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16.8.25

El Vaticano bajo fuego por presunta evasión de blanqueo de dinero... se enfrenta a acusaciones de haber utilizado una "llave maestra para el lavado de dinero" mediante la manipulación ilegal de transferencias bancarias ( Ben Munster, POLITICO)

 "El Vaticano se enfrenta a acusaciones de haber utilizado una "llave maestra para el lavado de dinero" mediante la manipulación ilegal de transferencias bancarias.

El antiguo jefe de la policía financiera de la ciudad-estado, que fue destituido en 2017, ha afirmado que su agencia de nóminas podía alterar los nombres y los números de cuenta de las transacciones después de que se realizaran, ocultando la identidad de los destinatarios y los remitentes.

La implicación sería enorme porque habría permitido a los funcionarios del Vaticano transferir fondos a clientes privados sin revelar su identidad, lo que posiblemente facilitaría el lavado de dinero ilimitado y violaría las normas antifraude más básicas.

Estas acusaciones llegan en un momento delicado para el nuevo Papa León XIV, que busca mejorar la reputación de la Iglesia Católica tras décadas de escándalos financieros y un inminente déficit presupuestario.

El Vaticano niega todas las acusaciones y personas familiarizadas con SWIFT, la organización que facilita las transferencias bancarias internacionales, afirman que lo que se le imputa al Vaticano es técnicamente imposible. Sin embargo, las acusaciones se están tomando en serio debido a la credibilidad de quienes las formulan y al historial de mala conducta del Vaticano.

Acusado de ser espía.

Lo que aumenta el misterio es lo estrechamente que las acusaciones encajan con la política interna del Vaticano.

Proceden de Libero Milone, antiguo auditor de Deloitte, una de las principales firmas de auditoría, quien fue nombrado por el fallecido Papa Francisco en 2015 para arreglar las finanzas del Vaticano tras años de escándalos y negligencia.

Dos años después, se vio obligado a dimitir después de que altos funcionarios lo acusaran de ser un espía.

Afirma que fue despedido por haber denunciado irregularidades financieras relacionadas con el ex jefe de policía y cardenal de la ciudad-estado, Giovanni Angelo Becciu, quien fue declarado culpable de malversación de fondos en 2023 tras hacer un uso indebido de fondos del Vaticano.

El Vaticano se enfrenta a acusaciones de haber utilizado una "llave maestra para el lavado de dinero" mediante la manipulación ilegal de transferencias bancarias. | Giuseppe Lami/EPA

Milone mencionó por primera vez la aparente existencia de herramientas que podrían editar los números de cuenta bancaria internacional (IBAN) en las transferencias en el sistema internacional SWIFT el mes pasado, tras el colapso de un caso que presentó contra el Vaticano por despido improcedente.

The Pillar, un sitio web católico, continuó con una serie de artículos que indicaban que Milone estaba en posesión de una gran cantidad de material potencialmente explosivo sobre prácticas descubiertas durante su tiempo en el Vaticano y estaba considerando si utilizarlo para reforzar su caso.

Describiendo la herramienta de edición de IBAN como una "llave maestra para el lavado de dinero", The Pillar afirmó que, de probarse, "el Vaticano probablemente terminaría en una lista negra financiera internacional de la peor clase, excluido del sistema bancario internacional, lo que significaría que no podría entrar ni salir dinero del estado de la ciudad, excepto en efectivo físico y literal".

 Sin chantaje.

En una rueda de prensa la semana pasada, el propio Milone corroboró las acusaciones. Sin embargo, se negó a proporcionar documentación adicional o a ir más allá de lo que informó el periodista de The Pillar, Ed Condon.

“Tengo un documento que dice que pueden modificar las transacciones —pueden cambiar el nombre— en cualquier momento”, dijo Milone en respuesta a una pregunta de POLITICO. También insinuó que tenía más pruebas perjudiciales de mala praxis en la ciudad-estado, pero de nuevo se negó a decir cuáles, insistiendo en que no quería llamar la atención sobre sí mismo. "No estoy intentando chantajear a nadie", dijo a los periodistas.

Milone dijo que supo de la herramienta por primera vez cuando el cardenal George Pell, un clérigo australiano nombrado en el marco de la misma iniciativa de transparencia, le pidió que la investigara. Pell se vio obligado a regresar a su país natal en 2017 para enfrentar acusaciones de abuso infantil, de las que posteriormente fue absuelto. Falleció en 2023.

En una carta dirigida a Milone y fechada en 2016, cuya copia The Pillar compartió con POLITICO, Pell dijo que había sido "alertado" de una solicitud de APSA, la agencia de nóminas del Vaticano, "para modificar los controles en el sistema SWIFT", una acción que describió como "potencialmente... ilegal".

La oficina de Milone investigó las afirmaciones de Pell, y el auditor las comunicó a altos funcionarios, entre ellos el Papa Francisco y el Secretario de Estado Pietro Parolin, así como al jefe de justicia del Vaticano y al organismo de control interno del Vaticano, la ASIF. Pero no recibió respuesta de estos dos últimos, que, según él, tenían el deber de investigar, lo que formaba parte de un patrón más amplio de resistencia institucional al esfuerzo de reforma de Francisco, en el que, según dijo, el difunto pontífice era rutinariamente superado en astucia.
"Completamente infundado"

El Vaticano ha negado vehementemente las acusaciones. En un comunicado compartido con POLITICO, el portavoz Matteo Bruni afirmó que las acusaciones eran "completamente infundadas" y que APSA no había prestado servicios a clientes privados en 2016, cuando se envió la carta.

Es cierto que APSA cerró sus cuentas personales para evitar la supervisión del organismo antilavado de dinero del Consejo de Europa, Moneyval, en 2015, pero es posible que las herramientas financieras se hubieran utilizado antes de esa fecha, o bien para ocultar transacciones que involucraran a clientes privados realizadas después de esa fecha, argumentó Condon en una publicación de blog.

Bruni también negó cualquier mala praxis continua, señalando las auditorías de APSA realizadas por el organismo de control ASIF y PricewaterhouseCoopers entre 2020 y 2024 que no encontraron "anomalías".
Libero Milone dijo que no sabía exactamente cómo las herramientas habrían eludido estas restricciones, pero que vio evidencia de que las transacciones fueron modificadas. | Fabio Frustaci/Agencia Europea de Prensa (EPA)

Una persona familiarizada con el funcionamiento de SWIFT, que habló con POLITICO bajo condición de anonimato, insistió en que "no es posible alterar el contenido de un mensaje de pago una vez que ha sido enviado", debido al uso de firmas digitales verificables y un cifrado de alto nivel que también se aplica a los clientes de SWIFT.

Milone dijo que no sabía exactamente cómo las herramientas habrían eludido estas restricciones, pero que vio evidencia de que las transacciones fueron modificadas.
El banquero de Dios

Antes del cónclave de mayo que eligió a León, los cardenales se quejaron de un déficit presupuestario que, según se dice, se ha ampliado considerablemente en los últimos años, debido a una disminución de las donaciones que se aceleró bajo el pontificado de Francisco. Según informaron fuentes internas a POLITICO a principios de este año, el nuevo pontífice fue elegido en parte porque se le consideraba alguien capaz de restablecer la credibilidad entre los donantes poderosos, especialmente en Estados Unidos.

Los acontecimientos recientes ya han restablecido cierta confianza. Después de que el Instituto para las Obras de Religión (IOR), el vehículo de inversión del Vaticano que durante mucho tiempo ha tenido problemas, informara de ganancias récord a principios de este año, la APSA registró recientemente un beneficio de 62,2 millones de euros para 2024, frente a los 45,9 millones de euros anteriores.

Las acusaciones de Milone socavarían ese progreso y resucitarían los malos recuerdos de escándalos financieros pasados que se remontan a la época de Pablo VI y Juan Pablo II. En las décadas de 1980 y 1990, los magistrados italianos investigaron las acusaciones de que el IOR había sido utilizado para blanquear ganancias de la Cosa Nostra con el fin de financiar movimientos anticomunistas en América Latina y Europa del Este.

Las investigaciones se iniciaron después de que el banquero milanés Roberto Calvi, vinculado al Vaticano y apodado "el banquero de Dios", fuera encontrado ahorcado bajo el puente de Blackfriars en Londres en 1982. Se alegó que Calvi había ayudado en el plan en connivencia con una serie de intereses internacionales que abarcaban no solo el IOR, sino también figuras políticas y empresariales de extrema derecha, la masonería italiana y los servicios de inteligencia estadounidenses.

El Vaticano nunca reconoció ninguna irregularidad, pero sí admitió su "implicación moral" en el colapso del banco de Calvi, el Banco Ambrosiano. Más recientemente, en 2023, el cardenal Becciu, otrora poderoso cardenal de la Secretaría de Estado del Vaticano, fue condenado tras ser hallado culpable de desviar fondos del Vaticano a una organización benéfica sarda vinculada a su familia. Becciu también fue condenado por su participación en un fallido acuerdo inmobiliario en Londres que le costó al Vaticano más de 100 millones de euros." 

( Ben Munster  , POLITICO, 11/08/25, traducción DEEPL) 

29.10.20

Sobornos, nepotismo y espías: la trama que hace temblar al Vaticano

"El Vaticano ha convertido sus últimos escándalos en un auténtico reality show protagonizado por cardenales, tiburones financieros y misteriosas damas que juegan a los espías y gastan miles de euros de la Santa Sede destinados a ayudas a países en desarrollo en artículos de lujo.

 En el centro de la intriga se encuentra esta vez el cardenal Giovanni Angelo Becciu, quien fuera uno de los hombres más poderosos del Vaticano —estaba en todas las quinielas para el próximo cónclave— y custodio de gran parte de los secretos de la milenaria institución. Son ahora sus miserias las que están saliendo a la luz en una cacería a tumba abierta: nepotismo, un presunto soborno a un grupo de víctimas para que acusasen a un cardenal rival de abusos a menores, malversación… Pero el ventilador se ha activado y Becciu no es cualquier prelado. 

Nadie sabe cómo puede acabar una investigación y un violento fuego cruzado que amenaza con dejar en papel mojado el proceso de intrigas y corrupción, conocido como Vatileaks, que terminó costando la dimisión del anterior pontífice, Benedicto XVI.

Los cuervos han vuelto al Vaticano y sobrevuelan esta vez alrededor de la birreta roja de Giovanni Angelo Becciu (Pattada, 72 años), quien fue sustituto de la Secretaría de Estado en tiempos de Ratzinger y sobrevivió a la purga de Francisco a su llegada. Un cargo de enorme relevancia -equivalente al número 3 en la jerarquía- que se ocupa del funcionamiento de la sala de máquinas del Vaticano y que da acceso a todos los secretos de la Santa Sede. 
 
Francisco liquidó a su llegada en 2013 al número uno de ese departamento, el polémico secretario de Estado de Benedicto XVI, Tarcisio Bertone (que entre otras cosas se construyó un ático de 700 metros cuadrados en 2014 que se pagó con fondos de un hospital infantil), y a parte de su entorno. Todos ellos quedaron señalados como causantes de parte de los escándalos; Ratzinger llegó a calificarlos como “lobos”. Pero Becciu, de una finura y sutileza muy por encima de la media, exquisito fontanero de la Santa Sede, sobrevivió como número dos de la Secretaría de Estado y se convirtió en una de las personas de máxima confianza de Francisco. “Era el único que le decía las cosas tal y como eran. Y el Papa confiaba mucho en él”, señala una fuente vaticana que trató mucho con ambos.

Becciu se ocupó desde 2013 a 2018 de los asuntos más delicados de la Secretaría de Estado y lidió con los mayores escándalos del siglo XX, incluida la histórica renuncia de Benedicto XVI. Preparado, listo, rápido y con un sentido político extremadamente flexible entrenado en distintas nunciaturas, creó una legión de fieles intramuros que siguen defendiéndole en privado. Pero también se granjeó grandes enemigos que esperaban una oportunidad como esta para la vendetta final. 
 
Becciu controló las cuentas, impidió que algunos husmearan demasiado cuando no le convino -como el auditor Libero Milone, ex presidente de Deloitte contratado por Francisco para poner orden en las finanzas y despedido en extrañas circunstancias- y cuidó con celo la comunicación vaticana desde la Secretaría de Estado. Pero Francisco lo relevó en 2018 antes de convertirlo en cardenal —nombró en su lugar al venezolano Edgar Peña Parra— y lo situó como prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Una suerte de patada hacia arriba que le restaba poder, pero le mantenía con posibilidades de ser objeto de deseo de la divina providencia en el siguiente cónclave.
 Y es que en la curia romana muchos consideran que el próximo Papa, después de más de 40 años, debería ser italiano (el último fue Juan Pablo I, muerto en extrañas circunstancias en 1978, tras 33 días de papado. Becciu era uno de los mejores situados hasta que comenzaron los escándalos.

El primer problema llegó cuando el año pasado se conoció su intervención en la compraventa de un inmueble en Sloane Square, el barrio londinense de Chelsea. La Secretaría de Estado autorizó en 2013 la inversión en un fondo que poseía un edificio que había sido sede de los grandes almacenes Harrod’s, pero el entramado financiero obligó a lo largo de los años a ampliar el capital para no perder lo invertido. La suma llegó hasta los 300 millones de euros, un incremento que el Banco del Vaticano —otro de los órganos en guerra con la vieja Secretaría de Estado— tuvo que autorizar y denunció cuando saltaron las alarmas de un posible blanqueo de capitales. 
 
Fuentes cercanas a Becciu explican que el cardenal siempre obró de buena fe para que los ahorros de la Santa Sede tuvieran un rendimiento. Cayó el jefe de la Gendarmería, el histórico Domenico Giani, que había cuidado las espaldas de tres papas. También cinco de sus colaboradores más estrechos fueron detenidos y despedidos fulminantemente sin esperar un juicio. Uno de ellos, monseñor Alberto Perlasca, decidió colaborar con la justicia del Vaticano y ha empezado a revelar presuntas operaciones corruptas de quien fuera su jefe. De esta fuente emanan los nuevos escándalos.

La llamada al orden del Papa a Becciu se produjo el 24 de septiembre por motivos hasta entonces desconocidos. El Papa le pidió explicaciones en una audiencia de alta tensión, pero no quedó convencido y le pidió que renunciase a los derechos cardenalicios —algo solo sucedido tres veces en 120 años— y a la titularidad de su dicasterio.
 
 Según las revelaciones, presuntamente hechas por sus colaboradores, el purpurado había favorecido a varios hermanos encargando trabajos en las nunciaturas de las que fue responsable (en Angola y Cuba) y autorizando la transferencia de unos 100.000 euros a la cooperativa de uno de sus hermanos. Según la versión del purpurado, el dinero fue entregado por una urgencia, pero todavía sigue en la caja de la ONG. El departamento de comunicación de la Santa Sede no dio ni una sola explicación y esperó a que los cuervos, con las debidas filtraciones, devorasen al prelado.
Posible soborno

Los motivos reales, sin embargo, iban más allá de lo relatado. El martes por la noche, bajo un mandato de arresto internacional coordinado por Interpol, fue detenida la ya conocida en los medios italianos como “dama del cardenal”. Se trata de Cecilia Marogna, de 39 años y titular de una agencia de inteligencia con sede en Eslovenia a quien Becciu había contratado y transferido hasta 500.000 euros para supuestas misiones de diplomacia e inteligencia.
 
 Parte de ese dinero, ha reconocido ella misma, fue utilizado para comprar artículos de lujo: 12.000 euros para un sillón de la marca Frau; 2.200 euros en productos de Prada, 1.400 en Tod’s u 8.000 en Chanel. “Tal vez el bolso era para la esposa de un amigo nigeriano que podía hablar con el presidente de Burkina Faso”, se defendió ella. En el diario Domani, Marogna aseguró también que parte de ese dinero eran sus honorarios y que los gastó como quiso: “Yo no soy una misionera, no trabajo gratis”.

La virulenta caza de Becciu no ha terminado. Sus viejos rivales, como el cesado prefecto para la Comunicación, monseñor Dario Viganó, celebraron sin rubor su caída en un comunicado. Otros, como el cardenal George Pell, a quien el Papa había encargado la reforma de las finanzas vaticanas y que siempre consideró que el prelado sardo obstaculizaba su misión, lanzaron la artillería pesada. El cardenal australiano, a través de su abogado, ha pedido que se investigue el presunto envío de fondos desde el Vaticano para comprar la voluntad de algunos de los testigos que le acusaron de abusos a menores y que provocaron su encarcelamiento durante más de un año (al final fue absuelto). 
 
Becciu, por supuesto, lo ha negado. Pero se trata de una vuelta de tuerca más a las encarnizadas luchas de poder en el Vaticano, que si se confirmase, sentaría un precedente jamás visto en una institución que ha asistido a todo tipo de conspiraciones, presuntos asesinatos y que, 40 años después, incluso sigue buscando los huesos de una niña desaparecida dentro de sus muros.

Cardenal Angelo Giovanni Becciu
 
Exsustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano (el segundo de la sala de máquinas de la Santa Sede), es el protagonista de la historia que ha hecho temblar al Vaticano. Fue desposeído por el Papa de todos sus derechos como purpurado el pasado 24 de septiembre (no podrá participar en el cónclave que elija al siguiente Papa). Se le acusa, sin un juicio todavía y con pruebas solo filtradas a la prensa, de haber malversado fondos, de nepotismo y de favorecer una misteriosa mujer que contrató para montar una diplomacia paralela. Además, participó en la costosa compraventa de un inmueble de lujo en Londres con fondos destinados a la caridad. Era uno de los cardenales más poderosos y su nombre estaba en las quinielas del siguiente cónclave.

Cecilia Marogna
 
Experta en relaciones internacionales de 39 años y sarda como el cardenal Becciu. El purpurado le transfirió, presuntamente, hasta 600.000 euros en fondos reservados para llevar a cabo misiones diplomáticas secretas y proteger nunciaturas en zonas de riesgo. Parte de ese dinero se lo gastó en artículos de lujo como bolsos de Prada o un sillón de 12.000 euros, según ella misma reconoció.

Cardenal George Pell
 
Gran rival de Becciu, fue nombrado por Francisco para reformar las finanzas vaticanas. No terminó su mandato al ser acusado, juzgado y condenado en Australia por abusos a menores. Finalmente un jurado le absolvió tras pasar varios meses en la cárcel. Hay una investigación abierta para saber si alguien desde el Vaticano (su entorno sospecha de Becciu) transfirió dinero a Australia para sobornar a los testigos del juicio que le acusaron de los abusos. Ha sido rehabilitado por el Papa.

Libero Milone
 
El Papa contrató a un auditor externo (expresidente de Deloitte) para que vigilase las cuentas del Vaticano en mayo de 2015. Dos años después fue detenido y despedido abruptamente después de haber intentado husmear en las cuentas de la Secretaría de Estado que controlaba con mano de hierro el cardenal Becciu. Fue acusado de espionaje. El propio purpurado aseguró hace dos semanas que Milone traspasó algunos límites, como las cuentas de la Secretaría de Estado, donde tenía prohibido entrar.

Monseñor Alberto Perlasca
 
Fue el custodio durante años de la caja fuerte de la Secretaría de Estado (la sala de máquinas del Vaticano). Brazo derecho del cardenal Becciu fue arrestado -junto a otros cuatro hombres de la Secretaría de Estado- en el marco de la operación por la compraventa ruinosa de un inmueble en Londres. Ahora ha decidido aportar documentación y confesiones a la historia.

Raffaele Mincione
 
Tiburón financiero vinculado a un fondo llamado Athena Capital al que el Vaticano transfirió unos 200 millones de euros del Óbolo de San Pedro destinados a la caridad. El cardenal Becciu aprobó la operación, que pretendía ser una inversión para rentabilizar los fondos acumulados.

Gianluigi Torzi
 
Broker que intermedió entre el Vaticano y la propiedad del inmueble en Londres que la Santa Sede terminó comprando por más de 300 millones de euros con fondos, presuntamente, destinados a la caridad. Está acusado de extorsionar al Vaticano y fue arrestado durante ocho días. Se embolsó 15 millones de la Santa Sede por la intermediación."

13.11.19

El agujero negro de las finanzas del Vaticano

"Las finanzas del cielo suelen ser un atajo al infierno. Mafiosos, banqueros ahorcados, conspiraciones, secuestros y demás hitos de la crónica negra en torno al dinero de Dios confirman que nadie es capaz de ponerlas en orden.

 Tras casi siete años de pontificado de Francisco, los problemas siguen sin resolverse: los números están en rojo, la Secretaría Económica permanece descabezada —su responsable, el cardenal Pell está encarcelado por abusos a menores y no ha sido sustituido— y la bola de nieve formada alrededor del último escándalo de inversión en Londres, calificadas por el propio secretario de Estado, Pietro Parolin, de “opaco”, ha hecho emerger una guerra sucia que lleva años librándose entre distintos departamentos del Vaticano.

 La onda expansiva ha alcanzado, entre otros, al jefe de seguridad del Papa, Domenico Giani (obligado a dimitir), a varios cardenales en torno a los que se ha organizado una cacería y al primer ministro, Giuseppe Conte, consultor en la operación cuando todavía era un abogado. Y acaba de empezar.

Francisco anunció al comienzo de su pontificado que la primera reforma, pese a no ser su preferida, sería la económica. Siete años después, la Secretaría que creó sigue descabezada; el auditor que contrató para revisar las cuentas fue despedido, intimidado y amenazado con ser encarcelado si no dimitía; el vicedirector del IOR (Instituto para las Obras de Religión), Giulio Mattietti, memoria histórica de la entidad, se encontró en la calle sin poder entrar en la oficina de un día para otro y el Consejo para la Economía, que preside el cardenal Reinhard Marx, sigue sin renovar pese a haber expirado su mandato el pasado febrero. 

La pregunta que casi nadie es capaz de responder —y ninguno de los consultados quiere comentar al teléfono por temor a tenerlo intervenido—, es quién está al frente de las finanzas. “Nos gustará o no, pero es la manera de comandar de este Papa. Él funciona así”, señala un alto cargo de la curia.

El núcleo de la explosión, que generó esta semana un insólito cruce de acusaciones entre el secretario de Estado y quien fue su segundo, el carismático cardenal Angelo Becciu (ambos resolvieron luego la cuestión), se encuentra esta vez en el llamado Óbolo de San Pedro: el instrumento de la Santa Sede para recoger las donaciones del mundo católico (actualmente unos 150 países). 

El organismo fue impulsado en 1870 cuando el Papa perdió los Estados Pontificios y las naciones católicas tuvieron que contribuir a la supervivencia del Vaticano: una parte se dedica a la caridad y la otra —hoy es el 70%— a pagar gastos de funcionamiento y demás asuntos sin especificar. Pero la importante caída de la recaudación, ligada en los últimos años a los escándalos de abusos en EE UU y al descenso de fieles —ha pasado 101 millones de euros en 2006 a 51 en 2018— invita a aumentar el riesgo de las operaciones de inversión para rentabilizar las exiguas ganancias. Aquí empezó una situación “muy delicada”, según explica uno de los protagonistas.

El Óbolo de San Pedro depende de la Secretaría de Estado, cada vez más desposeída de atribuciones (dejó de controlar la comunicación tras la última reforma) y sujeta permanentemente a rumores (el último sitúa a su titular como nuevo patriarca de Venecia). Tras los escándalos del IOR, conocido como Banco Vaticano, a principios de los años ochenta con la quiebra del Banco Ambrosiano, se decidió disminuir el riesgo diversificando la gestión de los ingresos entre la entidad —cuyos réditos han caído también a la mitad— y la Secretaría de Estado. Pío XII, como recordó Becciu en su defensa esta semana, ya abrió la puerta a las inversiones inmobiliarias. De modo que este organismo decidió hacerlo en 2013 entrando en el capital de un fondo de inversión que había comprado un lujoso inmueble en el barrio londinense de Chelsea.

El vértigo de una operación en la que participó como consultor el actual primer ministro, Giuseppe Conte un mes antes de ser elegido (según publicó el Financial Times), cristalizó a finales de 2018, en pleno Brexit. La Secretaría de Estado tuvo que solicitar la salida de más dinero —unos 150 millones de dólares— para hacerse con el edificio completo y no perder una inversión que peligraba. El IOR, supuestamente alarmado por la elevada suma, terminó denunciando la situación al fiscal del Vaticano, que comenzó una investigación que ha desatado una elevada psicosis entre algunos miembros de la curia.

Hubo registros en las dependencias de la Secretaría de Estado y se filtraron los nombres, apellidos y foto de los investigados, incluido el de Tommaso Di Ruzza, director del AIF, el organismo que se ocupa de prevenir el blanqueo de capitales en el IOR. “Ese es parte del problema. El AIF y el banco andan siempre a la gresca. Y puede que hubiera una investigación en curso que hayan tratado de camuflar con la denuncia”, señala un alto cargo vaticano que conoce al detalle las finanzas de la Santa Sede en su oficina.

El jefe de la Gendarmería —y de la seguridad personal de los tres últimos papas—, Domenico Giani, dimitió por la filtración de L’Espresso, que retrotrajo a la Santa Sede a los tiempos de Vatileaks. Francisco, aunque luego le haya condecorado, aseguró que se trataba de un “pecado mortal” y aceptó su cese al instante. Todo ello mientras se afronta por primera vez el fantasma de la quiebra, según ha detallado a través de 3.000 documentos clasificados el periodista Gianluigi Nuzzi en el libro Juicio Universal. Una proyección algo apocalíptica teniendo en cuenta el descomunal patrimonio inmobiliario de la Santa Sede, pero muy útil para evidenciar una cierta incapacidad para gestionarlo.

El APSA, la empresa que controla todas las propiedades del Vaticano (unos 4.400 inmuebles por un valor de unos 2.700 millones) y que se ha convertido en un banco paralelo, cerró 2018 con un resultado operativo del -27%: la primera vez en su historia que se sitúa en números rojos. El argumento es que tuvo que rescatar con 25 millones de euros el hospital Istituto Dermopatico dell’Immacolata (IDI) en quiebra (también por distintos fraudes) y se situaron todas las pérdidas del préstamo concedido por el APSA en un mismo año para no arrastrarlas al siguiente. 

Pero nadie en la Santa Sede se fía ya de la gestión de un ente que se cobró el arresto de su anterior director, monseñor Nunzio Scarano, por blanqueo de capitales. “Hay inmuebles que no rinden nada porque están alquilados para hacer favores que luego podrán cobrarse de una manera u otra, pero que perjudican a la economía”, explica un exresponsable de las finanzas de la Santa Sede. Concretamente, el 15%, según el libro de Nuzzi, y la mitad a precios de favor. El valor medio del alquiler es de ocho euros por metro cuadrado, una reducción respecto al precio del mercado que va del 20% al 80% en algunos casos.

Nadie duda, sin embargo, de que la crisis abierta en las últimas semanas va más allá de lo económico y toca de lleno la capacidad de servicio a la Iglesia de un nutrido grupo de sus empleados. El Papa ha contratado a un nuevo fiscal, Giuseppe Pignatone, magistrado que decidió archivar en 2012 el caso de la desaparición de Emanuela Orlandi, que siempre se vinculó a una oscura trama en torno al IOR y a la quiebra del Banco Ambrosiano. Un tipo duro, eso sí, acostumbrado a lidiar con los asuntos de la mafia en Sicilia, Calabria y Roma. Una señal inequívoca de la naturaleza del problema que arrastra la Santa Sede en el que Londres, como lo fue ya en tiempos de Roberto Calvi, vuelve a ser una ciudad maldita."                    (Daniel Verdú, El País, 03/11/19)

8.7.10

La fiscalía investiga cuentas y contratas de la Santa Sede

"El cardenal Sepe, imputado por corrupción, implica a la alta jerarquía en los turbios negocios de Propaganda Fide.

El "sistema gelatinoso" denunciado por los fiscales de Perugia que han destapado el gigantesco escándalo de corrupción en la cúpula de la Protección Civil inquieta e implica cada vez más al Vaticano. El cardenal de Nápoles, Crescenzio Sepe, fiel al papa Juan Pablo II, ha sido imputado por corrupción agravada por su gestión al frente del dicasterio Propaganda Fide, y se ha defendido culpando a sus superiores:

"La administración vaticana aprobó todas las operaciones", ha dicho. En una carta abierta a los napolitanos, Sepe afirma que el acoso judicial se origina "dentro y fuera de la Iglesia". E insiste en que es un mártir: "Trabajé siempre con transparencia y por el bien de la Iglesia, una Iglesia siempre perseguida". (...)

Las sospechas que recaen sobre Sepe (Caserta, 1943) son muy graves. Los fiscales le acusan de haber dado un apartamento gratis al jefe de la Protección Civil, Guido Bertolaso, imputado también por corrupción. Y de haber vendido en 2004 un lujoso palacete romano a precio de amigo (entre tres y cuatro millones de euros, cuando valía al menos nueve) al entonces ministro de Infraestructuras, Pietro Lunardi, también acusado. La hipótesis es que, a cambio, Lunardi financió obras millonarias de Propaganda Fide que no fueron realizadas.

Más allá de los detalles, la investigación judicial ha puesto de manifiesto la pujante vigencia del poder democristiano en Italia. La alianza forjada entre el Gobierno de Silvio Berlusconi y destacados miembros de la Curia romana de la etapa de Wojtyla se articula a través de la política, la información y las contratas públicas.

La teoría de los investigadores es que los fondos de la Protección Civil (que ha movido sin control 13.000 millones de euros desde el año 2000) y de la sociedad pública Arcus (constructora dependiente del Ministerio de Cultura) servían para coordinar y pagar eventos religiosos, y para sufragar contratas, obras y restauraciones de propiedades del Vaticano.

Además, la investigación ha revelado que varios funcionarios de élite trabajaban y trabajan todavía a caballo entre los dos Estados, con contactos a izquierda y derecha, muy bien relacionados con la Curia y con movimientos como Comunión y Liberación, los Legionarios de Cristo o el Opus Dei." (El País, ed. Galicia, sociedad, 23/06/2010, p. 31)

7.7.10

Personas del entorno del Papa están implicadas en los escándalos de corrupción de la Protección Civil y de Propaganda Fide

"Que se sepa, los Gentilhombres de su Santidad no cobran del Vaticano, aunque a veces trabajan dando pompa a los ritos. Visten de negro riguroso y llevan la pechera del frac forrada de medallas. Altivos, huidizos y misteriosos, forman parte del club más exclusivo del mundo y tienen el rango más alto al que un laico puede aspirar en el Vaticano. (...)

Algunos gentilhombres son verdaderos prodigios de las finanzas. Tomemos a Herbert Batliner, por ejemplo. Nacido en 1928 en Liechtenstein, está considerado por la policía alemana uno de los mayores expertos en crear sociedades fiscalmente opacas, un gran especialista en lavar dinero negro. Batliner es uno de los banqueros que mueven en la sombra las finanzas vaticanas. El presidente de la Fundación Peter Kaiser lleva décadas trabajando en silencio por el bien de la Europa cristiana. Al menos desde 1970. Fue nombrado gentilhombre por Juan Pablo II en 1998, y lo sigue siendo todavía. (...)

A pesar de lo anterior, el 9 de septiembre de 2006, Batliner se encontró con el Papa Joseph Ratzinger en Ratisbona. Batliner llegó hasta allí para donar en persona a la iglesia local un órgano valorado en 730.000 euros. Sobre él pesaba una orden de busca y captura de la policía alemana. Pero logró entrar en el país gracias a los buenos oficios de la diplomacia vaticana. Y no fue detenido. Apenas un año después, en el verano de 2007, Batliner admitió sus culpas y pactó con el Estado alemán, aceptando pagar una multa de dos millones de euros. Cinco años antes, la Corte Suprema de Liechtenstein confirmó en una sentencia que Batliner ya era en 1990 el fiduciario del ecuatoriano Hugo Reyes Torres, señalado como jefe mafioso de la droga, que mientras tanto fue condenado. (...)

Desde febrero, Balducci es el principal imputado en el escándalo de corrupción de la todopoderosa Protección Civil italiana, que de momento tiene a más de 50 personas imputadas o bajo investigación. Desde 2001 hasta ahora, el superministerio que depende de la Presidencia del Gobierno ha gastado fondos públicos por valor de 13.000 millones de euros, según el último informe de la Autoridad para la Vigilancia de los Contratos Públicos.

El dinero era gestionado por el jefe de la Protección Civil, el secretario de Estado Guido Bertolaso, también acusado de corrupción, y por el ejecutor de las obras, Balducci, gracias a una argucia autorizada por el primer ministro, Silvio Berlusconi, para superar la maldita burocracia y afrontar las emergencias con más rapidez: la licitación de contratas públicas se hacía sin concurso, a dedo, derogando los procedimientos ordinarios.

Ese trato especial creó un monstruo de mil cabezas. (...)

Balducci fue nombrado gentilhombre por el Papa Wojtyla en 1995. Quince años después ha caído en desgracia y el Vaticano se ha visto obligado a cancelar su nombre del Anuario Pontificio. Pero su pecado, irónicamente, no fue robar. Balducci solo fue tachado de la lista cuando se hizo público que recurría a menudo a un tenor africano de la coral suplente de San Pedro para que le organizara citas con jóvenes seminaristas y sin papeles. Las escuchas telefónicas interceptadas al corista y el gentilhombre eran de este estilo: "Tengo un bailarín de la RAI". "Tengo un negro...". (...)

Curiosamente, el poderoso Letta se convirtió en gentilhombre muchos años más tarde que el anónimo técnico Balducci. Ex forense, ex director de Il Tempo y ex periodista de Mediaset, vicepresidente de Fininvest Comunicaciones, supervisor de los servicios secretos y consejero externo de Goldman Sachs para inversiones en Italia, Letta es quizá el único berlusconiano que adora negociar. Se lleva bien con todos, y se comenta que es el único político italiano capaz de contentar a la masonería y al Opus Dei. Es el gran mediador, el hombre que levanta el teléfono cuando hay problemas.

Y su referente en la Curia es Ratzinger. "Bajo su apariencia de hombre religioso, la factura que pasa Letta al Vaticano es la más discreta, pero también la más cara", afirma el sacerdote y vaticanista Filippo di Giacomo. "El doctor Letta tiene tanto poder que se permite nombrar obispos a su conveniencia, como hizo hace unos meses en L'Aquila al promover a su amigo Giovanni d'Ercole". (...)

La acusación sostiene que el cardenal Sepe concedió gratis uno de los 2.000 apartamentos que Propaganda Fide posee en Roma al jefe de la Protección Civil, Guido Bertolaso. Y que además vendió en 2004 un lujoso palacete romano a precio de ganga (entre tres y cuatro millones de euros, cuando valía nueve o diez) al entonces ministro de Infraestructuras, Pietro Lunardi, también acusado formalmente por esa operación. La hipótesis de los fiscales es que, a cambio, Lunardi financió con dinero estatal de la sociedad Arcus obras millonarias de Propaganda Fide que nunca fueron realizadas. (...)

La investigación ha revelado que los pisos son el principal objeto de intercambio de favores entre Italia y el Vaticano. Jefes de los servicios secretos, de la Policía Fiscal, de los Carabineros, magistrados, políticos, empresarios y el propio Bruno Vespa, el periodista favorito de Berlusconi y de Wojtyla, viven o han vivido en apartamentos de Propaganda Fide. (...)

Casi cada día salen a la luz nuevas amistades peligrosas. Hace unas semanas, los jueces enviaron una comisión rogatoria al Vaticano porque sospechan que el tesoro oculto de la cricca (la banda) gelatinosa puede estar depositado en el IOR (Instituto para las Obras Religiosas). Y esta semana han reclamado por vía oficial los documentos de Propaganda Fide, la inmobiliaria de la Santa Sede.

Aunque el trabajo de los fiscales es exhaustivo, en Vaticalia se sabe que no lo tendrán fácil para apurar la verdad. El Vaticano sigue siendo un paraíso fiscal, el concordato le concede amplias cuotas de inmunidad y las cuentas secretas que prosperan a la sombra del IOR, la APSA (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica), la vieja Propaganda Fide y un largo número de sociedades participadas son el secreto mejor custodiado." (El País, Domingo, 27/06/2010, p. 2/3)