cometidos para apuntalar sus tesis mientras instruían el caso Cursach. Junto a ellos, se encuentran a las puertas del banquillo cuatro policías nacionales del Grupo de Blanqueo con los que trabajaron estrechamente. Los dos juristas niegan, sin embargo, la comisión de acto delictivo alguno y defienden el trabajo que llevaron a cabo al frente de la causa.

 La crónica del caso Cursach es la historia de una metamorfosis judicial. A lo largo de sus interminables vuelcos llegaron a trascender cargos por homicidio, narcotráfico, corrupción de menores o extorsión, a fabricarse falsas agresiones de supuestos sicarios del magnate, a esgrimir grabaciones como arma y a aflorar comprometedores mensajes de WhatsApp convertidos en piedra angular de las acusaciones que hoy pesan sobre aquellos que un día quisieron levantar las alfombras del mayor imperio del ocio de Balears. Con el transcurso de los años, la causa, que llegó a sumar más de un centenar de imputados, hasta cuarenta encarcelados y 45.000 folios, fue desinflándose poco a poco hasta quedar prácticamente dinamitada. Apenas unas piezas separadas sobreviven. En ninguna de ellas figura ya el nombre de Bartolomé Cursach.

Comienzan las investigaciones

Sin embargo, nada de todo ello podía presagiarse en 2013. Fue el año en que comenzó todo, cuando la Justicia puso el foco en el presunto amaño de un concurso, convocado el año anterior, para acceder a una plaza de oficial dentro de la Policía Local de Palma. Las incipientes pesquisas dieron pie, con el paso del tiempo, a una multitud de piezas separadas y a acusaciones en torno a una supuesta estructura criminal dirigida a instrumentalizar las distintas unidades policiales y aplacar, mediante extorsiones y amenazas, a cualquiera que pudiera hacer sombra a los negocios del magnate, quien comenzó su trayectoria como recogepelotas en el Mallorca Club de Tenis y acabó capitaneando las mayores discotecas de Balears, exclusivos gimnasios y hoteles e incluso una desaparecida aerolínea de vuelos chárter bautizada con sus siglas.

Con todo, no sería hasta mediados de 2015 cuando la existencia de una presunta estructura mafiosa integrada por policías y empresarios comenzaría a tomar forma. En junio de ese año, el juez Manuel Penalva, que lo había sido anteriormente de vigilancia penitenciaria y había servido en Juzgados de Alicante e Inca (Mallorca) antes de recalar en Palma, cogía las riendas del caso Cursach en sustitución de la anterior instructora, Carmen González. Decenas de testigos comenzaron a desfilar ante el magistrado y el fiscal Miguel Ángel Subirán. Hablaban, sobre todo, de extorsiones y amenazas. Uno de ellos, camarero del buque insignia del grupo Cursach, la discoteca Tito's (cuyas galas habían conquistado, décadas atrás y en plena apertura de Mallorca al turismo, a Marlene Dietrich, Ray Charles y Charles Aznavour), aseguraba, incluso, haber presenciado fiestas con sexo, alcohol y drogas en la sala VIP del local con las que se agasajaba a un nutrido número de policías locales a cambio de garantizar la protección del magnate, unas acusaciones que, años después, la Fiscalía echaría por tierra por falta de verosimilitud.

Por su parte, otra testigo aseguraba ser la madame en un burdel al que acudían altos cargos políticos del PP para participar en fiestas supuestamente costeadas por el empresario mallorquín. Los hechos también acabarían siendo tiempo después desechados por la Policía Nacional al señalar en un extenso informe que el prostíbulo nunca existió y que esas bacanales jamás se llevaron a cabo. La supuesta “empresaria de la prostitución”, como llegó a definirse y quien, con sus manifestaciones, copó buena parte de la actualidad tanto balear como nacional, denunció también agresiones que, según las posteriores investigaciones, nunca se produjeron, como la que aseguró haber sufrido a las puertas de su domicilio a manos de dos sicarios enviados por el entorno de Cursach. Un atestado policial señala incluso cómo la testigo llegó a asegurar a una compañera de piso que su madre pertenecía a ETA y que su tío era el expresidente del Gobierno Carlos Arias Navarro.

Cursach, enfrentado a quince delitos

Con toda esta ristra de acusaciones a sus espaldas, hasta una quincena de delitos recayeron entonces sobre el empresario del ocio. Entre ellos, los de homicidio -un testigo le había acusado de suministrar droga hasta la muerte a un extrabajador para evitar que salieran a la luz supuestas fotografías para probar conductas pedófilas, hechos de los que finalmente el empresario fue exculpado-, narcotráfico, corrupción de menores, pertenencia a organización criminal y extorsión. Ninguno de ellos ha logrado probarse a lo largo de estos años y, en la actualidad, tanto la supuesta madame como el camarero de Tito's están siendo investigados, junto a otros testigos, por un presunto delito de falso testimonio.

 Con todo, el 28 de febrero de 2017, Penalva ordenaba, a instancias de Subirán, detener a Cursach y a Sbert. Tres días después, los dos empresarios eran enviados a prisión sin fianza. Hasta entonces, apenas habían trascendido unas pocas imágenes del magnate, habitualmente alejado de las cámaras pero siempre envuelto en leyendas populares. Parapetado tras unas gafas oscuras de aviador, Cursach había comparecido en una ocasión en el Parlament balear para ser interpelado sobre las irregularidades que rodearon a la adjudicación de la mayor obra pública impulsada en Balears, el hospital de Son Espases, cerca de cuyos terrenos había adquirido una finca. Manifestó que desconocía que allí se iba a construir un hospital y que había adquirido el terreno porque entonces se creía que Palma iba a continuar su crecimiento en esa zona. E ironizó: “No lo compré para sembrar patatas”.

Tan solo dos semanas más tarde de que Cursach ingresara en prisión, eran arrestados el director de Tito's, el exjefe de camareros del establecimiento nocturno y otro extrabajador de la discoteca. Para entonces, decenas de policías locales de Palma llevaban ya meses encarcelados, varios de ellos dispersados en prisiones de la Península como Estremera y Albocàsser. 

Presiones a testigos: “A ver cómo atamos los cabos sueltos”

Apenas unos meses después de los encarcelamientos, los cimientos que sostenían las investigaciones comenzaron a tambalearse y las dudas sobre cómo se había llevado a cabo la instrucción empezaron a sobrevolar el caso Cursach, cuando trascendieron las supuestas presiones a las que había sido sometida la presunta madame, erigida hasta entonces en la principal testigo de la causa.

En el primer vuelco que sufría el caso, afloraron grabaciones y mensajes de WhatsApp que tanto Penalva como Subirán habían remitido a la mujer para indicarle qué debía declarar en un momento determinado. Entre ellos, se puede leer cómo el magistrado le infunde ánimos: “Ánimo, María José (…). Cuando quieras y puedas a ver cómo atamos los cabos sueltos para que no te dejen por mentirosa”; “Si hablas con alguna chica o chico que pueda confirmar que esta gentuza iba [al burdel] recuerda decirles que lo haremos de otra manera”. En otro momento, la testigo les responde: “Cuándo no he hecho lo que me habéis dicho, incluso el peor día es cuando lo hice mal en una declaración y os cabreasteis mucho en un careo” y “Aquí estoy por culpa de vosotros”.

 Los mensajes se convirtieron entonces en objeto de una primera querella contra juez y fiscal, desatando tras ello todo tipo de reacciones que comenzaban a comprometer las pesquisas. Junto a ello, el hecho de que el secreto de sumario del caso Cursach se prorrogase una y otra vez, viéndose así los abogados de los investigados imposibilitados a tener acceso a las investigaciones, es otra de las cuestiones a las que comenzaron a aferrarse las defensas de Cursach y otros investigados -ahora acusaciones- para alentar la tesis de que todo fue un montaje contra sus patrocinados. Asimismo, la publicación en prensa de qué era exactamente lo que las pesquisas perseguían e incluso de las diligencias que los investigadores tenían previsto practicar se convertiría en uno de los pilares sobre los que se sostienen las actuales investigaciones contra Penalva, Subirán y los cuatro policías nacionales.

Penalva, apartado del caso Cursach

La situación llegó a tal extremo que Penalva acabaría recusado y apartado de las investigaciones en marzo de 2018. Subirán, por su parte, se acogería a una baja laboral apenas unos meses después y sería definitivamente apartado de las pesquisas en octubre de ese año. Las normas de reparto hablaron y el incómodo caso Cursach llegó a manos del juez Miquel Florit. Tras las denuncias interpuestas por los abogados de Cursach y Sbert a raíz de las supuestas filtraciones mientras el caso se hallaba bajo secreto, en julio de ese año el veterano magistrado abría diligencias penales dirigidas a averiguar el origen de las revelaciones y, de la mano de la Policía Nacional, se introducía de lleno en la investigación de las presuntas prácticas delictivas llevadas a cabo durante la instrucción de la causa. 

Ante el cariz que comenzaron a tomar las pesquisas, con informes de la Policía Nacional apuntando al “clima de terror” presuntamente sembrado por Penalva y Subirán, dos de los policías de Blanqueo que habían trabajado mano a mano con ellos acabaron detenidos. Tras entregar sus teléfonos y autorizar el acceso a su contenido, el análisis de uno de los dispositivos reveló la existencia de un chat de WhatsApp que, bajo el nombre de 'Operación Sancus', mantenían abierto el juez, el fiscal y los miembros de Blanqueo en paralelo a sus investigaciones.  

“Son unos hijos de puta, hay que machacarlos”

El hallazgo del chat reveló manifestaciones como “son unos hijos de puta, hay que machacarlos”; “a este si tienen huevos de hacerle dimitir y dejar su acta de diputado hay que detenerlo con esposas, sin miramientos” (en alusión al exdiputado y exconcejal del PP Álvaro Gijón); “lunes, zafarrancho de testigos, martes zapatazo [sobre las futuras detenciones] y miércoles, a disposición [judicial] en un furgón lleno de gitanos. Como Dios manda”, “si hay algo de Gijón igual cantan antes. Es rápido, directo, sin desgaste para nosotros y condena asegurada”. Todo ello entreverado con calificativos hacia los arrestados como “empastillado”, “chulito”, “hijoputa, imbécil y sobradito”.

Los whatsapps desvelarían, incluso, que el auto de prisión contra Cursach y su número dos habría sido redactado, al menos, dos semanas antes de su arresto y su posterior ingreso en la cárcel. “Subi, estamos pensando en hacer las detenciones gordas [en referencia a Cursach y a Sbert] el día 28 y pasarlos a disposición [judicial] el 2 o el 3. ¿Cómo te va a ti?”. “¡Esto es un guion bien hecho que pone las cosas fáciles!” o “¿preparados para día D hora H?” son algunas de las frases que se intercambiaron durante los catorce días anteriores a los arrestos.

Confiscación de los teléfonos móviles de dos periodistas

Sin embargo, en medio del fervor indagatorio para averiguar de dónde procedían las filtraciones a la prensa, el juez Florit daba un paso en falso que marcaría el resto de su trayectoria judicial y acabaría conduciéndole al banquillo de los acusados: en diciembre de 2018 acordaba la intervención de los teléfonos móviles de dos de los periodistas que cubrían las informaciones relativas a la causa y desencadenaba, con ello, una oleada de indignación de buena parte de la profesión periodística. Los medios de comunicación e informadores afectados por la decisión se querellaron contra el juez al considerar que la confiscación de sus móviles y de su material informático eran “manifiestamente injustos” y vulneraban su derecho al secreto profesional periodístico. La medida fue, además, declarada ilegítima por el Tribunal Constitucional.

 El magistrado, a pesar de que finalmente resultó absuelto -en una sentencia que reconocía que había actuado injustamente pero que determinaba que su conducta no había sido intencionada, sino imprudente-, colgaba la toga después de que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) atendiese a finales de 2019 su petición de jubilarse de forma anticipada. Tras él, alguien debía recoger de nuevo el testigo del caso Cursach, pero varios magistrados decidieron abstenerse por su relación de amistad con Penalva. Finalmente, la causa recayó en manos de la jueza Carmen Abrines, quien prosiguió la labor iniciada por su antecesor mientras la Policía Nacional continuaba internándose en los entresijos del caso Cursach.

En sus atestados, los inspectores centran sus pesquisas en los principales testimonios en los que se sustentó el caso Cursach, afirmando cómo juez, fiscal y los policías con los que investigaban llegaron a urdir una “maquinaria” dirigida a instrumentalizar a sus testigos -algunos de los cuales, afirman los informes, conformaban un “siniestro” grupo de personas “con intereses propios” y “sin escrúpulos”-, obtener falsas pruebas acusatorias, omitir las que podían poner en duda sus tesis y llevar a continuas filtraciones a la prensa. Unos hechos por los que los antiguos investigadores se encuentran ahora bajo el foco de la justicia.

Detenciones ilegales y aleccionamiento de testigos

La magnitud de las investigaciones condujo a la magistrada a remitir la causa al Tribunal Superior de Justicia de Balears (TSJIB) ante el aforamiento de Penalva y Subirán, y llevó a dos fiscales procedentes de Madrid, Tomás Herranz y Fernando Bermejo, a personarse en la causa. Herranz fue, precisamente, el fiscal que rompió a llorar durante el juicio al término del juicio contra Cursach: “Este procedimiento es un fracaso total de la Justicia”, afirmó entre lágrimas mientras, en una imagen inédita, acusados y defensas estallaban en un extenso aplauso. 

 A raíz de lo arrojado por las investigaciones contra ellos, el 29 de enero de 2020 el juez Penalva y el fiscal Subirán eran finalmente imputados. La causa, en manos del presidente de la máxima instancia judicial de las islas, Carlos Gómez, no se ha librado de los inauditos vaivenes que han sacudido a las investigaciones desde su inicio. Mientras el magistrado cerró en dos ocasiones la instrucción del caso determinando que los dos juristas cometieron el único ilícito de filtrar información secreta a la prensa, Anticorrupción considera que las actuaciones que ambos desplegaron fueron mucho más graves: aleccionaron a testigos protegidos, practicaron detenciones ilegales y prolongaron de forma deliberada el ingreso en prisión de varios investigados. 

 Entre medias, el instructor llegó a archivar la causa para el exfiscal Subirán, quien alega que un trastorno de estrés postraumático le impide afrontar con garantías su derecho de defensa. Una supuesta afección que, según los fiscales de Madrid, no le incapacita para recordar los hechos en los que habría intervenido. Finalmente, el TSJIB revocó el sobreseimiento que su propio presidente había decretado y Subirán, quien ha estado presente en la instrucción de la mayoría de causas de corrupción que durante los últimos quince años han sacudido Baleares, volvía a ser imputado.

Peticiones de más de cien años de prisión

En la actualidad, Penalva y el exfiscal, ya jubilados, afrontan peticiones de condena, por parte de la Fiscalía, de más de cien años de prisión. En concreto, el Ministerio Público solicita 118 años para el exjuez y 121 y nueve meses para el exfiscal por presuntos delitos de detención ilegal, obstrucción a la justicia por presionar e intentar ablandar a varios investigados, prevaricación judicial a la hora de acordar arrestos y revelación de secretos al filtrar información mientras el caso Cursach se encontraba bajo sigilo sumarial. Sobre los cuatro policías de Blanqueo -un inspector jefe, José Luis García, dos subinspectores, Miguel Ángel Blanco y Blanca Ruiz, y un agente, Iván Bandera- pesan, por su parte, solicitudes de pena que oscilan entre los 71 y los 105 años de cárcel.

Anticorrupción enmarca su relato de hechos, principalmente, en las actuaciones llevadas a cabo por los antiguos investigadores para supuestamente “intimidar” a los detenidos en una de las piezas en las que se desgajó el caso Cursach: la relativa a la supuesta alteración del concurso para adjudicar el servicio de regulación del aparcamiento (ORA) en Palma. Un fleco en el que, en octubre de 2016, fueron arrestados varios empresarios, los nueve funcionarios que integraban la mesa de contratación que tramitó el expediente y los padres y el hermano del exdiputado y exconcejal del PP Álvaro Gijón, a quien los ahora acusados atribuían haber obtenido un millón de euros y un piso a cambio de amañar el concurso. Las pesquisas fueron finalmente archivadas ante la ausencia de indicios delictivos contra todos ellos.

Nueva línea de investigación

Sin embargo, no es la única línea de investigación que se cierne sobre los antiguos investigadores. La Audiencia Provincial de Balears, que durante varios meses ha juzgado a Cursach, Sbert y a otros quince acusados por la presunta trama mafiosa que buscaron apuntalar Penalva y Subirán, y de la que todos los procesados han sido absueltos, ha ordenado investigar por nuevos delitos -prevaricación, detención ilegal y coacciones a testigos- a ambos juristas y, por supuesto falso testimonio, a 17 testigos que comparecieron durante el macrojuicio. Entre ellos, varios empresarios que, como acusaciones particulares en la vista oral, sostenían que Cursach intentó hundir sus negocios mediante extorsiones y a quienes tanto exjuez como exfiscal habrían utilizado para sostener sus investigaciones.

 A lo largo de la sentencia absolutoria, el tribunal hace hincapié en la “temeridad” y “mala fe” con la que actuaron las acusaciones intentando mantener un proceso penal con “fines distintos” a los regidos por la ley. Las magistradas condenaron por ello a los empresarios al pago de las costas generadas a Cursach y su mano derecha tanto en el juicio oral como en la fase de instrucción. Los acusadores prevén recurrir el fallo ante el Tribunal Supremo, órgano al que, por primera vez, llegará el caso Cursach. Únicamente se ceñirán a su desacuerdo con las costas, puesto que ninguna de ellas discute la absolución de los procesados.

Penalva y Subirán defienden su inocencia

Penalva y Subirán, mientras tanto, se aferran a su inocencia y defienden el trabajo que llevaron a cabo. En el intento de este diario por contactar con ellos, su defensa explica que, por el momento, prefieren no hacer declaraciones sobre la causa que les investiga. No obstante, en los distintos escritos que ha presentado en el procedimiento judicial niega la existencia de indicios “verdaderamente sólidos” contra sus patrocinados, quienes se agarran a la tesis de un presunto complot de jueces, mandos de la Policía Nacional y fiscales para desacreditar las investigaciones que realizaron. La defensa llegó a esgrimir grabaciones de “personas de más arriba” que serían entregadas en caso de no tomarse en consideración la tesis de Subirán en torno a una supuesta confabulación entre cúpula policial y fiscales para incriminarle, “con las consecuencias que ello implicará”, añadía. 

 Hasta el momento, exjuez y exfiscal han buscado sin éxito la nulidad de las pesquisas. Sostienen que la localización del chat 'Sancus' se produjo de forma ilegítima y, por tanto, invalidaría las investigaciones llevadas a cabo contra ellos en una suerte de referencia a la conocida como ‘doctrina del fruto del árbol envenenado’ (en virtud de la cual toda prueba obtenida de forma ilícita debe quedar invalidada, y con ella, si es necesario, el resto de pruebas relacionadas). Y es que, a juicio de Penalva, la confiscación de los dispositivos móviles de los periodistas llevó a impulsar una macroinvestigación contra los antiguos investigadores de Cursach fundamentada en los datos obtenidos de aquellas medidas “invasivas e ilegales”.

Hallazgo de los Whatsapps

El TSJIB, sin embargo, ha determinado en varias ocasiones que el acceso a las conversaciones de WhatsApp que mantuvieron durante la instrucción del caso Cursach “estuvo absolutamente legitimado”, por cuanto fueron halladas en el teléfono móvil de uno de los policías arrestados, quien hizo entrega voluntaria de su dispositivo y autorizó que tanto éste como su ordenador pudieran ser intervenidos y analizados por los investigadores. El órgano judicial -en línea de lo también manifestado por la Fiscalía- incidía en que el agente había hecho “expresa renuncia a la preservación de su intimidad” toda vez que el volcado de la información de su teléfono se había efectuado en presencia del abogado del policía y ante el letrado de la Administración de Justicia, lo que garantizaría la validez de la diligencia.

Ahora, los caminos de Penalva y Subirán, así como los de Cursach y el resto de quienes fueron por ellos investigados, discurren de forma completamente inversa a como transcurrían hace más de cinco años, cuando ambos juristas se volcaron en destapar lo que hasta entonces, y durante décadas, había sido alimentado por la leyenda: cómo el magnate había medrado hasta la cúspide de la noche mallorquina. El empresario y su número dos se preparan para reclamar indemnizaciones millonarias por el perjuicio personal, familiar, profesional y reputacional que aseguran haber sufrido, mientras sus antiguos verdugos se enfrentan al que algunos consideran el mayor escándalo judicial en España. La historia de una metamorfosis judicial en una tierra, Balears, nunca ajena a los desmanes, la corrupción y los tratos de favor."                   (Esther Ballesteros  , eldiario.es, 22 de enero de 2023)

2.12.22

El esperpéntico viraje del 'caso Cursach': de pedir ocho años de cárcel a la absolución entre llantos del fiscal (que desde que comenzó la vista oral, en junio pasado, no ha presentado ni una sola prueba contra Bartolomé Cursach, el magnate de la noche mallorquina, ni contra sus hombres de confianza ni los policías acusados de recibir prebendas del emporio de Cursach a cambio de ilegalidades para perjudicar los negocios de la competencia)... Sorprendente final del juicio del 'caso Cursach', con las lágrimas del fiscal Tomás Herranz en medio de su alegato para remarcar su tesis de inocencia a favor de los acusados, procesados por liderar una mafia policial y empresarial relacionada con los negocios de la noche mallorquina... "Ha ganado el miedo y no la Justicia", dice una de las abogadas de la acusación... ¿Cómo se ha llegado a este final en la que fue una de las investigaciones más ambiciosas, extensas e importantes de los últimos lustros en las Islas Baleares? El acoso a los testigos durante la instrucción por parte de sicarios supuestamente a las órdenes de los investigados ha tenido mucho que ver, igual que la defensa a ultranza que ha hecho la Fiscalía de los acusados... El 90% de los testigos que han desfilado por el juicio, en torno a unos 70, no han aportado las pruebas de cargo que en un principio tenían o se han desdicho de sus testimonios acusatorios iniciales... "Normal que tengan miedo, si ves que la Fiscalía no persigue los delitos, si ves que van a quedar impunes y tú vives allí con tu familia, pues tienes miedo", dice a Publico Teresa Bueyes, la abogada de un empresario perjudicado... ha ganado el miedo, ha perdido la Justicia"... y el primer juez instructor y el primer fiscal, expedientados por intentar meterlo en la cárcel. Ahora irán ellos...

 "Lágrimas en la última sesión del juicio por el caso Cursach: las del fiscal Tomás Herranz, que desde que comenzó la vista oral, en junio pasado, no ha presentado ni una sola prueba contra Bartolomé Cursach, el magnate de la noche mallorquina, ni contra sus hombres de confianza ni los policías acusados de recibir prebendas del emporio de Cursach a cambio de ilegalidades para perjudicar los negocios de la competencia.

De los 24 procesados iniciales se ha pasado, tras las 36 sesiones del juicio, a dos; ambos, policías locales de Palma de Mallorca acusados de hacer inspecciones arbitrarias al local de un empresario para los que se pide dos años de prisión. Todos los demás, incluido Cursach y su mano derecha, Bartolomé Sbert, director general del Grupo Cursach, han quedado sin cargos en su contra, lo que significa la absolución.

El alegato final del fiscal Herranz, con llanto incluido, podría ser calificado de inaudito. "Este informe [su informe final de calificación], más que justificar ante la sala la retirada de acusaciones, tiene otro objetivo: reconocer ante los acusados que han sufrido una injusticia, y que el cambio de la Fiscalía supone un intento mínimo de reparar el daño producido". Esta ha sido su tesis durante el juicio, la inocencia. Hay que recordar que a escasos días de que arrancara la vista oral, Herranz amputó el grueso de las acusaciones de la Fiscalía contra Cursach y los suyos, presentando un memorable escrito lleno de tachones, que fue admitido por la Sala, pese a que implicaba de facto un nuevo escrito de acusación, algo que no está permitido al inicio de una vista oral.

Al lado de Herranz, escuchaba impertérrito el fiscal Carrau, que fue quien durante la investigación pidió prisión provisional para Bartolomé Cursach y sus hombres, a la vista de las denuncias y testimonios que existían sobre la mafia que lideraban en Mallorca para mantener la hegemonía sobre los negocios de ocio. Carrau se opuso firmemente a la puesta en libertad del magnate. En base a las evidencias del sumario, la Fiscalía llegó a pedir para el líder de Cursach ocho años y medio de prisión por liderar una trama de sobornos a policías y otros funcionarios para hacerse con el control de las discotecas en Mallorca. El cambio de postura de Carrau y de la Fiscalía es calificado por varios abogados de las acusaciones con los que ha podido contactar este diario como "vergonzoso".

De cohecho y organización criminal a "nada delictivo"

A lo largo del juicio, una a una se han ido desinflando todas las acusaciones contra Cursach, para quien la Fiscalía pedía al inicio del juicio 18 meses de prisión, por pertenencia a organización criminal, pero ya sin el concurso del delito de cohecho. Pero este miércoles ya no había ni sombra de organización criminal. "Algún jurista diría que el hecho de que un proceso que termine con sentencia absolutoria es un fracaso de la Justicia, pero este, en cualquier arco desde el que se mire, lo ha sido sin paliativos y así ha sido reconocido hasta por las acusaciones particulares cuando han manifestado que nada ha quedado acreditado", ha dicho el fiscal Herranz, para quien los acusados "no han hecho nada delictivo"

El miedo de los testigos ya lo adelantó 'Público'

¿Cómo se ha llegado a este final en la que fue una de las investigaciones más ambiciosas, extensas e importantes de los últimos lustros en las Islas BalearesEl acoso a los testigos durante la instrucción por parte de sicarios supuestamente a las órdenes de los investigados ha tenido mucho que ver, igual que la defensa a ultranza que ha hecho la Fiscalía de los acusados.

Este periódico lo desveló en una veintena de exclusivas sobre la denominada 'mafia' que pivotaba alrededor de los negocios de la noche de Mallorca; una investigación periodística que arrancó a través de denuncias internas de las policías locales de Calviá y Palma sobre sobornos a agentes y políticos para hacer la vida imposible a la competencia de Cursach y que salpicaba incluso a las oposiciones para entrar en esos cuerpos. 

Las presiones a todo aquel que señalaba al entorno de Cursach fueron enormes. Al testigo número 29 de la causa se le llegó a quemar la cara, a una mujer que regentaba un club y que testificó sobre aquella mafia se la apaleó; y a dos periodistas, del Diario de Mallorca y de Europa Press, que cubrían el caso un juez les intervino sus móviles, medida sin motivar que provocó una lesión en sus derechos fundamentales, como sentenció el Tribunal Constitucional. 

El 90% de los testigos que han desfilado por el juicio, en torno a unos 70, no han aportado las pruebas de cargo que en un principio tenían o se han desdicho de sus testimonios acusatorios  iniciales; incluso algunos testigos no han comparecido y se encuentran en paradero desconocido. "Normal que tengan miedo, si ves que la Fiscalía no persigue los delitos, si ves que van a quedar impunes y tú vives allí con tu familia, pues tienes miedo", dice a Publico Teresa Bueyes, la abogada de un empresario perjudicado, que ha tenido que renunciar a la acusación porque "no se han presentado las pruebas que incriminaban a Cursach", sostiene.

 Respecto a su cliente, Bueyes alega que las 14 denuncias que José Manuel Bover llegó a presentar en su día y que estaban aportadas en el sumario, "han desaparecido directamente, ni se han enjuiciado ni se han archivado, es que no están". La abogada se refiere a "hechos gravísimos de coacciones, escombros a la puerta de su local, carne muerta que le dejaron como amenaza..." Bueyes apunta a que en este juicio "ha ganado el miedo, ha perdido la Justicia", en relación al temor de los testigos a decir la verdad.

Inexplicable actuación fiscal

Tampoco se han aportado en el juicio los audios que probaban cómo operaba la mafia policial. La actuación de la Fiscalía en el juicio ha sido "llamativa", según apuntan fuentes jurídicas a este diario; por ejemplo, ha prescindido de informes de la Guardia Civil, de Blanqueo de Capitales, de conversaciones telefónicas de algunos de los investigados que serían probatorias del "control absoluto" de las instituciones públicas, como los ayuntamientos de Calviá y de Palma y la consejería de Turismo. 

Para Teresa Bueyes, "lo que se ha celebrado en Palma no ha sido un juicio sino una farsa, que allana el camino para que el Estado indemnice a Cursach y a Sbert por haber pasado por la cárcel". Hay que recordar que ambos estuvieron 14 y 10 meses respectivamente en prisión provisional. "Este miércoles hemos asistido al proceso de canonización de Cursach y los suyos", dice Bueyes en relación al alegato final del fiscal.

Graves acusaciones contra el juez instructor

Pero además de esa hipotética indemnización, la absolución de Cursach y los suyos defendida con ahínco por el fiscal Herranz también servirá previsiblemente para aumentar los cargos contra el juez instructor del caso Cursach, el ya exjuez Manuel Penalva, y contra el exfiscal Miguel Ángel Subirán. El Ministerio Público ha reclamado otra investigación por presuntos delitos de detención ilegal, coacciones y prevaricación en la instrucción. 

La Fiscalía afirma que en el juicio han aparecido indicios de que Penalva y Subirán "presionaron" a testigos y ordenaron detenciones "indebidas"; además acusa de falso testimonio a cuatro de los testigos que han declarado en el juicio --todos ellos, en contra de Cursach y su red--, entre ellos, una exinspectora de Blanqueo. 

Los ataques a la instrucción judicial de Penalva y Subirán fueron continuos durante la investigación con el objetivo de ponerla en cuestión y desinflar las acusaciones, como finalmente ha sucedido.

 El fiscal Miguel Ángel Subirán llegó a denunciar públicamente a través de la Unión Progresista de Fiscales el acoso al que estaba siendo sometido desde que inició la investigación: seguimientos, acoso en su vida privada, allanamiento de su casa y el robo de su moto. También hubo campaña mediática; algunos medios de comunicación baleares parecían el altavoz de los investigados.

El golpe definitivo contra el juez instructor llegó con la denuncia de dos abogados que describieron presuntos episodios de coacciones por parte del juez y del fiscal a una testigo, dueña de un prostíbulo. Esta mujer primero había identificado a clientes, a mandos policiales y a altos dirigentes del PP, pero luego se echó atrás. Las conversaciones de Whatsapp del juez con la testigo se hicieron públicas y acabó siendo apartado tras una recusación. En julio de 2021 el CGPJ le jubiló por incapacidad permanente. El exfiscal anticorrupción Subirán se jubiló también de forma anticipada en 2020. "                 (Ana María Pascual, Público, 30/11/22)

25.3.21

Hacienda desoyó los testimonios sobre la Caja B de las empresas de ocio nocturno del Grupo Cursach: 4 o 5 millones de euros en negro cada mes

 "La Delegación de Hacienda de Mallorca nunca mostró interés en inspeccionar las cuentas de uno de los mayores conglomerados empresariales de Illes Balears, el Grupo Cursach de ocio nocturno, pese a las crecientes evidencias de irregularidades y las numerosas denuncias de competidores. Y cuando finalmente hizo un informe a instancia judicial, se esmeró en desacreditar el amplio atestado policial que le imputaba un fraude fiscal generalizado, sin ni siquiera examinar las pruebas aportadas, como ya reveló Público.

Pero la vista gorda de la Agencia Tributaria con ese imperio del "rey de la noche" de Palma ya había quedado patente tres años antes de que emitiera el informe exculpatorio que sirvió al juez Miquel Florit para exonerar en 2018 a Bartolomé Cursach y su lugarteniente, Tolo Sbert, de cualquier delito fiscal.

 Al iniciarse la instrucción judicial (en 2014) sobre ese entramado mafioso, ahora ya pendiente de al menos dos juicios, se creó un equipo conjunto de Hacienda –que aportó un inspector y un técnico– y del Grupo de Blanqueo local de la UDEF (Policía Nacional) encargado de investigar la trama. Así que, desde el primer momento, Hacienda estaba al corriente de los testimonios que se fueron acumulando sobre la existencia de una Caja B del Grupo Cursach a la que se derivaba automáticamente la mitad de los ingresos de acceso y consumición en los locales de ocio nocturno; millones de euros cada mes en dinero negro que se evadían al fisco, según dichos testigos. 

Público ha obtenido acceso a esos diferentes testimonios y ha podido comprobar su coherencia y consistencia –así como la relevancia de algunos de los testigos, que ocuparon altos cargos en el Grupo–, de peso suficiente como para abrir una investigación fiscal encaminada a verificar no sólo la aparente defraudación masiva, sino también las denuncias de fraude a la Seguridad Social y de delitos contra los derechos de los trabajadores. Pero nada se hizo.

De hecho, fuentes fiscales, judiciales y policiales consultadas por este diario coinciden en manifestar su extrañeza ante esa dejación de responsabilidad por parte de la Agencia Tributaria, que suele abrir una inspección con muchos menos indicios de fraude y a partir de niveles de presunta defraudación muy inferiores.

A continuación, presentamos un resumen de dichos testimonios, prestados ante la Policía o el Juzgado entre 2015 y 2017, de los que Público cuenta con los originales completos. 

"Un software que dirige la mitad del dinero a la Caja B"

Quizá el más relevante es el primero, que prestó Ángel Ávila Rodríguez –quien fue director de salas del Grupo Cursach– en la Dirección General de la Policía el 29 de diciembre de 2015, en cuya transcripción oficial se puede leer lo siguiente (página 15):

 PREGUNTADO para que manifieste, cuando trabajaba para el Grupo Cursach como director de salas, si puede determinar, en caso de que esto fuera así, la cantidad monetaria facturada que era declarada a la Agencia Tributaria y que porcentaje no lo era, DICE que, el sistema oficial utilizado para la gestión económica se realiza a través del programa informático gestionado por la empresa MADISA. Este sistema de cobro en la puerta y en barras, dirige el 50% aproximadamente hacia dinero A y dinero B automáticamente.

Para el control del acceso a la sala se realiza a través de una banda magnética incluida en el ticket, y que lleva una numeración. Esta entrada incluye una consumición gratuita. El programa informático detectaba las consumiciones que no se habían pasado por el escáner magnético de la barra (las consumiciones no se habían efectuado). Al finalizar la noche, los responsables tenían que asegurarse de que todos los tickets había pasado por este escáner o lector, con las finalidades de, por un lado control de bodega y, por otro lado, en caso de que ésta entrada hubiese sido retirada por algún policía o inspector de hacienda.

Pero no sólo se ocultaba a Hacienda la mitad del dinero cobrado por las entradas y consumiciones, según el testigo, sino también los pagos efectuados por las agencias de viajes, los turoperadores y otros:

 "Facturación en dinero B de 4 o 5 millones al mes"

 En el caso de los turoperadores, agencias, viajes de estudios, freelance, etc., realizan los pagos en dinero negro. Las entradas de los clientes a los locales se producen mediante un ticket o entrada no registrado en el sistema informático. Posteriormente el turoperador o agencia realizan el pago, pero es una cantidad de la que no se tiene control tributario, ya que el cliente paga a la agencia, disfruta de la fiesta y el pago lo realiza la agencia al Grupo Cursach. La discoteca no factura ni la entrada ni las consumiciones. El promedio de las discotecas del Grupo que funcionan en la temporada de estudiantes y cuando más este caso, pueden ser entorno a 100.000 clientes al mes. Cada cliente recibe un pack de entrada y consumición, a los que se añaden transportes y demás ofertas con un bono de 60 euros por tres días, más otros 15 euros y podían repetir el cuarto día en otra discoteca. Con este bono (existen muchas modalidades), el compareciente cree recordar que tan solo ofrecía dos consumiciones por cada discoteca. A esto tan solo hay que descontar los gastos producidos, transporte y bebidas. La facturación de todo ello, en dinero B, puede alcanzar los 4 ó 5 millones de euros al mes. De esto es buen entendedor Pedro LLOBERA.

Según la declaración del testigo –quien afirmó "conocer estos hechos con absoluta certeza puesto que era el que hacía las cajas y tenía acceso a la contabilidad del Grupo"– todos los locales del Grupo Cursach operaban con el mismo sistema, que controlaba directamente el número dos del conglomerado empresarial, Tolo Sbert:

"Todos los locales tenían el mismo sistema"

 PREGUNTADO para que manifieste si notificaba los beneficios obtenidos a algún superior del Grupo Cursach de alguna forma y modo, DICE que sí, a través de un mensaje o email le comunicaba a SBERT las cajas obtenidas y las incidencias producidas. La cantidad recaudada comunicada era la totalidad.

PREGUNTADO para que manifieste si conoce que el resto de establecimientos trabajaban de la misma manera, DICE que sí, que por aquel entonces todos los locales tenían el mismo sistema, y así era expuesto en las reuniones mantenidas.
Desde siempre en los locales del Grupo han contado con un contable que rendía cuentas directamente a los responsables. En el caso de la discoteca que dirigió para el grupo era el llamado José (Pepe) SEGURA, quién fue colocado ahí por Pedro ROSSELLÓ (padre). Todos los contables rinden pleitesía a Tolo CURSACH.

 Un acontecimiento tuvo que producirse ya que, en el año 2006, todos los directores de sala tuvieron que llevar todos los libros de cuentas ordenadores, etc. a la carrera al sótanos de las oficinas del Grupo, como que "algo iba a pasar"...

Otros testigos que declararon sobre las enormes cantidades de dinero negro que manejaba el Grupo Cursach sólo quisieron testificar bajo condición de anonimato y de que recibirían protección judicial, ante el temor que siempre despertó el entramado mafioso de Cursach. Como el Testigo Protegido 20, quien declaró el Juzgado de Instrucción 12 de Palma de Mallorca el 27 de enero de 2016. Su testimonio también revela cómo superaban el aforo legal, incluso triplicándolo, para multiplicar la recaudación con ingresos no contabilizados:

"El 90% es facturación en dinero negro"

 

Que la mecánica que utiliza para sobrellenar el aforo y generar dinero negro mediante la sobre venta de entradas sintéticamente es la siguiente: es una operativa durante el mes de junio y concretamente juventud que viene a la Isla de viaje de estudios con lo que mueven 90.000 personas en un margen de unos 25 días. El 90% es facturación en dinero negro. Que las noches se comercializan en paquetes de cuatro y se entregan al responsable del grupo de estudiantes y éste a su vez lo custodia, recoge el dinero de su grupo y lo deposita en un sobre que le ha dado la empresa de Cursach y ese pase es el que la primera noche entrega en la discoteca y le dan el bono para las sucesivas noches. Que es un bono colectivo para todo el grupo. Que este dinero no se contabiliza. Que el bono normal incluye Tito’s, Pachá, BCM y una sala del restaurante Ses Tres Germanes, entre otras. Que los bonos vendidos superan la capacidad real que se puede vender

Que a veces el aforo puede superar hasta 3 veces el permitido. Que esto no se puede hacer sin estar de acuerdo con la Policía Local para que no supervise y no inspeccione el aforo, máxime si tenemos en cuenta que estamos hablando de las cuatro discotecas más conocidos, no sólo en Mallorca sino que prácticamente en las costas mediterráneas. Que quiere añadir porque no lo dijo en Comisaría que toda la actuación que explicó en la declaración necesariamente debe de contar con la colaboración "vista gorda" de autoridades, sobre todo a nivel local, además de Consellerías a nivel de licencias y policía local que ante lo escandaloso que son los aforos de estas discotecas no intervienen inspeccionando el número de asistentes así como el estado en el que se encuentran las instalaciones.

"Se defraudan dos millones en viajes de estudio en junio"

El Testigo Protegido 20 hizo sus propias cuentas sobre lo defraudado a Hacienda por esos métodos y obtuvo una cantidad también multimillonaria:

 Que tal y como ya dijo en su declaración en policía ha vuelto a contrastar los datos que él posee y cree que se puede defraudar aproximadamente de 2.000.000 de euros referidos al mes de junio que es cuando vienen los viajes de estudio a lo que quiere añadir que a los menores se les proporciona alcohol.

Que la misma operativa se sigue con grupos concretados como puede ser grupo de holandeses y otros grupos de turistas en general. Que funcionan con talonarios de preventa y se distribuyen a través de vendedores ambulantes ilegales y cada uno de estos vendedores por la reserva del bono cobra una media de 10 euros y después se abona la diferencia entre lo pagado y lo que resta. Que calcula que por esta vía se obtienen 15.000 euros diarios y este dinero se destina para pagar a los vendedores clandestinos. 

Otro de los testigos que solicitaron protección judicial confirmó en todos sus detalles esa "operativa" para superar con creces los aforos permitidos en los locales, y explicó cómo la Policía Local de Palma no sólo ayudaba a Cursach a cometer esas infracciones sino que también actuaba para "suprimir la competencia a las discotecas del Grupo". Se trata del Testigo Protegido 32, quien "trabajó durante 12 o 13 temporadas para el Grupo Cursach Ocio" y testificó ante el Juzgado Nº12 el 2 de marzo de 2017. Reproducimos a continuación dos páginas de su testimonio muy reveladoras:

"Aforo superior al permitido sin inspecciones policiales"

 Que al declarante le chocaba que, cuando empezó a trabajar en el Grupo Cursach [el aforo] fuera muy superior al permitido, y sin embargo no tenían inspecciones policiales. Que el declarante empezó a entender esta situación cuando Xisco (cree que se apellida Alguacil, pero es el director de BCM) le daba consignas del estilo a "el jueves no nos traigas a tanta gente porque va a haber una inspección, va a haber redada, etc.". Esto se lo dijeron al dicente en una ocasión, pero lo ha oído en muchas más ocasiones hablando los trabajadores entre ellos o el declarante con los jefes el Grupo Cursach. Que además del declarante había otros trabajadores que traían grupos de menores a las discotecas y que sabe que ellos también recibían las mismas instrucciones que el declarante en el sentido de no llevar grupos porque iba a haber inspecciones porque así se lo oía comentar sobre todo a Pedro LLOBERA. Esta manera de actuar la ha observado el declarante hasta la actualidad.

Que el declarante presenció cómo Sbert suprimía la competencia a las discotecas del grupo controlando no solamente a la patrulla verde como ha dicho anteriormente, sino controlando a la policía local del área de tráfico a quién daba "instrucciones" de que los autocares que llevaban clientes a locales tales como Level o Pachá Son Caliú, de que les dieran el alto y les revisaran documentación, etc. y multaran a las empresas de manera que los turistas no llegaban a sus destinos porque los autocares quedaban retenidos durante mucho tiempo, con lo que se perdía la noche. Mientras esto ocurría era frecuente ver a Sbert por los alrededores controlando a los policías locales para que cumplieran con la estrategia a la que se ha referido.

Que con esta maniobra, Sbert consiguió hundir Pachá Son Caliú y así conseguir la marca "Pachá" y traerla a Palma. De tal manera que Pachá Son Caliú dejó de ser competencia para Pachá Palma, de la que obtuvo la concesión la marca.

"Fraude a la Seguridad Social por trabajadores sin contrato"

 Que en todo el tiempo que ha estado trabajando para el Grupo, nunca vio que se hicieran inspecciones policiales, y sin embargo sí que oía a sus jefes cómo eran preavisados de que iban a producirse inspecciones controladas. Tampoco, y cómo sí ha ocurrido en otras discotecas, no se producían controles de alcoholemia en las inmediaciones. Estos controles solían sucederse por ejemplo el Pachá de Son Caliú.

Pero el Testigo Protegido 32 agregó una nueva denuncia merecedora de inspección: fraude a la Seguridad Social por las condiciones laborales de los empleados del Grupo Cursach, que trabajaban sin contrato, sin vacaciones y sin prestaciones de la Seguridad Social.

Que muchos de los trabajadores, incluido el dicente, estaban trabajando sin contrato laboral, sin horarios, sin días libres, sin vacaciones, sin derecho a prestaciones de la seguridad social y su salario se lo entregaba Pedro LLOBERA en mano en un sobre. El dicente percibía unos 120€ por noche para él, pero recibía el dinero de los grupos estudiantiles que luego le entregaba a Pedro. Este dinero era unos 85 euros por cada niño y era válido para tres noches (una noche en cada discoteca); cada tres días acudían unos 1400 niños; esto es aproximadamente unos 260.000 euros en unos 20 días que se llevaba el grupo por los grupos estudiantiles. Como el dicente habría unos 35 trabajadores que llevaban grupos similares con un nivel aproximado al del dicente, lo que supone que cada uno de ellos, como media, aportaba para el Grupo unos ingresos de 260000 euros cada 20 días de verano, lo que viene a ser unos 9 millones de euros cada 20 días. 

Estos ingresos tan solo son durante el mes de junio con los viajes de estudiantes (fin de curso y similar).​

WhatsApps y llamadas internas admitiendo el fraude

Estas denuncias son coincidentes con las de otros empleados del Grupo Cursach, como el Testigo Protegido 27, a las que también ha tenido acceso Público, pero que no agregamos aquí para no extendernos todavía más. En cualquier caso, es difícil de explicar que la Agencia Tributaria no emprendiera una inspección a fondo de las empresas del Grupo con semejantes testimonios, no digamos ya si se añade a todo ello la abundante documentación contable aportada por el Grupo de Blanqueo, intervenida en los ordenadores de los gerentes de cada sala.

Además, las investigaciones policiales agregaron un millar de páginas de mensajes internos de WhatsApp y de llamadas telefónicas interceptadas entre los gerentes del Grupos y Sbert o el propio Cursach, reconociendo la defraudación fiscal masiva que estaban practicando.

Pues Hacienda no sólo rehusó investigar a fondo las cuentas del Grupo Cursach, sino que –ya en 2018– se empleó a fondo en desacreditar a la Policía mediante un informe demoledor que fue utilizado por el juez Florit y el fiscal Juan Carrau para archivar esas actuaciones. Y lo hicieron sin consultar previamente a los agentes policiales que habían efectuado la investigación.

Eso sí, se abrió una causa contra esos policías por la supuesta filtración del atestado en el que se detallaban todos esos hechos, y el ruido mediático provocado tapó la sorprendente exoneración fiscal absoluta del Grupo Cursach."                      (Carlos Enrique Bayo, Público, 22/02/21)