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7.11.19

Los masones que flirteaban con la mafia: el 'affaire' criminal que estremece a Italia

"El caso más reciente ocurrió a finales de julio. Dos masones, uno de ellos un funcionario del Gobierno regional de Sicilia, fueron detenidos en una operación policial en Licata, un pequeño pueblo de 37.000 habitantes enclavado en la costa sur de la conocida isla italiana. Según los investigadores, mantenían una descarada red de corruptelas con el clan de los Lauria, unos conocidos mafiosos con los que se habían organizado para infiltrarse ilegalmente en el tejido económico de Sicilia. Fueron encarcelados.

El descubrimiento de la turbia trama no tardó mucho en convertirse en tema de debate en los programas de televisión en Italia. Representantes de la masonería oficial se apresuraron a anunciar la expulsión de sus filas de uno de los dos implicados. Sin embargo, poco después, el caso desapareció de los medios, para pasar a engrosar la larga lista de historias criminales entre masones y mafiosos, muchos de ellas sin resolver, que se acumulan desde los años 80 en Italia.

La mafia se ve atraída por el fácil acceso al dinero y al poder de los masones, cuyos afiliados son a menudo altos funcionarios, empresarios o políticos. El origen de esta extraña simbiosis demuestra, como ya adelantaba Mancuso, en que el crimen organizado está encontrando otros medios para conseguir sus fines. Y todo esto, claro, sin manchar de sangre las calles: "Es una época en la que las mafias prefieren negociar antes que disparar, algo que coincide con un aumento en el número de inscritos a las masonerías”, cuenta un agente antimafia, al añadir, sin embargo, que algunos misterios de esta inquietante alianza se están descubriendo poco a poco.

Los oscuros lazos entre hermandades

A finales del año 2017, la Comisión Antimafia del Parlamento italiano concluyó una investigación sobre la infiltración mafiosa en las logias masónicas de Sicilia y Calabria, tierras de nacimiento de Cosa Nostra y de la poderosa 'Ndrangheta. El resultado fue una radiografía con información sobre más de 16.000 afiliados pertenecientes a 389 logias activas (tan solo en esas dos regiones), muchas de las cuales eran reacias a colaborar con las autoridades para desvelar posibles contagios mafiosos.

Además, también se encontraron casi 3.000 nombres de afiliados no identificables, es decir, cuyos datos en los formularios de inscripción se encontraban incompletos o remitían a personas inexistentes. Esto también generó inquietud entre los miembros de la Comisión, ya que las organizaciones secretas están prohibidas por ley en Italia.

Los investigadores fueron claros en sus conclusiones. "Desde tiempo inmemorial hasta nuestros días, la mafia tiene y cultiva un marcado interés hacia la masonería”. Es evidente que “la preponderancia de las leyes de los masones” todavía obstaculiza el Estado incluso en el control sobre “el respeto de las reglas (estatales) por parte de (todos) los funcionarios públicos”, añadieron.

Ante semejante circunstancia, la policía y los jueces están descubriendo que, cuanto más escarban, más tramas criminales asociadas con la masonería emergen. “Han crecido las adhesiones de mafiosos a logias masónicas y ha crecido el papel de la masonería en las estrategias que las mafias ejecutan en los territorios controlan”, se lee en otro informe de la Comisión Antimafia, elaborado en febrero del año 2018 y consultado por esta periodista.

El episodio de Licata no es, en efecto, un caso aislado. En marzo del año pasado, la Fiscalía de Trapani arrestó a 10 personas y puso bajo investigación a otras 17, por pertenecer a una logia masónica en Castelvetrano, el pueblo de nacimiento del capo mafioso más buscado de Italia, Matteo Messina Denaro. Entre los afiliados había exalcaldes, concejales locales, abogados y policías, todos aliados para crear consenso electoral y orientar las decisiones del ayuntamiento local, según dijeron los investigadores. Aunque el dato de interés es otro: nadie, salvo sus integrantes, sabían de la existencia de esta logia (algo prohibido por ley en Italia).

La Santa

En junio de 2017, la Corte de Casación italiana, la máxima instancia de apelación en el país, confirmó que, desde los años 70, la 'Ndrangheta, la mafia calabresa, permite que algunos de sus miembros más privilegiados formen parte también de otras organizaciones, en particular la masonería. Se autorizó en una reunión y se le dio incluso un nombre a un organismo destinado a reagrupar a estas dobles afiliaciones: ‘La Santa’. Algo impensable anteriormente para una organización tan exclusiva (y basada en lazos de sangre) como la mafia calabresa.

“Muchos hombres de honor (mafiosos), aquellos que logran convertirse en capos, pertenecen a la masonería (…) porque es en la masonería donde se pueden tener contactos con los empresarios, con las instituciones, con quienes administran un poder alternativo al de Cosa Nostra”, advertía ya por 1992 el mafioso siciliano Leonardo Messina, que acabó de informante de la policía.

Estas nuevas revelaciones de Licata han coincidido con una mayor concienciación por parte de las instituciones. Así se entiende que el año pasado, el Parlamento regional de Sicilia aprobara una ley obligando a que los diputados masones se identificaran como tales. Ahora se está pensando extender también a los funcionarios públicos que trabajan en la isla, según ha dicho el presidente del organismo antimafia siciliano, Claudio Fava.

En la misma línea, el año pasado, el Movimiento 5 Estrellas (M5S) exigió prohibir que personas afiliadas a la masonería formen parte del Gobierno nacional. Desde entonces, sin embargo, el tema ha desaparecido de los debates nacionales y en el nuevo programa de Gobierno entre el M5S y el Partido Democrático (PD) no se hace mención alguna a la norma.

Las sospechas no son infundadas en Italia. Lo enseña el escándalo de la logia P2 —también llamada Propaganda Dos—, un círculo masónico secreto que operó ilegalmente hasta que fue descubierto y señalado como “organización criminal y subversiva”. Posteriormente, la P2 fue disuelta por ley en 1982, gracias a las revelaciones de Michele Sindona, un banquero vinculado a la mafia siciliana que decidió revelar a la policía la existencia de la opaca organización, la cual contaba entre sus afiliados con un personaje conocido en los círculos de poder de telecomunicaciones: Silvio Berlusconi.

¿Y qué pasó con Sindona? Murió en 1986 tras dos días de coma profundo, después de haber gritado que lo habían envenenado."                       (Irene Savio, El Confidencial, 13/09/19)

1.2.19

Berlusconi, el dios de las prostitutas y la corrupción en Italia




"Fraude fiscal, compra de senadores, sobornos a un juez… cuando la carrera del entonces primer ministro italiano no podía caer más bajo y salpicarse de otro delito, llegó Ruby Rompecorazones, la prostituta que aseguraba que había tenido relaciones con él político siendo menor y destapaba el escándalo de las ‘bunga bunga’, las fiestas salvajes donde decenas de mujeres bailaban a merced de magnates italianos con los que posteriormente tenían sexo en una especie de orgía de la alta sociedad.

Lujo, sexo, decadencia de la sociedad italiana, un político en apuros… Los ingredientes eran perfectos para una película, y mucho más adecuados para una de Paolo Sorrentino, el realizador que retratara con fiereza las cloacas del estado en Il Divo, y que luego mostrara con un estilo visual arrebatador y barroco la decrepitud de las clases altas en una Roma que bailaba al ritmo de "mueve la colita, mamita rica" desde una azotea alejado de lo que ocurría a la gente de verdad en su ciudad.

En el fondo, Silvio Berlusconi es la versión extrema de Jep Gamabrdella, y quizás por ello Sorrentino ha dado el protagonismo absoluto de este peculiar biopic sobre el exprimer ministro italiano -que en su país estuvo dividido en dos partes y que aquí llega a las salas concentrado en una sola de título Silvio y los otros- al todoterreno Toni Servillo.


Lo de ‘los otros’ no es ninguna tontería, ya que a Sorrentino le interesa tanto la figura de Berlusconi como la de todos aquellos que se aprovecharon de su poder y de su influencia. Los arribistas que envidiaban ese estilo de vida y se las arreglaron para llegar a él. De hecho es más crítico con el personaje de Sergio Morra, interpretado por Riccardo Scamarcio. Emprendedor que vive sobornando a políticos con mujeres y cocaína para recibir adjudicaciones públicas. Demasiado familiar aunque se ambiente en Italia.

Él será la puerta para que el espectador conozca al Silvio que Sorrentino presenta como un dios corrupto al que todos le rinden pleitesía. Da igual que esté acusado de corrupción, que soborne a senadores para volver al poder, que sea infiel a su mujer y que organice bacanales, todos le adoran, se refieren a él como si fuera su ídolo, y al final Sorrentino acaba seducido también ante él y toma la posición de los italianos: sí, es un canalla, pero qué gracia me hace y mejor alguien que diga a la cara que es un mujeriego a otro que pueda engañarme.

Hasta pasados tres cuartos de hora el espectador no ve a Silvio Berlusconi, y el arrivista Morra se acerca a él usando su debilidad: las prostitutas. El empresario contrata una villa enfrente de la del político desde la que organiza bacanales llenas de cocaína, M, y mujeres que se magrean (Sorrentino sigue tirando de machirulismo) sin cesar. Al principio no lo consigue, porque Berlusconi está inmerso en una crisis matrimonial con su esposa.

El director se debate todo el rato entre salvar al corrupto y machista personaje y dejarle en ridículo. Primero hace un repaso por su manipulación a la televisión, al machismo imperante, a su falta de valores, para luego mostrar su crisis existencial, su decadencia (su primera aparición es vestido de mora para sorprender a su pareja), y hasta darle una coartada: todo lo hace por amor y por demostrar que a pesar de la edad sigue siendo el mejor vendedor (porque para él todo es un negocio que se pueda comprar y vender).

Sorrentino parece más interesado, de nuevo, en mostrar el fallo de una sociedad que ha decidido que su dios sea un señor capaz de tener sexo con prostitutas menores de edad. Las mujeres son capaces de tatuarse la cara de Berlusconi en sus nalgas para tener un papel en la tele, y los hombres son capaces de todo por que esa cara les sonría y les otorgue un contrato. “Tu carrera soy yo”, le dice el político a uno de los criados de confianza al que le han ofrecido ir a un reality show.

Lo que sorprende es la decisión del director de ‘alejarse’ de la realidad. Lo advierte en los primeros fotogramas de filme con unas cartelas que dicen que la película mezcla personajes imaginarios o reales, y que todo es “una recreación con fines artísticos” y no documentales. Por ello nunca da nombres de sus ministros, de sus personas de confianza o de los empresarios que le proporcionan las prostitutas. Todo inventado, aunque cualquiera puede investigar un poco y descubrir quién es quién en las cloacas italianas que se parecen demasiado a las españolas."               (Javier Zurro, El Español, 03/01/19)

11.6.14

Un secuestro en el fútbol valenciano por mil millones de dólares en bonos falsos de la mafia

"Unos bonos falsos de la Ford colocados por la mafia internacional en España están detrás del truculento intento de secuestro del expresidente del Valencia C.F. Vicente Soriano, encargado al parecer por su antecesor Juan Bautista Soler.

 Si la historia del presunto intento de secuestro de Vicente Soriano, expresidente del Valencia C.F., es candidata a un guión de novela negra, no lo son menos todas las circunstancias que rodean la génesis de este caso, cuyo origen real se remonta a 1996. 

Se trata, nada menos, que de una partida de bonos al portador falsificados en Estados Unidos por valor de miles de millones de dólares,  de los que una pequeña parte está en la génesis de su enfrentamiento con su antecesor en el cargo, Juan Bautista Soler, que ha llevado a la ruina al equipo de fútbol, al enésimo saqueo de las arcas públicas y a un intento de secuestro con mal pronóstico para los sospechosos.

En esta compleja historia de los falsos bonos no faltan mafiosos italianos, ágiles estafadores sudamericanos, falsificadores, agentes de los servicios secretos norteamericanos y británicos, y toda una pléyade de sesudos delincuentes empresariales de primera división, con significativas e imprescindibles complicidades en el mundo de los fedatarios y los banqueros. 

Y todo ello para convertir más de 100.000 millones de dólares de bonos falsos de la Ford Motor Company en dinero circulante, a través de sucesivas operaciones. Dinero en metálico que sirvió después para arrancar fabulosos negocios de guante blanco y de pasta bien lavadita. Pero, para lograrlo, resultaba  imprescindible que esta red encontrara en cada rincón del planeta el mirlo blanco perfecto al que camelar y convertir los falsos bonos en fortunas reales.

 En 1996 un señor llamado Robert Phillip Moore falsificó una cantidad importante de bonos de la Ford Motor Company, y los colocó entre las peores redes delictivas de Estados Unidos. 

Poco tiempo después se generó una alarma internacional al detectarse el fraude multimillonario: cientos de bonos falsos de la Ford Motor Company de 1.000 y 500 millones de dólares circulaban por todo el mundo. En 2006 el FBI detenía al autor y la justicia le condenaba a 30 meses de prisión por la emisión de bonos falsos. Pero ya era demasiado tarde. La ola ya era imparable.

La red mafiosa se movió por todo el mundo, y también llegó a España de la mano del empresario argentino Víctor Vicente Bravo, representante de Dalport Inversiones, SL, compañía avalada por una fortuna, que no era otra cosa que esos mismos bonos falsos.
Tras pasar por Madrid y Marbella, Bravo puso su objetivo en la que ya se conoce como la capital de la corrupción política por antonomasia: Valencia. 

Se fijó en su equipo de fútbol y en todas las circunstancias inmobiliarias que lo rodeaban, en especial en los codiciosos empresarios locales del ladrillo obsesionados por multiplicar su fortuna mediante pelotazos y mangoneos con la fauna política autóctona.

 Y aquí fue donde Bravo conoció a Vicente Soriano. Juntos montaron una operación para adquirir las acciones del Valencia C.F. y hacerse con el control del club y con todo lo que ello representaba.  La mayoría de las acciones eran propiedad de Juan Bautista Soler y de su familia. Soler era amigo de Soriano, así que el camino estaba allanado.

Para ello, el argentino y el valenciano firmaron un contrato por el que Soriano se convertía en el representante de Dalport en España. Se abrió una cuenta en la oficina de Marbella de Caja Duero avalada con 1.500 millones de dólares en bonos falsos que el banco dio por buenos. 


Y desde este banco se emitieron unos pagarés por valor de 85 millones de euros con los que se compraron las acciones del Valencia C.F. que poseía Bautista Soler. De esta forma, Víctor Bravo se convertía en máximo accionista y Vicente Soriano en el nuevo presidente del Valencia C.F. Llegaron a controlar el 50,3% del accionariado del club en julio de 2009 sin depositar ni un solo euro.

El negocio de Soriano y Bravo contaba con el apoyo del entonces conseller de Inmigración Rafael Blasco. Este edificio se desmoronó en menos de un mes porque finalmente la prometida inversión de Dalport nunca llegó, ya que se descubrió el fraude.
Juan Bautista Soler nunca pudo hacer efectivos los pagarés, porque no había fondos que avalaran la operación. Soler se sintió estafado, y demandó a Dalport y Soriano con la ayuda del despacho de abogados Uría y Menéndez. 

Soler estaba convencido que Soriano guardaba un importante patrimonio en una caja fuerte de su casa y en paraísos fiscales. Contrató también los servicios de la agencia de Detectives Distrito 46, que dirige el criminólogo Juan de Dios Vargas, para investigar el patrimonio del que hasta solo unos meses era su mejor amigo.  Ese informe fue el que ha salido a relucir ahora en torno al secuestro frustrado de Soriano.

Encargó un segundo informe  investigando hasta las cloacas del caso Dalport y el fraude global de los Bonos Ford, donde se da cuenta de operaciones internacionales -entre otras- llevadas a cabo en España. En una de estas operaciones, en el año 2006, han participado agentes del NCIS (Servicio Nacional de Inteligencia Criminal del Reino Unido) que terminaron detenidos por la Guardia Civil a instancias de sus mandos, cuando se escondían en Marbella tras quedarse 500 millones de dólares de dinero procedente del fraude de los bonos que estaban investigando.

 El investigador es el mismo detective que en 1993 contrató Julio Iglesias para intentar demostrar que el supuesto  hijo ilegitimo de la bailarina portuguesa María Edite Santos Raposo no era hijo suyo, y lo logró. 

 La justicia ha ido dando la razón a Soler. El expresidente del Valencia cuenta ya con dos sentencias favorables confirmadas por el Tribunal Supremo, en las que se condena a Soriano a devolver cerca de 35 millones de euros por una parte de la suma reclamada. Pero Vicente Soriano se enrocó y Juan Bautista Soler prácticamente se quedó en la ruina. La deuda asciende a 90 millones de euros, si se suman los intereses devengados en este tiempo. 

Soler se obsesionó con su ruina. Fruto de su desesperación por no cobrar la deuda millonaria podría ser el frustrado plan de secuestro de su examigo y sucesor al frente del Valencia C.F. Al parecer, pudo recurrir a aliados de los bajos fondos para cometer presuntamente una gran estupidez que, de momento ya cuenta con cinco imputados.

Lo más inquietante del caso es que Víctor Vicente Bravo, el empresario argentino que introdujo los fatídicos bonos, falleció hace ahora dos años. Tenía 49 años y encontró la muerte en un accidente de tráfico en la provincia de San Luis (Argentina), cuando volvía a casa.

Soler estaba convencido de que Soriano ocultaba mucho dinero en una caja fuerte de su vivienda. Sabía dónde estaba. En su obsesión y, alimentado por delincuentes comunes, pudo ir construyendo el plan de secuestro: contrataron, al parecer, a unos colombianos que iban a alquilar un local para convertirlo en zulo donde esconder a Soriano mientras desvalijaban su caja fuerte -según relata un testigo protegido-; tenían planeado trasladarlo, sedado y dentro de una roulotte, a Francia para extorsionarlo y hackear sus cuentas en paraísos fiscales... Un delirio que comenzó a alimentarse al descubrir la estafa de unos bonos falsos y con una compra millonaria nunca satisfecha."              (Público, 01/06/2014)

10.4.14

Detenido el expresidente del Valencia Juan Soler por intentar secuestrar a su sucesor al frente del club

"La Policía Nacional ha detenido este miércoles al empresario Juan Soler, expresidente del Valencia, acusado de intentar secuestrar al que fuera su sucesor en el cargo, Vicente Soriano.

 Eso es lo que cuenta el diario Las Provincias. Tras declarar en los juzgados de la Ciudad de la Justicia, donde había una fuerte expectación mediática, el juez ha dejado en libertad a Soler pero le prohíbe acercarse a Soriano a menos de 15 metros.

El juez ha impuesto a Soler —detenido junto a una segunda persona— una serie de medidas cautelares como comparecencia periódica y prohibición de salir del país y de acercarse a la víctima a menos de 15 metros.  
Según el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana, el juzgado ha decretado la libertad de Soler y del otro detenido, después de que ni Fiscalía ni ninguna parte haya solicitado su ingreso en prisión

Las diligencias se han declarado secretas. El juzgado ha adoptado tres medidas cautelares: comparecencia periódica en el juzgado; prohibición de salir del territorio nacional y alejamiento de la víctima a una distancia de 15 metros.

Al parecer, Soler, que fue presidente del Valencia entre 2004 y 2008, habría contratado a un sicario para secuestrar a Soriano, quien le sucedió en el máximo cargo del club deportivo durante un año, en 2009. El móvil del delito es económico: Soler quería cobrarse una deuda de 39 millones de euros

Soriano, cabeza visible de un grupo inversor americano, le compró a Soler su paquete accionarial del club en julio de 2009. Soler denunció ante los tribunales que Soriano no le había pagado. En 2011 la Justicia condenó a Soriano a pagar los 39 millones de euros. Esa deuda sería el origen del intento de secuestro.

Vicente Soriano llegó a la presidencia del equipo valencianista tras llegar a un acuerdo con Juan Soler para comprarle su paquete accionarial dentro de la operación en la que estaba involucrada la empresa Inversiones Dalport, grupo que finalmente no llegó a hacerse con el Valencia. 

Esta transacción llegó a los tribunales, en los que ambos expresidentes se han enfrentado en relación al proceso de venta del paquete accionarial. De hecho, en 2013, el Tribunal Supremo dio la razón a Soler y confirmó que Soriano y Dalport tenían que pagarle 39 millones de euros por incumplimiento del contrato de la venta de acciones. Con anterioridad, el alto tribunal había condenado también a Soriano y a la empresa a pagar 20 millones de euros a Soler por impago del primero de los cuatro pagarés por la venta de acciones del club."                  (Público, 09/04/2014)

17.6.09

El caso de Dimas y la isla del 10%

"El fundador del PIL dirigía supuestamente desde la cárcel, con un móvil y un portátil, una red de cobro de comisiones ilegales en Lanzarote .

Dimas Martín, fundador del Partido de Independientes de Lanzarote (PIL), había abierto despacho en su celda. Allí acudían políticos de todas las fuerzas de la isla para negociar pactos en ayuntamientos y cabildos de la isla. Aunque parezca increíble, este veterano político disponía en la cárcel de teléfono móvil y ordenador portátil, lo suficiente para presuntamente convertirse, tras los barrotes de su celda, en el gran muñidor de una trama de supuesto cobro de comisiones ilegales desde el Ayuntamiento de Arrecife e incluso de Yaiza, de forma que se llegaba a decir que Lanzarote era la isla del 10%, el porcentaje que se cobraba por dar el visto bueno o acelerar un proyecto. (...)

Todas las obras de Arrecife, bajo mandato socialista, las controlaba el PIL. También controlaba Hacienda y la redacción del nuevo Plan General. Los más de 22 millones llegados del Plan E de Zapatero y de inversiones del plan de barrios también han podido hacer girar la máquina registradora del PIL."No sabíamos que Dimas actuaba como un capo de la mafia", asegura Carlos Espino, el secretario general de los socialistas conejeros al semanario Lancelot de esta misma semana. (...)
Y nadie en la isla cree que una operación como ésta hubiera podido ser ejecutada por alguien de la isla de toda la vida, por alguien que hubiera tenido contacto o conociera el poder insular de Dimas Martín y de su red de contactos. De hecho, la Operación Unión está coordinada por un juez y un fiscal relativamente nuevos en la isla (César Romero e Ignacio Stampa), que han guardado el sumario en un cofre con siete llaves, junto a toneladas de material incautado en oficinas, hogares y despachos profesionales.
"Esto no habría sido posible con alguien que llevara algo de tiempo aquí; por eso hasta han traído a la Guardia Civil en aviones", insisten varios testigos, que según sueltan la frase piden que su nombre quede en el anonimato, no vaya a saberse quién abre la boca en una isla donde se conocen todos. Todo eran sospechas en Lanzarote, la isla del tesoro, pero en este territorio de fuego se aplicaba el Ensayo sobre la ceguera mucho antes de que Saramago decidiera convertirla en su hogar. Dimas Martín sigue preso." (El País, ed. Galicia, España, 14/06/2009, p. 26)

13.5.09

La "mafiosidad" del "ladrillo" en España, en democracia...

"(...) he leído un documento que les recomiendo si les gusta la literatura de terror: se trata del informe elaborado por la diputada danesa Marguete Auken sobre "el impacto de la urbanización extensiva en España en los derechos individuales de los ciudadanos europeos, el medio ambiente y la aplicación del Derecho comunitario". Es un texto de 30 páginas que se puede leer tanto como un relato espeluznante cuanto como un pequeño tratado acerca de las peores conductas en materia política y moral. (...)

A estas alturas, y con murallas de hormigón por todos lados, sabemos perfectamente que sólo a la sombra de políticos ventajistas ha podido tejerse la telaraña de especulación y codicia de la que ahora parecemos lamentarnos. Sin embargo, lo grave es que ya lo sabíamos. Estos años de destrucción del territorio del patrimonio han transcurrido a la vista de todos. Bastaba coger el Euromed para comprobar lo que ocurría en la costa castellonense o alicantina; bastaba atender al vértigo de los precios de las viviendas, presentado a menudo como signo de nuestro progreso colectivo, para percibir que algo nauseabundo se cocinaba a nuestro alrededor.

¿A nuestro alrededor? Con su crudeza estilística Marguete Auken pone el dedo en la llaga al describir la corresponsabilidad de los ciudadanos en la callada aceptación del delito. Es cierto que a la cabeza del cortejo de la corrupción han marchado políticos vendidos, especuladores o avariciosos y prestamistas fraudulentos, pero ¿y tras ellos? Conchabados promotores inmobiliarios, concejales e instituciones financieras, ¿qué hacían los jueces? Según Auken, poco, y lo poco que hacían lo hacían tan lentamente que es como si no hicieran nada. La policía iba en consonancia con los jueces. Pero tampoco los otros estamentos ciudadanos ofrecieron resistencia. Los medios de comunicación han reaccionado tarde y los ciudadanos han acabado horrorizándose como consumidores más que como ciudadanos.

Hasta aquí el relato de terror con que la señora Auken ha descrito vivamente, con ingenuidad nórdica y con toda la razón del mundo, el gran saqueo de lo que pertenecía al futuro por parte de nuestros modernos depredadores. Casi nada más se puede añadir al cuadro trazado que, en buena medida, explica las dramáticas percepciones sobre la actual crisis económica." (RAFAEL ARGULLOL: El gran saqueo. El País, ed. Galicia, Opinión, 12/05/2009, p. 25/6 )

Ver "Informe Auken": http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?type=REPORT&reference=A6-2009-0082&language=ES

26.3.09

Eran policías, eran asesinos, eran mafiosos

"Los neoyorquinos Louis Eppolito y Stephen Caracappa perpetraron casi todos los crímenes que se suele atribuir a los mafiosos: blanquearon dinero, traficaron con drogas, extorsionaron y asesinaron. Cometieron todos sus delitos parapetados tras un carné de intocables: ambos fueron detectives del Departamento de Policía de Nueva York entre finales de los años 60 y principios de los 90, lo que les permitió trabajar para una de las familias mafiosas neoyorquinas, el clan de los Lucchese. Ambos navegaron impunemente por el río delictivo que dejaron a su paso en una época en la que la corrupción policial era rampante. (...)

El pasado viernes, los dos policías más corruptos de la historia de Nueva York, que se hallaban en prisión desde 2006, fueron condenados a cadena perpetua y a pagar multas de más de cuatro millones de dólares (3,15 millones de euros) por ocho asesinatos, dos intentos de asesinato, extorsión y venganza contra testigos, blanqueo de dinero y tráfico de drogas, entre otros delitos.

Inexplicablemente, tanto Caracappa, de 67 años, que irónicamente fue uno de los detectives más condecorados de su época, como Eppolito, de 60 años, aún siguen cobrando su pensión como policías: 5.313 dólares al mes el primero y 3.896 dólares el segundo.

Ambos se jubilaron a principios de los años noventa, aunque continuaron a sueldo de los Lucchese, primero en Nueva York y después en Las Vegas hasta su detención, en 2005. Fue la declaración de otro empleado de la mafia, Burton Kaplan, quién provocó su detención y un juicio fulminante que llevó a un jurado popular a declararles culpables en abril de 2006. (...)

Pero a lo largo de su vida laboral Caracappa y Eppolito también cobraron una media de 3.000 dólares mensuales sólo por estar en nómina de los mafiosos, según la sentencia. El propio Anthony, Gaspipe, Gasso, uno de los lugartenientes de la familia Lucchese, dijo en 1994 que se había gastado 375.000 dólares en sobornar a la pareja de policías para que ejecutaran contratos (asesinatos).

¿Cómo llegaron ambos agentes de la ley a convertirse en mercenarios de los mafiosos? Es fácil imaginárselo. Eppolito creció en Nueva York, seno de la Cosa Nostra, en una familia relacionada con el clan de los Gambino, y aunque llegó a publicar un libro titulado Mafia Cop (Poli de la mafia), en el que explicaba como había escogido el camino "de la ley" para huir del destino delictivo que marcaban sus genes, las primeras sospechas de las autoridades neoyorquinas sobre sus prácticas corruptas se remontan a principios de los ochenta.

Caracappa comenzó a trabajar con él a principios de aquella década, y desde entonces hasta su jubilación fueron pareja de hecho laboral en el departamento de homicidios de la policía de Nueva York. Tras retirarse, ambos siguieron trabajando para los Lucchese. Eppolito, llegó incluso a ejercer de mafioso en películas sobre el asunto como Uno de los nuestros, de Martin Scorsese. No le debió costar mucho aprenderse el guión." (El País, ed. Galicia, Internacional, 08/03/2009, p. 6)

6.11.08

El timo de la heredera

"El marqués tenía una hija, Annamaria, de un anterior matrimonio. Annamaria era la heredera universal. El marqués dejó un gran patrimonio cuya joya principal era Villa San Martino, en Arcore, cerca de Milán. Se trataba de una fabulosa residencia del siglo XVIII, situada en una finca de un millón de metros cuadrados y repleta de libros antiguos y obras de arte, valorada en unos 1.700 millones de liras. Pero Annamaria era aún menor de edad, y la custodia del patrimonio cayó en manos de los dos tutores designados en el testamento: un senador, Giorgio Bergamasco, y un joven abogado, Cesare Previti.

Annamaria permaneció en el extranjero, en un internado, hasta el 22 de mayo de 1972, fecha en que cumplió 21 años y alcanzó la mayoría de edad. Su primera decisión fue la de poner en venta las casas, incluida Villa San Martino, porque le traían malos recuerdos. Poco después, el senador Bergamasco entró en uno de los múltiples gobiernos presididos por Giulio Andreotti y dejó al abogado Previti como único asesor de la joven heredera. Para mantener la maravillosa biblioteca de Villa Martino hasta que se realizara la venta, Previti contrató a un conocido suyo, también abogado, llamado Marcello dell'Utri.

En 1974, Previti comunicó a Annamaria que había encontrado un posible comprador para Villa San Martino. Esa era la buena noticia. La mala noticia era que el posible comprador no ofrecía más de 500 millones de liras, y no quería pagar en efectivo, sino en acciones de su empresa constructora, Edilnord. Previti, como persona de confianza, aconsejó vender. Le habló a Annamaria de la crisis petrolera, de la recesión, de la crisis. Y Annamaria vendió, por 500 millones. En ese año, 1974, 500 millones eran el precio de un buen ático en el centro de Milán.

Annamaria se marchó a Brasil, donde descubrió que las acciones no valían, ni de lejos, 500 millones. Nunca más quiso hablar del asunto.

El resto de la historia es bien conocido. El bibliotecario Dell'Utri siguió residiendo en Villa San Martino: por algo era desde hacía tiempo secretario personal del nuevo propietario, Silvio Berlusconi. El ex tutor y hombre de confianza de Annamaria, Cesare Previti, ingresó de inmediato en Fininvest, una de las sociedades de Silvio Berlusconi.

Marcello dell'Utri desarrolló en los años siguientes una brillante carrera empresarial, a las órdenes de Silvio Berlusconi, y una brillante carrera política como senador de Forza Italia. Fue condenado por cooperación con asociaciones mafiosas, intento de extorsión (condena anulada en apelación) y fraude fiscal. Actualmente goza de gran prestigio como bibliófilo.

Cesare Previti fue nombrado ministro en el primer Gobierno de Silvio Berlusconi. En 2006, el Tribunal Supremo italiano le condenó por corromper a un juez romano con dinero de Silvio Berlusconi. Dado que tenía más de 70 años, no ingresó en prisión y debió cumplir servicios sociales.

Villa San Martino sigue siendo la residencia principal de Silvio Berlusconi.

Esta historia carece de moraleja." (El País, Babelia, 12/10/2008, p. 14)

21.5.08

La Mafia manda en los pobres y elige a los ingenieros. Ese es su poder, el poder. La mafiosidad, que le llaman

"Tenemos un proverbio en Sicilia que dice 'tener poder es mejor que hacer el amor' y es el único lugar en el que he visto un dicho como éste. No es precisamente muy sexy... (...)

Nada puede cambiar a no ser que sea por la voluntad del Estado, si las cosas funcionasen bien en Sicilia la Mafia no podría existir", prosigue. "Necesitamos un lugar en el que puedas encontrar un trabajo sin contactos, en el que vayas a una oficina y el empleado cumpla con su deber, necesitamos un sistema en el que no haya corrupción. (...)

"El editor, que es un amigo, me pidió que escribiese sobre mis propias experiencias con la Mafia. Y tuve que mirar dentro de mí misma, buscar la Mafia en mí, que está ahí. Lo que es doloroso. Llamamos mafiositá a la cultura de la Mafia. Hace unos años, en Sicilia, tenía en brazos a mi nieto pequeño, de unos seis meses, y tocó algo y se cortó. Sus padres no estaban: mi reacción inmediata fue llamar a un amigo y preguntarle a quién conocía en el hospital. Luego vino mi hermana y me dijo que las urgencias funcionaban perfectamente. Le llevamos al doctor y todo fue bien. La Mafia crece cuando el Estado fracasa en su responsabilidad de proveer servicios. Si vas a un hospital en Sicilia lo primero que se te pasa por la cabeza es a quién conoces. Yo jamás pensé que iba a tener esa reacción". (...)

En enero estaba hablando con amigos en Sicilia y en un momento dado dije, y tal vez no debí hacerlo, 'todos vuestros hijos, que son brillantes profesionales, han conseguido trabajos a través de los contactos familiares o de los contactos políticos'. Y se produjo un tremendo silencio. Estamos hablando de ingenieros, de altos profesionales, de abogados que en la Sicilia de hoy no encuentran trabajo si no es a través de contactos. Eso es Mafia. Es la mafiositá". (Simonetta Agnello Hornby: Sicilia, tierra cansada. El País, ed. Galicia, 17/05/2008, p. 4)