"Es verano de 2015 y Adif ha sacado a concurso el mantenimiento de los
túneles Ourense-Santiago.
Es una extensión de un contrato previo. Dos
empresas, Indra y Alstom, se coordinan para llevarse la licitación,
según cree la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC),
que ha sancionado a ambas y a otras 13 por repartirse el mercado
de las obras ferroviarias. Un directivo de Indra escribe un correo
electrónico a otro de Alstom el 28 de julio: “Tenemos que determinar el
precio a poner”.
Y lo hacen, a juzgar por un segundo email,
este interno entre dos trabajadores de Alstom, que relata cómo va a
funcionar el amaño: Indra hará una oferta que rebaja en 50 euros el
presupuesto base, pero será Alstom la adjudicataria, porque su
proposición económica será un poco más barata, 100 euros menos.
Las comunicaciones que voluntariamente entregó Alstom a la CNMC
y los correos electrónicos que se encontraron en los registros del
resto de empresas han permitido descubrir las distintas estrategias de
los carteles. A una la llamaban “el ranking”. Las empresas
hacían un sorteo con el que fijaban un orden de adjudicación. Este
acuerdo se usó en el cartel que durante 14 años se repartió los
contratos para la electrificación del tren convencional.
El primer
sorteo se hizo en 2002 y fue revisándose en reuniones informales
—llamadas “mesas”, se celebraban en las oficinas de las empresas— que se
prolongaron hasta 2016. Para cerrar otros acuerdos, como los de la
electrificación de la alta velocidad, se reunían en un hotel de la
Castellana, en Madrid.
Alguno de estos acuerdos aparece firmado al pie por los directivos
presentes en la reunión, como si se tratara de un contrato más. Estaba
todo previsto, incluso la forma de compensar a las empresas que no
fueran adjudicatarias de los contratos porque según el ranking
no les tocara: se aseguraba un porcentaje del 6% sobre la cifra de
contratación a repartir a partes iguales.
De ello queda constancia en
una anotación manuscrita encontrada en la inspección de Electrén.
También lo confirma un correo de un directivo a otro: “Y si mal no
recuerdo el pacto fue de facturar el 6% del total entre los que no
fuimos adjudicatarios”.
El control de estos acuerdos era exhaustivo, hasta el punto de que
las empresas se intercambiaban tablas de Excel que resumían el estado de
las licitaciones, con qué baja iba la oferta de la empresa que tenía
que ganar, si había alguna empresa no invitada y corría el turno a la
siguiente... Incluso con el total de los importes adjudicados acumulado
desde 2002 para que vieran que a todas les iba tocando más o menos lo
mismo.
También existía la figura del coordinador, que se encargaba de
enviar el cuadrante actualizado al resto, según muestran varios correos
que los investigadores recuperaron en la inspección de Elecnor. En otra,
la de Electrén (grupo ACS), apareció otro documento revelador: “Para el
caso de presentación de ofertas en UTE de tres empresas se presentarán
dos empresas y la tercera irá oculta”.
Acuerdos "micro-macro"
Entre las estrategias de reparto destaca también una que las empresas
llamaban “acuerdos micro-macro”: si por ejemplo tenían que participar
cuatro de ellas, se creaba una UTE (unión temporal de empresas) para
repartirse dos de ellas a partes iguales el 50% del precio del contrato.
Las otras dos presentaban ofertas para simular que había concurrencia y
participaban después a través de la subcontratación. Es el caso, según
recoge el expediente de la CNMC, de Cobra, Elecnor, Semi y Electrén, que
se repartieron así cinco licitaciones en 2008 de trabajos de
electrificación en varias líneas de alta velocidad.
Lo pusieron por
escrito en un documento: Electrén y Elecnor se llevarían el contrato y
subcontratarían a las otras dos. Al final todas recibían el mismo
dinero, con precisión de céntimo. Siemens llegó a reconocer que su
presencia en una de las UTE no era imprescindible, “en la medida en que
solo podía ofrecer a la UTE dos máquinas, y una no cumplía con todos los
requisitos del pliego”, asegura la resolución de la CNMC.
Para conseguir las licitaciones, las empresas acordaban el precio con
el que iban a presentarse. Por ejemplo: una hacía la baja ganadora, del
5%, y las otras presentaban “ofertas de cobertura” del 1%. En otro
casi, si eran tres, dos presentaban bajas temerarias no justificadas
para asegurarse que quedaban excluidas, ganaba la tercera y se repartían
la adjudicación al 33,33%.
La “cautela” de los acuerdos secretos
La CNMC considera probado que las empresas formaban parte de “un plan
orquestado” y que actuaron con “cautela” para no ser descubiertas. En
el caso del cartel de los sistemas de electrificación del tren
convencional, hay un correo en el que una empresa recrimina a otra que
hable de acuerdos secretos a través del correo electrónico: “Perdona, he
cometido un error, efectivamente NO debería haber ido en la red...” (Elena G. Sevillano, El País, 28/03/19)
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