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19.4.18

“Me han venido dos matrimonios aquí para meterse a los pisos estos de Sacyr. ¿Qué es lo que hago yo?” “Es que Tío, si no está usted ahí ya sabe lo que va a pasar. Que se ocuparán todos. No hay más”

"Dos hombres están sentados en un banco de una calle de La Mina. Charlan. Podrían ser dos jubilados. Pero no. El más flacucho, con bigote, es Tío Cristina, patriarca gitano y capo de la droga en el barrio. El otro es Félix Riesco, un inspector de la Policía que ha pasado media vida profesional hurgando en este conflictivo enclave de Sant Adrià de Besòs. Una cámara de la policía graba la escena a una distancia prudente. 

Tío Cristina se gira hacia el policía y saca del bolsillo de su camisa azul de manga corta un fajo de papeles arrugados. El inspector se levanta y se aleja caminando. Unos minutos después, los agentes le paran. Le preguntan qué le ha dado Tío Cristina. Contesta que le ha facilitado unas matrículas porque es su confidente. La coartada se desmorona cuando los agentes comprueban que Riesco lleva 300 euros en la cartera.

Félix Riesco fue detenido en junio de 2017 por la Policía Nacional. La investigación sostiene que el inspector, entonces jefe de la comisaría de Mataró, era un topo a sueldo de Tío Cristina, apodo de Ángel Amaya Montero, de 76 años. A cambio de sobornos como el que fue filmado, Riesco alertaba supuestamente al clan de operaciones policiales. El chivatazo más sonado del que sospechan los Mossos es de noviembre de 2015.

 De madrugada, 1.500 mossos desembarcaron en La Mina durante la Operación Titán, que intentó desmantelar el supermercado de la droga (cocaína, heroína y marihuana) que aún hoy es el barrio. La policía detuvo a 83 personas. Entre los objetivos había dos miembros relevantes del clan de los Alunda, el que gobierna Tío Cristina. Pero, curiosamente, cuando los agentes llegaron al domicilio se habían dado a la fuga. “Los jambos van a venir a casiles esta noche”, se escuchó en uno de los teléfonos intervenidos.

“Nos faltaron dos Alundas, y ahí surgieron con fuerza las sospechas sobre el inspector”, explican fuentes de la investigación. Pero Riesco trabajaba en el Cuerpo Nacional de Policía, por lo que, para dar el soplo, tuvo que ser alertado a su vez por alguien que estuviera al corriente de la operación. “Seguramente aprovechó su condición de inspector veterano para sacarle el dato a algún mosso, que se lo pudo dar en una indiscreción”, admiten las mismas fuentes.

En los pinchazos telefónicos del caso, Riesco presume ante Tío Cristina de sus contactos en la fiscalía y en los juzgados. Es la manera que ve para justificar su sobresueldo. “Esos alardes eran falsos, no tenía contactos en ningún sitio”, agregan fuentes de la investigación. 

 Tampoco es que el patriarca le premiara sus servicios con demasiada generosidad. El titular del juzgado de instrucción número 4 de Badalona, Josep Maria Noales, no ha podido constatar un incremento espectacular en el patrimonio del policía. Ni casas en la Costa Brava, ni yates, ni coches de lujo.

En su declaración ante el juez por cohecho y revelación de secretos, el inspector negó haber cobrado del clan gitano. Insistió en que Tío Cristina era un confidente valioso, que había aportado información clave para asestar golpes contra el tráfico de droga en La Mina. O sea, un chivato. Riesco incluso aportó al juzgado un listado de operaciones policiales que, supuestamente, fueron posibles gracias a la colaboración del patriarca gitano, que así recibía un trato más benévolo para sí y sus familiares.

Pero de la misma forma que le había comprado con unos cuantos billetes, Tío Cristina le vendió. El patriarca decidió colaborar y, en su declaración, admitió que había pagado por los servicios al inspector. “Lo explicó todo al detalle”, señalan las mismas fuentes. El juez le preguntó, entre otras cosas, si la noche de noviembre de 2015 había recibido el aviso de Riesco para huir: “Bueno”, dijo el patriarca, que quedó en libertad con cargos mientras que Riesgo ingresó en prisión.

Aunque salió un tiempo en libertad condicional, desde el pasado octubre el inspector vuelve a estar en prisión. Por orden de la Audiencia de Barcelona y por riesgo de fuga. Fue suspendido cautelarmente de empleo y sueldo. Sin embargo, ha aprovechado este periodo para jubilarse, lo que le permitirá percibir la pensión de policía antes de que le echasen del cuerpo, en caso de ser condenado. La investigación está a punto de concluir y Riesco, a un paso de sentarse en el banquillo.

Pisos ocupados

Además de suponer un nuevo golpe al tráfico de drogas y de implicar a un inspector de Policía, el caso también ha puesto al descubierto la forma en la que el Ayuntamiento de Sant Adrià ha gestionado los asuntos en La Mina. El tercer teniente de alcalde, Juan Carlos Ramos –criado en las calles del barrio- y el gerente del Consorcio de La Mina, Juan Luis Rosique, permanecen imputados. 

El juez les acusa de pagar con dinero público a Tío Cristina –también conocido como Tío Ángel- por ejercer la vigilancia sobre los pisos vacíos que el Consorcio mantiene construidos allí desde 2012, y que aún hoy están pendientes de adjudicar.

A Ramos se le ve incluso llevar sobres en mano, con dinero, para entregárselos a Tío Cristina. Los funcionarios vieron en esa concesión una fórmula de mantener “la paz” en el barrio. Si el clan más poderoso de La Mina, el de los Alunda, controlaba los pisos, había garantías de que no serían ocupados. 

“El solo conocimiento popular de que el clan Amaya-Alunda vigila estas viviendas genera que no se produzcan intentos de ocupación ilegal”, consta en un informe de los Mossos. Los Alunda, según la policía autonómica, son “la banda que controla de forma delictiva el barrio”, aunque curiosamente a Tío Cristina no le constan antecedentes policiales antes de esta operación.

 En una de las conversaciones, hacia marzo de 2017, Tío Cristina se muestra nervioso porque no cobra por las vigilancias. Y amenaza con dar la señal para que los pisos sean ocupados. “Me han venido dos matrimonios aquí para meterse a los pisos estos de Sacyr.

 ¿Qué es lo que hago yo?” Ramos, con el que mantiene una relación casi de confraternidad, le responde: “Es que Tío, si no está usted ahí ya sabe lo que va a pasar. Que se ocuparán todos. No hay más”. Pareció premonitorio. Hoy, con la fórmula fuera de juego y en plena instrucción judicial, los más de 30 pisos del Consorcio están todos ocupados. La unidad de mossos que lideró las investigaciones contra el clan ha sido desmantelada."             (Jesús García, El País, 02/04/18)

27.1.09

La Xunta, obligada a devolver a una mujer los bienes incautados Una fundación incapacitó a la anciana y malvendió su edificio en Vilagarcía

"Mercedes Rodríguez Moriz tenía 80 años y vivía sola en uno de los tres pisos de un centenario edificio de doble fachada que había heredado de su madre en el centro de Vilagarcía. Hasta que un día, en octubre de 2002, dos policías nacionales fueron a buscarla a casa para llevarla al juzgado. Allí comenzó un verdadero calvario que dura más de seis años y que no tiene visos de acabar a corto plazo.

"Señoría, estoy bien, no quiero irme al asilo, quiero volver a mi casa, sólo pido que me la arreglen, porque unos gandules me la han destrozado". Pero las súplicas de Mercedes al juez en aquel momento no le sirvieron de nada. Un informe del aparejador municipal declaraba ruinoso el edificio y un segundo dictamen de un médico forense la incapacitaba a ella con un diagnóstico lapidario: "Su curación es improbable". (...)

Un par de meses después, el juez entregó la tutela de Mercedes Rodríguez a la Funga, la fundación de la Xunta que atiende a personas incapacitadas. En un fallo posterior, ya en 2004, el mismo juzgado autorizó a la fundación pública a vender el edificio -tres plantas en el centro de Vilagarcía- por el que un promotor pagó 55.000 euros. Según la escritura notarial, el promotor se comprometía además a entregarle a Mercedes un piso de 60 metros cuadrados cuando concluyesen las obras del nuevo edificio que pretendía levantar en el solar.

La visita de unos familiares al asilo precipitó la judicialización del caso. Cuando llegaron a Vilagarcía y comprobaron su óptimo estado psíquico, los parientes de Mercedes reclamaron su tutela y recurrieron ante el juez la incapacitación. El 2 de febrero de 2005 un nuevo informe pericial obligó al juez de Vilagarcía, José Antonio Vázquez Taín, a rectificar y a devolver la capacitación a Mercedes Rodríguez, que a día de hoy no ha recibido un duro por la venta de su patrimonio.

El pasado 21 de enero, la jueza que relevó a Vázquez Taín en la instrucción del caso firmó una providencia que instaba a la fundación -que ahora depende de Vicepresidencia- para que en el plazo de un mes devuelva a Mercedes Rodríguez todas sus propiedades y lo acredite documentalmente. (...)

La mujer tampoco está de acuerdo con el valor por el que se vendió el edificio, del que no consta una peritación previa. De hecho, un informe pericial que figura en la documentación en poder del juez, firmado por la empresa de tasación Gesvali, ha valorado el solar en 550.000 euros, sin contar los 318 metros cuadrados de superficie construidos, ni la piedra de la fachada cuyo paradero es otra incógnita. "Estoy dispuesta a llegar hasta el final porque a base de informes falsos y engaños me han dejado en la calle. Espero que, esta vez, se haga justicia", añade." (El País, ed. Galicia, Galicia, 24/01/2009, p. 9)

20.2.08

La forma de robarles a los viejos sus pisos

“Alerta de la ONU: el 'mobbing' se dispara. El acoso inmobiliario aumenta al ritmo de la crisis. Naciones Unidas exige una respuesta de las autoridades y advierte del peligro que viven los sectores más vulnerables de la población. (…)

Una viuda catalana de 75 años que disfrutaba de un contrato de alquiler indefinido desde 1936 con una renta mensual de 40 euros se vio coaccionada a abandonar su casa voluntariamente, renunciando a la indemnización que por ley le hubiera correspondido. Una pareja de ancianos propietarios de Murcia vendió su vivienda por la mitad del precio de mercado a una inmobiliaria después de meses de asaltos cotidianos. Se trata de casos reales y denunciados. Y es que también los propietarios sufren mobbing, aunque en medida menor. El guión se repite más o menos igual. Una empresa interesada en una finca intenta convencer primero a los residentes más jóvenes, ofreciéndoles sumas de dinero interesantes. Cuando ya sólo quedan los propietarios mayores, se intensifica la presión hasta casi coaccionarles a vender sus pisos a la baja. (…)

Prácticas de este tipo son precisamente las que registró hace un año el relator especial para la Vivienda de Naciones Unidas Miloon Kothari. Si entonces declaró que "el estado del mobbing inmobiliario en España es particularmente grave y representa una vergüenza para el país ya que no se registran casos tan graves en otras regiones del mundo desarrollado", ayer Kothari destacó que, junto con el acoso inmobiliario, la falta de viviendas de protección oficial, la necesidad de promover el mercado de alquiler y el alto porcentaje de fincas vacías son otros de los problemas que hay que resolver.” (El País, ed. Galicia, Sociedad, 19/02/2008, p. 36)