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25.1.24

¿Quién enseñó a los principales dirigentes deportivos y políticos sudafricanos corrupción de primer orden; concretamente, cómo comprar los derechos de organización de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA? Uno de los principales sospechosos es el gran centrocampista Franz Beckenbauer

 "¿Quién enseñó a los principales dirigentes deportivos y políticos sudafricanos corrupción de primer orden; concretamente, cómo comprar los derechos de organización de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA?

Uno de los principales sospechosos es el gran centrocampista Franz Beckenbauer, fallecido el domingo 7 de enero en Salzburgo (Austria), no lejos de su Múnich natal. Le vi jugar de líbero en el Cosmos de Nueva York a finales de los años 70, cuando él y otras leyendas como Pelé, Chinaglia y Cruyff -seducidos por el dinero yanqui (y desde luego no por la calidad de los competidores estadounidenses)- acudían a Washington, DC, donde yo vivía entonces, para derrotar periódicamente a los Diplomats. El equipo local pronto quebró, dos veces. Pero era un placer ver a Beckenbauer, que a menudo dominaba todo el campo.

Su campo de juego se amplió aún más, hasta ocupar un puesto de liderazgo en la FIFA, la Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol con sede en Suiza que organiza la Copa Mundial cuatrienal. Sepp Blatter se convirtió en Director Ejecutivo de la FIFA en 1998, y dimitió (en desgracia) 17 años más tarde. A mediados de 2000, cuando se elegía la sede de la Copa Mundial de 2006, el impacto de Beckenbauer en Sudáfrica fue profundamente corrosivo, provocando que el entonces Presidente Thabo Mbeki, primero, invocara amargamente el término "apartheid global" - y después, cuando los sudafricanos no pudieron vencer a los tramposos de talla mundial, él junto con el líder del Comité Organizador Local de la FIFA, Danny Jordaan, se unieron a ellos, cuatro años más tarde.

 La estrategia del equipo alemán incluía sobornar a los delegados de la FIFA con un fondo para sobornos de 6,7 millones de euros creado por el director ejecutivo de Adidas. (Anteriormente, el principal accionista de la misma empresa había sobornado a la ministra francesa de Finanzas, Christine Lagarde, para obtener un importante rescate de los contribuyentes. Más tarde, a pesar de su condena en 2016, llegó a dirigir el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo).

Beckenbauer necesitaba actuar con rapidez, porque "a principios de 2000 Sudáfrica parecía llevar la delantera a Alemania en la pugna por los votos en el ExCo de la FIFA", especialmente después de una ronda que eliminó la candidatura británica de Tony Blair, según el crítico más destacado de la FIFA, el periodista Andrew Jennings:

    "Uno de los votos de Inglaterra fue emitido por el neozelandés Charlie Dempsey. Su confederación regional de Oceanía le había encomendado que votara a favor de Inglaterra y, cuando ésta se retirara, que respaldara a Sudáfrica". Incluso si Alemania recogía el otro voto flotante, el resultado seguiría siendo un empate, Blatter tenía que respaldar a los africanos. El resultado era obvio. Nos vemos en Ciudad del Cabo en 2006".

Compra de votos alemanes

Pero no fue así, como cuenta Jennings: "Votaron por última vez: Alemania 12 votos, Sudáfrica 11 votos. Nos vemos en Múnich en 2006. Pero sólo fueron 23 votos. Alguien no había votado. ¿Quién fue? Era Charlie Dempsey. Se había ido entre rondas. Estaba en el aeropuerto de Zurich, cogiendo un avión a casa. Charlie esquivó a los periodistas como pudo, pero cuando se le acorraló, balbuceó sobre la 'intolerable presión' en vísperas de la votación".

Dempsey fue sobornado con 250.000 dólares para que se abstuviera, admitió el expresidente de la federación alemana de fútbol Theo Zwanziger -que junto con Beckenbauer y otros dos directivos del fútbol alemán, fueron procesados por las autoridades suizas entre 2016 y 21-. De forma reveladora, tanto la investigación penal como una investigación interna de la FIFA sobre la corrupción alemana fueron abortadas porque llevaron demasiado tiempo, según las autoridades, en parte porque Covid resultó ser perjudicial para los fiscales en octubre de 2020.

Apenas unas semanas antes de la votación, Dempsey se reunió con Beckenbauer. La posterior violación del mandato de Dempsey de apoyar a Sudáfrica fue considerada por el Ministro de Deportes neozelandés, Trevor Mallard, una "vergüenza nacional" tal - "El Sr. Dempsey ha dañado la reputación internacional de nuestro país"- que la Primera Ministra, Helen Clark, se vio obligada a llamar rápidamente a Mbeki para disculparse.

 Mientras Beckenbauer y los alemanes lo celebraban, y los países de la Commonwealth británica se sentían traicionados por Dempsey, según Jennings, "Blatter tuvo que consolar a África". La Asociación Sudafricana de Fútbol estaba tan enfadada que se habló de llevar a arbitraje la decisión, a todas luces fraudulenta. Blatter les disuadió y les prometió que en el futuro la Copa Mundial rotaría por los continentes, y que África organizaría el torneo de 2010".

¿Cómo se había convencido a Dempsey, y cómo se habían decantado otros votos de ejecutivos de la FIFA por Alemania?

Según la revista Spiegel en 2015, "el comité de candidatura alemán creó un fondo para sobornos en su esfuerzo por conseguir los derechos para albergar la Copa del Mundo de 2006. Se cree que altos funcionarios, incluido el héroe del fútbol Franz Beckenbauer, conocían el fondo. En lo que podría convertirse en la mayor crisis del fútbol alemán desde el escándalo de los sobornos en la Bundesliga en los años 70, Spiegel ha sabido que la decisión de conceder el Mundial de 2006 a Alemania se compró probablemente en forma de sobornos".

El fondo para sobornos fue, insiste Spiegel, "llenado en secreto por el entonces consejero delegado de Adidas, Robert Louis-Dreyfus" y fue "utilizado para asegurar los cuatro votos pertenecientes a los representantes asiáticos en el Comité Ejecutivo de la FIFA, compuesto por 24 personas". Aún se desconoce la fuente del soborno concreto a Dempsey.

Aunque negó el soborno explícito, Beckenbauer admitió que existía un fondo para sobornos: "Yo, como Presidente del Comité Organizador en aquel momento, asumo la responsabilidad de este error".

 Los sudafricanos aprenden a jugar al estilo FIFA-Beckenbauer

Después de recibir una lección aleccionadora sobre el modus operandi de la FIFA, en 2004 Mbeki puso en marcha un programa de 10 millones de dólares denominado "Programa del Legado de la Diáspora Africana", recurriendo a lo que debería haber sido un fondo de la FIFA para construir el fútbol de base sudafricano. Y no existía tal programa para ayudar al fútbol continental africano, porque por entonces era bien sabido que el competidor de Sudáfrica por la organización de 2010, Marruecos, ya había comprado demasiados delegados, que luego votaron en contra de Sudáfrica en la votación de la FIFA de ese año por los derechos de organización de 2010.

El secreto salió a la luz en 2015. Aunque el ministro de Deportes, Fikile Mbalula, posó entonces incoherentemente sobre la atención prestada a los chanchullos de su equipo, era obvio que el fondo de la "diáspora" estaba destinado únicamente a influir en el líder de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol Asociado (Concacaf), Jack Warner, y en su aliado estadounidense Chuck Blazer. Este último recibió 750.000 dólares, pero en 2011 comenzó a cooperar con la Oficina Federal de Investigaciones, lo que llevó en 2015 a procesar a dirigentes de la FIFA, incluido Warner.

Lo que había sucedido, informó el Sunday Times en 2015, citando las palabras de un funcionario de la FIFA de Botsuana que fue grabado subrepticiamente, fue que ya en 2004, "Warner 'abandonó' Marruecos porque los sudafricanos le ofrecieron un soborno mayor." (La misma fuente, un dirigente de Botsuana en el seno de la FIFA, afirmó que, en realidad, Marruecos ganó la votación, pero Blatter se la dio a Sudáfrica de todos modos).

 En aquel momento, según amaBhungane, la principal red sudafricana de periodistas de investigación, "Sudáfrica era muy consciente de la necesidad de conseguir los tres votos que la Concacaf controlaba en el ejecutivo de la FIFA y se esforzó al máximo para presionar a Warner. Si hubo un compromiso secreto del gobierno sudafricano, como se alega en la acusación de EE.UU., entonces podría explicarse por qué Jordaan está tan enfadado por haberse quedado con el bebé de 10 millones de dólares".

La profunda falta de honradez y el abuso de los recursos públicos por los que la FIFA se hizo tan conocida también dejaron tras de sí un desprestigioso daño a la reputación. Y, sin embargo, veinte años después del soborno de Warner por parte de Sudáfrica, las tres figuras clave -Mbeki (un entrometido político a menudo incómodo en su propio partido desde su expulsión del poder en 2008), Jordaan (desde 2013, jefe de la Asociación de Fútbol de Sudáfrica) y Mbalula (desde 2021, jefe operativo del partido gobernante)- siguen siendo influyentes y extremadamente polémicas, y siguen negando las implicaciones del gasto de los 10 millones de dólares en Warner y Blazer.

Beckenbauer cayó enfermo poco después de las acusaciones de Spiegel en 2015, y luego se recluyó, en parte por la dolorosa muerte de su hijo, pero también por el escándalo de la FIFA. Su fallecimiento ha generado un sincero y merecido agradecimiento por su liderazgo futbolístico en el campo, y simpatía, sin duda, pero no suficiente autorreflexión por parte de los alemanes sobre su fraude fuera del campo, y sobre su propio papel en el mundo.

¿Otro genocidio?

 Esto quedó especialmente patente el 12 de enero, cuando el gobierno de coalición socialdemócrata/verde/liberal anunció que apoyaría formalmente a Israel contra la acusación de genocidio presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia, convirtiéndose en el primer país que se une formalmente a Tel Aviv en el histórico caso que pretende detener la matanza de más decenas de miles de palestinos. Entre los aliados de Sudáfrica se encuentran Brasil, Malasia, Pakistán, Turquía, Bolivia, Colombia, Jordania y la antigua colonia alemana Namibia, víctima de un genocidio en 1904-08. Esta promoción abierta de una Nakba2.0 se produce ahora tras el exterminio nazi de seis millones de judíos por parte de la propia Alemania entre 1933 y 1945 y, en el país vecino de Sudáfrica, el casi exterminio de los pueblos nam y herero.

En una protesta en Berlín a la que asistí el 13 de enero, ondeaban varias banderas sudafricanas junto a la de Palestina. Un cartel hacía la pregunta obvia: "¿De verdad Alemania. ¿Apoyando otro genocidio? Qué original".

Asimismo, el médico sudafricano Tlaleng Mofokeng, relator especial de la ONU sobre el derecho a la salud, observó: "El Estado (Alemania) que cometió más de un genocidio a lo largo de su historia intenta socavar los esfuerzos de un país (Sudáfrica) víctima del colonialismo y el apartheid, para proteger otro genocidio y a una potencia nuclear ocupante (Israel)."

 El presidente de Namibia, Hein Gage, se mostró furioso: "Alemania no puede expresar moralmente su compromiso con la Convención de las Naciones Unidas contra el genocidio, incluida la expiación del genocidio en Namibia, mientras apoya el equivalente de un holocausto y un genocidio en Gaza".

Una cultura de codicia y corrupción empresarial

Todo esto recuerda cómo en la Sudáfrica anterior al Apartheid de 1994, los prolíficos beneficios de las empresas de Alemania Occidental -incluidos los fabricantes militares Daimler-Benz y Messerschmitt-Bölkow-Blohm, Deutsche Bank, CommerzBank, Hermes Kredit-Versicherungs y Siemens- se remitían a la Bolsa de Fráncfort, mientras el núcleo de la dirección política conservadora del país -especialmente Helmut Kohl y Franz-Joseph Strauss- apoyaba abiertamente a los fascistas blancos en la década de 1980. (El Estado alemán oriental era muy diferente, al igual que los progresistas de la sociedad civil alemana).

 En la era posterior al apartheid, el ataque más decisivo de la clase dominante alemana a los sudafricanos -y al resto del mundo- fue cuando Angela Merkel lideró la oposición europea a un intento en la Organización Mundial del Comercio de aceptar exenciones de propiedad intelectual para las vacunas Covid-19. La campaña, liderada por Pretoria y respaldada por más de 100 países, duró desde octubre de 2020 hasta junio de 2022, pero a mediados de 2021 en un enfrentamiento en EE.UU. Merkel se negó a ceder, protegiendo el poder corporativo en general, pero en concreto, como denunció la ONG Health Global Access Project en 2021, "alaba con orgullo y nacionalismo las vacunas de ARNm BioNTech y Curvax, supuestamente de producción propia de Alemania."

Y todavía hoy, en el espíritu de la especulación del apartheid y del papel de Franz Beckenbauer en la FIFA, la Alemania empresarial sigue estando plagada de corrupción, que sigue filtrándose regularmente a Sudáfrica:

    La semana pasada, la importante empresa alemana de software SAPS fue procesada con éxito -y pagó 220 millones de dólares de multa- por sobornos a políticos y funcionarios principalmente africanos, incluidos sudafricanos.
    El peor caso de soborno en la empresa sudafricana de energía paraestatal Eskom se produjo a través de una empresa de recaudación de fondos del partido gobernante en 2007, y fue coordinado por un ciudadano alemán (Klaus-Dieter Rennert) que aún dirige Hitachi Power Europe, la incompetente constructora de las dos mayores centrales eléctricas de carbón del mundo.

 Los fabricantes de automóviles VW, BMW y Mercedes hicieron trampas en las emisiones de gases de efecto invernadero durante la década de 2000, y cuando esto se descubrió en 2015 se desplomó el precio del platino -con Sudáfrica controlando el 85% del metal, utilizado en los convertidores catalíticos-, lo que llevó a un fuerte colapso del sector minero.
    El mayor caso de fraude empresarial de la historia de Sudáfrica, Steinhoff, reflejó las raíces alemanas de la empresa y la inadecuada supervisión de su fundador, así como la mala gestión empresarial alemana durante la década de 2010.
    Un facilitador alemán del genocidio israelí en Gaza, el proveedor de equipamiento militar Rheinmettal, sigue asociado con la paraestatal sudafricana de armamento Denel, lo que da lugar a continuas controversias éticas y catástrofes en la producción de Ciudad del Cabo.

Todas estas (y otras) empresas alemanas han causado terribles desaguisados en Sudáfrica, contribuyendo a que la élite empresarial local de Johannesburgo-Durban-Ciudad del Cabo haya sido clasificada como la más propensa del mundo a "delitos y fraudes económicos" durante la década de 2010, según PwC.

Junto con el legado de fondos para sobornos de Franz Beckenbauer y el apoyo de Berlín al genocidio israelí, las élites alemanas recuerdan continuamente al mundo por qué una cultura de clase dirigente tan duradera y rancia merece, por parte del resto de nosotros, una implacable tarjeta roja."

( Patrick Bond, profesor de sociología en la Universidad de Johannesburgo, CounterPunch, 16/01/24; traducción DEEPL)

1.12.20

La empresa española Mediapro reconoció que pagó millonarios sobornos a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) para obtener los derechos televisivos de los Mundiales de 2014, 2018 y 2022

 "La compañía hizo estas transacciones para quedarse con las transmisiones de la etapa de clasificación de la CONCACAF, rumbo a los mundiales de 2014, 2018 y el de 2022.

La empresa española Mediapro reconoció que responsables de la compañía pagaron millonarios sobornos a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) para obtener los derechos televisivos de los Mundiales de 2014, 2018 y 2022.

«Imagina [holding de Mediapro] reconoce su responsabilidad, como persona jurídica, por la conducta delictiva de sus representantes; que dicha conducta delictiva de la que Imagina fue responsable incluyó el pago de sobornos para la compra de los derechos audiovisuales», dice un comunicado que la empresa envío a la prensa.

En el texto, explican que esos derechos engloban la fase de clasificación en las regiones de América del Norte, Centroamérica y el Caribe, que conforman la CONCACAF, rumbo a «los Campeonatos del Mundo de fútbol de 2014, 2018 y 2022».

Con esta acción, la firma acepta que se vulneró «la legislación de los EE.UU.».

Según la declaración de la empresa, en este acto delictivo estuvieron implicados tres empleados, «dos de los cuales se declararon culpables del pago de numerosos sobornos, y el tercero, un ex co-Director General de Imagina, aceptó el pago de un soborno de 1,5 millones de dólares, a fin de adquirir los Derechos de los Clasificatorios y autorizó, dirigió y facilitó el pago de 500.000 dólares de dicha cantidad total».

«Los tres fueron despedidos y apartados del Grupo Imagina o cualquiera de sus filiales desde diciembre de 2015», detalla Mediapro.

Este caso fue motivo de investigación por parte del FBI y la Fiscalía de Nueva York y se cerró hace dos años, en 2018, cuando la filial del grupo Mediapro en Miami, acusada de fraude en relación con estos tres mundiales, se vio obligada a pagar una multa de 24 millones de dólares para evitar que continuara el proceso."                   (Rebelión, 24/11/20)

1.7.20

La masa financiera drenada por el fútbol en el conjunto del planeta, está estimada en 1,5 billones de francos, equivalente al presupuesto de Francia

"Una estafa globalizada

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue diseñada para garantizar la convivencia pacífica, pero rara vez impide una guerra. La FIFA se concibió para promover el fútbol en forma desinteresada, pero favorece negocios clandestinos. ¿Qué institución pesa más? Un dato revela el estado del mundo: la ONU tiene menos afiliados que la FIFA.

Numerosas formas del comercio prosperan en la ilegalidad, de la piratería al narcotráfico, pasando por las bolsas de valores donde se filtra información privilegiada. Ninguna de esas variantes del abuso depende de la ilusión. En cambio, la economía del fútbol trasvasa la pasión en dinero. Al patear la pelota en nombre de los suyos, los jugadores activan una cadena productiva que va de los derechos de televisión a la venta de refrescos. Miles de intermediarios se benefician del sudor de los héroes, pero algunos se benefician más.

En la oscuridad de un palco, un hombre fuma un puro y hace cálculos. Su relación con el juego es especulativa. Podría dedicarse al tráfico de esclavos o la trata de mujeres, pero desempeña una tarea que llega a prestigiar la venta de personas. Es un directivo. Como miembro de una especie depredadora, no es el único que abusa de los demás. Lo singular es que abusa de sus sueños.

La serie chilena El presidente, estrenada en 2020, aborda el caso de Sergio Jadue, directivo de un modesto club de provincia que llegó a presidir el fútbol chileno y se convirtió en cómplice de Julio Grondona, patriarca del fútbol argentino y vicepresidente de la FIFA. En 2015, la red de estafas y sobornos de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL) dio lugar al “FIFA Gate” investigado por el FBI. La serie recrea el backstage del oprobio, los pasillos donde se decide la millonaria feria del balompié.


Conocí a Grondona durante el Mundial de 2006 en Alemania. En el espacio informativo del que yo formaba parte, descollaba Carlos Bianchi, el entrenador que le dio todos los títulos posibles a Boca Juniors y se negó a dirigir la selección albiceleste por discrepancias con el atrabiliario presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Grondona visitó nuestro estudio de televisión, vio el asiento vacío de Bianchi y dijo: “Sé que tienen un equipo pesado, en todos los sentidos de la palabra”. El directivo parecía calcado de Los Soprano. Su voz densa, donde se trababan las “erres”, transmitía afecto para los leales y desprecio para los adversarios; soltaba frases discriminatorias (“a los judíos les gustan las cosas difíciles”) y respondía al cargo de mafioso con taimada serenidad: “La indiferencia es la que hace vivir tranquilo”.

En un casting de directivos corruptos, Grondona hubiera sido rechazado por obvio. Otros piratas de las gradas son menos evidentes. El carismático Bernard Tapie fue cantante en los sesenta, participó en política con propuestas progresistas y presidió al Olympique de Marsella. Se conducía con la misma soltura a bordo de un yate, en un restaurante con estrellas Michelin o en un barrio de inmigrantes argelinos. En 1996, el juez Pierre Philipon le dictó orden de aprehensión por cometer un fraude millonario en el traspaso de jugadores.
Dos años después, Francia fue sede del Mundial y Jean-François Nys, profesor de la Universidad de Limoges, escribió: “La masa financiera drenada por el fútbol en el conjunto del planeta, está estimada en 1,5 billones de francos, equivalente al presupuesto de Francia. Esta masa financiera, por sus orígenes múltiples y sus flujos complejos, no siempre es transparente y atrae capitales dudosos, siendo posible que se blanquee dinero ‘negro’”.

No solo las dictaduras aprovechan los beneficios discrecionales del fútbol. Las democracias más desarrolladas han reservado una zona para ejercer la impunidad sin que parezca ilegal. Lo que no se aceptaría en un proceso electoral, se acepta en el deporte organizado, paraíso de la longevidad donde João Havelange gobernó la FIFA durante 24 años, Juan Antonio Samaranch, el Comité Olímpico Internacional por 21 años, y José Sulaimán, el Consejo Mundial de Boxeo durante más de tres décadas.

 Aunque no escasean los directivos honestos, los incentivos para la corrupción son difíciles de vencer. El fútbol produce negocios que no lo parecen. La FIFA es una asociación “no lucrativa” que dispone del presupuesto anual de Francia.

En 1964, el Cruz Azul subió a la primera división del fútbol mexicano. El equipo provenía de una cooperativa cementera. Hombre de izquierda, mi padre se entusiasmó con un proyecto donde el proletariado podía anotar goles. Los Cementeros jugaban en Jasso, Hidalgo, a casi noventa kilómetros de la Ciudad de México. Un domingo fuimos a verlos enfrentar al Guadalajara, único equipo sin extranjeros. Para mi padre, ese partido representaba el nacionalismo en la hierba. El pequeño estadio solo tenía una tribuna; más allá del campo, podían verse las casas de los obreros y las instalaciones de la fábrica.

Tiempo después, el Cruz Azul se trasladó a la capital, contrató a cracks indiscutibles (el portero argentino Miguel Marín, el defensa chileno Alberto Quintano, el entrenador mexicano Raúl Cárdenas) y dominó los años setenta con suficiente poderío para merecer otro apodo: La Máquina Celeste. Millones de niños delegaron sus ilusiones en ese club.

Pero al compás de esa historia de éxito, ocurría otra. Desde diciembre de 1953 y hasta 1976, el principal directivo era Guillermo Álvarez Macías, quien promovió el tránsito del ámbito amateur al profesionalismo. En los años setenta, su hijo “Billy” comenzó a despuntar como directivo. Desde entonces, los intereses deportivos de la cooperativa han estado en manos de una familia: los hermanos Guillermo y José Alfredo Álvarez Cuevas y su cuñado, Víctor Garcés Rojo. Lo que mi padre veía como la arcadia del socialismo deportivo se convirtió en el botín de unos cuantos.

Hace unos días fueron bloqueadas las cuentas de “Billy” Álvarez. La Unidad de Inteligencia Financiera pide que aclare transacciones por cerca de 40 millones de dólares y más de 300 millones de pesos, y ha levantado cargos por lavado de dinero y delincuencia organizada.

El Cruz Azul no obtiene un título desde 1997. Es el “ya merito” de nuestro fútbol; califica a la Liguilla, lo cual garantiza ganancias televisivas, pero pierde de último momento, lo cual justifica la compraventa de jugadores. Por ahí han pasado internacionales como Federico Lussenhoff, el Chelito Delgado, Emanuel Villa y Mauro Camoranesi (campeón mundial con Italia en 2006). Entre los costosos fichajes nacionales se cuentan los de Jared Borgetti, Kikín Fonseca y Paco Palencia. No faltan las contrataciones enigmáticas, como la de Youssouf Fofana, de Costa de Marfil, que llegó al club a los 30 años, en una suerte de prejubilación. Desde que alzó su último trofeo, el club ha contratado a más de cien jugadores y 17 técnicos.

Todo eso se logró con dinero ajeno. Consumado diplomático, “Billy” Álvarez se ha servido de sus impecables modales para especular con los recursos de los cooperativistas sin obtener campeonatos y ha contado con el apoyo otros directivos. Que haya permanecido más de cuatro décadas al frente del club confirma la ausencia de democracia en un deporte donde los atletas tienen fecha de caducidad, pero los presidentes envejecen en un palco.

En 2010, Víctor Garcés fue separado de su cargo como director jurídico del Cruz Azul porque se le vinculó con un desfalco de 400 millones de dólares. Garcés llevaba 22 años en la institución; su proceder no podía ser ignorado en esas oficinas. La cooperativa presentó tres demandas contra la directiva por “robos”, “disposiciones de dineros”, “contratos para favorecer a determinadas personas” y “contrataciones abusivas”. 

Ese año, tres juzgados fallaron a favor de la cooperativa, pero la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México impidió que las sentencias tuvieran efecto. Esto apunta a una red de sobornos y amenazas, según han denunciado experimentados analistas; entre ellos, Ignacio “el Fantasma” Suárez y Carlos Albert, exjugador del Necaxa. En días recientes, la plataforma Soy Fútbol lanzó una encuesta con la siguiente pregunta: “¿Crees que oculte algo Billy Álvarez?”. El 91 por ciento de los participantes contestaron afirmativamente.

Aunque el Cruz Azul podría desaparecer del fútbol mexicano, lo más probable es que sea rescatado por la Liga Mexicana, refugio de especuladores donde abundan las decisiones cuestionables. Aprovechando la crisis del coronavirus se suspendió el ascenso a primera división para los próximos cinco años. La esperanza de los equipos pobres fue aniquilada en favor de clubes que medran en primera división. En el fútbol mexicano la identidad es una franquicia: los dueños de Monarcas han dado la espalda a la afición de Morelia, que los apoyó durante décadas, y buscan una nueva sede en Mazatlán.

En la última página de En qué pensamos cuando pensamos en fútbol, el filósofo inglés Simon Critchley, comenta: “Ver un partido de fútbol es contemplar la cara más nauseabunda y aterradora de nuestro mundo. La belleza no es más que el punto de partida del terror”. La frase proviene de un aficionado de hierro que, sin embargo, experimenta una sensación de asco.

De 1996 a 2018, el Cruz Azul jugó en la cancha de la antigua Ciudad de los Deportes. En las taquillas del Estadio Azul prosperaba una peculiar picardía. Mendigos ataviados con la camiseta del equipo pedían limosna para “completar” su boleto. Los hinchas los apoyaban por solidaridad. Pero los pedigüeños no entraban al estadio. Eran aprendices de directivos: recibían dinero sin tener que ver con el deporte.

El fútbol debería dirimirse en las canchas. Por desgracia, los héroes que ejercen la magia en la hierba también son las piezas de otro juego, el especulativo ajedrez que vende y compra sus destinos."                   (Juan Villoro es escritor y periodista. The New York Times, 28/06/20)

8.4.20

El Departamento de Justicia de EEUU denuncia sobornos en los Mundiales de Rusia y Catar

"El Departamento de Justicia de Estados Unidos asegura que se produjeron sobornos en el proceso de elección de Rusia y Catar como sede de los Mundiales de fútbol de 2018 y 2022.

Lo indica este martes The New York Times en una información en la que dicen que hubo cinco directivos de la FIFA que recibieron pagos para nombrar a estas dos sedes. El procedimiento de pago se hizo a través de tres ejecutivos de medios de comunicación y una empresa de marketing deportivo.

El Gobierno presentó un total de 53 nuevos cargos en la Fiscalía federal para el este de Nueva York, en Brooklyn, donde se ha llevado a cabo todo el proceso relacionado con el FIFA Gate, -el escándalo de corrupción más grande de la historia del fútbol- contra Hernán López y Carlos Martínez, exejecutivos de la compañía estadounidense Fox.

También contra Gerard Romy, excopresidente de Imagina Media Audiovisual, todos por fraude electrónico, blanqueo de dinero y otros delitos relacionados, según un comunicado de la Fiscalía.

Romy y Full Play fueron acusados además de conspiración de crimen organizado, tras una extensa investigación del Gobierno de Estados Unidos y enjuiciamiento por corrupción en el fútbol organizado, que se ha extendido durante varios años. Las acusaciones incluyen nuevos cargos contra otros acusados en este proceso judicial que aún no han podido ser extraditados, de acuerdo con el comunicado.
Indica además que está previsto que se presenten las acusaciones formales contra López, Martínez y Full Play el próximo 9 de abril ante la jueza Pamela K. Chen, de la Fiscalía federal en Brooklyn.

Así se hacían los sobornos

De acuerdo con la Fiscalía, según se establece en la acusación, los nuevos acusados usaron sus posiciones en el mundo del fútbol internacional para participar en planes que implican la solicitud, oferta, aceptación, pago y recepción de sobornos, principalmente para obtener derechos de transmisión lucrativos para varios torneos y eventos internacionales de fútbol.

La acusación cita que López y Martínez, responsables del desarrollo y la realización de los negocios de transmisión para Fox en América Latina, se unieron a Full Play y otros conspiradores en un plan que implicó el pago anual de millones de dólares en sobornos a funcionarios de la Confederación Suramericana de Fútbol, conocida como Conmebol, a cambio de los derechos de transmisión de la Copa Libertadores, el torneo de clubes más popular de la región, entre otros eventos.

Señala además la Fiscalía en la acusación que López y Martínez confiaron en la lealtad asegurada mediante el pago de sobornos a ciertos funcionarios de Conmebol para obtener incluso información confidencial de licitación para los derechos de transmisión de la Copa Mundial 2018 y 2022 en EE.UU, derechos que Fox obtuvo con éxito.

De Romy, indica que era un ejecutivo de alto rango y accionista de Imagina, un conglomerado multinacional de medios privado con sede en Barcelona, España, que poseía varias filiales en todo el mundo, incluso en este país.

Los partidos de clasificación

La acusación señala que Romy participó en estrategias para pagar millones de dólares a funcionarios de alto rango de la Unión de Fútbol del Caribe (CFU) y de federaciones dentro de la Unión Centroamericana de Fútbol (UNCAF), que operan bajo la Concacaf, para asegurar los derechos de transmisión de los partidos clasificatorios de la Copa Mundial de la FIFA.
En relación con el esquema de CFU, Romy y sus conspiradores presuntamente acordaron pagar a Jeffrey Webb, un alto funcionario de la CFU y el presidente de Concacaf, un soborno de tres millones de dólares.

El presunto soborno fue a cambio de una parte del contrato para los derechos de comercialización de los partidos clasificatorios de la Copa Mundial de la CFU para el 2018 y 2022, de acuerdo con las autoridades.

En cuanto a Full Play, empresa uruguaya con sede en Argentina y propiedad de los acusados Hugo Jinkis y su hijo Mariano Jinkis, participó presuntamente en numerosas estrategias para pagar sobornos a funcionarios de CONMEBOL y CONCACAF también a cambio de los derechos de marketing para varios eventos, incluyendo clasificatorios para la Copa Mundial y partidos amistosos.

De acuerdo con la Fiscalía ambos acusados no han sido arrestados. "Los cargos revelados hoy reflejan el compromiso continuo de esta oficina de erradicar la corrupción en los niveles más altos del fútbol internacional y en las empresas dedicadas a promover y transmitir el deporte", indicó en el comunicado el fiscal federal para el este de Nueva York, Richard P. Donoghue.

"Tanto las empresas como las personas deben comprender que, independientemente de su riqueza o poder, serán llevados ante la justicia si utilizan el sistema financiero de los EEUU a fines corruptos", afirmó."                      (SER, 07/04/20)

4.10.16

"Corrompieron el negocio del fútbol mundial para atender a sus propios intereses y enriquecerse. Hicieron esto una y otra vez, año tras año, torneo tras torneo”... los directivos de la FIFA

"Llega el momento en que un niño empieza a cuestionar la existencia de Santa Claus o de los Reyes Magos. Algo oye o algo ve que le siembra la duda. Pero elige cerrar los ojos, taparse los oídos y seguir creyendo, aunque sea solo por una Navidad más. 

En este punto es donde estamos, como congelados en el tiempo, la mayoría de los millones y millones de adultos de todas las razas, creencias y geografías que encontramos en el fútbol un refugio o una distracción de los líos que nos trae la vida.

Pero el descaro de los que mandan en el fútbol y trafican con las fortunas que genera nos lo pone cada día más difícil. Los que seguimos equipos con una devoción casi religiosa o los que simplemente disfrutamos del insuperable teatro en directo, con su arte y su furia, que ofrece un partido de fútbol tenemos que hacer un esfuerzo cada vez mayor para mantener nuestra inocente credulidad.

 Hay que ser muy obcecado o muy ciego para seguir negando que los amos del deporte navegan en un pantano fétido, saturado de aquella infinidad de engaños, traiciones y robos que se resumen en la palabra “corrupción”.

La mejor garantía de la que gozan los ladrones del fútbol para preservar su impunidad es el instinto evasivo que tenemos para mirar para otro lado. Como cuando vamos al cine o leemos una obra de ficción y suprimimos nuestras facultades racionales. Sabemos que es mentira pero nos lo creemos igual.

Tales fueron los procesos mentales paralelos con los que yo respondí durante años a las noticias sobre la corrupción de la FIFA, el organismo que ha mandado en el fútbol mundial con la misma arbitrariedad con que el Politburó mandaba en la Unión Soviética.

Me enteraba de que se publicaban libros o artículos denunciando a la mafia internacional que determinaba las reglas del juego, que decidía dónde se celebraban mundiales, que controlaba el lucrativo negocio de los derechos de patrocinio o de televisión. Me enteraba pero no quería leer esas cosas; no quería saber.

Tenía demasiado presentes las dificultades de la vida cotidiana o la maldad, el cinismo y la idiotez de tantos de los que mandan en el mundo político como para encima permitir que se contaminara aquel feliz santuario futbolero que me daba la oportunidad de regresar a la ilusión de la infancia.

Hace unos años estaba en el despacho del presidente de un importante club europeo. Recuerdo que hablábamos de un directivo sobre el que habían caído sospechas de corrupción. El presidente me miró a los ojos y me dijo: “Tienes que saber que el mundo del fútbol profesional es absolutamente amoral”. Me olvidé de la conversación y del comentario nada más salir del despacho.

Pero lo recuerdo ahora, lo recuerdo casi todos los días, ya que no parece pasar ni uno últimamente sin que nos enteremos de un nuevo escándalo; ni uno desde aquel día del año pasado, el 27 de mayo de 2015, cuando todo cambió para siempre; cuando ya no tuvimos más remedio que reconocer que la FIFA era un nido de serpientes.

Aquel día, antes de que saliera el sol, una docena de agentes de policía suizos irrumpieron en el hotel Baur au Lac de Zúrich. Respondiendo a una solicitud del FBI, los agentes entraron en las habitaciones (precio mínimo: 700 euros por noche) y detuvieron a siete directivos de la FIFA.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos emitió de inmediato un comunicado en el que anunció que un total de 14 capos de la FIFA habían sido imputados por delitos de sobornos, chantajes, fraude y conspiración para el blanqueo de dinero.

 “Se suponía que ellos estaban ahí para defender las reglas y preservar la honradez del fútbol”, declaró la fiscal general de Estados Unidos, Loretta Lynch, en una rueda de prensa. “En vez de eso corrompieron el negocio del fútbol mundial para atender a sus propios intereses y enriquecerse. Hicieron esto una y otra vez, año tras año, torneo tras torneo”.

Llamó la atención que el castigo judicial proviniera del país de la tierra donde quizá la menor proporción de la población ha sucumbido a la fe embobadora del fútbol. El hereje FBI no miró para otro lado. Investigó sin piedad, confirmando las sospechas reprimidas de los creyentes.

Deberíamos haber abierto los ojos cinco años antes. Solo teníamos que fijarnos en el voto del comité ejecutivo de la FIFA en 2010 a favor de que se celebrase el Mundial de 2022 en Qatar, la decisión más insultante y manifiestamente corrupta que se ha tomado en la historia del deporte.

Lord Triesman, un político laborista británico, declaró que Qatar había pagado 140 millones de euros en sobornos para conseguir el Mundial. Daba igual que la cifra fuera correcta o incluso que la acusación fuera cierta o no. No necesitábamos pruebas para saber que hubo juego sucio, que por algún motivo los señores de la FIFA optaron con esa decisión por mofarse de los niños y niños-adultos futboleros del mundo cuyos sueños dicen representar.

Los rivales de Qatar a la candidatura para celebrar el Mundial de 2022 eran España, Portugal, Inglaterra, Estados Unidos y Australia, pero se eligió un lugar donde las temperaturas en junio, el mes del Mundial, pueden superar los 50 grados; se seleccionó el minúsculo país de Qatar pese a que el equipo técnico que fue enviado por la FIFA a inspeccionar las sedes candidatas redactó un informe en el que dijo que era, con diferencia, la peor opción.

El jefe de aquel equipo técnico, el chileno Harold Mayne-Nicholls, manifestó: “No podrían, no pueden, no pueden hacer el Mundial ahí”. Como tampoco podrían haberlo celebrado en enero en Groenlandia.

Pero la FIFA sí pudo votar por Qatar, sabiendo perfectamente lo dañino que sería para la salud de los jugadores y los aficionados participar en el torneo deportivo más grande del mundo en pleno verano en el desierto arábigo. Posteriormente, el año pasado, se decidió que el Mundial en el país del golfo Pérsico se trasladase a noviembre, una fecha insólita que obligará a paralizar las competiciones europeas.

 No hay que ser Sherlock Holmes para deducir que hubo mucho dinero sucio de por medio, del mismo modo que lo hubo cuando Sudáfrica, apegándose a las reglas no escritas del juego, pagó la relativamente modesta cifra de 10 millones de dólares para conseguir el Mundial de 2010.

Desde que el FBI orquestó aquella noche de cuchillos largos en Zúrich, la justicia de EE UU ha imputado a 40 figuras de la FIFA o a ejecutivos de marketingasociados a ella, acusándolos de pedir o recibir cientos de millones de euros en sobornos.

Otros han sido sancionados, incluidos el expresidente de la FIFA, el suizo Sepp Blatter, y el que se suponía que iba a ser su sucesor, el exjugador francés y expresidente de la UEFA Michel Platini. Ni Blatter ni Platini han sido capaces hasta la fecha de explicar cómo fue que el primero le regaló al segundo casi dos millones de euros en 2011, sin ningún contrato de por medio.

Blatter, el octogenario capo di tutti capi que había presidido la FIFA desde 1998, dimitió el 5 de junio de 2015, una semana después de las detenciones del hotel Baur au Lac, tres días después de que sus leales esbirros votaran a favor de reconfirmarle en su puesto.

Haría falta una enciclopedia para catalogar todo lo que se ha destapado desde entonces sobre las actividades criminales de la FIFA y sus asociaciones hermanas, como la Conmebol de Sudamérica. “Se trata de una actividad mafiosa clásica, de un sistema de crimen organizado que ha durado décadas”, reveló un agente del FBI al canal CBS de Estados Unidos.

 “Te hacen una oferta que no puedes rechazar. Me pagas y consigues el patrocinio, o los derechos de televisión o la sede del Mundial. Si no, no”.

Confirmando lo dicho por el agente del FBI, varios detenidos han confesado que formaron parte de una red internacional dedicada a obtener su porcentaje ilícito de los carísimos derechos de televisión o de las empresas patrocinadoras de la FIFA.

¿Quién aporta este descomunal tesoro? Los aficionados del mundo, por supuesto; aquellos que con ingenua ilusión pagan por sus entradas a los estadios, por sus abonos a los canales de televisión, por las camisetas y los refrescos y los automóviles que venden los patrocinadores oficiales del pasatiempo más popular de la humanidad.

Pero no sería justo verter toda la culpa sobre la mafia fifera. Ellos son la cabeza más visible de un ecosistema futbolero podrido, repleto de representantes, directivos y jugadores corruptos, la mayoría de los cuales ha evitado caer bajo la lupa de la ley.

 Podemos estar seguros de que solo hemos visto la punta del iceberg; la dificultad de llegar al fondo radica en la ausencia de normativas para frenar la corrupción y al apego casi total al principio de la omertá entre aquellos que se ganan la vida con el fútbol. Tanto los ladrones como los honrados saben que sus carreras sufrirán si dan la cara y cuentan lo que saben.

Logré convencer a algunos que son o han sido representantes, o directivos, o entrenadores, o jugadores, o empleados de grandes clubes europeos para que rompieran –hasta cierto punto– su silencio (dicho sea de paso que los 20 clubes más ricos de Europa ingresaron 6.600 millones de euros en la temporada 2014-2015, según la consultota Deloitte).

En todos los casos aceptaron hablar con la condición de que no se publicaran sus nombres. El consenso fue que, aunque claro que había gente decente en las altas esferas del fútbol, no se equivocaba aquel presidente de club que afirmó que en el ámbito comercial del fútbol reinaba la amoralidad.

 Un empleado de un club importante que ha tenido un trato cercano con jugadores me dijo que había muchos que eran buena gente, por supuesto, pero si “los aficionados de bufanda” supieran lo que algunos de sus ídolos pensaban realmente, si se enterasen de cómo conspiraban con sus representantes, “querrían coger una metralleta y fusilarlos”.

Estos señores que me pidieron el anonimato me contaron, entre otras cosas, que no es inusual desde hace décadas que los clubes den un trato especial a los árbitros provenientes de los países menos ricos de Europa cuando les toca dirigir un partido de su equipo en un importante torneo europeo; por ejemplo, llevándolos a grandes almacenes a comprarles regalos para sus familiares o, si les interesa, poniéndoles prostitutas en los hoteles.

También ocurre que representantes de futbolistas organicen viajes de lujo, con sexo pagado incluido, para directivos de clubes con los que suelen hacer negocios.

Si esta clase de obsequios inciden directamente en los resultados de los partidos o en los negocios del fútbol, es difícil de decir. De lo que no hay ninguna duda es de que el terreno más fértil para los codiciosos es el de los fichajes, concretamente en el área gris del reparto de comisiones entre jugadores, representantes, directivos y entrenadores.

Un exdirectivo de un club importante europeo me explicó cómo funciona el sistema: “Los agentes manejan amplias redes de contactos. Por ejemplo, el seleccionador de una nación sudamericana elige para su equipo un jugador que sabe que no vale la pena, pero lo pone en el campo en el segundo tiempo de un partido de poca trascendencia durante 20 minutos.

De repente, el futbolista se convierte en un internacional de, digamos, Brasil o Argentina. Su valor se dispara y lo ficha un club europeo. El porcentaje que se lleva el representante del jugador lo reparte entre el seleccionador y jefes tanto del club vendedor como del comprador”. Otro directivo me lo explicó de forma más sencilla: “Venden a un jugador que vale un millón por cinco millones y lo que hay en el medio llega, a veces en efectivo en bolsas de papel, a las manos de quién sabe cuánta gente”.

Un caso reciente que ha levantado sospechas, o al menos una enorme perplejidad, es el del delantero argentino Gonzalo Higuaín, traspasado del Nápoles a la Juventus por 90 millones de euros este verano. Cuando Higuaín tenía 19 años fue fichado por el Real Madrid por 12 millones de euros. Cuando tenía 25 el Madrid lo vendió al Nápoles por 40 millones.

Hoy, que está cerca de los 29 años y a tres o cuatro de la jubilación, la Juventus lo compra por 90. Higuaín estará, quizá, entre los 10 mejores goleadores del mundo, pero no es ningún Cristiano Ronaldo. Nadie le ha considerado un crack. La afición del Real Madrid no se quejó de su salida; la afición argentina sí lamentó, y mucho, la clamorosa ocasión de gol que falló en la final de la Copa del Mundo de 2014 que su selección perdió por 1-0 contra Alemania.

Otro caso, de cuyos pormenores sabemos más, es el del jugador del Barcelona Neymar. Según la versión oficial inicial, el Barcelona pagó 57,1 millones de euros por el brasileño. Pero resultó que el coste total fue alrededor de 95 millones. La diferencia, como ya es de conocimiento público, se repartió entre el propio jugador, su familia e intermediarios varios.

 ¿Hubo delito? Quizá no, si nos atenemos a la letra de la ley. ¿Fue una operación amoral, tramposa, alegal? Seguro. Por supuesto que también ha habido acusaciones de impagos de impuestos, como en el caso de la gran figura del Barcelona, el argentino Lionel Messi, cuyo padre montó sociedades falsas en paraísos fiscales con la ayuda de abogados expertos en el tema.

Si tales abogados contaran todo lo que saben, ¿cuántos más jugadores de cuántos más clubes caerían en las garras de la ley, como ha caído Messi? Podemos estar seguros de que muchos, y entrenadores también. Como el caso de uno muy conocido cuyo nombre no tengo permiso para publicar: su esposa viaja dos veces al año a una de esas islas que operan fuera de las leyes fiscales y vuelve a casa con una maleta llena de efectivo. Habría que ser muy ingenuo para pensar que esta historia es atípica.

¿Y qué decir de la siguiente anécdota cuyos protagonistas portugueses son el entrenador José Mourinho, un jugador llamado Pedro Mendes y el representante de ambos, Jorge Mendes? No vamos a hacer ninguna acusación al respecto. Solo contar lo sucedido. En el verano de 2011, Pedro Mendes fue cedido por el Sporting de Portugal al Real Madrid, donde jugó para el equipo B, el Castilla. El jugador no acreditaba un gran pedigrí ya que solo tenía 20 años y hasta la fecha únicamente había jugado en Segunda División en Portugal y, brevemente, para un modesto equipo suizo.

Los demás futbolistas del Castilla, algunos de los cuales le llamaban “el enchufado”, pensaban que no estaba al nivel del resto, con lo cual les sorprendió cuando Mourinho, el entonces entrenador del primer equipo del Real Madrid, lo convocó para un partido de Liga de Campeones contra el Ajax de Ámsterdam, el 7 de diciembre de 2011.

Con el Madrid ganando 3-0, Mourinho puso a Pedro Mendes en el campo en la mitad del segundo tiempo, en sustitución del titular, Álvaro Arbeloa. Pedro Mendes no aportó nada especial, ni para bien ni para mal, pero como observó un periodista que cubrió aquel partido, con esos 20 minutos de juego obtuvo su máster. Podría de ahora en adelante anunciarse como un jugador que había vestido los colores de uno de los equipos más prestigiosos del mundo en la máxima competición europea.

Quizá se trató solo de un gesto caritativo de parte de Mourinho a su joven compatriota; quizá fue un favor a Jorge Mendes, el representante de futbolistas más rico y poderoso de Europa. Lo que es verdad es que si el objetivo hubiese sido revalorizar al jugador, no se engañó a nadie. Pedro Mendes volvió al Sporting la temporada siguiente para jugar en el equipo B y después mudarse al Parma, donde disputó solo ocho partidos.

Más curiosa aún es la historia de Bebé, otro cliente de Jorge Mendes. Tras marcar solo cuatro goles en una temporada de la Tercera División portuguesa, el Manchester United fichó al delantero por nueve millones de euros en agosto de 2010, 3,5 de los cuales correspondieron a la empresa de Jorge Mendes, según la prensa portuguesa.

El entrenador escocés del United, Alex Ferguson, no había visto jugar a Bebé ni en vídeo. Cuando al futbolista le informaron de que el United lo había fichado, no se lo pudo creer. Confesó después que pensó que era una broma. Acabó jugando un total de 334 minutos para el United, ninguno como titular.

Un año después de llegar a Manchester fue cedido primero a un equipo turco, después a dos de Portugal, hasta que el Benfica lo fichó por tres millones de euros. Tras un peregrinaje que lo llevó después al Córdoba y al Rayo Vallecano, acaba de recalar en el Eibar. Quizá tenga suerte allá, pero hasta la fecha, en sus siete años como jugador profesional, Bebé ha marcado un total de 19 goles.

Ferguson nunca explicó el misterio de por qué lo fichó por esa nada despreciable suma de nueve millones de euros, aunque lo que sí se sabe, porque lo ha dicho en público, es que el escocés es amigo de Jorge Mendes, del que ha dicho que es el mejor representante de futbolistas que ha conocido. Ferguson se retiró del fútbol tras 27 años al frente del United en 2013.

 La reina Isabel lo nombró sir Alex, el mundo del fútbol inglés lo honró, el curioso asunto con Bebé fue olvidado, y también que su hijo Jason, agente de futbolistas, había representado a 13 jugadores que habían pasado por el United durante el reinado de su padre.

Tras una investigación de la BBC, que reveló todo tipo de repartos de dinero no contabilizados en los fichajes que gestionaba Jason Ferguson, y otra averiguación interna que hizo el propio United, la directiva del club anunció que nunca más trataría con el hijo del venerable entrenador.

A los aficionados ingleses les gusta creer que la corrupción en el fútbol es asunto de los países latinos, pero los hechos demuestran que la sospecha no solo rodea al beatificado Ferguson, sino a otros entrenadores de alto perfil, como el flamante seleccionador inglés Sam Allardyce, uno de los 18 entrenadores de la Liga inglesa que han sido acusados en los medios de haber recibido comisiones secretas en el proceso de compra de jugadores. Tampoco los alemanes son inmunes a la tentación.

 Uli Hoeness, exestrella del fútbol germano y luego presidente del Bayern de Múnich, fue encarcelado en 2014 por evasión de impuestos y en marzo de este año el Comité de Ética de la FIFA anunció que el legendario Franz Beckenbauer, campeón del mundo con la selección alemana como jugador y entrenador, sería investigado por supuestos sobornos relacionados con la elección de su país como sede del Mundial de 2006.

Beckenbauer podría responder que cualquier comité de la FIFA, de ética o de lo que sea, carece por definición de credibilidad. No sería difícil darle la razón. Gianni Infantino, elegido presidente de la FIFA en febrero en sustitución de su compatriota Blatter, no ha cumplido exactamente con su declarada intención de llevar a cabo una renovación moral de una institución que se define, según unos de los candidatos que Infantino derrotó, por “la cultura del silencio y la intimidación”.

Infantino ha pecado por omisión. No ha dicho jamás una palabra en público cuestionando la gestión de Blatter, ni tampoco se le ha ocurrido proponer una iniciativa que clama al cielo: llevar a cabo otra votación para decidir la sede del Mundial de 2022, otorgada a Qatar.

 Y ha pecado, se alega, por comisión también: un diario alemán publicó el 3 de junio que Infantino había ordenado que se destruyera la grabación de una reunión de ejecutivos de la FIFA en la que él mismo había participado el mes anterior; el 14 de junio surgió otro posible escándalo involucrando a Infantino, cuando fue acusado internamente en la FIFA de haber iniciado gestiones para comprarse una casa en Zúrich valorada en 21,5 millones de euros.

Infantino lo niega, pero cunde la impresión de que dentro de la FIFA está estallando hoy una guerra civil, que la gran mafia futbolera se encuentra en el medio de un gran ajuste de cuentas, o quizá en una pugna por el reparto del pastel. He aquí el problema: la tarta, que ha crecido exponencialmente desde que se juntaron la televisión en color y el fútbol en directo.

 La regla es simple: cuanto más dinero, más corrupción. Antes del Mundial de 1970 no había mucho dinero en el fútbol. Los mejores jugadores ganaban menos que los ejecutivos de empresa. Desde entonces los ingresos de los que juegan en las principales Ligas europeas, unidos íntimamente al colosal ascenso de las ganancias que genera la televisión, han experimentado incrementos porcentuales mayores que los de cualquier otra rama laboral, con la posible excepción de la de los grandes banqueros de inversión.

 Hoy Messi y Cristiano Ronaldo ganan 30 o 40 millones de euros al año. Los señores de pantalones largos que operan en su órbita los envidian. Si estos chavales pueden ganar tanto, se preguntan, ¿por qué no nosotros también? Como vemos, se han puesto manos a la obra para lograr la paridad.

Lo que los ha protegido es la autorre­gulación y casi cero transparencia del negocio del fútbol, comparable solo al de las instituciones financieras de las islas Caimán. Pero tienen un aliado aún más poderoso: nosotros, los aficionados; los que les pagamos la fiesta; los que, pese a todo, preferimos no saber. La FIFA tuvo la mala suerte de que un cuerpo ajeno a los encantos del fútbol se entrometió en sus asuntos.

Algunos que se pasaron de listos, como los Messi, tuvieron la mala suerte de ser descubiertos. Pero el hecho de que el propio Barcelona y buena parte de sus fans se hayan volcado en apoyo de Messi (#TodosSomosLeoMessi, rezó el hashtag oficial del club) lo dice todo sobre el hábito que tenemos los aficionados de funcionar en vías mentales paralelas.

Podemos suponer que la afición de cualquier otro equipo respondería de similar manera en caso de que uno de sus reyes magos también cayera víctima de la justicia.

Blatter y compañía lo tienen complicado porque están atrapados en las mandíbulas de bulldog del FBI, y porque además no son ídolos de nadie. Los que sí lo son caen en la tentación de creerse superhombres, por encima de la ley, alentados por los buitres que los rodean.

 Nos lo ponen difícil a los cientos o miles de millones que hemos descubierto en el fútbol la gran diversión y el gran consuelo de la vida, pero llegada la hora de la verdad –llegado el partido–, seguimos siendo cómplices del secretismo que permite que los amos roben con impunidad.

 Empieza la nueva temporada, vuelve la ilusión y los locos del fútbol que se han tomado la molestia de leer este artículo rápidamente lo olvidarán. Yo, que lo he escrito, también. Para los forofos, el fútbol vale más que la justicia."             (John Carlin: El negocio del fútbol, en llamas, Fuente: El País Semanal , en Mientras tanto)

21.6.16

Blatter sugiere que Alemania compró votos para celebrar el Mundial 2006

"Joseph Blatter, el presidente de la FIFA, organismo rector del fútbol mundial, dijo en el diario suizo SonntagsBlick que hubo “irregularidades” en la adjudicación del Mundial de 2006 a Alemania. 

Ante la referencia a una presunta compra de votos, Franz Beckenbauer, mítico exfutbolista y presidente del comité organizador de aquella cita, salió al paso en el diario alemán Bild: “Las declaraciones de Blatter me resultan del todo incomprensibles. Lo decisivo fue el voto de los europeos a nuestro favor”. 

El cruce de argumentos se produce justo después de que la FIFA admitiera esta semana que el brasileño João Havelange, su presidente durante 24 años, y el yerno de este, Ricardo Teixeira, recibieron sobornos por un mínimo de 11,8 millones de euros procedentes de ILS, una agencia de mercadotecnia y derechos televisivos.

 Ahora que también se pone en duda el proceso de elección de las sedes organizadoras de los Mundiales de 2018 (Rusia) y de 2022 (Catar), Blatter recordó el caso de 2006 (Alemania).

 “Mundiales comprados... Recuerdo que en el momento de la adjudicación alguien se fue. De esta manera, en lugar de 10 (votos) a 10 quedamos 10 a 9 a favor de Alemania. Me alegré, porque no fue preciso un voto de desempate. Pero, vamos a ver, alguien se levantó y se fue”, explicó.

 ¿Supone entonces que hay un caso de corrupción?, indagó el periodista sobre el caso de Alemania. “No supongo nada. Lo constato”, respondió Blatter, que es presidente de la FIFA desde 1998 y por lo tanto lo era cuando Alemania fue elegida. (...)"           (El País, 16/07/12)

11.1.16

La corrupción de la FIFA facilitada por los megabancos

"A los escándalos de la gran banca de los últimos años sobre la manipulación de los tipos de interés del Libor y Euríbor, del tipo de cambio de las divisas, del precio del oro y de las Bolsas, se suma ahora la corrupción de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA) que afecta a dirigentes de las 209 asociaciones nacionales que la integran. 

Y este escándalo mundial de la corrupción en la FIFA pone de manifiesto una vez más el papel decisivo que juega la gran banca internacional en el lavado de dinero sucio, en la evasión  y el fraude fiscal, en la delincuencia económica de gran calibre y en la corrupción política.
Las acusaciones presentadas por el Departamento de Justicia de EEUU en mayo de 2015 menciona a más de 20 grandes bancos utilizados por nueve funcionarios de la FIFA y cinco ejecutivos de la industria deportiva para las transferencias y la recepción de posibles sobornos, incluyendo al Credit Suisse, HSBC, Standard Chartered, Julius Baer, JPMorgan Chase, Citigroup o Bank of America.
Los presidentes de la FIFA y la UEFA, Sepp Blatter y Michel Platini, fueron suspendidos de sus funciones a principios de octubre, después de un pago de la FIFA de dos millones de francos suizos a Platini en 2011 según informó el banco suizo USB a las autoridades.
Y en octubre último, según el Financial Times (30/10/2015), el Credit Suisse se convertía en el primer banco mundial que declaraba haber sido contactado por las autoridades estadounidenses y suizas en la indagación sobre la corrupción de la FIFA, siendo interrogado acerca de la gestión de los pagos ilegales a los dirigentes del órgano rector del fútbol. Según afirmaba en el informe de resultados trimestrales, este banco suizo estaba cooperando con las autoridades.
"Las autoridades de Estados Unidos y Suiza están investigando si varias entidades financieras, incluyendo Credit Suisse, permitieron el procesamiento de transacciones sospechosas o de otra manera inapropiadas, o dejó de observar las leyes y regulaciones contra el blanqueo de capitales, con respecto a las cuentas de determinadas personas y entidades asociadas con la FIFA ", decía este banco. Aunque portavoces informales de la entidad, restaron importancia a esa declaración alegando que era una "información rutinaria" dada por el banco a los reguladores.
Sin embargo, los Fiscales estadounidenses han amenazado con castigar a los bancos por no informar sobre las actividades sospechosas en las cuentas relacionadas con la FIFA como parte de la investigación sobre corrupción de los altos dirigentes del fútbol mundial, según ha contado posteriormente el periódico británico citado (13/12/2015); lo que tendrá graves consecuencias si avanza las indagaciones de los fiscales. En 2014, JPMorgan Chase pagó una multa de 2.000 millones por no presentar los informes  reglamentarios en relación con las  operaciones bancarias relacionadas con la estafa piramidal que dirigía Bernard Madoff.
Además de Credit Suisse, JPMorgan, junto con Bank of America, Citigroup, HSBC, Standard Chartered y UBS son algunos de los bancos que mantienen conversaciones privadas con los fiscales acerca de lo que sabían y cuando lo supieron, como parte de la referida investigación. Todos estos y otros grandes bancos mantuvieron cuentas de la FIFA o de entidades conectadas con la FIFA y los individuos acusados, o fueron utilizados como parte de las transferencias de dinero ilícito, que en algunos casos podrían ascender a millones de dólares, de acuerdo con la acusación que en mayo conmocionó al mundo del fútbol.
En los casos de Credit Suisse y UBS en Suiza, los fiscales de Estados Unidos también intentan obtener información sobre la FIFA y sus entidades relacionadas sin tener que lidiar con las restricciones de las leyes suizas de secreto bancario. Un acuerdo con el Gobierno suizo podría darles un acceso más libre a la información de las cuentas bancarias relacionadas con la FIFA, en lugar del sistema actual de tener que hacer solicitudes individuales de datos. Los fiscales han apuntado a la aplicación de la legislación aprobada por el parlamento suizo en 2010 que permitió a UBS transferir a las autoridades estadounidenses miles de nombres de clientes estadounidenses sospechosos de evadir impuestos.
Hasta ahora, en la investigación de la FIFA, la Oficina Federal de Justicia ha congelado algunas cuentas bancarias en Suiza en respuesta a cuatro solicitudes estadounidenses de asistencia judicial, y también ha ordenado la entrega de los documentos correspondientes en cinco, resoluciones parciales finales, de acuerdo con los Departamento Federal de Justicia y Policía suizos.
A principios de este mes las autoridades estadounidenses dieron a conocer las acusaciones penales contra 16 ejecutivos actuales y anteriores de la FIFA en América Central y del Sur. Hasta el momento, un total de 41 personas y entidades han sido acusadas en la investigación de la FIFA.
Los fiscales han hecho saber a todos estos megabancos que desde hace mucho tiempo era sabido que la FIFA es una organización corrupta, por lo que los bancos deberían haber presentado regularmente informes sobre las actividades sospechosas de las personas y entidades vinculadas a aquella organización. Curiosamente muchos de los bancos implicados, han respondido que hasta hace poco los medios de comunicación apenas habían informado de modo significativo de las acusaciones de corrupción que rodean la FIFA; entre otras razones porque algunas de las personas acusadas de los sobornos eran empresarios muy respetados en sus países, que no suscitaban sospechas.
Pero lo que se demuestra una vez más es que la gran banca ampara el lavado de dinero sucio así como la evasión y el fraude fiscal o la delincuencia económica de gran calibre, dada la laxitud de las regulaciones vigentes y en la insuficiente supervisión bancaria junto a unas penalizaciones económicas previsibles muy inferiores a los beneficios previamente logrados con transacciones internacionales al margen de la ley.-"          (La Europa opaca de las finanzas, 22/12/15)

23.6.15

Bancos del Reino Unido, Estados Unidos, Israel y Suiza en el escándalo de la FIFA

"El cerco comienza a cerrarse en torno a los principales dirigentes de la FIFA y la presión de la investigación se hace insostenible.

 Joseph Blatter renunció a la presidencia de la institución, a cuatro días de haber sido reelegido por otros cuatro años al frente del fútbol mundial, producto de las acusaciones que lo envuelven en el escándalo de soborno y extorsión. The New York Times informó este martes que Blatter estuvo involucrado junto a Jérôme Valcke, el Director de Marketing de la FIFA, en un soborno de 10 millones de dólares el año 2008, relacionado con el Mundial de Sudáfrica 2010. 

Blatter y sus asesores señalan que ese dinero fue para "ayudar a Sudáfrica a realizar el Mundial", y además "crear un fondo para desarrollar el fútbol en el Caribe".

Toda esta información se está conociendo a través del propio sistema financiero. Como señalaba garganta profunda en el escándalo Watergate narrado en Todos los hombres del presidente, "hay que seguir el dinero". 

Es lo que hace Loretta Lynch, la Fiscal del Departamento de Justicia de Estados Unidos, que le aplicó una multa de 6 mil millones de dólares, a 6 de los bancos más grandes del mundo. Es probable que Lynch haya accedido a rebajar la pena a los bancos a cambio de información clave que le permitiera crear un poderoso cerco contra los dirigentes del fútbol. La inédita forma en que fueron detenidos, la semana pasada, 7 dirigentes de la FIFA alojados en un hotel de Zurich, fue una muestra de fuerza.

Loretta Lynch ha logrado determinar que gran parte del dinero de la corrupción transitaba a través de los principales bancos de Estados Unidos y el Reino Unido. Por el lado británico están los bancos HSBC, Barclays y Standard Chartered; por el lado estadounidense estaban Bank of America, Citibank, JP Morgan, Delta Bank, Fidelity, Wachovia (ahora Wells Fargo), First Citizens, Sun Trust. En Suiza, el dinero habría pasado por las cuentas de Julius Baer UBS, así como la filial del banco Hapoalim israelí.

Los sobornos de la FIFA se desviaban hacia los paraísos fiscales y el más utilizado era el de Panamá. Le seguían los paraísos fiscales de Islas Caimán, Bahamas, Qatar, Trinidad y Tobago. Ninguno de estos bancos ha sido acusado, hasta el momento, por las autoridades de Estados Unidos por fraude y complicidad en el caso. Pero los bancos británicos y estadounidenses han abierto investigaciones internas para verificar las acusaciones de corrupción.

"Seguir el dinero" requiere abrir las cuentas y abolir el secreto bancario. Hasta el momento, las autoridades de Estados Unidos han descifrado el caso de Costas Takkas, ciudadano británico que fue presidente de la Asociación de Fútbol de las Islas Caimán, y estrecho colaborador de Jeffrey Webb, presidente de la CONCACAF. 

En noviembre de 2012, según la acusación, Takkas recibió un millón de dólares en sobornos. El dinero fue pagado por una empresa de Estados Unidos, con sede en Miami, que organiza eventos deportivos. El dinero se transfirió a una compañía fantasma con cuenta bancaria de HSBC en Nueva York. 

De ahí fue desviado a otra cuenta de HSBC en Hong Kong, para luego llegar a una cuenta de Standard Chartered en Nueva York, y terminar en el Fidelity Bank de las Islas Caimán. Costas Takkas era un estrecho colaborador de Blatter y la semana pasada fue uno de los 7 dirigentes arrestados en Zurich. El cerco se cerraba para Blatter. No le quedó más que renunciar al mando de la FIFA, de la era presidente desde 1998, y a la que había ingresado en 1975."                 ( , El blog salmón, 03/06/2015)

5.6.15

Obama destruye la corrupta FIFA, no por corrupta, sino para vengarse de que EEUU no fuera escogido como sede del mundial de 2022

"Este artículo aporta noticias desconocidas en los medios españoles acerca del caso de corrupción de la FIFA.

1. (...) La pregunta que se hacen muchísimos columnistas progresistas en EEUU es: ¿por qué se lleva a la FIFA ahora a los tribunales y no se ha hecho antes con los banqueros, tanto estadounidenses como europeos, que están corrompidos hasta la médula, que se han saltado todas las normas contra la evasión fiscal conocidas, y que están protegidos por los paraísos fiscales? 

Creo que es una pregunta lógica que no he visto que se haya hecho en ninguno de los rotativos en España. Que esta pregunta se haga no implica que debiera dejar de perseguirse a la FIFA. Pero sí que deben cuestionarse las prioridades de la oficina fiscal del Estado federal. 

 Es casi imposible no pensar, como han hecho varios articulistas en la prensa estadounidense, que la fiscal del Estado federal lo ha hecho bajo el mandato de la Administración federal de vengarse de que EEUU no fuera escogido como sede del campeonato mundial de fútbol de 2022, como había pedido el gobierno federal de EEUU. No hay duda de que este conocía de la corrupción en la FIFA desde hace mucho tiempo. ¿Por qué ahora, pues, y no antes?

2. Es interesante notar que las bases legales en las que se apoya la Fiscalía del Estado federal para poder tomar tal acción contra personas que no son ciudadanos estadounidenses, por hechos no realizados en territorio de EEUU, es, ni más ni menos, que la ley antiterrorista aprobada por el Congreso a raíz del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. 

Esta ley da autoridad para que el Estado Federal actúe como policía internacional, actuando según los que considere son sus intereses. La corrupción de la FIFA es denunciable, pero no tiene nada que ver con el terrorismo internacional. Se utiliza la ley antiterrorista, sin embargo, para menesteres e intervenciones que no tienen nada que ver con el terrorismo.

3. La FIFA es una de las empresas transnacionales de mayor dimensión, con unas de las tasas de beneficios más altas (obtuvo 1.500 millones de dólares –algo más de 1.300 millones de euros– solo del campeonato mundial de Brasil). Y, sin embargo, no paga ni un centavo en impuestos. 

Se la considera una asociación sin ánimo de lucro, cuya sede está en Suiza. Toda la evidencia existente apunta a que es una empresa altamente corrupta y que los votos en las votaciones para escoger la sede del Mundial se basan no en las condiciones ideales para realizar el campeonato, sino en la capacidad de comprar votos.

4. Qatar es uno de los países que reúne peores condiciones para realizar el campeonato, con unas temperaturas de 150º Fahrenheit (equivalentes a 65º centígrados). Es, además, uno de los países con mayores violaciones de derechos humanos hoy existentes en el mundo. 

Es un Estado dictatorial, basado en una enorme represión, en el que la clase trabajadora (la mayoría inmigrantes) carece de los más elementales derechos laborales. Según la Confederación Internacional de Sindicatos, 1.200 trabajadores inmigrantes han muerto desde el año 2010 cuando se seleccionó a Qatar para la celebración de los juegos mundiales en el 2022. 

El grado de crueldad de que es capaz tal régimen queda demostrado en el hecho que los trabajadores inmigrantes procedentes de Nepal no fueron autorizados a ir a ver a sus familias tras el terremoto que tuvo lugar en aquel país. Un inmigrante nepalés murió cada dos días en 2014.

Y Qatar es el país que la camiseta de los jugadores del Barça está promoviendo, convirtiendo al Barça -que fue el club deportivo identificado con la lucha por la libertad y por la democracia en Catalunya y en España- (y cuyo presidente fue fusilado por las tropas franquistas durante la Guerra Civil) en un promotor de aquel régimen. Una auténtica vergüenza que está dañando enormemente la imagen del club a nivel internacional. (...)

6. El Presidente de la FIFA, el Sr. Blatter (que ha dimitido hoy), ha presidido esta asociación con pleno conocimiento y participación de las malas prácticas que se están realizando. En realidad, ha estado evitando visitar varios países, como EEUU, por temor a ser detenido. 

Era incluso probable que no hubiera ido al campeonato mundial de fútbol femenino en Canadá –un gran evento que está siendo marginado incluso por la propia FIFA-. Preguntado el Sr. Blatter sobre qué es lo que podría hacerse para dar mayor promoción e interés popular a este evento, respondió que “las jugadoras se cortaran al máximo posible sus pantalones”. Esta es la calidad de tal personaje (...)"              

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 3 de junio de 2015, en www.vnavarro.org, 03/06/2015)

28.5.15

"El fútbol ha pasado a convertirse en una actividad criminal"

"La fiscal general de Estados Unidos, Loretta E. Lynch, aseguró hoy que el Departamento de Justicia está "determinado a acabar con la corrupción en el mundo del fútbol" que ha salpicado casos como la elección de Sudáfrica para el Mundial de 2010 o la elección del presidente de la FIFA en 2011.

"Los detenidos utilizaron sus posiciones de confianza para solicitar sobornos a cambio de los derechos comerciales, y lo hicieron una y otra vez, año tras año, torneo tras torneo", denunció Lynch en rueda de prensa junto al director del FBI, James B. Comey, y otros altos funcionarios.

Siete altos dirigentes del máximo organismo del fútbol mundial, entre los que se encuentran dos vicepresidentes, fueron detenidos hoy en la ciudad suiza de Zúrich por cargos de corrupción cuando se encontraban en el hotel en el que se hospedaban antes de participar en el congreso anual de la FIFA.

La fiscal general denunció entre otros casos salpicados por el escándalo el proceso de elección de Sudáfrica como sede del Mundial de 2010, que los implicados "corrompieron a través de sobornos para influir en la decisión" del país anfitrión.

La acusación también alega que la corrupción y los sobornos se extendieron a la elección del actual presidente de la FIFA, Joseph Blatter, en 2011, y a los acuerdos relativos al patrocinio de la selección brasileña por una compañía de deportes estadounidense.

Además, según la investigación, la Copa América que se disputará por primera vez en EEUU en 2016 "fue usada como vehículo en una conspiración más amplia para llenar los bolsillos de los ejecutivos con sobornos de un total de 110 millones de dólares", que representan casi un tercio de los costes legítimos de los derechos implicados en los torneos.

"En resumen, estos individuos y organizaciones incurrieron en sobornos para decidir quién televisaría los partidos, dónde tendrían lugar y quién controlaría la organización que supervisa el fútbol a nivel mundial", denunció Lynch, que hasta hace unos meses era la fiscal general del distrito este de Nueva York, encargado de la investigación.

La fiscal general detalló que los acusados planearon parte de su actividad delictiva durante reuniones celebradas en Estados Unidos, además de usar el sistema bancario de este país para distribuir el pago de los sobornos.

La Fiscalía General de Estados Unidos evitó hoy hacer comentarios sobre el presidente de la FIFA, el suizo Joseph Blatter, aunque afirmó que la investigación por supuesta corrupción en esa organización sigue en curso. "No vamos a hacer comentarios sobre nadie que no esté incluido en el pliego de acusaciones", afirmó la fiscal general, Loretta E. Lynch.

La fiscal general de Estados Unidos dijo que de todos los cargos anunciados, que incluyen el de fraude masivo y blanqueo de dinero, el más grave es el de crimen organizado. "El fútbol pasó de convertirse en un negocio a una actividad criminal", insistió Lynch.

"Nadie está por encima o más allá de la ley. No vamos a parar hasta que enviamos mensajes de que esta no es la forma en que las cosas deben ser y que deben ser diferentes. El fútbol es el deporte rey, ya que está disponible para todos, sin importar de dónde vienes, pero ha sido secuestrado. Ese terreno de juego llano se ha inclinado a favor de aquellos que buscan ganar a expensas de países y niños", advirtió por su parte James B.Comey, director del FBI."               (Público, 27/05/2015)

6.6.11

Jack Warner y Mohamed bin Hammam, ofrecieron 40.000 dólares a cada uno de los 24 directivos de federaciones de la zona si votaban por Hamman

"En noviembre, el Comité de Ética de la FIFA suspendió a dos de los 24 miembros de la Comisión Ejecutiva que dirige el fútbol mundial. El nigeriano Adamu y el Reynald Temarii habían sido grabados por reporteros del diario The Sunday Times -que se hacían pasar por representantes de la candidatura de EE UU Mundial 2022- aceptando dinero a cambio de votar por ese país. (...)

Pero sí tuvo en consideración otras vertidas el 26 de mayo: las de un miembro del Comité Ejecutivo y secretario general de la Concacaf (la Confederación de América del Norte y del Sur y el Caribe), Chuck Blazer, que aseguró que su presidente, Jack Warner, y el candidato alternativo a Blatter a la presidencia de la FIFA, el catarí Mohamed bin Hammam, ofrecieron 40.000 dólares (27.600 euros) a cada uno de los 24 directivos de federaciones de la zona si votaban por Hammam.

El catarí, que preside el fútbol asiático, renunció a sus aspiraciones presidenciales horas antes de ser suspendido, el domingo pasado, por la FIFA. Warner, que también fue suspendido, divulgó como represalia parte de un correo de un alto cargo de la FIFA en el que este critica a Hammam por retar a Blatter: "Creyó que se puede comprar la FIFA como compró el Mundial".

Esta catarata de acusaciones de corrupción han convertido a la FIFA en un organismo bajo sospecha al mismo nivel que estaba el Comité Olímpico Internacional (COI) hace 10 años. (...)

Mucha gente se ha opuesto al golpe de mano inglés no para defender a Blatter sino por la dudosa legitimidad moral de quienes han querido derrocarle.

De la misma forma que la inmensa mayoría de quienes se oponían a la guerra de Irak detestaban a Sadam, pero no entendían por qué querían derrocarle quienes le tuvieron como aliado cuando cometió sus peores crímenes.

Inglaterra apoyó el ascenso de Blatter a la presidencia de la FIFA en 1998 porque pensaba que eso le ayudaría a conseguir el Mundial de 2006, que finalmente se fue a Alemania. Y ahora ha ocultado los casos de corrupción que conocía para no dañar sus opciones a conseguir el de 2018. Solo cuando ha perdido esa batalla ha decidido denunciar la corrupción de la FIFA.

El propio lord Triesman admitió en su declaración en los Comunes que no había hablado antes para no poner en peligro la candidatura. ¿Habría hablado después si Inglaterra hubiera conseguido el Mundial?

"La federación inglesa no tiene autoridad moral" para presentarse como alternativa a Blatter, escribió el miércoles el periodista Matthew Syed en un valiente artículo en The Times, encuadrado en el grupo mediático más activo contra Blatter. Inglaterra no sólo ocultó la corrupción de otros para no dañar sus intereses, sino que la practicó.

Aunque de manera más sibilina que ofreciendo cheques contra votos. Así lo concluye Syed al analizar varios episodios de la candidatura inglesa al Mundial 2018. Por ejemplo, se comprometió a jugar un amistoso en Tailandia que se canceló horas después de que el representante tailandés en la FIFA reculara en su promesa de votar por Inglaterra.

"Quizás en la FA crean que proponer un amistoso no constituía un acto de corrupción. Pero entonces tienen que explicar la diferencia moral entre enviar un sobre lleno de dinero a la federación tailandesa y enviarle el valor más preciado -sus jugadores- para conseguir el mismo objetivo", escribe Syed.

El periodista recuerda lo sorprendida que se quedó Inglaterra al saber que solo había logrado dos votos. Eso significaba que Corea del Sur, que optaba al Mundial 2022, no había cumplido su compromiso de intercambiarse los apoyos, algo prohibido. (...)

La FIFA está abocada al mismo proceso de renovación que vivió el COI. Y los garantes no van a ser pulcros académicos o combativos periodistas, sino frías multinacionales que no quieren arriesgar en un organismo con mala imagen: Adidas, Coca-Cola, Sony, Visa, Hyundai/ Kia y Emirates. Poderoso caballero, don Dinero." (El País, 05/06/2011, p. 64)