"El Vaticano ha convertido sus últimos escándalos en un auténtico reality show protagonizado por cardenales, tiburones financieros y misteriosas damas que juegan a los espías y gastan miles de euros de la Santa Sede destinados a ayudas a países en desarrollo en artículos de lujo.
En el centro de la intriga se encuentra esta vez el cardenal Giovanni Angelo Becciu, quien fuera uno de los hombres más poderosos del Vaticano —estaba en todas las quinielas para el próximo cónclave— y custodio de gran parte de los secretos de la milenaria institución. Son ahora sus miserias las que están saliendo a la luz en una cacería a tumba abierta: nepotismo, un presunto soborno a un grupo de víctimas para que acusasen a un cardenal rival de abusos a menores, malversación… Pero el ventilador se ha activado y Becciu no es cualquier prelado.
Nadie sabe cómo puede acabar una investigación y un violento fuego cruzado que amenaza con dejar en papel mojado el proceso de intrigas y corrupción, conocido como Vatileaks, que terminó costando la dimisión del anterior pontífice, Benedicto XVI.
Becciu se ocupó desde 2013 a 2018 de los asuntos más delicados de la Secretaría de Estado y lidió con los mayores escándalos del siglo XX, incluida la histórica renuncia de Benedicto XVI. Preparado, listo, rápido y con un sentido político extremadamente flexible entrenado en distintas nunciaturas, creó una legión de fieles intramuros que siguen defendiéndole en privado. Pero también se granjeó grandes enemigos que esperaban una oportunidad como esta para la vendetta final.
El primer problema llegó cuando el año pasado se conoció su intervención en la compraventa de un inmueble en Sloane Square, el barrio londinense de Chelsea. La Secretaría de Estado autorizó en 2013 la inversión en un fondo que poseía un edificio que había sido sede de los grandes almacenes Harrod’s, pero el entramado financiero obligó a lo largo de los años a ampliar el capital para no perder lo invertido. La suma llegó hasta los 300 millones de euros, un incremento que el Banco del Vaticano —otro de los órganos en guerra con la vieja Secretaría de Estado— tuvo que autorizar y denunció cuando saltaron las alarmas de un posible blanqueo de capitales.
La llamada al orden del Papa a Becciu se produjo el 24 de septiembre por motivos hasta entonces desconocidos. El Papa le pidió explicaciones en una audiencia de alta tensión, pero no quedó convencido y le pidió que renunciase a los derechos cardenalicios —algo solo sucedido tres veces en 120 años— y a la titularidad de su dicasterio.
Posible soborno
Los motivos reales, sin embargo, iban más allá de lo relatado. El martes por la noche, bajo un mandato de arresto internacional coordinado por Interpol, fue detenida la ya conocida en los medios italianos como “dama del cardenal”. Se trata de Cecilia Marogna, de 39 años y titular de una agencia de inteligencia con sede en Eslovenia a quien Becciu había contratado y transferido hasta 500.000 euros para supuestas misiones de diplomacia e inteligencia.
La virulenta caza de Becciu no ha terminado. Sus viejos rivales, como el cesado prefecto para la Comunicación, monseñor Dario Viganó, celebraron sin rubor su caída en un comunicado. Otros, como el cardenal George Pell, a quien el Papa había encargado la reforma de las finanzas vaticanas y que siempre consideró que el prelado sardo obstaculizaba su misión, lanzaron la artillería pesada. El cardenal australiano, a través de su abogado, ha pedido que se investigue el presunto envío de fondos desde el Vaticano para comprar la voluntad de algunos de los testigos que le acusaron de abusos a menores y que provocaron su encarcelamiento durante más de un año (al final fue absuelto).
Cardenal Angelo Giovanni Becciu
Exsustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano (el segundo de la sala de máquinas de la Santa Sede), es el protagonista de la historia que ha hecho temblar al Vaticano. Fue desposeído por el Papa de todos sus derechos como purpurado el pasado 24 de septiembre (no podrá participar en el cónclave que elija al siguiente Papa). Se le acusa, sin un juicio todavía y con pruebas solo filtradas a la prensa, de haber malversado fondos, de nepotismo y de favorecer una misteriosa mujer que contrató para montar una diplomacia paralela. Además, participó en la costosa compraventa de un inmueble de lujo en Londres con fondos destinados a la caridad. Era uno de los cardenales más poderosos y su nombre estaba en las quinielas del siguiente cónclave.
Cecilia Marogna
Experta en relaciones internacionales de 39 años y sarda como el cardenal Becciu. El purpurado le transfirió, presuntamente, hasta 600.000 euros en fondos reservados para llevar a cabo misiones diplomáticas secretas y proteger nunciaturas en zonas de riesgo. Parte de ese dinero se lo gastó en artículos de lujo como bolsos de Prada o un sillón de 12.000 euros, según ella misma reconoció.
Cardenal George Pell
Gran rival de Becciu, fue nombrado por Francisco para reformar las finanzas vaticanas. No terminó su mandato al ser acusado, juzgado y condenado en Australia por abusos a menores. Finalmente un jurado le absolvió tras pasar varios meses en la cárcel. Hay una investigación abierta para saber si alguien desde el Vaticano (su entorno sospecha de Becciu) transfirió dinero a Australia para sobornar a los testigos del juicio que le acusaron de los abusos. Ha sido rehabilitado por el Papa.
Libero Milone
El Papa contrató a un auditor externo (expresidente de Deloitte) para que vigilase las cuentas del Vaticano en mayo de 2015. Dos años después fue detenido y despedido abruptamente después de haber intentado husmear en las cuentas de la Secretaría de Estado que controlaba con mano de hierro el cardenal Becciu. Fue acusado de espionaje. El propio purpurado aseguró hace dos semanas que Milone traspasó algunos límites, como las cuentas de la Secretaría de Estado, donde tenía prohibido entrar.
Monseñor Alberto Perlasca
Fue el custodio durante años de la caja fuerte de la Secretaría de Estado (la sala de máquinas del Vaticano). Brazo derecho del cardenal Becciu fue arrestado -junto a otros cuatro hombres de la Secretaría de Estado- en el marco de la operación por la compraventa ruinosa de un inmueble en Londres. Ahora ha decidido aportar documentación y confesiones a la historia.
Raffaele Mincione
Tiburón financiero vinculado a un fondo llamado Athena Capital al que el Vaticano transfirió unos 200 millones de euros del Óbolo de San Pedro destinados a la caridad. El cardenal Becciu aprobó la operación, que pretendía ser una inversión para rentabilizar los fondos acumulados.
Gianluigi Torzi
Broker que intermedió entre el Vaticano y la propiedad del inmueble en Londres que la Santa Sede terminó comprando por más de 300 millones de euros con fondos, presuntamente, destinados a la caridad. Está acusado de extorsionar al Vaticano y fue arrestado durante ocho días. Se embolsó 15 millones de la Santa Sede por la intermediación."
No hay comentarios:
Publicar un comentario