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12.12.17

Aunque casi la mitad de los israelíes creen que Netanyahu es corrupto, una mayoría afirmó que seguirían votando por él... me suena

"Conduzca o no la ristra de escándalos que ahora acusan al primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu a su destitución, poco importa.

Aunque casi la mitad de los israelíes encuestados el pasado julio – bastante antes de que los escándalos dieran un giro más turbio – creen que Netanyahu es corrupto, una mayoría de israelíes afirmó que seguirían votando por él.

Un sondeo reciente llevado a cabo por el Canal 10 de Israel llegó a la conclusion de que, si hoy se celebraran elecciones, Netanyahu conseguiría un 28%, mientras que los contendientes que más se le acercan, Avi Gabbay, del Campo Sionista, y Yair Lapid, de Yesh Atid, recogerán cada uno el 11% de los votos.

“El próximo estadio, que se está acercando, es que los ciudadanos de Israel reelijan a un delincuente y le confíen su destino”, escribió Akiva Eldar, destacado columnista israelí, en respuesta a la popularidad constante de Netanyahu, pese a las acusaciones de corrupción y de repetidas investigaciones de la policía.

Pero Eldar no tendría que sorprenderse. La corrupción política, el soborno y la malversación de fondos han sido la norma – no la excepción – en la política israelí.

Alex Roy lo expone de modo más sucinto en un artículo reciente del Times of Israel: “El hecho de que (Netanyahu) tenga todavía bastantes oportunidades de ser primer ministro después de las próximas elecciones dice más acerca de cómo nos hemos acostumbrado a la corrupción que de cuán limpio está él”.

Roy escribió que su país “se ha acostumbrado a los delincuentes politicos”, simplemente porque “cada uno de los primeros ministros en el último cuarto de siglo ha tenido que afrontar causas penales”.

Lleva razón, pero hay dos cuestiones de importancia que están ausentes en un debate que hasta tiempos recientes se había visto en su mayor parte limitado a los medios informativos israelíes.

En primer lugar, la naturaleza de la falta de ética de Netanyahu es diferente de la de sus predecesores. Esto reviste gran importancia.

En segundo lugar, la aparente aceptación de la corrupción por parte de la sociedad israelí podría tener menos que ver con el supuesto de que “se han acostumbrado” a la idea y más con el hecho de que la cultura, en su conjunto, se ha hecho corrupta. Y hay una razón para ello.

Para dejarlo claro, la presunta corrupción de Netanyahu resulta bastante distinta de la del exprimer ministro israelí, Ehud Olmert.

Olmert era un corrupto al viejo estilo. En 2006, se le encontró culpable de aceptar sobornos mientras desempeñaba el cargo de alcalde de Jerusalén. En 2012, se le condenó por abuso de confianza y soborno, esta vez como primer ministro. En 2015, fue sentenciado a seis años de cárcel.

Se procesó a otros altos, entre ellos al presidente Moshe Katsav, que fue condenado por violación y obstrucción de la justicia.

Estos cargos quedaron en buena medida limitados a una persona o dos, lo que dejaba la naturaleza de la conspiración en algo bastante limitado. Los comentaristas de los medios israelíes y occidentales utilizaron esos procesamientos para poner de manifiesto la salud de la democracia israelí, comparada sobre todo con sus vecinos árabes.

Las cosas son diferentes con Netanyahu. La corrupción se está convirtiendo en Israel en algo más parecido a las operaciones de la mafia, implicando a funcionarios electos, jefazos militares, abogados importantes y grandes conglomerados empresariales.

La naturaleza de las investigaciones que se ciernen sobre Netanyahu apuntan a este hecho.

Netanyahu está enredado en el ‘Expediente 1000’, según el cual el primer ministro y su mujer aceptaron regales de gran valor financiero de un renombrado productor de Hollywood, Arnon Milchan, a cambio de favores que, de confirmarse, precisaban que Netanyahu recurriera a su influencia como primer ministro.

El ‘Expediente 2000’ se refiere al asunto Yisrael Hayom. En este caso, Netanyahu llegó a un acuerdo secreto con el editor del destacado diario Yedioth Ahronoth, Arnon Mozes. A tenor de este acuerdo, Yedioth se avino a rebajar sus críticas de las medidas políticas de Netanyahu a cambio de la promesa del primero de mermar la venta de un diario rival, el Yisrael Hayom.

Yisrael Hayom es propiedad del magnate de negocios proisraelí, Sheldon Adelson, estrecho y poderoso aliado de Netanyahu hasta que salieron a la luz las noticias del acuerdo con el Yedioth. Desde entonces, el Yisrael Hayom se ha vuelto contra Netanyahu.

El ‘Expediente 3000’ se refiere al asunto de los submarinos alemanes. Altos asesores de seguridad nacional, todos muy estrechamente alineados con Netanyahu, estaban implicados en la adquisición de submarines alemanes que se estimaban innecesarios, pero le costaron al Estado miles de millones de dólares. Grandes sumas de este dinero fueron desviadas por el círculo íntimo de Netanyahu y transferidas a cuentas bancarias privadas y secretas.

Este caso es particularmente significativo en lo que se refiere a la extendida corrupción en los más altos círculos de Israel.

Centrales en esta investigación son los primos y dos estrechos confidentes de Netanyahu: su abogado personal, David Shimron y el ‘ministro de Exteriores de facto’, Isaac Molcho. Este último ha logrado levantar para Netanyahu una red impresionante, en buena medida oculta, en la que son en gran medida difusas las líneas entre política exterior, ingentes contraltos del gobierno y acuerdos de negocios personales.

También tenemos el ‘asunto Berzeq’ que implica al gigante israelí de las telecomunicaciones, Berzeq, y al aliado político y amigo de Netanyahu, Shlomo Filber.

Netanyahu fue ministro de Comunicaciones hasta que se le ordenó judicialmente que dejara el cargo en 2016. De acuerdo con los informes de los medios, Filber, substituto cuidadosamente seleccionado, desempeñó el papel de ‘espía’ de la central para garantizar que las decisiones cruciales que tomara el gobierno se comunicaran con antelación a la empresa.

Lo más fascinante acerca de la corrupción de Netanyahu es que no se trata de algo que sea reflejo solamente de él: se trata de una corrupción por capas, que entraña una gran cadena en los escalones superiores de Israel.

Hay algo más en la disposición de la opinión pública israelí a aceptar la corrupción que su incapacidad de detenerla.

La corrupción en la sociedad israelí se ha vuelto particularmente endémica desde la ocupación de Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza en 1967. La idea de que los israelíes communes y corrientes pueden mudarse a una vivienda palestina, desahuciar a la familia, con pleno apoyo de los militares, el gobierno y los tribunals, ejemplifica la corrupción moral al grado máximo.

Sólo era cuestión de tiempo que esta masiva corrupción organizada – la ocupación militar, la iniciativa de los asentamientos, el blanqueamiento de los crímenes israelíes por parte de los medios – se filtrara hasta el cauce principal de la sociedad israelí, que está podrida hasta la médula.

Mientras que pudiera ser que los israelíes se hayan ‘acostumbrado’ a su propio corrupción, los palestinos, no, porque el precio de la corrupción moral israelí es demasiado para que puedan soportarlo."

(Razmy Baroud , columnista, consultor de medios, creador de PalestineChronicle.com, Sin Permiso, 08/12/17)

4.4.17

La delegación de Amnistía Internacional en Israel estaba (¿está?) a sueldo del gobierno israelí

"En la edición del viernes de Haaretz llamaba la atención un artículo sobre Amnistía Internacional. El texto dice que en 1970, mientras el ministro de la Policía Shlomo Hillel despotricaba desde el podio de la Kneset contra Amnistía Internacional diciendo que Israel “ya no podía confiar en la buena voluntad y en la justicia de Amnistía Internacional”, Israel se había infiltrado en lo más alto de la organización.
 
Resulta que documentos en poder del Instituto Akevot de Tel Aviv sobre los que Haaretz habla por primera vez “revelan que algunas de las personas que dirigían Amnistía Internacional desde finales de los años sesenta a mediados de los años setenta informaban de sus actividades directamente y en tiempo real al ministerio de Exteriores de Israel, consultaban con sus funcionarios y les pedían instrucciones acerca de cómo proceder”.

Eso es lo que hacía Amnistía Internacional mientras el ministro de la Policía de Israel aseguraba cínicamente en la Kneset que “ya no podía confiar en la buena voluntad” de la organización.

Es bastante posible que esa infiltración no terminara a mediados de los años setenta. Viendo lo que ocurre hoy uno tiene la sensación de que el tiempo no ha pasado. Como hacía el ministro de Policía israelí en 1970, las autoridades israelíes de nuestros días también protestan, y lo hacen con las mismas palabras que entonces, pero los informes de Amnistía Internacional no dejan de ser sospechosos.

Para más ironía, Haaretz señala, de acuerdo con los documentos de Tel Aviv, que la oficina de Amnistía Internacional en Israel “contaba entonces con el apoyo de considerables fondos que le transfería el ministerio de Exteriores” israelí, que sufragaba muchos de los gastos de la organización.

En fin, bien podría tratarse de una guasa más si no fuera por los datos tan precisos que apuntan los documentos del Instituto Akevot, que por ejemplo dan cuenta de que incluso la delegación de Amnistía Internacional en Israel estuvo dirigida por el profesor Yoram Dinstein, un infiltrado de Israel que más tarde llegó a presidir la Universidad de Tel Aviv.

Existen numerosos indicios de que aquellos gloriosos tiempos no acabaron a mediados de los setenta."                   (Eugenio García Gascón, Público, 20/03/17)

12.1.16

Olmert, primer jefe de Gobierno de Israel encarcelado por corrupción

"El Tribunal Supremo de Israel ha confirmado este martes la condena por corrupción al ex primer ministro Ehud Olmert (2006-2008), que se convertirá en el primer político que llegó a ser jefe de Gobierno en ser encarcelado en la historia del Estado judío.  (...)

El proceso contra Olmert tiene su origen en su etapa como alcalde de Jerusalén (1992-2003) por haber aceptado sobornos para rectificar el proyecto urbanístico Holy Land, un conjunto de torres de pisos de lujo construidos en la zona suroccidental de la Ciudad Santa. 

Los promotores pagaron decenas de millones de euros a políticos y funcionarios para lograr los permisos de construcción en 1999. Su renuncia, hace ahora siete años, puso fin a un proceso de paz con los palestinos en el que las negociaciones para el establecimiento de las solución de los dos Estados habían avanzado.

La muerte de uno de los testigos clave en la causa antes de la revisión de la primera sentencia en apelación ante el Supremo ha sido la principal razón para la reducción de la pena, ya que los abogados de Olmert alegaron que era la única prueba que podría confirmar que había recibido 500.000 chequels (unos 125.000 euros, al cambio actual) de los promotores de Holy Land. 

El Alto Tribunal solo ha dado por probado que el entonces alcalde de Jerusalén recibió 60.000 chequels por otrosoborno, lo que ha rebajado la cuantía del delito.  (...)"             (   , El País, Jerusalén 29 DIC 2015)

15.4.11

El ministro de Exteriores israelí, imputado por fraude y blanqueo de dinero

"Avigdor Lieberman, viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Israel, fue informado ayer por la Fiscalía General de que se le imputaban los presuntos delitos de fraude, blanqueo de dinero, abuso de confianza y manipulación de testigos.

Lieberman, fundador y líder del partido ultranacionalista Yisrael Beitenu, tercera fuerza política del país, parecía dispuesto a seguir en el Gobierno hasta que se formalizara su procesamiento. El trámite podría durar seis meses más. (...)

La fiscalía empezó a investigarle 10 años atrás, por haber recibido ilegalmente 800.000 euros de un empresario austriaco para su primera campaña electoral. Luego, según la fiscalía, se descubrió que mientras era ministro de Transportes fundó al menos seis sociedades instrumentales, a través de las cuales ingresó 2,5 millones de euros por contratos que él mismo adjudicaba. Los cargos de fraude, blanqueo de dinero y abuso de confianza se basan en esos hechos.

El año pasado, ya como ministro de Exteriores, cometió otro presunto delito. El Ministerio de Justicia ordenó al embajador israelí en Bielorrusia que recabara de las autoridades locales un documento necesario para el sumario contra Lieberman; el embajador, subordinado del ministro, guardó una copia del documento y se la entregó a su jefe. De ahí la manipulación de testigos." (El País, 14/04/2011, p. 5)