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1.7.22

"Ni puto caso a Zaragoza" o cómo el presidente del COE negoció los Juegos Olímpicos de Invierno en secreto con Artur Mas... Según unas grabaciones de la Guardia Civil a las que ha tenido acceso El Confidencial, Blanco habría pedido 400.000 euros por la candidatura en una reunión en noviembre de 2019 con Mas y un alto cargo catalán imputado por corrupción

 "La fracasada candidatura a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030 sigue dando que hablar. Primero las negociaciones entre Aragón y Cataluña y su falta de acuerdo para llegar a una candidatura única conjunta. Después las acusaciones y los argumentos que cada uno de los protagonistas han ido lanzando en torno al fracasado evento deportivo. Y ahora unas grabaciones del presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, que dentro de una investigación de la Guardia Civil revelan que el representante del olimpismo español habría negociado los JJOO en secreto en 2019 con el ex presidente de la Generalitat, Artur Mas.

Según adelanta El Confidencial, Blanco negoció en secreto la candidatura conjunta de ambas Comunidades Autónomas con el expresidente de la Generalitat Artur Mas y con un alto cargo de los gobiernos de Quin Torra y Pere Aragonès, imputado en varios casos de corrupción. La reunión habría tenido lugar en noviembre de 2019, y según el diario, el presidente del COE pidió 400.000 euros que presuntamente iban a ser destinados a hacer contrataciones "opacas".

Estas informaciones se desprenderían de un informe de la Guardia Civil, al que ha tenido acceso El Confidencial, y proceden del sumario del caso Voloh, en el que se investiga el desvío de fondos hacia el independentismo. Según las fechas en las que se enmarca la reunión, Blanco y Mas se habrían encontrado sólo unas semanas después de las protestas que tuvieron lugar Cataluña tras la condena a los protagonistas del referéndum

Los 400.000 euros

Siguiendo la información revelada por el citado diario, habría sido concretamente el 7 de noviembre de 2019 cuando el presidente del COE, Alejandro Blanco, se dio cita en un restaurante con el presidente de la Diputación de Gerona y alcalde de Bañoles, Miquel Noguer. En ese encuentro estaban el entonces secretario general de Deportes de la Generalitat, ahora secretario de Acción Exterior, Gerard Figueras, y que sería después detenido por presuntos delitos: malversación de caudales públicos, tráfico de influencias y prevaricación.

De esa reunión tiene registro la Guardia Civil por mandato judicial, por lo que se conoce, según El Confidencial, que en dicho encuentro fue donde Blanco habría asegurado que tenía el aval del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y de Zarzuela para dar el pistoletazo de salida a la candidatura conjunta de Cataluña y Aragón para los Juegos Olímpicos de 2030, y donde dejó claro que el "Gobierno central" cubriría la mayor parte de los gastos, canalizando el dinero a través del propio COE. Pero para ello, Alejandro Blanco reclamaba 400.000 euros de forma inmediata de una empresa controlada por el Gobierno catalán: Ferrocarriles de la Generalitat.

"Ni puto caso"

Según revela El Confidencial, atendiendo al informe de la Guardia Civil, durante esas conversaciones no se recoge mención alguna -entre los allí reunidos- de hacer partícipe al Gobierno de Aragón, y a su presidente, Javier Lambán, sobre el proyecto, pese a que la candidatura era supuestamente conjunta entre Cataluña y Aragón.

Lo que apunta El Confidencial es que el secretario general de Deportes habría hecho varias llamadas telefónicas después del almuerzo y que también fueron intervenidas por la Guardia Civil. En una de esas llamadas habría trasladado a Noguer que Blanco había propuesto realizar un acto en Zaragoza con la sociedad civil aragonesa, pero éste habría respondido que no había que hacerles "ni puto caso".

Esta grabación pondría así en evidencia la falta de interés que tenía la Generalitat en cooperar con el Gobierno de Aragón para llevar a acabo una candidatura conjunta para los JJOO de invierno, así como el desinterés a la hora de repartir los beneficios con Zaragoza.

Lambán lo considera "gravísimo"

El presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán, ha considerado "gravísimo" que se haya negociado supuestamente en secreto entre Cataluña y el COE y ha asegurado que deja al COE "en una situación muy complicada": "No es razonable que una institución que representa los mejores valores está sometida al descrédito", ha zanjado.

El barón socialista, en un desayuno organizado por El Periódico de Aragón, ha advertido que esto "no solo en un problema de Aragón sino de este país", a la vez que ha desvinculado las declaraciones de Blanco y de José Manuel Franco presidente del Consejo Superior de Deportes (CDS), de las del Gobierno de Pedro Sánchez. "Del Gobierno no me ha llegado ningún mensaje", ha asegurado.

El presidente de la Comunidad de Aragón ha sido atacado estos días por el propio Alejandro Balnco, asegurando que había sido el barón socialista quien habría decidido romper el acuerdo. "El COE envío una carta al COI para unos Juegos conjuntos entre Cataluña y Aragón antes de los Juegos de Tokio. Iban acompañadas de tres cartas, del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; del presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, y del presidente de la Comunidad de Aragón, Javier Lambán", explicó Blanco. "Hubo un acuerdo, pero después el presidente Lambán decidió romperlo. Que cada uno asuma sus responsabilidades".

La candidatura conjunta de Cataluña y Aragón a los Juegos Olímpicos de Invierno 2030 fue presentada en julio de 2021. Desde prácticamente esa fecha, el Gobierno de Lambán ha sostenido que el COE y el Gobierno central han estado favoreciendo a la Generalitat en el reparto de las pruebas deportivas y otras cuestiones técnicas.

Lambán se negó en varias ocasiones a aceptar las propuestas del COE y Cataluña, rechazando las condiciones que consideraba poco equitativas hacia Aragón, hasta que finalmente este martes se decidió por parte del COE retirar la candidatura ante la falta de acuerdo."                 (República, 24/06/22)

5.11.19

Snowden: reivindicación del denunciante

"Este texto es un extracto del libro de memorias de Edward Snowden Vigilancia permanente, que Planeta (en la traducción al castellano) y Columna (en catalán) publican el martes.

Estados Unidos nació de un acto de traición. La Declaración de Independencia suponía una violación flagrante de las leyes de Inglaterra y aun así demostró ser la expresión más plena de lo que los Padres Fundadores llamaron Leyes de la Naturaleza, entre las que se encontraba el derecho a desafiar los poderes del momento y a rebelarse por principios, según los dictados de tu conciencia.

 Los primeros estadounidenses en ejercer ese derecho, los primeros "soplones" o denunciantes en la historia de Estados Unidos, aparecieron un año después, en 1777. Esos hombres, como muchos de los hombres de mi familia, eran marineros, oficiales de la Marina Continental que, en defensa de su nueva tierra, se habían hecho a la mar. 

Durante la Revolución, sirvieron en el Warren, una fragata de Estados Unidos con treinta y dos cañones, bajo el mando del comodoro Esek Hopkins, comandante general de la Marina Continental. Hopkins era un líder perezoso e intratable que se negó a meter su nave en combate. Sus oficiales afirmaban además haberlo visto pegar a prisioneros de guerra británicos y dejarlos morir de hambre. Diez de los oficiales del Warren, tras consultar con sus conciencias y sin pararse a pensar apenas nada en sus carreras profesionales, informaron de todo ello a un escalón más alto en la cadena de mando. Escribieron al Comité naval:
"Estimados caballeros:

Quienes presentan esta petición viajan destinados a bordo del navío Warren con sincero deseo y firmes expectativas de prestar un servicio a nuestro país. Aún seguimos ansiosos de alcanzar el bienestar de Estados Unidos y no deseamos otra cosa con mayor sinceridad que ver nuestro país en paz y prosperidad. Estamos dispuestos a arriesgar todo lo que nos es querido y, si fuera necesario, a sacrificar nuestras vidas por el bien de nuestro país. Nos sentimos deseosos de participar activamente en la defensa de nuestras libertades y privilegios constitucionales frente a las injustas y crueles demandas de tiranía y opresión. 

Sin embargo, tal y como se presentan ahora mismo las cosas a bordo de esta fragata, parece no haber perspectivas de que podamos prestar ningún servicio desde nuestro puesto actual. Llevamos en esta situación una cantidad de tiempo considerable. Personalmente, estamos muy familiarizados con el auténtico carácter y comportamiento de nuestro comandante, el comodoro Hopkins, y hemos recurrido a este método al no disponer de una oportunidad mejor para solicitar con sinceridad y humildad al honorable Comité naval que se dé parte sobre dicho carácter y comportamiento, pues suponemos que esa es la naturaleza del comodoro Hopkins, y que este es culpable asimismo de unos crímenes que lo hacen muy poco apropiado para la misión pública que ahora ocupa, crímenes que nosotros mismos, los abajo firmantes, podemos atestiguar de sobra".

Tras recibir esta carta, el Comité naval investigó al comodoro Hopkins. El comandante reaccionó expulsando a sus oficiales y a la tripulación, y en un ataque de ira interpuso una demanda criminal por difamaciones contra el guardiamarina Samuel Shaw y el alférez Richard Marvin, los dos oficiales que admitieron haber redactado la petición. La demanda se presentó en los tribunales de Rhode Island, cuyo último gobernador colonial había sido Stephen Hopkins, firmante de la Declaración de Independencia y hermano del comodoro.

El caso se asignó a un juez nombrado por el gobernador Hopkins. Sin embargo, antes de que empezase el juicio, John Grannis, oficial naval compañero de Shaw y Marvin, salvó a estos dos últimos al romper filas y presentar el caso directamente ante el Congreso Continental. El Congreso intervino, alarmado ante la idea del precedente que sentaría permitir que una queja militar por negligencia quedase sometida a una acusación criminal por difamación. Así, el 30 de julio de 1778, puso fin al mando del comodoro Hopkins, ordenó al Departamento del Tesoro abonar las tasas judiciales de Shaw y Marvin y promulgó por unanimidad la primera ley estadounidense de protección de los informantes. 

Dicha ley estipulaba que era "el deber de todas las personas al servicio de Estados Unidos, así como del resto de los habitantes de este país, notificar lo antes posible al Congreso o a cualquier otra autoridad pertinente cualquier mala conducta, fraude o falta cometidos por cualquier oficial o persona al servicio de dicho Estado y que pudiese haber llegado a su conocimiento".

Esta ley me dio esperanzas entonces, y aún me las da. Incluso en las horas más oscuras de la Revolución, con la existencia misma del país en juego, el Congreso no solo agradeció un acto de disidencia por principios, sino que consagró ese tipo de actos como un deber. Llegada la última mitad de 2012, yo estaba decidido a ejercer ese deber, aunque sabía que mis revelaciones las iba a hacer en un momento muy distinto: un momento más cómodo y a la vez más cínico. 

Pocos de mis superiores en la Intelligence Community, si es que había alguno, habrían sacrificado sus carreras por los mismos principios estadounidenses por los que el personal militar sacrifica con frecuencia su vida. Y en mi caso, recurrir a un escalón más alto en "la cadena de mando" —que la IC prefiere denominar "los canales adecuados"— no era una opción, como sí lo fue para los diez hombres de la tripulación del Warren. Mis superiores no solo eran conscientes de lo que estaba haciendo la agencia, sino que estaban dirigiendo esas acciones ellos mismos: eran cómplices.

En organizaciones como la NSA —en las que las prácticas ilícitas se han convertido en algo tan estructural que no son ya cuestión de una iniciativa en concreto, sino de una ideología—, los canales adecuados no acaban siendo más que una trampa en la que atrapar a los herejes y adversos. Yo ya había experimentado un fallo de mando en Warrenton, y luego de nuevo en Ginebra, donde en el desarrollo de mis deberes había descubierto una vulnerabilidad de seguridad en un programa crucial. 

Había informado sobre esa vulnerabilidad, y cuando nadie hizo nada al respecto, también lo comuniqué. A mis supervisores no les gustó que hiciese tal cosa, porque a sus supervisores tampoco les había gustado. La cadena de mando es realmente una cadena que ata, y los eslabones de abajo solo pueden subir si lo hacen los de arriba.

Pertenecer a una familia de guardas costeros me había permitido fascinarme desde siempre con la cantidad de vocabulario correspondiente al ámbito de la revelación de secretos que tiene un trasfondo náutico en inglés. Antes incluso de los tiempos de la fragata Warren, las organizaciones, igual que los navíos, sufrían filtraciones, o leaks en inglés. Cuando el vapor sustituyó al viento como mecanismo de propulsión, se soplaban silbatos, o whistles, en el mar para indicar distintas intenciones y emergencias: un soplo para pasar por el puerto, dos soplos para pasar a estribor, cinco para una advertencia.

Por su parte, en otras lenguas europeas esos mismos términos están con frecuencia cargados con valencias políticas que vienen condicionadas por el contexto histórico. Los franceses utilizaron denonciateur durante gran parte del siglo XX, hasta que en la época de la Segunda Guerra Mundial la asociación de la palabra con ser un "denunciante" o "informante" para los alemanes provocó que se diese preferencia al uso de lanceur d’alerte ("el que lanza una alerta"). El alemán, una lengua que ha luchado contra su pasado cultural ligado a los nazis y a la Stasi, evolucionó más allá de su propio Denunziant e Informant para incorporar el poco satisfactorio Hinweisgeber ("el que da consejos"), Enthueller ("revelador"), Skandalaufdecker ("descubridor de escándalos") e incluso un término marcadamente político como ethische Dissidenten ("disidente ético"). 

No obstante, el alemán usa pocas de esas palabras online; con respecto a las revelaciones actuales basadas en internet, sencillamente ha cogido prestado el término inglés whistleblower y ha creado el verbo leaken a partir también del inglés. Por otro lado, los idiomas de regímenes como el de Rusia y China emplean términos cargados con una connotación peyorativa de "chivato" o "traidor". En dichas sociedades, haría falta una prensa libre y fuerte para imbuir esas palabras de unos tintes más positivos, o para acuñar otras nuevas que enmarcasen las revelaciones no en el terreno de la traición, sino en el de un honroso deber.

En última instancia, todos los idiomas, incluido el inglés, demuestran la relación de su cultura con el poder por el modo en el que eligen definir el acto de revelar información. Incluso las palabras inglesas derivadas del lenguaje marino que parecen neutrales y benignas enmarcan ese acto desde la perspectiva de la institución que se percibe a sí misma como perjudicada, no desde el punto de vista del público al que esa institución ha fallado. Cuando un organismo denuncia "una filtración", eso lleva implícito que el "filtrador" ha dañado o saboteado algo.

Actualmente, los términos "filtración" y "soplo" se tratan a menudo como conceptos intercambiables. Sin embargo, en mi opinión, "filtración" debería utilizarse de un modo distinto a como se usa comúnmente. Habría que usarlo para describir actos de revelación hechos no por el interés público, sino por el interés personal, o en beneficio de unos objetivos institucionales o políticos. Para ser más preciso, entiendo una filtración como algo más próximo al trabajo de un infiltrado, o un caso de "siembra de propaganda": la liberación selectiva de información protegida para influir en la opinión pública o afectar a un proceso de toma de decisiones. 

Es raro que pase un solo día sin que algún funcionario de alto rango del Gobierno "sin nombre" o "anónimo" filtre, mediante una insinuación o un apunte a un periodista, alguna información clasificada que suponga un adelanto de su agenda o de las actividades de su agencia o partido.

Esta dinámica quizá tenga su ejemplo más descarado en un incidente ocurrido en 2013, cuando unos agentes de la Intelligence Community, probablemente con intención de inflar la amenaza del terrorismo y desviar las críticas contra la vigilancia masiva, filtraron a varios sitios web de noticias unos relatos con todo lujo de detalles sobre una teleconferencia entre el líder de Al Qaeda Ayman al-Zawahiri y sus afiliados internacionales. En esa llamada "teleconferencia de la muerte", Al-Zawahiri debatía supuestamente cuestiones de cooperación organizativa con Nasser al-Wuhayshi, líder de Al Qaeda en Yemen, y con representantes de los talibanes y de Boko Haram. 

Al desvelar su capacidad para interceptar esa teleconferencia (es decir, si nos creemos la filtración, que consistía en una descripción de la llamada, no en una grabación), la IC estaba tirando por la borda, sin posibilidad de volver atrás, un método extraordinario gracias al cual recibía información sobre los planes e intenciones de los más altos rangos del liderazgo terrorista, y lo hacía únicamente para ganarse una posición ventajosa momentánea en las noticias. No procesaron ni a una sola persona como resultado de esta artimaña, aunque fuese sin ninguna duda una maniobra ilegal y le costase a Estados Unidos la posibilidad de seguir teniendo pinchada la supuesta línea directa de Al Qaeda.

La clase política estadounidense había demostrado por activa y por pasiva su voluntad de tolerar filtraciones que sirviesen a sus propios fines, e incluso de generarlas. La IC anuncia a menudo sus "éxitos", independientemente del nivel de clasificación que puedan tener y de las posibles consecuencias de hacerlo. 

En la memoria reciente, no hay ningún ejemplo más claro en este sentido que las filtraciones relacionadas con el asesinato extrajudicial en Yemen del clérigo extremista Anwar al-Aulaqi, estadounidense de nacimiento. Al hacer público sin respiro alguno el ataque con drones contra Al-Aulaqi a través del Washington Post y The New York Times, la Administración Obama admitía tácitamente la existencia del programa de drones de la CIA y su «matriz de disposición», o lista de asesinatos, cuestiones ambas que oficialmente son secretas. 

Asimismo, el Gobierno confirmaba con ello, de forma implícita, que tomaba parte no solo en asesinatos selectivos, sino además en asesinatos selectivos de ciudadanos estadounidenses. Estas filtraciones, conseguidas del mismo modo coordinado que sigue cualquier campaña mediática, fueron demostraciones impactantes del enfoque circunstancial que el Estado da a la confidencialidad: un precinto que debe conservarse para que el Gobierno actúe con impunidad, pero que puede romperse siempre que el Gobierno quiera atribuirse méritos.

Únicamente en este contexto puede entenderse por completo la relación latitudinal del Gobierno estadounidense con las filtraciones. Ha perdonado filtraciones "no autorizadas" cuando estas han generado unos beneficios inesperados, y ha olvidado filtraciones "autorizadas" cuando han provocado algún daño. Sin embargo, si el carácter inocuo y la falta de autorización de una filtración, por no mencionar su ilegalidad esencial, suponen poca diferencia en cuanto a la reacción del Gobierno, ¿qué es entonces lo que marca esa diferencia? ¿Qué hace que una revelación sea permisible y otra no?

La respuesta es el poder. La respuesta es el control. Una revelación se considera aceptable solo si no supone un desafío a las prerrogativas fundamentales de una institución. Si puede suponerse que los diversos componentes de una organización, desde la oficina de clasificación de correspondencia hasta el conjunto ejecutivo, tienen todos el mismo poder para debatir asuntos internos, eso quiere decir que los Ejecutivos han cedido su control sobre la información y está en peligro el funcionamiento ininterrumpido de la organización. 

Aprovechar esa igualdad en cuanto a voz, independiente de la jerarquía administrativa o decisoria de una organización, es lo que significa propiamente el término "dar un soplo", o ser un denunciante; y este acto resulta particularmente amenazante para la IC, una institución que funciona de acuerdo con una estricta compartimentación y bajo un velo de confidencialidad legalmente codificado.

Un "soplón" o "denunciante", según mi definición, es una persona que, tras pasar por una dura experiencia, ha llegado a la conclusión de que su vida dentro de una institución se ha hecho incompatible con los principios desarrollados en el conjunto de la sociedad que está fuera de ella, y con la lealtad debida a dicha sociedad, cuestión por la que esa institución debería rendir cuentas. La persona es consciente de que no puede permanecer en la institución, y sabe además que la institución no se puede desmantelar, o que no va a hacerse tal cosa. Sin embargo, considera que la institución sí podría reformarse, así que da el soplo y revela la información pertinente para incorporar el factor de la presión pública.

Lo anterior es una buena descripción de mi situación, con un añadido crucial: toda la información que yo pretendía desvelar estaba clasificada como secreta. Para dar un soplo sobre programas secretos, me veía obligado además a dar un soplo sobre el sistema de confidencialidad en su conjunto, de forma que lo expusiera no como la prerrogativa estatal absoluta que la IC afirmaba que era, sino más bien como un privilegio ocasional del que la IC abusaba para subvertir la supervisión democrática. Sin sacar a la luz el alcance completo de este esquema de confidencialidad sistémica, no habría esperanza ninguna de restaurar un equilibrio de poder entre los ciudadanos y su gobernanza. Esta restauración es el motivo que considero esencial en el acto de dar un soplo: marca la revelación de información no como un acto radical de disensión o resistencia, sino como un acto convencional de regreso; le indica al barco que vuelva a puerto, donde lo van a desmantelar y a reformar y van a tapar las filtraciones, antes de darle la oportunidad de empezar de nuevo.

Esa era la única respuesta adecuada a la dimensión del delito: una exposición absoluta del aparato de vigilancia masiva al completo, y no hecha por mí, sino por los medios de comunicación, esto es, la cuarta rama de facto del Gobierno estadounidense, protegida por la Carta de Derechos. Después de todo, no iba a bastar con desvelar sencillamente un abuso en concreto, o una serie de abusos, que la agencia pudiera dejar de cometer (o fingir que lo hacía), mientras el resto del aparato en la sombra permanecía intacto. Por el contrario, estaba decidido a sacar a la luz un hecho único que lo abarcaba todo: que mi Gobierno había desarrollado un sistema global de vigilancia masiva, y lo estaba usando sin el conocimiento ni el consentimiento de su ciudadanía.

Las circunstancias pueden hacer que un denunciante o "soplón" surja en cualquier nivel activo de una institución. Sin embargo, la tecnología digital nos ha llevado a una era en la que, por primera vez en la historia desde que se tienen registros, los denunciantes más efectivos llegarán de abajo arriba, de las filas tradicionalmente menos incentivadas para mantener el statu quo. En la IC, como en casi cualquier institución descentralizada de tamaño enorme que dependa de ordenadores, esas filas inferiores están plagadas de tecnólogos como yo, cuyo acceso legítimo a una infraestructura vital resulta extremadamente desproporcionado con respecto a su autoridad formal para influir en decisiones institucionales. 

En otras palabras, suele existir un desequilibrio prevalente entre lo que la gente como yo debe saber, supuestamente, y lo que tenemos la capacidad de saber, así como entre el poco poder del que disponemos para cambiar la cultura institucional y el enorme poder que tenemos para trasladar nuestras preocupaciones a la cultura en general. Pese a que sin duda se puede abusar de esos privilegios tecnológicos (al fin y al cabo, la mayoría de los tecnólogos que trabajan en sistemas tiene acceso a todo), el mayor ejercicio que se hace de ellos es en casos relacionados con la propia tecnología. Unas habilidades especiales conllevan unas mayores responsabilidades. Los tecnólogos que pretendan informar sobre el mal uso sistémico de la tecnología deberán hacer algo más que publicar sus hallazgos, si es que quieren que se entienda la importancia de dichos hallazgos. Tienen el deber de contextualizarlos y explicarlos, de desmitificarlos.

Unas pocas docenas de las personas mejor posicionadas en todo el mundo para hacer esto se encontraban allí: estaban sentadas a mi alrededor en el Túnel. Mis compañeros tecnólogos llegaban todos los días y se sentaban ante sus terminales para seguir haciendo el trabajo del Estado. No eran inconscientes sin más de los abusos cometidos por ese Estado, sino que no tenían ninguna curiosidad al respecto, y esa falta de curiosidad no los hacía malvados, sino trágicos. Daba igual que hubiesen recalado en la IC por patriotismo o por oportunismo: una vez que habían entrado en la maquinaria, se habían convertido ellos mismos en máquinas."                        (  , El País, 13/08/19

6.6.11

Jack Warner y Mohamed bin Hammam, ofrecieron 40.000 dólares a cada uno de los 24 directivos de federaciones de la zona si votaban por Hamman

"En noviembre, el Comité de Ética de la FIFA suspendió a dos de los 24 miembros de la Comisión Ejecutiva que dirige el fútbol mundial. El nigeriano Adamu y el Reynald Temarii habían sido grabados por reporteros del diario The Sunday Times -que se hacían pasar por representantes de la candidatura de EE UU Mundial 2022- aceptando dinero a cambio de votar por ese país. (...)

Pero sí tuvo en consideración otras vertidas el 26 de mayo: las de un miembro del Comité Ejecutivo y secretario general de la Concacaf (la Confederación de América del Norte y del Sur y el Caribe), Chuck Blazer, que aseguró que su presidente, Jack Warner, y el candidato alternativo a Blatter a la presidencia de la FIFA, el catarí Mohamed bin Hammam, ofrecieron 40.000 dólares (27.600 euros) a cada uno de los 24 directivos de federaciones de la zona si votaban por Hammam.

El catarí, que preside el fútbol asiático, renunció a sus aspiraciones presidenciales horas antes de ser suspendido, el domingo pasado, por la FIFA. Warner, que también fue suspendido, divulgó como represalia parte de un correo de un alto cargo de la FIFA en el que este critica a Hammam por retar a Blatter: "Creyó que se puede comprar la FIFA como compró el Mundial".

Esta catarata de acusaciones de corrupción han convertido a la FIFA en un organismo bajo sospecha al mismo nivel que estaba el Comité Olímpico Internacional (COI) hace 10 años. (...)

Mucha gente se ha opuesto al golpe de mano inglés no para defender a Blatter sino por la dudosa legitimidad moral de quienes han querido derrocarle.

De la misma forma que la inmensa mayoría de quienes se oponían a la guerra de Irak detestaban a Sadam, pero no entendían por qué querían derrocarle quienes le tuvieron como aliado cuando cometió sus peores crímenes.

Inglaterra apoyó el ascenso de Blatter a la presidencia de la FIFA en 1998 porque pensaba que eso le ayudaría a conseguir el Mundial de 2006, que finalmente se fue a Alemania. Y ahora ha ocultado los casos de corrupción que conocía para no dañar sus opciones a conseguir el de 2018. Solo cuando ha perdido esa batalla ha decidido denunciar la corrupción de la FIFA.

El propio lord Triesman admitió en su declaración en los Comunes que no había hablado antes para no poner en peligro la candidatura. ¿Habría hablado después si Inglaterra hubiera conseguido el Mundial?

"La federación inglesa no tiene autoridad moral" para presentarse como alternativa a Blatter, escribió el miércoles el periodista Matthew Syed en un valiente artículo en The Times, encuadrado en el grupo mediático más activo contra Blatter. Inglaterra no sólo ocultó la corrupción de otros para no dañar sus intereses, sino que la practicó.

Aunque de manera más sibilina que ofreciendo cheques contra votos. Así lo concluye Syed al analizar varios episodios de la candidatura inglesa al Mundial 2018. Por ejemplo, se comprometió a jugar un amistoso en Tailandia que se canceló horas después de que el representante tailandés en la FIFA reculara en su promesa de votar por Inglaterra.

"Quizás en la FA crean que proponer un amistoso no constituía un acto de corrupción. Pero entonces tienen que explicar la diferencia moral entre enviar un sobre lleno de dinero a la federación tailandesa y enviarle el valor más preciado -sus jugadores- para conseguir el mismo objetivo", escribe Syed.

El periodista recuerda lo sorprendida que se quedó Inglaterra al saber que solo había logrado dos votos. Eso significaba que Corea del Sur, que optaba al Mundial 2022, no había cumplido su compromiso de intercambiarse los apoyos, algo prohibido. (...)

La FIFA está abocada al mismo proceso de renovación que vivió el COI. Y los garantes no van a ser pulcros académicos o combativos periodistas, sino frías multinacionales que no quieren arriesgar en un organismo con mala imagen: Adidas, Coca-Cola, Sony, Visa, Hyundai/ Kia y Emirates. Poderoso caballero, don Dinero." (El País, 05/06/2011, p. 64)

18.9.08

El "paraíso fiscal" marbellí



El bufete de Del Valle blanqueó 12 millones de euros de origen criminal.

(…) detalla la trama organizada para blanquear 12 millones de euros procedentes de la actividad de mafias criminales a través del despacho de abogados que dirigía el chileno Fernando del Valle.

Este letrado tejió una telaraña empresarial para garantizar el anonimato de sus clientes, generalmente extranjeros dedicados a la delincuencia.

El frenesí blanqueador de Del Valle lo apunta el hecho de que, hasta su detención, el abogado participaba en 194 sociedades extranjeras, 143 con sede en el Estado norteamericano de Delaware, cuyo permisivo sistema fiscal favorece la opacidad y otras 39 en paraísos fiscales (Gibraltar, isla de Man, Panamá, Islas Vírgenes...). Del Valle controlaba 523 sociedades, entre firmas nacionales y foráneas. El abogado alegó que buscaba la mayor rentabilidad y opacidad para sus clientes por mero beneficio fiscal, pero que ignoraba el origen del dinero. El perfil de sus clientes le delata. Son lo peor de cada país, de cada mafia. No se le coló un delincuente, se le colaron una decena de capos de varias mafias.

- Sophian Hambli, la conexión turca. A raíz de una comisión rogatoria de Francia -donde se halla preso por su relación con el tráfico de drogas a gran escala-, se descubrió que sus ganancias eran gestionadas en España por su suegro, Mabrouk Chebicheb, afincado en la Costa del Sol, que le diseñó toda una cadena de testaferros. Blanqueó 1,5 millones de euros a través de Del Valle.

- Djamel Talhi, la conexión argelina. Acudió al despacho de Del Valle para camuflar sus beneficios de la droga. Sólo le blanqueó 85.000 euros.

- Hervey y Karen Levin, conexión británica. Está relacionado con un fraude cometido en el Reino Unido, conocido como caso Eprom. Una firma del matrimonio pedía el pago por adelantado de componentes electrónicos que luego no entregaban. Así amasaron un botín de unos 227.000 euros. Del Valle se dedicó a blanquear este dinero.

- Aimo y María Voulatinen, conexión sueca. Aimo fue condenado en 1998 en Suecia a cuatro años de prisión por delitos fiscales y de doble contabilidad. Una vez más, el fruto del delito en el extranjero, encontró en España un paraíso del blanqueo de la mano del laborioso letrado chileno. En total, le puso a salvo de la ley un total de 780.000 euros.

- Artous Ramian, conexión iraní. Su currículo penal es amplio: homicidio doloso en grado de tentativa en Marbella y antecedentes en Estados Unidos por atraco, amenazas, tráfico de drogas, robo, detención ilegal, allanamiento de morada, y tenencia ilícita de armas. Y con una poderosa red de testaferros para canalizar sus ilícitas ganancias a España, donde Del Valle las ocultó y dio esplendor. Entre sus compinches se citaban rusos vinculados a la prostitución y al narcotráfico. La cuantía blanqueada a este delincuente se cifra en 1,5 millones de euros.

- Paul Leon Clemente, conexión francesa. Fue investigado en 1999 en España por tráfico de cocaína. Leon también está adscrito a un capo de la mafia marsellesa, Jean Gilbert Para, que alternaba el tráfico de drogas con el de armas, municiones y explosivos. Tal amigo marsellés desapareció secuestrado en Ronda. El propio Leon recibió un amistoso recado de algún socio descontento: un artefacto explosivo de gran potencia a la puerta de su casa en Marbella coronado por una moneda de 20 peniques. En lenguaje mafioso, le exigían una deuda por tráfico de drogas.

En 2000 contacta con Del Valle para blanquear 1,2 millones de euros. Leon controlaba un restaurante marbellí, Visconti, cuyos empleados, según el fiscal, contaban en su "inmensa mayoría" con antecedentes por narcotráfico. En ese restaurante se registró un crimen en diciembre de 2007. (…)

Fernando del Valle cumplía la opacidad que publicitaba al ofrecerse a todos aquellos "individuos que desean mantener el anonimato de sus inversiones". El problema sobrevino cuando esos discretos individuos resultaron destacados hampones. Del Valle creó en España a cada cliente una sociedad de responsabilidad limitada. Sus socios eran una persona jurídica extranjera radicada en el opaco estado norteamericano de Delaware o en un paraíso fiscal y fundada y gestionada por Del Valle (con el 99% del accionariado) y una persona física española (un subordinado de Del Valle, con el 1% restante).

El mafioso, a través de un escrito privado con Del Valle, mantenía el control de su sociedad extranjera. El sistema no sólo ocultaba el dueño real de la sociedad española, sino el flujo del dinero criminal.

¿Cuál era el truco? Que se abría una cuenta bancaria en España a nombre de la firma extranjera que copaba el accionariado de la firma constituida en España. La cuenta siempre tenía un único autorizado: Del Valle. Como las sociedades extranjeras tenían la condición de no residentes, cualquier traspaso que efectuase hacia su sociedad española participada figuraba como una inversión exterior directa. Y lo más importante: también figuraban como entradas del exterior las aportaciones en metálico que el letrado hacía en ellas en España a través de las distintas oficinas bancarias.

Por tanto, el fisco español sólo podía saber que una firma española se nutría de fondos de una desconocida empresa extranjera, con los que adquiría diferentes propiedades en la Costa del Sol.” (El País, ed. Galicia, España, 17/09/2008, p. 16)

29.7.08

Los "conseguidores" de las cárceles

“Imputados por corrupción cinco funcionarios de la cárcel de Palma.

Entre los muros de la cárcel de Palma, cinco funcionarios y seis reclusos habían establecido sus propias leyes mafiosas, con tráfico de estupefacientes y palizas incluidos. El envío de un corazón de cerdo al director de la prisión fue el principio del fin de las dos bandas, corruptas y enfrentadas, que controlaban empleados de Instituciones Penitenciarias. Uno de los implicados es un médico de prisiones, que presuntamente manipulaba los análisis de control de consumo de drogas, según fuentes policiales. (…)

Las bandas mafiosas introducían droga en la prisión para el tráfico entre reclusos, proporcionaban teléfonos móviles a delincuentes con patrimonios multimillonarios y condenas por delitos económicos, extorsionaban a reclusos que no se avenían a sus estrategias y, además, daban palizas, según la narración de la policía.

La investigación, denominada Operación KO, se efectuó bajo la dirección de la Fiscalía Anticorrupción. Se supone que las acciones de los miembros de estas bandas, que incluían "daños físicos y psicológicos", están detrás de las peticiones de traslados a la Península y bajas por depresión de funcionarios que no comulgaban con estos métodos.” (El País, ed. Galicia, España, 20/07/2008, p. 21)

7.9.07

El mejor negocio es la emigración

“P. ¿Podría hacer un ránking imaginario de la principal actividad de los grupos organizados? ¿Droga? ¿Prostitución?

R. El tráfico de seres humanos. Hay gente que está pagando muchísimo por que la traigan a Europa. Esto está generando muchísimos beneficios. A veces no es sólo una organización la que lo lleva todo, sino varios grupos que se encargan de diferentes cosas.” (MARÍA MARCOS SALVADOR (DIRECTORA DEL CENTRO DE INTELIGENCIA CONTRA EL CRIMEN ORGANIZADO): "Las fronteras son permeables para capitales, personas y crimen organizado"; El País, Domingo, 29-07-07, pp. 10)

27.3.07

Estrangulan a un humillado honrado

Muere estrangulado en un hotel de Jamaica el preparador de la selección paquistaní de críquet tras una humillante derrota. (…)

Para el ex jugador del país musulmán Sarfraz Nawaz, el móvil del asesinato es obvio. Según ha comentado a la prensa, Woolmer "ha sido eliminado" porque se disponía a destapar un escándalo de trampas y resultados previamente pactados en encuentros de críquet. (El País, Última, 24/03/2007)

¿Tan humillante fue la derrota?

9.1.07

Nuevo oficio: proveedor de billetes de 500 euros

La demanda de estos billetes ( 500 euros ) ha convertido al proveedor en un elemento imprescindible dentro de las mafias internacionales del narcotráfico y del blanqueo de dinero, dando lugar a una nueva profesión que obtiene rentables comisiones. El billete grande se está pagando a 50 euros.

Antonio Martínez afirma que a esta nueva profesión se dedican incluso empleados de bancos que tienen acceso a estos billetes con mayor facilidad. En una reciente investigación se detuvieron en Madrid a varios directores de sucursales bancarias que daban cobertura al dinero negro de traficantes de drogas.

(…) Según datos del Banco Mundial, más de 500.000 millones de dólares son blanqueados cada año, lo que supone un 3% del PIB del planeta.