"Esta semana se ha sentado en el banquillo de la Audiencia Nacional Ignacio González, el corrupto favorito de Esperanza Aguirre durante bastantes trienios. Pero, metafóricamente, a quien se juzga no es solo a un saqueador del dinero público, es a un régimen entero. El régimen corrupto de Aguirre.
Es sabido que Esperanza Aguirre llegó a la Presidencia de la Comunidad de Madrid en 2003 tras un acto de corrupción política: la compra de dos diputados elegidos en las listas del PSOE, el tamayazo. En las ferias de ganado hay tres formas de cerrar una transacción: el trato directo entre comprador y vendedor, la puja o la compra intermediada. En esta última, una tercera persona negocia o ejecuta la operación. Imagino que a Aguirre el trato directo le pareció demasiado obsceno, así que en el tamayazo se optó por el método de la compra intermediada.
Si un Gobierno nace de un acto de corrupción democrática, son muchas las posibilidades de que esa forma de actuar se convierta en algo estructural. Aguirre lo bordó. Montó un régimen definido por la corrupción política, mediática y judicial. Y la adjudicación del campo de golf del Canal de Isabel II, la pieza del caso Lezo por la que está siendo juzgado Ignacio González, es la historia que mejor ejemplifica lo ocurrido.
El 27 de abril de 2007, la revista Tiempo publicó un reportaje titulado Adjudicaciones bajo sospecha, que arrancaba con el siguiente texto: "El vicepresidente de Madrid adjudicó a un socio de su hermano y de su cuñado la explotación de un campo de golf en el centro de Madrid. La empresa beneficiada carecía de experiencia en el sector y tenía una actividad mínima". Allí estaban todos los nombres y todos los datos: la empresa adjudicataria (Tecnoconcret), el testaferro (José Antonio Clemente), el hermano (Pablo González), el cuñado (José Juan Caballero Escudier) y la sociedad donde los tres eran socios (Tamanaco 07 Consulting). Como siempre hay gente que entiende las cosas mejor si le haces un croquis, en la revista se tomaron la molestia de incluir un didáctico esquema visual, con sus flechitas y todo para explicar las relaciones de la trama. [Reproduzco a continuación el pdf de aquel artículo, que guardo con cariño, porque después de 36 años de profesión es uno de los trabajos periodísticos de los que estoy más orgulloso. Al final les explicaré por qué. Evitaré ahora el spoiler].
Si Esperanza Aguirre hubiese sido una de las doce personas más idiotas de Europa Occidental en aquel momento, leyendo el artículo o interpretando el croquis habría concluido que tenía como vicepresidente a un corrupto. Utilizo el término "idiota" en la primera acepción del diccionario de la Real Academia Española: "Corto de entendimiento". Los conceptos "doce" y "Europa Occidental" los uso en su sentido clásico.
La realidad es que Esperanza Aguirre no era una de las doce personas más idiotas de Europa Occidental, pero tampoco necesitaba que nadie le explicase que Ignacio González era un corrupto. Por eso precisamente lo seleccionó como su número dos. No lo eligió por ser el nuevo Demóstenes hispano ni por la elegancia de su coletilla en la nuca. Lo escogió para que le construyese y vigilase el estanque donde pudieran retozar alegremente todas las ranas corruptas que fue amamantando con dinero público. Aguirre, como saben, no destituyó a su corrupto favorito. Lo mantuvo de vicepresidente y luego lo designó como su sucesor.
No me extenderé en la corrupción política de aquel régimen porque se ha escrito ya mucho y se podrían llenar bibliotecas. Baste la conclusión: a falta de prueba en contrario, Aguirre ha presidido el Gobierno autonómico más corrupto de toda España desde la restauración de la democracia.
Así que pasemos a la corrupción mediática.
Si un medio de comunicación aporta pruebas tan contundentes como las de aquella investigación de Tiempo sobre la persona de máxima confianza de quien entonces tenía ínfulas de lideresa de la derecha española, podría pensarse que los demás medios informarían sobre el asunto o incluso harían sus propias investigaciones. Con el término "pruebas" me refiero a lo que en el periodismo de antes se consideraban pruebas: nombres, fechas y lugares exactos respaldados con algún soporte documental. No estoy hablando de que un escolta haya escuchado en una cafetería de un hotel que algún primo de la mujer de un alcalde se mete el dedo en la nariz. Que hay individuos que escriben sesudas exclusivas de ese estilo y piensan que han inventado el periodismo de investigación.
¿Qué ocurrió con aquella información sobre González? Que la prensa comprada por Aguirre la ocultó. González dio una rueda de prensa el día que se publicó el artículo de Tiempo, explicó que allí no había nada que ver, y ordenó que circulasen. Y obedientemente circularon. Les voy a poner solo un ejemplo, mi favorito: El Mundo de aquel día. El tema aparece en la sección de Madrid (no iban a abrir el periódico con esa minucia), lleva como titular Polémica por el campo de golf y aparece por debajo de lo que consideraron la noticia más relevante de la jornada: Los niños nacerán en Aranjuez. Por si hay incrédulos, aquí va un pantallazo.
¿Polémica? Polémica es si fue penalti lo del domingo. Lo del corrupto favorito de Aguirre era un escándalo de libro. Un escándalo con todos los nombres y hasta un croquis para que lo entendieran los memos. Pero ay, amigo, el Gobierno madrileño ponía la pasta para poder repartirse luego los generosos bonus. Y aquí les recomiendo un ejercicio de agudeza visual: comprueben quiénes eran los directores de los principales periódicos de derechas de la capital en abril de 2007 y verán que siguen entre nosotros dando lecciones de periodismo un día sí y otro también.
Sea como fuere, la explicación de por qué un jefe de un periódico podía considerar un bombazo informativo que los niños nacieran en Aranjuez mientras permanecía con cara de estatua romana al enterarse de las andanzas del corrupto favorito de Aguirre es muy simple. Entre 2008 y 2011, el Gobierno madrileño gastó 220 millones en publicidad. 220 millones. A falta de prueba en contrario, Aguirre ha presidido el Gobierno autonómico que más dinero dedicó a la compra de voluntades mediáticas de toda España desde la restauración de la democracia.
Vamos por la tercera: la corrupción del sistema judicial. O, para ser más precisos en este caso, la corrupción fiscal.
En mayo de 2009, la asociación vecinal Parque Sí en Chamberí presentó una denuncia ante la Fiscalía de Madrid, que entonces dirigía Manuel Moix. Dicha asociación llevaba más de dos años luchando contra la decisión del Gobierno de Aguirre de construir un campo de golf de nueve hoyos en los terrenos de los antiguos depósitos de agua del Canal de Isabel II. La detallada denuncia vecinal iba respaldada por documentos del Registro Mercantil donde constaban todos los datos relevantes del caso. ¿Saben lo que hizo el fiscal Moix con la denuncia? Se fumó un puro.
Perdón, fumarse un puro habría sido un acto de decencia comparado con la indecencia de Moix. El señor fiscal abrió unas "diligencias de investigación", en las que no realizó investigación alguna, ni con diligencia ni sin ella. Pero tuvo la enorme cara dura (en mi opinión una cara dura delictiva al ocultar un caso de corrupción) de concluir en su decreto de archivo que no existía "indicio o rastro alguno que permita, siquiera, la más leve sospecha de que se hubiera producido algún tipo de sugerencias, insinuaciones, presiones o similar por parte del vicepresidente primero de la Comunidad de Madrid, a fin de que las decisiones adoptadas lo fueran en un determinado sentido".
“Ni la más leve sospecha”. Un tío que aprobó unas oposiciones a fiscal. Un tío que juró hacer cumplir la legalidad. Un tío que aparentemente sabía leer y escribir en español. ¿Pues saben qué es lo más grave que ocurrió con este tío? No que tuviera que dimitir por tener una empresa en Panamá, que eso también pasó. Lo más grave es que cuando el corrupto favorito de Aguirre fue detenido por la UCO en abril de 2017, cuando los agentes corroboraron punto por punto la información de la revista Tiempo en la que se basaba la denuncia que Parque Sí en Chamberí presentó ante el fiscal Moix, este tío no huyó a Australia escondido de polizón en un barco. No solo eso, querido lector, querida lectora. A este tío, hoy, cuando escribo estas líneas, el 16 de octubre de 2026, usted y yo le seguimos pagando la nómina. Sí, porque este tío está en la Fiscalía del Tribunal Supremo, con la máxima categoría de la carrera fiscal.
¡Del Tribunal Supremo! "Ni la más leve sospecha". Y luego nos extrañamos de que quieran robarle el voto a 163.000 compatriotas.
Esto es lo que se sentó en el banquillo de la Audiencia Nacional esta semana. Físicamente, allí se encuentra Ignacio González; metafóricamente, está el régimen corrupto de Aguirre: la superpoblación de ranas chapoteando en el estanque con el dinero público robado, los medios comprados, el fiscal servil que tapa la corrupción.
Una pregunta para finalizar. ¿A ustedes no les parece absolutamente alucinante que esta señora, con el currículum que tiene, se pasee a diario por los platós de televisión hablando del bien y del mal? España es un país asombroso.
Postdata. Un apunte personal, si me lo permiten. Como escribí antes, la investigación sobre Ignacio González es uno de los trabajos periodísticos de los que estoy más orgulloso. Por la historia en sí, pero sobre todo por la gente que me permitió conocer. Las maravillosas personas de la asociación Parque Sí en Chamberí, que lucharon incansables durante una década para que no les saquearan su dinero como contribuyentes y sus espacios verdes. Las diputadas Inés Sabanés y Reyes Montiel, que se partían la cara para que se conociera la verdad, en la Asamblea frente a Aguirre y también en su organización, IU de Madrid, dominada entonces por otro clan corrupto. Javier L, al que la mafia amenazó y persiguió, hasta que lograron que se marchase de Madrid. Juan Carlos F, un simpatizante del PP honrado a carta cabal. Y aquellos agentes de la UCO que investigaron y detuvieron al corrupto preferido de Esperanza Aguirre."
(Manuel Rico , Público, 16/10/26, enlaces en el original)
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