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5.3.21

"Florentino Pérez se puso agresivo". Historia oculta del pelotazo de las torres galácticas.Tras varios intentos fallidos, el Real Madrid recalificó su ciudad deportiva en 2001, hace ya veinte años. Florentino tocó todos los resortes del poder para lograrlo y el club entró en órbita gracias al ladrillo

 "Tras varios intentos fallidos, el Real Madrid recalificó su ciudad deportiva en 2001, hace ya veinte años. Florentino tocó todos los resortes del poder para lograrlo y el club entró en órbita gracias al ladrillo

 En los reservados madrileños se sellan grandes negocios, pero también grandes dramas, como les pasó a Florentino Pérez y Matilde Fernández, cuando el nuevo presidente del Real Madrid trataba de engrasar la recalificación de la ciudad deportiva. Florentino estaba a punto de conseguir un milagro empresarial, activar por consenso una operación inmobiliaria que llevaba cuarenta años vetada, pero se topó con un molesto contratiempo: la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid. 

 Tres veces se reunieron Florentino y Matilde. Tres veces recibió Florentino un no por respuesta. Pasó hace veinte años.

Estamos en 2001, Florentino apretaba para conseguir la recalificación y los mentideros echaban humo. José María García era entonces uno de los periodistas deportivos más poderosos y perejil de todas las salsas. Preguntamos a García por la operación urbanística. No ha perdido su don para el martillazo periodístico...

PREGUNTA. Recalificación de la ciudad deportiva del Real Madrid para construir cuatro rascacielos en la Castellana. ¿A qué le suena a usted?

RESPUESTA. Es el mayor escándalo deportivo de la democracia. Así se lo dije al presidente Aznar.

Según el periodista, en 2001 mantuvo la siguiente conversación con Aznar:

García: No podéis regalarle cientos de millones a Florentino.

Aznar: Hay que ayudar al Madrid.

García: Aunque tú seas del Real Madrid, eres presidente del Gobierno; no tienes que ayudar al Madrid, tienes que ayudar a todos.

P. Cuando la recalificación se estaba cociendo, habló usted con el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano. ¿Qué le contó?

 R. Le dije en una comida que la recalificación me parecía una vergüenza. Todos los presidentes del Real Madrid lo habían intentado antes, y a todos les dijeron no, no y no; menos a Florentino. Lorenzo Sanz lo intentó de todas las maneras, pero solo logró pequeñas limosnas por una esquinita de la ciudad deportiva, el chocolate del loro. ¿A qué venía ahora tanto privilegio? Álvarez del Manzano me dijo que la operación era absolutamente ilegal y solo se haría por encima de su cadáver.

P. Siga…

R. Cuando se aprobó la recalificación, llamé al alcalde de Madrid y le dije: “José María, ¿qué hacemos ahora con tu cadáver?”.

P. ¿Qué le respondió?

R. Su explicación fue graciosa. “Cuando te llama el presidente del Gobierno y te dice ‘firma eso’, ¿qué haces?”.

P. Florentino Pérez se manejó bien esos días...

R. La pobre Matilde Fernández se quedó más sola que la una.

En pleno revival del Madrid de los galácticos por una serie documental (‘Galácticos’) de la cadena estadounidense ESPN, toca preguntarse quién pagó la fiesta, por qué y si quedó algún cadáver por el camino. ¿El mayor escándalo deportivo de la democracia o una gran operación urbanística para el Madrid y la ciudad de Madrid?

Vuelva usted mañana

A finales de los cincuenta, el franquismo expropió 14 hectáreas en la Castellana y se las traspasó al Real Madrid para “la construcción de sus instalaciones”, de "uso deportivo" y “sin propósito lucrativo”. Los intentos del club de dar un pelotazo con estos terrenos (y con los del estadio Santiago Bernabéu) comenzaron pronto, pero chocaron siempre con las autoridades. “Ramón Mendoza me propuso tirar el Bernabéu, levantar varias torres y construir el nuevo estadio donde están ahora los cuatro rascacielos. Le dije: ‘¿Cómo te voy a autorizar una operación que Arias Navarro [alcalde entre 1965 y 1973] le negó al Real Madrid en tiempos de Franco?’ Ni lo permitía el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) ni era conveniente para la ciudad. Me negué rotundamente”, cuenta Juan Barranco, alcalde socialista de Madrid entre 1986 y 1989. 

 Lo intentó Raimundo Saporta (vicepresidente del club) con Francisco Franco, lo intentó Ramón Mendoza con Juan Barranco y lo intentó Lorenzo Sanz con Álvarez del Manzano. Pero lo que no logró nadie en cuarenta años... lo iba a lograr Florentino Pérez en unos meses.

En 1995, Florentino se presentó a las elecciones del Real Madrid; perdió contra Ramón Mendoza. Uno de sus eslóganes de campaña fue: “Las deudas no se pagan con la ciudad deportiva”. El constructor estaba aún en contra de recalificar y vender los terrenos.

En 1997, el Madrid vendió tres hectáreas de la ciudad deportiva al ayuntamiento y a la CAM por 27 millones de euros para aliviar su deuda. El PGOU de ese año dio por “concluido el proceso de ocupación del espacio”: “Se ha agotado el aprovechamiento urbanístico”. Pero tres años después, Florentino no iba a hacer prisioneros en su segundo asalto a la presidencia...

Bilbainada electoral

Tras ganar el Madrid la Champions en 2000, Lorenzo Sanz adelantó las elecciones; lo veía fácil, pero iba a ser arrasado por el huracán Florentino Pérez, presidente empoderado de un gigante de la construcción en expansión: ACS.

Las promesas electorales de Florentino sonaron a bilbainada: fichaje de Figo (gran estrella del Barcelona) y recalificación de la ciudad deportiva. Bien el candidato Florentino iba muy sobrado, bien sabía cosas que los demás desconocían, pues no pudo hablar más claro a los socios: “Les pido que confíen en mi capacidad de negociación. En mis buenas relaciones con el alcalde de Madrid y con el concejal de Urbanismo. Mi capacidad de persuasión es infinitamente mayor que la de la junta saliente. Son unos terrenos excepcionales y he hablado tanto con el alcalde como con el concejal al respecto. Son terrenos urbanizables. ¿Cómo puede pensar alguien que hago una propuesta sin haber tratado el tema antes?”.

Florentino iba sin frenos y con las cartas boca arriba: la recalificación se lograría fontaneando sin cuartel a la autoridad competente. Nadie podrá acusarle de no haber ido de frente. Para pasmo de los escépticos, Florentino iba a cumplir a rajatabla sus promesas electorales: Figo y recalificación. “Estaba en marcha el rescate financiero más importante de la historia del fútbol español”, resumió Juan Carlos Escudier en su biografía (no autorizada) sobre Florentino Pérez.

 Al club le iba mucho en juego. Poco después del triunfo electoral de Florentino, la UEFA sugirió que el Madrid podría quedarse fuera de la Champions por su elevada deuda (277 millones de euros). Pero en uno de los giros empresariales más asombrosos del deporte mundial, el Madrid de Florentino acabó reventando el mercado los siguientes años con los fichajes de cuatro galácticos: Zidane (2001), Ronaldo (2003), Beckham (2004), y el ya mencionado Figo, pagado un parte con un préstamo del Banco Zaragozano (controlado por los Albertos, socios de Florentino en ACS). Del Madrid de la deuda asfixiante se pasó al Madrid de los galácticos. Del veto político a la recalificación por ser "absolutamente ilegal", a los políticos diciendo que era un gran proyecto para la ciudad de Madrid. 

 ¿Cómo logró lo imposible Florentino Pérez? Tesón, persuasión, contactos de alto nivel, intercambios de favores, presiones a políticos y comidas en reservados. Muy vieja escuela. El lobby basado en relaciones personales e intereses cruzados. Tocando todas las palancas del poder desde una posición de fuerza: la punta de la pirámide del ladrillo. Un curso acelerado de influencia sobre todo el espectro ideológico en plena fiebre del oro urbanístico.

La entrevista

El PP controlaba el ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, pero como la recalificación podía parecer un favor al Real Madrid, con el desgaste político consiguiente, se pidió a Florentino que obtuviera el mayor consenso político posible. El presidente del Madrid lograría hasta el apoyo de Izquierda Unida, pero hubo una grieta en el consenso total...

Matilde Fernández, 71 años, pasará a la historia junto a Rosa Conde como la primera ministra de un gobierno de Felipe González, pero bien podría hacerlo también como la política que le dijo tres veces no a Florentino Pérez. Hablamos con ella.

PREGUNTA. ¿Cómo fueron sus tres reuniones con el presidente del Real Madrid? ¿Qué Florentino Pérez se encontró?

RESPUESTA. Florentino Pérez intentó primero que empatizara con él; típica maniobra de un empresario para acercarte a sus posiciones y acabar votando a su favor. Pero tras mis resistencias iniciales, en la segunda reunión ya vino diciendo: “He convencido a todos menos a ti”. Y en la tercera se puso agresivo: “A ti ya no te apoyan ni los tuyos”. Había pasado de la amabilidad a la agresividad.

P. ¿Qué argumentos utilizó para convencerla?

R. Que lo que era bueno para el Real Madrid era bueno para la ciudad de Madrid. Para mí era un argumento irracional e incomprensible, porque eran dos planos totalmente distintos, lo que es bueno para el Real Madrid será bueno para sus socios y forofos, pero ¿lo es necesariamente para toda la ciudad?

También trató de convencerme apelando a mi perfil social, o mejor dicho, a lo que él entendía por eso. Me dijo: “A ti que te gusta tanto África, ¿sabes lo primero que piden siempre los niños africanos? Una camiseta del Real Madrid”. Vale, bien, hay niños africanos a los que les gustan las camisetas del Madrid y del Barcelona, pero ¿qué tenía eso que ver con la recalificación?

P. Lo de los niños africanos es una argumentación un poco… primitiva, ¿no?

R. Le valía todo para argumentar, pongo esto como ejemplo porque se me quedó grabado. Me decía: “¿Sabes que los niños africanos quieren mucho al Real Madrid?”.

P. Ya… ¿Qué le respondió usted?

R. Que el Madrid estaba en un suelo que también era público, cuyo cambio de uso afectaba a la ciudad. Si se recalificaba y vendía, las plusvalías tenían que ir a todos los madrileños, no a un club, o a unas personas vinculadas al presidente de un club.

P. ¿Lo dice porque ACS acabó construyendo parte de las torres?

 R. Lo digo porque algunas de las empresas que se quedaron las torres habían tenido negocios antes con Florentino Pérez. Ese círculo demostraba que no prevalecía el interés general, sino el particular, con un suelo cedido al señor Santiago Bernabéu por el Ayuntamiento de Madrid.

P. ¿Propuso usted alternativas al Real Madrid?

R. Si la ciudad quería ayudar a un club, había otras alternativas. ¿Ceder suelo para actividades deportivas? Eso se estudia. Pero las fórmulas alternativas no le valían a Florentino, iba a la mayor y con su verdad absoluta por delante.

P. ¿Su oposición a la recalificación se discutió en el grupo municipal socialista?

R. Sí, tras hablar con los expertos en urbanismo, expuse mi posición. Les dije a mis compañeros que íbamos a sufrir presiones, pero que la operación no era aceptable. Todos se mostraron de acuerdo, pero un compañero alegó: “Esto va a ser muy duro. Analicemos si compensa. No lo va a entender todo el mundo”. No es que estuviera en contra; le preocupaban las presiones y el desgaste.

P. ¿Sufrieron mucho?

R. A nivel personal no fue para tanto, aunque sí nos angustió el cambio de posición de Izquierda Unida. Su portavoz [Ángel Pérez] me dijo primero que estaba en contra de la recalificación, y luego que votarían a favor, entre otras cosas, por las presiones de Comisiones Obreras. Entonces te planteas si te estás obcecando, pero el tema era claro: el Madrid quería recalificar para obtener unas plusvalías porque sí. Plusvalías que, como ya planteamos entonces, adelantaban el desarrollo de la Operación Chamartín.

El ayuntamiento se gastó mucho dinero en la obra de la ciudad deportiva y permitió una edificabilidad nunca vista al servicio de unos pocos. Un suelo de los madrileños tenía que revertir en los madrileños, pero apenas aportó a la ciudadanía.

P. ¿Recibió usted presiones del partido?

Florentino agitó a todos los forofos socialistas del Real Madrid, pero no recibí presiones del partido, como insinuó el presidente del Madrid. Alguna ironía sí dejaron caer compañeros como Rubalcaba y Lissavetzky, que eran grandes forofos del Madrid, y bromeaban sobre mi oposición a los planes de Florentino. Pero no me presionaron. Sí recibí presiones de otras ramas del poder de Florentino…

P. ¿Cuáles?

R. El director de informativos de la SER me negó la posibilidad de explicarme. Ese señor que lleva ‘Al rojo vivo’...

P. ¿Ferreras?

 R. Ese. Que luego pasó a ser director de comunicación del Real Madrid. Cuando Juan Barranco y Alfonso Guerra pasaron por la SER, se quejaron: “Estáis poniendo a parir a Matilde y no la dejáis defenderse”. Fui vetada. Confirmadísimo por altos cargos de la SER.

P. Volvamos al principio para acabar. ¿El salto del Florentino engatusador al Florentino intimidador cómo lo vivió? El presidente del Real Madrid suele cuidar las formas...

R. Es el ramalazo del poder que no se ha democratizado del todo. Florentino había sido antes político, eso le empoderó, pero de un modo incorrecto. A todo el mundo le ofrecía cosas, también a los sindicatos. Yo era de la UGT y del sindicalismo de clase, pero los sindicalistas vinculados a las cooperativas de vivienda fueron engatusados por Florentino por la vía del "te cedo esta parcela para la cooperativa, me encargo de la construcción y luego tú me apoyas en esto otro". Es una forma de funcionar predemocrática e inaceptable.

Yo estaba acostumbrada a sentarme en la mesa con empresarios para buscar acuerdos. Era mi educación sindical. Pero Florentino se sentía fuerte, cubierto de poder, estaba acostumbrado a ganar esos órdagos.

Marxismo/ladrillismo

¿Por qué Izquierda Unida pegó un volantazo con la ciudad deportiva? De amagar con ir a la fiscalía anticorrupción al SÍ SEÑOR. Eran los años en los que la izquierda alternativa decía que la ideología de IU en Madrid era el marxismo/ladrillismo.

Florentino salvó de la quiebra la construcción de dos cooperativas de vivienda vinculadas a Ángel Campos, secretario de Comunicación de CCOO y miembro del consejo federal de IU esos años. Cuando Florentino llegó a la presidencia del Real Madrid, prohombres de la IU castiza como Ángel Pérez, Miguel Reneses y Justo Calcerrada, concejal responsable de Urbanismo, comieron varias veces con él en los reservados del restaurante Señorío de Alcócer. ACS era propietaria de grandes extensiones de suelo en los PAU de los nuevos barrios del norte de Madrid —Las Tablas, Montecarmelo— donde varias cooperativas de vivienda del marxismo/ladrillismo “obtuvieron parcelas”, según el libro de Escudier. Ángel Campos, que llegó a formar un comité en CCOO para recolectar apoyos electorales a Florentino, acabó trabajando en la Fundación del Real Madrid.

"Desde dentro se les veía muy cercanos a todos a Florentino Pérez. Este y otros asuntos urbanísticos generaron una crisis de legitimidad en la IU madrileña, el principio del fin, se abrió la puerta a la formación de una alternativa política al partido", cuenta un miembro de IU Madrid esos años.

El reparto

La mezcla de relaciones personales y negocios, en definitiva, jugó un papel clave. El constructor llevaba dos décadas participando en una comida/tertulia en Casa Ciriaco con Álvarez del Manzano y antiguos cargos de UCD.

  A principios de los ochenta, Florentino fue concejal del Ayuntamiento de Madrid por UCD, donde compartió bancada con Luis Eduardo Cortés, concejal de urbanismo de la CAM durante la recalificación de 2001.

Sobre los terrenos de la antigua ciudad deportiva del Madrid acabaron brotando cuatro rascacielos. La edificabilidad en el barrio era de 0,3 metros de pisos por metro cuadrado de suelo. Las autoridades lo multiplicaron casi por seis para el Real Madrid: 1,7 metros cuadrados.

El reparto de los rascacielos quedó así: al Real Madrid le correspondieron dos torres enteras, compartió otra con la Comunidad de Madrid (un 63,4% para el club y un 35,7% para la CAM) y la cuarta fue para el ayuntamiento.

 El Real Madrid obtuvo un beneficio extraordinario por la operación de 501 millones de euros.

Caja Madrid compró uno de los terrenos al Madrid, pero luego se lo vendió a Repsol, y la petrolera adjudicó la construcción del rascacielos a FCC y, ejem, ACS. La obra de otra de las torres, la de Mutua Madrileña, fue a parar a una filial de ACS. ¿Contrató directamente el Real Madrid a la constructora de su presidente? No. ¿Sacó tajada ACS de la recalificación de la ciudad deportiva? Sí. Caja Madrid no solo compró un terreno por 188 millones, también le prestó 78 millones al club por derechos de explotación del 'merchandising'. Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid, fue nombrado luego consejero de ACS. “Blesa dio dinero al Madrid porque le salió de los cojones... y porque también le llamó Aznar”, cuenta José María García.

Los 501 millones obtenidos por el Madrid llegaron en fases y fueron gastados en partidas diferentes, también para cubrir la deuda, pero por poner la cifra en contexto: todos los fichajes de la primera etapa presidencial de Florentino, 17 jugadores en cinco años y siete meses, costaron (88 millones) menos. Entre 2000 y 2006, Florentino se gastó 413 millones de euros en traspasos, 219,5 de ellos en los galácticos Zidane, Figo, Ronaldo y Beckham. Resumiendo: 501 millones de euros del año 2001 era una tonelada de dinero para un club de fútbol.

Tormenta de oficinas

En mayo de 2003, el grupo municipal socialista recurrió el convenio entre el ayuntamiento y el Real Madrid para la nueva ciudad deportiva en Valdebebas. Todo ello en plena tensión política: las elecciones del mes siguiente dieron el triunfo al PSOE en la CAM; resultado corregido luego por el tamayazo. “Cuando el PSOE presentó el recurso, Florentino se puso furioso y pidió la cabeza del concejal socialista Félix Arias”, según fuentes conocedoras de la situación.

Arquitecto y urbanista de prestigio, Félix Arias fue director general de Urbanismo de la CAM en los ochenta y director general de Suelo y Políticas Urbanas del Gobierno la pasada década. Hablamos con él.

PREGUNTA. ¿La recalificación de la ciudad deportiva era un buen proyecto para Madrid?

RESPUESTA. Vamos a ver, es que se lo inventó Florentino, nunca fue un proyecto de la ciudad, que es cuando un organismo público decide mejorar una zona, pero esto se hizo al revés. El ayuntamiento no tenía plan para estos terrenos deportivos privados, pero con una parte pública, más allá de que siguieran siendo deportivos, pero se sumó al plan de Florentino.

La idea fuerza de la campaña de Florentino a la presidencia del Madrid fue activar este mecanismo financiero/deportivo. Antes de que el ayuntamiento dijera o hiciera nada, Florentino vendió la recalificación a los socios del club.

P. ¿Cómo convenció Florentino al ayuntamiento y a la comunidad?

R. Lo que yo creo que pasó, aunque no lo puedo demostrar, es que Florentino les dijo que necesitaba una calificación de suelo de unos 130.000 metros cuadrados, el equivalente a dos torres y media, y el resto se lo podían repartir entre la comunidad y el ayuntamiento, que también era propietario de ese suelo. Repartieron una torre para el ayuntamiento, algo más de dos torres y media para el Madrid, y el resto para la Comunidad de Madrid… regalado por su buen comportamiento, dar el visto bueno y tramitar rapidito. Es decir: todo partió de Florentino, sin estudios públicos previos, informes, o papel alguno favorable a hacer tal cosa. Florentino arrastró a la comunidad y al ayuntamiento al incluirles en el negocio del reparto de torres. El Real Madrid quería dos torres y media, pero donde cabían dos y media, cabían cuatro.

 P. ¿El proyecto urbanístico tenía sentido?

"Dicen que las cuatro torres crean empleo, pero no es cierto, simplemente consiguen traslados de oficinas desde otros lugares de Madrid"

R. Desde mi punto de vista, no, porque aumentaba los desequilibrios entre el norte y el sur. El eje de oficinas de la ciudad crecía demasiado por el norte.

Las oficinas de las cuatro torres se fueron ocupando poco a poco, no porque hicieran falta más oficinas en Madrid, sino porque fueron chupando oficinistas de otros sitios, por ejemplo, de Azca, desde donde se trasladaron oficinas a las cuatro torres. Dicen que las cuatro torres crean empleo, pero no es cierto, simplemente consiguen traslados de oficinas desde otros lugares. En Madrid ya hemos visto muchas veces como edificios de oficinas (Gran Vía, Plaza de España, Canalejas) acaban vaciándose y no quiebran porque los ocupan las administraciones públicas. Las torres de Azca se remodelaron luego para competir con las cuatro torres, y demostraron que podían competir muy bien.

En definitiva, Madrid no necesitaba en absoluto cuatro nuevos rascacielos de oficinas. Es evidente que las torres no han tenido éxito: han estado muchos años con el 15 o el 20% del espacio sin alquilar. De ahí también la incongruencia de Madrid Nuevo Norte (Operación Chamartín) con más y más oficinas.

P. ¿Qué pasó con la nueva ciudad deportiva construida en Valdebebas?

R. Los terrenos se los sacó Florentino a precios irrisorios a la junta de compensación de Valdebebas. ¿Cómo? Sospecho que prometiendo acelerar el plan parcial de Valdebebas vía contactos en el ayuntamiento. Curiosamente todos los PAU de esa época quedaron atascados menos el de Valdebebas, que arrancó en cuanto se firmó el convenio con el Real Madrid. Algunos PAU siguen esperando 20 años después, semi urbanizados y parados. Algo debió hacer Florentino.

El cielo está enladrillado

Para hacer más digerible la recalificación, las autoridades municipales lanzaron un señuelo: además de los cuatro rascacielos, se construiría el futuro pabellón olímpico. Nunca se construyó, aunque es relevante: Madrid protagonizó esos años tres intentos olímpicos fallidos pero de gran frenesí inmobiliario. En efecto, la recalificación de la ciudad deportiva no se debió solo a la habilidad negociadora/presionadora de Florentino, el contexto histórico jugó a su favor. Fueron los años locos de la construcción, el momento álgido, cuando todos los sueños que el ladrillo podía comprar se hacían realidad.

Aunque la operación se vendió como un gran negocio para la ciudad, el inconsciente colectivo bautizó los cuatro rascacielos como Figo, Zidane, Beckham y Ronaldo. Resumiendo: que no hubiera una masiva resistencia social no significa que la gente no entendiera de qué iba aquello: de todos los galácticos que el ladrillo podía comprar.

 El Madrid de los galácticos cambió la historia del fútbol mundial. El modelo Florentino de fichajes millonarios y mediáticos que atraían títulos y nuevos ingresos, fue imitado hasta alcanzar dimensiones monstruosas con la llegada de los petrodólares al fútbol europeo. Hasta un enemigo absoluto de Florentino como Ramón Calderón, que le sustituyó en la presidencia en 2006, admite la jugada maestra de la recalificación. “Aquella operación me pareció muy buena para el Madrid. El club tenía una deuda de 300 millones de euros que nos estaba ahogando y Florentino consiguió pagarla y además construir una ciudad deportiva que es fantástica. Pocos podrían haberlo conseguido, porque hacía falta mover mucho dinero y disponer de buenos contactos”, contó Calderón en 2019 a este periódico.

En definitiva, una gran idea para el Real Madrid. ¿Y para los demás?

“Las operaciones urbanísticas deben responder a una pregunta: ¿Qué gana la ciudad? Yo apoyé la decisión de Matilde Fernández, porque era especulación urbanística para el beneficio de determinadas empresas. Manuela Carmena también firmó convenios con Florentino Pérez. En los últimos treinta años de gobiernos en Madrid no ha habido ninguna confrontación o diferencia en temas urbanísticos entre la derecha y la izquierda: todos se han declarado amigos de Florentino Pérez. ¿Florentino es un buen presidente para el club? Seguro, pero bueno para el Madrid no significa bueno para la ciudad de Madrid”, zanja Juan Barranco."                       (Carlos Prieto, El Confidencial, 01/03·21)

21.5.19

El lado más oscuro del caso Odebrecht... claro que, curiosamente, la financiación de partidos que es ilegal en América Latina no lo es en EEUU...

"Rodrigo Tacla Durán, exabogado de la constructora brasileña Odebrecht, admite que al amparo de esta compañía creció una amplia red de sobornos y financiación ilegal de partidos políticos, que iba “desde Patagonia hasta Sierra Madre”, es decir, desde Argentina hasta México. A cambio de licitaciones de obras públicas, el gigante brasileño repartía generosas comisiones ilegales.

Destapado por el Departamento de Justicia en Washington hace nueve años, la famosa investi­gación judicial brasileña lava jato -lavacoches–, es el escándalo de corrupción más grande de la historia de la región.

Ha derribado, como bolos en una bolera, a jefes de gobierno, poderosos empresarios, ministros y altos funcionarios en una decena de países. También se ha cobrado la vida del ex presidente peruano Alan García que se suicidó hace dos semanas tras ser acusado de dar trato favorable en concurso de obras públicas a Odebrecht, a cambio de financiación para sus campañas electorales, la acusación más típica de la enorme ­trama latinoamericana de Odebrecht.

Odebrecht ha tumbado hasta a un jefe de Estado, el caso de Pedro Pablo Kuczynski, el presidente conservador de Perú que se vio forzado a dimitir dos semanas ­antes de la cumbre hemisférica en Lima hace justo un año, un ca­lendario nada oportuno ya que la cumbre fue organizada por la ­administración Trump con el fin de demostrar que la corrupción es una plaga de la izquierda boli­variana.

 La financiación de partidos que es ilegal en América Latina no lo es en EEUU
 
Lo cierto es que el escándalo Odebrecht no tiene señas ideológicas. Ha golpeado a partidos de la izquierda en Brasil, Venezuela y Ecuador, y a partidos de la de­recha en México, Colombia y Brasil también.

Sin embargo, pese a ser elogiado como la punta de lanza de la lucha contra la corrupción en América Latina, el caso Odebrecht –con sus polémicos métodos jurídicos ­importados desde EEUU– ha ­levantado una fuerte polémica en la región.

Para algunos, se ha criminalizado en exceso un sistema ilícito de financiación política que, en Estados Unidos habría sido legal porque el Tribunal Supremo avala las aportaciones privadas y sin límites a un candidato.

“El caso de Alan García parece similar al del expresidente brasileño Lula da Silva. Se trata de di­nero para campañas políticas; no hay nada personal contra él excepto un dinero que cobró por una conferencia en la Federación Industrial de São Paulo (Fiesp)”, asegura Marcelo Mitterhof, economista de BNDES, el Banco ­Público de Desarrollo cuyos ex­directivos, tras repetidas acu­saciones de estar involucrados en el caso Odebrecht, han salido ­absueltos.

Es más, como ha denunciado Tacla Durán, los métodos de la investigación y, concretamente, el uso muy extendido de la colaboración premiada –penas reducidas y hasta incentivos económicos para los delatores– son cuestionables en muchos casos.

Hay amplias pruebas –miles de documentos con listas de políticos sobornables entregados por los directivos de Odebrecht– de que la empresa había efectivamente institucionalizado la corrupción en diversos países. Pero, en muchos casos, como el de Lula o el del exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, no hay pruebas salvo estas denuncias compradas a los colaboradores con la justicia. Muchos de ellos son allegados del expre­sidente de la constructora, Marcelo Odebrecht.

Odebrecht había institucionalizado la corrupción en una docena de países

Se multiplican las acusaciones contra el juez Sergio Moro, gran cabeza de la operación lava jato, cuya credibilidad como el azote de los políticos corruptos perdió brillo este año cuando aceptó el cargo de ministro de Justicia de Brasil en el gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro.

 “Hay un grave conflicto de intereses para estos fiscales y jueces”, dijo Tacla Durán en dos entrevistas mantenidas en Madrid donde ha buscado refugio de los fiscales de lava jato. Opina que los métodos jurídicos carecen de todo rigor y asegura que “cada delator de Odebrecht cobró 15 millones de reales (3,4 millones de euros al cambio) por firmar el acuerdo de colaboración premiado y pactaron sus testimonios”.

Interpol respalda estas graves acusaciones lanzadas contra ­Sergio Moro, que se negó a admitir a ­Tacla Durán como un testigo en el juicio de Lula. Esta agencia de policía internacional se negó a seguir una orden judicial de ­busca y captura contra Tacla ­Durán al considerar irregulares los métodos del juez brasileño.

Todo empezó en Brasil hace cinco años cuando los fiscales del caso lava jato centraron su inves­tigación anticorrupción en Odebrecht tras descubrir una trama corrupta en la petrolera semi estatal Petrobras. Ya era una práctica habitual pedir dinero a la constructora para garantizar el apoyo de los partidos políticos brasileños a cambio de obras lucrativas como refinerías. 

Con la ayuda del testimonio explosivo de Marcelo Odebrecht y otros directivos que habían firmado un acuerdo de colaboración premiada, Moro y sus fiscales empezaron a detener a cientos de políticos brasileños, principalmente del Partido de los Trabajadores (PT), acusados de cobrar sobornos, normalmente para financiar a sus partidos ­aunque en algunos casos como el del exministro Antonio Palocci, el principal acusador de Lula –en otro acuerdo de colaboración–, para su propio enriquecimiento. 

 “Hay un abuso total de esta colaboración premiada sin otras pruebas; se ha reducido la pena de más colaboradores de los que se han inculpado”, explicó Thiago Bottino, experto en derecho de la Fundación Getúlio Vargas en Río de Janeiro, un crítico a la investigación brasileña. “Basar una inves­tigación en tantas colaboraciones premiadas es contraproducente; se acabará hundiendo por falta de pruebas”, agrega.

Hay indicios de que los jueces utilizan el caso Odebrecht para hacer política

Con un objetivo de sacudir el sistema político clientelar en Brasil y concretamente el entonces poderoso PT, los jueces de lava ­jato centraban su investigación en frenar los pies al expresidente ­Lula. “Solo les interesaba ir a por Lula y muchos de los acuerdos de colaboración protegían a los de­latores de Odebrecht de ser juz­gados en otros países”, aseguró Bottino. Pero si los directivos de Odebrecht estaban blindados, los políticos cayeron como moscas en la telaraña dentro y fuera de Brasil.

Primero alcanzó a gran parte de la clase política brasileña, entre ellos el expresidente Michel Temer, el gobernador del estado de Río que recibió sobornos por las obras olímpicas realizadas por Odebrecht y otras constructoras y el candidato presidencial Aécio Neves. Luego cruzó la frontera para inculpar a toda América Latina.

En Perú tres expresidentes ya están bajo investigación por pedir dinero a Odebrecht a cambio de contratos. En México, el expre­sidente de Petróleos Mexicanos (Pemex), Emilio Agustín Lozoya, estrecho aliado del entonces ­presidente Enrique Peña Nieto, fue acusado de haber pedido 10 millones de dólares a Odebrecht para una campaña electoral del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a cambio de acceder contratos en la construcción de refinerías. Según un nuevo libro de Raúl Olmos, la investigación contra Odebrecht alcanza no sólo a Peña Nieto sino a Felipe Calderón, otro expresidente.

En Ecuador, el exvicepresidente Glas y otros funcionarios del expresidente Rafael Correa, permanecen en la cárcel por su presunta involucración en el escándalo. Correa, por su parte, acusado en el mismo caso, vive en Bélgica a salvo de los jueces.

El proceso es el más importante habido en América Latina contra la corrupción
La exfiscal venezolana Luisa Ortega, ahora exiliada en Bogotá, acusa a Nicolás Maduro y sus colaboradores de haber recibido sobornos de Odebrecht. Al otro lado del espectro político, Mauricio Macri, el presidente liberal de Ar­gentina se ha visto también involucrado. Igual que Álvaro Uribe, el neoconservador expresidente colombiano. En Colombia, el fiscal general calcula que Odebrecht ­pagó sobornos por 35 millones de dólares a funcionarios y políticos a cambio de trato preferencial en adjudicaciones de obra pública. La lista se extiende a Ricardo Martinelli, expresidente de Panamá.

En medio de una moralización justiciera que crece en muchos países latinoamericanos, el caso Odebrecht ha echado gasolina al fuego de indignación contra la clase política. Puede ser una reacción necesaria contra la corrupción endémica en la región desde hace siglos que pasa una enorme factura social y económica. Pero hay indicios preocupantes de que los mismos jueces quieren ser políticos al igual que Moro. Los fiscales de lava jato –liderados por el evangé­lico Deltan Dallagnol– han usado el dinero recaudado mediante los acuerdos de colaboración y las multas para formar una fundación anticorrupción que muchos creen que será su plataforma política.

Hasta se ha hecho una película de Netflix sobre la investigación jurídica sobre la red de sobornos, principalmente la trama brasileña titulada El mecanismo. Es una intriga turbia que, aun así, no logra igualar por suspense y drama lo que ha venido saliendo en los periódicos sobre maletas llenas de billetes o diamantes y listas de ­políticos comprados a los que se identifica con motes como nervo­sinho (el exalcalde de Río Eduardo Paes) o amigo (Lula). Pero El ­mecanismo tiene un problema, dice Tacla Durán; presenta el caso Odebrecht como un caso de polí­ticos malos contra jueces buenos. “No hace falta que vea la serie; lo he visto por dentro; lo sé todo y esos jueces no son héroes”.            (Andy Robinson, La Vanguardia , en Jaque al neoliberalismo, 03/05/19)

23.5.18

Gil y Gil, La Púnica, la Gürtel, el Caso Cursach, los casi 800 imputados del PP




"Plano general. Hombre entrado en carnes, poco pelo en la cabeza y gruesa cadena de oro en pecho peludo habla desde un jacuzzi de azulejos. Le acompañan a remojo cuatro mujeres jóvenes. Tres se sientan detrás también en traje de baño. Alrededor y en perfecta simetría, se despliegan otras cuatro mujeres en bikini, dos plantas y un plato de cerámica.

“Yo a lo mejor tengo más de 300 millones de pesetas ya.”
Primer plano. Cuando se cierra el cuadro sobre el rostro del varón se ven detrás dos torsos de mujeres sin cabeza: tres tetas y un ombligo. 
“Y no sé qué hacer con ellos. Y tengo mi barco…”

El hombre, por si no lo han adivinado ya, es Jesús Gil y Gil, el constructor que le puso su propio nombre al partido que le llevó a la alcaldía de Marbella entre 1991 y 2002. El hombre de cadena de oro en pecho, que llegó a decir que se hizo alcalde para defender su patrimonio. 

Gil y Gil, también expresidente del Atlético de Madrid, generó en Marbella el perfecto laboratorio político del neoliberalismo municipal construido sobre la base de la especulación inmobiliaria y la corrupción. Todo un ejemplo. La democracia española arrastró desde el principio estas formas corruptas que ya se originaron durante la dictadura vinculadas al lanzamiento del boom turístico de los 60 –el milagro económico español. 

El ladrillo significaba financiación para los municipios e instituciones pero también, para los partidos y sus intermediarios. Esta actividad ha sido el núcleo del PIB español, el corazón del modelo. Poco a poco, los casos estallarían en sedes judiciales, el de las corruptelas marbellís fue conocido como el “caso Malaya”.

 “Malaya fijó la pauta estética y folclórica del corrupto a la española, que se parecía mucho a la vaticinada por el dúo Luna/Bardem: hombre hecho a sí mismo inicia una enloquecida escalada por la pirámide social en tres actos: business inmobiliario, trapicheo con la autoridad competente y actitud de ir por la vida con la mano en el paquete”, explicó el periodista Carlos Prieto en un artículo.

 La Púnica, la Gürtel, el Caso Cursach, los casi 800 imputados del PP… nos hace interrogarnos por la descomposición del PP. ¿Es irreversible? ¿Se van a llevar consigo la corrupción o ya es un problema estructural? ¿Y la estética del machirulo con poder? Es cierto que la imagen de los señores del ladrillo ha cambiado algo con respecto a la era Gil y Gil, al menos públicamente. Ya no suelen hacer ostentación de sus cacerías, sus megalujos, ni exhiben descaradamente mujeres como posesiones, símbolos de estatus y poder, reto al resto de varones: mira los bienes de consumo a los que tengo acceso. 

Sin embargo, los relatos recogidos en los informes policiales nos hablan de un mundo con estética de mafia kosovar. Sistemáticamente, además, cada vez que emerge un caso de corrupción, cada vez que hay escuchas de conversaciones privadas, aparece, tarde o temprano, el consumo de prostitución, o mejor, el pago de favores con sexo.

Pagar con sexo, pago en especie

Del celebrarlo con un “volquete de putas” –desafortunada metáfora de constructores enunciada por un ex alto cargo de la Comunidad de Madrid– al “ojalá yo pudiera hacer esas cosas pero estoy muy mayor“, del senador valenciano del PP Pedro Agramunt. (Estas cosas: caviar y putas en hoteles de lujo sobre lechos de billetes de 500 que refleja el informe.) 

En los sumarios de las investigaciones vemos que no van a un lugar cualquiera a pagar por sexo, sino que el consumo de prostitución se hace casi de forma ritualizada. Por sexo no se paga, las putas te las regala el constructor o el empresario como parte del intercambio de favores. El secretario del alcalde de Baena, por ejemplo dijo en una de estas conversaciones: “A mí es que me da cosa gastarme mi dinero en estas cosas".

Por su parte, Francisco Granados, mano derecha de Aguirre y capo del PP en Madrid, pedía “putitas de confianza” para pasar la noche. Pero su sumario es bastante jugoso: visitas a clubes, un picadero, boxes para caballos, joyas Cartier, cabezas de toros Miura. Sexo de pago que pedía para cerrar las largas jornadas de cacería donde celebraban una ceremonia de iniciación en la que acababan cubriendo al novato con la sangre de las piezas que mataban. Cubrir al novato con sangre. 

Cubrir al novato con putas

Un amigo sindicalista me contaba que cuando empezó a viajar a Madrid para las negociaciones, su sindicato pidió a la empresa el dinero del alojamiento para alquilar habitaciones en una pensión. ¿Pensión? La empresa les pagaba directamente un hotel de cinco estrellas. En uno de los bares del hotel, a todas horas, podía encontrar trabajadoras sexuales. Hoteles de lujo y mujeres. Mujeres y lujos sirven para subir de estatus, para sentirse parte la élite. 

¿Quieres corromper a alguien? Lujo y mujeres. Cuando además se montan orgías –de esto también hay muchas noticias– las mujeres sirven para sellar pactos de silencio. En España la vida sexual no penaliza mucho políticamente –por suerte– pero cuántos vídeos en cajas fuertes estarán sirviendo hoy para cerrar algunas bocas. Siempre hay compañeras, madres de tus hijos que proteger de los deslices: no todas son comprensivas con las reglas de la fratría masculina.

 Las complicidades masculinas gestadas en el consumo de sexo implican que se comparte algo que te une, pero también que todos tienen algo que ocultar. Por eso hay espacios donde no es fácil que penetren compañeras de trabajo. Están vedados a las mujeres porque estas no pueden ser corrompidas tan fácilmente con sexo, y los espacios de consumo de prostitución están separados por géneros. 

A veces, los negocios también se aceitan con prostitución. En ciertos sectores, en algunas ferias y congresos como el Mobile World Congress de Barcelona, las mujeres no son seleccionadas para hacer de chófer y tienen que conformarse con ser azafatas –peor pagadas en peores trabajos–. Y esto es así porque al acabar las jornadas muchos ejecutivos son conducidos a locales de alterne por esos mismos chóferes. Una mujer rompería la presupuesta complicidad masculina. 

La antropóloga, Rita Laura Segato, habla de la “cofradía masculina”. Lo hace para explicar las violaciones o las formas más extremas de violencia contra las mujeres. Pero no es necesario que medie violencia para que operen estos pactos entre varones, porque son inherentes a como se ha construido tradicionalmente la sexualidad masculina hegemónica. 

 Desde una cierta forma de narrar las conquistas a los amigos hasta ir de putas juntos pueden formar parte de la exhibición que te constituye como hombre ante otros hombres. El mandato de masculinidad implica un espectáculo ante los demás varones que son los que reconocen tu hombría y eso conlleva exhibición de poder. Pagar por sexo, o mejor, que te regalen sexo y además se haga con los cómplices, puede formar parte de esa exhibición. 

En el caso Cursach, que implica a políticos del PP y policías de Baleares, estamos hablando de algo mucho más grave. Según algunos testigos, estos policías y políticos estaban dando soporte a una probable red de trata cuando evitaban la inspección de determinados locales a cambio de sexo, drogas y Viagra. 

Los testigos aseguran que había orgías constantes bañadas con champán francés en compañía de prostitutas del este. Un testigo ha declarado que a estas mujeres les quitaban el pasaporte y las obligaban a prostituirse –o a hacerlo en condiciones de esclavitud–.

 Volviendo a Segato, a cierto nivel de corrupción, de infiltración del crimen organizado en el Estado o del Estado en el crimen organizado, la trata –la violencia contra las mujeres– se puede leer como un signo de una transformación económica y política más amplia relacionada con el desarrollo de la economía criminal y con la descomposición del Estado. Cuánto más corrupto es un país, menos derechos y más violencia sufren las mujeres.

Después de la crisis económica hemos asistido a una crisis política generalizada que todavía está latente. 

El sistema se está reconfigurado con la marea de fondo de los casos de corrupción vinculados fundamentalmente al ladrillo. No parece haber una salida a medio/largo plazo para el modelo económico español y por tanto, esto tendrá que reflejarse de una u otra manera en el tipo de corrupción inherente al sistema. El gran peligro, que de Jesús Gil y Gil al PP de Baleares haya verdaderamente un salto cualitativo y que sea este último modelo el reflejo más acabado de las formas corruptas que corresponden a un sistema que se descompone.

 Cuánto más corrupto es un país ¿por qué no se protege de verdad a las mujeres que denuncian ser víctimas de trata como señalan las ONG que trabajan con ellas? ¿Por qué nadie parece tener interés real en poner algo de luz y control en el trabajo sexual? ¿No importan porque la mayoría son migrantes y mujeres o esas tramas están ya infiltrándose en el Estado? Tan importante como respondernos estas preguntas es articular la fuerza necesaria para hacer frente a este sistema corrupto que pasa sobre la vida y sobre los derechos de las mujeres."                 (Nuria Alabao, CTXT, 15/05/18)

7.4.17

Villar Mir, García Pozuelo y 18 empresarios más, imputados de nuevo en la caja B del PP

"El presidente de OHL, Juan Miguel Villar Mir, y otra veintena de empresarios vuelven a estar imputados en el caso que investiga la presunta financiación ilegal del Partido Popular, reabierto por el Juzgado de Instrucción 5 de la Audiencia Nacional tras las declaraciones del cabecilla de la trama Gürtel, Francisco Correa, que admitió haber pactado con el extesorero de la formación Luis Bárcenas la tramitación del pago de dinero procedente de varios constructores a Génova a cambio de que los empresarios recibieran adjudicaciones públicas en administraciones gobernadas por el PP.

El anterior instructor del Juzgado 5, Pablo Ruz, archivó el 23 de marzo de 2015 esta derivada, que se incluía dentro de la investigación de la denominada caja B del partido, al entender que no era posible vincular los desembolsos hechos en negro por las mercantiles con la concesión de obras públicas concretas, una conexión que hubiera demostrado un delito de cohecho, dado que el de financiación irregular aún no existía.

 “No resulta posible establecer una relación entre los ingresos por donaciones y la adjudicación de contratos públicos a los presuntos donantes”, argumentó Ruz, quien añadió que, por lo tanto, “la conclusión provisional debe ser la de ausencia, por el momento, de indicios para estimar justificada la comisión de los delitos atribuidos", por lo que procedía "en consecuencia el sobreseimiento”.

Sin embargo, las declaraciones de Correa y del empresario Alfonso García Pozuelo-Asins durante el juicio de la Gürtel aportaron nuevos elementos que hacían pensar en la existencia de pruebas que confirmaran esta relación tan difícil de demostrar. El constructor confesó haber pagado diferentes cantidades a "organismos centrales" del PP a cambio de adjudicaciones.

 Correa, por su parte, apuntó a OHL, Dragados y ACS como las mercantiles que le pedían que intermediara ante el PP para conseguir contratos en los ministerios de Fomento, Agricultura y Medio Ambiente a cambio de una comisión, que se repartían el propio líder de la Gürtel y Bárcenas.

Tras estas revelaciones, las acusaciones Adade e Izquierda Unida reclamaron la reapertura de la pieza separada conocida como de la caja B, petición que fue apoyada por la Fiscalía Anticorrupción y que provocó que el juez José de la Mata, actual titular del Juzgado de Instrucción 5, ordenara el pasado 1 de marzo reactivar el procedimiento que había quedado dormido.
 "Estos datos nuevos, pertinentes, útiles y relevantes han sido conocidos e incorporados al procedimiento con posterioridad al auto que acordó el sobreseimiento provisional de las actuaciones, precisamente en relación con el objeto de la investigación indicado", argumentó De la Mata, que citó a declarar a Correa y a los empresarios Alfonso García Pozuelo-Asins y Plácido Vázquez, a quien el ministerio público atribuye un papel de mediador.
La diligencia ordenada por De la Mata, sin embargo, no dio los resultados esperados por los investigadores, ya que ninguno de los tres se prestó a colaborar y todos se acogieron a su derecho a no declarar.

 Incluso Correa y García Pozuelo-Asins, que eran quienes habían abierto la caja de los truenos con sus declaraciones en el juicio de Gürtel, se negaron a seguir haciendo acusaciones, lo que demuestra las diferentes estrategias que mantienen los imputados en función de la causa en la que se encuentren.

La reapertura, en cualquier caso, devuelve la situación procesal al punto previo al archivo, con lo que se encuentran de nuevo imputados todos los empresarios que habían sido señalados inicialmente por el juez Ruz, como Villar Mir, el constructor malagueño José Luis Sánchez Domínguez (Grupo Sando), el empresario Manuel Contreras Cabo (Azvy), el mencionado García Pozuelo-Asins (Hispánica), Juan Manuel Fernández Rubio (Aldesa), José Mayor Oreja (FCC), el supuesto número dos de la Gürtel Pablo Crespo Sebaris, Antonio Vilela Jerez (Rubau), Rafael Palencia Marroquín (Degremont), Cecilio Sánchez Martín (FCC), Camilo José Alcalá Sánchez (Cyopsa-Sisocia), José Antonio Romero Polo, José Luis Suárez Gutiérrez (Construcciones Parraño), el sobrino de Juan Cotino, Vicente Cotino Escrivá (Asedes Capital), Joaquín Molpeceres Sánchez (Grupo Licuas), Antonio Pinal Gil (Bruesa), Ignacio Ugarteche (Urazca Construcciones) y Ramón Aigé Sánchez (Sorige-Acsa).

En su declaración inicial como imputado, Villar Mir negó ante el juez Ruz haber entregado dinero negro alguno al PP. El magistrado, sin embargo, detalló en su auto de archivo que quedaba “indiciariamente acreditado” que el propietario de OHL aparecía en las anotaciones de Bárcenas como donante de aportaciones dinerarias al partido en los años 2004, 2006 y 2008 por un importe total de 530.000 euros, montante que habría ido a parar a la conocida como caja B de la formación, que según Ruz estuvo funcionando entre 1990 y 2008 “al margen de la contabilidad oficial presentada por la formación política al Tribunal de Cuentas”, vulnerando de este modo “la normativa reguladora de la financiación de partidos”.
Esta caja B, señaló el magistrado, se nutrió de las donaciones de empresarios que al mismo tiempo fueron “beneficiarios de importantes adjudicaciones públicas”. En concreto, Villar Mir, según el citado auto de Ruz, que se basa en las anotaciones de Bárcenas, aportó 100.000 euros el 19 de octubre de 2004 al extesorero del PP; 180.000 euros el 25 de octubre de 2006, y 250.000 el 11 de febrero de 2008, lo que suma el mencionado total de 530.000 euros.

Tras la reapertura del caso, la defensa letrada del constructor, al entender que su cliente había vuelto a estar imputado, pidió la personación en el procedimiento el pasado 8 de marzo, solicitud que el juez De la Mata aceptó cinco días después, a través de una providencia en la que también admite la del supuesto mediador Plácido Vázquez.

La reapertura del caso de la caja B, sin embargo, podría tener los días contados. El hecho de que la única luz que señalaba Correa se haya apagado después de que el cabecilla de la Gürtel decidiera no seguir declarando, en línea con el resto de empresarios, deja la causa como al principio, sin una vía clara para continuar avanzando, lo que aboca previsiblemente el procedimiento a un nuevo archivo. Otras fuentes jurídicas, por el contrario, aseguran que aún queda margen para indagar. No en vano, las acusaciones están preparando una batería de diligencias que propondrán a De la Mata para que este las ponga en marcha si lo considera oportuno."                (El Confidencial, 29/03/17)

2.1.17

Los múltiples crímenes de Jesús Gil... los 58 muertos en Los Ángeles de San Rafael... los de Marbella...

 
 Jesús Gil, en una tórrida noche televisada por Telecinco. Y tal y tal

"(...) Jesús Gil, fallecido en 2004 con 71 años a causa de un infarto cerebral, era una persona escandalosa con una reputación infame. Un magnate inmobiliario conocido por sus negocios turbios y un político con negocios aún más turbios. 

Las últimas dos décadas de su vida, alcanzó la presidencia y después la propiedad del Atlético de Madrid, y gobernó, aunque quizá esta no sea la mejor palabra para describirlo, el Ayuntamiento de Marbella, localidad ubicada en la Costa del Sol que viene a ser lo mismo que Malibú, California, pero con grandes dosis de evasión de impuestos, prácticas mafiosas y corrupción política.

“Desde 2004, el Atlético de Madrid lo dirige un tipo que está ahí de manera ilegal”, dice Jesús Martínez, abogado y miembro de Señales de humo, un grupo de aficionados partidario de reformas. 

Ese tipo es Miguel Ángel Gil Marín, el segundo hijo de Jesús Gil, y 2004 es el año en que falleció Jesús y dejó a Miguel Ángel una participación mayoritaria en el club. Poco más de dos meses después de su muerte, los jueces imputaron al padre y al hijo por cuatro delitos de fraude por valor de 16,2 millones de euros al haber cedido al club los derechos de cuatro jugadores que no valían nada. Dos de las operaciones eran directamente fraudulentas porque el Atlético ya era el propietario de los derechos de los jugadores, así que en la práctica se los revendieron de nuevo al club. 

En las otras dos, demostraron una mayor imaginación, puesto que ninguno de los fichajes había siquiera puesto un pie en un campo de fútbol en su vida, ni profesionalmente ni en categorías inferiores. En los cuatro casos, los fondos del Atlético de Madrid se desviaron a una compañía llamada Promociones Futbolísticas de la que eran propietarios ellos mismos. 

Ennio Sotanaz, escritor y bloguero que cubre al Atlético, explica que los Gil seguramente “fueron a varios países subsaharianos” a por los jugadores, “luego los vendieron como futuras estrellas por millones de euros y los jugadores no vieron nada del dinero”. No era más que una herramienta financiera para desviar fondos y, más que nada, para robar activos del club.

Desde entonces, Miguel Ángel no ha devuelto el dinero que debía ni ha cumplido el año y medio de cárcel al que fue condenado. Algunos aficionados del Atlético, como los miembros de Señales de humo, se declaran perplejos, ya que no pueden entender cómo es posible que el Estado no haya ejecutado su propia sentencia, o cómo puede ser que las autoridades españolas permitan a un criminal convicto seguir siendo el accionista mayoritario del tercer club más importante de posiblemente la mejor liga del mundo.

 Los tribunales españoles tienen fama de estar politizados, sobre todo el Tribunal Supremo, y muchos sospechan que la situación tiene algo que ver con la relación política que los Gil y Enrique Cerezo, el actual presidente de club y anterior vicepresidente durante la época de Gil, tenían con los miembros del Partido Popular, la derecha tradicional española, que estuvieron en el gobierno entre 1996 y 2004.

Para buscar pistas solo hay que estudiar la vida del miembro mayor del clan. Durante la década de los 90, su fama dio un salto cuantitativo como consecuencia de una trayectoria profesional que parecía salida directamente del manual de Donald Trump. En sus diferentes papeles como promotor inmobiliario, presentador de su propio programa de televisión y político, Gil y Gil mezclaba una filosofía “hablando en plata”, con demostraciones de ostentación. 

Era el alcalde de una ciudad costera prominente y el propietario de un equipo de fútbol conocido internacionalmente, y sin embargo la mayoría de las cosas que decía sonaban a un montón de sinsentidos racistas, homófobos o sexistas. Por eso siempre era noticia y los medios de comunicación dedicaban tanto tiempo a sus palabras insensatas. 

Una cadena de televisión española fue un poco más allá y dio a Gil su propio programa de variedades de 95 minutos de duración en la franja horaria más vista. Se titulaba Las noches de tal y tal, en referencia a la forma en que tenía Gil de acabar siempre sus frases, y en él aparecía Jesús Gil sin camisa, sumergido en un burbujeante jacuzzi y rodeado de modelos en bikini mientras contaba historias de su propia vida.

“La personalidad de Jesús Gil era excesiva absolutamente en todo”, afirma Juan Esteban Rodríguez Garrido, profesor de formación del profesorado en la Universidad Complutense de Madrid, que ha publicado las biografías de Arda Turan y Koke. “Me ha dicho gente que trabajaba con él, no solo en el Atleti, sino también en sus otros negocios, que era el tipo de persona que podía llamarte a cualquier hora, daba la impresión de no dormir nunca.

 Una persona con pocos escrúpulos cuando se trataba de hacer negocios. También es verdad que su retórica era fácil, fácil en el sentido de que conectaba bien con “el pueblo”, quizá porque también él venía del ‘pueblo’, era muy populista”.

“Que se mueran todos aquellos a los que les jode que yo sea rico y el Atlético líder”, declaró en una ocasión. En 1989, después de que el Atlético perdiera contra la Fiorentina en la copa de la UEFA, Gil se despachó sobre el árbitro Michel Vautrot, votado mejor árbitro del mundo tanto en 1988 como en 1989: “No es que sea un mariquita, es un maricón. Sé de muy buena tinta que después de quedar nosotros eliminados de la Copa de la UEFA a ese colegiado le buscaron los italianos un niño rubio de ojos azules”. Al año siguiente, la UEFA inhabilitó a Gil durante 18 meses.

Poco después de la derrota contra la Fiorentina, Jesús Gil renunció supuestamente en el último momento a la contratación de uno de los mejores delanteros alemanes, Jürgen Klinsmann, sin otra razón que haber escuchado que el jugador “perdía aceite”, según sus propias palabras.

Durante la primavera de 1997, el Atlético alcanzó los cuartos de final de la Champions League. Se enfrentaba al Ajax, un equipo en el que jugaban Tijani Babangida, Kiki Musampa y Patrick Kluivert, que anotó el tanto del 1-1 en el partido de ida jugado en Amsterdam. Tras el encuentro, Jesús Gil presentó su evaluación en la televisión: “Los negros del Ajax... 

Eso parecía el Congo, dicho con todos los respetos. Mirabas a un lado y había cuatro negros calentando, mirabas a otro y había cinco y en el campo otros tres. Salían negros de todas partes como si fuera una máquina de churros”.

Louis van Gaal, el entrenador del Ajax en aquella época, condenó los comentarios y boicoteó un almuerzo organizado con representantes del Atlético antes del partido de vuelta en Madrid. Al día siguiente, el titular “Eso parecía el Congo” llenaba la portada del tabloide holandés De Telegraaf.

La respuesta de Gil a las acusaciones de racismo vino en la forma de una conferencia de prensa antes del partido de vuelta, que al Ajax ganaría en el minuto 119 con un gol de Babangida. Decidió hablar en inglés y aseguró que: “Black, white, all. I am white. No problem. Ahora”, saltó en español por un momento, y retomando en inglés, continuó: “I think that… Excuse me. I think that you black and say black, black, black all days is very bad”, y tras una larga pausa, finalizó su soliloquio: “The colour no is problem for man”.

Tres años antes, durante un segmento de su programa de variedades, Gil fue igual de elocuente cuando entrevistó en su finca a Imperioso, su semental español de color blanco. Le preguntó sobre diversos asuntos, entre ellos los fichajes que debía hacer y si debía despedir al entrenador (durante la temporada 1993-94, Gil había contratado un número récord de entrenadores: seis).
El escritor uruguayo Eduardo Galeano interpretó la conversación como si de un cuento se tratara en su libro Fútbol a Sol y Sombra:

−Perdimos, Imperioso.
−Ya lo sé, Jesús.
−¿La culpa de quién es?
−No lo sé, Jesús.
−Sí lo sabes, Imperioso. La culpa es del entrenador.
−Pues despídelo.

En otra entrega de su programa, el invitado era el cómico inglés Benny Hill. Durante la escena que compartían, Hill tenía que golpear repetidamente en la cara a Jesús Gil, pero el guión no le pareció bien y Gil acabó propinándole un puñetazo.

Bernardo Salazar, historiador futbolístico que cuenta entre sus libros con una historia del Atlético en cuatro volúmenes y una historia del Real Madrid en 12 volúmenes, no tiene problema en recordar su primera interacción con Gil y Gil. Sucedió en 1968, cuando Salazar trabajaba en una agencia de publicidad y Gil, siguiendo los pasos profesionales de sus padres, se iniciaba en el negocio de la construcción. 

Jesús Gil engañó a Salazar para que firmara un contrato de publicidad de una de sus propiedades, pero él nunca firmó su parte del acuerdo, y Salazar acabó pagando el pato y realizando servicios que nunca se pagaron.

Un año después, salieron al descubierto las prácticas empresariales de Jesús Gil y finalmente se demostró que no solo carecían de escrúpulo alguno, sino que además eran criminales. El 5 de junio de 1969, unos 500 invitados de la cadena de supermercados holandesa Spar se reunieron en un complejo turístico propiedad de Gil y Gil en Los Ángeles de San Rafael, Segovia, para celebrar sus nueve años de presencia comercial en España. 

El evento también servía para inaugurar la renovación del restaurante del resort del que Gil era propietario. Gil había comprado el terreno del complejo en 1965, congraciándose con el infame Ministro de Turismo, Manuel Fraga, y consiguiendo que recalificara los terrenos para su urbanización. Poco tiempo después, esta se convertiría en su “manera habitual de hacer negocios”, según su biógrafo, Juan Luis Galiacho.

Para poder acomodar la convención de Spar en San Rafael, Gil abrió tanto la nueva como la vieja parte del restaurante. Cuando comenzaron a llegar los invitados, se fueron apiñando en los asientos de la parte nueva, en la que cabían 150 personas aproximadamente y en la que se encontraba la mesa presidencial, a la que estaban sentados, entre otros, el teniente-alcalde de Segovia, Manuel Mosácula, y el alcalde de la ciudad de El Espinar, Antonio Vázquez Aparicio.

Los langostinos y la trucha a la segoviana estaban todavía calientes cuando todo el mundo se puso en pie para recibir la bendición del cura. Sin previo aviso, el techo se derrumbó. La sala de banquetes era una masa de miembros, cemento y mortero. 

Algunos pilares independientes habían protegido a los comensales que estaban sentados en la mesa presidencial y les ofrecían una vista de la macabra escena a salvo de peligro: “Estar viendo a toda la gente sentada allí, delante de nosotros y de pronto no ver a nadie”, narró Mosácula al periódico ABC.

Murieron 58 personas y 147 resultaron heridas en el desastre. La finalización de la parte nueva del restaurante estaba prevista para julio, pero Gil insistió en que se cambiara la fecha para inaugurarlo a mediados de junio. 

Muchos testigos y supervivientes recordaban haber visto mortero fresco el día del derrumbamiento; otros recordaban haberse dado cuenta de que el cemento no estaba seco aún; otros, incluso, se percataron del estado inacabado de la propiedad, en la que se veían hileras de ventanas cubiertas con lonas, o paredes y tabiques sin completar. La investigación posterior demostró que todo el proyecto se había realizado sin la participación de un arquitecto y sin un plan de construcción.

La dictadura de Franco culpó directamente a Gil, y apuntó a que no se habían solicitado los permisos necesarios. Lo juzgaron, lo declararon culpable de “imprudencia temeraria” y decretaron su ingreso en prisión de manera “indefinida”. 

Siete meses después, al darse cuenta de que el prisionero había establecido un floreciente negocio ilícito de mercancías dentro de la cárcel, las autoridades le trasladaron a su casa en régimen de arresto domiciliario, aunque al poco tiempo regresó a la cárcel porque una juez había reexaminado el caso de San Rafael y había decidido volver a abrirlo. 

La sentencia de esta juez, después de que Gil acordara compensar a cada una de las 58 familias de las víctimas con un millón de pesetas (poco más de 115.000 € en dinero de hoy en día), fue que una condena de cinco años sería suficiente.

Cinco meses después, Gil abandonaba de la cárcel gracias a un indulto del mismísimo general Franco. Había pasado un total de 27 meses en la cárcel y seis en libertad condicional.

Jesús Gil y Gil nació en la ciudad de El Burgo de Osma, Soria, en 1933. No era muy aficionado al fútbol. En todo caso, era aficionado al Athletic de Bilbao, el equipo al que apoya mucha gente del norte de Castilla y León. 

Aunque quizá a Gil le atraía más la capital, ubicada a dos horas al sur en coche. Seis años después de que saliera de la cárcel, justo antes de la temporada 1978-79, Gil realizó sus primeros negocios con el Atlético de Madrid y convenció a Vicente Calderón, el legendario presidente del Atlético que dio nombre a su estadio, para que trajera el equipo a Los Ángeles de San Rafael durante la pretemporada. Para Gil, el club no era más que un medio para conseguir un fin.

“Estamos hablando de alguien a quien vas a entrevistar sobre fútbol y te da una lección de una hora sobre comunismo”, dice Rubén Uría, periodista de CTXT y la Cadena SER. “El fútbol era una plataforma, o un puente, para alcanzar lo que le interesaba de verdad”, afirma Sotanaz, el bloguero del Atlético, “y eso era la política”.

El punto de inflexión con el Atlético llegó la década siguiente, en 1987, cuando Calderón, que era el presidente del club, murió súbitamente. Las elecciones para presidente se convocaron inmediatamente después. El equipo estaba inmerso en la carrera por ganar la Copa del Rey, a los mandos de Luis Aragonés, y había llegado a la final, que le enfrentaría con la Real Sociedad. Sin embargo, al Atlético le faltaba una estrella mundial, alguien como Paulo Futre. El extremo del FC Oporto venía de liderar a su equipo en la victoria 2-1 sobre el Bayern Munich en la final de la Copa de Europa y, al final de esa temporada, quedó segundo en la votación del Balón de Oro.

La final de la Copa de Europa se disputó a finales de mayo y las elecciones del Atlético estaban previstas para el 26 de junio. 

Lo que Gil vio en Futre fue la mejor oportunidad de garantizarse el puesto de presidente y, para conseguirlo, dos días antes de la votación se subió en un avión privado con destino a Oporto acompañado de Rubén Cano, una antigua estrella del Atlético que acababa de terminar su carrera profesional como futbolista y comenzaba su trayectoria como uno más de los muchos asesores de Jesús Gil. 

Se reunieron con los gerentes del Oporto y no tardaron en llegar a un acuerdo para el traspaso de Futre. Desde Oporto, viajaron a Milán para visitar a Futre, que estaba jugando el Mundialito de Clubes con el FC Oporto. Pocas horas después, de regreso a Madrid, la noche antes de las elecciones, Gil apareció en una discoteca llena de seguidores del Atlético con Futre a su lado.

“Estaba demostrando que no era una cortina de humo, que Futre estaba allí de verdad”, dice Garrido. Los aficionados del Atlético se quedaron sin palabras, Futre, una joya del fútbol mundial, podía acabar jugando con ellos. En aquella época, posiblemente no había ningún otro jugador en el mundo, aparte de Maradona, que pudiera generar tantas expectativas entre los aficionados.

“Al día siguiente, la gente votó en masa por Jesús Gil”, confirma Garrido, “y de ese día en adelante, el ‘huracán Gil” había tocado tierra en el Atlético”.

Durante el discurso que siguió a su nombramiento, Gil declaró: “Este es el inicio de una nueva era en el Atlético”. Muchos comentaristas pensaron que se refería a una nueva era de trofeos y buen fútbol, pero Gil tenía otra cosa en la cabeza.

 De acuerdo con Garrido, al caer la noche, el gerente del Atlético, José Julio Carrascosa, le dijo a Jesús Gil que iba a guardar las papeletas de voto con el fin de mantener un registro, y Gil riéndose afirmó: “Esas las puedes tirar al río, porque esta es la última vez que habrá elecciones en este club”.

Cuando inició su carrera política en Marbella, las tácticas que empleó fueron similares. La ciudad de Marbella, enmarcada por Gibraltar y Málaga en la costa sur de España, está enclavada entre una pequeña colina y el radiante mar Mediterráneo.

 Cuando se abrió en 1954 un resort de lujo llamado Marbella Club, la ciudad se convirtió en el destino de la élite mundial y en el lugar favorito de personas con apellidos como Rothschild, von Bismarck, Thurn und Taxis, Metternich y Thyssen. Jimmy Stewart, Grace Kelly y Cary Grant eran habituales en la década de los 70, y hoy en día es fácil encontrarse con el cantante Julio Iglesias y el actor Antonio Banderas descansando por la ciudad.

Gil llegó a Marbella en 1986, un año antes de su jugada para hacerse con la presidencia del Atlético. Abrió una agencia inmobiliaria, que decoró, de verdad de la buena, con una foto de Marlon Brando en el papel de El padrino. José Cosín, escritor y abogado de Marbella, define el gesto como una tácita “declaración de intenciones”.

Cinco años después, mientras se disputaba la primera temporada bajo el mandato de Gil en que el Atlético estaba siendo más o menos competitivo, decidió presentarse a la alcaldía de Marbella. No se anduvo con rodeos ni empleó acrónimos estridentes, se limitó a crear un partido llamado Grupo Independiente Liberal, o GIL. 

El partido lo dirigió a imagen y semejanza de los “clanes sicilianos”, en los que “los capos cumplían las órdenes del jefe del clan”, escribe Cosín en Mafia y corrupción, el libro que escribió sobre la política marbellí de los últimos 25 años. Como integrantes de su círculo íntimo, Gil reclutó a varios hombres de negocios con muy buenos contactos y el 26 de mayo de 1991 ganó las elecciones a la alcaldía, con más de un 65% de los votos.

Sin embargo, incluso antes de tener asegurado su mandato en la ciudad, Gil ya había colocado la palabra “Marbella” en la camiseta de los jugadores del Atlético, en sustitución de una marca de fotocopiadoras. Ahí permaneció durante muchos años y hasta se convirtió en sinónimo del club.

“¿A nadie le pareció raro que Marbella figurara en la camiseta del Atlético cuando Gil era también el alcalde?, pregunté a Sotanaz, el bloguero de Madrid.

“La gente le rió la gracia”, contestó, “porque era la época de la ‘España feliz’, la época del ‘todo vale’”. Esa ‘España feliz’ es una referencia a la euforia nacional que provocaron eventos como los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 que, acompañados de un sentimiento de progreso y prosperidad, sirvieron para distraer a la gente de la corrupción a gran escala que ahora hemos conocido, a raíz de una serie de revelaciones que tuvieron lugar a partir de 2009, y que se estaba produciendo en aquel momento. Gil estaba en lo alto de esta ola de chanchullos y el acuerdo sobre las camisetas con el logo de Marbella es el ejemplo perfecto: según Gil, como nadie estaba dispuesto a pagar lo que valía patrocinar al equipo, lo patrocinaría él mismo. 

“Lo que hizo fue sacar dinero del ayuntamiento de Marbella y decir que era para pagar el patrocinio de las camisetas del Atlético”, cuenta Sotanaz, “pero eso era mentira”. Se suponía que el dinero era para el Atlético, pero el club “no recibió ni una peseta”, según Sotanaz. En su lugar, Gil se quedó con la mayor parte del dinero.

Antes de que comenzara la temporada 1991-92, Gil diseñó una operación mediática increíble: “Los jugadores [del Atlético] salieron con una camiseta que decía ‘Corrupción, ¡no!’ en el lugar del patrocinador. Imagínate. Estaba promocionando su propio mensaje de que todos los políticos en España son unos corruptos”, explica Garrido. “Se presentó como el defensor anticorrupción que se iba a deshacer del viejo sistema político”.

Aunque la degradación no se detuvo ahí. “Marbella” figuró también en las camisetas del Sevilla y del Betis durante la misma época y, posteriormente, se acabó expulsando a varios ejecutivos de ambos clubes por corrupción, muchos de cuyos casos estaban directamente relacionados con Gil y Gil.

El día de saldar cuentas llegaría una década más tarde. El 9 de enero de 1999 Gil fue puesto bajo custodia (la segunda vez que iba a la cárcel), como consecuencia de lo que se conoció como Caso Camisetas. El acuerdo para patrocinar las camisetas del Atlético era en realidad una tapadera para malversar 450 millones de pesetas (2,7 millones de euros) del ayuntamiento de Marbella. Dos años después, el Tribunal Supremo confirmó la sentencia: 28 años de inhabilitación y seis meses de arresto domiciliario.

Aun así, el escándalo de las camisetas no fue nada si lo comparamos con el saqueo generalizado que llevó a cabo en la ciudad que supuestamente tenía que administrar. Entre 1991 y 1995, según publicó el periódico El Mundo, Gil y otros seis cómplices desviaron a cuatro empresas fantasma 35,2 millones de euros del ayuntamiento de Marbella. José Luis Jiménez, que era amigo de Gil desde que se conocieron en una celda de la cárcel de Segovia en la década de 1970, era el propietario de varias compañías inexistentes.

 Juan Antonio Roca, otro socio de Gil, había creado en 1993 dos empresas imaginarias y las había puesto a nombre de su madre de 80 años, que vivía en otra ciudad y que ignoraba lo que estaba sucediendo. El puesto oficial de Roca en el gobierno de Gil en Marbella era gerente de planificación urbana, una planificación que llevaba a cabo a través de una de las empresas fantasma, lo que le permitía calificar y recalificar terrenos al tiempo que negociaba acuerdos con los constructores.

El testaferro de Roca era Juan Hoffman, cuyo padre, Hans, había sido un destacado simpatizante nazi que había conseguido asilo para antiguos oficiales nazis en diversos lugares de la Costa del Sol. Juan heredó la red de contactos de su padre y en ella figuraban políticos corruptos y élites económicas de toda Europa. El fallo del tribunal dictó que se había aprovechado de sus contactos para blanquear dinero obtenido gracias a esa estafa.

Para llevar a cabo su papel de gobernantes municipales, Gil, Jiménez y demás, utilizaban una cuenta secreta desde la que realizaban ingresos falsos en sus diversas compañías. La investigación reveló que entre todos se hicieron con un total de aproximadamente 49,4 millones de euros.

 A pesar de que Gil intentó culpar de todo a su abogado desde hacía más de 20 años, José Luis Sierra, Gil y otros seis hombres (incluido Sierra) fueron acusados de estafa y malversación de caudales públicos. El Caso Saqueo, como se conoció en su momento, dio como resultado la tercera y última encarcelación de Jesús Gil. El 16 de abril de 2002, un juez de la Audiencia Nacional decretó que fuera arrestado. Gil pagó la fianza y salió seis días más tarde.

La red de corrupción de Jesús Gil operaba de una manera ordenada y sistemática, al contrario que su gestión impulsiva del Atlético. En 1989, un par de años después de su elección, su personal de confianza comenzó a mencionar el nombre de Patricio Rubio Bernal, conocido como “Patri”, que era por aquel entonces un jugador de las categorías inferiores del Real Betis que tenía 15 años, pero que ya era considerado como uno de los jugadores con mayor potencial de Europa. 

Gil enseguida fichó al joven jugador con “el contrato y las condiciones de un jugador profesional”, según Garrido. El periódico ABC publicó que Gil había pagado al Betis una prima por traspaso de 142.500 € y había convertido a Patri en el canterano mejor pagado del mundo de la noche a la mañana.

Garrido cuenta como un amigo que tenía una relación estrecha con el equipo le decía: “Durante los entrenamientos, mientras el equipo corría alrededor del campo, Patri daba toques al balón contra la pared y no corría”. Le trataban, tanto dentro como fuera del campo, como un objeto de lujo, más adecuado para una galería de arte que para un campo de entrenamiento.

“Se publicó mi contrato y eso me hundió”, explicó Patri en una entrevista concedida en 2005, después de retirarse del fútbol. “Mis compañeros me envidiaban y los del primer equipo me miraban mal porque cobraba más que alguno de ellos”. Su carrera en el Atlético se extinguió. Cuando terminó su contrato de tres años con la cantera del Atlético, no le renovaron. “Y luego hay mucha mentira.”, confesó en la misma entrevista, “De mis tres años, sólo cobré uno y medio, y a base de pagarés. El resto no me lo pagaron”.

Los rumores afirman que el fichaje de Patri dejó una marca indeleble en Jesús Gil, pero la verdad es que el Atlético de Gil rara vez acudía a las categorías inferiores para completar el primer equipo. Y no era por falta de jóvenes talentos. El equipo infantil ganó en 1991 la liga nacional gracias a su capitán, Raúl González Blanco, más conocido como Raúl, y a los 55 goles que marcó esa temporada. 

El año siguiente, después de que los cadetes del Atlético, liderados por Raúl, vencieran a un Real Madrid impresionante antes de alcanzar el objetivo de ganar otra liga más, Jesús Gil decidió repentinamente disolver la cantera del Atlético. Despidió a todo el personal de las categorías inferiores, incluidos entrenadores y ojeadores, y envió a los jugadores una carta en las que les decía que eran libres de irse a jugar a otros equipos.

“Llega un punto en el que Gil se cree su gran mentira”, explica Uría. “Su gran mentira era que el Atlético de Madrid no tenía que ser un gran club, sino un gran negocio. [Por eso] la gestión económica que hizo consistió básicamente en ingresos y gastos. Se dio cuenta, gracias a su mente prodigiosa, que el club tenía muchos gastos y algunos eran completamente innecesarios.

 Poco a poco, decidió eliminar las ramas históricas del club: voleibol, balonmano y todas las demás. Luego creyó que salía caro mantener a la cantera y, finalmente, llegó a la genial conclusión de eliminarlo por completo”.

Bernardino Matallanas, ojeador del atlético desde 1965 y el hombre que había traído a Raúl al club, dimitió en señal de protesta. Raúl rápidamente fichó por el Real Madrid, club en el que se convertiría en uno de los jugadores más icónicos de su historia.

El interés económico personal de Jesús Gil pudo más que todos los demás cálculos. Durante la campaña electoral de 1987, Gil expresó que el concepto de convertir a los clubes deportivos en sociedades anónimas era “absurdo […] porque el cambio del ordenamiento jurídico no se concibe habida cuenta del elevado déficit de nuestros clubes, actualmente. 

Primero, por tanto, habría que hacer desaparecer ese déficit. Por otra parte, si el Club fuera de 4 o 5 señores”, en lugar de pertenecer a sus propios socios, “desaparecería la pasión de los seguidores, y sin la pasión de éstos perdería el fútbol todo su encanto y su atractivo actual”.

Antes de 1992, los equipos de fútbol en España y en la mayor parte de Europa funcionaban como clubes, no como empresas. Los clubes deportivos eran como asociaciones de afiliados: no pertenecían a nadie en concreto, sino a todos los socios.

 “Durante la época de Franco”, explica Emilio Abejón, economista y miembro de dos grupos que abogan por la responsabilidad y la representación democrática en los clubes de fútbol, “los clubes en España eran asociaciones democráticas la gente votaba al presidente. Mis abuelos podían elegir al presidente del Atlético de Madrid, pero no podían elegir al jefe del gobierno. Curiosamente, cuando llegó la democracia a la política, ésta desapareció de los clubes”.

A mediados de la década de 1980, los principales clubes de fútbol españoles habían acumulado grandes déficits y el gobierno decidió intervenir para investigar la estabilidad financiera de La Liga. Después de varios intentos fallidos por reducir el déficit, el Congreso de los Diputados aprobó en 1990 la Ley del Deporte, que obligaba a casi todos los equipos de fútbol de primera y segunda división a convertirse en sociedades anónimas antes del 1 de julio de 1992. 

Posiblemente, el propósito de la Ley del Deporte era puramente económico: poder exigir que rindiera cuentas por las deudas del club una persona o una junta propietaria. Sin embargo, el resultado fue sobre todo político: en la práctica, la ley entregaba el poder absoluto a una persona millonaria sobre lo que antes solía ser una comunidad de vecinos afiliados a una asociación. 

La ley eximía al Real Madrid, al Barcelona, al Athletic de Bilbao y al Osasuna de la obligación de convertirse en sociedades anónimas, porque el gobierno estimaba que eran los únicos clubes económicamente solventes. (No obstante, el 4 de julio pasado, la Comisión Europea resolvió que el estatus de esos cuatro clubes era ilegal, porque les permitía acogerse a “desgravaciones fiscales parecidas a las organizaciones sin ánimo de lucro”, según explicó el Financial Times).

Sin lugar a dudas, Gil fue uno de los mayores defensores del cambio. “Al acceder a la presidencia, Jesús Gil estaba decidido a hacer suyo el Club”, sentenció el Tribunal Supremo en 2004. El tribunal buscaba conocer la lógica que estaba detrás de otro de los casos de corrupción de Gil, el llamado Caso Atlético, en el que tanto él como Enrique Cerezo, el antiguo vicepresidente y actual presidente, fueron declarados culpables de apropiación indebida durante la transformación en sociedad anónima a principios de la década de los 90. 

(El altamente politizado Tribunal Supremo absolvió a Gil y a Cerezo en 2004 de la condena de dos años y de restituir todas las acciones adquiridas durante el proceso de constitución del club en Sociedad Anónima Deportiva, citando como justificación la prescripción de los delitos una vez que transcurren cinco años).

 “Para ello”, continuaba la sentencia, “se dispuso a confundir el patrimonio del club con el suyo, bien personal bien de sus empresas o de otras con ellos vinculadas, y no dudó en aportar su patrimonio para la adquisición de fichas federativas de jugadores, entre las que se incluyó la relativa al jugador Futre, cuyo fichaje esgrimió en la campaña electoral antes de ser elegido presidente”.

Abejón expone las complejas artimañas financieras que permitieron a Jesús Gil apropiarse del club. “Si quieres ser el dueño del club y no solo su presidente, ¿qué haces? Admites una deuda contigo mismo para poder intercambiarla más tarde por capital. Primero intentó eso, pero el gobierno dijo, ‘No, eso no se puede hacer. 

Tienes que poner el dinero de verdad’. Entonces lo primero que hizo fue pedir a los socios (durante una Junta General  Extraordinaria de Accionistas de 1990) que reconocieran una deuda que no había calculado o documentado con precisión y que, por tanto, era falsa. Luego puso a los aficionados de su lado declarando: “Esto lo hago porque amo al club y no quiero que baje a Segunda”.

Pero el tiempo seguía pasando y la enorme deuda del Atlético había puesto al club en peligro de descenso automático durante la temporada 1992-1993, si Gil no encontraba los 12,3 millones de euros que demostraran la solvencia económica del club. Pero no había deuda demasiado grande para Jesús Gil. Dos días después de la reunión redobló su amor por el club fichando a Bernd Schuster, y declaró que había pagado el traspaso con dinero de su bolsillo, aunque en realidad había usado el del Atlético.

Para finalizar, Abejón explica cómo Gil probó que podía pagar la deuda y demostró así la estabilidad financiera del Atlético, lo que permitió al club permanecer en Primera División. “Vas a un banco y les dices: ‘dame un aval por 12 millones de euros’”. Según Abejón, Gil había prometido devolver el aval en una semana. “Presentas el aval, capitalizas, compras todas las acciones y luego devuelves el aval”, continua Abejón, “y así te conviertes en el dueño”.

En otras palabras, el aval era fraudulento, es decir que valía menos que un pañal usado, pero consiguió su propósito: la Liga lo había aceptado. Al mismo tiempo que el club pasaba de estar compuesto por socios a estar compuesto por accionistas, la decisión de la LFP legitimaba la compra de acciones de Gil, que se hizo casi con el 95% de las mismas.

En realidad, las cosas no sucedieron de manera tan ordenada. El 30 de junio de 1992, el último día antes de que se cerrara el plazo para convertirse en sociedad anónima, hubo mucha tensión. Salazar, el historiador del Atlético, recuerda que a pesar de la influencia de las conexiones políticas que tenía Jesús Gil en la capital, la caja de ahorros Caja Madrid había cerrado la línea de crédito y no le concedía el aval que le permitiría calmar al Gobierno y a la Liga. Sin el crédito, el Atlético descendería a Segunda B.

A las 18:00 horas de ese día, Salazar recuenta, Gil recibió una llamada de Ramón Mendoza, el presidente del Real Madrid, preguntándole si eran ciertos los rumores sobre el crédito, a lo que Gil tuvo que responder que sí. Entonces, Mendoza le comentó que conocía a la persona idónea que le podría ayudar.

Mendoza “llamó a quien fuera”, explica Salazar levantando las manos hacia atrás. Una compañía llamada Dorna, que pertenecía a Banesto, por aquel entonces el quinto banco más grande de España, y que se dedicaba a las promociones deportivas, solucionó el problema de Gil. 

Le concedieron un aval por valor de 2.062 millones de pesetas (unos 12,3 millones de euros). Mario Conde, presidente de Banesto, tenía que sellar la operación, pero estaba de viaje en Sudamérica y la aprobación tuvo que coordinarse a distancia. (Conde sería condenado más tarde por fraude y malversación durante su presidencia y sentenciado a 20 años de cárcel. 

En abril de 2016 le arrestaron de nuevo y le imputaron por blanquear capitales desde hace décadas). El aval llegó solo un cuarto de hora antes de que acabara el plazo a medianoche y Gil pudo presentar los papeles en la Liga justo a tiempo. Uno o dos días después, retiró el aval bancario. “No pagó absolutamente nada, en realidad”, dice el bloguero Sotanaz.

Pero Gil no fue el único que consiguió engañar al Gobierno de España y a la Liga para que le permitieran quedarse con la titularidad del club. Manuel Ruiz de Lopera, presidente del Real Betis desde el momento en que se convirtió en sociedad anónima en 1992 hasta que fue condenado por fraude fiscal en 2006, fue acusado recientemente de saquear las cuentas del club durante su constitución en sociedad anónima por valor de 30,5 millones de euros. Hoy en día, el caso sigue abierto; su origen se encuentra en la demanda que los aficionados políticamente activos, en su mayor parte, interpusieron en 2014 contra el anterior dueño del Betis.

“Se preguntaron ellos mismos, ‘¿qué hace falta para adueñarse del club?’”, cuenta Jesús Martínez, abogado y miembro de Señales de humo. “O mejor todavía, ‘¿cómo puedo hacerlo sin desembolsar un céntimo?’”.

Un mes antes de constituirse en sociedad anónima y hacerse con la mayoría de las acciones, Gil había ganado su segunda Copa del Rey consecutiva con el Atlético, venciendo en la final 2-0 al Real Madrid, con goles de Schuster y Futre, sus dos fichajes estrella. Cuando se destapó lo de la evasión fiscal, cuenta Salazar, “los aficionados ni se enteraron”.

Hoy en día, el hijo de Jesús Gil, Miguel Ángel Gil Marín, es el propietario del 52% del club. Wang Jianlin, el hombre más rico en 2015 según Forbes, y Cerezo, productor cinematográfico que fue el vicepresidente del club entre 1987 y 2003, poseen cada uno un 20%. 

Los propietarios del resto de las acciones son los socios del club, incluidos los abonados. Gil Marín estudió veterinaria, pero lleva involucrado en el Atlético desde principios de la década de 1990 y, básicamente, lleva la gestión del club en un segundo plano desde 1997. Casi nunca acude a los partidos, y los aficionados tienen la creencia de que circula por la M-30 madrileña para aliviar los nervios cada vez que juega el equipo.

Le pregunto a Abejón, el economista, por qué el Atlético todavía sigue en manos de las mismas personas a las que pillaron desviando dinero del club y me responde con una analogía: “Digamos que te robo el coche. Cinco años después, cuando prescribe ese delito en España, conduzco hasta tu casa y te digo ‘¡mira lo que tengo!’.

 Tú me denuncias por habértelo robado, pero el juez dicta que ‘sí, te lo robó, pero no puedo condenar a esta persona, por eso no irá a la cárcel y ni siquiera te lo tiene que devolver’. Esto es según el código penal, “si quieres que te devuelvan tu coche”, me explica, “tienes que recurrir al código civil, que es más caro y más complicado”.

En torno a la primavera de 2000, los aficionados del Atlético comenzaron a organizarse. Se creó el foro Señales de humo, con las características normales de cualquier foro deportivo: gente discutiendo los partidos del fin de semana, pero hablando también del pésimo estado económico, político y social del club.

Por esta misma época, los investigadores empezaron a encontrar las primeras grietas en los casos de corrupción de Jesús Gil. Unos meses antes, un juez de la Audiencia Nacional abrió la investigación del Caso Atlético sobre Gil, su hijo y sus socios, por apropiación indebida cuando el club se estaba constituyendo en sociedad anónima. 

El 22 de diciembre de 1999, el juez decretó el cese de Gil como presidente y destituyó a todo el consejo de administración del club, “decapitándolo por completo”, en palabras de Garrido, el biógrafo de Koke y Turán. El club fue intervenido y se nombró como administrador a Luis Manuel Rubí Blanc, una persona completamente ajena al mundo del fútbol.

“Eso afectó al vestuario, sin duda”, confirma Garrido, “los jugadores del equipo ganaban uno, dos o tres millones cada uno, pero en sus contratos solo figuraban 100.000, 200.000 o 300.000 euros”. El resto provenía de cuentas en el extranjero. Rubí lo sabía y fue al vestuario un día para decirles “muchachos, voy a pagaros lo que pone en el contrato. 

Si alguien tiene algo que decir que lo diga”, pero claro, los jugadores que tenían que haber cobrado tres millones de euros solo declaraban trescientos mil euros. Si hubieran dicho algo, estarían reconociendo un fraude fiscal, así que ninguno abrió la boca. A esto le siguieron tres o cuatro meses de caos absoluto en los que el riesgo de que los jugadores acabaran en la cárcel estaba bastante presente. En el campo, los resultados ya estaban siendo malos, pero después de esto empezaron a ser calamitosos, y el equipo acabó bajando a Segunda.

Los tribunales decidieron devolver el club a Jesús Gil y a sus administradores a mediados de abril, pocas semanas después de que el club bajara a Segunda por primera vez desde 1939. Muchas de las personas con las que hablé situaron los orígenes de esta decisión en el miedo. El Atlético era, y es todavía, el tercer club más importante de España, y lo que es más, era el club más grande que se había constituido en sociedad anónima. 

El experimento de convertir a los clubes en sociedades anónimas todavía era un fenómeno relativamente reciente y muchos en el Gobierno y otras instancias estaban desesperados por verlo funcionar. Que el Atlético descendiera asestó un golpe fatídico a esta idea y consiguió que los aficionados se dieran cuenta de la realidad en que sus presidentes los habían metido.

 “Lo único que cambió [cuando Gil regresó al club]”, comenta Garrido, “fue que el equipo alcanzó la final de la Copa y perdió contra el Espanyol, pero esa fue la última vez que los aficionados cantaron ‘y tal y tal’, la expresión marca de la casa de Jesús Gil.

Mientras tanto, el foro Señales de humo había cobrado vida propia. “El Atleti casi llegó a disolverse”, relata Abejón, “te dices a ti mismo ‘no me lo creo, hay que hacer algo’”. Ese otoño de 1999, varios asiduos del foro habían comenzado a hablar de crear una asociación. “Estábamos convencidos de que nuestros problemas iban más allá de las quejas del día a día sobre la gestión del club”, dice utilizando la primera persona del plural tan característica de los aficionados acérrimos. 

El plan original era acudir a la Audiencia Nacional y estudiar toda la documentación que se había hecho pública sobre el caso. En 2002, cuando los tribunales estaban agotando los últimos cartuchos en el Caso Atlético, Señales pasó de ser un foro a convertirse en una asociación. “Entendemos el club como una institución social y cultural, propiedad de sus socios y con instituciones democráticas, transparencia y una existencia sostenible, para que nadie pueda hacer locuras económicas que pongan al club en peligro de extinción a largo plazo”, señala Abejón.

 “El gilismo (como se apodaba la ideología empresarial de Gil y su trama) es la antítesis de todo esto. Basta con ver lo que ha pasado en Marbella”.

“Al principio, íbamos a las gradas con pancartas y queríamos que todos los socios se enteraran”, cuenta Abejón, “pero últimamente ya lo hacemos menos”. Desde 2003, Señales, con la ayuda de varios de abogados voluntarios, ha tomado medidas legales que le permiten intervenir en la gestión del club. 

Muchos de los socios de Señales con los que hablé me dijeron que se inspiraron en el trabajo de asociaciones de otros clubes, como el Betis, que estaban ganando importantes batallas legales contra sus propios dueños corruptos.

Una de las primeras acciones que promovió la asociación fue acudir a la junta de accionistas. Para poder sentarse a la mesa necesitaba un 5% de las acciones del club y durante varias semanas antes de una reunión de 2002, los socios de Señales fueron puerta por puerta hablando con aficionados y recogiendo las firmas necesarias para poder enviar a una persona que representara a los socios y a la gente que tenía el abono de temporada o una o dos acciones, algunas de ellas pasadas de generación en generación por aficionados del Atlético.

 “Y allí que nos presentamos”, relata Abejón, “fue la primera reunión del club en la que no estaban solo los miembros del círculo cercano de Gil, y conseguimos juntar todas las acciones de los socios”.

La reunión a la que acudieron fue muy significativa. Gil estaba inmerso en una oleada de nuevos casos de fraude y malversación, y parecía que iba a perder la presidencia del club, aunque se aferraba a lo que pensaba serían sus últimas muestras de poder.

 Para incrementar el número de acciones que poseía, decidió ampliar el número de acciones del club que, recordemos, ya poseía casi por completo. De acuerdo con los estatutos del club se convocó una junta general de accionistas para poder aprobar la medida. Según Abejón, Gil consiguió manipular la reunión gracias al secretario, que aprobó la ampliación de capital a pesar de las protestas del representante de Señales.

En ese momento, Señales demandó a Gil y sus cómplices, entre los que estaban Cerezo y el hijo de Jesús Gil, Miguel Ángel. “La primera jueza estaba acojonada porque esta gente era muy poderosa”, cuenta Abejón.

 “Intentó que la apartaran del caso y nos hizo perder el tiempo durante cuatro o cinco años, pero desde el penúltimo tribunal hasta el Tribunal Supremo solo pasó un año. Después de nueve años, el tribunal falló a nuestro favor”. De esta manera, en 2012, más de una década después de que los aficionados indignados comenzaran a conectar online los unos con los otros, Señales consiguió su victoria legal más importante contra la trama de Gil.

La sentencia del Tribunal Supremo abrió un sinfín de posibilidades para Señales. “Esta sentencia nos ha permitido hacer muchas cosas porque reconoce que hubo evasión”, cuenta Abejón, “una especie de pecado original en la apropiación del club por parte de los Gil que sienta un precedente sobre el que construir otros casos contra el hijo de Jesús Gil”.

Gil Marín “gana lo mismo que un delantero que marca 20 goles por temporada”, explica Martínez, el abogado y socio de Señales. Todos estos años de mentiras pesan mucho sobre el tono de su voz. Su profundo enfado con la situación solo es comparable con su arsenal de conocimiento y su agudeza mental.

Estamos sentados en una arrocería del barrio Quintana de Madrid cuando suena el teléfono de Martínez. Mira la pantalla y las comisuras de sus labios se estiran para formar una ligera sonrisa, “mira”, me dice, y me enseña un mensaje de WhatsApp que acaba de recibir. El que lo manda es Miguel Ángel, el auténtico Miguel Ángel Gil Marín (Martínez no es el único socio de Señales que conozco que tiene el teléfono de Gil Marín entre sus contactos).

Martínez me cuenta que en una de las últimas juntas de accionistas a las que asistió, habló con Gil Marín. La conversación que tuvieron fue sobre una de las demandas que Señales iba a presentar en breve contra el club. Gil Marín le pidió a Martínez (muy educadamente, enfatizó Martínez), que le enviara un mensaje el día antes de que el grupo presentara la demanda, solo para avisarle. Martínez le había mandado el mensaje esa misma mañana y por lo que parecía Gil Marín pensó que era necesario responderle. El mensaje no dice nada, pero llaman la atención el tono y la longitud. 

Martínez le había enviado dos o tres líneas como mucho y Gil Marín había respondido con un largo párrafo que destilaba un tono similar al de un adolescente torturado por una reciente ruptura sentimental. Pongamos que ya es difícil tomarse en serio una historia melodramática de amor y traición sobre tu propio club, pero cuando esa historia te llega del dueño del tercer club más grande de, quizá, la liga más grande del mundo, es casi imposible no caerse de risa.

Mientras abandonamos el restaurante y nos dirigimos hacia su coche, Martínez me pregunta a bocajarro: “¿Por qué quieres escribir sobre Jesús Gil?” Mi respuesta es que era un personaje fascinante: increíblemente repulsivo, a menudo un payaso, y sin embargo fue capaz de embaucar a todo el mundo con su encanto y llegar a los más selectos escenarios del deporte y la política españoles.

 ¿Qué puede ser más interesante que un tipo que era el dueño de un gran club de fútbol, que era el alcalde mafioso de una lujosa ciudad costera española y que entrevistaba a su semental blanco en televisión?, pregunto incrédulo.

“Ya claro, pero todo eso ya lo sabes. Sin embargo, sobre Miguel Ángel no sabemos casi nada. Y, para mí, el misterio es lo más interesante”.                (Bécquer Seguín, este artículo fue publicado en septiembre en la revista Howler , CTXT, 28/12/16)