Mostrando entradas con la etiqueta r. Gobierno norteamericano: Trump. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta r. Gobierno norteamericano: Trump. Mostrar todas las entradas

21.4.22

La esquizofrenia de los medios al hablar de corrupción política en Estados Unidos. La política aquí mueve tanto dinero, y lo hace tan a la vista, que es muy difícil no caer en el cinismo. Los medios parece que ni lo intentan

 "Escándalos variables

La esquizofrenia de los medios al hablar de corrupción política en Estados Unidos.

Amistades saudíes

Hace algo más de una semana, el NYT publicó un largo, detallado artículo sobre las actividades empresariales de Jared Kushner tras dejar la Casa Blanca.

Kushner, para los olvidadizos, es esa especie de idea platónica de pijo heredero de una fortuna familiar que estaba casado con la hija de Donald Trump, que trabajó de asesor en su administración durante los cuatro años de la presidencia. No se le conoce talento alguno, aparte de ser yerno, tener una infinita confianza en él mismo y ocuparse de temas que iban desde Oriente Medio a la pandemia de COVID.

Pues bien, el bueno de Jared fue, durante todo el mandato de Trump, uno de los proponentes más entusiastas de un acercamiento diplomático hacia Arabia Saudí. Fue uno de los mayores defensores de Mohammed Bin Salman, el príncipe heredero y líder de facto del país, como alguien en el que podían y debían confiar. Fue favorable a darle carta blanca en Yemen y romper todo contacto/deshielo con Irán. Cuando los saudíes hicieron filetes (literalmente) a un columnista del Washington Post, Jamal Khashoggi, porque hablaba mal del príncipe, fue Jared el que convenció a Trump de que mira, pelillos a la mar, y que tampoco es que tuviera demasiada importancia.

La fortuna de los Kushner siempre ha estado basada en el negocio inmobiliario en Nueva York (que siempre ha sido honestísimo), aunque Jared nunca fue demasiado bueno en ello (y estuvo a punto de arruinarles). El tipo siempre ha sido una criatura del ladrillo, no del mundo financiero, así que cuando decidió crear un fondo de inversión privado generó ciertas suspicacias. Y más aún cuando empezaron a circular rumores de que Kushner estaba buscando capital fuera.

La historia del NYT, que está excepcionalmente documentada, explica cómo el fondo soberano de Arabia Saudí, dirigido personalmente por Mohammed Bin Salman, es el mayor inversor en la empresa de Jared Kushner, con 2000 millones de dólares. También cuenta cómo los informes internos del fondo saudí mostraban serias reticencias a poner dinero, señalando la falta de experiencia de sus gestores, el enorme riesgo de pérdidas, la falta de controles internos, y unas comisiones desorbitadas.

Bin Salman decidió meter dinero igualmente.

Consecuencias

Es obvio, para cualquiera que tenga dos dedos de frente, que esta transacción financiera es, como mínimo, muy, muy, muy, muy dudosa desde cualquier punto de vista ético o moral. El yerno del ex- presidente de los Estados Unidos, que se pasó cuatro años en la Casa Blanca poco menos que de lobista de los saudíes, tiene un fondo de inversión, y un 80% de los fondos en él vienen directamente del gobierno saudí.

Kushner no está violando ninguna ley. No hay un régimen de incompatibilidades o nada parecido para familiares de ex- presidentes o asesores. Sea legal o no, sin embargo, esta es la clase de transacción financiera que apesta a compensación por servicios prestados, y es un escándalo tremendo que debería generar indignación en todo el país.

Excepto que… no ha generado indignación alguna. La noticia del NYT fue publicada hace diez días. Hubo como ocho personas en Twitter que se soliviantaron mucho, un par de tertulias indignadas en CNN y MSNBC y una columna en el WaPo (que siguen escocidos por el hecho de que los saudíes literalmente hicieran filetes a uno de sus empleados), pero… nada más. Ayer David Corn publicaba un artículo literalmente preguntándose por qué todo el sistema político y mediático del país, ante un posible soborno escandaloso al yerno del presidente, había respondido pasando olímpicamente del tema. Como comentaba Josh Marshall, Mohammed Bin Salman parece estar “invirtiendo” en Kushner; un autócrata literalmente comprando influencia. Y nadie está diciendo nada.

El señor del carbón

La historia de Kushner es escandalosa, pero lo que me ha chocado siempre de Estados Unidos es cómo los periódicos parecen publicar historias similares con cierta frecuencia, y a menudo no pasa absolutamente nada.

Pongamos, por ejemplo, una historia del 27 de marzo, también del NYT, en la que se explica con detalle cómo el Emperador de Todas las Almas y Gran Inquisidor de la Fe Verdadera Joe Manchin se había pasado toda su carrera política poco menos que tirando dinero de los contribuyentes de su estado (fuera público o privado) a una mina de carbón de una calidad ínfima de su propiedad, utilizando toda clase de triquiñuelas regulatorias y legales para obligar a las eléctricas a que le compraran todo a precios hinchados.

Básicamente Manchin, que viene de una familia política de toda la vida de West Virginia, debe su fortuna a aprobar leyes que favorecieran sus negocios repetidamente. Todo documentado, todo público y… nada. Anteayer, un pequeño medio de izquierdas sacó un video resumiendo el artículo, pero como si lloviera. Nadie le ha prestado atención.

Preocupaciones mediáticas

Lo más increíble del tema no es que nadie le preste atención, sino el contraste de estas dos noticias, que son dos casos obvios y delirantes de corrupción y tráfico de influencias, con otros escándalos recientes mucho menos importantes. El más clásico, e infame, es esa portada del NYT a once días de las elecciones (...)

Por si no recordáis de qué va, ese fue el día en que el FBI anunció que el marido de una de las asesoras de Clinton quizás tenía alguno de los correos electrónicos que había enviado Hillary cuando era secretaria de estado utilizando un servidor privado. Resultó no ser cierto, y el portátil de ese individuo (Anthony Wiener, que tiene toda una historia), no tenía nada relevante.

Pero aquí lo tenéis, toda la portada sobre un posible escándalo que ni siquiera resultó serlo, a seis columnas, con todas las piezas en tono acusatorio. Estuvimos hablando de los correos electrónicos sin parar durante toda la semana, algo que, muy probablemente, acabó por darle la presidencia a Trump.

Esto sucede constantemente. Lo que obsesiona a los medios, los escándalos de corrupción que se convierten en sainetes que duran semanas y semanas, son a menudo o estúpidos o completamente irrelevantes. Esto sucede tanto en medios nacionales como locales (el CT Mirror está obsesionado con un funcionario aleatorio desde hace meses), y me pone de los nervios.

Me podría poner conspirativo, y hablar sobre cómo las noticias sobre poderosos y ricos son ignoradas, o cómo el tráfico de influencias legal pero dudoso éticamente es tolerado, pero no estoy seguro de que sea ni eso. A Hunter Biden bien que lo están investigando, sin ir más lejos. No sé si el sesgo es que Manchin y Kushner están haciendo esto en público y sin esconderse, y eso no le da la intriga que los periodistas necesitan para que algo sea noticia, o les falta narrativa, o Dios sabe qué. La cosa, de todos modos, va más allá de los medios; hay como una vagancia sistémica para hablar de corrupción en este bendito país.

La política aquí mueve tanto dinero, y lo hace tan a la vista, que es muy difícil no caer en el cinismo. Los medios parece que ni lo intentan."                  (Roger Senserrich, Four Freedoms, 20/04/22)

12.11.20

Una valiente investigación revela el papel de la Banca Internacional en las transacciones del dinero más sucio... la banca internacional occidental mueve billones (españoles: con “b”) en transacciones de terroristas, corruptos, traficantes de drogas, y todo un atajo de execrables individuos de la “flor y nata” internacional... la administración Trump habría hecho que estas "actividades" fuesen todavía más fáciles y asequibles para los criminales internacionales

 "No sin su buena parte de razón, pocos darían su brazo a torcer por una Banca Internacional en la que todos ya sabíamos que muchos ejecutivos cogen el dinero, y prefieren no preguntar absolutamente nada

Entregar el brazo en ese contexto es ganarse a pulso una dislocación severa, cuando no directamente una amputación. Pero una cosa es que cojan ese dinero sin preguntar, y otra muy distinta que incluso sepan casi con certeza su procedencia, y no sólo hagan de “tripas corazón”, sino que actúen de una manera que les hace pasar directamente a formar parte del entramado.

Ahora parece que alguien ha parado la música celestial del baile de máscaras en el que las finanzas internacionales andaban dando sus pasos al son que tocaba, y una reveladora, inquietante y valiente (valientísima) investigación periodística ha revelado los entresijos más sucios de algunos bancos internacionales. Y de paso también ha destapado la naturaleza, procedencia, e intencionalidad del dinero internacional más nauseabúndamente sucio y manchado.

Ese “Cuarto Poder”, que es la prensa, hay que reconocer que tampoco está precisamente libre de mácula, y a veces tiene sus (grandes) tachas. Éstas en el fondo no están a la altura de la honrosa institución socioeconómica que representa el periodismo, sino que en realidad forman parte de las censurables conciencias humanas que inevitablemente coexisten en cualquier espacio socioeconómico donde haya personas al volante.

Pero el sector de los medios es esencial para que los sistemas socioeconómicos no sólo no se vengan abajo, sino para que además se mantengan pedaleando lo más sanos y durante el mayor tiempo posibles. Su papel es clave para contrarrestar el siempre voraz y muchas veces megalómano poder político, y deben estar ahí y además cumplir con su obligación de airear los excesos de ese poder para que, o bien éste no se atreva a pasar de la raya, o bien para que cuando la traspase se puedan al menos tener opciones de forzar a que salga al terreno de juego un suplente menos invasivo.

Y en el desempeño de ese papel hay infinidad de grandes (grandísimos) profesionales jugándose literalmente la vida cada día, con investigaciones muy comprometidas, y con artículos que desatan la ira de poderes que, tal vez no sean (todavía) todopoderosos, pero que sí que pueden intentar hacer mucho para alterar la vida de cualquier periodista de investigación, como por ejemplo el del artículo de Buzzfeed News que analizaremos hoy.

 El mundo (también el financiero) a veces se presenta como un país de unicornios donde todo funciona a las mil maravillas, donde los mágicos mercados se autorregulan sin más, donde los gestores toman decisiones responsables, donde todos los agentes se preocupan por la sostenibilidad del sistema, y donde hay decisiones que se toman en pos del bien común. 

 Pero cuando uno deja a un lado los manuales más idealistas del capitalismo (y/o de cualquier otro sistema socioeconómico), entonces los unicornios se destiñen de su ficticio color arco iris, las conciencias se vienen abajo y se pasan a un lado más en la penumbra, los mercados muestran su cara más cruelmente voraz, y el dinero evidencia su papel más sucio y pestilente antes de entrar en la lavandería, como si de simple papel higiénico se tratase.

Es precisamente ahí donde es clave la responsabilidad socioeconómica de ese cuarto poder que son los medios, y donde no debemos dejar de reclamar el limpiar lo sucio, regenerar el sistema, reparar los mercados, sustituir y/o encarcelar a los responsables, defender que (al menos) se deban erigir los mecanismos político-socioeconómicos para que algo así no se vuelva a repetir, etc.

Y esa responsabilidad es la que ha ejercido valientemente la deprimente y reciente investigación periodística de Buzzfeed News que les mencionaba antes, no habiéndoles temblado el pulso en ese medio a la hora de levantar la manta y que se vea lo extendido de la podredumbre. Les ruego encarecidamente la lectura de este revelador y “desenmascarador” artículo, que además aporta no pocos "pelos y señales" de todo lo que evidencia (y es mucho, muchísimo).

 Ahora queda patente de dónde pueden venir las hondonadas de dinero sucísimo que está entrando en nuestros sistemas por la puerta de atrás, y que a buen seguro no tiene ni consecuencias ni intencionalidad lo más mínimamente buenas y constructivas, sino más bien vil y destructivamente despiadadas: tan despiadadas como la forma en que es extraído de los sufridos ciudadanos de los que proviene en última instancia.

Y que conste que esto en ningún caso trata de ser una crítica abierta a la banca privada como tal, ni caemos en reclamar ingenua y/o premeditadamente una banca pública que caería en los mismos excesos y en otros tantos. Este análisis no pretende entrar en ningún caso en el eterno debate público-privado, porque personalmente lo considero más aburrido y estéril que la tierra yerma. Esto no va de público o privado, ni tan siquiera vamos a entrar hoy en si capitalismo, socialismo, o dictapitalismo.

 Esto va de la calidad de las acciones (y las conciencias) de los que mueven los hilos del poder y las transferencias de los bancos, y por tanto el problema que existe tanto en unos casos como en otros es que algunos de los que están al cargo, en la práctica, ni tienen ética ni la conocen, independientemente de su adscripción teórica. Si impera la ética, y en cierto grado se busca también con responsabilidad el bien común, tanto un gestor y una banca privada pueden ser igual o mejor que una banca pública (y viceversa). Esto no va de pertenencia, sino de simple y llana higiene socioeconómica y mental, y de que el poder humano todo lo corrompe.

Como bien venía a decir recientemente de forma muy acertada Juan Ramón Rallo (al hilo de otro tema distinto), el asunto no es tanto plantearse que mande uno u otro, sino que quien mande tenga limitados sus poderes y que éstos no sean virtualmente ilimitados. El objetivo sería que, en el fondo, no tenga tanto impacto económico sobre el estado de bienestar que sea uno u otro el que ostente el cetro de mando de lo que, hace ya más de un lustro, reacuñamos desde aquí como Socioeconomía

Por mi parte, simplemente añadiría además que habría también que exigir la depuración de responsabilidades y la exigencia de justicia en igualdad de condiciones, lo que en el tema de hoy debería llevar entre rejas a alguno que otro, sea político, autócrata o financiero. No lo harán, pero no nos cansaremos de exigirlo. Otro mundo es posible, y otras conciencias son dignas de imponerse, permitiendo relegar a las naturalezas tan oscuras como oscuro es el rincón al que debemos condenarlas dentro del sistema, para que no lo corrompan todo infestando hasta el último bolsillo.

 Según habrán podido leer en el enlace original anterior de la valiente y sistémica publicación de Buzzfeed News, el resumen de la terrible e infame noticia es que una serie de documentos gubernamentales secretos han salido a la luz, evidenciado cómo la banca internacional occidental mueve billones (españoles: con “b”) en transacciones que serían más culpables que sospechosas, pero ante las que algunos cierran los ojos enriqueciéndose con ellas. Así, a la par, estarían facilitando la destructiva y letal labor (por llamarlo de alguna forma) de terroristas, corruptos, traficantes de drogas, y todo un atajo de execrables individuos de la “flor y nata” internacional. 

Y la segunda parte de la noticia, todavía más terrible que lo anterior, es que esos documentos gubernamentales también evidencian cómo el gobierno de los Estados Unidos, y en especial la administración Trump, han sido plenamente conscientes de estos lamentables hechos, y a pesar de sus amplios poderes y capacidades ejecutivas para poner fin a tamañas tropelías, la realidad es que en la práctica desde instancias oficiales no han parado en seco estas “actividades” financieras.

Es más, en concreto la administración Trump habría hecho que estas "actividades" fuesen todavía más fáciles y asequibles para los criminales internacionales, por ejemplo al hacer más difícil que los ejecutivos responsables de las mismas respondan por ellas personalmente. Así, las propias entidades culpables han sido las que han venido acabando por ser las jurídicamente responsables por estas acciones tan censurables y dañinas.

 Tras pagar las entidades religiosamente las multas que en algún caso les iban cayendo inevitablemente ante las evidencias destapadas por los informes del FinCEN (Financial Crimes Enforcement Network, la agencia del Departamento del Tesoro encargada de combatir el lavado de dinero), estas entidades (o más bien sus ejecutivos) proseguían con sus actividades más oscuras. Así hacían que, en la práctica, esas multas fuesen como un simple peaje a pagar para poder dar continuidad a las “actividades” y con los personajes que, en realidad, deberían esforzarse por erradicar de sus balances y de cuadros organizativos. 

Vaya por delante que Buzzfeed News informaba de que uno de los informes monográficos semanales del valeroso FinCEN se llama “Semanal de la Cleptocracia”, y se dedica a compilar los “tejemanejes” de líderes mundiales como el presidente Putin de la blanca Rusia (o más bien de la que sería presuntamente la Rusia blanqueada). Y eso por no hablar de otros países que directamente son calificados de hubs del crimen internacional o incluso de “Narcoestados”, como por ejemplo esa Venezuela a la que acusan también desde diversos medios e instituciones de dejar fluir la blanca nieve, pero en otro sentido totalmente ajeno al inexistente frio caribeño.

Y es que el rastreo de estas noticias y “transacciones” no se limita estrictamente a Estados Unidos, sino que las encomiables investigaciones se extienden a lo largo y ancho del planeta, contando en su trabajo de investigación con la colaboración de comprometidas organizaciones periodísticas internacionales, con más de 100 organizaciones del sector, y desarrollando su actividad en casi 90 países diferentes de todo el mundo. Casi nada lo del ojo, digo, lo del cáncer (financiero y… socioeconómico). Los documentos han sido recopilados muchas veces desde dentro de los propios bancos, por éticos empleados consternados por lo que pasaba entre sus manos. Estos valientes han puesto en riesgo sus puestos de trabajo (e incluso sus vidas) por su compromiso para con la verdad, la ética, y la justicia más sostenible. 

Estas evidencias muestran en crudo una serie de vulnerabilidades de nuestros sistemas financieros, con pruebas documentales que fueron compartidas en su momento con los propios gobiernos, pero que se mantuvieron sospechosamente lejos de la vista y del juicio de la opinión pública; una ocultación que ocurría mientras los criminales podían seguir explotando impunemente esas vulnerabilidades del sistema.

El dinero movido en la penumbra incluye los onerosos beneficios producto de las guerras del narcotráfico, los muchos ceros de las fortunas producto de las políticas más extractivas puestas “en producción” en países en vías de (anti)desarrollo, o los lucrativos ingresos fraudulentos vía esos esquemas de Ponzi que prometen hacerse rico, sólo mientras siga aumentando la magnitud de este fraude financiero típico timadores profesionales “de guante blanco”. 

Sí, todo ello se puede considerar parte de una colosal lavadora de dinero mundial puesta en marcha para “blanquear” el dinero más sucio del planeta, y que cuando llega a su ciclo de centrifugado vaya dejando una parte de los réditos en los balances de algunas entidades amantes de la lejía más blanqueadora (y corrosiva para el sistema). Pero no piensen que esto sólo es un tenderete financiero más, con canales “alternativos” del dinero sucio que poco le impactan a usted en su vida y al sistema socioeconómico en su conjunto. Nada más lejos de la realidad.

Lo cierto es que lo realmente noqueante de estos informes e informaciones son que ese dinero pestilente, una vez que ha sido debidamente higienizado para no repugnar en sus destinos finales, acaba siendo “encauzado” hacia incontables sectores y empresas, que van desde instituciones deportivas, estudios de Hollywood, o el negocio inmobiliario, hasta esos restaurantes en los cuales es tan fácil blanquear dinero al no haber manera de poner un contador de personas en la puerta.

 Queda a la vista pues la sangrante verdad que expone Buzzfeed News, y que es que en la actualidad las redes que mueven por todo el mundo el dinero más pestilente se han convertido en auténticas arterias de lo que inevitablemente se ha auto-convertido en parte de la economía mundial. Y además este lado oscuro de la economía va camuflándose “de lagarterana” para confundir al personal, y así poder pasar desapercibidos al ir amontonando sus oscuros ceros entre los ceros legítimos de la cara blanca de la socioeconomía (pero la blanca de verdad), hasta hacerlos metastásicamente indistinguibles. Toda una estratagema de culpable inocencia a la que seguro no se arriesgarían si ellos mismos fuesen a responder personalmente por sus vergonzosas acciones, que llenan bolsillos y vacían conciencias.

Aquí no sólo es execrable el origen de ese dinero, cómo se estaría blanqueando, y para qué se podría estar utilizando en última instancia (para nada bueno), sino que además resulta inconcebible la más cruda irresponsabilidad de contribuir a infestar todo el sistema a la vista de la escandalizada opinión pública. 

Esto potencialmente da alas al descontento popular más anti-sistema: justo lo que nos faltaba en este mundo tan socioeconómicamente convulso de hoy en día. Pero qué se puede esperar en términos de responsabilidad y ética personal de estos algunos individuos que forman parte de un entramado como éste, que apesta de principio a fin, y donde ellos están literalmente en medio haciendo de pútrida correa transmisora. 

Sin ir más lejos, desde aquí ya les hemos analizado en ocasiones anteriores por ejemplo acerca del protagonismo del entramado financiero tanto en el desarrollo del brutalmente manipulado referéndum del Brexit, así como posteriormente en cómo diversos ministros británicos están en nómina de las tramas internacionales sin saberse exactamente en concepto de qué “gestiones”, y que sospechosamente se mantenían en la oscuridad sin querer quedar expuestos a la opinión pública más “higienizante”. Y por cierto, en esta última “super-producción” que es ese Brexit que está despeñando por el precipicio socioeconómico al Reino Unido, el desenlace de la trama parece ser que se articula en torno a cómo el dinero ruso vuelve de nuevo a ser el protagonista “estelar”.

Y ya como colofón final vamos a añadir un par de reflexiones. Es innegable que el dinero mueve el mundo, y que a algunos de los que lo mueven no les importa ni lo más mínimo quién lo está moviendo ni para qué. 

Pero a la vez es innegable que el que mueve el dinero acaba siendo realmente en cierta forma el amo del mundo, puesto que los que lo reciben acaban haciéndolo sólo en concepto de algunas “gestiones”, en las cuales acaban siendo unos simples “mandados” del pagador para que les sigan llegando las lucrativas transferencias. Y ello no es óbice para que el verdadero pagano sea ese ciudadano medio, que ve cómo el sistema socioeconómico se deteriora en su conjunto, y se le deshace entre las manos. Aquí las preguntas verdaderamente trascendentes ya no son ni el “cómo”, ni el “cuándo”, ni tan siquiera el “quién”, sino… el siempre procedente “para qué” y el inquietante “hasta dónde”.

 Porque si ha habido otro punto desesperanzador a la hora de esperar que el sistema se auto-purge, ha sido el asistir atónitos a cómo, en los mercados, unas entidades manchadas y señaladas por la evidencia de sus conductas más censurables no se han visto fuertemente penalizadas por semejante escándalo, en lo que no es sino un poderoso efecto llamada que amenazaría con acabar pulverizando por contagio la fama del todo el sector financiero. Si los que la hacen no la pagan, ya no por los responsables políticos, sino tampoco por un mercado mucho más cercano a ser parte de la opinión pública, mucho me temo que la enfermedad está mucho más extendida incluso de lo que ya de por sí podía parecer (que no era ni mucho menos poco).

Que el dinero mueve el mundo es algo que ya les decía que todos sabemos. Que hay algunas deleznables naturalezas humanas que idolatran al dinero cuan becerro de oro, y que son capaces de hacer lo que sea por atesorarlo también lo sabemos todos. Que a menudo esas naturalezas humanas lo que acaban recaudando es un dinero más sucio que la conciencia de un corrupto o algo peor tampoco debería sorprendernos. Que haya determinados países donde es el dinero sucio lo que más circula por sus arterias, y que es un dinero manchado de sangre, corrupción, explotación sexual, chantajes, asesinatos a sueldo y todo tipo de negocios mafiosos, es algo que el que no lo sepa es porque no quiere (o no puede ver para auto-protegerse mentalmente).

 Pero ya que haya sido parte de la la propia banca internacional la que ahora queda patente que se ha tapado la nariz y ha cerrado los ojos, y ha sido cómplice en mover ese dinero tan pestilente para ponerlo a buen recaudo, si bien es algo que sorprendernos sorprendernos tampoco lo consigue, sí que es cierto que constata fehacientemente lo que era un secreto a voces. Ahora bien, descubierto el “pastel”, lo que procede es depurar responsabilidades y evacuar el tambor de la lavadora… pero claro, cuando esto no llega a ocurrir, inevitablemente hay que mirar al dueño del telar y, sobre todo, al que mueve los hilos del mismo desde las sombras.

 Sinceramente, por mucha pestilencia que vayan a airear por toda la estancia, hay ventiladores que cuanto antes se pongan en marcha mejor… Es por el bien del sistema en su conjunto, y lo primero por el bien del propio mundo financiero mayormente honrado y por su sistémica fama. Si no luego pasa lo que pasa, el pueblo se indigna, los anti-sistema se ven legitimados para ejercer la violencia más cruda, y los votantes acaban votando al que grita más visceralmente que va a sacar las guillotinas a la calle. 

Y no duden que incluso puede que lo hiciesen si pudiesen, pero la mayoría de ésos ya lo harían tras airear la estancia con ventiladores socioeconómicos que tienen el cable cortado y las aspas rotas a propósito. Por ello, a pesar de que pudiesen acabar rodando las cabezas (“de turco”) entre nuestros pies, lo más probable es que el resultado de unos y otros acabase siendo exactamente el mismo: que el dinero sucio siga fluyendo por el sistema, y tan sólo vayan rotando los bolsillos de destino.

 Y es que el dinero sucio no tiene nombre, y algunas conciencias tampoco. Pero menos lo tienen los que ensucian el dinero, que muchas veces entregan ya teñido de color rojo vivo y con las manos manchadas de sangre. Porque aquí hay países con más "pelusas" que alfombra, y les recuerdo que alfombras era lo que por ejemplo el Señor Lobo acababa usando en Pulp Fiction para envolver los cadáveres sin dejar ni rastro de mancha. Ya ven cómo en este mundo, a la vista de algunos "profesionales", lo que hay realmente son algunos pocos criminales que están altamente profesionalizados…"                  ( , El blog salmón, 11/11/20)

11.10.18

Trump ya ganaba 200.000 dólares al año cuando tenía 3 años. Para los 8 años ya era millonario... Claro que el dinero salió de su padre, quien pasó décadas evadiendo impuestos de esta forma... La aristocracia del fraude que dirige Estados Unidos

"Es posible que no le haya hecho justicia al presidente Donald Trump.

Verán, siempre he dudado cuando afirma que es un gran negociador de acuerdos. Sin embargo, nos acabamos de enterar de que sus dotes negociadoras comenzaron a temprana edad.

De hecho, fueron tan impresionantes que ya ganaba 200.000 dólares al año a una muy corta edad. En específico, eso era lo que ganaba cuando tenía 3 años. Para los 8 años ya era millonario.

Claro que el dinero salió de su padre, quien pasó décadas evadiendo impuestos que legalmente tenía que pagar por el dinero que les daba a sus hijos.

El reportaje de The New York Times sobre la historia del fraude de la familia Trump en realidad tiene que ver con dos tipos diferentes de fraudulencia, aunque vinculados.

Por una parte, la familia cometió fraude fiscal a gran escala al usar diversas técnicas de lavado de dinero para evitar pagar lo que debía. Por la otra, la historia que Donald Trump cuenta sobre su vida —esa imagen que tiene de sí mismo como un empresario que se forjó solo y que hizo miles de millones de dólares de la nada— siempre ha sido una mentira: no solo heredó su fortuna, pues recibió el equivalente (en dólares actuales) a más de 400 millones de dólares de su padre, sino que además Fred Trump rescató a su hijo cuando sus negocios salieron mal.

Algo que se puede inferir de estas revelaciones es que los seguidores de Trump que imaginan haber encontrado a un líder al que le gusta decir las cosas como son y que promete “drenar” el “pantano” político, mientras usa su perspicacia empresarial para lograr que Estados Unidos vuelva a ser grandioso, han sido tremendamente engañados.

Sin embargo, la historia del dinero de Trump forma parte de otra más amplia. Incluso entre quienes están molestos por la era de gran desigualdad y creciente concentración de la riqueza en la que vivimos hay una tendencia a creer que la gran riqueza, casi siempre, se gana más o menos de manera honesta. Es ahora cuando la corrupción descarada y los delitos subyacentes en nuestra marcha hacia la oligarquía han comenzado a ser evidentes.

Hasta hace poco, mi suposición era que la mayoría de los economistas, incluso los expertos fiscales, habrían estado de acuerdo en que la elusión fiscal de las empresas y los ricos —que es legal e implica el uso de las leyes fiscales para reducir la carga impositiva— era un problema importante, pero que la evasión fiscal —ocultar dinero al recaudador— era un problema menor. Era evidente que muchos ricos se aprovechan de vacíos legales, aunque moralmente dudosos, presentes en el código fiscal, pero la opinión prevaleciente era que sencillamente defraudar a las autoridades fiscales, y por ende a la gente, no era algo tan generalizado en los países avanzados.

No obstante, esta opinión siempre se sustentó en bases inestables. Después de todo, la evasión fiscal, casi por definición, no aparece en las estadísticas oficiales y los millonarios no tienen el hábito de hablar de lo magníficos que son como evasores fiscales. Para darnos una idea más completa del tamaño del fraude, tenemos que hacer lo que hizo el Times (investigar de manera exhaustiva las finanzas de una familia en específico) o depender de golpes de suerte que revelen lo que suele estar oculto.

Hace dos años, un enorme golpe de suerte apareció cuando se divulgaron los Papeles de Panamá, un tesoro de datos filtrados desde un bufete jurídico panameño especializado en ayudar a la gente a ocultar su riqueza en paraísos fiscales, y por una filtración más pequeña desde el banco HSBC.

Aunque los detalles revelados por esas filtraciones llegaron de inmediato a los titulares, su verdadero significado solo ha quedado claro con el trabajo que han hecho Gabriel Zucman y sus colegas en la Universidad de California en Berkeley, en colaboración con las autoridades fiscales escandinavas.

Al comparar la información de los Papeles de Panamá y otras filtraciones con los datos fiscales nacionales de esa región europea, los investigadores descubrieron que la evasión fiscal descarada es grande entre los más ricos. Los muy ricos acaban pagando una tasa impositiva efectiva mucho más baja que los más o menos ricos no porque haya vacíos en las leyes fiscales, sino porque violan la ley.

Los contribuyentes más ricos, según descubrieron los investigadores, pagan en promedio 25 por ciento menos de lo que deben, y claro, muchos individuos pagan incluso menos que eso.
Se trata de una cantidad considerable. Si los ricos de Estados Unidos evaden impuestos en la misma medida (cosa que seguramente hacen), tal vez le cuestan al gobierno tanto como el programa de cupones y subsidios de alimentos para los estadounidenses más pobres y que ahora las autoridades amenazan con eliminar.

Además, usan la evasión fiscal para atrincherarse en sus privilegios y transferirlos a sus herederos, como sucedió con Trump.

La pregunta obvia es: ¿qué están haciendo nuestros representantes electos con esta epidemia de defraudación? Bueno, los republicanos en el Congreso han estado en ello desde hace años: de manera sistemática, han reducido el financiamiento del Servicio de Rentas Internas (IRS) para paralizar su capacidad de investigar la defraudación fiscal. No solo nos gobiernan evasores fiscales; tenemos un gobierno de evasores fiscales por y para evasores fiscales.

Por tanto, lo que estamos aprendiendo es que la historia de lo que está ocurriendo en nuestra sociedad es aún peor de lo que creíamos. No solo se trata del presidente de Estados Unidos que, como lo dijo el reportero fiscal David Cay Johnston, es un “vampiro financiero” que engaña a los contribuyentes como ha engañado a casi todos los que hacen tratos con él.

Además de eso, nuestra tendencia hacia la oligarquía —el gobierno de los pocos— también se ve cada vez más como una kakistocracia, el gobierno de los peores o, al menos, de los menos escrupulosos. La corrupción no es sutil; todo lo contrario, es más descarada de lo que cualquiera se imaginó. Además es profunda y ha infectado nuestra política, de manera muy literal, hasta los niveles más altos."                   (

31.1.18

La trama rusa de Trump

"Todo esto es sobre lavado de dinero”, confesó Steve Bannon, el ideólogo y confidente de Trump, a Michael Wolff en la entrevista que le hizo para su explosivo libro Fuego y furia. Y añadió que los contactos que tuvieron lugar entre agentes rusos y el hijo y el yerno de Trump fueron “traicioneros”.

 Una declaración tan directa motivó la ruptura definitiva de Trump con el estratega que le condujo al poder. Y atrajo la atención del fiscal especial Robert Mueller, que convocó inmediatamente a Bannon para interrogarle sobre el tema. Algo que Bannon se barruntaba porque detectó que Mueller había nombrado como su segundo a Andrew Weissman, el mejor especialista legal en lavado de dinero. 

Y como Bannon es un nacionalista, enfrentado a la familia Trump que él considera corrupta, prefirió destapar las cloacas para salvarse de su inmundicia. Pero en realidad, no hay una sola conexión, sino múltiples, con el oscuro mundo de las oligarquías ruso-ucranianas que conforman una trama que podría incendiar la Casa Blanca y de paso el Kremlin.

Antes de proseguir, permítame, querido lector, una doble advertencia. Todas las informaciones a las que haré referencia han sido publicadas por fuentes que, en mi opinión profesional, considero creíbles, al menos como hipótesis. 

Por otra parte, dada la complejidad e importancia del tema, aunque lo resuma en estilo periodístico, me propongo contarle la historia por entregas, aunque limitadas en el tiempo. Entre otras cosas porque los subsiguientes episodios se están escribiendo en el FBI, en el Congreso de Estados Unidos, en la Casa Blanca y probablemente en el Kremlin.

La primera constatación es la más sencilla. Trump es, sobre todo, un hombre de negocios que siempre supo ganar dinero de formas poco ortodoxas, según ha documentado un colectivo de periodistas bajo la dirección de Yvonnick Denoël, en su libro Les dossiers noirs de Donald Trump (2017). 

Su instinto político y su capacidad mediática le hicieron ver la posibilidad de llegar a presidente en un sistema político descompuesto y dividido como es el de EE.UU. Y le salió por chiripa, con alguna ayudita, como veremos. Pero su trayectoria todos estos años fue la de hacer dinero, miles de millones, de bancarrota en bancarrota, y con ello proceder a la acumulación primitiva de bellas mujeres, por cierto sobre todo del este de Europa. 

Pero la crisis del 2008 le golpeó duramente. Necesitaba reponerse rápido para mantener su crédito y pagar multas, deudas y silencios. La oportunidad surgió en el 2012 cuando en su concurso de miss Universo conectó con el oligarca azerbaiyano Agalarov, tal y ­como escribí hace dos semanas en este diario. 

El traslado de miss Universo a Moscú en el 2013 fue todo un éxito, incluida la presentación personal de Putin por su amigo Agalarov a quien el presidente ruso había condecorado. Ahí surgieron una serie de proyectos incluido el de una torre Trump junto a la torre Agalarov, negociado por el abogado y consigliere de Trump, Michael Cohen, personaje clave en nuestra historia. Lo significativo, sin embargo, fue que en realidad Trump no invirtió en ningún proyecto en Rusia. No hubo torre Trump.

Hizo algo mucho más importante. Atraer dinero ruso hacia sus propiedades inmobiliarias en EE.UU., comprando inmobiliario Trump en Nueva York, en Nueva Jersey, en Florida, en proyectos que hubieran sido ruinosos si no hubiera sido por la demanda generada por inversores rusos. Cuyo propósito era simplemente exportar sus ganancias sin pasar por el fisco. 

Pero la operación fue creciendo, con el apoyo de personajes mediomafiosos como otro inmigrado ruso Felix Sater, que cooperó con Michael Cohen en proyectos conjuntos de inversión rusa en EE.UU., e incluso con la cooperación de bancos tan importantes como el Deutsche Bank, que fue multado por EE.UU. por haber transferido 10.000 millones de dólares a EE.UU. procedentes de fuentes poco claras en Rusia. Deutsche Bank prestó a Trump en un momento clave al menos 130 millones, gracias a las conexiones rusas de Trump. 

Al mismo tiempo, Jared Kushner, pareja de Ivanka, aprovechó también estas redes de conexión y hizo pingües negocios inmobiliarios, conectando, por ejemplo con el oligarca ruso, Lev Leviev, para comprar un inmueble en Times Square con una hipoteca del Deutsche Bank.

En este clima de buen entendimiento con Rusia y con los prorrusos ucranianos, Trump se rodeó en el 2016 de personajes apreciados en esos medios, como Paul Manafort, lobbista a favor de los ruso-ucranianos, su primer jefe de campaña, o Carter Page, su asesor internacional, todos ellos conocidos por los oligarcas rusos.

 E incluso con el general Flynn, su primer asesor de Seguridad Nacional, comentarista pagado de Russia Today, la television del Kremlin. Todos ellos están procesados por mentir al FBI sobre sus contactos rusos.

Pero el momento clave en el que se pasa de los negocios a la política fue el 9 de junio del 2016. Ese día hubo una reunión en la torre Trump entre Donald Trump júnior, Jared Kushner, Paul Manafort, Rinat Akhmetshin (lobbista en EE.UU., exagente del FSB/KGB), Emin Agalarov, su agente Rob Galdstone y la abogada rusa Natalia Veselnítskaya, fascinante y misterioso personaje con probable conexión directa con el Kremlin. 

La reunión fue motivada porque Veselnítskaya ofreció, a través de Gladstone, información comprometedora (correos electrónicos) contra Hillary a cambio de anular la Magnitsky Act, sancionadora de líderes rusos, si Trump era presidente. Júnior dijo que le encantaba la idea pero que dependía de la información. 

Según todos los asistentes no hubo tal in­formación y se disolvió el trato. Pero 40 minutos después de la reunión Donald Trump, que estaba en la torre Trump aunque no en la reunión, anunciaba en un tuit que disponía de informaciones comprometedoras sobre Hillary."               (Manuel Castells, La Vanguardia, 27/01/18)

15.5.17

La empresa de Ivanka Trump obtuvo los derechos de dos marcas en China el día en que cenó con el presidente Xi

"La compañía de Ivanka Trump, hija del presidente estadounidense Donald Trump, se hizo con las licencias comerciales de dos de sus marcas para vender productos en China el mismo día en que cenó con el presidente de este país, Xi Jinping, en Mar-a-Lago, la mansión que el magnate norteamericano posee en Florida.

La Oficina de Marcas Registradas de China publicó el pasado 6 de abril cientos de anuncios relativos a las solicitudes de empresas chinas y extranjeras para proteger sus marcas en el mercado del gigante asiático. Entre ellas está la de "Ivanka Trump Marks LLC", la empresa que gestiona los derechos de propiedad intelectual de los productos de la firma del hija del presidente, según adelantó el martes la agencia AP.

Documento oficial de la Oficina de Marcas Registradas de China que certifica la obtención provisional de los derechos de explotación de la marca Ivanka Trump en los negocios de servicios de belleza (izquierda) y bolsos (derecha).

Las autoridades competentes dieron, según pudo comprobar este periódico, la autorización provisional para el uso exclusivo de la marca en dos líneas de negocio (servicios de belleza y bolsos) horas antes de que el presidente Xi cenara con Donald e Ivanka Trump. La resolución no es aún definitiva: ahora otras marcas que consideren que la decisión no es justa tienen un periodo de tres meses para presentar alegaciones. Ambas solicitudes se habían presentado el 17 de mayo del año pasado.

La hija del presidente estadounidense, de 35 años, ejerce de asesora de su padre, aunque no esté contratada, y su papel en la Casa Blanca ha despertado numerosas suspicacias sobre los potenciales conflictos de intereses de la familia Trump en el poder.

El mercado chino está muy interesado en el tirón comercial de la hija de Trump. Hace apenas un mes trascendió que decenas de firmas e individuos chinos se habían apresurado a registrar variaciones del nombre de la empresaria como marcas de su propiedad.

Según la oficina del registro de marcas china, son 55 los productos registrados (o en proceso) con el nombre Ivanka en distintos negocios. Algunos hace años que lograron la autorización, la gran mayoría la tiene pendiente y hasta alguna ha sido rechazada.

La confianza del presidente Donald Trump en su hija se ha hecho patente desde el día uno de su presidencia. En diciembre pasado, estuvo presente en la primera reunión que tuvo su padre como presidente electo con un líder extranjero, con el japonés Shinzo Abe en su residencia de Nueva York. Se sentó al lado de la canciller alemana, Angela Merkel, durante una reunión bilateral en Washington y también asistió a la cena el pasado 7 de abril durante la cumbre con el presidente chino, entre otros muchos actos.

En un comunicado, la abogada de Ivanka Trump, Jamie Gorelick, aseguró que "las normas éticas no obligan a inhibirse de las responsabilidades en la Casa Blanca en cuestiones de política exterior por el mero hecho de que una empresa bajo su propiedad haya solicitado un registro de marcas a un determinado país".

El presidente Trump afirma haber dejado todos sus negocios en manos de sus hijos y no tener ninguna comunicación respecto de las decisiones que toman. Sin embargo, en un tuit atacó a los almacenes Nordstrom por dejar de vender la marca de ropa y complementos de su hija. Poco después, la consejera de la Casa Blanca Kellyanne Conway salió después en televisión pidiendo públicamente que los espectadores compraran productos de Ivanka Trump. Un tipo de promoción que está prohibido por ley."                   (El País, 19/04/17)