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13.5.20

Paraguay: centro neurálgico de producción y distribución del narcotráfico transnacional... no es tanto la ausencia del Estado como su complicidad lo que realmente necesita el crimen organizado

"Tema


Hace unos meses tenía lugar en Paraguay una fuga de 75 presos, adscritos a una banda criminal brasileña. Adoptando como ejemplo este hecho, se analizan los factores que explicarían la dimensión del poder alcanzado por las bandas criminales brasileñas en Paraguay, centro neurálgico de redistribución de cocaína y primer productor de marihuana. Hoy, con la pandemia del coronavirus, estos mercados se encuentran prácticamente bloqueados, pero no las estructuras de poder criminal que los sostienen y que permanecen durante la crisis.


Resumen


Hace unos meses tuvo lugar una fuga de 75 presos a través de un túnel del penal de Pedro Juan Caballero, capital de la provincia de Amambay en la frontera seca de Paraguay con Brasil. Todos los fugados pertenecían a uno de los mayores grupos criminales de América del Sur, el brasileño Primer Comando Capital . ¿Cómo han logrado, desde Pedro Juan Caballero, el control territorial y el poder que exige la gestión de un comercio transnacional de esta magnitud? La respuesta también explicaría la exitosa organización de la fuga masiva que ha liberado a miembros de sus organizaciones de una cárcel en Paraguay.
 

Pero para dar respuesta a estos interrogantes la propuesta es centrar el análisis en los factores que explican el poder alcanzado por dichas redes criminales. Entre los argumentos más usuales se encuentra la pobreza y, en este caso, Paraguay ciertamente es uno de los países más pobres de la región. Junto a este factor, también se alude a la falta de Estado o a la combinación de ambos. La propuesta aquí es contemplar otros elementos que son ineludibles para entender, no tanto por qué existe el crimen organizado, sino por qué puede adquirir un nivel de presencia social, económico e institucional tan extraordinario, como en el caso de Paraguay y de otros países de la región.


Análisis


El Observatorio de Tráficos ilícitos y redes criminales del Real Instituto Elcano tiene como aspiración dibujar el mapa del crimen organizado transnacional en América Latina y Europa. El objetivo es conocer los puntos geográficos neurálgicos a partir de los cuales se articulan las redes de los mercados ilícitos transnacionales. En el caso que nos ocupa, se trata del narcotráfico, donde América Latina es un área fundamental de dicho mercado transnacional, en particular en la producción, distribución y comercialización de coca y cocaína. 

Los principales enclaves del mercado dibujan un mapa muy diferente al relacionado con las grandes potencias políticas o económicas. Honduras1 y Bolivia son países sin protagonismo ninguno en las decisiones del tablero internacional, pero trascendentales para la toma de decisiones y organización del crimen organizado transnacional. Estos países son centros neurálgicos de producción y/o distribución y se han constituido como un eslabón esencial para la reproducción de este mercado y del poder del crimen organizado.


En este sentido, conviene llamar la atención sobre Paraguay, donde el ejemplo de la fuga mencionada ilustra el poder y margen de actuación de estas redes para lograr con éxito la fuga de 75 personas de una penal. En este caso, los fugados eran miembros del Comando de la Capital, pero también hay miembros del Comando Vermelho, las dos principales bandas de Brasil y ambas instaladas en Pedro Juan Caballero. El enfrentamiento entre bandas criminales es uno de los principales motivos de la alta tasa de mortalidad de Amambay y su capital. De hecho, alcanzan una de las tasas de homicidios más altas de toda la región(...)

 Estas bandas gestionan la distribución de marihuana en Paraguay y en los países vecinos, ya que su país es el mayor productor de dicho cultivo en la región. A ello se suma la distribución de la coca o cocaína, ya que, por su situación estratégica, es un centro de redistribución esencial. La coca y/o cocaína sale de Bolivia, tanto la producida en el país como la procedente de Colombia y Perú, y, desde ese país hacia Paraguay, donde tiene lugar la redistribución para los mercados de Brasil y Europa, a través también de Uruguay.

La pregunta es: ¿cómo es posible que se produzcan toneladas de marihuana y que se logre redistribuir, junto con la cocaína, por todo el Cono Sur, Brasil y Europa? ¿Cómo se explica que puedan gestionar, desde esta ciudad, todo este gran mercado transnacional? ¿Y cómo organizar fugas masivas de los miembros de sus organizaciones de una cárcel, como es el caso que se ha contemplado?


Es preciso tener presente la logística necesaria para todas las tareas que exige este tráfico transnacional ya que implica producción, almacenamiento, procesamiento –a través de laboratorios clandestinos– y transporte nacional e internacional. Son estas exigencias organizativas, por su variedad y dimensión, las que obligan a tener poder y colaboración del Estado y la sociedad.


La respuesta no se centra en los factores que explican que exista crimen organizado, de hecho, existe en todo el mundo, sino qué favorece que alcancen niveles de poder y dimensión para poder asegurar este tráfico. Las explicaciones más usuales, particularmente para países como Paraguay, es que el poder del crimen organizado responde a la pobreza o a la falta de Estado, o ambas cosas, como principales argumentos.

Con relación a la situación económica, Paraguay se encuentra posicionado entre los países de la región con mayor pobreza y desigualdad, un factor que podría explicar la dimensión adquirida por el crimen organizado. 

No obstante, en la actualidad es uno de los países de la región que posee una de las tasas de crecimiento más altas y entre sus logros se encuentra el haber reducido sus niveles de pobreza: de 2003 a 2017, respecto a la pobreza total, se ha reducido del 58,72% al 15,24%. En ese mismo período, la pobreza extrema también ha descendido de manera considerable, del 15,64% al 3,28% (Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos [DGEEC], 2003, 2004, 2015, 2016 y 2017).

Más allá de estos datos, si contemplamos el número de homicidios dolosos por cada 100.000 habitantes, podemos comprobar que es de los más bajos de la región. Si además relacionamos estos datos de homicidios con los del Índice de Desarrollo Humano (IDH), se confirma que la relación entre criminalidad, crimen organizado y pobreza y desigualdad no es mecánica, ni siempre tiene lugar.2  (...)

Sorprende comprobar los datos de homicidios en el departamento de Amambay. Este departamento es el más violento, con gran diferencia, del resto de Paraguay. Sin embargo, pese a esta violencia y la presencia del crimen organizado, Amambay no es el departamento ni más pobre, ni más desigual, pues se encuentra dentro de la media nacional. Como se puede comprobar, hay otros departamentos con similares indices de desarrollo humano e incluso algo inferiores y, sin embargo, sus niveles de homicidios son muy bajos. En 2017 registró 69,9 homicidios por cada 100.000 habitantes, cifras equiparables a las de los países más violentos de la región, como Venezuela. 

Le siguen dos departamentos, también implicados directamente en la distribución de cocaína y marihuana, como Concepción y Canindeyú. En estos casos, el número de homicidios sí es un indicador de la dimensión del crimen organizado, ya que este número de homicidios esta provocado por las rivalidades y enfrentamientos existentes entre organizaciones brasileñas y locales y entre bandas brasileñas. Desde hace tiempo hay una “guerra de narcos” latente que estalla de manera intermitente.


Ausencia del Estado y falta de medios


Además de la desigualdad, el otro argumento más empleado para explicar la implantación del crimen organizado, es la ausencia del estado en extensas áreas del territorio nacional. Es esta una situación considerada ideal para realizar actividades ilegales sin traba alguna. Sin embargo, en los departamentos noroccidentales, donde se concentra la producción de marihuana y se organiza la distribución de la cocaína, la presencia estatal no es suficiente, aunque tampoco inexistente.


Si se toma como referencia la presencia estatal del sistema de seguridad, autoridades policiales y judiciales, el número de policías por cada 100.000 habitantes, no alcanza el promedio de 300 agentes según recomienda la Oficina para la Droga y el Delito de la Organización de las Naciones Unidas, pues la media nacional es de 253. 

No obstante, cabe mencionar que en Brasil hay 251 policías por cada 100.000 habitantes y que hay otros países que se encuentran por debajo de esta media, como Guatemala y Honduras (Índice Global de Impunidad, [IGI], 2017). En cuanto al número de jueces, la tasa paraguaya es de 11,74, por cada 100,000 habitantes, superior a la de Chile, con 10,4 jueces. Chile se distingue de sus vecinos por una criminalidad inferior y por una institucionalidad considerablemente mayor (IGI, 2017).


La propuesta es que además de tener en cuenta la presencia cuantitativa de funcionarios, sin duda tan importante o más es cuán corruptibles son. Dependiendo de los grados de corrupción, los funcionarios existentes, al margen de su número, pueden acabar colaborando e incluso protegiendo a estas bandas criminales.

 La corrupción sería el principal factor que explicaría el establecimiento y los amplios márgenes de actuación del crimen organizado y no tanto la ausencia del Estado. Este es el problema más característico de la región, la existencia de áreas “privatizadas” por representantes estatales, que gracias a éstos son gestionadas y controladas por redes criminales de acuerdo con sus propias normas y criterios, tal y como ocurre en Pedro Juan Caballero.


Se repite insistentemente por parte de los responsables gubernamentales la falta de personal, de equipamiento y de recursos en general. De esta manera, se acaba asociando el problema a la falta de inversión en este campo. Sin embargo, hay que tener presente algunos datos. La comparación del gasto entre Honduras y Paraguay, con Chile, Uruguay y Costa Rica (países con los mejores índices de seguridad y buen gobierno) pone de manifiesto que los dos países que más gastan en seguridad, en relación con su PIB, son Honduras y Paraguay.


Sin duda los recursos son imprescindibles, pero en qué y cómo se invierten también es igualmente relevante. No siempre los recursos llegan donde han sido destinados o no llegan donde más hace falta, debido en muchos casos a la corrupción. En Paraguay es imprescindible comenzar a invertir recursos y esfuerzos para resolver los altos niveles de corrupción y, en consecuencia, de impunidad que tiene el país. Sin avanzar en este problema, los recursos destinados a seguridad no tendrán resultados.


En resumen, no hay una correlación mecánica entre violencia criminal y pobreza y desigualdad, como se ha podido comprobar en Paraguay. Con respecto a la ausencia estatal, puede representar un inconveniente, pero no puede considerarse que el Estado esté ausente del territorio nacional, pese a que existan áreas marginales y sin presencia institucional. 

No obstante, como se ha podido comprobar, en Amambay y su capital Pedro Juan Caballero, punto neurálgico de estas redes, no es inexistente. La fuga de los 75 presos es un buen ejemplo para demostrar que la ventaja no es tanto que el Estado este ausente sino que, mediante la corrupción, se logre que sus representantes sean cómplices. Esta complicidad es lo único que puede explicar la fuga masiva de una cárcel, un recinto custodiado y vigilado por autoridades estatales.


Corrupción


Después de haber relativizado los principales argumentos que se aducen para explicar el crimen organizado, en Paraguay la propuesta es contemplar la corrupción como el factor facilitador decisivo para crear las condiciones “idóneas” que expliquen no tanto la existencia como el grado de implantación de estas redes.

Es un error pensar que el mundo ilegal vive al margen del legal. Muy al contrario, necesita de su complicidad para su reproducción y fortalecimiento. En otras palabras, de sus posibilidades de crear una trama de relaciones con el mundo privado y público, ilegal y legal, dependerá el alcance de sus negocios y la principal herramienta para acceder a todos estos ámbitos es la corrupción. En este sentido, Paraguay es un escenario idóneo, ya que su alto índice de corrupción proporciona la vía perfecta para penetrar el Estado y la sociedad. Así lo indica el índice de percepción de corrupción, que lo sitúa en el lugar 135 de 180, siendo este último el más corrupto

La corrupción hace posible negociar, de manera particular, el cumplimiento de la norma con el fin de evadir su cumplimiento. La consecuencia directa es la impunidad y con ella se pretende evitar por parte de estas redes, una detención, un juicio o ir a la cárcel, o si sus miembros están encarcelados lograr una fuga masiva. El dato de impunidad de Paraguay es directamente proporcional a los altos niveles de corrupción, siendo el sexto país de América Latina más impune y el 11º del mundo (IGI, 2017, p. 37). 

De hecho, la impunidad debe entenderse como una consecuencia de la existencia de una corrupción sistémica. Ambas cuestiones son las que pueden explicar, en general, el poder que puede llegar a alcanzar una organización criminal hasta el punto de liberar de una cárcel a 75 presos de la cárcel. Un hecho que no puede ser explicado, de otra manera, tal y como afirmó la ministra de Justicia para explicar la fuga, “hay una categórica connivencia de funcionarios de la prisión”.3


Conclusiones


El ejemplo de la fuga de la cárcel paraguaya pone en evidencia no sólo la dimensión del poder de las redes criminales sino la trascendencia de la corrupción para entender dicho poder. La interacción del crimen organizado, a través de la corrupción, con la sociedad es lo que explica su desarrollo y su penetración. Por tanto, no es tanto la ausencia del Estado como su complicidad lo que realmente necesita el crimen organizado.

 Esta complicidad puede ser pasiva, dejando que los presos salgan –mirando hacia otro lado– o activa, protegiendo y colaborando directamente en su huida. Pero en un caso u otro, dicha fuga, como la mayoría de la actividad del crimen organizado, involucra el Estado.


Paraguay es un campo abonado para el establecimiento de redes criminales. Su posición estratégica es un factor determinante y una condición fundamental para ser elegido por el crimen organizado como punto neurálgico. También los factores económicos, aunque la pobreza no convierte necesariamente a los ciudadanos en criminales, como la marginalidad, puede ser un semillero para reclutar “trabajadores del crimen”. 

No obstante, este factor puede explicar sólo en parte el particular desarrollo de estas redes. Su dimensión depende fundamentalmente del nivel de aceptación y de tolerancia de la corrupción, tanto por parte del Estado como de la sociedad. Paraguay posee, en este sentido, las condiciones idóneas para el desarrollo de estas redes, por sus altos niveles de corrupción estatal y por su tolerancia social a dicha corrupción."                

(Sonia Alda Mejías, Investigadora principal y directora del Observatorio de Tráficos Ilícitos y Redes Criminales, Real Instituto Elcano, 08/05/20)

9.12.19

"Euskal-fariña": un libro de investigación relata la historia del "narco-oasis vasco". Las redes del narcotráfico en Euskadi y sus vinculaciones con policías, políticos y banqueros... y la "impunidad judicial" que rodea estos casos

"Hacía falta más de una mano para levantar tanto peso. 95 kilos, concretamente. De speed para ser más exactos. Ocurrió en 2006, fue una de las mayores incautaciones de esa droga en España y entre los detenidos hubo dos agentes de la Ertzaintza. Por este caso y por otros similares, el periodista y criminólogo Ahoztar Zelaieta ha decidido titular su último libro con un término que no deja lugar a dudas: “El narco-oasis vasco”.

Por partes. Lo de “oasis” viene por aquellas afirmaciones sobre lo diferente que resulta Euskadi, sobre todo cuando de hablar de males se trata. Lo de “narco” apunta al corazón de esta historia que acaba de publicar la editorial Txalaparta. Una historia repleta de alijos, narcotraficantes, policías, políticos… “Capos del narcotráfico y mafias policiales con impunidad política”, abunda el subtítulo de este libro.

Zelaieta recupera así un tema, el de los grandes comerciantes de la droga y sus cómplices en suelo vasco, sobre el que ya había trabajado en otras etapas de su carrera. “Tengo fuentes personales a un lado y otro de la ley. He podido hacer investigación pura y dura, partiendo sin ninguna idea preconcebida de lo que me iba a encontrar”, afirma el autor a Público. De ahí, precisamente, las “sorpresas” que fueron surgiendo en su camino y que ahora atraviesan las páginas de este libro. “He quedado muy satisfecho con el resultado”, apunta algunas horas antes de una presentación en una librería de Vitoria.

“A través de la historia de un bilbaíno asociado a la mafia italiana de Nueva York, este libro nos presenta la foto de familia de los capos vascos del narcotráfico, narco-agentes y confidentes policiales que gozan de anonimato mediático, rodeados de una aureola de impunidad política y judicial”, describe la editorial Txalaparta.

En tal sentido, señala que el trabajo de Zelaieta permitirá comprobar “cómo, desde hace varias décadas, las redes gallegas del narcotráfico cuentan con una infraestructura estable en Euskal Herria y las organizaciones mafiosas han sacado provecho de una cierta permisividad institucional, cuando no connivencia, para perpetuarse en el liderazgo de la delincuencia organizada que opera en el Estado español”.

“Mientras el foco mediático señalaba a Galicia y Andalucía como origen del tráfico de droga en Europa, Euskal Herria, sin abrir telediarios, protagonizaba récords en alijos, convirtiéndose en un enclave internacional estratégico”, apunta Txalaparta. De ahí que Zelaieta hable en haya titulado uno de los capítulos de su libro con el término "euskal-fariña", en relación a los vínculos entre narcos vascos y gallegos.

En ese contexto, la editorial subraya que “mientras las viejas redes vascas del narcotráfico no acaban de morir por sus conexiones con los aparatos del Estado, las nuevas organizaciones no terminan de nacer y se diversifican, copando otros negocios lucrativos como los clubes de alterne, que hacen de nuestro país un pequeño oasis”.
"Colaboradores necesarios"

“Hay que analizar por qué ocurre esta historia”, explica Zelaieta. En ese sentido, el periodista ha indagado sobre “quiénes eran los colaboradores necesarios”. “Está muy bien contar quién, dónde y cuándo, pero lo dificultoso es preguntarse por qué, cómo y para qué. Para tratar de resolver esas preguntas más complicadas, comprobé que había una implicación de narco-confidentes muy potente en Euskadi”, relata.

El autor señala que la red de narcotráfico en Euskadi, hoy considerada como “estratégica” por los expertos, también cuenta con la participación de lo que ha denominado como “narco-agentes”. Se refiere así a aquellos miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado que “han hecho carrera en el narcotráfico teniendo destino en Euskadi”. Además, ha analizado la relación de narco-agentes que “han aparecido en otras redes, tanto de Galicia como de Andalucía” para comprobar “qué relación habían tenido con el País Vasco”. Su conclusión: “muchos de ellos han hecho carrera” en este territorio.
"Label vasco"

Otro concepto que aparece en este libro es la “narco-política”. De hecho, se citan casos de políticos de distintas formaciones que fueron detenidos por su vinculación con este asunto. Asimismo, Zelaieta apunta en su trabajo que “el crimen organizado con label vasco patrocina eventos organizados por ayuntamientos, financia la construcción de frontones, invierte en clubs deportivos de élite y su mecenazgo es clave para el desarrollo de competiciones deportivas que incluso puntúan para campeonatos internacionales”. Bienvenidos al narco-oasis."                    

 (Entrevista al periodista Ahoztar Zelaieta, Danilo Albin, Público, 08/12/19)

15.9.17

Si inviertes 1.000 dólares en Apple después de un año obtienes 1.200. Si inviertes 1.000 en cocaína, obtienes 182.000

"De las ciudades veo las comisarías y los hoteles". La frase de Roberto Saviano (Nápoles, 1979) resume una vida rota por el éxito. La mafia le condenó a muerte por su libro Gomorra y desde entonces sufre un encarcelamiento, sin muros, pero totalmente privado de libertad.

Para Saviano, el precio de recuperar las riendas de su vida sería "dejar de escribir". Y de momento no está dispuesto a pagarlo. Se encuentra en España para presentar La banda de los niños (Anagrama), una novela centrada de nuevo en la Camorra napolitana, aunque esta vez los capos son muy distintos.

Chavales con metralletas recorriendo en sus scooters el centro de Nápoles y disparando a todo lo que se mueve: esto no es ficción. Es la realidad que Saviano moldea para construir un relato demoledor sobre la juventud.

Nos recibe en un hotel del centro de Madrid. Cansado, en medio de un maratón de encuentros con los medios. Pese a todo, sonríe a veces y es entonces cuando las sombras se hacen pequeñas, aunque nunca desaparecen.

En su obra ya habíamos visto cómo los menores son utilizados por el entramado de la Camorra. ¿Qué le ha llevado a convertirlos ahora en protagonistas?

La edad de los afiliados y de los jefes ha caído en picado. Esto pasa porque los jefes están en la cárcel o encerrados en sus búnkeres. Los niños han cogido el poder en las calles, no como 'babygans', sino como verdaderos jefes mafiosos.

Gestionar una plaza de drogas supone un trabajo organizativo enorme: pagar a la policía, pagar los sueldos, controlar la calidad del producto. Es como si le das la llave de un gran supermercado a un chaval de 15 o 16 años. Y hay otra cosa fundamental, que es la relación con la muerte. Ellos no tienen en cuenta la muerte, ellos quieren morir. Lo dicen continuamente. La muerte no es un riesgo del trabajo, es parte del trabajo.

El capo en el que me he inspirado para escribir el libro en la realidad se llama Sibillo, en el libro es Fiorillo. Él a los 18 años publica un post en Facebook en el que dice "celebrarme mucho porque no voy a llegar a los 21". 

Y de hecho le mataron con 19 años. Eso no es solo un problema napolitano, está pasando en todo el mundo: vivir rápido, ganar todo muy rápido y morir. Mira lo cerca que está el yihadismo de esto, tiene mucho menos que ver con el islam y mucho más que ver con esta lógica.

De hecho en su libro los chicos muestran admiración hacia el yihadismo.

Son todos católicos y no les importa nada la religión, pero se dejan la barba, se rapan el pelo y gritan 'Allahu Akbar' porque cualquier persona que es capaz de matar y aterrorizar para ellos es cojonuda.

¿Qué es lo que hace tan fácil que la 'paranza', como se denomina allí a estos chicos, caiga en las redes de la mafia?

El dinero, la posibilidad de poder ganar todo rápido y fácil. Gastar tiempo para lograr algo se ve como una tomadura de pelo, ellos quieren todo y rápido. Si esperas, el futuro no llegará nunca. Pero su primer pensamiento constante es el dinero.

La primera cosa que hacen con el dinero es comprar decenas de zapatillas Air Jordan o gastar todo en champán. Ahorrar para ellos es tirar el dinero, porque no quieren envejecer. Así fascinan al resto de los chavales, que los quieren imitar.

La banda de los niños retrata una generación superficial, preocupada por la ropa de marca, que se mueven por la pura ambición de cosas materiales. Es capitalismo puro y duro.

Totalmente. En este libro, quería mostrar el capitalismo con su rostro más duro, sin ningún tipo de hipocresía.
Sorprende que no provienen de entornos marginales, sino que forman parte de familias 'normales'.
Sí es así, no vienen de la miseria. Pagan un precio alto por la promesa que les ha hecho la familia cuando nacieron y que no pueden seguir manteniendo. La pequeña burguesía italiana, que cuidaba a los niños con cierto bienestar, llega a un punto en el que colapsa. Ya no pueden seguir dándole el iPhone nuevo, ropa de marca, las vacaciones no son las de antes… Y todo esto te lleva al colapso.

La banda de los niños tiene claras sus referencias culturales: Scarface, Call of Duty, YouPorn y también Gomorra. ¿Qué siente cuando ve que sus personajes Genny Savastano o Ciro di Marzio se han convertido en referentes para los chicos del mundo real?

Es normal porque ellos representan la realidad que viven. Tony Montana le puede gustar a un chaval burgués de Madrid, pero nunca se convertirá en él. Pero en estas realidades, lo ven y quieren ser él. La culpa no es de quien lo ha creado, simplemente cuando miran a Tony Montana se ven reflejados en su realidad. 

Del mismo modo, cuando se ve a niños disparar en Nápoles y dicen que la culpa la tiene Gomorra, yo digo: "No. Siempre ha sido así, lo que pasa es que ahora te estás dando cuenta porque Gomorra te lo ha hecho ver".

Las series o las películas solo te hacen ver lo que siempre has tenido delante de los ojos. Solo que te das cuenta de esa realidad después de haberlo visto, y crees que la realidad ha sido creada por la película. El hecho de que se corten el pelo igual, se vistan igual que mis personajes, es una manera para que los demás les reconozcan. Si tienen que demostrar a los demás que son personas duras, les basta con cortarse el pelo a lo Genny Savastano. Son atajos.

Aunque ahora la situación de la Camorra está más debilitada, no termina de ser erradicada. ¿Por qué?

Es muy difícil extirparla si las reglas siguen siendo las mismas. Sin la legalización de las drogas blandas, por ejemplo, no se va a ningún lado. Y además ellos siguen siendo la vanguardia de la economía italiana. Distribución alimentaria, distribución de petróleo: tienen el alma del país. Un empresario sano, honesto, siempre tendrá una vida muy dura si quiere mantenerse honesto.

En esas realidades no hay ninguna economía capaz de sustituir a la del narcotráfico. Siempre pongo el mismo ejemplo: si inviertes 1.000 dólares en Apple después de un año obtienes 1.200. Si inviertes 1.000 en cocaína, obtienes 182.000. Eso significa que cuando un chaval comete un crimen en su cabeza el objetivo son 5.000 euros. Que después de un año invirtiendo en coca se han convertido en un millón. Por eso se exponen tanto. 

Es difícil cambiarlo, pero encender la luz ya es un comienzo. Eso es importante también ahora, aquí en España.

Usted denuncia que España es un refugio para la Camorra. ¿Cómo está la situación?

No es solo la Camorra, el problema es que España tiene todos los tipos de mafia, es una plataforma de todos los tipos de mafia.

Una cosa que me ha llamado la atención durante todo el debate que se está produciendo sobre la independencia es que ningún catalán ha hecho referencia al hecho de que Cataluña está llena de capital criminal. Ni un solo independentista ha dicho: 'yo quiero alejarme porque así puedo combatir mejor el problema del capital mafioso'. Ni los unionistas han argumentado que con un Gobierno central esto se pueda combatir mejor.

En un reciente artículo en L'Expresso denunciaba también el control que las mafias del Este tienen de la Costa Brava. Lanzaba una pregunta: ¿España ignora o lo tolera? ¿Por qué opción se inclina usted?

La mayor parte de España ignora, pero esa ignorancia se está transformando en connivencia. 

Uno de los tipos de mafia española que denunció en su momento es el de la banda terrorista ETA.

No sé por qué hubo tanta polémica.

Sobre todo porque el Gobierno [a través del ministro Rubalcaba] lo negó.

Lo ha negado siempre. Es como si fueran terroristas místicos que no se ensucian con las drogas. Pero yo tengo pruebas diferentes: de arrepentidos de la mafia que han contado que venían a San Sebastián a comprar drogas a personas del entorno de ETA a cambio de armas y que la banda terrorista siempre ha vendido drogas. No en las calles directamente, pero sí que las controlaba.

¿Tiene idea de por qué lo negaron?

Tengo una idea muy clara. No puedes negociar con narcotraficantes, puedes negociar con terroristas políticos. Es la misma razón por la que en la negociación con las FARC, que desde siempre llevan la cocaína, no se ha hablado de esto.

 La mejor protección para un narcotraficante es ser guerrillero, porque es una cuestión política o religiosa, como los talibanes, que gestionan el 90% de la heroína mundial. Pero si tú preguntas quiénes son, te dicen que son soldados del islam, no te contestan que son narcos.

¿Ha pensado escribir un libro sobre España?

Sí, llevo recogiendo material desde hace mucho.

El tema de la corrupción le daría para varios tomos.

Sí, somos países que nos parecemos cada vez más.

¿Tiene España un mayor problema que otros países con la evasión fiscal?

Está en perfecta coherencia con lo que está pasando en resto de Europa. Luego cada Estado tiene su cajita donde guardar su dinero: Francia, Luxemburgo; Alemania, Liechtenstein; España, Andorra; Italia, San Marino; todos, Suiza. Básicamente, Europa ha construido unas islas offshore en su interior.

¿Cómo ha cambiado Roberto Saviano desde que escribió Gomorra?

Ha cambiado todo. He intentado, muchas veces y sin mucho éxito, retomar las riendas de mi vida, con la sensación de que la parte más difícil de vivir no es convivir con la idea de que te puedan matar, sino con todo el odio que se te echa encima todos los días desde Italia. En Italia no se odia el mal, sino a quién cuenta el mal.

Convivir con esto es terrible. La mafia siempre busca tu muerte física y civil. Italia se ha convertido en un país muy malo, se ha vuelto un país envenenado.

A veces pienso en cerrar todo y empezar una vida normal en cualquier en otra parte, pero no puedo hacer esto y seguir siendo escritor. Tengo dos caminos: parar de escribir, dejarlo todo y tomar las riendas de mi vida, o seguir escribiendo y vivir blindado como estoy.

¿Se divide el mundo entre jodedores y jodidos, como dice Nicolas, el Marajá en el libro?

[ríe] Absolutamente sí.

En qué grupo se clasificaría usted.

Jodido.

¿Qué haría si pudiera volver a pasear por Nápoles, libre, sin escolta?

Iría al Castel dell'Ovo, tomaría la primera escalera y me pararía a mirar en la primera terraza, a la izquierda. La última vez que estuve allí fue hace 11 años, pero seguro que sigue igual porque lleva igual siglos. [Ríe]"                             (Entrevista a Roberto Saviano, eldiario.es, 13/09/17)

4.4.09

El 'narco' va ganando la guerra. ¿Y ahora qué hacemos?

"La lucha contra las mafias va siempre por detrás de su capacidad para innovar - Cada vez más instituciones llaman a reconocer el fracaso y atacar la demanda.

Las mafias de la droga se regeneran como la hidra de la mitología griega. Cuando la lucha policial bloquea una ruta, reaparecen por un nuevo camino; cuando los campos de coca o de opio son fumigados, desplazan los cultivos a otro rincón. A pesar de que la caza mundial del narco ha dado pocos frutos -los contrabandistas son cada vez más poderosos, las drogas más baratas y abundantes-, la mayoría de países se resiste a ensayar alternativas más allá de una persecución esquizofrénica, cara y contraproducente. ¿Hay métodos más eficaces para ganar la guerra de las drogas? (...)

Sin embargo, las campañas para eliminar con herbicidas las cosechas de coca suramericana han sido un despilfarro de dinero, principalmente estadounidense: sólo han conseguido trasladar las plantaciones a lugares más recónditos e inaccesibles y la producción mundial no ha disminuido.

Tampoco ha funcionado el bloqueo de las narcorrutas. Aunque la ONU estima que actualmente se decomisa alrededor del 42% de la producción mundial de cocaína y del 23% de heroína, los expertos en política antinarcóticos cuestionan la fiabilidad de esas cifras y argumentan que la cantidad de droga que se menudea en las calles europeas o estadounidenses es cada vez mayor, como prueba el descenso de los precios de venta: entre un 10% y un 30% en la última década. (...)

Uno de los últimos ejemplos de la inagotable capacidad del crimen organizado para burlar la vigilancia son los narcosubmarinos. Se construyen en astilleros clandestinos en la selva colombiana y son capaces de transportar 10 toneladas de cocaína, a ras del agua rumbo al lucrativo mercado estadounidense. La Guardia Costera de EE UU, que ya ha puesto en marcha una inversión millonaria en sensores acuáticos, interceptó en 2008 una media de 10 semisumergibles al mes, aunque estima que cuatro de cada cinco llegan a su destino sin ser avistados. (...)

Esta I+D del tráfico de droga crece alentada por la jugosa recompensa que supone cada operación realizada con éxito. Si fuera un país, Narcolandia sería la 21ª economía mundial, según la ONU, con un PIB anual de 243.000 millones de euros, justo detrás de Suecia, con 272.000 millones de euros. En el Tercer Mundo, los narcos son los empresarios más poderosos. (...)

"Los contrabandistas pagan a los campesinos 300 dólares (227 euros) por la hoja de coca necesaria para producir un kilo de cocaína, que en las calles estadounidenses, vendido en dosis de un gramo a 70 dólares (53 euros), les reportará 100.000 dólares (76.000 euros)", desgrana Peter Reuter, profesor de la Universidad de Maryland y uno de los más reputados expertos en políticas antidrogas, quien no cree que destinando más recursos a la represión se pueda reducir significativamente la cantidad de droga disponible en los mercados consumidores, EE UU y Europa. "Sería más eficaz disminuir la fuerte demanda de drogas en los países consumidores que seguir insistiendo en un control inviable de la oferta", opina Reuter.

"Es imperativo rectificar la estrategia de guerra a las drogas aplicada en los últimos 30 años", censura un informe publicado en febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia. (...)

"Las políticas prohibicionistas (...) no han producido los resultados esperados. Estamos más lejos que nunca del objetivo proclamado de erradicación de las drogas". El informe acusa a EE UU y Europa de no hacer lo suficiente para prevenir o curar el apetito de drogas de sus ciudadanos, que estimula la producción y el tráfico desde el resto del mundo.A pesar de los cuantiosos recursos invertidos en políticas antidroga (al año 40.000 millones de dólares en EE UU y 34.000 millones de euros en la UE), sólo uno de cada cuatro euros se destina a prevención del consumo, mientras que el resto se invierte en represión criminal. (...)

Costa reprocha que haya lobbies pro drogas que defiendan la legalización como solución. "No hay necesidad de sacrificar la protección de la salud de los ciudadanos para reducir el crimen. Ambos objetivos son compatibles", asegura.

Durante mucho tiempo, cualquier disidencia del discurso clásico prohibicionista ha levantado sospechas. Ahora que los carteles causan más estragos que nunca en Centroamérica, África Occidental o Afganistán, muchos se preguntan qué sentido tiene que los Estados hayan dejado a las mafias enriquecerse con el monopolio de la droga y proponen un régimen de legalización controlado que les restaría cuota de mercado.

"No me extrañaría que en 5 o 10 años emerja con fuerza en Europa el debate para legalizar la venta de cannabis", afirma Ethan Nadelmann, director ejecutivo de la Alianza por la Política de Drogas, una organización que promueve la legalización de la venta controlada de marihuana en EE UU. (...)

Partidarios o no de la legalización, la filosofía que mueve a los críticos del prohibicionismo es que la sociedad debe acostumbrarse a convivir con las drogas y a reducir los efectos más dañinos de éstas. (...)

Los paladines de la batalla sin cuartel contra los traficantes reconocen su derrota, pero la atribuyen a la escasa coordinación policial y a la poca voluntad de los Gobiernos para acabar con el lavado de dinero. El esfuerzo hasta ahora ha sido un parcheado de acciones nacionales y la cooperación no ha ido más allá del intercambio de información y asistencia técnica. (...)

"Aún cuesta que se entiendan los policías de dos países que no comparten el idioma, como Alemania o España, cuando trabajan en un cuerpo de intercambio de información como Europol" (...)

"Cuando desarticulan una organización, al día siguiente hay otros dispuestos a ocupar su lugar", critica Francisco Mena, presidente desde hace 20 años de la Coordinadora de Asociaciones Antidroga de la provincia, y buen conocedor de los impulsos que empujan a tantos hacia las redes criminales: "Un adolescente que vigile en la playa la presencia de guardias civiles gana unos 1.500 euros, el que alija se lleva entre 3.000 y 4.000 y el que lo carga en su coche unos 6.000". (El País, ed. Galicia, 02/04/2009, p. 34/5)

4.6.08

La guerra de México ¿Pronto en Cuba?

“En los últimos 18 meses de guerra entre el Estado mexicano y los narcotraficantes… Quinientos policías y militares, incluyendo mandos, han perdido la vida en enfrentamientos o ejecuciones, y la guerra entre los mismos carteles ha provocado 4.000 muertes. Las fuerzas federales han realizado 22.000 arrestos y extraditado 41 narcotraficantes a EE UU. Se han incautado de 14.000 armas, 260 millones de dólares, 6.900 vehículos, 121 embarcaciones marinas, 261 aviones, 2.700 toneladas de marihuana, 52.000 kilos de cocaína y 13.000 de pseudoefedrina. Estos resultados han provocado aumentos sostenidos en los precios de la cocaína de un 44%, y de las metanfetaminas, 73%, en las principales ciudades de EE UU. El Gobierno estadounidense ha tenido que reconocer sus responsabilidades por el consumo y por el tráfico de armas a los carteles. (…)

Durante 40 años hubo tolerancia universal al consumo y oferta de drogas, y hasta la CIA vendió cocaína. (…)

os carteles, que durante años habían operado sin ser muy visibles, se volvieron cínicamente impunes. Se transformaron en poderes fácticos, arrebataron la autoridad al Estado a nivel local, cooptaron a miles de policías y ciudadanos, y desataron violentas guerras por mercados y rutas. Los grandes capos mexicanos estaban a meses de poder hablar por teléfono directamente con la presidencia, tal como ocurrió en Colombia. (…)

La violencia que vive ahora México es el final del régimen de convivencia con el crimen organizado, un final que obviamente será sangriento y doloroso. (…)

En unos tres años el poder coercitivo del Gobierno federal se habrá incrementado considerablemente y el despliegue territorial de éste se habrá consolidado; los delincuentes habrán perdido poder financiero; los carteles se atomizarán, y la violencia se reducirá sustancialmente. Tendrá México que lidiar con la cultura de ilegalidad de sus ciudadanos y con sus propios consumidores de droga. Pero alguien tendrá que abastecer la diversión de las neoyorquinas. Quizás entonces los narcotraficantes se apoderen de Estados pequeños como Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, o tal vez, aprovechando las debilidades de la transición, tomen control de Cuba.” (JOAQUÍN VILLALOBOS: México en guerra. El País, ed. Galicia, 03/06/2008, p. 27)