"Desde ya una buena cantidad de años como profesor
universitario al mismo tiempo que activista social, quiero poner en el
papel algunas consideraciones que intenten ir más allá del sangrante y
esperpéntico anecdotario protagonizado, de momento, por el trio de altos
cargos de la política institucional, Cifuentes, Casado y Montón.
Por empezar por alguna de las puntas del asunto, creo
que es bastante irrelevante intentar encontrar alguna diferencia de
sustancia entre el hecho de que Montón haya sido capaz de enseñar un
trabajo (al menos la portada ya que se negó, con motivos obvios dado su
plagio, a permitir que se fotocopiase) y los otros dos cargos no.
Es
irrelevante ya que hemos ido acumulando más que simples sospechas con
filtraciones en todos estos años de cómo algunos políticos que intentan
construirse un currículo universitario encargan a personas de su entorno
y que forman parte del personal de confianza que dirigen en el ámbito
institucional, la elaboración del mismo.
Unas veces es un encargo pagado
y otras es un servicio que será recompensado en un futuro por el alto
cargo desde las posibilidades que ese puesto importante le permite, o, a
veces, la recompensa abarca los dos ámbitos. También hemos sabido que
el redactor o redactora en la sombra, no ha realizado necesariamente el
trabajo encargado con la honradez y calidad mínima esperada; en cierta
medida ha decidido ser tan corrupto como su patrón o patrona, plagiando
con tan pocos disimulos como escrúpulos.
Dejemos claro que tanto el acto de no hacer el trabajo
de investigación requerido, como presentarlo falsificado y plagiado, en
la universidad solo puede realizarse, como mínimo, con la absoluta
conciencia y connivencia de algunos miembros del profesorado. Es decir,
no ha podido ser, en ningún momento, una acción unilateral por parte de
importantes estudiantes corruptos que engañan a todos, como si se
tratara de algún universitario que en un momento dado copia un examen
hábilmente superando el control de su profesor.
Mucho más revelador es alguna parte del discurso que
construyen en sus apariciones públicas, cuando ya no tienen más remedio
que intentar dar explicaciones para conseguir sobrevivir en el puesto.
La señora Montón, siguiendo un guion extraordinariamente similar al de
la señora Cifuentes, dijo en voz muy alta en la rueda de prensa como
argumento de enorme peso: “tengo el apoyo del Presidente”.
¿Este apoyo qué tiene que ver con el tema que se
juzga? Lo que se está dilucidando es la honestidad o deshonestidad.
Tener el apoyo del Presidente no convierte en verdad la mentira. Se
pierden y evidencian con revelaciones en un discurso cuyas claves no se
corresponden tanto con lo que es generalizable a la sociedad, sino que
se corresponde con lo que en su pequeño mundo tiene mucha importancia:
las relaciones que te respaldan, el sostén de los que están por encima
de ella en la jerarquía.
Y, en este punto, no podemos menos que
reconocer que tiene buena parte de la razón: para ascender y permanecer
en los cargos de responsabilidad como una autentica profesional de la
política, como mínimo en el PP y en el PSOE, hace falta medrar y mucho,
generar alianzas que supongan a los que tienes por encima garantía
suficiente de fidelidades y algo muy parecido con los que compiten en el
mismo nivel de la jerarquía del aparato de partido.
Es decir, la
cooperación, la colaboración ética, unida a una capacitación real no
solo en términos técnicos, sino sociales, está bastante minorizada, por
no decir ausente, como determinante principal del puesto que se ha
llegado a ocupar y la promesa, si ya no se puede mejorar, como mínimo a
mantenerlo casi eternamente.
La lista de políticas y políticos profesionales, que,
desde sus inicios juveniles, no han hecho otra cosa más que trabajar
para el partido o para los puestos del mismo partido en las
instituciones, es larga, tanto en el PP como en el PSOE y sorprende
contar la cantidad de años que van acumulando, pasando de un puesto a
otro, salvo que les llegue la jubilación de la clase política y la
recompensa se presenta no en forma del retiro de cualquier trabajadora o
trabajador.
Para esos altos cargos se presenta en forma de la
recompensa de las puertas giratorias, desde las que a su vez pueden
hacer valer sus agendas de contactos adquiridos en los años de
ejercicios anteriores, manteniendo fuera de la esfera pública, en los
consejos de administración de las empresas en las que son recolocados,
una obligada sintonía de intereses, por no decir sumisión al aparato de
partido que te ha dado esa ventajosísima y elitista opción generalmente
muy bien remunerada.
A la espera de lo que ocurra con Casado en el supremo,
la despedida de Cifuentes y de Montón sigue un mismo guion. Por parte
del partido que se ve obligado ante las múltiples evidencias y las
consecuencias que supondría mantenerla para sus organizaciones, las
frases de despedida son de este calibre: “Tu decisión, valiente, te
honra”, le adjudica el presidente Sánchez, “con tu labor, España es
mejor país en solo cien días. Gracias", señala la cuenta oficial de
Twitter del partido… mientras que la misma Carmen Montón, se adjudica en
su rueda de prensa de despedida que lo hace “desde la honestidad”.
Estas declaraciones que no solo niegan todas las
evidencias, realmente, ¿las hacen como parte del oficio para conseguir
minimizar daños intentando que la desinformación actúe a su favor
consiguiendo, ayudados por la prensa, radio y televisiones amigas, que
entre algunos sectores sociales no suponga un desgaste de confianza y
legitimidad de su organización, cosa que se traduce siempre en pérdidas
de votos?.
Pensamos que, junto a ello, existe otro motivo, que
parte de la lectura que hace la propia clase política de sí misma. Junto
a su capacidad de autonomizarse de los intereses sociales, con
intereses propios, parte del oficio de político profesional consiste en
emitir discursos que, amplificados convenientemente por los medios de
comunicación, justifican estar haciendo y defendiendo aquello que
sistemáticamente se incumple de las promesas electorales y de los
programas de gobierno.
Al mismo tiempo que se construyen discursos en
sentido contrario a las evidencias, los políticos profesionales, en esa
autonomización de los anclajes sociales, van asumiendo la normalización
en su esfera de toda una serie de privilegios, entre los cuales está la
consideración de estar dotados de una serie de valores y reglas que no
tiene por qué regir para el resto de los mortales.
Así ocurre con el embellecimiento de lo realizado en
la función del cargo, de tal forma que en el caso de la ya exministra
Montón, ella misma y su partido han exaltado el trabajo realizado por
ella en estos tres meses, cosa que entra en contradicción con su
equivalente entre la inmensa mayoría de los trabajadores y trabajadoras.
Una mujer de la limpieza, un auxiliar sanitario… por hacer todos los
días sus trabajos correctamente no reciben el más mínimo halago ni
recompensa, se considera que eso forma parte de su labor, pero para la
clase política esta regla es diferente, el hecho de hacer correctamente
algo de lo que comporta como obligación el cargo, debe ir acompañado de
un jubiloso clamor social de reconocimiento y aclamaciones.
Otra pregunta sin contestar sería ¿por qué eligió ese
master la exministra? Si lo que afirma era que deseaba mejorar su
formación en algo de lo que era la responsable de su grupo
parlamentario, ¿por qué eligió un master de género que seguramente no
elegiría prácticamente ninguna de las mujeres activistas de los
feminismos? La respuesta debemos buscarla en ese mismo lugar, el de una
clase política con reglas y privilegios propios.
El hecho de que al profesorado de ese master le cuelen
falsificaciones de trabajos plagiados o inexistentes, solo puede
entenderse bajo la premisa que participaban en el fraude. Esto que en
este caso es una situación radicada en un grupo de profesores de la
universidad Juan Carlos de Madrid, no deberíamos contemplarlo como algo
excepcional ya que responde a algo que va más allá de una lógica
aparente de comportamientos individuales corruptos.
Hay poderosas conexiones y connivencias en la sombra
no solo entre la universidad y la clase política, sino entre los
principales poderes del Estado, incluyendo también a todo un abanico de
diferentes instituciones sociales. La existencia de una deseable
separación de poderes, es decir de actuaciones independientes sin
influencias subterráneas, es, en esta sociedad que nos ha tocado vivir,
una gran ficción.
En la universidad se establecen conexiones con
importantes empresas como puede ser la banca o un fabricante de
automóviles o una farmacéutica, conexiones que permiten financiación
para proyectos concretos de la mano del gobierno de turno (ministerios,
consellerias que encargan trabajos a determinados profesores y
departamentos…). La clase política es la muñidora de esas conexiones y
recibe a cambio recompensas menores, pero muy deseadas, como puede ser
popularizar su figura presidiendo actos universitarios, en función de su
cargo y no de sus conocimientos.
El nivel superior de intercambio de favores cuando la
connivencia del político es, por ejemplo, con un constructor, permite
recibir algo de lo que este produce: áticos de lujo, reformas gratuitas
de la vivienda… acompañadas de dinero como bien convertible en cualquier
cosa que admita su intercambio. Cuando esto se produce en la
Universidad implica la facilitación por parte del profesorado implicado
algo de lo que produce la universidad: títulos.
Además, no debemos quedarnos en la superficie, esta
conexión afecta a más cosas y posiblemente de más importancia:
contenidos de programas de asignaturas y titulaciones, así como
privilegiar que partes de la ciencia son más promocionales que otras.
Hoy se ha conquistado relativamente en la elaboración científica de la
universidad que no es posible hacer ciencia en multitud de parcelas sin
contemplar el paradigma ecológico-ambiental o el de género. Pero hasta
hace pocos años eran absolutamente ignorados y menospreciados en la
creación y reproducción científica. La clase política coincidía también
en ignorar feminismo y ecología.
La universidad, de la misma forma que ocurre con
jueces, abogacía, directivos empresariales y otros destacados sectores
sociales, en sus escalones altos, participan de las ideas de calado que
escenifican todos los días en los medios de comunicación una buena parte
de los y las políticas profesionales.
La conexión que hace que
compartan tanto cuestiones ideológicas como favores mutuos, a veces
transparentemente y otras muchas en la sombra por su deshonestidad e
ilegalidad flagrante, es la de comulgar plenamente con los valores e
intereses dominantes que se dan en cada momento social. Esa comunidad
está representada perfectamente en las actuaciones “en equipo” de
jueces, medios de comunicación, altos directivos empresariales, miembros
de las universidades y elite política, entre otros.
Sería poco justo transmitir la idea que son muchos,
cuando en la mayoría de ocasiones son muy pocos los que forman parte de
esta red transversal de connivencias, pero pueden abultar mucho, aunque
no supongan un porcentaje relevante en cantidad, hay que contemplarlos
también en función del lugar y categoría destacada que ocupan.
En la universidad rey Juan Carlos, donde se impartía
el master de Cifuentes, Casado y Montón, el rector en esos momentos era
Gonzalez-Trevijano, claramente vinculado al PP, que va a pasar
inmediatamente a ser colocado en el tribunal constitucional por ese
mismo Partido Popular.
Este personaje es ejemplificador en sus
actuaciones de cómo funcionan estas conexiones: tras haber entrado a
trabajar en su universidad numerosos familiares de dirigentes del PP, en
la carrera por presentarse a un tercer mandato (cosa que no estaba
permitida en los estatutos) como responsable máximo de la universidad,
frente a una justificada demanda de su competidor como candidato a
conseguir volver a ser elegido como rector de la universidad,
Gonzalez-Trevijano le da instrucciones a Javier Ramos, que entonces era
su lugarteniente y hoy en día ocupa su lugar como rector de la
universidad rey Juan Carlos, para que sobornara a su contrincante y
retirase la demanda interpuesta.
Los audios han sido publicados por eldiario.es
y dan fe de la catadura intelectual y ética de esta caterva: “Tú me
retiras el contencioso porque me he presentado a la tercera reelección
como rector y yo a cambio… ¿Qué quieres? ¿Dinero, profesores,
departamentos, espacios?”
Tras falsos discursos para la ciudadanía, en los que
proclaman su honestidad y su enorme capacitación, confabulan ocultos en
despachos y restaurantes de lujo con el mayor cinismo mercadeando con
los bienes comunes y los servicios públicos (la justicia, la enseñanza
pública y los títulos que imparte, el territorio, los proyectos y la
planificación urbanística…).
Y esto lo hacen desde los mismos centros de
decisión de la esfera pública, como caballos de Troya que se han
introducido en algunos de los más importantes puestos de decisión y
gestión de los intereses colectivos y sociales.
La respuesta a todo esto, esperemos que no solo esté
en el viento. Frente a la oscuridad en la que se desenvuelven,
necesitamos luces y testimonios. Es una urgencia que toda la herencia
del 15M, de los ayuntamientos del cambio, de las emergentes fuerzas
sociales con fuertes raíces sociales materialicen de una vez las
propuestas de transparencia y participación, mucho más allá de las
simples palabra y declaraciones, en un horizonte cercano que plasme
democratizaciones reales en todos los campos que forman parte de las
vidas de las personas."
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