"No sin su buena parte de razón, pocos darían su brazo a torcer por una
Banca Internacional en la que todos ya sabíamos que muchos ejecutivos
cogen el dinero, y prefieren no preguntar absolutamente nada.
Entregar el brazo en ese contexto es ganarse a pulso una dislocación
severa, cuando no directamente una amputación. Pero una cosa es que
cojan ese dinero sin preguntar, y otra muy distinta que incluso sepan
casi con certeza su procedencia, y no sólo hagan de “tripas corazón”,
sino que actúen de una manera que les hace pasar directamente a formar
parte del entramado.
Ahora parece que alguien ha parado la música celestial del baile de
máscaras en el que las finanzas internacionales andaban dando sus pasos
al son que tocaba, y una reveladora, inquietante y valiente
(valientísima) investigación periodística ha revelado los entresijos más
sucios de algunos bancos internacionales. Y de paso también ha destapado la naturaleza, procedencia, e intencionalidad del dinero internacional más nauseabúndamente sucio y manchado.
Ese “Cuarto Poder”, que es la prensa, hay que reconocer que tampoco está precisamente libre de mácula,
y a veces tiene sus (grandes) tachas. Éstas en el fondo no están a la
altura de la honrosa institución socioeconómica que representa el
periodismo, sino que en realidad forman parte de las censurables
conciencias humanas que inevitablemente coexisten en cualquier espacio
socioeconómico donde haya personas al volante.
Pero el sector de los medios es esencial para que los sistemas
socioeconómicos no sólo no se vengan abajo, sino para que además se
mantengan pedaleando lo más sanos y durante el mayor tiempo posibles. Su
papel es clave para contrarrestar el siempre voraz y muchas veces
megalómano poder político, y deben estar ahí y además cumplir con su
obligación de airear los excesos de ese poder para que, o bien éste no
se atreva a pasar de la raya, o bien para que cuando la traspase se
puedan al menos tener opciones de forzar a que salga al terreno de juego un suplente menos invasivo.
Y en el desempeño de ese papel hay infinidad de grandes (grandísimos)
profesionales jugándose literalmente la vida cada día, con
investigaciones muy comprometidas, y con artículos que desatan la ira de
poderes que, tal vez no sean (todavía) todopoderosos, pero que sí
que pueden intentar hacer mucho para alterar la vida de cualquier
periodista de investigación, como por ejemplo el del artículo de
Buzzfeed News que analizaremos hoy.
El mundo (también el financiero) a veces se presenta como un país de
unicornios donde todo funciona a las mil maravillas, donde los mágicos
mercados se autorregulan sin más, donde los gestores toman decisiones
responsables, donde todos los agentes se preocupan por la sostenibilidad
del sistema, y donde hay decisiones que se toman en pos del bien común.
Pero cuando uno deja a un lado los manuales más idealistas del
capitalismo (y/o de cualquier otro sistema socioeconómico), entonces los
unicornios se destiñen de su ficticio color arco iris, las conciencias
se vienen abajo y se pasan a un lado más en la penumbra, los mercados
muestran su cara más cruelmente voraz, y el dinero evidencia su papel más sucio y pestilente antes de entrar en la lavandería, como si de simple papel higiénico se tratase.
Es precisamente ahí donde es clave la responsabilidad socioeconómica
de ese cuarto poder que son los medios, y donde no debemos dejar de
reclamar el limpiar lo sucio, regenerar el sistema, reparar los
mercados, sustituir y/o encarcelar a los responsables, defender que (al
menos) se deban erigir los mecanismos político-socioeconómicos para que
algo así no se vuelva a repetir, etc.
Y esa responsabilidad es la que ha
ejercido valientemente la deprimente y reciente investigación periodística de Buzzfeed News que les mencionaba antes,
no habiéndoles temblado el pulso en ese medio a la hora de levantar la
manta y que se vea lo extendido de la podredumbre. Les ruego
encarecidamente la lectura de este revelador y “desenmascarador”
artículo, que además aporta no pocos "pelos y señales" de todo lo que
evidencia (y es mucho, muchísimo).
Ahora queda patente de dónde pueden
venir las hondonadas de dinero sucísimo que está entrando en nuestros
sistemas por la puerta de atrás, y que a buen seguro no tiene ni
consecuencias ni intencionalidad lo más mínimamente buenas y
constructivas, sino más bien vil y destructivamente despiadadas: tan
despiadadas como la forma en que es extraído de los sufridos ciudadanos
de los que proviene en última instancia.
Y que conste que esto en ningún caso trata de ser una crítica abierta
a la banca privada como tal, ni caemos en reclamar ingenua y/o
premeditadamente una banca pública que caería en los mismos excesos y en
otros tantos. Este análisis no pretende entrar en ningún caso en el
eterno debate público-privado, porque personalmente lo considero más
aburrido y estéril que la tierra yerma. Esto no va de público o privado,
ni tan siquiera vamos a entrar hoy en si capitalismo, socialismo, o
dictapitalismo.
Esto va de la calidad de las acciones (y las
conciencias) de los que mueven los hilos del poder y las transferencias
de los bancos, y por tanto el problema que existe tanto en unos casos
como en otros es que algunos de los que están al cargo, en la práctica,
ni tienen ética ni la conocen, independientemente de su adscripción
teórica. Si impera la ética, y en cierto grado se busca también
con responsabilidad el bien común, tanto un gestor y una banca privada
pueden ser igual o mejor que una banca pública (y viceversa). Esto no va de pertenencia, sino de simple y llana higiene socioeconómica y mental, y de que el poder humano todo lo corrompe.
Como bien venía a decir recientemente de forma muy acertada Juan Ramón Rallo (al hilo de otro tema distinto),
el asunto no es tanto plantearse que mande uno u otro, sino que quien
mande tenga limitados sus poderes y que éstos no sean virtualmente
ilimitados. El objetivo sería que, en el fondo, no tenga tanto impacto
económico sobre el estado de bienestar que sea uno u otro el que ostente
el cetro de mando de lo que, hace ya más de un lustro, reacuñamos desde aquí como Socioeconomía.
Por mi parte, simplemente añadiría además que habría también que exigir
la depuración de responsabilidades y la exigencia de justicia en
igualdad de condiciones, lo que en el tema de hoy debería llevar entre
rejas a alguno que otro, sea político, autócrata o financiero. No lo
harán, pero no nos cansaremos de exigirlo. Otro mundo es
posible, y otras conciencias son dignas de imponerse, permitiendo
relegar a las naturalezas tan oscuras como oscuro es el rincón al que
debemos condenarlas dentro del sistema, para que no lo corrompan todo infestando hasta el último bolsillo.
Según habrán podido leer en el enlace original anterior de la
valiente y sistémica publicación de Buzzfeed News, el resumen de la
terrible e infame noticia es que una serie de documentos gubernamentales
secretos han salido a la luz, evidenciado cómo la banca internacional
occidental mueve billones (españoles: con “b”) en transacciones que
serían más culpables que sospechosas, pero ante las que algunos cierran
los ojos enriqueciéndose con ellas. Así, a la par, estarían facilitando
la destructiva y letal labor (por llamarlo de alguna forma) de
terroristas, corruptos, traficantes de drogas, y todo un atajo de
execrables individuos de la “flor y nata” internacional.
Y la segunda
parte de la noticia, todavía más terrible que lo anterior, es que esos
documentos gubernamentales también evidencian cómo el gobierno de los
Estados Unidos, y en especial la administración Trump, han sido
plenamente conscientes de estos lamentables hechos, y a pesar de
sus amplios poderes y capacidades ejecutivas para poner fin a tamañas
tropelías, la realidad es que en la práctica desde instancias oficiales
no han parado en seco estas “actividades” financieras.
Es más, en concreto la administración Trump habría hecho que estas
"actividades" fuesen todavía más fáciles y asequibles para los
criminales internacionales, por ejemplo al hacer más difícil que los ejecutivos responsables de las mismas respondan por ellas personalmente.
Así, las propias entidades culpables han sido las que han venido
acabando por ser las jurídicamente responsables por estas acciones tan
censurables y dañinas.
Tras pagar las entidades religiosamente las
multas que en algún caso les iban cayendo inevitablemente ante las
evidencias destapadas por los informes del FinCEN (Financial Crimes
Enforcement Network, la agencia del Departamento del Tesoro encargada de
combatir el lavado de dinero), estas entidades (o más bien sus
ejecutivos) proseguían con sus actividades más oscuras. Así hacían que,
en la práctica, esas multas fuesen como un simple peaje a pagar para
poder dar continuidad a las “actividades” y con los personajes que, en
realidad, deberían esforzarse por erradicar de sus balances y de cuadros
organizativos.
Vaya por delante que Buzzfeed News informaba de que uno
de los informes monográficos semanales del valeroso FinCEN se llama
“Semanal de la Cleptocracia”, y se dedica a compilar los “tejemanejes”
de líderes mundiales como el presidente Putin de la blanca Rusia (o más
bien de la que sería presuntamente la Rusia blanqueada). Y eso por no hablar de otros
países que directamente son calificados de hubs del crimen
internacional o incluso de “Narcoestados”, como por ejemplo esa
Venezuela a la que acusan también desde diversos medios e
instituciones de dejar fluir la blanca nieve, pero en otro sentido
totalmente ajeno al inexistente frio caribeño.
Y es que el rastreo de estas noticias y “transacciones” no se limita
estrictamente a Estados Unidos, sino que las encomiables investigaciones
se extienden a lo largo y ancho del planeta, contando en su trabajo de
investigación con la colaboración de comprometidas organizaciones
periodísticas internacionales, con más de 100 organizaciones del sector,
y desarrollando su actividad en casi 90 países diferentes de todo el
mundo. Casi nada lo del ojo, digo, lo del cáncer (financiero y…
socioeconómico). Los documentos han sido recopilados muchas
veces desde dentro de los propios bancos, por éticos empleados
consternados por lo que pasaba entre sus manos. Estos valientes han
puesto en riesgo sus puestos de trabajo (e incluso sus vidas)
por su compromiso para con la verdad, la ética, y la justicia más
sostenible.
Estas evidencias muestran en crudo una serie de
vulnerabilidades de nuestros sistemas financieros, con pruebas
documentales que fueron compartidas en su momento con los propios
gobiernos, pero que se mantuvieron sospechosamente lejos de la vista y
del juicio de la opinión pública; una ocultación que ocurría mientras
los criminales podían seguir explotando impunemente esas
vulnerabilidades del sistema.
El dinero movido en la penumbra incluye los onerosos beneficios
producto de las guerras del narcotráfico, los muchos ceros de las
fortunas producto de las políticas más extractivas puestas “en
producción” en países en vías de (anti)desarrollo, o los lucrativos
ingresos fraudulentos vía esos esquemas de Ponzi que prometen hacerse
rico, sólo mientras siga aumentando la magnitud de este fraude
financiero típico timadores profesionales “de guante blanco”.
Sí, todo
ello se puede considerar parte de una colosal lavadora de dinero mundial puesta en marcha para “blanquear” el dinero más sucio del planeta,
y que cuando llega a su ciclo de centrifugado vaya dejando una parte de
los réditos en los balances de algunas entidades amantes de la lejía
más blanqueadora (y corrosiva para el sistema). Pero no piensen que esto
sólo es un tenderete financiero más, con canales “alternativos” del
dinero sucio que poco le impactan a usted en su vida y al sistema
socioeconómico en su conjunto. Nada más lejos de la realidad.
Lo cierto es que lo realmente noqueante de estos informes e
informaciones son que ese dinero pestilente, una vez que ha sido
debidamente higienizado para no repugnar en sus destinos finales, acaba
siendo “encauzado” hacia incontables sectores y empresas, que van desde
instituciones deportivas, estudios de Hollywood, o el negocio
inmobiliario, hasta esos restaurantes en los cuales es tan fácil
blanquear dinero al no haber manera de poner un contador de personas en
la puerta.
Queda a la vista pues la sangrante verdad que expone Buzzfeed
News, y que es que en la actualidad las redes que mueven por
todo el mundo el dinero más pestilente se han convertido en auténticas
arterias de lo que inevitablemente se ha auto-convertido en parte de la
economía mundial. Y además este lado oscuro de la economía va
camuflándose “de lagarterana” para confundir al personal, y así
poder pasar desapercibidos al ir amontonando sus oscuros ceros entre
los ceros legítimos de la cara blanca de la socioeconomía (pero la
blanca de verdad), hasta hacerlos metastásicamente indistinguibles. Toda
una estratagema de culpable inocencia a la que seguro no se
arriesgarían si ellos mismos fuesen a responder personalmente por sus
vergonzosas acciones, que llenan bolsillos y vacían conciencias.
Aquí no sólo es execrable el origen de ese dinero, cómo se estaría
blanqueando, y para qué se podría estar utilizando en última instancia
(para nada bueno), sino que además resulta inconcebible la más cruda
irresponsabilidad de contribuir a infestar todo el sistema a la vista de
la escandalizada opinión pública.
Esto potencialmente da alas al
descontento popular más anti-sistema: justo lo que nos faltaba en este
mundo tan socioeconómicamente convulso de hoy en día. Pero qué se puede
esperar en términos de responsabilidad y ética personal de estos algunos
individuos que forman parte de un entramado como éste, que apesta de
principio a fin, y donde ellos están literalmente en medio haciendo de
pútrida correa transmisora.
Sin ir más lejos, desde aquí ya les hemos
analizado en ocasiones anteriores por ejemplo acerca del protagonismo
del entramado financiero tanto en el desarrollo del brutalmente manipulado referéndum del Brexit, así como posteriormente en cómo diversos
ministros británicos están en nómina de las tramas internacionales sin
saberse exactamente en concepto de qué “gestiones”, y que
sospechosamente se mantenían en la oscuridad sin querer quedar expuestos
a la opinión pública más “higienizante”. Y por cierto, en esta última
“super-producción” que es ese Brexit que está despeñando por el precipicio socioeconómico al Reino Unido, el desenlace de la trama parece ser que se articula en torno a cómo el dinero ruso vuelve de nuevo a ser el protagonista “estelar”.
Y ya como colofón final vamos a añadir un par de reflexiones. Es
innegable que el dinero mueve el mundo, y que a algunos de los que lo
mueven no les importa ni lo más mínimo quién lo está moviendo ni para
qué.
Pero a la vez es innegable que el que mueve el dinero acaba siendo
realmente en cierta forma el amo del mundo, puesto que los que lo
reciben acaban haciéndolo sólo en concepto de algunas “gestiones”, en
las cuales acaban siendo unos simples “mandados” del pagador para que
les sigan llegando las lucrativas transferencias. Y ello no es óbice
para que el verdadero pagano sea ese ciudadano medio, que ve cómo el
sistema socioeconómico se deteriora en su conjunto, y se le deshace
entre las manos. Aquí las preguntas verdaderamente trascendentes
ya no son ni el “cómo”, ni el “cuándo”, ni tan siquiera el “quién”,
sino… el siempre procedente “para qué” y el inquietante “hasta dónde”.
Porque si ha habido otro punto desesperanzador a la hora de esperar que
el sistema se auto-purge, ha sido el asistir atónitos a cómo,
en los mercados, unas entidades manchadas y señaladas por la evidencia
de sus conductas más censurables no se han visto fuertemente penalizadas
por semejante escándalo, en lo que no es sino un poderoso efecto
llamada que amenazaría con acabar pulverizando por contagio la fama del
todo el sector financiero. Si los que la hacen no la pagan, ya no por
los responsables políticos, sino tampoco por un mercado mucho más
cercano a ser parte de la opinión pública, mucho me temo que la
enfermedad está mucho más extendida incluso de lo que ya de por sí podía
parecer (que no era ni mucho menos poco).
Que el dinero mueve el mundo es algo que ya les decía que todos
sabemos. Que hay algunas deleznables naturalezas humanas que idolatran
al dinero cuan becerro de oro, y que son capaces de hacer lo que sea por
atesorarlo también lo sabemos todos. Que a menudo esas naturalezas
humanas lo que acaban recaudando es un dinero más sucio que la
conciencia de un corrupto o algo peor tampoco debería sorprendernos. Que
haya determinados países donde es el dinero sucio lo que más circula
por sus arterias, y que es un dinero manchado de sangre, corrupción,
explotación sexual, chantajes, asesinatos a sueldo y todo tipo de
negocios mafiosos, es algo que el que no lo sepa es porque no quiere (o no puede ver para auto-protegerse mentalmente).
Pero ya que haya sido parte de la la propia banca internacional la que
ahora queda patente que se ha tapado la nariz y ha cerrado los ojos, y
ha sido cómplice en mover ese dinero tan pestilente para ponerlo a buen
recaudo, si bien es algo que sorprendernos sorprendernos tampoco lo
consigue, sí que es cierto que constata fehacientemente lo que era un
secreto a voces. Ahora bien, descubierto el “pastel”, lo que procede es
depurar responsabilidades y evacuar el tambor de la lavadora… pero
claro, cuando esto no llega a ocurrir, inevitablemente hay que mirar al
dueño del telar y, sobre todo, al que mueve los hilos del mismo desde
las sombras.
Sinceramente, por mucha pestilencia que vayan a airear por toda la
estancia, hay ventiladores que cuanto antes se pongan en marcha mejor…
Es por el bien del sistema en su conjunto, y lo primero por el bien del
propio mundo financiero mayormente honrado y por su sistémica fama. Si
no luego pasa lo que pasa, el pueblo se indigna, los anti-sistema se ven
legitimados para ejercer la violencia más cruda, y los votantes acaban
votando al que grita más visceralmente que va a sacar las guillotinas a
la calle.
Y no duden que incluso puede que lo hiciesen si pudiesen, pero
la mayoría de ésos ya lo harían tras airear la estancia con
ventiladores socioeconómicos que tienen el cable cortado y las aspas
rotas a propósito. Por ello, a pesar de que pudiesen acabar rodando las
cabezas (“de turco”) entre nuestros pies, lo más probable es que el
resultado de unos y otros acabase siendo exactamente el mismo: que el
dinero sucio siga fluyendo por el sistema, y tan sólo vayan rotando los
bolsillos de destino.
Y es que el dinero sucio no tiene nombre, y
algunas conciencias tampoco. Pero menos lo tienen los que ensucian el
dinero, que muchas veces entregan ya teñido de color rojo vivo y con las
manos manchadas de sangre. Porque aquí hay países con más
"pelusas" que alfombra, y les recuerdo que alfombras era lo que por
ejemplo el Señor Lobo acababa usando en Pulp Fiction para envolver los
cadáveres sin dejar ni rastro de mancha. Ya ven cómo en este mundo, a la
vista de algunos "profesionales", lo que hay realmente son algunos
pocos criminales que están altamente profesionalizados…" (DerBlaueMond , El blog salmón, 11/11/20)