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6.10.17

Simona Levi: “Con las black no solo se compraban mariscadas, también voluntades políticas”

"Sentados en las filas de bancos reservados para los acusados, 65 exaltos cargos de Caja Madrid y Bankia escuchaban este lunes ante el tribunal los alegatos de sus abogados pidiendo la nulidad de las pruebas que les señalan. 

El juez Fernando Andreu les mandó al banquillo por “apropiarse de forma continuada e indebidamente del patrimonio de Caja Madrid”, en un supuesto fraude que el magistrado de la Audiencia Nacional cifra en 15,5 millones de euros entre 1999 y 2012.

Esta investigación no hubiera llegado a producirse, al menos no del modo en que se desarrolló, de no haber sido por la obstinada acción de un grupo de ciudadanos que un día decidieron comenzar a auditar la labor del exvicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato al frente de la quinta entidad financiera española.

La plataforma ciudadana 15MpaRato, fundada al calor de los movimientos sociales surgidos en mayo de 2011, es acusación particular en el caso Bankia y en la pieza separada de la venta de preferentes, además de uno de los motores fundamentales en el procesamiento de la cúpula del banco. Su labor ha sentado un precedente que va más allá de la revelación de un caso de corrupción concreto, porque ellos también persiguen que se haga justicia.

 Finalmente, toda aquella “locura” iniciada en 2012 ha acabado sentando en el banquillo a los banqueros, políticos, sindicalistas y empresarios que presuntamente llevaron a la quiebra a la caja de ahorros de todos los madrileños.

Una de las cofundadoras de la plataforma, Simona Levi, también activista en la organización ciudadana anticorrupción Xnet, recibe a La Marea en Madrid, donde asiste al inicio del juicio de las tarjetas opacas con la sensación del deber cumplido pero con el convencimiento de que aún queda mucho por hacer.

La plataforma 15MpaRato es acusación particular en dos de las tres piezas separadas del caso Bankia, en la de la salida a bolsa y en la de la venta de preferentes. Sin embargo, el juez ha considerado que no sea acusación en el caso de las Tarjetas Black. ¿Cuáles han sido sus argumentos?

El juez ha decidido que no fuéramos acusación en la pieza separada de las Tarjetas Black aplicando la doctrina más normal en estos casos. Considera que la figura afectada por despatrimonialización de las tarjetas es la propia entidad (Caja Madrid y Bankia) y el FROB. Entonces considera que nosotros, como representantes de particulares, no podemos ser acusación en este caso.

A pesar de que esos particulares, en este caso preferentistas, se hayan visto agraviados  directamente.

Nosotros por un lado damos la razón al juez en el sentido que él lo hace para que no se ralentice el procedimiento y porque hubiera podido ser utilizado como razón a discutir. Pero por otro lado consideramos que las tarjetas despatrimonializan Bankia y que son parte de la quiebra de la entidad que provocó que los accionistas perdieran su dinero.

Este lunes se ha producido una foto histórica. 65 exaltos cargos de Caja Madrid y Bankia sentados en el banquillo de los acusados. ¿Cómo os sentís al ver que el trabajo ha dado sus frutos?

La foto ha sido maravillosa. Los personajes de nuestra historia están ahí. Están todos ahí. Creo que para todos nosotros ha sido algo muy emocionante.

¿Qué nos queda por delante en un juicio que al menos se alargará hasta navidades?

Los dos primeros días escucharemos los argumentos de las defensas y luego tendrán que declarar los acusados. Es un camino muy largo. Esa es la síntesis.

Los abogados defensores han pedido la nulidad de las pruebas en las cuestiones previas. ¿Qué estrategias y vías de escape esperáis que utilicen los procesados?

Este lunes los abogados han utilizado 65 veces los mismos cuatro argumentos. El primer argumento que esgrimen es que la mayoría de las tarjetas black se utilizaban en tiempos de Caja Madrid. Como esa entidad no está personada en el procedimiento -obviamente no puede estarlo porque no existe-, argumentan que Bankia, BFA y el FROB no pueden acusar. 

Nosotros consideramos que sí porque en la fusión de las cajas para crear Bankia esta entidad hereda la contabilidad. El segundo argumento es que dicen que el Excel que presenta Bankia como prueba es básicamente falso. Esto es complicado porque la contabilidad que heredan la han hecho ellos mismos. Tercer argumento: que se ha vulnerado la protección de datos. Eso no funciona porque no se trata de tarjetas personales, son de la entidad.

 Si fueran personales tendrían que haber declarado impuestos y aquí entran en contradicción. Además, hay un mandato judicial que solicita esos datos. Y por último, y aquí entra en juego el regalo que les ha hecho el Partido Popular con la reforma del Código Penal, están tratando de jugar con los plazos de prescripción del delito de administración desleal.

Volvamos a 2012. Un buen día os levantáis por la mañana y decidís querellaros contra Rodrigo Rato, que en aquel entonces no era precisamente un expolítico denostado, sino una figura reconocida dentro del establishment. Un plan un poco arriesgado, ¿no?

La idea surge durante el periodo post-15M, en uno de los grupos de debate, concretamente en el de la auditoría de la deuda. En ese momento pensamos que era muy importante auditar a Rodrigo Rato, porque por aquel entonces ya se decía que el 7% de la crisis económica española la había provocado Bankia. Entonces creamos una especie de subgrupo para hablar de la auditoría de la deuda centrándonos en un ejemplo concreto. Rato era un perfecto representante de qué son las puertas giratorias y además era un símbolo.

Y es entonces cuando realizáis un llamamiento a la ciudadanía para aportar pruebas.

Sí. Al principio del proyecto pensamos que iba a ser más complicado de lo que realmente fue. En un primer momento pronosticamos que nos costaría un año reunir pruebas suficientes para conseguir abrir la querella. Al final tardamos 40 días, incluyendo el crowdfunding en el que recaudamos el dinero que nos permitió iniciarla. No hubo aportaciones documentales muy grandes en número pero sí algunas que fueron cruciales. 

La cosa fue a más hasta que llegaron los correos de Blesa. Eso fue un antes y un después. Hasta entonces el sistema había estado aguantando y negando la evidencia. Después de los correos vimos un cambio radical. La Fiscalía y el FROB, como perjudicados, empezaron por fin a realizar una labor de acusación porque hasta ese momento habían hecho más bien una labor de defensa.

¿Hubo poca colaboración institucional?

En una primera fase fue muy complicado lograr que la Fiscalía nos aceptara las pruebas que presentábamos para conseguir que el procedimiento arrancase de verdad. Pero, como decía antes, los correos de Blesa y su boom mediático produjeron un acelerón y que se renunciara definitivamente a salvar la cabeza de algunos. Hasta De Guindos ahora dice que fue él el que destapó el escándalo.

¿Ha existido oportunismo en los partidos políticos para atribuirse el mérito de vuestro trabajo? 

Los partidos políticos viven de la polarización y la cooptación, por lo tanto tienen que decir que todo lo que inventa la sociedad civil es gracias a ellos. Nosotros imaginamos y aspiramos a una sociedad en la que exista una sociedad civil activa. Y hay veces que a algunos partidos les cuesta mucho reconocer esto.

Tres millones de euros en restaurantes, dos millones en efectivo, más de 1,5 millones en desplazamientos y viajes, más de un millón en grandes almacenes, cerca de 800.000 euros en hoteles y unos 700.000 en ropa y complementos. Un dineral sacado del patrimonio de la entidad y sin relación alguna con la actividad profesional de los procesados, según el juez instructor.

Hay un peligro y es que el caso de las tarjetas se mediatice como la visualización de unos lujos concretos. Nosotros insistimos mucho en señalar que con estas tarjetas opacas no solo se compraban mariscadas sino que también se compraban voluntades políticas. Las black eran justamente el regalo que se hacía a los fieles servidores y a los que habían votado para que la estructura de Bankia siguiera desfalcando, como lo había hecho durante al menos 13 años. 

Se observa claramente el tipo de gastos que se les ha permitido hacer a las personas más cercanas a la cúpula y a toda la corte para que todo el mundo estuviese contento. Y ahí están PP, PSOE, IU, CCOO, UGT, la patronal y otras instituciones relacionadas con el poder.

Vuestras reflexiones siempre insisten en que “en el caso de las tarjetas, Bankia y el Gobierno están dispuestos a dejar caer a Rato, Blesa y los demás para salvarse e intentar dar la imagen de que luchan contra la corrupción”, pero que en la pieza de salida a bolsa los destinos de todos los implicados (incluidos la cúpula del Banco de España, la de la CNMV, los Gobiernos de PSOE y PP y sus ministros de Economía…) están unidos y, si cae Rato, caerán con él.

Está claro que hay indicios de complicidad por parte de los organismos encargados de vigilar. Al mismo tiempo es difícil utilizar esta baza como acusación porque es la misma que usan los acusados, descargando la responsabilidad en dichos organismos. Por eso pensamos que es necesario equilibrar la responsabilidad de unos y otros para que no puedan utilizarlo a su favor.

¿Pensáis que el éxito de la querella y, sobre todo, el procesamiento de los que vosotros considerabais culpables fortalece la confianza de los ciudadanos en su propia capacidad de organización?

La diferencia y la importancia de lo que hemos conseguido creo que está en que no solamente hemos destapado sino que también hemos judicializado. Creo que hemos demostrado que proactivamente se pueden cambiar las cosas y queremos actuar de ejemplo para que entre todos podamos construir una sociedad civil más sólida.

También queréis combatir el olvido para que todo el mundo recuerde lo que ha pasado. El próximo 5 de octubre estrenáis en el teatro Fernán Gómez de Madrid la obra Hazte Banquero: Tarjetas Black, lo que quisieron ocultarte, una producción de la propia plataforma en la que construís el relato a través de los correos de Blesa.

A nosotros lo que más nos ha impactado es la dificultad de conseguir reconocimiento. Más difícil incluso que la acción en sí. Y esto, por supuesto, no es una cuestión de ego, sino que pensamos que si no reconocemos los esfuerzos de los demás siempre habrá alguien por encima que haga las cosas por nosotros. Creo que la falsa democracia que nos han vendido es precisamente eso, confiar en profetas, en partidos o en instituciones.

 Hay que reconocer la importancia de la gente pequeña que suma, y así creemos que se construirá la democracia del futuro. Por eso escribimos la obra de teatro, porque este relato no lo conoce nadie, la gente cree que esto lo están haciendo las instituciones, o los partidos, o el juez, y no es así. Si no salimos de ahí jamás acabaremos con la corrupción, porque las instituciones jamás se vigilarán a sí mismas. 

¿Hay 15MpaRato para rato?

Sí, claro que sí. Pero también queremos que el caso Bankia se sentencie cuanto antes para poder empezar otra aventura grande que tenemos en mente, pero no podemos avanzar nada más."                       (Entrevista a Simona Levi,  , La Marea, 27/09/16)

20.7.17

Blesa, hallado muerto. El símbolo del poder de una época termina en tragedia y silencio

"Al que una vez fue un gran núcleo en las relaciones de poder en Madrid no le quedaban ya amigos en el mundo de la política ni de la empresa. Muchos le dieron la espalda tras publicarse los gastos de las tarjetas black y un buen grupo de sus allegados poderosos estaba tan en entredicho en la última época como él mismo.

Miguel Blesa (Linares, 1947), desde su posición como presidente de Caja Madrid, repartió juego entre prácticamente todos los actores relevantes de la Comunidad (también la oposición), lo que le ayudó a permanecer en su puesto tres lustros y también a mantener una adulterada paz social. Pero era difícil encontrar este miércoles, tras su muerte, una buena palabra o un lamento ante la noticia de su muerte.



El Gobierno de Mariano Rajoy ha mantenido un significativo silencio tras  el fallecimiento del expresidente de Caja Madrid. A pesar de las buenas relaciones que mantuvo siempre con el Partido Popular, el Ejecutivo no ha mandado un comunicado de condolencias ni aclaró si se había puesto en contacto con la familia para trasladarle el pésame. Miguel Blesa era afiliado al Partido Popular, que tampoco ha emitido ningún comunicado y se ha limitado a trasladar a los periodistas que se ha hecho llegar el pésame a la familia.

"No hay ninguna postura oficial [del Gobierno]. Los que lo conocíamos sentimos mucho su fallecimiento y nos unimos al pesar de su familia", declaró el ministro de Hacienda y Función Pública, Cristóbal Montoro, tras salir de una reunión con el consejero de Hacienda del País Vasco, Pedro Azpiazu, sobre el Concierto Vasco.

El silencio ha sido también la respuesta del expresidente del Gobierno José María Aznar tras el deceso del que fuera su amigo íntimo. Ni la página web de Aznar ni la Fundación FAES emitieron información alguna sobre la muerte del exdirectivo de la caja. Blesa tenía una fuerte amistad con Aznar desde que coincidieron en la delegación de Hacienda de Logroño a finales de los años 70.

Aznar fue clave para que Blesa llegara a ser presidente de Caja Madrid, que lo subió al pedestal de la entidad financiera seis meses después de ganar las elecciones en 1996. Blesa no tuvo solo amigos entre los populares. 

En 2009, el presidente de Caja Madrid se alió con el entonces alcalde de la capital para luchar en una pugna descarnada contra Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad, que pretendía colocar a su número dos, Ignacio González, al frente de la caja. La guerra interna en el PP madrileño fue tal que obligó a Mariano Rajoy a intervenir para apaciguar las aguas y colocar a Rodrigo Rato como presidente de la entidad.

Fue Aznar uno de los primeros en darle la espalda. El expresidente le pidió un favor, la compra de unos cuadros del pintor Gerardo Rueda, y Blesa no le pudo complacer. "Con los pelos que se ha dejado por ti y han sido muchos, me parece impresentable lo que has hecho o no has hecho", le dijo el hijo de mayor de José María Aznar a Miguel Blesa en un SMS que el expresidente de Caja Madrid reenvió a su correo electrónico que consta en los Correos de Blesa. "No se merecía esta decepción", continuaba el mensaje recibido en julio de 2009. José María Aznar Botella abroncaba así al amigo de su padre.

La política del PP, Mercedes de la Merced, ya fallecida, intentó interceder en la pelea mediante otro SMS. "Me dice el alcalde que Aznar está triste por la negativa de la caja a su proyecto, Alberto también está molesto. ¿No se puede retomar? ¿Quién lo vetó? ¿Puedo hacer algo yo?”.

Mercedes de la Merced está fallecida y "el alcalde" Alberto Ruiz Gallardón también es una figura pública en entredicho por las pesquisas de la Justicia en la trama del Canal de Isabel II. Las operaciones Gurtel, Púnica y Lezo han puesto en el punto de mira a un alto número de políticos del PP de la época (finales de los noventa y toda la década de los 2000), que compartieron copas, safaris y fiestas con el fallecido banquero.

Otra de sus amigas, la que aparece en la foto junto con José María Aznar, Carmen Cafranga, también condenada por las black, aparece un día sí y otro también entre los escándalos de la Operación Lezo, al ser socia de las hermanas Cavero (mujer y cuñada de Ignacio González) en los numerosos negocios que promovía la trama.

Los correos hablaban de favores al que era entonces presidente de Bancaja (José Luis Olivas), condenado ya a un año y medio de cárcel; a Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la patronal, multicondenado y semi-residente de Soto del Real, de donde acaba de salir en un permiso penintenciario. También de favores del exministro José Barrionuevo, al que no le quieren ver ni en su anterior partido, el PSOE; o de enchufes al entorno Esperanza Aguirre, escondida tras el escándalo de la Operación Lezo. Aguirre y Blesa se llevaban muy mal, aunque el presidente de la caja tuviera que contentar a la presidenta de la Comunidad.

Otro empresario que salía a menudo en los correos, Alberto Recarte, presidente de Libertad Digital en su momento y al que Blesa ofreció la presidencia Iberia, también es uno de los que más aparecía en los correos. Y también está condenado por las black.

Rodrigo Rato y los otros 63 condenados de las black evitan aparecer en público. Entre ellos Javier López Madrid, compiyogui, que aparece en las tramas de corrupción de la Comunidad de Madrid.

La coincidencia de fechas es una de las claves para entender el resorte del escándalo que provocó que en un país en el que casi no se dimite,  se sucedieran las renuncias. Difícil digestión tiene para un preferentista saber que en ese fatídico día en el que se dio luz verde a la colocación de 2.200 millones de euros en preferentes, Carmen Contreras, directora de auditoría de la entidad, se gastara 1.250 euros en un tratamiento de belleza. A cargo de su 'black'. A cargo de los fondos de una caja que precisamente acudía a buscar los ahorros de sus clientes para no quebrar.

Miguel Blesa, presidente entre 1996 y 2010 de Caja Madrid, y auténtico artífice del sistema de sobresueldos mediante las tarjetas, fue el primer financiero español tras la crisis en pasar la noche en la cárcel por la desastrosa gestión de una caja de ahorros. Las cámaras le fotografiaron saliendo de Soto del Real con una elegante bolsa de viaje de cuero. El banquero se gastó 3.400 euros en Louis Vuitton con la visa fraudulenta en apenas un año.

El tren de vida que describía la investigación de  Los Correos de Blesa, yates, safaris, joyas, se había pagado con las tarjetas fraudulentas. Después de un lustro escuchando que los españoles habían vivido por encima de sus posiblidades, miles de víctimas de la crisis financiera descubrieron que la realidad era aún peor.

La salida a Bolsa de Bankia, que acabó siendo un pufo para sus miles de accionistas y terminó precipitando el rescate financiero de la entidad, se regó con buen vino. El 20 de julio de 2011, los usuarios de la 'black' brindaron casi 6.000 euros tras el toque de campana.

Los correos de Blesa terminarán siendo el testamento apócrifo del Inspector de Hacienda. El hilo conductor de aquellos casi 7.000 mensajes, entre los cuales se encontraba el correo de las black, pasaba por cómo repartir juego entre distintos políticos, administraciones, empresarios e instituciones para que con el dinero y el poder de la caja todos estuvieran contentos. Hoy casi todos guardan silencio."                    ( /   , eldiario.es, 19/07/2017)

1.3.17

Rato, condenado a 4 años y medio de cárcel por el ‘caso de las tarjetas black’ y Blesa a 6 años

"La Audiencia Nacional ha condenado hoy a los expresidentes de Caja Madrid Miguel Blesa y Rodrigo Rato a seis años y cuatro años y seis meses de prisión, respectivamente, al considerarles culpables de apropiarse indebidamente del patrimonio de la extinta entidad a través del sistema de las tarjetas “black”.

Al resto de los 65 acusados que se sentaron en el banquillo la Sección Cuarta de la Audiencia Nacional les impone penas que oscilan entre los tres meses y los tres años de prisión y entre todos ellos se hace una mención especial al exdirector general de Medios, Ildefonso Sánchez Barcoj, a quien se considerea colaborador y cómplice de la operativa desarrollada, que contribuyó a mermar el caudal de la entidad bancaria. 

Él habría sido el auténtico ejecutor del saqueo llevado a cabo con las tardejas ya que comunicaba los nombres de los usuarios, los límites operativos mensuales y anuales, autorizaba las ampliaciones de esos límites y decidía quienes podían disponer de un código PIN que les permitirá utilizar las ‘black’ para conseguir efectivo. Su condena es de dos años y seis meses de cárcel. A los tres -Blesa, Rato y Sánchez Barcoj- se les absuelve del delito de administración desleal.

La sentencia, de 259 folios, se remonta al año 1988, cuando Jaime Terceiro presidía Caja Madrid. La Audiencia Nacional considera que entonces se acordó dignificar las retribuciones de los consejeros a través de una tarjeta VISA que vendría a complementar las dietas que ya recibían. 

Con esa tarjeta se habilitaba disponer de dinero dentro de un límite, como compensación por los esfuerzos y dedicación a la entidad. En el año 1995, con la incorporación de nuevos consejeros, Terceiro informó de que esas tarjetas VISA eran exclusivamente para gastos de representación, en el desempeño de su función de consejeros.

En sintonía con la postura del Ministerio Público el tribunal entiende que Blesa desvirtuó la práctica cuando llegó a la presidencia de Caja Madrid, en 1996 y recibió dos tarjetas de crédito por su condición de presidente ejecutivo, una de empresa para gastos de representación y otra también corporativa que se atribuyó a sí mismo, “al margen de sus retribuciones convenidas contractualmente, para dedicarla a atenciones netamente personales, en detrimento, con el uso que le dio, del caudal de Caja Madrid.”. 

Asimismo, “propició que a los miembros del Consejo de Administración y a los integrantes de la Comisión de Control, acto seguido de tomar posesión de sus cargos en uno u otro órgano, se les facilitase una tarjeta Visa de empresa contra la que disponer sin justificación del gasto, viabilizando así una percepción dineraria que acrecentaba a la dieta, no obstante constarle que la única autorizada contra el patrimonio de Caja Madrid lo constituía ésta última”.

Código PIN: el saqueo también a través de los cajeros

Entre las aportaciones de Blesa desde su cargo de presidente de Caja Madrid, figura el haber facilitado el código PIN de la tarjeta para extraer dinero en cajeros hasta un montante mensual determinado por él mismo a algunos acusados, entre ellos los integrantes del Consejo de Administración y de la Comisión de Control Francisco Baquero Noriega, Ignacio de Navasques Covían, Ramón Espinar Gallego, Pedro Badía Pérez y Miguel Ángel Abejón Resa.

Los gastos derivados del uso se cargaban contra una cuenta de la Entidad. “Para el caso de no agotarse el límite operativo mensual, el saldo que restase por disponer no acrecentaba para el siguiente mes, solicitándose en ocasiones por algunos acusados, el aumento de la operativa mensual, que se autorizaba, lo que no alteraba el importe anual. En variados casos, dichas solicitudes de ampliaciones del límite operativo mensual coincidían con periodos de fiestas o vacacionales”.

Sobre el régimen fiscal de estas tarjetas, la sentencia explica que “el montante dinerario que representaba el uso de la tarjeta de empresa 

en cuestión, no figuraba en el certificado de haberes (o recibo de haberes y certificados de retención IRPF) que Caja Madrid facilitaba cada año a efectos de la declaración del impuesto sobre la renta de las personas físicas, lo que era perceptible por los acusados, a diferencia del importe de las dietas, cuyo montante sí figuraba en aquel documento”.

La sentencia añade que “los acusados integrantes del Consejo de Administración y de la Comisión de Control no obstante la previsión legal y estatutaria sobre la única percepción dineraria contra la entidad que era la dieta, y, los acusados que asistían a las reuniones de éste último órgano que estaban autorizados a percibir exclusivamente por ese mismo concepto (además del importe de la indemnización por desplazamientos), no obstante comprobar que la tarjeta corporativa no respondía a ello, les dieron el uso particular que tuvieron por conveniente contra el caudal de Caja Madrid, contribuyendo con su proceder a la merma del mismo propiciada por el acusado Miguel Blesa”.

La ‘era Rato’ y el nacimiento de Bankia: más de lo mismo

Cuando Rodrigo Rato accedió a la presidencia de la entidad, en enero de 2010, mantuvo la misma dinámica. Es decir, se atribuyó una tarjeta “sin amparo en su paquete retributivo, evidenciado además por las condiciones de uso, lo que no le impidió con el empleo que le dio contra el caudal de la entidad, el detrimento del mismo, junto al que sabía que se originaba con las que seguían operativas de la etapa de su predecesor en el cargo”.

 Los magistrados relatan que, desde junio de 2011 a mayo de 2012, el exministro “extendió la práctica” tanto a su favor como al de Sánchez Barcoj y al de José Manuel Fernández Norniella, condenado este último a un año de prisión.

Una estrategia con la que Rato compensó las limitaciones legales en materia de retribución recogida en el “decreto Guindos”, para el saneamiento del sector financiero, especialmente en una entidad que contó con apoyo público.

 Tanto a él como a Blesa, el tribunal les considera “actores” en tanto que ellos mismos podían haber acordado suprimir esa operativa; ambos tendrán que responder “de forma solidaria” a todas las cantidades de las que dispusieron los acusados, en torno a 12 millones de euros.

Tanto Blesa como Rato tendrán que responder de forma solidaria a todas las cantidades de las que dispusieron los acusados, que las acusaciones fijan en doce millones de euros. El tribunal, no obstante, considera que hay que descontar las cantidades cantidades atribuidas al consejero fallecido, Miguel Angel Araujo, así como las prescritas y que por tanto no han sido sometidas a juicio oral.

 El tribunal tampoco acepta la petición de Bankia de que se aplicase a Rato y Blesa la atenuante de reparación del daño porque habían devuelto una parte del dinero. (...)"          (República.com, 23/02/17)

27.9.16

El caso de las tarjetas black revela que la crisis de 2008 fue un apogeo del capitalismo en su más pura expresión: arramblar con el dinero público

"En uno de los episodios más chuscos de ese inmenso pozo séptico que fue la gestión de Caja Madrid, el hijísimo de José María Aznar y Ana Botella le reprochaba al presidente de la caja de ahorros, que la entidad no hubiese aflojado 54 millones de euros por la compra de obras del artista Gerardo Rueda para financiar la fundación de un museo personalizado en la capital.

 El intercambio de correos entre ambos -que tuvo lugar hace ya siete años y fue hecho público hace tres- demuestra el nivel de nepotismo, compadreo y fetidez que imperaba en la institución en sus años finales, antes de metamorfosearse en Bankia. 

 José María Aznar Botella le recriminaba su negativa a Blesa con una familiaridad que evocaba el banco del colegio que compartió junto a Jose Mari padre: “Con los pelos que se ha dejado por ti y han sido muchos, me parece impresentable lo que has hecho o no has hecho”. Se refería, claro está, a los pelos del bigote.

Tal vez lo más impresionante sea la dignidad con la que Miguel Blesa salió incólume de este bochornoso episodio con una sola frase, sobre todo teniendo en cuenta la que demostró años después: ninguna. “No es mi cortijo” escribió, refiriéndose a Caja Madrid. 

En cierto modo no lo era, al menos no sólo suyo, puesto que ahí metía mano todo dios, de izquierda a derecha y del primero al último, desde el sindicalista Francisco Baquero Noriega (representante de CC OO que se fundió 266.440 euros en tarjetas opacas) y José Antonio Moral Santín (vicepresidente, catedrático de Economía y diputado de IU, que hizo lo propio con 456.500 euros) hasta los grandes paquidermos del desfalco, Ildefonso Sánchez Barcoj, Rodrigo Rato y Miguel Blesa.

En el juicio que da comienzo en la Audiencia Nacional hoy se sientan en el banquillo los principales directivos y consejeros responsables del saqueo de más de quince millones de euros. Son 66 imputados, lo cual da una buena aproximación al número de la Bestia. En la sala se oirán a menudo restallar sintagmas escandalosos como “administración desleal”, “apropiación indebida” o “fondos buitre”. 

Sin embargo, lo que está en juego aquí no son tanto unos comportamientos delictivos o una desvergüenza generalizada sino un modo de hacer las cosas que ha sido y es la marca de la casa en buena parte de la banca española, una codicia y una inmoralidad que vienen de muchas décadas atrás y que continúan arraigadas en lo más profundo de nuestro sistema financiero.

Más allá de las ideologías, el caso de las tarjetas black revela que la célebre crisis de 2008 fue, más que una crisis, un apogeo del capitalismo en su más pura expresión: arramblar con el dinero público, robar a los pobres para dárselo a los ricos en una inversión perfecta del mito de Robin Hood. 

Por debajo de la economía, que funcionaba a toda máquina, descarrilaban la ética, la justicia y la legalidad, entre cacerías de elefantes y compras en supermercados, entre jueces defenestrados y correos de hijos de papá."                  (David Torres, Público, 26/09/16)

15.10.14

Del 'Tamayazo' a las tarjetas 'black' de Blesa

" (...) Rafael Simancas, hoy arrumbado en un PSOE desdibujado, rememora con cierta melancolía aquellos meses previos a las elecciones de mayo de 2003 a la Comunidad de Madrid, cuando, exhibiendo una ingenuidad de parvulario, se le ocurrió adelantar que una de sus primeras medidas como presidente sería dar un golpe de mano en Caja Madrid para quitar a Blesa su cortijo.

 Simancas nunca llegó a conquistar la Puerta del Sol. No por una cuestión de aritmética, pues los diputados del PSOE sumados a los de IU daban más que los del PP, sino por amenazar con finiquitar un modelo del que todos, pero absolutamente todos, populares, socialistas, sindicalistas y arribistas, se beneficiaban y les permitía esquilmar los hoy escasos recursos de la caja de ahorros. Con las cosas del comer, le advirtieron, no se jugaba.

Así se gestó el tamayazo. El 10 de junio de ese 2003, los socialistas Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez protagonizaron uno de los casos más ignominiosos de transfuguismo que se recuerdan. Ese día, ambos políticos decidieron ausentarse de la Asamblea de Madrid impidiendo que Simancas pudiera tomar control de la misma y dejando el camino expedito para un nuevo mandato de Esperanza Aguirre. 

Herido en su orgullo como Boabdil cuando rindió Granada, el entonces candidato socialista se decantó por sacar al PSOE de la Comisión Ejecutiva de Caja Madrid, órgano que manejaba las decisiones de inversión de la entidad financiera y donde residía su músculo financiero. No quería saber nada de la Comisión mientras ocupara allí puesto Ricardo Romero de Tejada, secretario general del PP en Madrid, al que señalaba como artífice del tamayazo. “No quiero sentarme con delincuentes”, rezongó.

Mientras Simancas lloraba por las esquinas, Blesa y Romero de Tejada se fumaban un puro pies en alto, y en vez de desmantelar la Comisión, y poner coto a las tarjetas y a los trajes hechos a medida a seis mil euros la pieza, decidió dar entrada a José Antonio Moral Santín y repartirse la caja

Lo de “repartirse la caja” hay que entenderlo en su literalidad. Blesa blindaba al consejero de IU, en verdad un mercenario ideológico, paradigma de la inmundicia que se ocultaba bajo las alfombras de las cajas, con un salario anual que, entre consejos, dietas y tarjetas, superaba los 400.000 euros. 

Porque, no nos engañemos, para eso han servido las cajas de ahorro, como herramienta para mantenerse en el poder, como medio de financiación opaca para los partidos políticos, como cuaderno de bitácora para una red clientelar a la que se regaba con sinecuras, a la que se invitaba a El Bulli a cambio de un pedacito de comisión, a la que le regalaba los créditos (y no sólo los créditos) en una etapa en la que todo valía, en la que el más modesto miembro de la clase media veía natural pasar las vacaciones en las Seychelles y conducir un coche de trescientos caballos. Pero todo eso acabó.

 Al menos para los menos pudientes. Porque mientras los ejecutivos de las cajas mantienen sus yates amarrados a los pantalanes, la clase media se ha tenido que vaciar los bolsillos para costear la quiebra del sistema financiero. En total, más de 40.000 millones de euros. El contribuyente, en definitiva, era quien pagaba los trajes de Hermès del consejero, las compras del directivo en el Hipercor, los excesos de este Sodoma y Gomorra de cuello blanco en el que llegó a convertirse Caja Madrid.  (...)

Estaban todos, lo consentían todo. El asunto de las tarjetas apenas muestra un detalle, la punta del iceberg. Hay más. Debería haber más. Como ese sinnúmero de operaciones dudosas, la mayoría inmobiliarias, de las que el FROB ha solicitado un análisis forensic a Bankia para dilucidar lo que se escondía tras ellas. 

O la investigación sobre la compra del City Nacional Bank de Florida (CNBF), que duerme el sueño de los justos, un proceso lentísimo en el que todavía no se ha resuelto el recurso presentado en enero y por el que han pasado ya seis magistrados desde que Elpidio Silva fuera apartado el 26 de mayo de 2013.

 Será ahora la juez Esperanza Collazos, a la que la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) acordó la pasada semana adjudicarle en propiedad el Juzgado de Instrucción número 9 de Madrid, del que era titular el propio Silva, la que tendrá que lidiar con un caso que, según prevén los que lo han analizado, deparará sorpresas.  (...)"           (Nacho Cardero, El Confidencial, 13/10/2014)